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musica afro 1Las músicas afrocolombianas son herederas de múltiples tradiciones del África occidental. Toques de tambor y de marimba, sonajeros y cantos eran utilizados por la gente africana para invocar a sus ancestros, celebrar los nacimientos y despedir a los muertos. Estas prácticas, creencias y saberes musicales, colmados de una profunda espiritualidad, también atravesaron el Atlántico. A pesar de que muchas de estas manifestaciones culturales son constitutivas de las identidades regionales y nacional, son muy pocos los estudios que nos explican cómo los legados estéticos y sonoros africanos se adaptaron a las nuevas realidades geográficas e históricas durante el periodo colonial y republicano. No obstante, es innegable que la música, junto con la literatura, las danzas y la ejecución de instrumentos musicales, es el modo de expresión cultural por excelencia de las culturas afrocolombianas contemporáneas. Al igual que en África, la música sigue acompañando cada uno de los ciclos vitales de las personas afrocolombianas: festeja la vida, llora la muerte, se regocija en la buena cosecha, rememora la historia de resistencia, invoca a dios, incentiva el amor y exalta la sensualidad.

 

En cada región del país habitada por descendientes de africanos, la música afrocolombiana posee matices y personalidades diferentes. Esta diversidad tiene que ver con los orígenes de quienes llegaron a cada comarca y con las interacciones que crearon con los pueblos que las habitaban. Durante este complejo proceso de recreación cultural algunas tonadas africanas se mezclaron entre sí, otras se mantuvieron íntegras, como es el caso de los cantos de muerto de San Basilio de Palenque, y las demás impregnaron las tradiciones indígenas y europeas que ya existían en el Nuevo Mundo. Sea cual fuere el espacio regional en el cual tuvieron lugar estos procesos de recreación cultural, siempre se respetó la naturaleza ritual o profana de los ámbitos de ejecución.

 

Las tonadas que mantienen herencias africanas exhiben una serie de características fundamentales: la primera, un marcado trasfondo mágico-religioso que está asociado con ceremonias rituales. Dentro de éstas se pueden destacar las prácticas fúnebres, los ritos asociados al nacimiento y las ceremonias de iniciación de los adolescentes. También se identifican por ser alegres y explosivas. Mantienen una estructura musical polirrítmica que se refleja en la combinación de los acentos en cada línea percusiva. Esta particularidad es claramente discernible en los gestos del tamborero, en el acompañamiento con batir de palmas y en todos aquellos sonidos guturales, resoplidos y sílabas guías que se producen en el momento de mayor auge de la interpretación.

 

Los cantos afrocolombianos son de naturaleza individual y colectiva. Los segundos presentan un carácter ceremonial y son vitales para la reafirmación de la identidad cultural. Mantienen supervivencias africanas evidentes en la alternancia responsorial del solista y el coro monofónico o polifónico, la superposición de timbres, la manera de exteriorizar cadencias y movimientos frenéticos, la sucesión uniforme de sonidos en forma modal de terraza, la manera de emitir los gritos (que son agudos y prolongados con numerosas ondulaciones en lo melódico), el juego de intervalos en la melodía (que se desplazan por saltos indeterminados de un sonido agudo inicial a otro grave, donde hay descansos y responsos) y en las variaciones del microtonalismo de los giros ornamentales que exhiben glisados, repeticiones decoradas en los puntos cadénciales, laleos y otra variedad de adornos sonoros.

 

Por lo general, la interpretación de la música tradicional afrocolombiana está a cargo de conjuntos conformados por los cantadores (quienes efectúan el canto alternado de solistas y coro), los músicos para la ejecución instrumental y la participación de la concurrencia con batir de palmas y gritos. Los sonajeros y tambores son los instrumentos predominantes en dichas agrupaciones. Ellos son los encargados de producir variadas percusiones que constituyen la base tímbrica y rítmica del quehacer musical afrocolombiano.

 

Desde los primeros años de la Colonia, la población africana del Caribe colombiano impulsó significativas modificaciones musicales en las melodías indígenas y en los aires europeos, españoles o anglosajones. Los enriqueció con nuevos ritmos, agregó timbres, sugirió giros melódicos y superpuso ricas percusiones, convirtiéndola en una música vistosa y con gran fuerza. En la música afrocaribeña la melodía está a cargo de los instrumentos de viento de ascendencia aborigen; el ritmo es marcado por los instrumentos de percusión y el canto está destinado a comentar episodios o sentimientos. En San Basilio de Palenque, por ejemplo, las supervivencias ancestrales africanas son resultado de la reacción a la imposición cultural española. El toque, el canto-lloro y baile del lumbalú ostentan caracteres rítmicos y melódicos esenciales. Tal es el caso del uso del canto responsorial, cuya melodía, producida sobre escalas modales, se combina con los tambores pechiche y llamador para producir ritmos y alturas diferentes. De igual manera, la cumbia, el mapalé y el bullerengue conservan típicas peculiaridades musicales africanas. Por otra parte, la música del Caribe insular retiene con bastante fidelidad los contenidos tradicionales del viejo continente, que fueron decantados a partir de procesos activos de reintegración de la población raizal del archipiélago.

 

En el litoral Pacífico imperan las tradiciones musicales africanas caracterizadas por un alto componente de actitud devocional. El currulao, por ejemplo, se toca con marimba, dos tambores cónicos de un solo parche, dos bombos y los sonajeros tubulares de sacudimiento. El coro, a cargo generalmente de las mujeres, se desarrolla utilizando versos reiterados, estribillos y fonemas, sujetándose al proceso rítmico y dejando que la melodía del canto se diluya sin relieve vocal. El bunde fue el origen de todos estos bailes de tambor.

 

El abozao es otro de los ritmos que revelan el parentesco con antiguas danzas de vientre, landos, que acostumbraban los africanos cautivos que vivían en la región. Los cantos de trabajo y arrullos muestran las huellas africanas en sus melodías y también en el aspecto expresivo.

 

Música Tradicional del Caribe Continental

 

Los cantos de laboreo

 

Los cantos de laboreo son propios de todos los pueblos que practican la agricultura; en África muchos los acostumbran todavía. Los colonizadores españoles del periodo colonial permitieron este tipo de interpretaciones buscando elevar la productividad de los esclavizados en las haciendas. Hoy por hoy, este género musical se vive en ciertas expresiones guturales, pujidos o gritos que se repiten durante las faenas agrícolas. En las versiones más complejas, propias de San Basilio de Palenque, María la Baja y Sincerín, se emplean las décimas. El litoral Caribe es rico en variedades de este tipo denominadas zafras, maestranzas y vaquerías.

 

A) LOS CANTOS DE ZAFRA O ZAFRAS

 

Las zafras pertenecen a la categoría de los cantos de labor. Son voces con entonación musical, interpretadas a capella, por los labriegos del litoral Caribe, en épocas de siembra y recolección. La espontaneidad, individualidad y simplicidad tonal caracterizan este tipo de música. Sus notas agudas y sostenidas recuerdan el cante jondo y los cantos tradicionales españoles. Sin embargo, el uso de gritos y de ciertas onomatopeyas saca a relucir supervivencias africanas o la adaptación de una forma del cante por la gente afrocolombiana del litoral. Sus temáticas refieren situaciones del proceso agrícola y del ambiente rural. Para ellos se hacen versos pareados, cuartetas, coplas y décimas. Suelen emplearse letras como la siguiente:

 

¡Eeeehhhhh! Jesús, mamita mía ¡Uheeeee!

¡Uheeeeeeee!

ya murió Pachita Pérez

en la orilla de la quebrá

¡Uheeeee! ¡Uheeeeeeee!

yo no la vi morí, pero la ayudé a enterrá

¡Uheeeee! Echa pa´lante ¡Uheeee!

¡Vaaaaa!…

 

B) LAS MAESTRANZAS O MESTRANZAS

 

En sentido estricto, las maestranzas no son formas musicales. Se trata más bien de interpretaciones de estructura muy libre, en las que se da la conjunción sonora de los golpes rítmicos de los percutores con las voces producidas a coro. La función de los tambores es generar un efecto que acentúe el papel melódico del conjunto. Se utilizan textos formados por estribillos de estructura suelta, interpretados por los celebrantes en el ambiente risueño del carnaval o de la fiesta al aire libre. Ellos cantan o dicen coplas que hacen alusión a diversos oficios; sus recitaciones desempeñan un papel principal y suelen estar en diálogo con el repique de los tambores. Presentan un marcado matiz caricaturesco, realzado con actitudes teatrales de contenido crítico y social.

 

C) LOS CANTOS DE VAQUERÍA O VAQUERÍAS

 

Acompañar la brega del ganado con voces, cantos o exclamaciones ha sido una vieja tradición entre los pobladores de las zonas ganaderas de la costa Caribe. Esta clase de interpretaciones, con supervivencias españolas en la manera como se arrastra la voz y en los arabescos del canto, fueron adoptadas y transformadas por los grupos de mulatos y zambos del litoral. La ejecución de las glosas se efectúa con una entonación más bien simple del cantador, quien improvisa de manera individual y a capella las coplas, quintillas o sextillas. La décima o espínela es la forma poética más común de las vaquerías. Dicha métrica se estructura sobre la base de la concordancia entre los versos, debiendo rimar el primero, cuarto y quinto; el segundo y tercero; el sexto, séptimo y décimo, y el octavo con el noveno. Dicho arreglo estructural exige de una memoria excepcional por parte de los glosadores, quienes al alargar los sonidos de forma particular generan una atmósfera que se caracteriza por su dejo especial. En las sabanas de Bolívar y en Córdoba los intérpretes de vaquerías sobresalen porque son verdaderos prodigios de habilidad. Los textos usados pueden ser como el siguiente:

 

¡Haaale! ¡Haale! Mariposa!

que ya vamos a llegar;

¡Uy! ¡Jujuy! mi compañera

ya te vamos a ordeñar…

 

Los cantos fúnebres

 

A esta categoría pertenecen los cantos empleados por las comunidades afrocolombianas del litoral Caribe para acompañar el entierro o velorio de un pariente. Por lo general se interpretan a capella, aunque muchas veces la parte vocal es complementada por el toque de tambores. Se distinguen dos tipos: los cantos de lumbalú y la zafra mortuoria.

 

Los cantos de lumbalú

 

El lumbalú es una ceremonia de carácter fúnebre y ritual que se realiza con ocasión de un velorio en San Basilio de Palenque. La evocación del muerto se hace rememorando los orígenes africanos de la comunidad, en particular Angola, la tierra natal de muchos de los primeros cimarrones fundadores del palenque. Uno de los ancianos del cabildo (la institución política y religiosa más importante de la comunidad palenquera) pregona la muerte de quien ha fallecido. El pregón se realiza para convocar a la comunidad al velorio mediante un toque especial del tambor pechiche. Una vez que se ha reunido la gente, se inicia propiamente el canto-lloro responsorial, en el que alternan el solista de voz prima y el coro. Las palmas de las manos y los toques del tambor yamaró, ejecutado con ritmos y alturas específicas, acompañan el ritual. Éste se caracteriza por presentar la conjugación de elementos recitativos, canto y golpes rítmicos de los percutores de significado especial. Durante el lumbalú las mujeres bailan con pasos menudos alrededor del cadáver, ejecutando movimientos de vientre e invocaciones con los brazos; algunas se llevan las manos a la cabeza mientras actúan y cantan:

 

Chimilango, chimilango

cho María Langó ri angola,

guán cún cún me ñamo llo

guán cún cún me re ñamar,

cuando sota caí ma mujé

¡E li le loo!

¡E li le loo!

Chimila ri ri angongo…

Chimilango ta ñangando…

 

Las zafras mortuorias

 

Son cantos sin ningún acompañamiento instrumental, recitados por una o varias voces en el contexto de entierros y excavación de sepulturas, que sirven para evocar el recuerdo de una persona fallecida. La ejecución de las recitaciones se da en razón de un acto vocal libre, donde una de las voces entona un relato, verso, frase o rezo, y las respondedoras o plañideras, acopladas a coro, responden en forma de comentario o estribillo. En este sentido no presenta una estructura determinada en sus versos; sin embargo, sí están ajustados melódicamente a los usos tradicionales del canto. Los tonos menores usados armónicamente y la presencia de coplas con incidencias a la muerte le asignan a esta clase de expresiones orales un sentido fúnebre.

 

El bullerengue

 

bullerengueRitmo ritual propio de las comunidades afrocolombianas del Palenque de San Basilio. Considerado como un legado de las expresiones estéticas africanas, fue reinventado a este lado del Atlántico. Es una de las tonadas más importantes del repertorio melódico de la costa Caribe colombiana. Musicalmente es un toque de tambores yamaró, quitambre, bombo y, en casos especiales, de pechiche, acompañados con cantos y toques de palmas de las manos o de tablillas.

 

El ritmo es acentuado, autónomo, con sonidos secos, realizado por los tambores, sin ninguna derivación hacia la melodía. Se ejecuta en las ceremonias de iniciación de las jóvenes afrocolombianas cuando llegan a la pubertad. La interpretación está a cargo de los hombres, quienes percuten los instrumentos y participan del canto junto con las mujeres. Se establece un diálogo entre la primera voz y un coro formado por las restantes. Se canta recurriendo al uso continuo del laleo.

 

El bullerengue es un ritmo alegre, lleno de energía y fuerza vital, en el que siempre están presentes los tambores, cantos y palmas propios de todos los ritmos con herencias africanas. Acostumbran emplearse párrafos como el siguiente:

 

¿Con qué se peina la luna?

Josefa Matía… Josefa Matía…

Con el peine y la peineta

Josefa Matía… Josefa Matía…

La luna por indiscreta

Josefa Matía… Josefa Matía…

Me dijo que no sabía

Josefa Matía… Josefa Matía…

 

El mapalé

 

Tonada propia del litoral Caribe colombiano, que mantiene supervivencias de las tradiciones africanas. En su versión más antigua el mapalé fue un toque de tambor que sólo servía para bailar. Se caracteriza por su ritmo binario, fuertemente percutido a dos golpes. Además, admite el canto y el palmoteo como acompañamiento. Al parecer fue introducido en el periodo colonial por los esclavizados deportados del Golfo de Guinea, quienes lo reinventaron y adaptaron a sus nuevas condiciones de vida, asignándole un estilo particular. En sus orígenes la tonada estuvo asociada a la pesca y procesamiento de un pescado denominado mapalé, que era capturado en forma masiva en ciertas épocas del año por hombres y mujeres. Estos se reunían por las noches en las playas, a la luz de hachones encendidos, para procesar el pescado y celebrar el final de la jornada. Con toques del tambor recreaban una atmósfera de espontánea e incuestionable africanía.

 

Esta tonada conserva características musicales típicamente africanas, donde los tambores, en función coral, se alternan con el canto y el palmoteo. Se emplea para enmarcar un juego coreográfico, en el que los bailarines ejecutan diversas figuras con miras a conquistar a las mujeres.

 

La cumbia

 

La cumbia es el ritmo patrón del litoral Caribe, interpretada por grupos estrictamente instrumentales. Su origen parece remontarse al siglo XVIII, cuando se dio la asociación entre las melodías indígenas, de características melancólicas, con los ritmos africanos, que sobresalían por su alegría y por la impetuosa resonancia de los tambores.

 

Es interpretada por grupos típicos denominados gaiteros, milleros y piteros. La fuerza plástica y la calidad de los matices rítmicos de esta tonada se logran por la confluencia de los diversos instrumentos empleados en su toque. La percusión, por ejemplo, está a cargo del yamaró, el quitambre, la tambora, las maracas y el guache o güiro. La melodía es registrada por la gaita hembra, la caña de millo o el acordeón, según sea el conjunto, junto con el tambor mayor. Hay una reiteración del fraseo melódico, encadenado al predominio absoluto del proceso rítmico, marcado por la gaita macho, que es acompañada por el yamaró y por una maraca de origen indígena.

 

En la ejecución de la cumbia, el conjunto musical costeño emplea la caña de millo para obtener un sonido de gran agudeza y de altísima tonalidad. El acordeón, la caja y la raspa se usan en la región vallenata, y en Córdoba su interpretación se hace con banda de hojita o banda pelayera. Se conocen varias modalidades regionales de esta tonada:la cumbia sampuesana, la soledeña, la cienaguera, la momposina y las de San Jacinto, Cartagena, Cereté, Magangué, etc. Asimismo, existen variantes, derivaciones y tonadas afines conocidas como la chalupa, la puya, la gaita y el porro.

 

La chalupa

 

Es una de las variantes de la cumbia, de métrica más rápida y de contenido alegre y excitante. En la chalupa, la melodía y el canto quedan en un plano complementario, dando realce al jugueteo rítmico de los tambores. La instrumentación empleada en su interpretación es la misma que la usada en aquella. El toque se ejecuta en el ámbito de las cumbiambas, bailes que se efectúan al aire libre.

 

La puya

 

Es una tonada afín al ritmo de la cumbia, su tratamiento es más simple y acelerado. En su ejecución musical no se permite que el bombo suene de forma plena; el efecto se consigue silenciando o tapando, con la palma de la mano, de manera alternada, el parche opuesto a aquél que se percute con la baqueta o porra. A raíz de esto, suele recibir el nombre de porro tapao. En la región vallenata existe una variedad cantada que se interpreta con acompañamiento de acordeón, raspa y caja o tambor vallenato. Además, es un ritmo que no puede faltar en las cumbiambas.

 

La gaita

 

Ritmo derivado de la cumbia, empleado exclusivamente para el baile. Se identifica por su carácter rítmico, sin canto ni melodía definida, su compás es lento y pausado. En su ejecución se usa el mismo instrumental de la tonada patrón del litoral Caribe. También se le conoce como porro palitiao en razón del efecto sonoro que genera el repique de la baqueta o porra sobre la madera de bombo en el instante mismo de las pausas; este recurso interpretativo proporciona a la tonada adornos sonoros especiales.

 

El porro

 

Variante de la cumbia surgida en el ambiente de Cartagena de Indias. En términos musicales heredó de su ascendiente la métrica de dos cuartos, característica de su acento africano. El acompañamiento instrumental es el mismo al del ritmo base de la costa Caribe, aunque más lento para dar paso al canto. El nombre de esta tonada se asocia con el de un tambor pequeño, cónico, truncado y dotado de un solo parche que se usa en el litoral para producir música de baile con tambores. La interpretación de las versiones tradicionales está a cargo de las bandas pelayeras y los grupos de piteros o gaiteros. Existen versiones estilizadas, ejecutadas por orquestas como las de Lucho Bermúdez y Pacho Galán.

 

El paseo vallenato

 

vallenatoEs un ritmo propio de la cuenca del río Magdalena, zona que presenta una rica variedad de tradiciones indígenas y africanas. Es la forma más difundida e importante de la canción vallenata del litoral Atlántico. Es catalogado, junto al son, el merengue y la puya, como uno de los ritmos básicos de dicho género musical.

 

Presenta herencias indígenas, africanas y europeas. La forma melancólica del canto, la brevedad en la notación del pentagrama y el uso de cierto tipo de reiteraciones constituyen las supervivencias indígenas. Los esclavizados africanos, por su parte, le heredaron el ritmo de las percusiones mulatas, encomendadas en los conjuntos a la guacharaca, la caja y a veces al tambor. A su vez, los españoles le integraron la tradición del romance, con estrofas de cuatro versos y décimas, construyendo así una métrica rígida para la versificación del canto.

 

El paseo es ante todo un canto ejecutado por trovadores errantes que con sus voces, de marcado acento regional, narran todo lo que acontece en las provincias de la región. Los sucesos políticos, religiosos, laborales y amorosos son descritos en estas narraciones musicalizadas, que se ejecutan con un grupo integrado por caja vallenata, raspa de caña y acordeón de botones, encargado de los adornos sonoros. La melodía, que recae en el acordeón o en la voz del trovador, se limita a comentar o adornar los textos literarios.

 

El son palenquero

 

Ritmo creado por la fusión del son cubano y la cumbia. Este tipo de música tiene su origen en las fuentes más antiguas del son cubano: el changui o el nengón. Se caracteriza por su sonido agreste y expresivo, basado en el canto responsorial, de innegable ascendencia africana, donde los tonos graves y antiguos de las percusiones se unen a las voces tenores de los obreros agrícolas de Palenque. La fusión surgió a principios del siglo XX, cuando afrodescendientes de San Basilio fueron contratados por un complejo azucarero dirigido por ingenieros cubanos. De ellos aprendieron a tocar el son cubano, música con influencias africanas y europeas. La primera formación de sexteto palenquero tocaba junto al conjunto de bullerengue en los funerales y en otros acontecimientos importantes de San Basilio de Palenque. Este contacto, único entre el son cubano y las músicas rituales afrocolombianas, fue determinante para la posterior evolución del son palenquero. La singularidad del sexteto radica en hacer parte, desde el principio, del contexto mágico-religioso de la música de los descendientes de los cimarrones.

 

Después de los años sesenta, el son palenquero se extendió entre las poblaciones afrocolombianas del litoral, siguiendo el curso del río Magdalena. La mayoría de sus composiciones son derivadas de los cantos de labor, con temáticas propias de la poesía de la costa Caribe. En suma, es un género nuevo que se identifica por sus características rítmicas y musicales, depositario de una compleja mezcla de influencias afrocolombianas y afrocubanas.

 

La champeta

 

Es un ritmo contemporáneo que nació en el palenque San Basilio y se extendió a las barriadas de la ciudad de Cartagena. Es una adaptación de ritmos africanos (soukous, highlife, mbquanga, juju) con vibraciones antillanas (rap-raggareggae, compás haitiano, zouk, soca y calipso) e influencias de la música afrocolombiana (bullerengue, mapalé, zambapalo y chalupa). Esta fusión de ritmos configuró una nueva cultura musical urbana en el contexto caribeño, que se consolidó en las barriadas cartageneras a mediados de los años ochenta.

 

En sus inicios, la champeta se difundió a través de los enormes y potentes equipos de sonido denominados pick-up (picós) que suenan en las verbenas o casetas. Se caracteriza porque la base rítmica prevalece sobre las líneas melódicas y armónicas, convirtiéndola en una expresión musical bailable en la que predominan una fuerza y una plasticidad desbordantes. Los instrumentos empleados en la ejecución de este alegre y contagioso ritmo son la voz, la batería, las guitarras eléctricas, el bajo, las congas y el sintetizador, que añade efectos rítmicos.

