Hemeroteca del mes Noviembre 2008

Las comunidades afrocolombianas no son culturalmente homogéneas y podemos hablar de una gran diversidad, de diferencias culturales importantes a nivel regional. Así, los afro colombianos de San Andrés y providencia presentan diferencias importantes con respecto a los afro colombianos del Pacífico, dentro de la misma región del pacífico se ven grandes diferencias culturales entre el norte y el sur.

Sus comunidades tradicionales presentan ciertas características comunes: son comunidades agrarias ubicadas generalmente en las partes bajas de los ríos y en las costas de zonas cálidas y/o selváticas, cuyas actividades productivas tradicionales han sido la minería, la pesca, la caza, la recolección y la siembra de productos de pan coger (maíz, plátano, yuca, frutas) en pequeñas parcelas. Han desarrollado unas prácticas culturales particulares que las distinguen como un grupo étnico “diferenciado”, con sus rasgos propios de identidad, etnohistoria, organización social, estructura de parentesco, modos y prácticas tradicionales de producción, de ejercicio de una territorialidad y apropiación de instituciones políticas, además de una cosmovisión, espiritualidad y pensamiento propios que redefinen la complejidad del mundo afro.

Una de las manifestaciones claras de identidad cultural de las comunidades negras del Pacífico es su particular visión y concepción mágico-religiosa, presente en sus relaciones sociales, en sus relaciones con la naturaleza, con el universo, con los espíritus y lo sobrenatural. Su visión religiosa es la resultante de un proceso profundo de de-construcción de sus paradigmas autóctonos de identidad como africanos y la recreación de una nueva visión cultural que exigió la adaptación de otras costumbres, de otras condiciones de vida, mediante procesos de sincretismo, reinterpretación y transculturación.

Esta particular visión mágico-religiosa, hereda de la tradición africana muchos aspectos referentes a la salud y la enfermedad y recoge los conocimientos indígenas sobre el poder curativo de las plantas y los métodos para combatir la enfermedad. Integra, además, el aporte cristiano con sus santos y todo su imaginario, así como las prácticas mágicas de las brujas castellanas en sus series de oraciones y conjuros, contribuyendo a la ampliación del sistema simbólico curativo y del sistema simbólico general. Encontramos así, en la curandería de los negros del Pacífico, una influencia africana, indígena y también europea.



En el marco de esta visión mágico religiosa, la naturaleza, el territorio es un escenario ritual con connotaciones no sólo naturales sino también culturales. La selva, el monte, el río son espacios habitados por los espíritus, las divinidades y los ancestros. Allí están presentes las fuerzas naturales y sobrenaturales con quienes es preciso mantener un diálogo, a quienes hay que tener en cuenta y pedir su permiso a la hora de intervenir.

“Entre los negros existe una relación fundamental entre la vida de los seres de la naturaleza y los seres sobrenaturales que viven en la misma naturaleza, es decir una relación entre un mundo mítico espiritual y un mundo natural y cultural, que es mediado por un curandero de la comunidad, que a través de sus actos mágicos que manipulan las plantas y los animales para fines curativos y maléficos, crea todo un ambiente de representaciones simbólicas y metafóricas ritualizadas a fin de ejercer un puente de comunicación y diálogo entre los afrocolombianos, su entorno y su cosmogónica” (Sánchez, 1997). Así, el territorio para el afro colombiano es un espacio básico para el ejercicio del ser, de la esencia vital que configura el desarrollo de los hombres y mujeres negras en un hábitat que ancestralmente ha sido apropiado y donde se ha desarrollado un proyecto de vida cultural, social, ambiental, político, demográfico, económico y sobre todo espiritual desde una perspectiva particularmente étnica, y dentro de una lógica completamente opuesta a la occidental que basa relación con la naturaleza en la explotación y el dominio de la misma.

Existe una forma de conciencia religiosa-ambiental, dada milenariamente entre los indígenas y comportada también por los negros del Pacífico, que ha permitido la conservación del ecosistema a partir del desarrollo de una serie de técnicas, saberes y manejos que combinados con las simbolizaciones y las concepciones mágico- religiosas producen una sui géneris práctica de explotación, determinada por la combinación pensamiento religioso-pensamiento ecológico. Es decir que, mas allá de una serie de conocimientos técnicos, botánicos y agrológicos, lo importante es el conjunto global de concepciones ecológicas mediadas por una cosmovisión y un entramado religioso que le permite explotar sosteniblemente los recursos naturales y socializar la selva” (Sánchez, 1997).

“La religiosidad y la música fueron dos armas eficaces para sobrevivir a la tragedia de la esclavización, la trata, la colonización, el racismo, la segregación y el prejuicio racial.” La música, el baile y el canto fueron importantes como elementos de catarsis, de unidad, de identidad y de resistencia. Música y religiosidad están íntimamente relacionados. En el ámbito americano, el descendiente africano recreó y transformó distintas religiosidades europeas y de este continente, con esta táctica encontró los soportes emocionales que le permitieron hacer más llevadera la sujeción o sirvieron como fuente de inspiración en la causa rebelde. Tal es el caso de Haití, donde el vudú jugo un rol vital en el triunfo de la guerra de independencia. 

En América encontramos sistemas religiosos provenientes de África como el Dahomeyano, Congo, Angola, Yorubano, los cuales también tienen la influencia del Islam. Posteriormente se incorpora también la influencia del cristianismo y de la religiosidades indígenas. En Cuba, Brasil, Haití y las Antillas se lograron desarrollar sistemas religiosos con una notable transferencia de las características religiosas propias de grupos africanos, constituyendo religiones muy populares como la Santería o Regla de Ocha, la Regla de Palo Monte, la Sociedad Secreta de los Abakúa o de los Gnagnigos, el rastafarismo, el Vudu, el Candomblé, la Umbanda. Entre los negros colombianos en cambio, el proceso de adaptación no exigió muchas retenciones sino mas bien una remodelación institucional de aportes de varias religiones, tanto católicas como africanas e indígenas, a excepción del palenque de San Basilio donde se fortalecieron ceremonias africanas de corte fúnebre como el Lumbalú, lo que evidencia un fuerte sincretismo.

La religión de las comunidades negras de las tierras bajas del Pacifico está básicamente constituida por un conjunto de creencias ligadas a la práctica católica. Los fieles solicitan principalmente protección frente a la enfermedad y las desgracias que aparecen como castigos sobrenaturales que deben ser conjurados con sacrificios y ofrendas, a los santos católicos o a las divinidades ancestrales mimetizadas por el sincretismo religioso africano-católico. En la mayoría de los temas y cantos religiosos (arrullos, alabaos, fórmulas de hechicería y magia) aparece la intervención de los santos a favor de sus fieles adeptos o el castigo de las divinidades para los que las olvidan (Sánchez, 1997). En realidad resulta difícil construir una teología sobre las representaciones a la vez variadas, fragmentadas y contradictorias que los pobladores del Pacífico se hacen del mundo sobrenatural, del otro mundo y sus relaciones con la vida cotidiana y, mas aún, no se pueden conciliar las enseñanzas de la iglesia católica misionera adoptadas por los creyentes con las tradiciones sobre dioses y espíritus, referidas a un contenido típicamente africano o indígena.

Según el pensamiento tradicional los fenómenos naturales y los objetos están íntimamente asociados con Dios y los espíritus ancestrales. Por ello, lo físico y lo espiritual son dos dimensiones del mismo universo. La práctica médica tradicional de los curanderos y de los herbolarios negros del Pacífico colombiano han participado desde sus comienzos de esta naturaleza. Las imágenes del mundo sobre causalidad de las enfermedades y salud de estas comunidades del Pacífico se relacionan con: la mala alimentación, el agua (la frialdad hace que las personas se enfermen), el aire (el cuerpo también puede coger frialdad del aire), Colino (Platanal y cultivo de árboles frutales) el colino es frío, el cuerpo puede allí coger frío; el jai, es un maleficio que le mandan a las personas, son espíritus malignos en forma de animales o dolores, que también se pone en las comidas o vestidos.

Otras causas de enfermedad son las condiciones de trabajo, el mal humor de algunas personas (mal de ojo). La ira de Dios, el rebote de los siete humores (sangre, orina, bilis, sudor, resuello, evacuación y saliva). La influencia de un enemigo poderoso. Hoy los afros del Pacífico enfrentan la enfermedad con la medicina de occidente, pero si ésta no cede recurren a sus fórmulas tradicionales de etno botánica (baños, tomas, pócimas, baos) empleadas por abuelos y abuelas. Y si esto no es suficiente recurrirán también al curandero o hierbatero, quien mediante oráculos como la Vista de Orina y la lectura del tabaco, entre otros procedimientos adivinatorios, buscará predecir la causa del maleficio para lograr “destramarlo”. En el Pacífico se dan muchas formas de prácticas mágicas: mediante rezos, oraciones se pueden enviar maleficios a las personas y causarles mal, dolores, locuras, mala suerte (salar), ruina y enfermedad. La magia también se usa para el enamoramiento, para el sometimiento del cónyuge, para la buena suerte, para el enriquecimiento, etc.


