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En todos los municipios se emprendió una caminata por la paz, se camino por una nueva Colombia, una Colombia libre, y armoniosa. Por eso mismo este 20 de Julio debemos reafirmar nuestros deseos y continuar todos en conjunto abriendo el camino de la paz, debemos seguir trabajando por nuestros sueños. Todos los que deseamos una Colombia nueva debemos dejar completamente atrás la cobardía y la indiferencia que nos ponen en cierta manera al nivel de quienes han impedido que tengamos una convivencia pacífica.
Todos los que valoramos a la nación y estamos comprometidos con su desarrollo debemos marchar por Colombia. Porque más que el fin de la violencia, debe ser el principio de un país donde el derecho a la vida y a la libertad sean garantizados y respetados. Como lo dijo alguna vez Martín Luther King, ” Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de la democracia, es el momento de salir del oscuro y desolado valle….”, del oscuro y desolado valle de la violencia, del secuestro, de la injusticia, y de la guerra, a la que nos han sometido los grupos terroristas. Es el momento de abrirle las puertas al “soleado camino” de la paz, la libertad, la justicia, el amor y la felicidad. Es el momento de cerrarles las puertas sin consideración alguna, a los corredores del odio, la amargura, el resentimiento y la humillación, que tanto han sobrevivido en Colombia.
Este 20 de Julio: Es el momento, ese debe ser el mensaje que todos los Colombianos debemos tomar. Es el momento de empezar a construir las bases y columnas sobre aquel sueño, que siempre hemos tenido: el de vivir en un país en paz. Un país, donde en sus montañas, se respire un ambiente de tranquilidad y felicidad, y no de dolor, y tristeza. Un país donde la selva no sea el cobarde refugio de la Guerra, sino el exótico refugio de la riqueza natural de nuestra fauna. Un país donde sus ríos no sean corrientes del crimen y violencia, sino corrientes de prosperidad y rectitud. Una Colombia, donde podamos vivir todos juntos en comunión y nos podamos abrazar los unos a los otros como hermanos y que sin importar la religión, la raza o el estrato nos valoremos y nos respetemos los unos a los otros.
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En el concierto internacional, se pretende reivindicar valores tales como la democracia, la multiculturalidad y el respeto por los derechos humanos de todos los ciudadanos asociados a los estados como sujetos de derecho internacional. La Población
Afrocolombiana, negada por la practica social cotidiana y por la dinámica económica y política del país; y sometida a lo largo de su historia a la violencia institucional, expresada en la discriminación racial, la marginalización, la falta de oportunidades, y el desconocimiento e irrespeto de su cultura; aspira con esta propuesta de plan de desarrollo, a iniciar un proceso que compense su situación y la ponga a competir en condiciones de igualdad con el resto de la población colombiana.
Como producto de los avances en el proceso organizativo de la Población Afrocolombiana, la Constitución de 1991 en su artículo transitorio 55, previó el reconocimiento de los derechos de la misma, que luego fueron plasmados en la Ley 70 de 1993 y sus decretos reglamentarios. Esta norma contempla la protección de la identidad cultural, el desarrollo económico y social de la población, el fortalecimiento organizativo, la titulación colectiva de los territorios ocupados ancestralmente, la participación en los espacios de concertación y decisión del Estado y la obligatoriedad del gobierno de conformar una Comisión de Estudios para la formulación del PLAN NACIONAL DE DESARROLLO DE COMUNIDADES NEGRAS, entre otros.
Esta formulación se soporta además, en la Ley Orgánica de Planeación, en el documento ¨Bases para el Desarrollo de las Comunidades Negras¨ elaborado en 1994, en los planes de desarrollo regionales elaborados por los LAS CORPORACIONES AUTÓNOMAS REGIONALES Y LAS REGIONES DE PLANIFICACIÓN (CORPES), planes de desarrollo departamentales y municipales, especialmente de aquellas zonas con presencia afrocolombiana significativa, planes sectoriales o propuestas elaboradas por organismos públicos y privados, Consultivas departamentales, Consejos Comunitarios, organizaciones de base, individuales y la Dirección General de Asuntos para Comunidades Negras, así como informes realizados por algunos Ministerios, Institutos descentralizados y empresas industriales y comerciales del estado.