 

Con un lenguaje popular y lleno de inventivas los champeteros cantan sus vivencias. Las letras, sobrepuestas a pistas africanas o con música original, evidencian la actitud contestataria de los sectores afrocartageneros discriminados, que arremeten contra la exclusión social y económica o cuentan sus sueños de cambio y progreso.

 

Música del Caribe insular

 

Gracias a la pervivencia de la espiritualidad de los pueblos africanos que llegaron a las islas, los trabajadores esclavizados forjaron nuevas formas de organización social en medio del cautiverio. Sus tradiciones venidas del África entraron en contacto con las prácticas litúrgicas propias del revivalism protestante, difundidas por los predicadores sureños de los Estados Unidos. Éstas fueron un poderoso instrumento en las nuevas formas de filiación ingüística y religiosa de los habitantes isleños, quienes las matizaron con el espíritu propio de las prácticas africanas heredadas. Esta situación fue igual en todo el Caribe insular angloparlante, con el que la población raizal del archipiélago comparte una forma cultural común, que se mantiene y nutre mediante un estrecho contacto de intercambios familiares, culturales y económicos.

 

Las islas de San Andrés y Providencia mantienen diversas vertientes musicales, que surgieron de la fusión de tradiciones europeas y africanas. La música popular ejecutada para amenizar bailes como la quadrille, el waltz, la mazurka y la polka retiene con bastante fidelidad algunos contenidos tradicionales del viejo continente, que fueron reinventados e enriquecidos por la población nativa con nuevos motivos armónicos y con variaciones rítmicas y de timbres, reproduciendo de esta manera el acento y la vitalidad específicos de los ambientes africanos. Por otra parte, la música religiosa interpretada en el contexto del culto protestante se caracteriza por presentar un gran desarrollo de la parte vocal de solistas y coros, que se ayudan de un sencillo acompañamiento de piano u órganos electrónicos.

 

El mento, el calipso, el reggae y la soca son expresiones musicales del Caribe anglófono que fueron adoptadas en diferentes momentos del siglo XX por los pobladores isleños, quienes las adaptaron a su contexto musical y les proporcionaron un desarrollo local. En la interpretación del mento y el calipso, por ejemplo, se emplea un conjunto acústico, la sección melódica se encuentra a cargo de un violín o una mandolina, como instrumento principal, acompañado de un par de guitarras. Por su parte, la sección rítmica la desarrollan las maracas, el jawbone y el tub bass. El reggae y la soca son ritmos surgidos de la fusión de viejas músicas locales con diversas formas musicales norteamericanas, ejecutados por agrupaciones contemporáneas isleñas que cuentan con la nueva instrumentación eléctrica y electrónica.

 

La música religiosa o Praise Hymn

 

En San Andrés y Providencia las comunidades raizales mantienen una rica y variada tradición musical religiosa. En 1847, diversos sectores del Archipiélago, que se habían integrado a la Iglesia Bautista Anglicana, promovieron la fusión de los valores anglo-africanos. Poco a poco, las prácticas litúrgicas de origen anglosajón fueron tomando distancia de la ortodoxia metodista al impregnarse de la espiritualidad y la estética religiosas de origen africano.

 

Durante generaciones la voz cumplió el papel musical más destacado entre los esclavizados del Archipiélago, debido a la erradicación de los tambores, llevada a cabo por los esclavistas ingleses. Este hecho generó agrupaciones vocales que participaron en la entonación de himnos durante los servicios dominicales en las iglesias. En la interpretación de cada himno emerge una rica y compleja tradición musical, sustentada en la atmósfera propia del canto responsorial africano, en el cual la voz se convirtió en el instrumento musical por excelencia y la palabra en un símbolo que representaba la capacidad de dar vida a todo lo que nombraba.

 

Dentro del contexto religioso de los habitantes raizales de las islas, se encuentran representadas las tradiciones musicales de las iglesias Bautista, Adventista y Católica. A pesar de sus múltiples diferencias, todas cuentan con un coro o agrupación de cantantes para la interpretación de los himnos durante sus servicios. La flexibilidad les ha permitido adaptarse a la tradición cultural de los pobladores isleños, quienes a su vez han encontrado en ellos un agente que les permite el fortalecimiento de la identidad raizal. Los ritos del judaísmo y del Islam también han tenido cabida dentro de las actividades religiosas del Archipiélago.

 

El mento y el calipso

 

Estas expresiones musicales llegaron a San Andrés y Providencia en los años cuarenta y cincuenta. El mento, por ejemplo, fue adoptado con algunas modificaciones, tanto en el ámbito organológico (donde fue necesario adaptar nuevos y precarios instrumentos), como en el de las líneas temáticas, donde se reemplazaron los comentarios sobre hechos foráneos por crónicas propias. No obstante, su contenido musical se mantuvo intacto. Por su parte, desde las década de 1950, el calipso se ejecuta con una innegable fidelidad musical, respetando los patrones impuestos por las otras islas del caribe anglófono. Sin embargo, sus letras narran el pasado de un archipiélago tranquilo y maravilloso que ya no existe, dejando de lado la vida convulsionada de los últimos treinta años de su historia; en este sentido, sus letras se quedaron fijadas en los inicios de los cincuenta, época de la expansión de esta tonada, cuando algunos conjuntos hicieron calipsos incluso con letras en español.

 

El mento es la principal expresión musical jamaiquina. Surgió a comienzos del siglo XX en el ambiente rural campesino de esa isla, donde era interpretado por bandas instrumentales compuestas de banjo, guitarra, tambores charles, clarín y saxofón. En la década de 1930 fue importado a Kingston por músicos ambulantes quienes, mediante una variedad de recursos sonoros, como el incremento de las armonías, la adición del soneo de las maracas, el empleo de una doble figura para el bajo y el uso de un sistemático ritmo cruzado, le aportaron un vivaz colorido latino. Por ser una música rural y callejera, desde siempre fue mal vista por la clase media de Jamaica, la cual la aceptó y adoptó después de 1940, cuando algunos músicos depuraron las sugestivas líricas de los ácidos pasajes, llenos de crítica y comentario social, de insinuaciones eróticas y de crónicas sobre la vida social y política.

 

El calipso es una música delicada, caracterizada por el refinamiento y la complejidad de sus sonidos. Estos se estructuran sobre una base rítmica en la que predomina la síncopa. Los textos son interpretados por medio de estribillos cortos, que respetan los patrones del canto responsorial africano. Exhibe un manifiesto énfasis verbal en la interpretación de sus letras, que hacen de él una de las músicas más autenticas de Afroamérica, en la medida en que rememoran a los antiguos trovadores o cantadores ambulantes africanos, su irreverencia y desenfado para cuestionar a los gobernantes y a las personalidades importantes. Los textos narrados refieren la cotidianidad de los sectores afroantillanos, quienes los emplean con carácter noticioso y les asignan un marcado acento de crítica social, convirtiéndolos en importantes catalizadores de tensiones y conflictos sociales. En suma, es una música motivada por una sociedad muy inquieta y participativa.

 

El reggae

 

En las últimas décadas del siglo XX los jóvenes afrocolombianos del Archipiélago fueron influenciados por ideas y conceptos propios del contexto sociocultural afrocaribeño. El contacto interactivo con músicas contemporáneas de variados matices, el conocimiento de las ideologías que forjaron los movimientos sociopolíticos que planteaban una estrecha relación con la música, y la llegada de nuevas tecnologías al campo de la grabación permitieron el surgimiento de las modernas agrupaciones isleñas, que además de reggae interpretan diversos ritmos derivados de la novísima instrumentación eléctrica y electrónica, y que son mezclados con músicas tradicionales locales.

 

El reggae es producto de la interacción de formas musicales norteamericanas como el rhythm and blues, el soul, y el rock, con el mento, música original de Jamaica. En San Andrés y Providencia las dos agrupaciones más importantes que interpretan este tipo de música (otros géneros contemporáneos como la soca) son The Rebels Home Boys y Solution.

 

Música del Litoral Pacífico

 

Aunque la música afrocolombiana de la costa Pacífica presenta en mayor medida herencias de tradiciones africanas, también exhibe pervivencias de raigambres indígenas y españolas que fueron adaptadas por los afrodescendientes de la región. Estas expresiones musicales manifiestan un profundo carácter religioso y melancólico. Sin embargo, cuando se expresa en contextos profanos su característica fundamental es la sátira. Ésta tiene bajo su responsabilidad la crítica social y política y se hace evidente en el predominio de onomatopeyas y voces en forma de dejo. Dicha particularidad está anclada en la tragedia de los esclavizados quienes, al ser considerados como mercancías y no como seres humanos, debieron recurrir al canto satírico para expresar sus inconformidades y rechazos al sistema esclavista.

 

Durante todo el periodo colonial, el Pacífico colombiano albergó muchísima gente de diversos orígenes africanos. A diferencia del litoral Caribe, las selvas del Pacífico presentan un bajísimo mulataje. Esto quiere decir que las interacciones biológicas y culturales con los europeos no tuvieron la misma intensidad que en las zonas caribeñas. No obstante, en lo grandes centros urbanos del sur-occidente del país las relaciones entre africanos y europeos fueron constantes y significativas. De ahí que en muchas ciudades importantes de la región las herencias musicales africanas y la conservación de danzas y cantos españoles del siglo XVI hayan confluido para que en el litoral surgiera una gran variedad de tonadas musicales, representadas en 26 aires diferentes. Entre ellos se destaca el currulao como la expresión más importante y la tonada patrón de la zona.

 

El litoral Pacífico está dividido en dos zonas ampliamente diferenciadas. Las bocas o desembocadura del río San Juan establecen una especie de frontera cultural entre los sectores centro-norte y centro-sur. Los grupos afrocolombianos que habitan ambas circunscripciones presentan hondas e innegables afinidades espirituales. Sin embargo, sus manifestaciones culturales tienden a divergir en varios aspectos. En la zona centro-norte las expresiones musicales exhiben el uso de percutores y de otros instrumentos relacionados con la música afroamericana. También están los instrumentos musicales melódicos como la flauta traversa de caña o metal y el clarinete, que se acompañan del redoblante, caja, tambora, cencerros, platillos y triángulo. Este conjunto típico es conocido en el área como la chirimía.

 

La música de la zona centro-sur, por su parte, se caracteriza por su amplio contenido ceremonial, asociado en lo fundamental con factores sociales y religiosos. El currulao, el chigualo y el arrullo son expresiones musicales ancladas en la tradición oral. En las letras de sus cantos se manifiesta una profusión de estilos poéticos cuyos versos se encadenan al ritmo a manera de fonemas o sonidos de acompañamiento, bajo el predominio de los tambores y las marimbas. La dimensión ritual se pone en evidencia cuando hay convergencia de los elementos musicales en las celebraciones religiosas o en el ámbito funerario; tal es el caso del alabao, la juga de arrullo y el velorio de angelito.

 

En la costa Pacífica colombiana existen manifestaciones musicales de marcada ascendencia africana. Casos concretos son los ritmos del currulao y sus cinco variantes: patacoré, berejú, caderona, bámbara negra y juga, y los estilos fúnebres del bunde y el chigualo. Asimismo, se conservan supervivencias musicales hispánicas, especialmente las relativas a la forma del canto gregoriano, que fue traído por las misiones religiosas del siglo XVI. Estas formas de romances y pregones a capella se perciben hoy en día en los alabaos, salves, arrullos, loas y villancicos. Por otra parte, desde la década de 1970, la música salsa se ha constituido en un fenómeno muy importante entre los jóvenes del litoral, que han visto el surgimiento de prestigiosas orquestas de baile como los grupos Niche y Guayacán, quienes mantienen un fuerte componente chocoano entre sus integrantes.

 

Los cantos de boga

 

Son canciones asociadas a la labor de la navegación, que se instrumentalizan de manera libre. En el litoral Pacífico, los bogas afrocolombianos acostumbran cantar mientras baten los remos sobre el agua. Esta costumbre, de tiempos inmemoriales, es un recurso empleado por los pobladores ribereños para acompañar su soledad en medio de los ríos y la selva.

 

En este género de canto se entonan versos simples de gran musicalidad, precedidos por fonemas y falsetes. El uso de sílabas, a manera de fonemas musicalizados, sirve para que el cantador cambie de nota, abandonando el registro en el que se encontraba y asumiendo uno diferente. Las rimas plasman la imaginación de los bogas y los contenidos de las interpretaciones manifiestan actitudes evocadoras. El acompañamiento musical se reduce al sonido producido por el remo o canalete en el instante mismo en que golpea el agua. Esta respuesta sonora, a manera de chasquido, sirve de apoyo rítmico para la voz del intérprete. Las temáticas giran en torno a temas cotidianos como el amor, la vida, el paisaje. Las letras empleadas pueden ser como la siguiente:

 

Cuando dos se están queriendo… oí… ve…

y no se alcanzan a hablar… oí… ve…

por el ojo de una aguja… oí… ve…

se mandan a saludar… oí… ve…

 

Los cantos fúnebres

 

Cantos propios de las comunidades afrocolombianas de la costa Pacífica, interpretados a capella o con un sencillo acompañamiento de toques de tambor. Se emplean en el contexto ritual de los entierros o velorios de parientes. En el litoral se conocen con los nombres de bunde y chigualo.

 

El bunde

 

Ritmo musical muy extendido entre las comunidades afrocolombianas del litoral Pacífico, con un posible ascendiente en Sierra Leona (África). Tiene carácter de canción lúdica y difiere, en grado menor, de la forma de canto empleado en los velorios de los niños. En este sentido es una expresión de los ritos fúnebres y, a la vez, una forma de canto inserto en el ámbito de las rondas y juegos infantiles que ejecutan los chiquillos en el patio de la casa mientras los adultos se ocupan del rito mortuorio propiamente dicho.

 

En la interpretación del bunde se emplean únicamente los tambores, que registran una métrica pausada. Los cantos, en coro, se alternan con los toques del tambor en aquellas ocasiones en que se trata de una celebración; en caso contrario, las voces no intervienen. Numerosas canciones del repertorio del litoral, que son cantos de folclor lúdico o rondas de juego, se bautizan con el nombre de bundes, tales como “El chocolate”, “El punto”, “El trapicherito”, “El florón”, “El pelusa”, “Jugar con mi tía”, “Adiós tía Coti” y “El laurel”.

 

El chigualo

 

La ceremonia de velación del cadáver de un niño menor de siete años recibe el nombre de chigualo en el sector centro-sur de la costa del Pacífico. En la zona centro-norte se llama gualí. También se le denomina bunde, velorio de angelito, velatorio, mampulorio, angelito, angelito bailao o muerto-alegre. Se corresponde, indistintamente de la región de que se trate, con la funérea infantil. En el ritual la música es interpretada a ritmo de bunde cuando hay baile. En su defecto se ejecuta con canto a capella, a una voz y coro, con acompañamiento del palmoteo. El ritmo de las voces, en el canto o recitado, es marcado por los tambores y los guasás, los cuales también indican el compás cuando se trata de bailar.

 

La base rítmica del chigualo es la que corresponde al currulao, que es la tonada tipo del Pacífico colombiano. El instrumental empleado en su ejecución se restringe a la marimba de chonta, los cununos macho y hembra, el bombo, el redoblante y los guasás. Los textos empleados son como el que sigue:

 

La yerbita de este patio

qué verdecita que está.

Ya se fue quien la pisaba

ya no se marchita más.

Levantate de este suelo,

rama de limón florido;

acostate en estos brazos

que para vos han nacido.

Con ve se escribe victoria,

el corazón es con zeta,

amor se escribe con a,

y la amistad se respeta.

 

Los cantos religiosos

 

musica religiosaEl ejercicio de la práctica religiosa entre las comunidades afrocolombianas de la costa Pacífica ha permitido la consolidación de un ambiente propicio para la producción de cultura y la revitalización de sus identidades. En este contexto de los ritos se acostumbra interpretar cantos religiosos a capella, que algunas veces permiten la adhesión de sencillos toques de tambor. Estas expresiones musicales se conocen en el litoral con los nombres de alabaos, salves y arrullos.

 

El alabao

 

En esencia es un canto coral de alabanza o exaltación religiosa ofrendado a los santos. Con el transcurrir del tiempo su uso se hizo extensivo al contexto fúnebre, convirtiéndolo, además, en un canto de velorio para adultos. Por lo general se interpreta sin instrumentos, aunque en algunas ocasiones puede tener acompañamiento rítmico de percusión. Dentro de sus características se destacan el acento salmodiano (propio de las exaltaciones cristianas) y la escala musical, que evoca al canto llano. Las intérpretes lo cantan manteniendo la armonía de las distintas voces, sin variar la melodía e introduciendo modulaciones propias de la música colectiva de las tradiciones africanas.

 

En algunos casos las temáticas de los versos se apartan del contexto religioso y resaltan aspectos profanos. En los alabaos de tipo fúnebre se combinan de forma indistinta pasajes que hacen referencia a la vida del difunto y exhortaciones místicas. Veamos unas estrofas:

 

Levanten la tumba,

levántenla ya,

que el alma se ausenta

pa´ nunca jamás.

Adorar el cuerpo,

dorar la cruz,

dorar el cuerpo

de mi buen Jesús,

de mi buen Jesús.

 

En toda la costa Pacífica colombiana este tipo de expresiones musicales son numerosas. Modelos como el denominado “Tío guachupecito” son característicos de todo el litoral; en él se nombran todos los santos del cielo católico, alternando los versos con el nombre de un pez negro y largo que es el que da nombre a la tonada. En el departamento del Chocó, por ejemplo, es muy popular el alabao dedicado a San Antonio, conocido como bunde San Antonio o “Velo, qué bonito”.

 

Los salves

 

Es una forma de alabao típico del departamento del Chocó, interpretado con gran sentido devocional en homenaje a la Virgen María o a ciertas advocaciones femeninas. Se les conoce también con el nombre de alabanzas de pasión. Presenta supervivencias de tradiciones españolas. En su ejecución, que se ha perpetuado a cargo de las mujeres más ancianas, se resalta la calidad y la modulación de la voz de las cantadoras, que aplican un estilo propio a la interpretación de extensos poemarios que provienen de épocas coloniales.

 

La habilidad en la interpretación, la memoria para recordar textos similares y la musicalidad de las cantadoras son elementos que influyen en el permanente enriquecimiento de las formas poéticas, que a veces se acompañan con un golpe percutido de tambor con la intención de solemnizar el acto ritual. Son modelos de salves “Una paloma sin mancha” y “Del cielo cayó una rosa”. Suelen emplearse textos como el siguiente:

 

En una tiniebla oscura,

y en una tiniebla oscura,

el día que el Señor murió,

por los rayos de la luna

la noche se iluminó

y la señora María,

y la señora María,

muy triste y adolorida

de ver a su amado hijo,

en una tiniebla oscura…

 

El arrullo

 

Expresión poético-musical referida a los niños, propia del departamento del Chocó. Se interpreta a manera de canción de cuna, en el contexto de los velorios, las celebraciones de la Natividad y en diversas reuniones de carácter religioso. Puede ser cantado por una o varias voces, adicionando estribillos cuando hay coro.

 

En la vida cotidiana los arrullos son empleados como canciones de cuna; en estas ocasiones la voz de la madre relega las pautas rítmicas e imprime un sabor tonal muy cadencioso a las interpretaciones, que adquieren un dejo regional de características particulares, muy próximo a la estructura de los romances y las salves. Pueden usarse letras como la siguiente:

 

Urrurru arra ya

que venga el coco,

que venga acá.

Este niño lindo

se quiere dormir

y el pícaro sueño

no quiere venir.

Canta la gallina,

responde el capón,

mal haya la casa

donde no hay varón.

 

El currulao

 

Es la tonada patrón de la costa Pacífica colombiana, estructurada sobre un compás binario de seis octavos, y con una sección rítmica percutida en figuraciones ternarias. En el contexto de la música afrocolombiana es el ritmo que presenta las supervivencias africanas en las modalidades instrumentales, vocales y coreográficas. El currulao se escucha en el contexto de las fiestas familiares, colectivas de índole social y en las rocerías de maíz o mingas.

 

Suele ejecutarse con un conjunto de marimba integrado por diez instrumentos: la marimba de chonta, para el acompañamiento semi-melódico; los dos cununos, sobre los que recae la base rítmica; la tambora o bombo, el redoblante y cinco guasás, como elementos que marcan la percusión. La parte vocal es efectuada por las mujeres, quienes emplean la forma de canto responsorial o de letanías para narrar los versos del coplerío local. La primera voz está a cargo de las cantadoras o glosadoras, que son las que dicen las coplas. Las segundas voces o respondedoras contestan con versos reiterados, llenos de estribillos y fonemas enlazados al proceso rítmico de los percutores, abandonando la melodía que se perfila sin relieve vocal. Son derivaciones del currulao: el patacoré, el berejú, la caderona, la bámbara negra y la juga.

 

El patacoré

 

Es una variedad de currulao, típica de la región costanera de los departamentos de Cauca y Nariño, en la que es posible percibir una motivación mágico-religiosa. Ritmo rápido en el que la marcación instrumental mantiene una identidad rítmica con la tonada patrón del litoral. Esta tonada mantiene predominio de la instancia vocal, con un sentido coral bastante marcado, en el que las voces se conjugan de maneras diversas y arbitrarias: una voz femenina en solitario y varias femeninas, o dos voces masculinas al unísono y una femenina como segunda voz. La palabra patacoré se usa a manera de glosa o estribillo. Los textos cantados dicen así:

 

Ya me va a cogé, oí,

ya me va a cogé, oí,

el patacoré, oí,

el patacoré, oí.

O ante que me coja, oí,

o ante que me coja, oí,

o yo me embarcaré, oí,

o yo me embarcaré, oí.

Tolé, oí… Tolé, oí,

Tolé, oí… Tolé, oí.

 

El berejú

 

Descendiente directo del currulao, mantiene las fases melódicas y rítmicas de la tonada patrón del litoral. Sus similitudes formales con el patacoré son indiscutibles, aunque es de ritmo más lento. En sus textos existe un trasfondo religioso y muchas veces mágico. El canto se desenvuelve tomando como base la palabra berejú, la cual es entonada por las cantadoras con un fraseo interminable encadenado al ritmo. Las respondedoras matizan la entonación de las palabras con fonemas en falsete que manifiestan un sentimiento africano.