Las comunidades negras manejan abundante información y conocimientos sobre el ambiente de la selva tropical húmeda del Pacífico, sobre su fauna y flora, sobre técnicas apropiadas al ambiente selvático y ribereño, sobre las complejas estructuras de parentesco, las relaciones de reciprocidad entre los miembros de la familia extensa, de los co-residentes y de las formas de cooperación doméstica en las labores de producción, sobre los ritos mágico-religiosos, prácticas curativas y de prevención de las enfermedades.


El curandero tradicional tiene una función de utilidad en el estado actual de la organización social de las comunidades afro del Pacífico: Es la persona reconocida por la comunidad como competente para atender la salud mediante el empleo de productos vegetales, animales y minerales o el uso de otros métodos de origen social, cultural y religioso basados en los conocimientos y creencias de la comunidad sobre el bienestar físico, mental y social, el origen de la enfermedad y la causalidad inmersos en distintas dimensiones del mundo. La medicina tradicional está compuesta sólo por técnicas y prácticas, sino también por un sistema de creencias y valores. Existe una amplia y tradicional práctica de curandería por parte de los afrocolombianos del Pacífico con una notable huella africana y aborigen. Dentro de estas prácticas de curandería están tanto la habilidad de curar como la de enfermar, embrujar o causar el mal, por lo que resulta una amplia gama de prácticos: curanderos, brujos hierbateros, sobanderos, adivinadores, curadores de culebra, exorcistas.

El curandero en el Pacífico conoce a la perfección los entramados de la geografía natural en medio de la cual conviven, transforman y desarrollan todo un tejido social y cultural que históricamente han establecido a manera de estrategia de adaptación, donde crean una serie de sistemas, instituciones, imaginarios, relaciones sociales, de producción y una complejidad de rituales y esencias simbólicas que permiten determinar las características culturales y étnicas de los grupos negros del Pacífico (Sánchez, 1997).

En 1610 la bruja y el curandero negro sufrieron la persecución de la Santa Inquisición en Cartagena. El curandero era un peligro para la empresa de la dominación, atentaba contra la hegemonía colonial blanca que encontraba en la curandería un poder no sólo espiritual sino político y económico; el curandero representaba la posibilidad de la liberación del yugo y la retoma de un liderazgo ancestral que podría encaminar a los esclavizados hacia proyectos de cimarronismo y palenques (Sánchez, 1997).


En comunidades cercanas a Guapi, rezar no parece ser algo que convoque mucho a la comunidad, en cambio el canto sí es un elemento clave en su forma de relacionarse con Dios. Toda su cotidianidad está llena de canciones, cantan en todas partes y a cualquier hora, solos y acompañados y en sus cantos hay de todo: amor, pasión, alabanza a Dios, despecho, protesta, como expresión de que se existe, se está vivo y hay que manifestarlo. “Aunque pareciera ser un dato elemental me parece que a las labores normalmente duras de la vida las va acompañando un ingrediente lúdico que va haciendo mas sencillos y manejables estos trajines. Entre risa y risa, canto y canto se hace un proceso de adaptación que le ha permitido al negro del Pacífico sobrevivir en las circunstancias más adversas. La música, el baile y el canto son un elemento fundamental dentro del mundo religioso ribereño.

El investigador Marulanda plantea como una característica particular de los afro la relación entre juego, cotidianidad y religiosidad: el juego en un contexto religioso, tal como la costumbre de jugar Bingo o Dominó en días de semana Santa como el Viernes Santo; el juego como ritual. “Así el mundo religioso aparece como un conjunto sistemático que no sólo regula las relaciones con lo trascendente, sino que la religión además se juega y debate en la vida cotidiana y se expresa a través de ritos, cultos, oraciones, códigos ético morales y sacrificios, todos estos con un sentido común de identidad y comunidad. En este sentido el mundo de lo religioso se ubica en el terreno de las relaciones sociales cotidianas, está inmerso en las realidades cotidianas, de tal modo que se hace imposible pensarlas sin él, y se presenta como una práctica concreta, que no pretende establecer relaciones con el otro mundo, sino que actúa y ejerce su influencia en el terreno de lo cotidiano, consolidando acciones encaminadas a la estructuración de una “utopía terrenal” que pretende variar el ritmo de las relaciones existentes”.

En esta religiosidad de los afrocolombianos hay que mencionar también la unidad entre religiosidad-fiestas religiosas y paganas. Una fiesta como la Semana Santa determina todo el ritmo de vida de muchas de las localidades que la celebran; es el caso de Coteje, poblado sobre el río Timbiquí en el Cauca. “El significado y uso social de la Semana Santa para los cotejanos es múltiple: Semana Santa es historia, es ayuno, recogimiento, es compartir. Es un acontecimiento que facilita la comunicación al interior del grupo, contribuye a que se reafirmen los vínculos sociales, al mantenimiento de la solidaridad del grupo, a que se solucionen los conflictos latentes y a dinamizar la economía ribereña. Ayuda además al fortalecimiento de su identidad y fortalece su autoestima. También se podría decir que la fiesta cumple una función catártica en los emigrantes, ellos se sienten bien. Es un tiempo espacio de vivencia de lo sagrado y de ruptura con lo cotidiano, de gran vitalismo y de recreación estética y ritual. En tanto que fiesta no sólo es un archivo de tradición, conocimiento y creencia, también desarrolla un drama folclórico que transmite toda una serie de elementos simbólicos (mensajes y significados) que combinan ideas morales y sentimientos religiosos. Es un teatro de evangelización en tanto que es usado como medio de comunicación social que sirve fundamentalmente para expresar y recrear el mensaje religioso (y la moralidad del grupo). Es una tradición que se renueva, que no permanece estática, que como toda fiesta comporta elementos tradicionales y modernos estos últimos tomando por momentos formas carnavalescas y al mismo tiempo, constituye una respuesta creativa estética, teológica y cultural de los cotejanos de Timbiquí frente a las condiciones concretas de su devenir histórico”.

En el Chocó, en los caseríos, es costumbre tener su propia virgen y la fiesta para ella. La sacan a pasear por el río juntando varias canoas formando “Balsadas”, o en balsas formadas por trozas de madera. Ejemplo de esto es la Virgen de la Pobreza de Boca de Pepé, río Baudó. 



Carnaval, política y religión. Fiestas en el Chocó

“El viejo Hegel decía que si la realidad nos parece irracional, para comprenderla necesitamos inventar conceptos irracionales. Senda difícil, con frecuencia inquietante. Pero la fiesta es inquietante..” 

“Con luna llena baila toda Africa”.

Por: William Villa

Es tiempo de carnaval; suena la tambora, el clarineteo no agota su melodía, las chirimías reclaman los cuerpos para la danza y en todos los pueblos la gran familia afrochocoana despierta para la fiesta. Es el mes de Agosto y la danza que ya se inicia no ha de terminar hasta octubre.

Las puertas de las iglesias se abren y los Santos engalanados con sus mejores joyas salen a recorrer poblados. Se les ve en la calle, en el barrio, en la vereda y en el río sobre la balsa cargada de flores y frutos. En Tadó a orillas del río San Juan la Virgen de la Pobreza instaura un nuevo orden donde todas las teatralizaciones pueden ocurrir; el escenario del teatro es la calle y el pueblo danzante se convierte en actor.

Miren que bonita la vienen bajando, es la Virgen de las Mercedes, ya llega por el río San Juan, balsas multicolores la acompañan y toda Istmina ha salido a esperarla.

Todo el San Juan de Santos se va llenando y la celebración no quiere acabar. En Nóvita, San Jerónimo invita a que los niños se pongan sus mejores trajes y a que las mujeres exhiban aquellos peinados africanos donde líneas de finas trenzas se combinan en infinitos trazos. En Condoto, como en todos los pueblos, las comparsas día tras día salen a representar su obra teatral; en el último día de fiesta sale Nuestra Señora del Rosario. La acompaña todo el pueblo y la danza da paso a la oración.
Los franciscanos querían hablar de San Francisco de Asís a los indígenas. En el año de 1648 fundan a Quibdó. Los indígenas que no querían conocer de esa extraña liturgia se resisten: toman el camino de la guerra. San Francisco finalmente se va quedando con los negros, luego le comienzan a llamar San Pacho, se va olvidando de Asís y es tan sólo de Quibdó.

Sale San Pacho a las calles de Quibdó, se le encuentra al frente de cualquier casa, a la vuelta de la esquina, en todos los barrios; ahí está exigiendo su cuota en dinero para la celebración. Pero San Pacho no sólo pide, el ha salido a contener el fuego que amenazaba con destruir a Quibdó, él no ha olvidado a su gente cuando la salud se quebrante, ni ha dejado de castigar cuando el pueblo así lo merece.