La propuesta se enmarca dentro de la necesidad imperativa que tenemos los Colombianos de alcanzar la reconciliación nacional, el respeto a los derechos humanos y la convivencia ciudadana a partir del reconocimiento del aporte que los diferentes grupos étnicos han realizado al país, el cual incluye desde la población afrocolombiana, una propuesta de resolución pacífica de conflictos, que a través de la historia ha demostrado su efectividad y se expresa en su armoniosa relación con el entorno y con sus semejantes. Contiene los lineamientos definidos desde el propio Plan con una perspectiva étnica y desde el Plan de Desarrollo nacional, adaptando el marco general de políticas en las cuales se sustentan las acciones a adelantar por el gobierno en el período 98-2002, para hacerlos coincidir en aquellos temas de carácter nacional, que son igualmente importantes para la Población Afrocolombiana.
La matriz de compromisos es un análisis de las responsabilidades que tienen las Agencias del Gobierno Nacional en la ejecución Políticas públicas en favor de la población Afrocolombiana y en qué grado el cumplimiento de las mismas ha mejorado la calidad de vida de la comunidad negra en Colombia.
La primera política pública de alguna transcendencia para la población Afrocolombiana que expidió Colombia fue la Ley 21 de 1851 por medio el cual se abolió la esclavitud.
Esta Ley contempló una indemnización económica para el esclavista, ero ninguna para el esclavo que sólo obtuvo su libertad bajo lo receptuado.
130 años después Colombia expidió la Ley 22 de 1981, por la cual se dopta la Convención Internacional para la Eliminación de Todas las Normas de Discriminación Racial.
La Ley 649 de marzo de 2000, reglamenta el artículo 176 de la Constitución Política Nacional, donde se consignan 5 Cúrules a la Cámara de Representantes, las cuales, conforme a la citada Ley quedaron distribuidas así:
2 para las comunidades negras.
1 para las comunidades indígenas.
1 para las minorías políticas.
1 para los colombianos desidentes en el exterior.
142 años después de abolida la esclavitud y dentro del marco de la Constitución de 1991, Colombia, expidió la Ley 70 de 1993, por medio el cual se le reconocieron los territorios que venían ocupando ancestralmente las comunidades negras, pero sin posibilidades de contar con recursos económicos para el desarrollo de las mismas.
Una característica que llama la atención es que la Ley tiene como objetivo fomentar el desarrollo económico y social de las comunidades asentadas en estos territorios, pero no hay créditos de fomento ni crédito prendario para beneficios de los mismos por las restricciones que tiene la misma Ley.
El otro aspecto importante es que la Ley beneficia a las comunidades localizadas en el área rural. Las comunidades negras asentadas en el área urbana no gozan de sus beneficios.
La República de Colombia expidió, la Ley 742 de marzo de 2000, por la cual se declara el 21 de mayo como el Día Nacional de la población afrocolombiana.
Existe un sin número de Decretos, Resoluciones y Jurisprudencia que se han formulado dentro del marco regulatorio que menciona este informe y que no se citan por no hacer parte de este análisis pero que han ido ampliando el proceso de participación de las comunidades negras en las decisiones del estado.
El Relator Especial sobre las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia
y formas conexas de intolerancia, en cumplimiento de su mandato, hizo una visita a Colombia, por
invitación del Gobierno, del 27 de septiembre al 11 de octubre de 2003. La visita permitió evaluar cómo
se han venido implementando las políticas y medidas para mejorar la situación de los afrocolombianos y
la población indígena, en especial tras la visita en 1996 del Relator Especial anterior, Sr. Glèlè-
Ahanhanzo (véase el documento E/CN.4/1997/71/Add.1, párrs. 66 a 68). El Relator Especial examinó
asimismo la situación de los romaníes, que aparentemente no figuran en los datos etnodemográficos de
Colombia, a los que los defensores de los derechos humanos casi no prestan atención y que se consideran
víctima de una discriminación secular. Ahora bien, el objetivo principal de la visita era hacer un análisis
global de la situación de todas las comunidades en el contexto del recrudecimiento de la violencia política
en Colombia.
El Relator Especial reconoce que desde 1991 Colombia tiene una Constitución y leyes e
instituciones que reconocen y protegen su diversidad étnica y cultural, garantizan los derechos humanos y
sienta las bases de la democracia. Pero también se percató de que la persistencia e incluso el
recrudecimiento de la violencia perpetrada por todos los participantes en el drama colombiano pone en
entredicho profunda y permanentemente el surgimiento de una sociedad en que se respeten los derechos
humanos y el imperio de la ley.