 

La caderona

 

Al parecer este ritmo es una derivación de los landos o danzas de vientre, que acostumbraban los mineros esclavizados en sus fiestas probablemente rememorando ritos de fertilidad africanos. Su base rítmica pertenece al ámbito del abozao y se ejecuta en compás de seis octavos. La tonada se desencadena una vez que la voz prima emite la primera frase, la cual es contestada en forma de estribillo por el coro. El contenido del tema se trasluce en los siguientes versos:

 

Caderona… caderona…

Caderona, vení, meniáte…

Con la mano en la cadera,

caderona, vení, meniáte…

¡Ay! Vení, meniáte, pa´ enamorate…

Caderona, vení, meniáte…

 

La bámbara negra

 

Ritmo típico de la región centro-sur del litoral Pacífico. Es un canto bailado en el que la fase melódica se ciñe a la actuación vocal, que es adelantada por un coro de cuatro voces. La letra de esta tonada desarrolla un tema concreto, estructurado en métrica binaria, que no permite modulaciones ornamentales y que se repite de manera reiterativa. El texto parece referir viejas costumbres marciales que fueron sobrepuestas al gusto fiestero de las comunidades afrocolombianas del litoral. “Bámbara” es el nombre de uno de los grupos africanos cuyos miembros fueron deportados hacia Cartagena de Indias durante los siglos XVI y XVII. Suelen utilizarse versos como el siguiente:

 

Subí sarmaro,

como soldado,

subí sarmaro,

como soldado,

y acostumbrado

al son de valor,

y acostumbrado

al son de valor.

La bámbara negra

yo no la sé,

ay, dale mi vuelta

y me jincaré,

ay, dale mi vuelta,

y me jincaré.

 

La juga

 

La juga es una variante del currulao destinada a las celebraciones navideñas y a otras fechas especiales. Tiene su verdadero esplendor en las balsadas o procesiones acuáticas sobre canoas, que acostumbran los afrodescendientes para festejar el natalicio del Niño Dios o para celebrar la fiesta de un santo patrón. En medio de la música, el canto, los rezos y los juegos de pólvora, se transportan altares construidos en ramas de palmiche, en los que reposa la imagen del niño Jesús, desde las diferentes veredas hasta la iglesia del pueblo.

 

Esta tonada se caracteriza por conservar el compás de seis octavos propio del ritmo patrón del litoral Pacífico. Su acompañamiento percusivo, menos frenético que el de su ascendiente, crea un diálogo con las voces femeninas. En síntesis, es una forma de canto con conjunción o juego de voces femeninas, a la manera del estilo responsorial, en el que la segunda voz asume la melodía e interpreta los versos y la primera canta los estribillos.

 

La salsa

 

Aunque esta expresión musical no surgió en el contexto del folclor afrocolombiano, sí hace parte de los ritmos de origen afrocaribeño que fueron adoptados por diversos sectores populares en las ciudades donde había presencia significativa de gente de origen africano, quienes encontraron en ella un signo de identidad, solidaridad y esperanza. Las temáticas de la salsa en el ámbito caribeño denunciaban la situación social del común de la gente. Esta capacidad para expresar sentimientos, sensaciones, pasiones y críticas sociales de los sectores discriminados se constituyó en una herramienta estética y creativa para los afrocolombianos, quienes vieron en ella la posibilidad de afianzar su identidad y al mismo tiempo acceder al reconocimiento nacional e internacional.

 

Como manifestación musical contemporánea, la salsa surgió a principio de la década de 1970 en los barrios latinos de Nueva York. En sus orígenes, y como base principal de su desarrollo, estuvieron diversos géneros afrocubanos como el son, el danzón, la guaracha, la rumba, la habanera, la guajira, el mozambique y el guaguancó, que con posterioridad fueron enriquecidos con el aporte de tonadas populares y folclóricas puertorriqueñas, entre las que se destacaban la bomba y la plena. También hubo aporte de elementos musicales de otros pueblos del área del Caribe y, por supuesto, del jazz norteamericano. A todas estas raíces, los músicos les adicionaron arreglos agrios y violentos que hicieron de ellas una especie de toque de barrio que rápidamente fue asumido por las barriadas de las grandes ciudades del Caribe.

 

Al final de los años setenta, en el contexto caribeño y neoyorquino existían dos tendencias de vanguardia en la salsa. La primera conservaba el estilo de barrio, que implicaba una amalgama de tradiciones. La segunda, llamada “salsa conciencia”, enfatizaba en una intención política con letras que mostraban la ruptura con el conformismo imperante. Ambas planteaban temáticas centradas en la lucha contra la discriminación racial, social y política, que coincidían con los sentimientos y las vivencias de la gente. Al cantarle al goce, al placer, al amor, a la sensualidad, al baile y a la música misma la salsa se constituyó en un canto a la alegría de vivir.

 

En Colombia, en la década de los setenta, la salsa se definió como un elemento de identidad popular urbana de sectores sociales específicos; en ciudades como Barranquilla, Cali, Cartagena y Buenaventura se adoptó como música propia. La presencia de la cultura afrocolombiana en la configuración social de esas ciudades, el surgimiento de barrios populares a raíz de los procesos de urbanización y el papel de los medios de comunicación en la difusión de la música afroantillana son algunas de las razones históricoculturales que permitieron el arraigo del nuevo ritmo en las urbes con mayor presencia de descendientes de africanos en el país.

 

Hasta la primera mitad del siglo XX, en el litoral Pacífico, el currulao seguía siendo el único ritmo que contaba con reconocimiento propio. No obstante, la gente afrocolombiano empezó a mirar otros géneros musicales como si fueran propios y la salsa acabó por convertirse en “su nueva música tradicional”. Surgieron, entonces, agrupaciones de “tipo caribeño” en lugar de las chirimías tradicionales. Estos nuevos grupos decidieron fundamentar el contenido de sus letras y el nuevo ritmo adoptado como parte de la expresión de su propia identidad. A finales de 1980 la salsa se había constituido en una forma de vida para las gentes afrocolombianas de esa región del país. Música que tenía ya sus propios representantes y que por lo tanto lograba que la gente se sintiera identificada con las letras de sus compositores favoritos.

 

Desde sus inicios, la salsa colombiana le ha cantado a la cotidianidad, al amor y al apego a la tierra. El primer auge del movimiento salsero nacional fue encabezado por la agrupación “Fruko y sus Tesos”, que centró la temática de sus canciones en los personajes, los oficios y los actos de la gente afrocaribe. Más adelante, la dirección del movimiento fue asumida por el grupo “Niche”, liderado por Jairo Varela y Alexis Lozano, quienes pusieron en marcha la idea de hacer salsa con elementos tradicionales del litoral Pacífico. Posteriormente, esta iniciativa se escindió en dos estilos diferentes: Niche fomentó una línea de trabajo más próxima al formato puertorriqueño, con temáticas que giraron en torno a la gente y sus preocupaciones. Guayacán, por su parte, mantuvo la idea original e hizo una salsa colombiana con canciones que abordaban personajes y situaciones más regionales.

 

Otro de los líderes de la salsa en Colombia es Joe Arroyo, quien le canta a la fiesta y al baile, aunque también ha grabado canciones con claro origen tradicional. En la actualidad sobresalen en el contexto de la salsa colombiana Yuri Buenaventura, que reside en París y cuenta con una orquesta conformada, en particular, por colombianos residentes en Francia, quienes adelantan incursiones musicales en el género de latin jazz. Asimismo, resalta el grupo “Bahía”, dirigido por el guapireño Hugo Candelario González Sevillano, quienes fusionan las raíces musicales autóctonas de la costa Pacífica con los ritmos afrocaribeños, conservando la estructura original y combinando instrumentos tradicionales y modernos.

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El Gobernador Luis Alfredo Ramos Botero en la instalación del Cabildo Municipal número 53 en Chigorodó, municipio en el cual realizará una inversión de 37 mil millones de pesos, de los que al igual a la inverción inicial se destaca también una inversión de 45 mil millones de pesos para mejorar las vías de toda la zona.

La gran inversión fue propuesta por el gobernador de Antioquia con el fin de apoyar el campo de la educación, que supera los 30 mil millones de pesos en temas como la gratuidad educativa, que cobija a más de 14 mil estudiantes de bajos recursos del municipio de Chigorodó que tienen educación gratuita, gracias a las inversiones que hace la Gobernación de Antioquia en esta localidad. Además, en el campo de la educación se realizan mejoras en la infraestructura educativa de 11 establecimientos, también se apoya el programa de bilingüismo y hay 15 instituciones educativas conectadas con el mundo a través de la internet.

A la fecha se gestiona la mejora en las instalaciones sanitarias de tres instituciones educativas, con una inversión del departamento por 216 millones de pesos, obras que se iniciarán en el segundo semestre de este año.

Destacó el gobernador que la zona de Urabá tiene más futuro que pasado y por ello, el programa MANA atiende en Chigorodó 6 mil 381 niños con el programa de Desayunos Infantiles y otros 10 mil con Mana Escolar.

La vivienda también es un frente de labor en esta localidad y a la fecha, se han legalizado 378 viviendas, se han realizado 64 mejoramientos en la zona urbana y se están construyendo 33 nuevas viviendas.

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Las fiestas son rituales que comunican sentimientos colectivos bien sean de alegría, exaltación, inconformismo o duelo. En primer lugar están las que evocan creencias religiosas. En ellas los pueblos agradecen y piden a sus dioses el favor en las cosechas, en el amor, en la salud y en la prosperidad. Luego están las fiestas llamadas profanas. En ellas se festeja la vida. En estos jolgorios, el cuerpo humano se permite el desenfreno y el goce se convierte en el centro de la celebración. Esta clasificación de las fiestas no debe hacernos perder de vista que la fiesta siempre transita entre lo sagrado y lo profano. Así por ejemplo, el Carnaval de Barranquilla termina el Miércoles de Ceniza. Después de saciar los apetitos del cuerpo, Joselito Carnaval muere y así comienza el periodo de la cuaresma, que invita a la austeridad y al ayuno.

 

Las fiestas afrocolombianas también pueden ser estudiadas mediante la observación de sus manifestaciones simbólicas e históricas. Los disfraces y las máscaras contienen numerosos símbolos que narran las relaciones sociales, los sueños y los miedos de sus portadores. Así, por ejemplo, la pelea entre cucambas y diablitos, comparsas de los carnavales en el río Magdalena, expresa la lucha entre el bien y el mal. También se han interpretado como representaciones de las rivalidades que tenían lugar entre las diferentes naciones africanas durante la Colonia.

 

Así las rememoraciones sobre sus orígenes africanos se hacen presentes en la fiesta y en las celebraciones religiosas. En la población de Coteje, sobre el río Timbiquí, se lleva a cabo la celebración de la Semana Santa. Las calles del pueblo sirven de escenario para la puesta en escena de los episodios que rodearon la muerte de Jesucristo. Entre los más importantes está su apresamiento. En Coteje esta escena es de gran importancia y en ella aparecen como protagonistas unos personajes llamados Pilatos.

 

Ellos van vestidos con faldas de palma, exhiben un hacha en su mano, una pipa que lanza fuego y llevan todo su cuerpo pintado. Juguetean por todo el poblado pellizcando o asustando a los niños. Si bien esta celebración se enmarca dentro de una fiesta religiosa católica es evidente que sus disfraces y las acciones que realizan los personajes guardan huellas ancestrales que nos remiten a las herencias africanas que aún perviven entre estos pueblos. Las faldas de palma presentan grandes semejanzas con las faldas de rafia utilizadas en las ceremonias africanas. Este traje se luce en múltiples festividades y es un atributo especial que representa a los espíritus de los ancestros. Así el análisis histórico de las celebraciones afrocolombianas y de su parafernalia permite discernir memorias de largo alcance condensadas en un solo evento.

 

El Carnaval de Barranquilla

 

carnaval barranquillaEl carnaval es una celebración de la fertilidad, la vida, el goce y el placer. Se caracteriza por quebrantar las normas cotidianas e invertir las jerarquías que ocupan las personas dentro de sociedad. Las actividades laborales se detienen para dar paso al baile y a la embriaguez por días o incluso semanas. Los atuendos habituales se transforman en disfraces coloridos donde el rico aparece como mendigo, el bello como feo, el rey como esclavo, o el hombre como mujer. El Carnaval de Barranquilla es confluencia de expresiones culturales, síntesis de las tradiciones de los pueblos del río Magdalena. Poblaciones con memorias indígenas que se fueron nutriendo con las tradiciones de las diferentes naciones africanas que llegaron a este región entre el siglo XVI y XIX. Por otra parte, estas poblaciones también heredaron los acervos de inmigrantes europeos que llegaron durante ese mismo periodo.

 

La celebración del precarnaval o guacherna anticipa la llegada de la fiesta con un desfile callejero. La gente baila en comparsas al son de instrumentos como la dulzaina, el acordeón, el tambor y la gaita. El 20 de enero es el día de la apertura oficial del carnaval con la lectura de bando. Se trata de los mandatos virreinales del periodo colonial acerca de la manera como debía desenvolverse la fiesta. El domingo siguiente, se realiza la gran parada o desfile de carrozas seguidos de comparsas de danzantes. Ese día también tiene lugar la batalla de las flores.

 

El Carnaval de Barranquilla se ha convertido en la fiesta más importante de Colombia. Durante el siglo XIX, estas festividades representaban la prosperidad económica que generó el mercado del café y el añil. Este mercado atraía extranjeros y nativos de ascendencia indígena o africana que habitaban las riberas del río Magdalena. La primera mención acerca del carnaval es una denuncia por los escándalos que suscitaban las fiestas que fue enviada al virrey Ezpeleta. La celebración de estas fiestas se oficializó en el año de 1876. En ese año la ciudad de Barranquilla y los poblados vecinos acudieron con sus mejores galas en una procesión festiva que duró cuatro días con sus noches.

 

Las influencias africanas en el Carnaval de Barranquilla no son ninguna novedad. En el año de 1693, las autoridades españolas denunciaron las fiestas de tambor que realizaban los cabildos de negros arará y mina. Esos espacios servían para rememorar actividades religiosas de los diferentes grupos humanos africanos. En el año de 1780 las mismas autoridades ordenaron el cierre de los cabildos congos, mandingas y carabalíes, argumentando de nuevo el escándalo que producían sus toques de tambor y sus fiestas.

 

La danza de los congos

 

carnaval barranquilla 3Entre las herencias africanas más importantes que aparecen en el Carnaval de Barranquilla se halla la danza de los congos. Se trata de un desfile de hombres divididos en cuadrillas, cubiertos con penachos de flores y plumas con una cola o penca cubierta de mariposas que llega hasta el suelo. Según la antropóloga Nina S. de Friedemann, este atuendo recuerda a los reyes del Antiguo Reino del Kongo, descritos por Fillipo de Pigafetta en 1591. Cada cuadrilla se denomina con un nombre especial como: Torito Ribereño, La Burra Mocha, Toro Negro, Congo Tigre de Galapa. Cada grupo de danzantes tiene una sede o palacio, de la cual parte hacia las calles barranquilleras donde despliegan ritos de enfrentamiento con otras cuadrillas. En las danzas callejeras los congos blanden sables de madera, culebras vivas y vejigas de animales. Estas prácticas y atavíos acompañados con sus respectivos relatos recuerdan las rivalidades entre antiguas naciones africanas que se encontraron en el Nuevo Mundo durante el periodo colonial. En la descripción del año 1693 dejada por las autoridades españolas, se afirma que en ese entonces los africanos colocaban un tablado donde competían entre bandos que se agrupaban según sus antiguos ascendentes africanos.

 

Hoy en día, después de los enfrentamientos rituales, las cuadrillas se organizan en líneas de dos en dos para desfilar alrededor de las carrozas en la Batalla de las Flores y en la Gran Parada. Además de desfilar, los congos se congregan para rememorar las historias de sus antepasados africanos y la vida en sus antiguas naciones. Estas narraciones mantienen la fuerza de la expresión oral, práctica de gran importancia para las poblaciones afrocolombianas. Mediante la oralidad se ejercita le memoria colectiva, se rememora la historia y se consolida sentido de identidad y pertenencia entre los descendientes de los africanos en esa región del país.

 

La fauna danzante

 

carnaval barranquilla 2Caimanes, elefantes y tigres de origen africano conviven con culebras, pájaros, toros y burros americanos. Personajes enmascarados hacen vibrar a todos los caseríos del río Magdalena hasta que llegan a Barranquilla en donde realizan paradas fantásticas que imitan los atributos del animal.

 

La procedencia africana de esta fauna danzante aparece en las máscaras que representan a personajes como la marimonda. Se trata de una figura enmascarada en forma de capuchón que se desliza sobre la cabeza. Tiene grandes orejas y una trompa muy larga. Aunque los pobladores de la región la llaman mono, sus características morfológicas corresponden a las de un elefante. Su carácter es irónico e insolente, siempre busca perturbar. Es uno de los personajes más antiguos del carnaval y, según relatan sus protagonistas, era utilizado por las personas que no tenían dinero para hacerse a un disfraz.

 

Pero no sólo la forma exterior del disfraz permite asociar a la marimonda con un elefante. Según Nina S. de Friedemann, entre las tradiciones cameruneses de los bagami, bamum, doala y bamileke hay máscaras muy parecidas que representan al elefante africano. De ahí que sea susceptible suponer que la marimonda sea una representación de este importante animal que viajó desde África hacia las costas caribeñas colombianas.

 

Fiesta de reyes: carnaval andino de blancos y negros

 

carnaval de negros y blancosLa celebración antes conocida como la Fiesta de Blanquitos y Negritos tiene sus raíces en los autos sacramentales que se realizaban en el mundo cristiano como recordatorio de la Epifanía y la visita de los Reyes Magos a Jesús recién nacido. La conmemoración de origen ibérico se nutrió con los aportes de las culturas aborígenes americanas y africanas durante la conquista y la Colonia.

 

Este tradicional festejo del sur del país está relacionado con la sublevación que protagonizaron los africanos esclavizados de la población antioqueña de Remedios la cual llenó de pánico a las autoridades. Este acontecimiento repercutió en las provincias del sur de la Nueva Granada, cuyos esclavizados exigieron un día de descanso. El rey de España por Cédula Real, concedió el 5 de enero como la fecha única del año en la cual los esclavizados podrían gozar de relativa libertad. Al enterarse se lanzaron a las calles danzando al son de la música africana.

 

Según las crónicas, para el 6 de enero de 1880 se paseaban por las calles de la ciudad un rey negro, un rey indio y un rey blanco montados a caballo, haciendo un homenaje a Jesús recién nacido, acompañados de música y cortejos. Tiempo después se incorporaron nuevos certámenes que hicieron de esta fiesta, el carnaval más grande del sur del país. La antesala al carnaval comienza con la novena de aguinaldos que reúne a las familias para recordar el proceso de concepción y nacimiento de Jesús. Esta novena se lleva a cabo entre el 16 y el 24 de diciembre. El 28 de diciembre se celebra el día de los Santos Inocentes.

 

carnaval de negros y blancos 2El 5 de enero comienza el carnaval. Ese día se conmemora el día de negritos. El rasgo fundamental de la fiesta es el “tizne de negritos”. En él, los pastusos salen a las calles con betún o con trozos de carbón pintando de negro a las mujeres, hombres, amigos y enemigos. Al siguiente día, 6 de Enero se festeja el día de los blanquitos lanzando polvo blanco o talco en la cara de los transeúntes desprevenidos. Los dos días se distinguen por la música de bandas que recorren las calles, desfiles de carrozas con gigantescas figuras de movimiento, comparsas, murgas y disfraces tales como el condenado a muerte, la novia bandonada, el jugador expulsado, el deudor hipotecario, el culebrero intoxicado, el soldado herido del Grupo Cabal o el santo cachón.

 

Noticias provenientes de otros lugares de América dan testimonio de celebraciones que bajo el pretexto de conmemorar el Día de Reyes, ejercitan prácticas políticas provenientes del continente africano. Según Fernando Ortiz, los cabildos de las naciones africanas realizaban en La Habana la elección de su rey en la fiesta del Día de Reyes. En el cabildo Congo se congregaba una junta de tres días de vela. También se hacían ceremonias en honor a san Antonio a quien ofrendaban con comida. El 6 de enero se escogía al salí (rey), teniendo en cuenta su entú (talento). El mismo día, salía el rey ataviado con trajes y adornos propios del ejército español y sosteniendo un bastón como símbolo de su autoridad. Los súbditos le seguían vistiendo sus mejores galas y realizando desfiles y danzas al son del tambor africano.

 

Fiesta de Corpus Christi

 

fiestas de corpus cristiTiene su origen en los autos sacramentales, que eran representaciones teatralizadas del evangelio y de ciertos pasajes del Antiguo Testamento. Esta práctica fue muy corriente durante la Colonia. Con ella se pretendía evangelizar a las personas que no sabían leer. El objetivo fundamental de los autos sacramentales era dar a conocer los dogmas de la fe católica en América.

 

La fiesta del Corpus se celebra en solsticio de verano, fecha en la cual se cierra el ciclo de siembra y cosecha. Según los expertos, la celebración cristiana se superpuso a otras de origen grecorromano, pero también a las fiestas que, por el mismo motivo, celebraban los indígenas americanos y la gente africana que llegó al Nuevo Mundo. En 1564, fray Cristóbal Torres, quien se desempeñaba como arzobispo en la Nueva Granada, describió cómo una procesión escenificada recorría las calles de Santa Fe. Esta procesión estaba encabezada por el alto clero y los dignatarios de la corona. Estos nobles eran seguidos por los indígenas quienes al ritmo de sus danzas ofrecían los productos de la tierra. Luego aparecían las cofradías de negros, quienes aprovechaban el rezo a las almas del purgatorio para rendir culto a sus ancestros africanos.

 

Las fiestas del diablo

 

fiestas del dialbloLa figura del diablo ha sido fundamental en la historia de las culturas afroamericanas. Durante le periodo colonial, sus festejos de tambor, danzas y prácticas curativas siempre fueron asociadas al demonio. Como una estrategia simbólica de resistencia, la gente africana se apropio de esa imagen para enmascarar ritos y personajes propios de sus lugares de origen, manteniendo así la fuerza de sus tradiciones. De este modo, la demonización, estigma que les cerró las posibilidades de ascenso social, educación o trabajo fue utilizada de manera estratégica por los esclavizados para preservar diferentes aspectos de sus culturas ancestrales. El diablo y sus acciones han sido símbolo de resistencia entre los pueblos afroamericanos. Aparece en máscaras, relatos, carrozas y disfraces. Desde tiempos coloniales, los misioneros que visitaron la costa pacífica afirmaban que los instrumentos musicales de los esclavizados eran el propio demonio y bailar al son de los mismos fue considerado como un acto satánico. Estas acusaciones fueron lanzadas contra la marimba de chonta y contra la danza del currulao característica de esa región.