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“En cuanto a las aldeas del Chocó, la gran homogeneidad física, cultural y social de la región se manifiesta en unos prototipos de asentamientos y viviendas que presentan pocas variaciones morfológicas, tecnológicas y estéticas e igualmente en una serie de cualidades y carencias que se repiten en la mayoría de los poblados y de las casas. La estructura y el patrón de los poblados es el caserío lineal típico, que expresan los nexos simbióticos que se dan entre el río, la selva y las áreas de producción y residencia. Existen unos códigos tácitos de uso y manejo del espacio surgidos de las prácticas cotidianas y apoyados en la tradición, en acuerdos mutuos y en el sentido común”. Una de las particularidades o singularidades de estos poblados fluviales del chocó es la generosa proporción de las zonas de vocación colectiva (75% de la superficie ocupada por la aldea), en relación con las zonas de estricto dominio privado que viene a ser la menor proporción. Así la noción de espacio compartido y una máxima socialización del suelo “urbano”, priman sobre los intereses individuales. Por lo menos esto es lo que buscan los fundadores y vive el momento inicial de los poblados, pues con su desarrollo y crecimiento, ya sea por el crecimiento poblacional, por su mayor complejidad económico social o por intereses de foráneos estos espacios públicos se empiezan a mermar, así como las pautas de diseño y estructuración de los caseríos sufren alteraciones y se producen patologías que reducen la calidad de estos.” (*)

La vivienda campesina chocoana evoluciona conjuntamente con la producción agrícola y el crecimiento demográfico de la familia. Tienen prácticamente dos viviendas: una de carácter provisional, llamada el “trabajadero”, hecha con hojas, esterillas de palma y horquetas proporcionadas por el monte; y otra más estable -pero igualmente sencilla- que consiste en un cuadrilátero multi-funcional cubierto con hojas de palma procesadas, láminas de zinc o teja asfáltica, encerrada por paredes de palma abierta. Es una vivienda adaptada a las condiciones del medio natural y a medida que la cosecha o la familia requieren de nuevos espacios se van adicionando agregados posteriores, laterales o frontales, o cobertizos separados. La vivienda se organiza y desarrolla diferenciando espacialmente las actividades residenciales y productivas: se amplían las cubiertas o aleros para guardar las cosechas, o se hacen más cuartos para la familia; así el interior se va prolongando en el entorno inmediato con la marranera, el gallinero, el trapiche, el secadero de arroz, cacao o pescado, el embarcadero-lavadero y los cobertizos para los productos agrícolas.

De la vivienda rural a la vivienda urbana se presentan grandes cambios, sobretodo en el tamaño: la parcela (de una hectárea o más); el solar cultivo (casa 20 por 40, huerta frutales, gallinero, cultivo de caña, plátano, etc); el solar huerta (casa 10 por 20, huerta); el solar patio (casa 8 por 15, patio); el lote urbano (7 por 15). Estos cambios espaciales van ligados a la vida productiva de la familia.


La vivienda tradicional es aquella construida en techo de paja, que usa pilotes altos en guayacán y palmas resistentes al agua. Ahora la tendencia y la aspiración individual y colectiva del ribereño es tener el techo de zinc o asbesto-cemento (techo en hierro o eternit); se aprecia la sustitución progresiva de los materiales propios y sin transformar por materiales de procedencia industrial y maderas cortadas en empresas locales artesanales. Según Mosquera, “en los centros comarcales mejoran las condiciones del hábitat pues ya existen algunos servicios públicos e institucionales elementales, dominan las cubiertas de zinc y las tablas aserradas, hay una búsqueda de efectos ornamentales y de elementos de diferenciación de las casas entre si”. Por razones de prestigio familiar se han ido sustituyendo los pilotes altos en guayacán por pilotes bajos de concreto o losas de en cemento, olvidando la necesidad de protegerse contra las inundaciones y la humedad permanente del suelo.

Los cambios en la vivienda y adiciones generalmente se hacen por etapas, mediante lo que podría llamarse un sistema de autoconstrucción espontánea que logra soluciones pero también plantea problemas: permite resolver las necesidades más urgentes de espacio y efectuar en su momento las reparaciones necesarias, pero como no sigue un plan y responde a los apuros de cada momento, o a la necesidad de diferenciarse en su fachada, el resultado es el deterioro de la calidad ambiental y arquitectónica de la vivienda y los poblados. De todos modos en el proceso de adición de espacios a la vivienda se da también la especialización de estos y surge la ornamentación de las fachadas con pinturas, rejillas y calados de ventilación, puertas, barandas y ventanas trabajadas, evidenciando su imaginación creativa. Estos símbolos son prácticamente los únicos elementos decorativos de la arquitectura doméstica en el Chocó y expresan el proceso de diferenciación individual, familiar, laboral y social que han introducido actividades económicas comerciales tales como cantinas, bailaderos, tiendas y graneros, o la presencia de algunos servicios y administraciones gubernamentales. Es decir, la transformación en la vivienda aparece como una respuesta a nuevos patrones de consumo, distinción, diferenciación social y expresión cultural que busca resolver problemas prácticos de ventilación e iluminación pero también responde a una nueva estética (Mosquera, op. cit.)

.Sin embargo, esta diferenciación no es lo más generalizado: lo característico de estas viviendas es su estado de deterioro y vejez. Afectadas por las inundaciones, la humedad los detractores biológicos e insectos que actúan persistentemente sobre maderas y materiales vegetales usados sin ningún tratamiento, las viviendas han de construirse una y otra vez reutilizando los materiales que resisten el paso del tiempo. En contraste con la fachada, el interior de la vivienda carece de decoración. Así, en un pueblo o en una misma casa, coexisten las formas de construcción más autóctonas y antiguas con las formas más modernas, influenciadas por la arquitectura de los polos urbanos regionales. (Mosquera, op. cit.).

En cuanto a la tipología de vivienda podemos hablar de: la vivienda autóctona, la vivienda tradicional y viviendas híbridas (Casas) combinadas o en transición.

Vivienda autóctona: Hecha con los materiales que proporciona el medio: palma, palos, guadua).
Tiene las siguientes características:
Portante: pilotes madera rolliza o labrada.
Estructura: madera rolliza.
Cubierta: madera rolliza, varetas, cintas.
Pisos: madera rolliza, esterilla de palma.
Cerramientos exteriores: esterilla en palma
Divisiones: esterilla en palma.
Techo: hojas de palma.
Cielo raso: no lo hay.
Maderas usadas: Alisal, Corobá, Guayacán, Abarco, Cedro, Palma Chapín, Barrigona, Quitasol.

Vivienda tradicional: Hecha con materiales del medio que tienen alguna transformación, como por ejemplo la esterilla en barro. Tiene como características:
Portante: todo en madera aserrada o rolliza.
Cerramientos: con tablas aserradas.
Techo: Zinc.
Acabado: pintura, a veces.

Vivienda híbrida-combinada o transicional: Combina materiales del medio transformados, con materiales modernos como cemento, zinc, asbesto y cemento. Sus características principales son:
Portante: pilotes en madera aserrada o labrada.
Estructura: madera aserrada y rolliza.
Cubierta: madera aserrada y rolliza.
Pisos: madera aserrada y rolliza.
Cerramientos exteriores: tabla aserrada, esterilla.
Divisiones: tabla aserrada o esterilla.
Techo: palma, zinc, o combinados ambos.
Pisos: tabla aserrada, mezclada con palma.
Cielo raso: tabla aserrada, a veces.
Acabados: pintura, a veces.

En las aldeas predomina la vivienda híbrida o en transición. En las Zonas urbanas como Quibdó la tendencia es hacia la vivienda de concreto, cemento, ladrillo, y techo en zinc. Se observa también una combinación de la vivienda palafítica con la vivienda en piso (éstas últimas aunque se presentan en zonas más secas, no están libres de las inundaciones y la humedad del ambiente).

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A partir de las actividades económico productivas tradicionales rurales se configuran históricamente unas formas de organización social y familiar particulares, que también se encuentran en constante proceso de cambio. La configuración de las comunidades afrocolombianas se hace inicialmente en el marco de la esclavitud, bajo los parámetros de los dominadores, y es a partir de los procesos de resistencia, sincretismos, cimarronaje y configuración de palenques, compra de la libertad y finalización de la esclavitud que los afrocolombianos logran ir estructurando sus comunidades, sus familias y creando sus formas organizativas.

Los palenques constituyen una de estas formas organizativas. Como señala Aquiles Escalante, el palenque sintetiza la insurgencia anticolonial, desde los palenques el afro colombiano empezó a crear condiciones para arraigarse en un territorio y desde ellos empieza a organizar su nueva manera de vivir, a crear sus propias formas de gobierno y de organización social. Éstos constituyeron espacios para la construcción de identidad y según Jaime Jaramillo fueron “la célula social en la que el negro trató de dar cauce a su tendencia a la vida libre y necesidades de sociabilidad, … en el palenque elegían sus autoridades, realizaban sus fiestas, organizaban el culto religioso y tenían sus cabildos. De hecho no hay que olvidar que el palenque tiene un carácter militar, sitio de atrincheramientos estratégicos, protegidos con trampas, fosas, empalizadas, lugares de entrenamiento, provisión y descanso y refugio de los cimarrones” . Muchos de estos palenques lograron permanencia y estabilizaron formas de asociación y organización de la producción. A partir de estos palenques fue posible sentar parte las bases para la configuración de las comunidades afrocolombianas, configuración y estructuración que ha significado todo un proceso contradictorio de resistencia , sincretismo y también asimilación.


Palenques en Colombia
: El de Uré sur de Córdoba, a orillas de un afluente del río San Jorge, reportado desde 1598 por el investigador Parsons. Allí la religiosidad jugó un rol importante de cohesión y supervisión. ( Rafael Perea Chalá)

Palenques que superviven actualmente: Guayabal - Quibdó. Tiene un sistema religioso en construcción y un panteón en crecimiento.