La violencia política y militar y su corolario, la prioridad concedida por todas las partes a la
solución militar del conflicto, así como el olvido de la cuestión del respeto de los derechos humanos y la
violación sistemática de los derechos fundamentales de la población, han afianzado enormemente la
situación de precariedad y de penuria económica y social, así como la discriminación, en particular racial
y étnica, de esas comunidades. La presencia masiva de indígenas y comunidades afrocolombianas en las
regiones de más importancia económica y estratégica y en las zonas de conflicto los hace muy
vulnerables a esa violencia. De un número de desplazados que, según estima el Gobierno, es de 890.000
a 3 millones, el 3,75% son indígenas, que constituyen apenas el 2% de toda la población. Los
afrocolombianos por su parte constituyen el 17% de los desplazados. La desastrosa repercusión del
conflicto en esta población se inscribe en un contexto cultural y social en que tiene su impacto en la
conciencia el legado histórico de discriminación racial y étnica de que es objeto. La dimensión
etnorracial del conflicto armado colombiano, por lo tanto, es una dura realidad. En consecuencia, las
recomendaciones del Relator Especial se articulan, en especial, en torno a las cuestiones siguientes:
Solución política y derechos humanos.
Programa nacional contra el racismo y la discriminación.
Un abogado chocoano fue la última víctima de la pena de muerte en Colombia. Un séquito triste acompañó a Manuel Saturio Valencia por las calles de Quibdó la tarde de su ejecución. Trompetas y tambores marcaron el paso. Descalzo, humillado y maltratado, él presidió el tumulto que lo escoltó hasta el árbol de palosanto que hizo las veces de paredón. Todos los fusileros del pelotón aseguraron luego los testigos le apuntaron directo al corazón.
“Esto a mí no me extraña”, había escrito Manuel Saturio la víspera, inspirado en su desvelo de condenado a muerte. “Desde que tuve uso de razón comprendí que la fatalidad me perseguía”, añadió.
Manuel Saturio Valencia Mena, el último condenado a muerte en la historia del país, había nacido en los barrios marginales de Quibdó, cuarenta años atrás, en 1867, en tiempos en que el recuerdo de la esclavitud estaba aún fresco en la memoria. Quibdó, capital de una provincia minera del Estado del Cauca, era una ciudad segregada, con las casas de la clase pudiente alineadas a lo largo de una sola calle larga, la Carrera Primera, que estaba vedada para los de piel oscura.
La aristocracia chocoana era boyante; había industria y había comercio. Además del oro, y del platino, que vivía entonces sus mejores precios, del puerto de Quibdó partían por el río Atrato, rumbo al Darién, al Caribe y a los mercados del mundo, vapores cargados de maderas finas, caucho, quina y tagua.
A su regreso los mismos barcos traían telas y porcelanas, vajillas y cubiertos de plata, sólo para los ricos, claro. Cuando niño, Manuel Saturio cantó en el coro parroquial, y aprendió pronto el latín y el francés que le enseñaron los capuchinos. Fue un estudiante destacado, tanto que los mismos curas se encargaron luego de sus estudios superiores. Manuel Saturio Valencia fue así el primer hombre de su color de piel admitido en la Universidad del Cauca, en su Escuela de Leyes.
De regreso a Quibdó, Manuel Saturio se alineó con el conservatismo, un partido minoritario en la región. Vino la guerra de los Mil Días, y Valencia alcanzó el grado de capitán en las tropas gobiernistas.
Luego, en tiempos de paz, fue abogado de los pobres, personero municipal, y juez penal del distrito. Era, aseguran sus varios biógrafos, un hombre de buena presencia, educado, elocuente y, sobre todo, excelente bailarín. Un día, porque así son las cosas, nuestro próspero abogado sedujo a una jovencita blanca, de nombre Deyanira Castro, hija de un importante líder liberal. La joven salió embarazada de aquella aventura.
La venganza de la familia ofendida no tuvo que esperar mucho. En la madrugada del primero de mayo de 1907 se dieron las circunstancias para el desquite. El plan que habían urdido era sencillo. Había que embriagar a Manuel Saturio y quitarle algunas prendas que lo inculparan luego en un incendio que ellos mismos provocarían. Fue así como se quemaron un par de casas de techo pajizo, en la famosa Carrera Primera. Entre las cenizas recuperaron, además de una bola de trapo con restos de petróleo, el cinturón de Manuel Saturio, y unos documentos con su nombre.