 

Pero la fiesta más legendaria en honor al demonio es el Carnaval del Diablo en Riosucio (Caldas). Según Ángela Pérez, esta ciudad fue fundada en 1819 por la unión de dos reales de minas: Quiebralomo, conformado por mineros africanos, y La Montaña, habitado por indígenas Embera. El poblado conservó su antigua división, de tal manera que La Montaña ocupó la parte baja con una plaza propia consagrada a la Virgen de la Candelaria. Quiebralomo tomó la parte alta adoptando a san Sebastián como su santo patrono. En el año de 1846 se decretó la supresión de los distritos originales y se creó Riosucio.

 

fiestas del dialblo 2Alimentándose de las tradiciones culturales de españoles, indígenas y africanos nació el carnaval que comienza el día 28 de diciembre – Día de los Inocentes y termina el 6 de enero, Día de Reyes. Esos días transcurren entre desfiles callejeros, pólvora, poesía, danza y alcohol hasta el cansancio. El día más importante es el 4 de enero cuando la gran estatua del diablo se sienta en su trono rodante y comienza el desfile triunfal por las calles del poblado. Lo sigue un cortejo de personajes disfrazados, la chirimía, las cuadrillas de oradores que relatan la tradición de su gente y denuncian los problemas sociales; por supuesto acompañados de los polvoreros de Supía. Del otro lado del pueblo, los matachines sobre un tablado, esperan la llegada de su majestad. Cuando el diablo llega, comienza un duelo de palabras donde ambos bandos descargan sus inconformidades. Es una larga ceremonia literaria donde el pueblo ejercita su memoria colectiva. Los días siguientes, son ocupados por las comparsas y los bailes de la chicha.

 

Entre las prácticas de ascendencia africana que aún están vigentes en ese carnaval, podemos resaltar todas las destrezas alrededor de la oralidad. Las cuadrillas de oradores constituidas por demonios y matachines en oposición constante, relatan la historia de la ciudad, de los personajes míticos de la región. Este aspecto convierte la fiesta en una evocación del pasado y en una manifestación del inconformismo de estos pueblos descendientes de mineros de origen africano. Es posible encontrar ese doble atributo de la oralidad como denuncia y remembranza colectiva entre las sociedades del África que abastecieron los mercados negreros de lo que hoy es Colombia.

 

Fiesta de San Pacho

 

fiestas de san pachoLa primera noticia sobre esta fiesta data de 1648. En ella se relata que una comisión de misioneros franciscanos llegó al Pacífico colombiano llevando una imagen de san Francisco de Asís. La comisión tenía el propósito de pacificar a los indios y allanar las rutas de oro del Chocó. El lugar estaba poblado por los indígenas citara es con quienes los franciscanos organizaron una procesión de balsas la cual estuvo encabezada por la imagen del santo. El 28 de agosto el mismo año los indígenas fueron a saludar la imagen vistiendo atavíos insólitos para los misioneros: tocados, collares y pintura corporal. Además le crecieron pescados y frutas.

 

En el afán de fortalecer la misión, los franciscanos pretendieron levantar una iglesia a orillas del río Atrato cuyo patrono sería san Francisco de Asís. Sin embargo, en 1684 los indígenas asesinaron a algunos de los misioneros y quemaron ese primer poblado. No obstante, ellos no eran los únicos pobladores del lugar. Para 1670 habían llegado nuevos conquistadores; eran los aventureros que, en la búsqueda incansable del oro, llevaban consigo cuadrillas de esclavos que servirían como mano de obra a las labores de extracción del oro.

 

De este modo san Francisco de Asís se convirtió en el santo patrono del recién fundado pueblo de Quibdó. La acogida de este santo por parte de la población esclavizada no se hizo esperar. Desde los primeros años la celebración del día patronal se convirtió en la festividad más grande del lugar. En un comienzo, esa celebración tuvo un carácter sagrado en el sentido de conmemorar, recordar y homenajear al santo. Para esto se realizaba una procesión de la imagen que se paseaba por los diferentes barrios de la ciudad, como recordatorio de los primeros recorridos del san Pacho que viajaba visitando los caseríos a lo largo del río.

 

En la actualidad al carácter sagrado de esta fiesta se le suma uno carnavalesco que tiene su origen en las fiestas de diciembre y enero que, como el carnaval de Barranquilla, festejan en Quibdó el advenimiento del nuevo año. La fiesta de San Pacho también está compuesta por desfiles de comparsas que recorren los diferentes barrios con el fin de competir y denunciar las necesidades prioritarias de los pobladores. Al son de la chirimía chocoana compuesta por clarinete, platillos, tambor alegre o redoblante (requinta), tambora, bombardino y saxofón se realizan danzas en honor al santo. De esta manera, el baile y la fiesta se convierten en un medio para reclamar mejores condiciones de vida. El festejo patronal esta constituido por una procesión religiosa que conduce la imagen del santo por toda la ciudad, hasta llegar a la catedral de Quibdó donde se realiza una larga ceremonia en homenaje a San Pacho.

 

Reinado Nacional de Belleza

 

reinado de bellezaA lo largo de la historia nacional la participación de la mujer afrocolombiana ha sido destacada no solo en la conservación y difusión del patrimonio material e inmaterial de su cultura sino que además ha participado activamente en la vida política regional y nacional. En los años recientes vale la pena destacar la figura de Piedad Córdoba, actual senadora de la república quien ha participado activamente en la reivindicación de los derechos étnicos y territoriales de los pueblos afrocolombianos.

 

El reinado que se celebra en Cartagena el 11 de noviembre remplazó la fiesta cívica de la ciudad donde las calles eran recorridas por comparsas que evocaban los antiguos cabildos de negros. El centro de la fiesta estaba constituida por comitivas que desfilaban y danzaban, al ritmo de los tambores. Algunas comparsas venían del Palenque de San Basilio cuyos participantes hacían un recorrido hasta Cartagena agrupados en comparsas. Lo más particular es que las comparsas estaban conformadas por cuadros o grupos de edad que reflejan la organización política de los descendientes de cimarrones. Esta forma de organización social y de gestión de la vida pública guarda estrecha relación con tradiciones comparables en África. En medio de la celebración se animaban antiguas disputas entre gente africana de diversos orígenes. Estas contiendas se representaban mediante danzas, tambores y hasta riñas directas. También se caracterizaba por la aparición de hombres disfrazados de mujeres pilanderas. Esos hombres bailaban y cantaban balayes, escobas y totumas con los que se pilaba el arroz en los campos.

 

A mediados del siglo pasado, la festividad empezó a transformarse en un reinado de la elite cartagenera, desplazando así el carnaval original hacia los suburbios populares de la ciudad.

 

Semana Santa en Coteje

 

semana santa en cotejeCoteje es una población alejada de las grandes ciudades colombianas, que está ubicada sobre el río Timbiquí (Cauca). Allí la celebración de Semana Santa se ha convertido en una fiesta que ha puesto en escena memorias africanas. Éstas afloran de manera especial cuando se rememora la muerte y resurrección del Mesías católico. El ejemplo más claro de esa africanización de estas creencias y prácticas se halla en las representaciones teatralizadas de los acontecimientos de la Semana Mayor. En el apresamiento de Jesús, aparecen unos jóvenes uniformados con camisetas amarillas, armados con escopetas de madera que recorren el pueblo en una formación militar guiada por el percutir de los Cununos.

 

Otros personajes representan a Pilatos. Estos son hombres vestidos de faldas de palma, con el cuerpo pintado de tierra, quienes cargan en su mano un hacha. Su relación es evidente con los atuendos y objetos rituales utilizados en la zona de África centro-occidental, zona de la cual fueron deportadas numerosas personas africanas hacia esta región del Pacífico, entre 1680 y 1740.

 

Balseadas de Santos en el Pacífico

 

Las poblaciones ribereñas de la costa Pacífica homenajean a los santos patronos de sus poblados por medio de fiestas que se conocen como balseadas. Las balseadas son procesiones en canoas. Éstas son construidas en troncos ahuecados que, al son del tambor, conducen imágenes católicas a lo largo del río hasta el poblado. Una vez en el poblado, la imagen se ubica en la casa de la familia que, según la tradición, es la encargada de brindar la fiesta para ese año. Junto con el marimbero y los tamboreros, la dueña de casa toma el lugar central de la reunión entonando los primeros alabaos, bailando alrededor de la imagen, y ejecutando los instrumentos musicales tradicionales.

 

Del 1 al 6 de enero se celebra la balseada del Señor del Mar en la desembocadura del río Sanquianga. Las poblaciones de Bocas de Satinga, Mulatos, el Baíto, suben la imagen del nazareno en una canoa que se conduce por el río. La imagen es un Jesús resucitado con los brazos abiertos y túnica marrón, rodeado de flores artificiales. La balsa principal es seguida por otras veinte o treinta cuyos tripulantes entonan alabaos para el santo. Al llegar al poblado, se coloca el santo en un altar en la casa elegida para conducir la fiesta. El coro de mujeres y los músicos forman una conversación rítmica que relatan episodios de la infancia, de las picardías, de la vida familiar de Jesús en una secuencia que va adquiriendo intensidad con el paso de las horas. Los hombres que no interpretan ningún instrumento se sitúan fuera de esa casa para jugar dominó y tomar licor. Esta secuencia puede durar varios días.

 

Otras balseadas de santos se presentan sobre el río San Juan: la población de Tadó festeja a la Virgen de la Pobreza, en Istmina a la Virgen de las Mercedes. Alrededor del río Baudó a San Martín de Porres. A Santa Bárbara y la Virgen de Atocha en el río Timbiquí y a la Virgen de la Inmaculada en las poblaciones cercanas a Guapi.

 

Fiestas patronales de San Roque en Talaigua

 

En el municipio de Talaigua (Bolívar), san Roque es homenajeado durante varios días en un proceso festivo de carácter sagrado y profano a la vez, cuyo punto de unión es rogar al santo por las buenas cosechas, la salud o la abundancia de dinero. La antesala del festejo es la novena al santo, una secuencia de oraciones que se hacen en familia y que preparan el ambiente del poblado para la celebración. La llegada de la banda anuncia el comienzo de la fiesta con el baile de la Gigantona quien es el mismo San Roque transformado. La Gigantona baila recorriendo el pueblo acompañada de pólvora y ron. Luego llega el Día del Santo. La banda de músicos recorre el pueblo desde el amanecer entonando canciones destinadas a homenajear al santo. Esta actividad musical se realiza antes de la celebración de la gran misa en su honor. San Roque, ataviado con sombrero de plata, bastón y calabaza de plata, se posa sobre un anda al costado izquierdo del altar.

 

La eucaristía comienza con la interpretación del himno nacional y continúa con los bautizos, primeras comuniones, matrimonios. Algunos niños se visten como el santo y son los encargados de cumplir las mandas que requiere el santo para cumplir los favores. Antes y después de la celebración los talaigueños relatan los milagros que les ha concedido el santo cuando le rinden los homenajes que él requiere. También se refieren a la transformación de su fervor cuando la imagen de san Roque fue cambiado por uno nuevo y grande. Para los pobladores, el pequeño es el propio, válido y milagroso san Roque, el otro es un simple reemplazo. Varias historias cuentan acerca del oro que tenía esa primera imagen en brazos, manos y calabazos pero que ahora ha desaparecido.

 

Luego de la ceremonia hay carreras de caballos, juegos de azar y mercados ambulantes a donde acude masivamente la población. Mientras tanto, el ritual de tocar al santo convoca a quienes buscan algún favor del mismo. Así, pasan de uno en uno sobándolo con un pañuelo, rozándolo con una vela o con la piel.

 

Al llegar la noche comienza la procesión danzada de san Roque quien se desplaza en andas por las calles principales de Talaigua. El santo aparece iluminado con una media luna de bombillas sobre su cabeza y ramos de flores que rodean sus pies. El entusiasmo festivo crece a cada paso del santo cuya marcha es conducida por la música de la papayera. Esta procesión termina en la iglesia principal del pueblo donde se encienden dos castillos de luces; el rimero alberga la imagen del santo, el segundo, una chalupa. San Roque entra al templo donde es aplaudido y homenajeado con velas multicolores.

 

La celebración continúa en los salones. La papayera se traslada a la tarima ubicada en la plaza central. Mientras espera a los talaigueños que arriban engalanados para la ocasión. Este es un evento de socialización donde las madres desfilan mientras esperan que los parejos pidan un baile con sus hijas. Las danzas que se realizan son la mazurca, el tango, el vals, pasodoble, pasillo, bambuco y corrido. También se realizan los fandangos donde la gente baila alrededor de la papayera, con una vela encendida en la mano. Las casetas de pick-up han ido remplazando la costumbre de los salones y los fandangos, hoy en día los jóvenes se reúnen alrededor de equipos de sonido a escuchar música foránea y a beber cerveza.

 

En esta fiesta el ritmo de la celebración es conducido por la papayera, que sirve como conductor del ánimo colectivo. Primero, sirve como anuncio del inicio de la fiesta (cuando llega al pueblo); luego manifiesta el desenfreno y la alegría durante el recorrido de La Gigantona. Después conduce a un estado de zolemnidad en la misa y permite la procesión danzada con la música clásica.

 

El Festival de la Luna Verde en el Archipiélago de San Andrés y Providencia

 

san andres y providenciaEl Festival de la Luna Verde es una celebración que hace visible un modo de ser y celebrar que es propio de la gente afrocaribeña. A pesar de tener un origen reciente, el festival presenta características que relatan la historia de estas Islas. La desaparición absoluta de la presencia indígena, así como la colonización por parte de ingleses que introdujeron africanos para laborar en grandes plantaciones, se manifiestan hoy en día en la cultura sanandresana.

 

El festival se inicia con una excitante marcha que recorre las principales vías de San Andrés al ritmo de tambores marciales que marcan el compás, aprovechado por las huestes de la numerosa banda de percusión para desarrollar coreografías originales. Los ritmos militares son acompañados por pasos de marcha sugeridos por claves de tambor, que varían según el líder que conduzca a la banda militar juvenil. Estos líderes establecen una especie de competencia entre sí cuando, estando al frente de la banda, señalan las marcaciones rítmicas, que el conjunto debe interpretar y trasladar sin perder contacto con el ritmo inmediatamente anterior.

 

Entre tanto, en medio de los miembros de la marcha, se realiza una lucha coreográfica. Estas coreografías tienen su origen en los antiguos juegos de guerra de los guerreros Coromantés de Ghana y los bailes épicos de las coreografías Ashantis, que representan un complejo simbolismo corporal y rítmico.

 

Por la noche se presentan los conjuntos musicales y danzísticos de las Islas. Los tradicionales comprenden los bailes heredados de los bailes salonescos europeos de finales del siglo XIX, como la polca o el chottis. Pero también, hay conjuntos musicales que hacen uso de los instrumentos acústicos radicionales africanos como tambores, la carraca y el caracol. Estos escenarios festivos nos remiten a las jornadas anuales conocidas como Congo Meetings que se practicaban en el secreto abigarrado de la manigua, plantación adentro, durante la colonia. En ellas afluían los represados gritos, bailes, gestos dramáticos y expresiones apisonadas que sucedían a pesar de los esfuerzos británicos por reducir a su mínima expresiónlas reconstrucciones culturales y místicas de los africanos.

 

Como consecuencia directa de los procesos de acción de la cultura colombiana continental desplazada a los territorios insulares, otros elementos musicales han logrado arraigarse relativamente en el Green Moon tales como el vallenato que ha sido introducido por los barranquilleros que han inmigrado a la isla. También se presentan los artistas, venidos de todos los confines del Caribe, representan lo más vivaz y dinámico del actual cosmopolitismo de la música antillana. Entre las influencias más importantes está la de Jamaica que, como la metrópoli inglesa del Caribe, se ha constituido como generadora de caracteres culturales irradiados por el constante intercambio de información sobre costumbres, modas y noticias. Jamaica y Trinidad constituyen las bases de una cultura musical que se extiende por toda la región. Después de la primera guerra mundial muchos jamaiquinos son alistados en el ejército inglés. Los soldados que regresan traen consigo instrumentos musicales como los tambores- “Charles”, utilizados en las marchas de combate, trompetines y clarines. La. guitarra (adoptada por el fuerte contacto con la gente afrohispana) y el banjo –viejo instrumento africano, cuyo nombre original es banjor y que fue reconstruido por los africano-americanos de Estados Unidos– ofrecen las posibilidades melódicas, iniciando con ello una transformación rotunda.

 

Es quizás un poco antes de ese momento cuando el Mento se difunde por las islas de habla inglesa y entra en San Andrés y Providencia, con el aporte local que debió adaptar instrumentos precarios pero que mantuvo intacto su contenido, reemplazando los hechos foráneos por sus propias crónicas y comentarios.

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hombre afroLa gente africana que llegó a lo que hoy es Colombia provenía de vastos territorios del continente africano. Los mandingas, yolofos y fulupos procedían de una región llamada el Sahel, donde el agua es escasa. Los branes, balantas y biáfaras, ararás y carabalíes eran oriundos del bosque tropical. Los monicongos, anzicos y angolas habitaban la selva ecuatorial congolesa. Todos estos pueblos trajeron consigo conocimientos antiguos acerca del bosque, del agua, de las especies vegetales, animales y minerales. Esos saberes fueron fundamentales en los procesos de adaptación que realizaron en todas las regiones del país a donde fueron conducidos: campamentos mineros situados en zonas selváticas, haciendas ganaderas y trapicheras de las sabanas del Caribe, casas en las ciudades y pueblos de las cordilleras. En cada uno de los oficios que les tocó desempeñar pusieron en práctica su creatividad, que nacía de los conocimientos heredados de la tradición y de la urgencia de resolver problemas inéditos en un mundo nuevo. El conocimiento de las plantas y animales de las selvas africanas permitió a los esclavizados en América apropiarse de manera rápida y eficaz de las posibilidades que la flora y la fauna americana les ofrecían para su sobrevivencia. Es importante insistir en que, si bien la gente africana procedía de zonas geográficas que guardan cierta similitud con aquellas a donde fueron destinados, como por ejemplo los bosques tropicales, éstas no son idénticas, por lo tanto fue necesario un largo proceso de reconocimiento y adaptación a los entornos americanos.

 

El estudio del proceso adaptativo a los espacios naturales americanos por parte de los esclavizados debe tener en cuenta la relación que se estableció entre las actividades económicas a las cuales fueron destinados los africanos recién llegados y los entornos en los cuales les tocó residir. Como sabemos, los mineros vivieron especialmente en las zonas de bosque tropical húmedo. Tal fue el caso de quienes desde comienzos del siglo XVII fueron llevados a trabajar en las minas del nordeste de Antioquia. Esta misma suerte la corrieron aquellas personas que trabajaron en selva chocoana, cuyo auge minero tuvo lugar a lo largo del siglo XVIII. Quienes fueron destinados a los oficios agrícolas se asentaron en las sabanas de la costa Caribe, en el Archipiélago de San Andrés y Providencia, y en los valles cálidos de las principales cuencas hidrográficas del país. Es decir, aquellas personas africanas recién llegadas tuvieron de inmediato contacto con climas, vegetaciones y entornos naturales que no les eran completamente ajenos.

 

Los ararás fueron numerosos en las haciendas ganaderas del Caribe. Tuvieron la reputación de ser excelentes ganaderos y agricultores. La gente del Sahel se distinguió por sus conocimientos en agricultura y sus habilidades en todos los quehaceres domésticos masculinos y femeninos, necesarios para el funcionamiento de las casas de la nobleza española. Al igual que la gente de la región del Congo, los yoruba se destacaron en las minas por sus conocimientos en metalurgia. Se desempeñaron como maestros de forja y orfebres. La pericia en el cultivo de cereales, tubérculos, plátano y caña de azúcar concuerda con el éxito de sus labores en las haciendas coloniales. Del mismo modo, todos fueron célebres por sus destrezas en la pesca fluvial y marítima, en la recolección de moluscos y en el comercio a corta y larga distancia.

 

Esta sabiduría se enriqueció gracias a la interacción con los indígenas durante los tiempos coloniales y republicanos. Por ejemplo, el uso de las plantas y de sus propiedades para curar hace parte tanto de las culturas aborígenes americanas como africanas. En los documentos escritos por los inquisidores durante el siglo XVII aparecen descritos los intercambios de plantas que se realizaban entre mujeres africanas que vivían en el Caribe e indígenas de la región del Chocó. Para que estos canjes fueran posibles se requería una interlocución acerca de las propiedades de las plantas y sus usos. Alrededor de este intercambio de saberes botánicos se tejió un diálogo que también permitió que los africanos y los indígenas elaborarán mecanismos para superar los antagonismos territoriales y sociales. Estas prácticas dieron como resultado formas de convivencia entre ambos pueblos, que no apelaban al silenciamiento o eliminación del adversario mediante la violencia.

 

El tema acerca de la relación de la gente africana con los entornos americanos es de gran importancia. Según la Constitución de 1991, los descendientes de los africanos y las poblaciones indígenas tienen derechos especiales sobre los territorios que habitan porque sus asentamientos son ancestrales, es decir, tan antiguos como su llegada a América. Pero estos derechos también manera de pensar y de relacionarse con la naturaleza de tal modo que, aun viviendo de ella, no la destruyen.

 

Este tipo de actitudes culturales hacia el entorno natural fueron sin duda una herencia de sus antepasados africanos y que se manifiestan en prácticas específicas, como la ombligada y las formas de utilización de las plantas para curar enfermedades, para atender las necesidades de la alimentación y cuando se trata de construir sus viviendas y embarcaciones.

 

Afrodescendientes en la Región Caribe

 

El Caribe continental colombiano se extiende entre Punta Castilletes al oriente y el Cabo Tiburón al occidente. Corresponde al piso térmico cálido, con excepción de la Sierra Nevada de Santa Marta. Los departamentos del Chocó, Antioquia, Córdoba, Sucre, Bolívar, Atlántico, Magdalena y La Guajira conforman esta región, cuyo relieve es de escasa altura, las elevaciones más importantes son la Serranía de la Palomas, San Jerónimo, San Lucas, San Jacinto y los montes de Piojó y de María. Entre los accidentes geográficos más notables están el Golfo de Urabá, el de Morrosquillo, los cabos Tiburón y San Juan, y las bahías de Cartagena, Colombia, Cispatá, Santa Marta, Manaure, Portete y Honda, además de la Península de La Guajira. Toda esta inmensa región está habitada mayoritariamente por gente afrocolombiana.