San Rafael de Raspadura: vive y se articula en torno al milagroso “Hecce Homo”.

Viroviro: Se congrega ante su milagroso “Señor de Iró”.


Los cabildos también han sido formas de organización de comunidades afro. Estos se constituían como espacios de reunión de los esclavizados africanos, según su procedencia. Eran espacios de carácter cultural, lúdico y religioso, pero también de comunicación y de organización de estrategias de liberación.

Los ramajes son formas de organización en las áreas mineras que han permitido la comunicación y el desarrollo de la solidaridad y formas asociativas de trabajo. Cada ramaje está compuesto por un conjunto de individuos y familias que se remiten a un ancestro común que generalmente coincide con el primer dueño libre del terreno de la mina que allí se encuentra. La descendencia común del fundador identifica a los miembros de cada ramaje con su apellido y reglamenta los derechos de posesión y de explotación de los recursos del suelo y subsuelo. En las áreas de explotación minera cada ramaje posee un territorio y en él cada uno de sus miembros posee una casa con los cultivos de pan coger llamada Chacra. (Nina de Friedemann.).

La cuadrilla fue otra forma de organización impuesta por los españoles para el trabajo en la mina, y se componía por 8 o 10 esclavos. Dentro de esta cuadrilla llegó a generarse la necesidad de la división del trabajo, teniendo unos que dedicarse a la minería y otros a las actividades agrícolas de pan coger, la caza y la pesca.

En las áreas urbanas, hoy en día, se vienen implementando y desarrollando formas organizativas, algunas de las cuales recogen elementos de las anteriores formas tradicionales de organización y de solidaridad. Por ejemplo, en ciudades como Quibdó vemos las sociedades entre mineros poseedores de motobomba, agrupaciones de mujeres según actividad económica: lavanderas, vendedoras de plátano, pescado, agrupaciones para presionar por tierra y vivienda, formas de trabajo colectivo tradicional como la minga y el cambio de mano.

También a nivel nacional y en cada región se viene implementando un proceso organizativo de las comunidades, estimulado entre otras cosas por la ley 70 de 1993.

La lengua es un elemento importante a través del cual los pueblos colonizadores han ejercido su dominación sobre los pueblos colonizados. Pero también ha sido un elemento importante de resistencia cultural. Los efectos devastadores de la dominación ejercida sobre los africanos traídos a las colonias como esclavos, llevaron a que prácticamente se perdieran las raíces de sus propias lenguas o lenguas nativas. Los descendientes africanos se vieron obligados a aprender las lenguas de sus amos y de los sitios en donde desarrollaron su vida, e introdujeron en éstas sus propias modificaciones o adicionaron vocablos que pervivieron de sus lenguas ancestrales.

Según el Sacerdote Jesuita Alonso de Sandoval, escritor de tratado sobre la esclavitud en América, a comienzos del siglo XVII se hablaban en Cartagena de Indias cerca de 70 lenguas africanas. Hoy sólo perviven dos lenguas propias con estas raíces en Colombia: el palenquero y el criollo sanandresano. Lo demás, son variaciones dialectales hechas al castellano, que se encuentran en algunas zonas de las costas atlántica y pacífica.

Actualmente dichas lenguas pueden tener desarrollos o recuperaciones importantes, al amparo de la legislación sobre grupos étnicos vigente, que ampara el desarrollo de las lenguas propias y establece la enseñanza bilingüe en territorios afrocolombianos e indígenas. (Ver legislación y más información en nuestro Centro de Documentación).

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Afrocolombianidad Los afrocolombianos celebraron este 21 de mayo y por septima vez en la historia el “Día de la afrocolombianidad”, conforme a lo establecido en la Ley 725 de 2001, proclamada para conmemorar los 155 años de la abolición de la esclavitud y para reconocer la plurietnicidad y multiculturalidad existentes en Colombia.

La población afrocolombiana representa aproximadamente el 26% del total nacional, con más de 10.5 millones de habitantes. Después de Brasil, Colombia es el País de América Latina con mayor número de población negra. Las zonas tradicionales de asentamiento de estas comunidades en nuestro país han sido la región Pacífica y Atlántica, aunque no hay rincón de Colombia donde no haya un afro. Esta diversidad étnica contribuye a darle a Colombia una extraordinaria riqueza en manifestaciones folclóricas, culturales y sociales.

Los grupos étnicos representan aproximadamente el 40% de la población total del país, sin embargo sus condiciones de vida son cada vez más precarias, en medio de una conflicto armado que nos ha desangrado por más de 50 años. A pesar de los logros alcanzados para estos grupos en la Constitución Nacional de 1991(Artículos. 7-10 y 70), donde se reconoce al país como una nación pluriétnica y multicultural, han sido significativos, muchas de estas leyes no han operado de manera coherente y continua en el reconocimiento de las garantías y derechos que finalmente continúan en el papel.

Actualidad Étnica entrevistó a Juan de Dios Mosquera, director nacional del Movimiento Nacional por los Derechos Humanos de las Comunidad Afro-Colombianas (CIMARRON), quien destacó la necesidad de reconocer y asumir la afrocolombianidad como cultura, como folclor, como tradición fusionada en la sangre y en la mente de todos los colombianos y colombianas, además de lamentar que, después de más de 500 años transcurridos de la invasión española, en este país siguen marcados el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la formas conexas de intolerancia, visibles en todos sectores sociales, económicos y políticos de la nación.

A su modo de ver, ¿cuál es la importancia de celebrar el día de la afrocolombianidad, tanto para las comunidades afro como para la sociedad en general?

Lo primero que debemos entender es que Colombia y su población, es una nación mestiza porque es la síntesis de tres grandes etnicidades. Primero la africanidad, segundo la indigenidad y tercero, la hispanidad. De la africanidad la nación colombiana heredó, de un lado, el pueblo afrocolombiano, afro-criollo, afro-mestizo, afro-indígena, y heredó la afrocolombianidad, un conjunto de valores integrales en todas las esferas de la sociedad colombiana como aportes, como contribución de los africanos y los afro colombianos a la construcción de la Nación y de la sociedad nacional. Esos valores son genéticos, son valores económicos, la riqueza, son valores sociales, culturales, democráticos, políticos, militares, deportivos, en todos los campos. La afrocolombianidad no es un patrimonio exclusivo de las personas afros, es un patrimonio de toda la nación y de cada colombiano y colombiana. Quiero dar un ejemplo, cuando vamos a bailar, bailamos la salsa, el merengue, la cumbia, bailamos el Reggae, la africanidad está en todo, en la música y el baile, y la baila toda la nación, entonces, la afrocolombianidad no depende del color de la piel, ni depende de la región donde hayamos nacido, sino que son un conjunto de valores que están en la cultura de la nación, en la identidad nacional. Tradicionalmente la gente, en la ignorancia sobre la etnicidad, considera que la afrocolombianidad o la identidad afrocolombiana se da por el color negro de la piel, y esa es una total equivocación. Hoy, día nacional de la afrocolombianidad, tenemos que aprender a conocer, a comprender, asumir y a enaltecer la afrocolombianidad como patrimonio de cada colombiano y colombiana y de toda la nación.

Ustedes han designado a mayo como el mes de la afrocolombianidad. En este sentido, ¿qué actividades se han desarrollado y cuáles se realizarán a lo largo de los 31 días?

Nosotros no solo hemos tenido el día de hoy (21 de mayo) sino mayo como mes de la afrocolombianidad. Porque en mayo existen un conjunto de fechas que enaltecen y nos permiten reflexionar sobre diversas realidades que comprometen al pueblo afrocolombiano. El primero de mayo fue el aniversario de Diego Luis Córdoba, fundador del departamento del Chocó. El dos de mayo fue la masacre de Bojayá, donde murieron más de 119 personas; el día once de mayo fue el aniversario de Bob Marley; el 19 de mayo, el natalicio de Malcom X (líder negro norteamericano); el 21 de mayo, día de la afrocolombianidad y el 25 de mayo es el día de África. Para nosotros, todas estas fechas son una oportunidad para reflexionar y desarrollar procesos educativos en las instituciones docentes, con los estudiantes y los educadores, para enaltecer en su conjunto la afrocolombianidad. Hemos estado realizando durante todo el mes diversas actividades fundamentalmente educativas en los colegios y las universidades donde debemos sembrar una nueva mentalidad en la población sobre lo que significa la afrocolombianidad como patrimonio individual y nacional.

¿Cuál es el balance que hacen para este año en materia de derechos humanos y situación humanitaria de las comunidades afrocolombianas?