La Constitución Nacional de 1886, en su artículo 29, era explícita al castigar con pena de muerte a los incendiarios. No importaba que, como en este caso, el incendio no alcanzara mayores proporciones. El juicio fue breve. Solo seis días transcurrieron entre los hechos y la ejecución de la condena, todo un registro de celeridad en la aplicación de la justicia en Colombia.
Resultaron inútiles, entonces, los lamentos de las mujeres de Quibdó, tanto blancas como negras, que clamaban perdón para el acusado. Inútil fue también el indulto que, estrenando telégrafo, le solicitaron los abogados de la defensa al presidente de la república Rafael Reyes.
No, hoy los historiadores no creen que Manuel Saturio Valencia haya sido una víctima de la lucha racial, como algunos pretenden presentarlo. Blancos fueron, después de todo, sus abogados defensores. Muchos hombres y mujeres, blancos y negros, intercedieron en su favor. A este abogado chocoano, como al guajiro José Prudencio Padilla, lo que finalmente lo llevó al cadalso fue un enredo de faldas. Heroico tampoco es que haya sido él, aseguran los que lo tachan de corruptor de menores y de ser un buenavida.
Sea como fuere, hoy la municipalidad de Quibdó ha decidido bautizar con el nombre de Manuel Saturio Valencia aquella misma Carrera Primera, la del incendio, en donde no se aceptaba entonces que caminara un negro. “Esta es la ley del mundo: todo lo que nace tiene que morir” dijo Manuel Saturio en su última noche de insomnio “A mí, por mi mala estrella, me toca hoy dar cumplimiento a esa inexorable ley”.
Así fue. La descarga de los fusiles del gobierno resonó en las riberas del Atrato ese 7 de mayo para ejecutar a un inocente. Eran las cuatro y treinta de la tarde.
Diego Andrés Rosselli Cock, MD
Médico neurólogo, profesor universitario de varias asignaturas relacionadas ya con las neurociencias, ya con la docencia y la investigación en medicina. Desde enero de 2004 se ha dedicado a recorrer a Colombia y a escribir una crónica sobre cada una de sus cien principales ciudades (siendo laxo con la definición de “ciudad”),
El 21 de mayo se cumplen 157 años de la abolición de esclavitud en Colombia.
Pero desgraciadamente esa información esta plasmada en los libros de historia de nuestra Colombia, ya que desgraciadamente en pleno siglo XXI todavía se ve o presencia racismo en las discotecas entre otros lugares públicos; con esto enfatizo en una investigación que realizaron unos estudiantes de la una universidad de los andes de la ciudad de Bogotá; en la cual experimentaron con 7 afrodecendientes (dos mujeres y un hombre), visitaron el pasado 19 de abril de 2008 los mas reconocidos establecimientos de la zona roza y el parque de la 93.
Una de las expresiones de las participantes al terminar el experimento, “si se le puede llamar así”. “Cuando me dicen que no puedo entrar me dan ganas de que todavía existiera el papel que le daban a los esclavos liberados, para mostrárselo al de la entrada y decirle ‘mire, no me puede discriminar’”.
Por esto invitamos a todos los lectores a denunciar los abusos de discriminación; ya que estas denuncias son muy mínimas, es tanto que la ultima fue interpuesta por un estadounidense contra un bar, (tomado por las fuentes de la personería), cuando leí esto no lo podía creer, seguí buscando y hallé que la ultima denuncia en Colombia sobre racismo ante la personería Distrital fue en el 2007.
¡¡ No más discriminación!!!
En el Observatorio de Discriminación racial de los andes, dirigido por el señor Cesar Rodríguez, han recopilado información sobre el rechazo de hojas de vida de personas afrodecendientes, esto se ve en los almacenes de cadena mas importantes.
“Usted no ha notado que en estos importantes establecimientos desde los empacadores, las cajeras(os) hasta los bedegeros, no ve una persona afrodecendiente, lo máximo que ve es una persona trigueña”.
También en estos hay una leve persecución de estas en almacenes y tiendas mientras compran. También insultos y discriminación a la hora de acceder al transporte publico; también una de las mas preocupantes son las trabas que tienen la mayoría de afrodecendientes a la hora de buscar casa en arriendo, les piden mas información financiera, mas referencias comerciales y a veces les aumentan el precio del inmueble.