 

La planicie costera se extiende por los departamentos del Cesar, Magdalena, Atlántico, Bolívar, Sucre y Córdoba, y por algunas áreas de Antioquia. Está formada por valles fértiles drenados por ríos y ciénagas conectados entre sí. Interrumpiendo esta planicie de selva húmeda acarrean a las comunidades enormes responsabilidades. Según la Cumbre de Río de Janeiro, realizada en 1993, selvas tropicales como la del Pacífico colombiano o arrecifes coralinos de la costa Caribe y del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina son patrimonio natural de la humanidad. Es decir, tanto los Estados que firmaron este tratado como los pueblos que las habitan tienen la responsabilidad de cuidar todas las formas de vida que estos lugares especiales albergan.

 

Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones de este proyecto, la realidad económica de los países y de los pueblos afrocolombianos no permite, en muchas ocasiones, cumplir con este compromiso. La tala de árboles, la explotación de hidrocarburos, la minería mecanizada, la pesca industrial y la construcción de vías de comunicación en zonas de reservas naturales son apenas algunos de los problemas que deben enfrentar las comunidades afrocolombianas cuando se trata de proteger el medio ambiente. No obstante, es muy importante saber que, al igual que los pueblos indígenas, los descendientes de los africanos en Colombia poseen un pensamiento ecosófico, esto es, una tropical se presentan las serranías mencionadas, de alto valor ecológico y cultural.

 

El mar, los ríos y las ciénagas condicionaron la localización de los principales asentamientos humanos. La cercanía al agua siempre ha representado facilidades para el comercio, fuentes y despensas de alimento y agua dulce indispensable para la dieta alimenticia. Además del pescado otro producto básico suministrado de manera abundante por el mar, los ríos y las ciénagas.

 

La pesca, la agricultura y la ganadería han sido las actividades principales de la población afrocaribeña. A principios de la década de 1950 todavía quedaban grandes extensiones de bosque seco tropical en las fincas ganaderas que fueron reemplazadas por pastos.

 

La riqueza ecológica de la región ha sido utilizada para sacar adelante planes de desarrollo. Desafortunadamente, en muchos casos, se ha considerado que la oferta del medio es infinita y esta actitud ha acarreado impactos ambientales nefastos que han entorpecido la regeneración de los recursos. Entre los ejemplos más dramáticos de daño ambiental ocasionados por estas acciones vale la pena señalar la salinización de los manglares de la Ciénaga Grande de Santa Marta y el de las tierras agrícolas por el uso inadecuado del riego, la tala de la mayor parte del área boscosa de la Sierra Nevada y el deterioro de los arrecifes de coral del Parque Nacional Islas del Rosario.

 

A pesar de estos problemas, la región Caribe y la costa Pacífica colombiana son consideradas zonas de gran biodiversidad, es decir, zonas privilegiadas en ecosistemas de gran productividad y diversidad biológica. A la existencia de arrecifes de coral, ciénagas y manglares se suma una gran riqueza de fauna y flora. Los manglares se destacan por su gran diversidad de formas de vida. Esta variedad biológica se explica por su capacidad de exportar grandes cantidades de materia orgánica, que al degradarse se transforma en partículas de proteína, donde miles de animales se han especializado en filtrarlas o en recuperarlas del fondo, dando lugar a la más compleja y dinámica cadena de intercambios alimenticios. Ofrece cientos de productos naturales, como el tanino y madera de alta calidad.

 

El manglar es un área nodriza, donde millones de animales como los camarones y langostinos completan parte de su ciclo biológico. Es un lugar tan importante que gracias a la abundancia en recursos alimenticios, se consolidaron las primeras culturas del trópico americano.

 

Entorno afroZonificación ecológica de la Región Caribe

 

Valles, depresiones, deltas, sierras y penínsulas han sido los espacios de vida de los africanos y sus descendientes desde el siglo XVI. Los procesos de poblamiento afrocolombiano son indisociables de la adaptación que estos pueblos llevaron a cabo desde su desembarco en estos territorios. El valle del Sinú y en general las llanuras caribeñas se caracterizan por la presencia de abundantes aguas y lluvias y una gran variedad de climas. El río Sinú ha sido la arteria vital que ha permitido el desarrollo de importantes actividades económicas y comerciales. La población afrocolombiana de esta región ha estado en contacto con poblaciones indígenas desde su llegada a estas tierras. A diferencia de los territorios del litoral en donde las poblaciones de ascendencia africana o permanecieron entre ellas, como es caso del Palenque de San Basilio o interactuaron de manera privilegiada con los españoles. El valle del Sinú y toda su región ha sido una comarca de ganadera. Sus habitantes también cultivan arroz, plátano, algodón, yuca y tabaco. En riqueza mineral cuenta con yacimientos de níquel en Cerromatoso.

 

Otra región habitada por gente afrocolombiana es la depresión momposina, ubicada en la confluencia de los ríos San Jorge, Cauca, Magdalena y Cesar. Se distingue por la presencia de abundantes ciénagas y pantanos, comunicados por una compleja red de brazos y caños. Su principal producto agrícola es el arroz.

 

Antes de la llegada de los españoles y de los africanos, el Valle de Upar y el río Cesar fueron territorios habitados por una gran número de grupos indígenas: burede, bubure, caona, coronudos y caribes, entre otros. La cultura chimila –entre los ríos Magdalena, Cesar y Ariguaní– y la cultura Malibú –a orillas del Magdalena. Desde el año 1501 empezaron a llegar africanos esclavizados a esta zona. Muchos huyeron por el maltrato de sus amos y aprovecharon los terrenos escarpados y los montes para esconderse. Más tarde fueron sometidos y sus palenques fueron reducidos con la ayuda de los misioneros dominicos.

 

El delta magdalenense es una llanura aluvial rica en suelos fértiles, se halla situada en el curso del río Magdalena. Cuenta con áreas cultivadas de arroz, algodón y caña de azúcar. La actividad pesquera se desarrolla en las ciénagas y las comerciales en puertos de gran importancia como los de Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. Estas tres ciudades se distinguen por una importante presencia de población afrocolombiana, siendo Cartagena de Indias la más sobresaliente.

 

La Sierra Nevada de Santa Marta tal vez la más importante de todas las formaciones de la región, se levanta desde el mar y alcanza las mayores alturas del territorio nacional. Entre bosques xerofíticos y desiertos, da pasos a sistemas montañosos remontándose sobre bosques de niebla y páramos hasta alcanzar las nieves perpetuas, razón por la cual presenta todos los climas y la más variada vegetación. Es considerada como un mosaico de ecosistemas exuberantes de diversidad biofísica. Los ecosistemas de la costa Caribe se caracterizan por es su estrecha interdependencia. Es así como, las aguas dulces que se generan en los páramos y bosques de niebla de la Sierra Nevada, al drenar sobre las ciénagas y ecosistemas costeros, garantizan un delicado equilibrio en las condiciones salinas de los manglares.

 

La población indígena más importante de la Sierra Nevada de Santa Marta son los kogui. No obstante, esta región conoció la existencia de palenques como el de Guachaca, que apareció desde los primeros años de fundación de la ciudad. Los cimarrones de Guachaca eran esclavizados de origen africano, utilizados como buzos para sacar perlas del fondo del mar.

 

Africanos, indígenas y españoles convivieron desde la Colonia en esta región como en muchas otras del Caribe colombiano.

 

La península de la Guajira es un paraje que emerge entre el desierto y el mar. Está localizada en el norte del país, de tierra arenosa y clima semidesértico, con ligeras elevaciones como las serranías de Cocinas y Jarara. Es seca hacia al norte, pero las condiciones climáticas mejoran hacia el sur donde hay cultivos de algodón, arroz, yuca plátano. Son importantes las salinas de Manaure y la explotación carbonífera del Cerrejón. En medio de vegetación propia de zonas desérticas, como cactus y trupillos, y entre trochas polvorientas que comunican lo ancestral con lo nuevo, continúan vigentes las costumbres de las familias indígenas wayú.

 

En 1538 fueron descubiertas las zonas productoras de perlas extendidas por toda la costa desde el Cabo de la Vela hasta Riohacha. Durante todo el periodo colonial los africanos y sus descendientes al igual que en Santa Marta fueron utilizados en la pesca de perlas. De esta manera se inició el poblamiento de pescadores afrocolombianos de esta región peninsular.

 

Entre 1600 y 1640 la actividad comercial adquirió un vigoroso impulso. La trata negrera y la esclavitud en la región jugaron un papel significativo en la economía y sociedad coloniales. Riohacha era uno de los puntos principales de desembarco de ese comercio ilegal de esclavizados.

 

afro en el caribeAfrodescendientes en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina

 

El archipiélago de San Andrés y Providencia está situado en el mar Caribe o de las Antillas. Este mar está delimitado por el norte y por el oriente con las islas antillanas, por el sur con las tierras continentales de las repúblicas de Costa Rica, Panamá, Colombia y Venezuela, y por el oeste con las de Nicaragua, Honduras, Guatemala, Bélice y Méjico (península de Yucatán). Desde el siglo XVI apareció en los primeros mapas elaborados en la época del descubrimiento, así como el nombre de muchas islas.

 

Dadas las características de un mar interior, circundado de manera parcial por sistemas insulares, brinda facilidades de comunicación, tanto para el norte como hacia el oriente a través de los pasos existentes entre las numerosas islas. El dominio español en este mar se ejerció durante tres siglos, siempre hostilizado por los corsarios ingleses, holandeses y franceses en su afán de poseer las islas Antillanas.

 

Las islas se localizan al noroeste de Colombia, 0frente a las costas de Nicaragua, a 200 km del continente y a 685 km oeste-norte de Cartagena. El Archipiélago consta de dos islas y trece cayos. Las islas son San Andrés y Providencia, esta última dividida en dos por un canal: Santa Isabel y Santa Catalina.

 

Entre los ecosistemas más importantes del Caribe insular se destacan los manglares. El mangle es un arbusto de tres o cuatro metros de altura, gana tierra al mar y ayuda a sostenerla, lo cual evita en parte la erosión que pueda producirse por la acción de los huracanes tropicales. Además, los animales marinos encuentran el hábitat ideal para poner sus huevos durante la marea baja. En ambas islas hay pequeñas zonas con manglares que deben conservarse.

 

La zona boscosa de la isla de San Andrés es un testimonio de lo que pudo haber sido la vegetación original. Por el contrario, en Providencia está bastante conservado y hay animales como iguanas, aves e insectos de vistosos colores.

 

Los pantanos, pantanos, charcas y arroyos sometidos al régimen de lluvias tropicales proveen a los habitantes del archipiélago en aguas dulces y salobres que se utilizan en múltiples actividades. En los pantanos hay cantidad de larvas e insectos que sirven de sustento a determinadas especies de peces y de ranas. También hay tortugas y garzas.

 

En la plataforma marina de ambas islas emergen los islotes de Jhonny Cay, Cotton Cay, Rose Cay, Haynes Cay y Roky Cay, estos situados en las inmediaciones de la isla de San Andrés. El cayo Tres Hermanos, cayo Cangrejo y Brayley Cay se ubican en la isla de Providencia. En algunos de ellos hay vegetación de palmeras, matorrales y hermosas aves. Los diferentes tonos del azul indican la profundidad y la constitución de la plataforma, así como la vegetación del fondo del mar. En mar abierto el agua es de color azul intenso y con variada vida marina.

 

Providencia, al igual que San Andrés, tiene un arrecife de coral que protege la costa desde el este. Por el oeste la profundidad del mar es muy reducida y la navegación peligrosa debido a los arrecifes. La isla es montañosa, formada por rocas ígneas, es decir, como consecuencia de erupciones volcánicas.

 

Los primeros colonizadores fueron los holandeses y los jamaiquinos, y después los ingleses quienes implantaron en el siglo XVIII un enclave económico basado en plantaciones de tipo esclavista. Durante todo el periodo colonial, el archipiélago de San Andrés y Providencia fue el refugio favorito de piratas ingleses, franceses y holandeses.

 

La condición de vida de los africanos que fueron traídos al Caribe insular colombiano era similar a la de otras regiones donde funcionó la esclavitud. Agrupados en barracones como vivienda, disponían del uso de parcelas. En 1799 y en 1841 levantamientos de esclavizados dados los rigores del cautiverio y el trabajo excesivo al cual eran sometidos.

 

El cultivo de algodón fue una de las principales actividades realizadas por los africanos y sus descendientes. En 1851, año de la abolición de la esclavitud, los ingleses abandonaron los cultivos, los amos emigraron y los libertos se repartieron las tierras de las islas. Después de la Independencia, la economía del archipiélago se orientó hacia la explotación y comercialización de productos pesqueros, madereros y ganaderos, descuidando la organización y producción de las plantaciones de algodón. Los colonos que empezaron a llegar a la parte montañosa de la isla se dedicaron a la caza de tortugas para obtener el carey.

 

Desde el tiempo de los ingleses las tortugas tenían gran importancia por los huevos, y por la carne pero, el mayor interés comercial estaba en los caparazones de estos animales. Había tres variedades, pero la más valiosa era la productora de un carey casi transparente, de magníficos colores perteneciente a la especie Eretmochelys Imbricata. La tortuga productora de carne en cambio pertenece a la especie Chelonia Midas, la cual debido al abuso de la pesca desapareció casi por completo. Otra especie animal extinguida de los mares del Archipiélago es la del “Lobo Marino” utilizada para extraer aceite para la iluminación cotidiana.

 

Los habitantes del archipiélago son de temperamento amable y hospitalario, han tenido arraigadas las costumbres tradicionales derivadas de su naturaleza de pequeños agricultores, pescadores y marineros de habla inglesa y religión protestante. Este paisaje apacible se transformó a partir del año de 1953 cuando la isla de San Andrés fue declarada puerto libre. Desde entonces, el comercio, el turismo y la explotación masiva de los recursos acuáticos y el subsuelo marino han acarreado graves problemas a la población raizal.

 

etniasLa convivencia pluriétnica de la Región Caribe

 

Cartagena y Mompox fueron centros de comercio de africanos esclavizados. Suministraban la mano de obra para laborar en las plantaciones, atender la navegación fluvial, la minería y para labores domésticas. Muchos de ellos lograron escapar de sus amos, y surgieron grupos de cimarrones quienes construyeron palenques en tierras cenagosas ó lejos de los principales centros coloniales. Desde la Colonia los afrodescendientes e indígenas de la región compartían escenarios de vida entre los cuales se destacaban los mercados a donde llegaban para ofrecer el fruto de la pesca, la caza o la agricultura como toda suerte de utensilios necesarios para la vida cotidiana.

 

La gente afrocolombiana es mayoritaria en la costa Caribe continental e insular. Sin embargo existen variaciones regionales en las cuales el mulataje o el zambaje, es seguido por las minorías de mestizos e indígenas. Por ejemplo, en la Sierra Nevada de Santa Marta habitan los pueblos kogui, arhuaco y wiwa. Y en las tierras bajas y en los montes viven hoy los descendientes de los primeros africanos que llegaron a esa región. Tanto los indígenas como los afrocolombianos han sido conscientes de pertenecer a ecosistemas vivos, en donde las sociedades humanas sobreviven y se reproducen gracias a la interacción con los entornos naturales de los que depende su sobrevivencia material y cultural. Este pensamiento compartido por ambos pueblos ha permitido crear alianza en los territorios de confluencia varias tradiciones histórico-culturales.

 

casa afroAfrodescendientes en el Pacífico Colombiano

 

El litoral pacífico colombiano es considerado una de las regiones del mundo con mayor densidad de formas de vida por kilómetro cuadrado. Posee una de las más altas concentraciones de especies por área en flora y fauna. La flora regional contiene entre siete y ocho mil variedades de especies del total de 45 mil plantas existentes en Colombia, su selva pluvial central es el lugar de máxima diversidad florística del trópico americano. Su riqueza en fauna se caracteriza por la presencia de un gran número de endemismos. En materia de aves, la región cuenta con 62 especies de distribución limitada, la más alta de Suramérica.

 

Los elevados niveles de precipitación de la zona son de los más altos del planeta. Esta región comprende un corredor ubicado en la zona de confluencia intertropical, entre dos barreras naturales, el Océano Pacífico y la Cordillera de los Andes, desde la desembocadura del río Mataje, al sur, hasta un punto equidistante entre Punta Ardita y Cocalito. El Pacífico representa el 10% del territorio nacional.

 

Esta región está atravesada por una extensa red de ríos que nacen en vertientes occidentales de la cordillera Occidental. Exceptuando el río Atrato, que desemboca en el Atlántico, todos los demás vierten sus aguas en el Océano Pacífico. Esta red fluvial ha dado lugar a la creación de enormes deltas como el del río Patía y el del río San Juan, que tiene el mayor caudal de los ríos que en Suramérica.

 

El litoral conforma un ecosistema frágil. Durante años ha estado sometido a la acción depredadora de empresas nacionales y extranjeras quienes han realizado una explotación incontrolada de su riqueza forestal y minera, de flora y de fauna nativas. Así han arrasado con siglos de actividad sostenible de las comunidades afrocolombianas e indígenas, cuyas prácticas tradicionales de producción siempre han garantizado la permanencia de los recursos y la protección ambiental.

 

El poblamiento del territorio del Pacífico se dio conforme al ordenamiento colonial donde la minería reguló el flujo de población. Durante este periodo hubo por lo menos tres grandes zonas mineras que fueron centros de población de origen africano se trata de las cuencas altas de los ríos Atrato y San Juan, el distrito de Barbacoas, que incluye los ríos Telembí y Magüí y sus afluentes y los cursos medios y altos de los ríos que atraviesan la angosta planicie aluvial entre Buenaventura y la bahía de Guapi.

 

afro mineraZonificación Afrodescendiente del Pacifico Colombiano

 

El Pacífico chocoano es un territorio conformado por la presencia de selva, llanuras aluviales, cordilleras y costa, ubicado al nor-occidente colombiano. Se extiende atravesado por un gran valle por donde corren ríos de gran importancia, como el Atrato y San Juan, el Andágueda, Baudó, Beberá, Bebaramá, Bojayá, Capá, Docampadó, Domingodó, Mungidó, Opogodó, Quito, Salaquí, Tanela, Condoto y Tamaná. Allí se pueden distinguir unidades sociogeográficas diferenciadas. Hacia el noroeste y en la cuenca baja del Atrato, que comprende los municipios de Acandí, Unguía y Riosucio, se encuentra una región influida por la colonización antioqueña-cordobesa, conectada con la costa Pacífica por lazos naturales y sociales. Una subregión central, ubicada hacia el centro oeste, o cuenca alta del Atrato. En Quibdó se concentran las actividades comerciales, político administrativas y de prestación de los servicios sociales estatales. Corredor donde se localizan los municipios de la vertiente occidental de la cordillera andina: Bojayá, Lloró, Bagadó y El Carmen de Atrato.

 

La subregión del río San Juan está ligada a la cuenca marina del Pacífico, hacia donde drena este río. Su población se ha dedicado de manera fundamental a la explotación del oro. Comprende los municipios de Istmina, Tadó, Condoto, Nóvita, Sipí y San José del Palmar.

 

Por último, la subregión del Pacífico se encuentra separada del resto del territorio por la Serranía del Baudó, cuenta con escaso poblamiento y está más conectada a la dinámica general de la costa occidental de Colombia y comprende los municipios de Juradó, Bahía Solano, Nuquí, Alto Baudó y Bajo Baudó.

 

En el Chocó los ríos han articulado los ejes del poblamiento, de la vida productiva y social. Además del Atrato y el San Juan, son de importancia para el departamento los ríos Andágueda, Baudó, Beberá, Bebaramá, Bojayá, Capá, Docampadó, Domingodó, Munguidó, Opogodó, Quito, Salaquí, Tanela, Condoto y Tamaná.

 

Las selvas, las llanuras aluviales, las cordilleras y la costa configuran un ámbito diverso desde el punto de vista natural y cultural. A finales del siglo XVIII existía allí una sociedad esclavista, creada y sostenida con el único propósito de explotar la riqueza minera. Según un censo de 1778, la población estaba conformada por 2% de blancos, 37% de indios, 22% de libres y un 39% de esclavos. La pequeña minoría de europeos estaba conformada por mineros, oficiales administrativos y algunos sacerdotes.

 

Los indígenas vivían retirados de los pueblos coloniales y su fuerza de trabajo era utilizada en la construcción de vivienda, acueductos, canoas y en el cultivo de productos agrícolas para alimentar a los africanos y sus hijos que trabajan de sol a sol en los campamentos mineros.

 

A comienzos del siglo XX, el Chocó vio aumentar su población gracias a las corrientes migratorias procedentes de la región andina, las cuales entre 1925 y 1950 se dieron a la tarea de colonizar la Ensenada de Utría y Cupica, con la finalidad de fomentar las actividades agrícolas.

 

Los centros urbanos de Bahía Solano, Juradó, Nuquí y Puerto Pizarro se consolidaron sólo hasta la segunda mitad de los años sesenta y, en ese orden de importancia, se canalizó la actividad agrícola de la región.

 

Los habitantes de los centros urbanos están ligados a las zonas rurales, donde realizan sus actividades económicas y han configurado redes de parientes con intercambios sociales intensos y frecuentes. Los grupos familiares se dedican, de manera alternada, a la pesca artesanal, la agricultura en pequeña escala y a la explotación maderera, en calidad de contratistas y jornaleros de los aserríos o de los compradores. Las mujeres se han especializado en la recolección de piangua, cangrejos y jaibas.

 

La costa del Pacífico caucano está cubierta de manglares. Es arenosa e irregular. Posee grandes bahías como la de Buenaventura que, como la mayor parte de la franja costera, también se encuentra cubierta por manglares. Es una llanura conformada por costas bajas de acumulación, exceptuando el Golfo de Tortugas, al sur de Buenaventura, donde predomina la costa de acantilados cubiertos de vegetación.

 

Es importante anotar que muy pocas actividades económicas del Pacífico colombiano existen por fuera del manglar. Cuando sube la marea, esteros y caños amortiguan la fuerza del oleaje, lo que permite navegar en potro hasta los lugares más distantes. De las conchas y cangrejos que habitan en él depende la subsistencia de muchas mujeres de la región.