La situación de la comunidad afrocolombiana se caracteriza históricamente por el problema del racismo, la discriminación racial y en los últimos años, la violencia que han llevado los grupos guerrilleros y paramilitares. En estas condiciones de racismo, debemos continuar educando a la población para eliminarlo de la conciencia de todos los colombianos y colombianas, incluyendo el endoracismo que afecta al pueblo afro. Necesitamos promover acciones para eliminar la discriminación racial de los Bancos, de los aeropuertos y los aviones, de los almacenes de cadena como: Existo, Ley, Carrefour, Makro y otros. Necesitamos que exista en Colombia un mecanismo real que establezca unas oportunidades, acciones afirmativas a favor de la comunidad afro en el empleo, tanto en el nivel del Estado, como en el nivel de la empresa privada para que podamos entender que los colombianos debemos vernos en todas partes y a todos los niveles, tanto indígenas como afros y mestizos. La situación de violencia es un problema que nos está generando asesinatos, masacres, nos está generando amenazas, desplazamiento forzado masivo, y ante esta realidad debemos seguir reclamando una salida política al conflicto armado que vive la nación, exigir responsabilidad de los movimientos guerrilleros, porque no pueden estar durante tantos años sometiendo a los pueblos campesinos, afros, indígenas a un sacrificio tan grande, y a que entendamos que solo políticamente podemos transformar la nación, y exigirle al Estado colombiano que no es solo con la guerra como podemos solucionar los problemas sociales y políticos, y que todos debemos sentarnos en la mesa de diálogo para buscar una Colombia más digna, más justa, sin discriminaciones ni exclusiones.

A un año largo de la masacre en Bojayá, ¿usted cree que estas comunidades han recuperado su proyecto de vida? ¿La ayuda suministrada por los organismos del Estado ha sido suficiente?

Bojayá es solamente una de las tantas comunidades marginalizadas que hay en Pacífico colombiano y en el resto del país. La masacre lo que hizo fue demostrar la situación grave de marginalidad que viven nuestros pueblos y de violencia. Hoy día, Bojayá, aunque se han hecho muchas cosas, sigue esperando soluciones reales porque las soluciones no son solo construir casas, o calles, o de la Iglesia, el problema es el conjunto de las condiciones de vida y que los niños tengan seguridad en su futuro, tengan esperanza para poder viver, entonces no solo se tendría que hablar de Bojayá, sino también de Vigía del Fuerte, Río Sucio, Tagachí, de todas las comunidades del Atrato.

¿Hay voluntad por parte del Estado para con las comunidades afrocolombianas?

En este momento no hay voluntad política, ni hay una actitud solidaria hacia la situación histórica de las comunidades afrocolombianas. Estamos viviendo en esas regiones como se vivió después de la abolición de la esclavización. Se necesita un Plan de Desarrollo especial, como política de Estado a mediano plazo, que permita establecer metas de desarrollo y resultados concretos a favor de la población afrocolombiana tanto en las zonas rurales, selváticas, como en los grandes getos que existen en las ciudades del país.

¿Qué opina usted del Plan de Desarrollo propuesto por el Presidente Uribe para las comunidades étnicas del país?

En este momento, las comunidades afrocolombianas carecen de un Plan de Desarrollo real. Nuestros pueblos viven en todo el país, hacen presencia en todos los departamentos, especialmente en la Costa Atlántica, en el Pacífico y las grandes ciudades como Medellín, Cali, Bogotá. En menor escala, en las ciudades del Litoral Atlántico, están también en la Amazonía, son la mitad de la población del Putumayo, son un 30% en Caquetá y también han vivido históricamente en los Llanos Orientales. El problema es que no existe voluntad política en el Estado, alternativas, programas de desarrollo reales para las comunidades afro. Están mencionadas en el Plan de Desarrollo Nacional, pero no están inmersos en el presupuesto nacional, entonces, esto significa palabras muy bonitas en el papel, pero en la realidad significa pobreza crítica.

¿Qué relación existe entre las comunidades afrocolombianas y el medio ambiente, la naturaleza?

Para nuestro pueblo significa la vida, porque han estado ahí desde que llegaron de África secuestradas, y la selva les ha permitido sobrevivir, en medio de las condiciones de la selva han podido desarrollar una existencia, que aunque no es lo que existe en el interior del país, les ha permitido comer, les ha permitido desarrollar su cultura, les ha permitido conquistar una territorialidad dentro del país.

En este sentido, ¿cómo los han afectado las políticas antinarcóticos del gobierno, en especial todo lo que tiene que ver con el tema de las fumigaciones?

La fumigación sabemos que es un veneno que todo lo que toca lo afecta, en estas condiciones, las comunidades a las que metieron en la producción de coca, las guerrillas y los paramilitares, en el caso de Nariño, Cauca, Putumayo, Caquetá y Amazonas, las comunidades afros que están metidas por obligación en este tema, ellas se han visto profundamente afectadas por las fumigaciones. Este es un problema, tanto de la violencia que chantajea a los campesinos que no se meten en el negocio, como de las condiciones marginales de vida en el que están las comunidades.

¿Cómo pueden afectar las nuevas políticas económicas e intervencionístas impuestas por el gobierno norteamericano, caso ALCA?

Nuestras comunidades se afectan por el tema de la biodiversidad, por el tema del agua, por el tema de los recursos marinos en la frontera de los territorios afro, y se afectan también por el tema de la identidad cultural. En ese sentido, el ALCA va ha generar intereses de desarrollo para las comunidades, en los sectores sociales que están interesados en vender sus productos o en traer muchos productos para remplazar los productos colombianos, pero a las comunidades marginadas de nuestras selvas le genera incertidumbre por el problema de los patentes, de los convenios que se hacen en torno a la biodiversidad, a los recursos marinos, a los recursos hídricos, vegetales, y en esas condiciones nuestras comunidades son vulnerables. Los grandes proyectos, los megaproyectos que se piensa implementar también especialmente en el Pacífico, en torno a la minería, en torno a la hidráulica, en torno a los transportes, esos proyectos también nos afectan directamente en las condiciones de vida en el Pacífico colombiano.

¿Qué mensaje irradia usted a los pueblos afrocolombianos, y a la nación en general?

Aprendamos a conocer, a comprender y asumir nuestra etnicidad. Nuestros pueblos son la síntesis de África con América y con Europa, y de África heredamos la afrocolombianidad, asumámosla, porque no tiene que ver con el color de la piel, ya que está inmersa en la cotidianidad de los colombianos y las colombianas, en la cultura, en los ritmos musicales, en el baile y el deporte, solo así podremos derrotar el racismo y la discriminación racial. Hagamos de nuestro país un país más lindo y más digno para vivir.

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Informe del Movimiento Nacional Afrocolombiano CIMARRON
sobre la situación de derechos humanos de la población afrocolombiana (1994-2004)
Por: Leonardo Reales Jiménez (Coordinador de la Investigación)

I. Resumen
           
            Este documento muestra un balance general de las violaciones de derechos humanos de las que han sido víctimas los(as) afrocolombianos(as) en los últimos diez años. Para realizarlo se tuvieron en cuenta no sólo testimonios de personas afrocolombianas, sino también documentos e informes oficiales sobre el balance en cuestión. Es importante resaltar de antemano que todas las fuentes coinciden en el hecho de que Colombia, a pesar de tener una Constitución que promueve la igualdad ante la Ley de sus habitantes y el respeto a sus derechos, es un país en el que aún la exclusión y discriminación socio-raciales existen como problemas estructurales, hecho que ha  afectado negativamente a la población afrocolombiana en todos los ámbitos de la vida nacional.
           
De igual manera, el conflicto armado ha tenido un mayor impacto sobre las comunidades afrocolombianas, dadas las regiones - con gran presencia afrocolombiana - en las que éste se ha recrudecido, factor que ha generado en otras cosas que la mayoría de los(as) desplazados(as) en Colombia sean afrocolombianos(as). Esta situación también ha producido fuertes aumentos en los niveles de pobreza de la población afrocolombiana, la cual sigue siendo víctima de múltiples violaciones de sus derechos humanos, sociales, económicos y culturales. En ese orden de ideas, los(as) afrocolombianos(as) requieren de soluciones gubernamentales inmediatas a su dramática situación, soluciones que deben ser concertadas con líderes y activistas afrocolombianos(as).

II. Antecedentes históricos

La discriminación socio-racial heredada de la sociedad esclavista, la cual se mantuvo en Colombia más allá de las leyes igualitarias y de la abolición de la esclavización de las personas afrocolombianas en 1852, originaría una fuerte exclusión socio-racial . Es decir, la situación de los(as) esclavizados(as) seguiría siendo igual, así en el papel se afirmara lo contrario.
Incluso, setenta años después de la abolición de la esclavización, en pleno siglo XX, fue aprobada una Ley racista que promovía la inmigración de personas blancas, en detrimento de la población descendiente de los(as) africanos(as) esclavizados(as) y de la población indígena. Así mismo, resulta fácil observar que pasaron casi doscientos años de historia republicana para que se reconociera la presencia y el aporte afrocolombiano a la construcción de la nación. Por medio de la nueva Constitución de 1991 se aceptó, por primera vez en la historia, que Colombia era una nación pluriétnica y multicultural, y en ella se aprobó un artículo, el transitorio 55, a favor de las comunidades afrocolombianas.

Dicho artículo se reglamentaría a través de la Ley 70 de 1993, conocida también como la Ley de Comunidades Negras, misma que promueve el respeto a los derechos humanos, sociales, políticos, territoriales, económicos y culturales de las comunidades afrocolombianas. Dicha Ley, así como numerosos decretos posteriores, establecieron un marco legislativo que en teoría hace de Colombia un país pluralista, respetuoso de la población afrocolombiana y no discriminatorio, con igualdad de oportunidades de acceso tanto a los servicios y políticas sociales, como a los espacios culturales, políticos y económicos. Sin embargo, la realidad ha reflejado una situación totalmente distinta en la que la exclusión socio-racial sigue siendo un factor determinante en la vida cotidiana nacional.