Todas estas anteriores observaciones o quejas se mantienen en silencio y los afectados lo máximo que hacen es ponerse rabiosos y no denuncian y la demás gente que ve de un abuso de estos contra un hermano afrodecendiente no hacen nada por que lo ven como normal.
La resistencia a la esclavitud de la gente africana y de sus descendientes fue constante durante todo el periodo colonial. Formas pasivas, como el desgano en el trabajo, la destrucción de los instrumentos de labor y la desobediencia colectiva, fueron algunas de sus expresiones. A éstas se sumaron otras, activas, como la rebelión y el enfrentamiento. Todas las formas de resistencia contra la esclavitud y la discriminación se denominan cimarronaje.
Las expresiones del cimarronaje se conocen con el nombre de cabildos. Estos eran asociaciones de personas procedentes de un mismo lugar en África, que compartían una historia similar. Sus miembros se reunían con frecuencia para realizar bailes, toques de tambor y cantos en los días de fiesta. Los cabildos también se desempeñaban como sociedades de socorro: reunían fondos para resolver las necesidades de sus miembros y auxiliaban a los recién llegados de África. En Cartagena de Indias fueron famosos los cabildos Arará y Mina hasta que, en el siglo XVIII, sus casas fueron cerradas por las autoridades. Esta actitud represiva del gobierno español se debió a que las actividades que allí se realizaban les permitían a los africanos recordar sus costumbres, consideradas en contra de la religión católica. La gente de una misma cultura recurría a sabidurías propias, decisiones y acciones para aliviar sus penas, curar sus dolencias e idear estrategias para recuperar la libertad.
Los cabildos fueron centros de evocación y afirmación de valores, imágenes, música, culinaria y expresiones lingüísticas o gestuales de tradición africana. Por esta razón se consideran refugios de africanía, es decir, espacios donde la gente del África podía evocar las memorias, sentimientos, aromas, formas estéticas, texturas, colores y armonías de su tierra natal. Con el paso del tiempo, y gracias a su creatividad, enriquecieron sus legados con tradiciones europeas e indígenas, al tiempo que muchas de sus prácticas se arraigaron en las sociedades de los peninsulares y nativos americanos. No sólo los cabildos fueron espacios de resistencia al cautiverio en la Nueva Granada. Los palenques también lo fueron. Eran pueblos fortificados, construidos por los africanos que huían de sus amos. Los grupos de fugitivos apalencados amenazaron la estabilidad económica de la sociedad esclavista. Para los amos, el cimarronaje representaba una pérdida económica. Los esclavizados tenían un precio y, al fugarse, se fugaba también el capital que representaban. Además eran una amenaza constante porque obstaculizaban el tránsito de mercancías, asaltaban y asesinaban a los viajeros que se dirigían o partían de las ciudades, y ejercían una gran influencia sobre aquellos que aún permanecían en cautiverio. Por otra parte, los cimarrones que vivían en Cartagena y sus alrededores eran vistos como posibles aliados de los piratas ingleses y franceses que deseaban saquear el puerto.
Pero la búsqueda de la libertad no se limitó a la resistencia religiosa y bélica. A principios del siglo XVIII ya existía una importante población de criollos, es decir, nacidos en la Nueva Granada, aunque de padres africanos. También se llamaba criollos a los hijos de padres españoles y madres africanas. La sociedad colonial designó a estas últimas personas con la palabra mulatos. En ambos casos el término criollo se refería al hecho de no haber nacido en África, sino en los territorios esclavistas americanos.
Un siglo y medio después del inicio de la trata, los criollos recurrieron a las leyes para reclamar su libertad. Las Leyes de Indias y los Códigos Negros regían la vida colonial y la de los esclavizados. A pesar de que muchas de ellas autorizaban el trato inhumano de los cautivos, otras permitían al esclavizado la posibilidad de manumitirse, es decir, de liberarse de la esclavitud. Las modalidades eran múltiples. La libertad podía alcanzarse por concesión o gracia cuando el propietario de un esclavizado lo liberaba sin ninguna contraprestación ni pago. O el cautivo se liberaba cuando lograba reunir el dinero equivalente a su precio y compraba su propia carta de libertad. La transacción era legal, pero se llevaba a cabo sólo si su dueño estaba de acuerdo con la propuesta. Esta modalidad se conocía como automanumisión. La tercera forma de lograr la libertad por la vía de las leyes surgió en 1821, durante los primeros años de la República, cuando se promulgó la Ley de Libertad de Vientres, según la cual el Estado liberaba a todos los africanos y sus descendientes nacidos a partir de ese año. Por último, la Ley de Abolición de 1851, que eliminó totalmente la esclavitud en Colombia.