 

La faja costera se encuentra irrigada por ríos caudalosos que en su desembocadura forman extensos deltas y zonas anegadizas donde tienen lugar las actividades económicas básicas de sus pobladores. En esta vertiente del Pacífico se destacan las cuencas de los ríos San Juan (con las subcuencas del Calima y Las Vueltas), Dagua, Anchicayá, Raposo, Cajambre, Yurumanguí y Naya.

 

Las comunidades asentadas en esta región, han debido desarrollar mecanismos que les permitan sortear las difíciles condiciones impuestas por el entorno y las circunstancias de la marginalidad social, económica y política a que han sido sometidas por parte de la sociedad mayoritaria.

 

Subsisten alrededor de sus redes de parientes, constituyendo grupos familiares que trabajan en distintas actividades conformando una red de apoyo solidario en los poblados mayores. Se organizan en núcleo familiares ampliados con primos, tíos, abuelos o cuñados. Los pescadores, por ejemplo, cuentan con parientes en casi todos los lugares por donde viajan y esto les permite establecerse en los sitios de trabajo acordes con las épocas de pesca de diferentes especies de peces.

 

El aprovechamiento maderero y la actividad pesquera artesanal se encuentran entre las actividades económicas de la llanura costera, la actividad agrícola es para el sustento diario y se realiza a partir de unidades familiares donde se siembra plátano, coco, maíz, arroz y frutales, los excedentes en la producción se comercializan o intercambian por otros productos y víveres.

 

Mientras tanto sus mujeres, como pingüeras o jaiberas, exploran los suelos lodosos de los manglares, o de las bocanas en búsqueda de recursos con los cuales subsistirán con sus pequeños hijos, así mismo trabajan al cuidado de sus cultivos de caña que, después servirán para la elaboración de biche en los trapiches artesanales familiares.

 

El municipio de Buenaventura está ubicado en la franja costera del Pacífico. Los caseríos de la costa vallecaucana mantienen una estrecha dependencia con este centro comercial donde sus pobladores comercializan sus excedentes y adquieren los equipos y elementos necesarios para dar continuidad a sus actividades. Desde allí se movilizan hacia los mercados para ofrecer sus productos: maderas, pianguas, jaibas, leña en forma de rajas de mangle o de vigas o pilotes. Todo llega hasta el puerto de Buenaventura para su comercialización.

 

También allí reproducen sus vínculos sociales en extensas redes de parentesco a donde acuden para sortear dificultades temporales. El puerto también es atractivo porque allí sus moradores tratan de satisfacer sus expectativas laborales y mantienen una permanente movilidad entre los caseríos y el puerto, y entre éste y las ciudades del interior del país a donde también viajan tratando de mejorar sus condiciones de vida.

 

El Pacífico caucano está constituido por llanuras, colinas y el litoral. Los ríos más importantes de la vertiente del Pacífico caucano son el Guapi, Timbiquí, Saija y Micay, cada uno con sus cuencas independientes, que desembocan en el Océano Pacífico. Esta es una planicie que en su mayor parte se encuentra cubierta por bosques naturales, donde la humedad y las intensas lluvias características.

 

Sus habitantes desarrollan actividades económicas relacionadas con la pesca intensiva de camarón, langostino y pescado que venden en las pesqueras del Cauca y Nariño y la pesca artesanal para el sustento diario. La minería con explotaciones de oro y el platino, es la actividad principal en las cabeceras de los ríos Timbiquí y Micay.

 

También se encuentran los aserríos y empresas productoras de papel donde la gente afrocolombiana trabaja como jornalera. Las mujeres se dedican a la extracción y recolección de conchas dentro de los manglares que venden en restaurantes y a compradores ecuatorianos. También se dedican a la siembra del coco, el plátano y algunos frutales.

 

Guapi es el eje de las actividades económicas y centro de la gestión administrativa e institucional, debido a su potencial pesquero, forestal, mineral e hidroenergético. Según datos del censo de 1993, contaba con 23.505 habitantes entre la zona urbana y la rural. Desde este lugar hay transporte aéreo hacia Cali. La comunicación con los caseríos se hace por vía fluvial y por vía marítima con los puertos del Pacífico nariñense, vallecaucano y chocoano. El carbón proveniente de Chamón y Chamoncito también se vende a los restaurantes, asaderos, panaderías y hogares de Guapi. Con una infraestructura de servicios, comercial e industrial se convierte en el centro de atracción y de la gestión de los habitantes costeros. Por ser puerto marítimo, ofrece las condiciones necesarias para el intercambio de mercancías nacionales e internacionales. Enclave económico del sur donde se asentaron varias empresas industriales que explotaron la corteza de mangle para producir taninos durante la década de los años treinta. Esta actividad se prolongó hasta los años setenta. También hubo explotaciones pesqueras, camaroneras, madereras, de palma africana y de palmito, empresas desarrolladas con la inversión de capital extranjero y la utilización de mano de obra afrocolombiana.

 

El Pacífico nariñense es una franja costera bañada por ríos cortos pero caudalosos con extensas desembocaduras, que configuran un ámbito de estuarios, bahías, esteros, ensenadas y bocanas sujetos a intercambios de corrientes marinas y fluviales que le dan vida a un conjunto de ecosistemas de manglares y de áreas de inundación, con arrecifes coralinos ricos en animales de gran tamaño. Los ríos más importantes que desembocan en la costa Pacífica nariñense son: el Patía, el Mira, el Satinga, el Sanquianga y el Iscuandé, a lo largo de los cuales se ha desenvuelto la historia económica y social de la mayoría de sus pobladores afrodescendientes e indígenas.

 

La llegada de africanos a esta región data del siglo XVII y el epicentro de sus actividades se concentró en Santa María del Puerto conocida como Barbacoas. En esta época había varias cuadrillas de africanos laborando a lo largo de los ríos Telembí, Magüí, Güelnambí y Tembí. Desde este distrito minero los cautivos huyeron hacia los ríos costeros al norte de Tumaco. Los padres o abuelos de la mayoría de los actuales agricultores de los ríos Mira, bajo Patía y Sanquianga son de origen barbacoano.

 

Entre las actividades económicas y de subsistencia vale la pena destacar la siembra de cocos, plátanos y yuca. La pesca y la camarinocultura son actividades artesanales que practican con aparejos como atarrayas, malladoras, trasmallos, chinchorros, varas arpones, entre otros. Se desplazan en potrillos y en muy pocas ocasiones utilizan canoas de motor, también son jornaleros de las explotaciones extensivas de palma.

 

Se dedican a la tala de bosque con destino a los aserríos de la zona. La cacería es importante y entre las especies se cuentan los conejos, iguanas, venados y una variedad de aves. Entre las actividades artesanales la confección de esteras, petates, fabricación de canoas, potrillos, barcos y viviendas.

 

Las mujeres trabajan al “cuido” de las fincas, recolección de piangua, cangrejos y conchas, pescadoras de jaibas y camarones con trampas, esterados o buches que se tienden en las bocanas. En el desarrollo de sus labores se acompañan de sus hijas o parientes cercanas con quienes comparten el producto de su trabajo. La Asociación de Concheras de Nariño –Asconar- agrupa mujeres de varias veredas dedicadas a la actividad de la extracción y recolección de piangua, centraliza el acopio del producto y su comercialización en la ensenada de Tumaco. Tumaco es el centro urbano más importante de la costa nariñense.

 

pescadores afroEl trabajo y las zonas Selváticas

 

En las comunidades afrocolombianas del Pacífico existen variadas formas de distribución de las labores entre hombres y mujeres. Por lo general, los hombres se dedican a la pesca blanca de distintas especies de peces, como pargo, corvina, jurel, sierra, “gualajo”, “machetajo”, róbalo, “ñato”, “pepegallo”, dorado”, “pelada”, “barbeta”, “bobo”, bagre, “berrugate”, “bravo”, mero, “burique”, “mulatillo”, “canchimala”, lisa y otros. También capturan camarón tití y langostino.

 

Las mujeres de los pescadores, por su parte, son hábiles escalando el pescado. En la playa es frecuente observar a las familias en esa actividad, sobre tarimas de guadua o de chonta que también se usan para lavar loza. Utilizando pequeñas redes o trampas como catangas o esterados, las mujeres se embarcan para capturar camarones y jaibas para el consumo doméstico o para el intercambio. En otras zonas se internan en el manglar para la extracción y recolección de moluscos y crustáceos. También se dedican a la agricultura. La gente afrocolombiana mantiene colinos a orillas de los ríos. El monte es clasificado en tres categorías: el monte biche, que es la franja donde comienza la recuperación de la vegetación selvática, allí se siembran los frutales; el monte alzao, una selva prominente con frutales; y el monte bravo, lugar donde se realizan las actividades de cacería luego de haberse preparado con rituales para protegerse de los espíritus que habitan en ese lugar desconocido.

 

indigenasLa presencia indígena

 

Los indígenas han ocupado la región desde tiempos prehispánicos. La colonización agraria en la zona fue obra de los indígenas cuna en el norte; emberas, noanamaes y chamíes en el occidente. Los indígenas han logrado la legitimación de instituciones de origen colonial como el Resguardo y el Cabildo de Indios. Estas instituciones les garantizan el acceso a la tierra y el funcionamiento de su propia organización social.

 

Se estima que viven el la zona alrededor de cuarenta mil indígenas agrupados en 218 comunidades pertenecientes a los grupos embera, waunana, eperara-shapidara, tule y awa y en la actualidad han llegado algunos núcleos de indígenas paez, procedentes del Cauca andino, existe también la presencia de otras etnias a lo largo de la región aunque en número reducido: katíos, cunas. El panorama muestra una fuerte presencia de población embera asentada sobre la Serranía del Baudó, al norte de la región; siguen los awua, localizados en la frontera con el Ecuador, y la población waunana del bajo río San Juan. Para 1993 los indígenas se hallaban agrupados en 61 resguardos.

 

afro e indigenasLa convivencia pluriétnica

 

Cartagena y Mompox fueron centros de comercio de africanos esclavizados. Suministraban la mano de obra para laborar en las plantaciones, atender la navegación fluvial, la minería y para labores domésticas. Muchos de ellos lograron escapar de sus amos, y surgieron grupos de cimarrones quienes construyeron palenques en tierras cenagosas ó lejos de los principales centros coloniales. Desde la Colonia los afrodescendientes e indígenas de la región compartían escenarios de vida entre los cuales se destacaban los mercados a donde llegaban para ofrecer el fruto de la pesca, la caza o la agricultura como toda suerte de utensilios necesarios para la vida cotidiana.

 

La gente afrocolombiana es mayoritaria en la costa Caribe continental e insular. Sin embargo existen variaciones regionales en las cuales el mulataje o el zambaje es seguido por las minorías de mestizos e indígenas. Por ejemplo, en la Sierra Nevada de Santa Marta habitan los pueblos kogui, arhuaco y wiwa. Y en las tierras bajas y en los montes viven hoy los descendientes de los primeros africanos que llegaron a esa región. Tanto los indígenas como los afrocolombianos han sido conscientes de pertenecer a ecosistemas vivos, en donde las sociedades humanas sobreviven y se reproducen gracias a la interacción con los entornos naturales de los que depende su sobrevivencia material y cultural. Este pensamiento compartido por ambos pueblos ha permitido crear alianza en los territorios de confluencia varias tradiciones histórico-culturales.

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literatura afrodecendienteLa diáspora africana ha sido una de las protagonistas en la construcción del acervo literario colombiano. Desde la llegada de la gente africana a Cartagena de Indias, la voz sagrada y profana de los esclavizados dialogó con las lenguas indígenas y europeas. Este destino de encuentros moldeó universos de creación en los cuales refulge el despliegue poético y narrativo de la palabra escrita, dicha, cantada o recitada. En la literatura y la tradición oral afrocolombianas centellean memorias de África recreadas en suelo americano. Según Nina S. de Friedemann, las literaturas afrocolombianas conservan el legado ancestral de valores que aluden al ser individual y al ser colectivo. Entre ellos se destaca el profundo amor por la palabra. Según esta misma autora, el cuentero y el decimero, los rezanderos y las cantadoras rememoran al griot africano, relator de cosmovisiones, de historia y genealogías, de sabidurías sagradas y profanas. En muchos lugares de Colombia, especialmente rurales, estos personajes mantienen halos similares a los de otros en culturas afroamericanas en donde la palabra es además escalera para trepar al mundo de las divinidades, como lo hacen los macumberos del Brasil o los santeros de Cuba.

 

Entre las culturas afrocolombianas, los velorios de los santos, las novenas para los muertos, las luminarias y muchas otras celebraciones sagradas y profanas son ámbitos culturales de evocación de memorias ancestrales mediante la puesta en escena de la palabra. En 1948, Rogerio Velásquez, antropólogo y escritor chocoano, inició la búsqueda de la expresión tradicional de su propia gente. Sus escritos dejan ver la complejidad de la narrativa y de la poética, de los símbolos y significados, de los personajes y situaciones que expresan una vigorosa influencia africana, toda ella enmarcada en el ritmo del habla y en la teatralidad de la expresión.

 

A pesar de los horrores de la trata y de la travesía transatlántica, las imágenes de las deidades, los recuerdos de los cuentos de los abuelos y los ritmos de las canciones y poesías atravesaron el océano aferrados al alma de los cautivos. Este saber social y cultural floreció de nuevo en la otra orilla de ese mar que los vio llorar sus desdichas. Esta presencia de África en Colombia se percibe de manera privilegiada en la literatura y en la tradición oral de los pueblos que descienden de esos primeros africanos que llegaron a este territorio. De Friedemann refiere que también en los chistes y adivinanzas, como en los escenarios de parodia o en cuentos de embusteros, embaucadores y pillos, aparecen personajes de claro origen africano. Tal es el caso de Anansi, Anansito o Miss Nansi, un personaje de la tradición akán, que pervive en el relato oral de la gente de San Andrés y Providencia y en las selvas del Pacífico. Se trata de una araña famosa que adopta formas y comportamientos humanos. Estas transformaciones también ocurren con otros animales que pueblan las leyendas de los pueblos afrocolombianos. Entre los más destacados están los tigres, conejos, tortugas y culebras. A Anansi se la conoce como una héroe cultural de la antigua Costa de Oro; de Tortuga se sabe que era famosa en la antigua Costa de los Esclavos; a Conejo lo identifican como originario del Congo y Angola. Es decir, regiones todas de donde llegaron numerosas personas al puerto de Cartagena de Indias, procedentes de las culturas yoruba de Nigeria, akán de Ghana y songo el África central.

 

Según De Friedemann, antropóloga colombiana que dedicó su vida al estudio de estas culturas, existen testimonios que aluden a la manera como la fauna africana pobló las selvas y costas colombianas. Ella refiere que en el pueblo de Beté, sobre el río Atrato, con ocasión de un velorio, uno de los parientes del finado, relató cómo, muy cerca del lugar del velorio, los tigres se habían enfrentado con los leones porque tío Conejo había azuzado a tío Tigre jefe con el cuento de que en esa selva había hombres con más hombría porque mataban a su presa de frente y allí mismo se comían la carne viva; no la cogían a traición, no eran cobardes; eran leones de fino pelaje y fina cintura.

 

Es necesario aclarar que estos profundos y antiguos legados de África en Colombia sólo pueden ser comprendidos si tenemos en cuenta los procesos de adaptación y transformación que desarrollaron en el marco de la resistencia a la esclavitud en América. La creatividad y la capacidad de innovación hacen de estos relatos testimonios vivos de complejas fases de creación y recreación cultural de los descendientes de la gente africana en nuestro país. Es innegable que los contextos y los ecosistemas en los cuales los narradores orales y escritores afrocolombianos de hoy se desenvuelven no son los mismos que vivieron sus ancestros en África. Sin embargo, más allá de los contenidos ideológicos y de los ambientes, pervive la fuerza de la palabra que la convierte en un vehículo de comunicación sagrado, siempre ligada a las memorias ancestrales. Por otra parte, ha permanecido la particular teatralización de su puesta en escena. La expresión corporal que acompaña siempre la enunciación de relatos, cuentos, mitos o poemas es otro de los legados, cinéticos en este caso, de África a la cultura afrocolombiana y colombiana en general.

 

Durante el siglo XIX afloraron en Colombia numerosas obras de las cuales los descendientes de la gente africana fueron protagonistas o autores. Eustaquio Palacios, Tomás Carrasquilla y Jorge Isaacs encontraron fuente de inspiración en individuos de origen afrocolombiano y los transformaron en personajes de sus escritos. En 1877 un nativo de Mompox, Candelario Obeso, se convirtió en el primer poeta afrocolombiano en publicar un libro: Cantos populares de mi tierra. A lo largo del siglo XX muchos otros tomaron la pluma para narrar sus experiencias, sus sueños y la condición social de su pueblo.

 

LOS AFROCOLOMBIANOS EN LOS ESCRITOS CIENTÍFICOS DEL SIGLO XIX

 

literaturaA principios del siglo XIX tuvo lugar uno de los mayores acontecimientos científicos del país: la Expedición Botánica. Francisco José de Caldas, considerado el primer científico nacional, fue la figura más destacada de este suceso. Como muchos otros de sus colegas, estaba convencido del determinismo del clima en el comportamiento de los seres humanos. Para ellos, el clima frío era ideal para el desarrollo de la civilización y el clima cálido era percibido como el origen de comportamientos contra la moral, lo cual convertía a los pueblos que los habitaban en un obstáculo para el desarrollo de las naciones. Caldas propagó estas ideas en los escritos que publicó en 1808 bajo el título de El influjo del clima en los seres organizados.

 

Desafortunadamente, esta óptica no hizo más que fortalecer una imagen de amoralidad de los descendientes de los africanos durante el periodo de la Independencia. Estos eran algunos de los interrogantes que se planteaba el famoso sabio: ¿Por qué el africano del Ecuador es perezoso y el hombre del norte infatigable en la carrera y la caza? ¿Por qué éste fecundó sin ser ardiente, no conoce los celos, cuando aquél, voluptuoso, lascivo, apenas queda saciado con la sangre de su rival? […] Qué diferentes son los moradores de las selvas del Orinoco y del Chocó, comparados con los que habitan las faldas y las cimas de la cordillera occidental.

 

El determinismo de las zonas climáticas, propio del pensamiento científico de principios del siglo XIX, contribuyó a consolidar imágenes negativas acerca de los descendientes de los africanos en Colombia. Clichés como los anteriores han contribuido a fortalecer argumentos de discriminación hacia estos pueblos.

 

En la segunda mitad del siglo XIX se desarrolló la Comisión Corográfica, otro evento importante para la ciencia en el país. Santiago Pérez, uno de los miembros de la Comisión, realizó un viaje por las regiones del Chocó, Buenaventura, Túquerres y Pasto. En sus Apuntes de viaje, publicados en 1853 en el Neogranadino y El Tiempo de Bogotá, el autor describió la situación de pobreza y falta de acceso a la educación de la población afrocolombiana de las zonas visitadas. Para este autor las causas de los efectos que se atribuían a la gente afrocolombiana no estaban relacionadas con el clima, sino que más bien eran unas condiciones innatas de estas poblaciones. Así lo anotó Santiago Pérez:

 

No es la falta de sociedad, no es la escasez de recursos de toda clase, no es lo riguroso e ingrato del clima […] ni aquella atmósfera pesada, cálida, recargada de miasmas y de insectos; nada de eso es lo que más y principalmente acongoja el ánimo del que llega al Chocó, no en busca de oro, sino a estudiar, además de la naturaleza allí tan espléndida y tan rica, el estado del hombre en aquellas tierras. Lo que más contrista desde que se ve al primer habitante, es la salvaje estupidez de la raza negra, su insolencia bozal, su espantosa desidia, su escandaloso cinismo.

 

Según De Friedemann, estas imágenes, más pasionales que racionales y menos científicas que reales, fueron las que persistieron a lo largo del todo el siglo XIX, cuando se consolidaba la República y se discutían las diferentes ideas de nación. Los relatos llamados científicos propendían por el fortalecimiento de un “americanismo”, del cual estaban excluidos los descendientes de los africanos. Según esta misma autora, se trataba de utilizar la invisibilidad y la estereotipia como estrategias de dominación, del mismo modo que durante la Colonia la Iglesia los había demonizado, tratándolos de brujos y hechiceros. La invisibilidad se apoya en la negación y ocultamiento de su pasado africano y del reconocimiento de sus aportes a la vida de la naciente república. La estereotipia ha pretendido degradarlos e inferiorizar sus culturas. En el siglo XX muchos movimientos literarios liderados por la gente afrocolombiana han cuestionado esos planteamientos y han subrayado la grandeza de sus culturas y de sus aportes a la colombianidad.

 

POETAS Y ESCRITORES AFRODECENDIENTES

 

La literatura escrita afrocolombiana no es reciente. Desde los albores de la República ha estado presente en el universo de las letras nacionales. Sin embargo, la invisibilidad a la que han sido sometidas sus manifestaciones artísticas, culturales, deportivas y políticas, entre otras, no ha permitido que la nación las reconozca y las incluya con dignidad como parte del acervo cultural.

 

Tal es el caso del escritor Arnoldo Palacios, quien, en 1949, publicó Las estrellas son negras, obra que, pesar de sus cualidades, pasó desapercibida hasta 1971, cuando fue reeditada en una versión popular. Finalmente, en 1998, el Ministerio de Cultura hizo un reconocimiento de su valor literario.

 

Algo parecido le ha acaecido a Zenel , nacido en Arroyo Grande, cerca de Cartagena. En la década de 1950, mientras estudiaba derecho en Bogotá, publicó varios cuentos en las separatas literarias de los periódicos capitalinos. Hoy, más de cuarenta años después y tras haber hecho una carrera como juez, sigue buscando la manera de difundir su obra. Uno de sus primeros libros se llama Negroserías y fue impreso en 1993.

 

Otros escritores han tenido mejor suerte, pero ello ha sido gracias a que resulta imposible ignorar el peso de sus opiniones, de sus trabajos y de lo que representan para la conciencia nacional. El ejemplo más elocuente es Manuel Zapata Olivella, quien ha cimentado con su trabajo de antropólogo y escritor un gran prestigio que emana de la autoridad de su palabra, de su labor intelectual y producción literaria, pero también de su capacidad y conocimiento como crítico. Se le considera una de las expresiones vivas más importantes de la gente afrocolombiana. Ha sido un incansable divulgador y defensor de los valores culturales, sociales, políticos y artísticos de su pueblo. Se ha destacado tanto en ámbitos nacionales como internacionales.