III. Panorama socio-económico  

Las manifestaciones de la exclusión mencionada se presentan notoriamente en la falta de acceso de la población afrocolombiana a los espacios socio-políticos, a los mercados de activos y crédito, a la infraestructura adecuada (vivienda digna, transporte, agua y saneamiento), a los servicios sociales (salud y educación) y al mercado laboral (más empleo y mejores salarios).

Se estima que el 30% de la población colombiana es afrocolombiana, cifra que equivale a unas 12 millones de personas, en su mayoría son pobres y víctimas de exclusión socio-racial. Las estadísticas del Plan Nacional de Desarrollo de la Población Afrocolombiana (1998-2002) muestran que dicha exclusión está ligada a los más bajos indicadores de salud y educación, y a las pocas oportunidades de generación de ingresos de la gente afro.
El panorama socio-económico refleja que en Colombia la mayoría de los descendientes de africanos(as) son pobres, y que la mayoría de los pobres son descendientes de africanos(as), sin que ello haya sido motivo de preocupación para los gobiernos. De igual modo, según el Plan de Desarrollo citado, las tasas de analfabetismo son más altas en los(as) afrocolombianos(as) que en la gente blanca y mestiza, y el acceso a la educación superior es mucho más complicado para los(as) afrocolombianos(as), por su falta de recursos y la exclusión de la que son víctimas.

De hecho, la posibilidad de terminar la educación secundaria es mínima para la mayoría de los(as) afrocolombianos(as) y la calidad de sus escuelas están por debajo del nivel nacional promedio. En términos de los servicios de salud, las estadísticas ponen de manifiesto que existen enormes diferencias entre la población blanca y mestiza, y las comunidades afrocolombianas. El acceso a tales servicios no sólo es más restringido para las últimas, sino también éstas enfrentan un mayor déficit en términos de cobertura y calidad de la atención. 

Dicha situación, confirmada por las comunidades afrocolombianas a lo largo y ancho del territorio nacional, demuestra claramente que la distribución desigual de ingresos en Colombia se acentúa cuando se considera el origen racial. Esta desigualdad de ingresos se debe no sólo a la baja escolaridad de la gente afro, sino a la discriminación de la que es víctima. Incluso, al comparar la distribución de ingresos entre afrocolombianos(as) y personas blancas y mestizas con mismo nivel educacional, la desigualdad, aunque se reduce, sigue siendo significativa.

El origen socio-racial ha sido un elemento determinante de la estratificación ocupacional y de allí la extrema inequidad que se presenta en el mercado laboral nacional. Es por ello que es prácticamente imposible encontrar afrocolombianos(as) ocupando cargos importantes. Incluso, también se percibe discriminación al momento de seleccionar y contratar personas para ocupar cargos para los que no se requiere mayor calificación. En otras palabras, resulta obvio que se presenta una fuerte discriminación racial en Colombia, lo que ha producido no sólo más pobreza al interior de las comunidades afrocolombianas, sino también un efecto económico negativo que ha conllevado a pérdidas considerables en la producción del país y el ingreso de la sociedad en su conjunto, como lo han comprobado en los últimos tres años estudios e informes de la llamada banca multilateral.
IV. Estadísticas generales

El panorama socio-económico al que se ha hecho referencia fue reconocido en el pasado Gobierno, a través del Departamento Nacional de Planeación, institución estatal que comprobó que la población afrocolombiana se acerca al 30% de la población total del país. Es decir, las cifras oficiales reportan la existencia de aproximadamente 12 millones de afrocolombianos(as), distribuidos(as) a lo largo y ancho del territorio nacional.

Dicha institución estatal también comprobó que la mayor parte de esta población vive bajo cuadros alarmantes de miseria, exclusión social y discriminación racial. No en vano:

  1. Las zonas de mayor predominio de población afrocolombiana son aquellas que presentan los más bajos índices de calidad de vida del país.
  2. El ingreso per cápita promedio de los(as) afrocolombianos(as) se aproxima a los 500 dólares anuales, frente a un promedio nacional superior a los 1500 dólares.
  3. El 75% de la población afro del país recibe salarios inferiores al mínimo legal y su esperanza de vida se ubica en un 20% por debajo del promedio nacional.
  4. La calidad de la educación secundaria que recibe la juventud afrocolombiana es inferior en un 40%, al compararla con el promedio nacional.
  5. En los departamentos del Pacífico colombiano, de cada 100 jóvenes afros que terminan la secundaria, sólo 2 ingresan a la educación superior.
  6. Aproximadamente el 85% de la población afrocolombiana vive en condiciones de pobreza y marginalidad, sin acceso a todos los servicios públicos básicos.

 

Así pues, se evidencia para la población afrocolombiana la concentración de un elevado nivel de pobreza que claramente se expresa en las enormes inequidades en materia de educación, salud, servicios básicos y empleo. En resumidas cuentas, y como producto de una sistemática violación de sus derechos humanos, económicos, sociales y culturales, la mayor parte de los pobres en el país son afrocolombianos(as) y sus dramáticas condiciones de vida siguen empeorando por la falta de voluntad política para hacer realidad una amplia legislación, nacional e internacional, a través de la cual se garantiza (en teoría) la protección y promoción de tales derechos. 
V. Legislación nacional e internacional

En las tres últimas décadas los distintos gobiernos de Colombia han ratificado todos los tratados internacionales en materia de derechos humanos. Dichos tratados (convenciones, pactos y convenios) deben ser cumplidos tal como lo estipulan los mismos. Sin embargo, una vez más la realidad es muy diferente a lo que dicen estas normas. En todo caso, y aunque resulta obvio que todos los tratados de derechos humanos tienen una relevancia similar, en este documento destacamos, citando las respectivas leyes a través de las cuales se aprobaron en Colombia, sólo aquellos relacionados con la población afrocolombiana como grupo étnico, y que además han sido (y siguen siendo) violados sistemáticamente en el país:

  1. Ley 22 de 1981, que adoptó la “Convención Internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial” y entro en vigor el mismo año.
  2. Ley 74 de 1968, la cual adoptó el “Pacto Internacional de derechos económicos, sociales y culturales” y entró en vigor en 1976.
  3. Ley 74 de 1968. Adoptó el “Pacto Internacional de derechos civiles y políticos” y que también entraría en vigor en 1976.
  4. Ley 21 de 1991. Adoptó el “Convenio No.169 de la Organización Internacional del Trabajo” sobre pueblos tribales y entró en vigor el mismo año.

 

Estas leyes reflejan los fines de dichos tratados y al igual que ellos, fueron promulgadas no sólo para evitar y castigar la promoción de todas aquellas ideas, incluyendo los prejuicios difundidos en planteles educativos y medios de comunicación, que incitaran a la discriminación racial; sino también, y principalmente, para promover una legislación nacional que garantizara la igualdad de las personas ante la Ley, independientemente de su color de piel u origen étnico.

Lo expresado en la parte final del párrafo anterior en efecto se presentó con la entrada en vigor de la Constitución Nacional de 1991. A partir de ese año se comenzaría a gestar toda una legislación afrocolombiana que promueve la defensa de los derechos humanos de la población afro del país y castiga las violaciones de éstos (en el papel). Entre las normas más importantes de legislación mencionada destacamos las siguientes:

  1. Ley 70 de 1993, o Ley de Comunidades Negras, y decretos reglamentarios.
  2. Ley 115 de 1994, o Ley General de Educación (promueve la etnoeducación).
  3. Ley 649 de 2000 (Dos curules en la Cámara para afrocolombianos(as)).
  4. Ley 725 de 2001 (21 de mayo - Día Nacional de la Afrocolombianidad).

Como se puede ver, existe una amplia legislación para proteger los derechos humanos de la población afrocolombiana. Sin embargo, y a pesar de la existencia de dichas normas, en los últimos diez años se han empeorado las condiciones de exclusión socio-económica y pobreza de los(as) afrocolombianos(as), mismas que surgen del lamentable fortalecimiento del racismo y la discriminación racial que afecta a la sociedad colombiana.

VI. Racismo y discriminación racial

En la última década los gobiernos y la sociedad dominante han mantenido inmodificable el histórico principio de supremacía y dominación blanca y mestiza en la administración pública y privada. Hoy por hoy los(as) profesionales afrocolombianos(as) siguen siendo excluidos(as) de los cargos altos e intermedios del Estado. No hay afrocolombianos(as) en cargos importantes de la Presidencia de la República. No hay magistrados(as) afrocolombianos(as) en las altas Cortes del país. No hay ministros(as) ni viceministros(as) afrocolombianos(as). Tampoco hay afrocolombianos(as) embajadores(as); y en las Fuerzas Armadas de Colombia no hay oficiales de alta graduación afrocolombianos(as).