La resistencia también se dio en el ámbito de las creencias y del lenguaje. La espiritualidad de la gente del África, su interpretación del cristianismo, la pervivencia de ancestrales saberes y técnicas botánicas y médicas continuaron activas en la Nueva Granada. Las llamadas curandería, brujería y hechicería eran en realidad prácticas que tenían que ver con métodos curativos africanos que circulaban en todas las ciudades del territorio español, donde no sólo se hablaban lenguas africanas, indígenas y europeas, pues ya habían nacido las lenguas criollas, que combinaban herencias de origen africano con aportes del español y el inglés.
Es la representación étnica de nuestra raza negra colombiana, es cultura, sabor, color, tradición; es la representación de una raza que desciende directamente de los negros africanos. Esta raza la cual entro a nuestro país por medio de los españoles, los cuales los trajeron como mano de obra para sus trabajos pesados; ya que nuestros indios no estaban acostumbrados a trabajos fuertes y pesados.
Video sobre las clases de Afrocolombianos
Tipos o clases de los afrocolombianos y los afrodecendientes:
Negra - Negro
Morena - Moreno
Mulata - Mulato
Zamba - Zambo
Palenqueras - Palenqueros
Raizal
Negra and Negro and Morena and Zamba and Palenqueras
Esa cultura africana que trajo un conjunto de aportes y contribuciones, materiales y espirituales, desarrollados por los pueblos africanos a nuestro país y que al pasar de los tiempos se han mezclado con razas regionales y se han fusionado culturalmente y ha dado origen a la nueva cultura la cultura de la afrocolombianidad.
afrocolombianos
Los valores mas importantes de esta identidad étnica afrocolombianidad son la siguiente:
El proyecto de vida afrocolombiano
Los derechos históricos, étnicos y ciudadanos
La condición humana o humanidad.
La africanidad
El Ser afrocolombiano
El Cimarronismo
El patrimonio cultural material e inmaterial
El patrimonio territorial y biodiverso
La legislación afrocolombiana
La etnoeducación afrocolombiana
El panafricanismo
El proceso organizativo, social y étnico
El proyecto político étnico
La historia afrocolombiana
El hombre y la mujer afrocolombiana
En Colombia con el apoyo del gobierno nacional se esta apoyando tanto a las culturas como las etnias, y esta educando a la población para asumir e implementar la etnoeducación como un movimiento pedagógico nacional de construcción de una nueva actitud ética de los involucrados en el proceso.
BASES LEGALES
- Ley 70 de 1993. Ley de los derechos de la población afrocolombiana, establece la creación de la cátedra de estudios Afrocolombianos en el sistema educativo nacional.
- Ley 115 de 1994: Ley general de la educación. Establece que la educación debe desarrollar en la población Colombiana una clara conciencia formación y compromiso sobre identidad cultural nacional o Colombianidad y cultura de las etnias y poblaciones que integran la Nación.
- Ley 725 de 2001: Que establece el Día Nacional de la Afrocolombianidad.
- Decreto 804 de 1995: Por el cual se reglamenta la etnoeducación afrocolombiana e indígena.
- Decreto 2249 de 1995: Por el cual se crea la Comisión Pedagógica Nacional y Departamental Afrocolombiana.
- Decreto 1122 de 1998: Establece normas para el desarrollo de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos, de obligatorio cumplimiento en la educación pre-escolar y secundaria.
- Plan Decenal de Educación: Establece como uno de sus objetivos: afirmar la unidad e identidad nacional, dentro de la diversidad cultural, bajo los siguientes lineamientos: a) Educar en el respeto a la igualdad y dignidad de todos los pueblos y culturas que convergen en el país teniendo en cuenta la libertad en la búsqueda del conocimiento y la expresión artística, b) fomentar la difusión, investigación y desarrollo de los valores culturales de la nación, c) hacer que la educación sirva de protección del patrimonio cultural como eje de la identidad nacional.