 

Hoy en día, por fortuna, ha crecido el número de poetas, novelistas y ensayistas que, desde su cultura, enriquecen el panorama literario de la nación. Generaciones nuevas de escritores de alta calidad artística plasman el sentir y las historias de sus terruños, bien sea del Chocó, de San Andrés o de la costa Caribe. Lenito Robinson y Alfredo Vanín Romero, para nombrar solamente a dos, son un ejemplo que nos permitiría ilustrar a las nuevas generaciones.

 

candelario obesoCandelario Obeso

 

Uno de los escritores y poetas colombianos más connotados del siglo XIX, nacido en la Villa de Mompox en 1849. Realizó su travesía por el río Magdalena hasta Honda y de allí a Bogotá, para convertirse en alumno del Colegio Militar creado por el general Tomás Cipriano de Mosquera. Ingresó luego a la Universidad Nacional, donde estudió derecho y ciencias políticas. Aunque su participación en política fue discreta, combatió en la batalla de La Garrapata, en el Tolima Grande. Posteriormente adhirió al movimiento denominado Regeneración, liderado por Rafael Núñez. El 29 de junio de 1884, mientras examinaba una pistola, se hirió de muerte y falleció el 3 de julio.

 

Su interés por las letras fue de la mano de los idiomas: aprendió francés e italiano; tradujo del inglés a poetas como Byron, Tennyson y Longfellow, y piezas como Otelo, trabajo de impecable factura, según la calificación de sus contemporáneos.

 

Entre sus obras pueden señalarse Lecturas para ti, La familia de Pigmalión (novela), Secundino, el zapatero (comedia) y Cantos populares de mi tierra (poesía), que incluyen los cantos a los bogas del río Magdalena:

 

Allí tengo malibú,

ajtromelia i azajá;

tengo lirio güeleroso

i jamín e malabá;

en cosa re golosina,

tengo un grande nijperá,

cocos, cirgüelo, naranjos,

un no vijto plataná.

 

jorge artelJorge Artel

 

Este escritor y poeta nació en Cartagena el 27 de abril de 1909. En 1945 se tituló como abogado de la Universidad de Cartagena, aunque su labor estuvo orientada al ejercicio del periodismo y a la poesía, género en el cual es uno de los más importantes representantes de la cultura afrocolombiana.

 

Los temas de sus escritos están relacionados con las vivencias de su tierra y de sus habitantes. Según Luis María Sánchez, Artel es un cantor de la alegre tristeza en versos populares y humanos, en sus composiciones vibran el dolor y la protesta; el lenguaje de los bogas, las olas, las costas y los ríos se vuelven sonido y color de sombra en sus palabras; en ellas tiembla toda la sensualidad y se agita el lirismo de su cultura. Su validez lírica se refleja en los poemas Velorio del boga adolescente y Ahora hablo de gaitas.

 

Publicó libros de poemas, entre los que se destacan Tambores en la noche (1940), Poemas con bota y bandera (1972), Sinú, riberas de asombro jubiloso, Coctail de estampas y Antología poética (1979). Otras de sus obras fueron De rigurosa etiqueta (drama) y No es la muerte… es el morir (novela, 1979). Falleció en 1994.

 

Velorio del boga adolescente

 

Desde esta noche a las siete

están prendidas las espermas:

cuatro estrellas temblorosas

que alumbran su sonrisa muerta.

Ya le lavaron la cara,

le pusieron la franela

y el pañuelo de cuatro pintas

que llevaba los días de fiesta.

Hace recordar un domingo

lleno de tambores y décimas.

O una tarde de gallos,

o una noche de plazuela.

Hace pensar en los sábados

trémulos de ron y de juerga,

en que tiraba su grito

como una atarraya abierta.

 

Pero está rígido y frío

y una corona de besos

ponen en su frente negra.

(Las mujeres lo lloran en el patio,

aromando el café con su tristeza.

¡Hasta parece que la brisa tiene

un leve llanto de palmera!)

Murió el boga adolescente

de ágil brazo y mano férrea:

nadie clavará los arpones

como él, ¡con tanta destreza!

Nadie alegrará con sus voces

las turbias horas de la pesca.

¡Quién cantará el bullerengue!

 

manuel zapataManuel Zapata Olivella

 

Manuel Zapata Olivella es un médico, antropólogo y literato de prestigio, comprometido con la causa de la valoración de la cultura afrocolombiana.

 

Producto de su dedicación, en años recientes ha realizado numerosos trabajos y ensayos relacionados con aspectos artísticos, literarios, culturales y sociopolíticos de las comunidades afrocolombianas. Entre ellos sobresale Las claves mágicas de América (raza, clase, cultura), publicado en 1989, en el que sostiene que existen formas veladas de discriminación y que hay una cierta coincidencia entre el dominio de clase y el étnico.

 

Los ensayos y trabajos de Zapata Olivella tienen el mérito de hacer un constante llamado al reconocimiento de los aportes de las comunidades afrocolombianas a la identidad cultural de la nación, con el fin de que cada uno de los colombianos considere suya la raíz africana que hace parte de nuestra identidad.

 

Su producción literaria ha tenido éxitos continuos, como lo atestiguan dos de sus reconocidas novelas: Chambacú, corral de negros y Changó, el gran putas.

 

La plazoleta apretada de hombres y

mujeres. Revoltijo de polleras, franelas

sudadas y pies descalzos. La misma

expresión de ansiedad repetida. La furia en

los ojos. Jamás se juntaron tantos en la isla.

Los más se habían quedado en sus casuchas

indiferentes a su suerte. Chambacú o la

sepultura, todo les era igual. Estaban allí los

apaleados, los negros recién venidos de Barú,

Palenque, Malagana y María la Baja, a

quienes la policía, esa mañana, desbarató

sus techos. Las madres abrazaban a sus

pequeños con mirada vacía por el hambre.

Los varones, sin el hacha y el machete,

no sabían qué hacer con sus brazos.

Escuchaban a Máximo: “Nos

defenderemos”…

 

“La batalla”

(Fragmento de Chambacú, corral de negros)

 

alfredoAlfredo Vanín Romero

 

Representa una de las generaciones de escritores afrocolombianos del último cuarto del siglo XX que, a pesar de la falta de apoyo, han persistido con tenacidad en el doble propósito de ser escritores e investigadores de la realidad social y cultural que rodea a las comunidades del Pacífico colombiano.

 

Nació en noviembre de 1950, en la ribera del río Saija, cerca al municipio de Timbiquí (Cauca). Desde muy joven se convirtió en un apasionado y comprometido con la causa de la cultura afrocolombiana. Se ha desempeñado como escritor, periodista, investigador y profesor, disciplinas desde las cuales se ha preocupado por ahondar en las raíces africanas de la colombianidad. De esa labor prolífica han resultado varios trabajos literarios y de recopilación de tradición oral, entre los que se destaca la compilación El príncipe Tulicio. Cinco relatos orales del litoral Pacífico, publicado en 1986 en Cali, obra que había sido precedida por su interesante novela Otro naufragio para julio, publicada en 1983 en Cali; por un libro de poemas titulado Alegando que vivo, publicado en 1976, en Popayán; y por Mitopoética de la orilla florida. En la actualidad dirige la revista Pájaro del agua.

 

Zarzamora

 

Quise incitar el largo convite

de tu risa

negar el río sojuzgado

y entrar en las ardientes materias

de la gracia

me apresuré buscando fuego

incienso que atesoran los camaleones

centellas de unicornio no doblegadas a la hora

del león rampante

y traviesos veleros

robados a viejos pescadores del golfo

para acrecentar los festines de la madreperla.

 

Y he aquí que arpías y boleros

pregonaron la fama:

las mercenarias galerías cobijaban ahora

tus deleites

el viento destilaba un espeso alquitrán

y en tu deriva hembra

se marchitaban los dragones

dignos por lo demás de ciertos ecos.

 

Entonces sepulté mis navíos

aplacé para otras lunas la navegación del

hechizado

y entoné cánticos de alabanza

a las discordias del fauno que se queda ciego.

 

loilaLolia Pomare-Myles

 

Nacida en San Andrés, Lolia ha desarrollado un trabajo importante de divulgación de la cultura angloafrocaribeña. La actividad cultural que realiza tiene como propósito impedir que desaparezca la tradición de la narrativa oral raizal. Investiga las expresiones de narrativa, cuenta las historias, difunde entre los nativos sus hallazgos y educa a las nuevas generaciones enseñando la riqueza y la vigencia del pasado en el presente de estas expresiones literarias. Coordina programas culturales y participa en concerts, eventos que antiguamente tenían una estructura y unos propósitos comunitarios.

 

Al igual que su abuelo, continúa la tradición de narradora de historias en un programa radial en el cual presenta a exponentes de la cultura isleña, charla con sus invitados, cuenta relatos y adivinanzas populares, da recetas para platos típicos y presenta música isleña y caribeña, en un esfuerzo por mantener viva la cultura raizal de las islas.

 

La próxima cosa que quise saber

era qué iba a hacer mi madre con el

cordón umbilical del niño porque, todos

los días, cuando bañaba al niño,

limpiaba el cordón con un pedazo de

algodón. Luego, cuando se cayó el cordón, yo

escuché que le dijo a mi papá: “Tienes que

traer un cocotero joven y fuerte para poder

sembrar el cordón umbilical”.

 

Y pregunté: “¿Sembrar el cordón

umbilical?”. Ella contestó: “Sí, siempre que

nace uno de ustedes, sembramos el cordón

umbilical debajo de un cocotero. Envuelvo el

cordón en un pedazo de tela de algodón y le

digo a tu papá que traiga el cocotero. Él va

por el cocotero, cava un hueco y lo siembra

junto con el cordón umbilical”. […] Como yo

necesitaba saber rápido, fui adonde mi

abuelo. Él me dijo: “Cuando se siembra el

cordón bajo un árbol, así como crece el árbol,

alto y recto, así será el hombre o la mujer

sanandresano. No crecerá enfermizo, sino

alto y fuerte, y en la vida será temeroso

de Dios, fructífero y bondadoso, de

espíritu amante con los vecinos y con

todo el mundo”. Por eso todo isleño,

tanto de San Andrés como de

Providencia, siembra el cordón

umbilical bajo un cocotero, un árbol de

limón, un árbol de pera u otro árbol

frutal.

 

“El cordón umbilical y el árbol de la vida”

(Fragmento de Nacimiento,

vida y muerte de un sanandresano)

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El llamado lo realiza esta cartera de la Gobernación de Antioquia debido a que personas inescrupulosas comprometen a la gerencia con entrega de becas a los ciudadanos que voten por determinados candidatos.

La Gerencia de Negritudes de la Gobernación de Antioquia informa a la opinión pública que no tiene injerencia en la selección y asignación de becas condonables de la convocatoria que se está realizando por el Fondo de Comunidades Negras del ICETEX, que les permite a los afrodescendientes acceder a la Educación Superior.

La cartera de la Administración Departamental manifiesta que se está desinformando a los afrodescendientes interesados en este crédito educativo, ya que personas inescrupulosas les aseguran que tienen beca asegurada de este fondo por orden emitida a la Gerencia de Negritudes, siempre y cuando el aspirante y su familia voten por determinado candidato.

Con el fin de evitar incidentes politiqueros, se pide omitir consejos de estas personas que buscan manipular la democracia a través de mentiras, involucrando a la Gerencia de Negritudes.

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cocina africana1

El arte de cocinar es parte notable de la identidad de los pueblos afrocolombianos. La sazón de la comida de los litorales y de los valles en donde habitan se destaca por la fina mezcla de aromas y sabores combinados con sensibilidad e imaginación. Sus cocinas se engalanan con toda clase de utensilios, elaborados especialmente para cernir, rayar, escurrir, moler, picar, adobar o servir. Bateas, pilones, rallos y susungas danzan entre las manos de las mujeres afrocolombianas para deleitar cada día con sus arroces encocaos, alegrías de millo, quesos fritos, rondones y mil delicias más.

 

La riqueza vegetal y animal de las regiones habitadas por los pueblos afrocolombianos se refleja en sus dietas cotidianas. Las preferencias culinarias son tan variadas como los mismos ecosistemas en los cuales han desarrollado sus culturas. No obstante esta inmensa cobertura geográfica, ciertos gustos, aromas y modos de preparación son comunes entre la gente afrocolombiana que habita lugares tan distantes entre sí como el Archipiélago de San Andrés, en el Caribe, y Guapa, en la costa Pacífica de Nariño. Permanencias de memorias antiguas, sin duda ligadas al África y al periodo esclavista, en el cual la dieta alimenticia era en buena parte controlada por los amos. Innovaciones e incorporación de productos, sabores y olores adoptados en el contacto con otras poblaciones. Bosques, ríos y mares figuran como los principales escenarios de aprovisionamiento, lo mismo que las tierras cultivadas y los pastizales en donde crece el ganado.

 

SABORES Y OLORES AFRICANOS

 

En el África occidental y central, de donde procedía la gente que llegó al puerto de Cartagena de Indias a partir del siglo XVI, predominó la agricultura extensiva, realizada con sofisticados instrumentos de labranza fabricados en hierro. Entre los más importantes estaba la azada, empleada en las labores de tala y quema. También practicaban la irrigación para lograr buenas cosechas en tierras áridas. En muchos casos estas actividades se complementaban con la ganadería. En las mesetas y lagos del África centro-oriental la dieta estaba basada en proteínas provenientes de la carne de animales de la caza y la pesca. También se consumían vegetales y, en las partes periféricas de las tierras bajas y zonas boscosas del África occidental, incluyendo la línea ecuatorial, la dieta se fundamentaba en almidón con suplemento de proteínas de la caza y la pesca.

 

La base del régimen estaba constituida por tres cereales autóctonos: el mijo, el sorgo y un arroz silvestre, domesticados entre las actuales Nigeria y Senegal tal vez 500 años antes de Cristo. Ellos son responsables de aportar a la dieta glúcidos y prótidos vegetales. Entre las legumbres; los garbanzos y lentejas, así como las calabazas, berenjenas, coles, pepino, cebolla, ajos, y algunas frutas como melones, sandías, tamarindos, granadas, bananos, limones, naranjas y hacia el sur la palma aceitera. El ñame fue domesticado en tres variedades: ñame grande, blanco o de Guinea y el ñame amarillo.

 

Para endulzar los africanos utilizaban la miel y la caña de azúcar, introducida por los árabes en el siglo XI. Consumían poca sal y, entre las especias, la pimienta y el jengibre. Las grasas más empleadas eran de origen vegetal, provenientes de la palma de aceite y del sésamo o ajonjolí. Como utensilios de cocina, las piedras de moler para majar, los morteros de madera (pilones), cuencos de calabaza, odres, cuchillos de hierro y el empleo de ollas de barro cocido.

 

Después del descubrimiento de América, el régimen africano también se enriqueció con la introducción de cultivos del suelo americano que, como la yuca, variaron la costumbre del consumo de cereales, la batata y el maíz, alimento básico a los largo de las riberas del río Senegal.

 

ALIMENTACIÓN DE LA GENTE AFRICANA EN LOS AÑOS QUE PREDOMINO LA ESCLAVITUD

 

Los barcos negreros que pasaron al Nuevo Reino de Granada durante todo el periodo de la Colonia se distinguieron por la inadecuada alimentación que ofrecían a los cautivos. La mayoría de los autores coinciden en que por lo menos el 26% del total de africanos que eran embarcados en los puertos africanos no llegaban a América. Además de los malos tratos y las inexistentes condiciones de higiene morían a causa de la pobre dieta de agua, harina y arroz que les dispensaban sus captores, insuficiente, por supuesto, para soportar la escabrosa travesía.

 

Más tarde, el régimen alimenticio de la gente africana que vivió en las plantaciones, las haciendas, los ingenios y las minas americanos se baso en los productos locales. Los amos guiados por su racionalidad económica aseguraron un mínimo vital a los esclavizados casi siempre de alimentos ricos en carbohidratos. Se estableció la costumbre de darles un trago de aguardiente de caña. También la masticaban, sorbían su jugo o lo tomaban caliente de la que estaba en proceso en las grandes pailas. Comían la raspadura adherida, y también tomaban miel de purga, práctica usual aplicada a los esclavizados que laboraban en las plantaciones y en ingenios de Brasil y Cuba.

 

Entre los alimentos de consumo de lo africanos en el Nuevo Mundo se encontraba la carne salada conocida como tasajo; producida durante la primera mitad del siglo XVIII en Cuba, Río de la Plata, Montevideo y en las haciendas trapicheras del sur-occidente colombiano. El bacalao de Noruega, era otro artículo de alto consumo en las plantaciones caribeñas. Durante este periodo la batata y el arroz constituyeron la base de la alimentación entre los esclavizados en Cuba. También consumían malanga, raíz amarilla parecida a la batata, nombrada en otras partes ocumo, se comía mezclada con tasajo. En el almuerzo recibían maíz hervido, que machacaban con tomates silvestres, plátano y hortalizas. El pan de plátano, en forma de tajadas, de tostones o de bollos era de uso corriente en su dieta.

 

Los alimentos básicos de la población de origen africano en las islas francesas eran la yuca, consumida casi siempre en forma de casabe, los plátanos, fríjoles, papas y carne o pescado salado que condimentaban con exceso de picante. En las colonias inglesas su alimento de rutina era la harina de maíz, plátano, ñame, coco, batata, fruta de pan y fríjoles acompañados con regularidad de carnes o pescados salados.

 

En Brasil en una hacienda cafetalera, alimentaban a los esclavizados con caraotas, atole de maíz, maíz jojoto, harina de cazabe, a razón de medio kilo por día; cará, una raíz comestible; batatas, ñame, bananos, ahuyamas, naranjas, algo de tocino y de carne seca o fresca.

 

Antes de 1851, fecha de la abolición de la esclavitud en Colombia, los africanos y sus descendientes habían resistido escapando de las casas de sus amos. Vivieron en los bosques y en las montañas y fundaron pueblos fortificados llamados palenques. Allí los cimarrones, desarrollaron una tecnología agrícola que les permitía cultivar la yuca, ñames, papas y otros tubérculos, bananos y plátanos, arroz, maíz, frijoles, ajíes, caña de azúcar, diversas legumbres, tabaco y algodón.

 

Durante la Colonia, la gente afrocolombiana logro adaptarse a los nuevos territorios y comenzó a beneficiar de las actividades de caza y pesca. Queda claro que complementario a la dieta o ración que les dispensaban los amos, los africanos y sus familias consumían manatí, guaguas, sahínos, conejos, armadillos, tatabras, venados, dantas, guacharacas, pavas, loros, guacamayas, torcazas, “diostedeces”, “pechiblancos”, “corcovaos” y todo tipo de animales de pelo, pluma y escama, propios de estas regiones tropicales.

 

africanoHERENCIAS CULINARIAS AFRICANAS EN EL CONTINENTE AMERICANO

 

El aporte africano a la alimentación de los pueblos de América, está asociado al hecho que la culinaria que llegó del África occidental estaba ligada con prácticas religiosas desde tiempos remotos. Así los espacios sagrados de los primeros esclavizados en América se habrían convertido en redes de transmisión de saberes acerca de ciertas formas de preparación de las comidas. En los documentos dejados por la Inquisición de Cartagena, en donde se realizaron numerosos juicios contra los africanos, hay menciones de las comidas que se realizaban en las juntas. Éstas eran reuniones que realizaban los esclavizados en medio del monte lejos de las casas de sus amos. En los alrededores de la ciudad de Cartagena de Indias hubo numerosos sitios de encuentro: Manzanillo, Manga, el arrabal de Getsemaní. En esta región del Caribe colombiano, la gente africana consumía el al-cuz-cuz es decir sémola de trigo cocida al vapor. Los documentos no hablan de la manera como se preparaba. También comían plátanos y bebían vino.

 

No obstante la diversidad regional de la alimentación de los descendientes de los africanos en las Américas, subsisten prácticas culinarias comunes a toda el área Afroamericana. Y además estas mismas prácticas también se llevaban a cabo en la cocina africana.

 

Entre las más destacadas se encuentran el uso de diversas clases de sofritos que se caracterizan por ser elaborados grandes cantidades de aceite encargadas de dar el sabor. También se encuentra el gusto compartido por el ají, el jengibre, y toda clase de pimientos o raíces picantes. El tratamiento de granos mediante cocción y pilado como base para aderezos de pescado, carne salada o carne de cerdo también aparece en todas las regiones afroamericanas del continente. Del mismo modo que el placer de las ventas callejeras de comida que hacen el encanto y la gracia de ciudades como San Salvador de Bahía (Brasil), Cartagena de Indias (Colombia), o La Habana (Cuba).

 

Los sofritos

 

El uso del sofrito es corriente en todas las culturas afroamericanas. Se trata de una preparación de base para cocinar que se utiliza tanto en África como en América. En ambos continentes se trata de una salsa frita en aceite, preparada con cebollas, ajos, pimiento, ajíes y tomates, coloreada con achiote en América, o con aceite de palma en África.

 

El sofrito caribeño se parece mucho a la salsa ata de la cocina yoruba, de Nigeria occidental. Pero el uso de estas salsas difiere en ambos lugares. En el Caribe, el sofrito es una base para cocinar otros alimentos como el arroz, la carne y el pescado, en la misma cazuela. En Nigeria, la salsa ata, se vierte sobre preparaciones hechas con harina de ñame, de yuca y de otros cereales.

 

El uso del aceite de manera generosa en la preparación de todos los alimentos prevalece en salsas y guisos. El aceite de palma además, de ser excelente para cocinar servía para ungir el cuerpo y para la iluminación.

 

Especias, ajíes y tabaco

 

Entre los productos alimenticios más utilizados en África se hallan los picantes en sus más diversas variedades: el pimiento nativo y una variedad importada de Europa. La semilla del Paraíso, una variedad de ají que se saca de las semillas de una planta africana de olor excitante que crece en las selvas. El ají además de ser aromático provee al organismo de vitaminas en gran cantidad de vitamina C. Desde tiempos antiguos ha hecho parte esencial de la alimentación de las poblaciones del Congo. Donde también utilizaban variedades de pimienta y jengibre como fuertes aromatizantes y acompañantes de todas las comidas. A las cuales les añadían tabaco. La utilización de la pimienta, el anís, los clavos y la canela; así como las variedades de ají con particulares preparaciones son comunes entre todos los pueblos afrocolombianos.

 

Frituras y mezclas

 

Hay ciertas costumbres atribuidas a los africanos que han prevalecido en tierra americana, como la de freír los plátanos, o la de realizar ciertas mezclas entre legumbres y pescados, arroz con fríjoles, tan frecuentes entre los pueblos afroamericanos y afrocolombianos.