Los últimos tres gobiernos han sido cómplices de la discriminación racial que también se ve en el sector privado, donde la persona afrocolombiana es totalmente “invisible” en los cargos directivos y de altos ingresos. Las personas afrocolombianas suelen ser excluidas de los créditos privados y las becas para realizar estudios de formación superior. De hecho, en las universidades más prestigiosas del país el porcentaje de estudiantes afrocolombianos(as) se ubica por debajo del O.1% del total de estudiantes. Estos centros educativos, así en sus estatutos establezcan lo contrario, promueven la discriminación racial al no tener programas de acción afirmativa para afrocolombianos(as). Es decir, tienen los recursos para promover la formación de población afro a ese nivel, pero no lo hacen porque el sistema sigue siendo discriminatorio y eurocentrista.
En ese orden de ideas, la historia y los valores de la afrocolombianidad como patrimonio nacional son ignorados en los textos escolares y los currículos, contribuyendo de esta manera a la reproducción de estereotipos racistas contra los(as) afrocolombianos(as). Vale la pena agregar que los programas educativos no han abordado el tema del racismo y la discriminación racial, tal como lo exige la citada Ley General de Educación y el Decreto 122 de 1998, por medio del cual se exige la inclusión de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos en todos los colegios del país.

Las nuevas generaciones siguen siendo “educadas”, a pesar de las leyes, bajo un sistema que excluye, invisibiliza, discrimina y prepara para el autorechazo y la subvaloración. Existen numerosos casos de niños(as) que han sido víctimas de discriminación racial en sus escuelas y colegios. Sus propios(as) compañeros(as) e incluso los maestros los(as) insultan verbalmente, lo cual genera fuertes problemas de autoestima.

Dicha ideología racista proviene, en casi todos los casos, del propio núcleo familiar y se multiplica en todos los ámbitos y espacios de la vida cotidiana. Lo grave es que no se reconoce como un problema y mucho menos como una violación de derechos humanos, cuando es quizás la peor de las violaciones de derechos humanos que se ven en Colombia; considerando que los niños(as) afrocolombianos(as) son víctimas de humillaciones, exclusión y discriminación, sólo por el hecho de ser afrocolombianos(as), sin siquiera entender el porqué de las mismas.

Mientras en el sistema educativo no se aplique lo que exigen las normas mencionadas, se perpetuarán los estereotipos racistas y se seguirá fortaleciendo el racismo institucional a nivel público y privado. Se seguirán formando futuros padres que terminarán diciendo una frase muy común en todas las regiones del país: “Yo no soy racista, pero no me gustaría que una de mis hijas se casara con un negro…”.

Catalogar tal frase con una violación de derechos humanos para algunos sería exagerado. Sin embargo, no lo es si se considera que exactamente algo similar ocurre, aunque a veces no se exprese verbalmente, cuando una persona afro busca cualquier trabajo y no se lo dan porque sus características físicas están ligadas a estereotipos racistas. La discriminación racial es una grave violación de derechos humanos y el primer paso para eliminarla es reconocerla como tal.
VII. Papel de los medios de comunicación

Los medios de comunicación se han convertido en los principales difusores del racismo y la discriminación racial en Colombia. Esto ocurre desde el siglo XIX y en la actualidad no ha cambiado la situación. En los periódicos nacionales y canales de televisión (privados y públicos) con frecuencia se usa un lenguaje ofensivo y humillante al momento de nombrar y/o caracterizar a la gente afrocolombiana, hecho que fortalece la discriminación racial a través del lenguaje. De allí que sea normal que los(as) colombianos(as), comenzando por los(as) niños(as), reproduzcan  el léxico racista de los comerciales de televisión, las telenovelas y los artículos de prensa.

A los(as) afrocolombianos(as) se les dice morochos(as), negritos(as), niches, negros(as), etc., en los medios de comunicación. Estos, en especial los canales privados de televisión, rara vez contratan afrocolombianos(as) y cuando lo hacen tienden a mostrarlos(as) como personas destinadas a trabajar en la servidumbre - simplemente por el hecho de ser personas afro - lo cual alimenta la discriminación racial, precisamente ligada a estereotipos racistas. Tales estereotipos también se presentan en el uso del adjetivo “negro” para referirse a lo malo, sucio, ilegal o feo, algo que históricamente ha generado rechazo hacia el color negro y la gente negra. El Tiempo, principal diario del país, nos da un lamentable ejemplo de este tipo de discriminación racial, al destacar así la eliminación de la selección olímpica de fútbol del Brasil a manos de Sudáfrica:

Brasil la vio muy negra… Cuba y Costa Rica dieron alegrías el domingo a América Latina al conquistar una medalla de oro y una de bronce en la Olimpiada de Sydney, mientras la selección de fútbol de Brasil, gran favorita para ganar el oro, perdió 3-1 con Sudáfrica.” Nadie puede negar que la irónica expresión “la vio muy negra…” se utilizó en este caso para ofender a un grupo de jugadores negros que ganó un partido de fútbol contra un equipo conformado en su mayoría por jugadores negros también.

 En resumidas cuentas, los medios de comunicación en Colombia son promotores del uso de un lenguaje racista contra la gente afro, hecho que los convierte en cómplices de esta grave violación de derechos humanos. Y aunque las normas nacionales prohíben dicha discriminación a través del lenguaje, los medios la siguen practicando porque no la perciben como tal.
VIII. Conflicto armado y desplazamiento

En los últimos años el conflicto armado interno ha contribuido a agravar la situación de las comunidades afrocolombianas. Se ha registrado un incremento de la violencia selectiva en contra de activistas de las comunidades, con homicidios, amenazas de muerte y desplazamientos forzados, así como un mayor confinamiento de éstas por parte de los grupos armados ilegales, que las ven como un obstáculo al ocupar territorios estratégicos, como la Costa Pacífica, que son ricos en materia de recursos naturales y comercio (legal e ilegal). Ese control que pretenden ejercer los grupos armados ilegales sobre los territorios de las comunidades afrocolombianas también agrava las violaciones a los derechos civiles y políticos de éstas, ya que frecuentemente son víctimas de la imposición de bloqueos económicos, el control de alimentos y medicinas, y las restricciones a la circulación de personas, empeorando así las ya precarias condiciones de vida en las que éstas habitan.

En términos del desplazamiento forzado del que las comunidades afrocolombianas son víctimas en el marco del conflicto armado, cabe resaltar que al menos el 50% de la población desplazada en Colombia es afrocolombiana. En otras palabras, más de un millón de personas afrocolombianas han sido víctimas de esta violación de los derechos humanos, que además, por tratarse en muchos casos de territorios (ancestrales) colectivos, también se ha convertido en una violación a los derechos económicos, sociales y culturales.

Otro factor preocupante para las comunidades afrocolombianas es el hecho de que en los últimos años grupos guerrilleros como las FARC, se han puesto en la tarea de “reivindicar” a algunos líderes (como Benkos Biohó) y aspectos históricos (como el cimarronaje), relacionados con la población afrocolombiana, para nombrar sus grupos de combate o acciones, hecho que  hace más vulnerable y peligrosa la labor de los(as) activistas afrocolombianos(as) en el país.

Se reitera que las principales víctimas del conflicto son las personas afrocolombianas. Si bien no hay estudios que contengan la variable étnica, las imágenes de los noticieros confirman que los grupos armados ilegales nutren sus filas con personas afrocolombianas que se integran a los mismos para superar sus dramáticas condiciones de vida o lo hacen bajo presión y amenazas.
Un hecho lamentable que reconfirma que los(as) afrocolombianos(as) son las principales víctimas del conflicto armado interno, ocurrió el 2 de mayo de 2002, día en que se presentó la peor masacre ocurrida en la historia de Colombia, la masacre de Bojayá (Chocó), perpetrada por el grupo guerrillero FARC en el marco de un combate contra las autodefensas ilegales, y en la que fueron asesinadas 119 personas, incluyendo mujeres embarazadas y niños(as), todos(as) afrocolombianos(as); convirtiendo el hecho además en una grave infracción a las normas del derecho internacional humanitario, también ratificadas por el gobierno colombiano.

IX. Respuestas de los gobiernos

A pesar de la amplia legislación en materia de derechos humanos, los últimos gobiernos no han hecho efectivos ni los tratados internacionales ratificados ni las recomendaciones de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que buscan proteger las comunidades afrocolombianas de todo tipo de violaciones de derechos humanos, en especial de la discriminación racial de la que son víctimas, misma que tiene un impacto negativo en todas las esferas de la vida nacional.

En Colombia históricamente se ha presentado un racismo institucional fuerte que impide el desarrollo social y económico de la población afrocolombiana. El actual gobierno también ha reconocido la existencia de esta grave violación de derechos humanos, pero poco ha hecho para eliminarla en la práctica. De hecho, y a pesar de la ausencia de estudios al respecto, es fácil ver, por ejemplo, que la mayoría de los soldados que enfrentan la posibilidad de morir víctimas del conflicto son afrocolombianos, mientras se impide la promoción de oficiales afrocolombianos a los grados superiores de las Fuerzas Armadas. El actual gobierno tampoco ha creado programas de acción afirmativa y en la contratación de personal se sigue presentando discriminación racial, lo cual se refleja en la ausencia de afrocolombianos(as) en las instituciones gubernamentales.

El gobierno no pone en evidencia que en materia carcelaria, los(as) afrocolombianos(as) recluidos(as) en las cárceles son víctimas de invisibilidad (forma de discriminación racial) y no reciben defensa profesional idónea. Además, las autoridades violan sus derechos humanos, y ni el gobierno ni la administración de justicia impiden la eliminación de tales prácticas.  
De otra parte, no deja de sorprender que el gobierno actual, declarado defensor de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, y conociendo bien la problemática afrocolombiana, haya dedicado menos de media página a la misma en su Informe Anual de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. Dicho informe se compone de 166 páginas, en las que por ejemplo sí se analiza la situación de derechos humanos de la población indígena. En pocas palabras, al gobierno poco o nada le interesa lo que pueda ocurrir en materia de derechos humanos con la población afrocolombiana, y no se ha detenido a pensar que en la medida en que se eliminen las prácticas de discriminación racial, el crecimiento económico y desarrollo social del país serán más viables.

Otro elemento que confirma el desinterés del gobierno actual hacia la problemática de la población afro del país, es el hecho de haber eliminado la única oficina creada específicamente para atender la problemática de dicha población. Nos referimos a la Dirección de Comunidades Negras del Ministerio del Interior, ente creado en el marco de la implementación de la Ley 70 de 1993. Esta oficina fue eliminada para crear la llamada Dirección de Etnias, la cual curiosamente tiene un director mestizo que no está comprometido con la población en cuestión. Además, esta oficina tiene limitaciones en materia de recursos y pretende minimizar el complejo problema de la discriminación racial institucional en Colombia. En pocas palabras, la decisión del gobierno de eliminar la Dirección de Comunidades Negras tal como venía funcionando, ha generado no sólo un estancamiento del proceso organizativo afrocolombiano, sino el agravamiento mismo de la problemática afrocolombiana. Situación que sólo será resuelta en la medida en que se apruebe una Ley que establezca la creación de mecanismos efectivos para enfrentar la discriminación racial y una institución gubernamental que maneje la problemática afrocolombiana.

El gobierno actual tampoco muestra interés por las cifras en materia de prostitución de los(as) jóvenes afrocolombianos(as), quienes terminan en este negocio principalmente debido a sus dramáticas condiciones de vida. La pobreza y la ausencia de oportunidades originadas por la discriminación racial impulsan a los(as) jóvenes afro a prostituirse en las grandes ciudades como Barranquilla, Bogotá, Medellín, Cali y Cartagena. Lamentablemente no existen estudios en este sentido y la mencionada ausencia de una institución que analice la problemática afrocolombiana permite afirmar que la posibilidad de llevar a cabo los mismos sigue siendo muy lejana.    
Por último, el gobierno colombiano sigue empeñado en no reconocer la competencia del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial, para que éste examine comunicaciones de personas sobre prácticas de discriminación racial, en virtud del Artículo 14º de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Racial; que obliga a que los gobiernos, en representación de los Estados, respondan y/o asuman la responsabilidad de rectificar la práctica violatoria de la Convención. En ese orden de ideas, surge una pregunta para la reflexión: ¿Si en Colombia no hay racismo institucional ni prácticas de discriminación racial, cuál es el temor del gobierno de ratificar dicha competencia expresada en el Artículo 14º?

X. Recomendaciones y conclusiones

Con base en el Informe sobre Colombia del Sr. Doudou Diene, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre Racismo, Discriminación Racial, Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, quien realizó una Misión al país de septiembre a octubre de 2003, el Movimiento Nacional Afrocolombiano CIMARRON plantea las siguientes recomendaciones y conclusiones, en aras de mejorar la situación de derechos humanos de las comunidades afrocolombianas:

Diez años después del reconocimiento a la diversidad étnica y cultural de la nación, y a pesar de la existencia de una amplia legislación que protege y defiende los derechos humanos de la población afrocolombiana, la situación socio-económica de la misma sigue siendo precaria y tiende a empeorar cada día más.

La discriminación racial es una grave violación de derechos humanos. Sin embargo, en Colombia las personas mestizas, que en su mayoría se autodenominan “blancas”, no sólo no la perciben como tal, sino que promueven la exclusión de la población afrocolombiana de todas las esferas y espacios socio-económicos relevantes; en especial de aquellos empleos que requieren atención al público, de los medios de comunicación y de los cargos de mando del sector público y privado. Esta discriminación de carácter segregacionista limita las posibilidades de desarrollo socio-económico tanto de las comunidades afrocolombianas como de la sociedad colombiana en su conjunto.

Es necesario generar un marco normativo que defina claramente y ayude a reconocer la existencia de la discriminación racial cuando esta se produce. Como lo expresa la OIT se deben establecer directrices que garanticen la eliminación de este tipo de discriminación, que además genera y refuerza la pobreza y exclusión socio-económica de las comunidades discriminadas, en este caso las afrocolombianas. Este marco debe partir de la aprobación de una ley general contra la discriminación racial que genere la creación de una comisión contra la discriminación racial que interactúe con la Presidencia, los ministerios y el sector privado, y que impulse al gobierno nacional a reconocer la competencia del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial para examinar comunicaciones de personas sobre casos de discriminación racial en el país, en virtud del Artículo 14º de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Racial.

Se invita al gobierno a poner en efecto una estrategia intelectual y ética para acabar con el arraigamiento del racismo y la discriminación racial, en aras de construir un multiculturalismo solidario, democrático e interactivo, que haga efectiva la diversidad étnica y cultural proclamada en el Artículo 7º de la Constitución. Para ello, el gobierno debe exigir a las escuelas y colegios el establecimiento de la etnoeducación y la Cátedra de Estudios Afrocolombianos por un lado, y la prohibición del lenguaje discriminatorio contra la población afrocolombiana en los medios de comunicación por otro. Así mismo, debe promover políticas de acción afirmativa que garanticen la participación afrocolombiana en todas las esferas políticas y socio-económicas.

En resumidas cuentas, el gobierno actual debe promover el establecimiento de una Ley que cree una estrategia de inclusión racial en aras de generar una mayor inversión en capital humano afrocolombiano y elimine la discriminación racial ocupacional, para generar un impacto positivo y constante en la calidad de vida no sólo de las comunidades afrocolombianas, sino de todos(as) los(as) colombianos(as). La misma Ley debe impulsar la creación de una institución estatal dedicada a estudiar y encontrar soluciones a la problemática afrocolombiana. Dicho ente debe ser liderado, contrario a lo que ha hecho el gobierno actual con la Dirección de Etnias del Ministerio del Interior, por investigadores(as) afrocolombianos(as) que estén comprometidos(as) con el respeto a los derechos humanos y el desarrollo de la población afrocolombiana.  

 

Este Informe presenta un balance general de la situación de derechos humanos de la población afrocolombiana en los últimos diez años (1994-2004), producto de una extensa compilación realizada por el politólogo, historiador y cuentero Leonardo Reales Jiménez, que fue el encargado de escribir el documento por ser el coordinador general de la investigación. Reales, quien es candidato a Magíster en Relaciones Internacionales y becario Fulbright 2005, ha sido elegido en numerosas ocasiones para representar al Movimiento Nacional Afrocolombiano CIMARRON, del cual es Coordinador, en programas y cursos de derechos humanos, democracia y desarrollo en los Estados Unidos, Canadá, Colombia, Brasil y Suiza. El texto final fue revisado por el sociólogo Juan de Dios Mosquera, Director Nacional de CIMARRON, y aprobado por la Junta Directiva del Movimiento en julio de 2004. Bogotá, 30 de julio de 2004. Nota: El informe se puede consultar en www.mnacimarron.org

La abolición legal de la esclavización fue aprobada por el Congreso a través de la Ley sobre Libertad de Esclavos de 21 de mayo de 1851, pero entró en vigencia el primero de enero de 1852. 

La población afro se encontraba en el nivel más bajo (la base) de la pirámide socio-racial creada por los españoles en la época colonial y mantenida por las élites (blancas y mestizas) de la naciente república.

La Ley 114 de 1922 sobre inmigración, establece claramente que el Poder Ejecutivo fomentará la inmigración de individuos que por sus condiciones raciales no sean motivo de precauciones respecto del orden social, para generar el mejoramiento de las condiciones étnicas de la nación.

Plan Nacional de Desarrollo de la Población Afrocolombiana (1998-2002). Departamento Nacional de Planeación, Bogotá, 1999.

Ver los informes y estudios financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo sobre pobreza, discriminación racial y población afro en América Latina en los últimos tres años, en www.iadb.org

Plan Nacional de Desarrollo de la Población Afrocolombiana (1998-2002).

Ver “Discriminación racial y ausencia de empoderamiento. El caso afrocolombiano”. Ensayo de Leonardo Reales publicado en www.eip-cifedhop.org/EIPColombia

Entrevista a Betsy Romaña, Coordinadora de la Red de Mujeres Afrocolombianas, Medellín, marzo de 2004.

El Tiempo, Sección Deportiva, Bogotá, 18 de septiembre de 2000.

Analizar la Ley 22 de 1981, que adoptó la “Convención Internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial”, y la Ley 74 de 1968, que adoptó el “Pacto Internacional de derechos económicos, sociales y culturales”. La Constitución Nacional también prohíbe la discriminación racial en todas sus formas, partiendo de su Artículo 7º, a través del cual se garantiza la protección y el respeto a la diversidad étnica y cultura