 

Cocciones y hervidos

 

También se han encontrado métodos afines en América y África, de cocción, hervido, asado a fuego directo, frito y cocinado al vapor. Este último sistema se emplea de manera frecuente en los litorales colombianos. El procedimiento de cocción al vapor se realiza con hojas de plátano que sirven para envolver el alimento que se desea cocinar.

 

Bebidas

 

En el África occidental la bebida por excelencia es el vino de palma. Este se elabora con la savia de la palma aceitera. Para recuperarla se hace una incisión en el cogollo más alto en donde se coloca un recipiente dispuesto para recogerla. Luego se deja fermentar teniendo mucho cuidado de que no se vinagre. Luego se conserva en calabazas en un lugar fresco y se consume en momentos de jolgorio o de fiestas familiares. También se prepara la cerveza de millo. En Colombia, el consumo de bebidas fermentadas es frecuente entre las poblaciones afrocolombianas. El la costa pacífica se prepara el biche, bebida fermentada de caña. También se preparan chichas de maíz y en el Archipiélago se fermenta el tamarindo para lograr bebidas picantes y refrescantes.

 

Sabores

 

Las principales categorías de sabores de las culturas africanas y afroamericanas son: lo simple que es aquello que no tiene sazón, que carece de sal, como la yuca y el ñame cocinados o a la brasa. Luego está lo salado, lo dulce o azucarado y lo amargo. Amargo es el sabor de ciertas frutas sin madurar y lo agrio es como el sabor del tabaco masticado. Lo ácido está en las bebidas fermentadas y lo picante opuesto a lo simple es el sabor que quema. La culinaria africana y afroamericana se constituye a partir de esta particular combinación.

 

Tratamiento de los granos

 

La costumbre de remojar granos secos de leguminosas para luego pelarlos y molerlos crudos, agregándoles ajos, ajíes dulces y picantes, friendo luego la masa en grasa para obtener pequeños bollos o frituras, es común a diferentes países de África, corriente también en América. Los yorubas los denominan akara.

 

En Haití los hacen con malanga o de bacalao, subidos de picante (ají o pimienta negra) y especias, se les conoce como acras. En Cartagena de Indias se llaman buñuelos y los perfeccionan, bajo el mismo procedimiento. Se usan fríjoles blancos de cabecitas negras que, pasados por la máquina de moler, se baten lo suficiente para que doren bajo la manteca caliente.

 

Ventas callejeras de comestibles

 

La venta ambulante de alimentos es una práctica muy extendida en África y también es una escena de la cotidianidad callejera en los pueblos americanos. Al inicio de la esclavitud en La Habana, el cabildo de la ciudad prohibió la venta de tabancos. Éstos eran tablas de madera que se trasladaban en la cabeza y se colocaban en el suelo, con un surtido de ciertos alimentos confeccionados por la gente africana “al modo de sus patrias”. Entre 1865-1875, pintorescas dulceras habaneras con gritos chillones y sus bandejas sobre la cabeza, ofrecían conservas de guayaba y mamey, coco rallado cocido con azúcar y un flan de leche de coco. Hacia 1838, los africanos que laboraban en el Perú eran vendedores de tamales y cocineros. En Cartagena aún hoy es tradicional la imagen de las “palenqueras”, vendedoras que llevan una batea en la cabeza cargada de abundante fruta, y dulces para la venta.

 

culinaria africanaTRADICIONES CULINARIAS

 

El Caribe continental

 

La riqueza de la cocina caribeña ha tenido en el litoral marino, su mayor diversidad y fuente continua de aprovisionamiento. Es de rutina el consumo de pescados y mariscos, carnes que se complementan con la del ganado de la región.

 

Bases de la cocina

 

Aquí está presente la herencia de la tradición africana con su ñame, el guandul, la candia, la gallina de guinea, el frijolito blanco, el sofrito y el ají dulce que viajaba desde la selva chocoana hasta el Caribe. La cocina del caribe continental, con contadas excepciones y pocos cambios de una subregión a otra, tiene ingredientes similares, las técnicas de preparación y gusto que se comparten. En esta región se dan en abundancia el tomate, la cebolla en rama o cebollín, el ají dulce, la berenjena, la col, el rábano, la lechuga criolla y el cilantro, de uso corriente en la preparación de los alimentos. El espléndido aguacate mantequilla, en particular, el de la zona bananera de Magdalena. En tiempos de cosecha, es indispensable complemento en la ensalada típica preparada con tomate, cebolla ocañera, lechuga criolla, limón por vinagre, pimienta y sal.

 

Gastronomía del Caribe Continental

 

El maíz de precolombina raigambre, rinde con exceso. En las haciendas se siembran coles, bledos, lechugas, pepinos, berenjenas, escarolas, cebollas, hierbabuena, perejil, cilantro, fríjoles de muchas variedades, ajonjolí y el arroz que se logra de semillas. Los españoles introdujeron en la costa Caribe y más tarde en el resto del país berenjena, repollo, arveja, ajo, cebollín, espárragos, pepino, patilla, melón y otros productos agrícolas muy pronto americanizados, traídos desde La Española (República Dominicana) y las Islas Canarias.

 

 

La riqueza de la cocina caribeña ha tenido en el litoral marino, su mayor diversidad y fuente continua de aprovisionamiento. Es de rutina el consumo de pescados y mariscos, carnes que se complementan con la del ganado de la región. Aquí está presente la herencia de la tradición africana con su ñame, el guandul, la candia, la gallina de guinea, el frijolito blanco, el sofrito y el ají dulce que viajaba desde la selva chocoana hasta el Caribe. La cocina del caribe continental, con contadas excepciones y pocos cambios de una subregión a otra, tiene ingredientes similares, técnicas de preparación y gusto que se comparten.

 

En esta región se dan en abundancia el tomate, la cebolla en rama o cebollín, el ají dulce, la berenjena, la col, el rábano, la lechuga criolla y el cilantro, de uso corriente en la preparación de los alimentos. El espléndido aguacate mantequilla, en particular, el de la zona bananera de Magdalena. En tiempos de cosecha, es indispensable complemento en la ensalada típica preparada con tomate, cebolla ocañera, lechuga criolla, limón por vinagre, pimienta y sal. El maíz de precolombina raigambre, rinde con exceso. En las haciendas se siembran coles, bledos, lechugas, pepinos, berenjenas, escarolas, cebollas, hierbabuena, perejil, cilantro, fríjoles de muchas variedades, ajonjolí y el arroz que se logra de semillas.

 

Los españoles introdujeron en la costa Caribe y más tarde en el resto del país berenjena, repollo, arveja, ajo, cebollín, espárragos, pepino, patilla, melón y otros productos agrícolas muy pronto americanizados, traídos desde La Española (República Dominicana) y las Islas Canarias.

 

Entre las constantes culinarias de la región del Caribe continental tenemos las siguientes generalidades:

 

Bases de la cocina del litoral Caribe

 

El guiso caribeño corresponde al sofrito ya mencionado. Se prepara con cebolla cabezona, tallos de cebollín, tomates maduros, ajíes dulces, ajos molidos, una cucharada de vinagre, º de taza de aceite o de manteca de cerdo, sal pimienta y cominos al gusto.

 

El uso de la leche de coco es importantísimo en la cocina de las costas Pacífica y Caribe, así como en San Andrés y Providencia. Esta tradición también está representada entre los pueblos del África occidental en donde se prepara el también tradicional arroz con coco.

 

El uso del arroz. Pasando por el tradicional arroz blanco hasta los arroces de mariscos, de pescados o tortuga, y el inmemorial arroz con coco, de ahuyama, de fríjoles, de plátano maduro, de queso, de gallina y de fideos. El arroz es un ingrediente fundamental en la mesa caribeña. Igual, sucede con la yuca y el ñame. El consumo de cerdo es de proporciones mayúsculas en toda la región y se degusta con arroz como chicharrón, guisado y salado.

 

Los sancochos. Los testimonios de los viajeros acerca de los hábitos alimenticios en la costa Caribe, han sido variados de acuerdo con el tiempo y el lugar, pero, ninguno ha dejado de mencionar la presencia de plátanos, arroz, yuca, queso, carne de res y pescado entre los alimentos principales. Entre sus testimonios mencionaron al sancocho como una sopa hecha de una mezcla de verduras, carne partida en pequeños trozos, compuestos de huesos en su mayor parte, bananos y yuca.

 

Bebidas y refrescos. Resulta difícil enumerar la totalidad de frutas tropicales. Están el coco, mango en amplia variedad, guineo (banano), guanábana, tamarindo, guayaba, caimito, mamey, anón, naranja toronja, limón, papaya, zapote, ciruela, jobo, guinda, mamón (mamoncillo), níspero, pera roja, granada, melón, piña, patilla, cañandonga, guama, uvita de playa, icaco, grosella, cacao y otras con las que se preparan refrescos frutales, chichas, dulces y una refinada repostería.

 

Pasteles y bollos. Capítulo aparte merece el suculento pastel o tamal de cerdo. Que se prepara de arroz con cerdo o combinado con gallina criolla. Entre las viandas preferidas están los bollos, preparación hecha con diferentes recetas e ingredientes como el maíz, la yuca, el plátano maduro y la mazorca que una vez amasados y aliñados se envuelven en tusas de maíz, se amarran con pedacitos de cabuya y se echan a cocinar en agua caliente. Los hay de angelito, variedad que se prepara con leche de coco y anís y el popular bollo limpio.

 

Alegrías de millo y mazamorra de plátano. Son famosos los bollos limpios, de angelito y los de mazorca, el maní tostado y las alegrías con coco y anís, verdaderas artesanías culinarias elaboradas por las mujeres palenqueras. La mazamorra de plátano consistente en plátano maduro, leche y arroz que se cocinan y luego se le agrega zumo de coco con un punto de sal y otro de dulce de uso muy extendido y muy económico para la alimentación de los niños.

 

Los dulces. Las mujeres caribeñas son las diosas del universo de los dulces. Su fabricación es una labor dispendiosa y de gran reconocimiento regional. Sus gustos se orientan por las preparaciones de ricas mezclas de coco, panela, papaya, piña y guayaba entre otras frutas, que hacen de los caballitos, las cocadas, el mongomongo o el dulce de mamoncillo, otras formas de entender el comer en los pueblos afrocolombianos.

 

Uno de los más apetecidos dulces caribeños son los cabellitos. Preparados con papaya biche cortada en tiritas o pisticas delgadas que se cocinan en agua, luego se escurren y se les agrega azúcar y tres rajas de canela, se bajan del fogón y se ponen en una ponchera y después con una cuchara se ponen a secar en una mesa. Algunos autores dicen que este dulce se puede considerar de tradición española aprendida por los africanos y sus hijos que lo tomaron como medio de sustancia luego de su liberación.

 

Otro dulce de uso común es el platanito en tentación. Se prepara con plátano dulce en trocitos que se lleva a ebullición sumergido en Cola Román, canela y mucha azúcar. Luego se mantiene en fuego lento hasta que se forma un almíbar espeso que recubre los platanitos.

 

Los utensilios de cocina. En primer lugar se encuentra el raspador de coco, el machete, los cucharones, el picador, la piedra de moler, los cuchillos y el célebre pilón, instrumento utilizado en la preparación de granos, así como otros alimentos y utensilios muy familiares en otros tiempos. Estaba labrado en un tronco grande de madera y alto con un hueco cóncavo, donde se depositaban los granos de maíz, las espigas de arroz o del millo, mientras de lado y lado, alzando las manos de madera, las mujeres pilan al ritmo de sus canciones ancestrales o al vaivén de sus nostalgias.

 

Manifestaciones locales de la culinaria caribeña

 

En la Guajira se acostumbra la tortuga frita, en arroz, en sopa y guisada. El chivo -cabrito- casi siempre consumido en cecina, es decir, una preparación consistente en carne bien relajada que luego se pone a secar expuesta a la desértica intemperie guajira, ahumándose sobre el fogón casero. Se consume poca sal, tampoco se utiliza salar la carne para su conservación, a pesar de tener las salinas de Manaure. Es indudable que el friche, es el plato clásico del preparado con vísceras de chivo picadas en forma menudita, cocida en escasa agua-sal y sofrita luego en la propia grasa del chivo la que se habrá salado un poco para evitar su coagulación. Se cocina a fuego lento hasta que la sangre se amorcille. Es un plato de almizclado sabor pero muy apreciado en esa región y también en el Cesar.

 

Magdalenenses y samarios, gustan del consumo diario del pescado en sencillas preparaciones: de los fritos, la mojarra con patacón, en salpicón o en escabeche, también se menciona el pargo relleno de mariscos, rebosado en aceite como plato de especial apetencia y tradicional consumo. Otras viandas destacadas son los arroces de camarón, de mariscos, de lisa y bonito, considerado el rey de los arroces marineros. Un repertorio de fritos como caramañolas (empanadas de yuca molida), butifarras, empanadas de pescado, mariscos y carne, buñuelos, chicharrón, morcilla, y en variadas preparaciones crustáceos y moluscos.

 

Carnes como la punta gorda (punta de anca), la posta, y el muchacho, los guisados al tomate son muy representativos en la región. Los dulces ocupan un lugar destacado y son de masiva demanda la pasta de mango o conserva de mango, la pasta de leche con coco (conservitas de leche), cocadas de panela, piña, leche, bolas de tamarindo, dulce de bananos (maduros, en crema de leche y brandy) y cabellito de ángel.

 

El municipio de Ciénaga en la vía a Barranquilla tiene una rica y afamada tradición culinaria muy parecida a la de su vecina Santa Marta. Son incomparables sus ostras, mojarras y lebranches. En los pueblos retirados de la costa es corriente el consumo de morrocollo y la hicotea (icotea) guisados o en arroz. Completan su dieta, el ñame, yuca, plátano, ahuyama y el popular y delicioso “calleye” de guineo verde cocido y majado con mantequilla y queso costeño blanco y salado.

 

La mesa popular típica del departamento del Atlántico es la fritanga. Luruaco es el municipio conocido por preparaciones como la arepa de huevo y las arepas de dulce. El arroz de lisa de atávica tradición, la pimentada butifarra soledeña, es única en el mundo, pues a la receta de los antepasados se la ha agregado la sazón del caribe colombiano. El guandul -guandulada o sancocho de guandú- es plato sensación de los barranquilleros y atlanticenses. Sus ingredientes son la carne salada, plátano maduro y verde, yuca y un guiso cargado, lo que le da un sabor entre dulzón y salado.

 

El arroz es un alimento básico e indispensable en la comida diaria de esta región. Se utiliza como acompañamiento de otros platos y también como alimento completo al que se le adicionan carnes, aves o pescado.

 

La afamada cocina cartagenera y bolivarense ha sabido incorporar el refinamiento de elementos internacionales en la preparación de sus platos en combinación con lo autóctono y la sazón de la mano de sus cocineras afrocolombianas. Es el compendio de la exquisitez y la suculencia del caribe colombiano. La gran calidad de sus pescados y mariscos se reúnen en el mercado junto con la excelente carne del ganado de la región. Se diferencia de la del resto del Caribe, por la diversidad de sus platos, la originalidad de muchos de ellos y por los matices de sus aliños utilizados en pescados, mariscos, carnes, arroces; su abundancia y creatividad en dulces y postres cuyo recetario se despliega en Semana Santa en innumerables y apetitosas preparaciones. El pescado más apetecido es el sábalo, que se prepara en leche de coco y en sancocho, tan popular como el bocachico, que también se degusta en la región costera de los otros departamentos costeños. Tampoco puede faltar el arroz de coco con titote, el peto o mazamorra de maíz. Los cartageneros son aficionados a los postres y a las recetas de sus delicados dulces de los cuales el enyucao es el rey.

 

La mayoría de las veces aquellas cocineras son aficionadas a los ajíes picantes o al exceso de las especias, placer que también fue usual entre los aborígenes de las Antillas.

 

Córdoba cuenta con una diversidad de recetas de origen campesino y que se transmiten de generación en generación y de cocina en cocina. Su actividad ganadera hace de la carne de res su principal alimento. Los pescados de mar y río tienen también gustoso y destacado lugar en la dieta cordobesa. El ñame, y la yuca son de masivo consumo. Su plato es la suculenta viuda de carne salada con suero, extendida a Bolívar y Sucre, Mompox y el sur del Magdalena. Consiste en trabar unos palitos dentro de una olla, a manera de parrilla, colocando agua a unos veinte centímetros por debajo del entrabado; sobre este se colocan hojas de bijao (bihao) y la carne desalada, yuca pelada en grandes trozos, plátanos bien maduros sin pelar –de cáscara negra– y en algunos casos mazorcas de maíz y queso; todo se recubre con las mismas hojas, se tapa bien y se deja cocinar al vapor en fuego medio sostenido medio por tres horas largas.

 

El casabe, especie de galleta de afrecho de yuca, con o sin queso rallado, común en Sucre, Bolívar y los pueblos costeros, es el pan de cada día. El pescado en salsa de naranja agria también es representativo y común en esta región y se conocen más de veinte formas para preparar del bocachico sinuano, alimento común en la subienda de cada año.

 

En Sucre la cocina es similar a la de los departamentos vecinos se basa en la carne de res y de cerdo, pescados de mar y de río, y los vernáculos ñame, plátanos y yuca. Su plato más conocido y representativo es el mote de queso, que se hace con ñame picado cocido en agua hasta estar casi desecho, se agrega queso picado en cuadritos, un generoso sofrito en el que prima la cebolla ocañera, jugo de limón y suero.

 

De sus dulces se destaca el exquisito mongo mongo (calandraca) que lleva mango jecho (no muy maduro), piña, mamey, batata, coco rallado, panela, plátano maduro y especies como clavo, canela y pimienta de olor. Es a no dudarlo, junto a la pasta de mango y el enyucado, uno de los más acreditados dulces del Caribe continental. También se prepara el sancocho de guandul como lo hacen en Barranquilla, pero le agregan ñame o cambian la yuca por aquel sin alterar el sabor.

 

A pesar de la indiscutible influencia frijolera antioqueña, en el Urabá antioqueño, son los pescados de mar y río junto con la carne de res y de cerdo la dieta preferida. Se comen acompañados de sus famosos plátanos y guineos, yuca, ñame y ahuyama.

 

En el Cesar, situado a unas ochenta leguas del mar se tiene preferencia por la carne de res y de chivo. El escaso pescado que se consume es de río y ciénaga (bocachico y bagre). El plátano, maíz, ñame y yuca son de uso común. Esta tierra produce coco, aguacate, guineo, plátano y muchos frutales.

 

Su plato preferido es el sancocho de chivo con el mismo bastimento (vitualla o recao) del sancocho costero. Otra comida típica cesarense son los fríjoles rojos con plátano maduro: exótica combinación de fríjol, plátano maduro, pimienta de olor, panela, leche y sal.

 

Mompox participa de las recetas que son comunes a toda la región. Entre sus platos propios se cuentan el garapacho, especie de tortilla o perico, se hace con carne de hicotea (icotea), huevos batidos, guiso costeño, sal, pimienta y vino tinto. La boronía, extendida por toda la costa, el bagre estropiao (bagre salado, guiso, huevos batidos, harina de trigo, sal, pimienta), el ponche (chigüiro) y el ternero de vientre guisado.

 

cocina africana2El Archipiélago de San Andrés y Providencia

 

Dispone de tierras fértiles y de un mar generoso que ofrece con facilidad alimentos en abundancia para sus pobladores. Viven de la exportación de algunos frutos como cocos, naranjas, guandul, así como de animales en pie y de huevos de pájaros marinos.

 

Al lado de las plantaciones (tabaco, algodón y coco) en sus diferentes épocas, se desarrollaron cultivos de subsistencia como los de maíz, batata y fríjoles. También junto a los originarios del lugar, fueron aclimatados por los ingleses otros productos como el árbol de pan, el cual llegó del Pacífico a Jamaica y luego a San Andrés.

 

Los isleños tradicionales han contado con una dieta basada en pescado, cangrejos, caracol o carne, cerdo, yuca, arroz, plátano, batata y pasta de harina; consumen refrescos o infusiones de mañana y tarde, preparadas con hierbas, flores, limón y azúcar, entre ellas es muy popular el agua de Jamaica, que acompañan con panecitos dulces. Uno de los panecitos más apetitosos es el Johnny Cake, preparado en forma de tortita de harina de trigo, agua de coco, aceite y mantequilla que se asa en un horno de leña.

 

Su deliciosa y original culinaria se basa en la extraordinaria riqueza y en la variedad de sus productos marinos. El coco, su leche y su aceite son ingredientes fundamentales de su gastronomía tropical con los que preparan pescados, cangrejos, langostinos, langostas, caracoles de diario consumo, y por supuesto el arroz frito con coco.

 

El plato clásico de los nativos de la isla es el rundown (rondón) y su original mezcla de pescado, caracol, cerdo salado, yuca, ñame, plátano verde, fruta de árbol de pan y dumplings –rollitos de harina de trigo, polvo de hornear y sal, amasados con mantequilla y agua–, lo hace de una suculencia incomparable. El caldo de cangrejo, las albóndigas de pescado o caracol, el patty (muelas de cangrejo). El crab’s backs es otro plato exquisito de las islas en el cual la carne del cangrejo se mezcla con un sofrito de aceite, cebolla, pimentón, ajos y sal. Luego se rellenan los caparazones vacíos con la carne sofrita y se hornean.

 

Otro de los platos isleños destacados es el conch, exquisito caracol de pala guisado en leche y aceite de coco, aliñado con hierbas aromáticas como el tomillo, orégano, la albahaca, pimentón rojo, cebolla, sal-pimienta. De estas comunidades se conoce el vino de tamarindo. El consumo de carne de res es escaso entre los isleños, pues se lleva del continente a precios elevados, para consumo de turistas.

 

En síntesis, en las islas existen sabores y sentidos propios de una comunidad que ha venido en contactos con el Caribe y Europa reelaborando y creando sus propios sabores y sentidos de identidad.

 

cocina africana3El litoral Pacífico

 

La gente minera del Pacífico siembra de plátano y huertas caseras y dedica parte de su tiempo a la pesca de pargo, corvina, jurel, sierra, róbalo, bagre, camarones y langostinos y a la caza de aves, iguanas, guaguas, tatabros, armadillos, chuchas y ratones de monte entre otros, base de su alimentación. Entre las frutas se encuentra el mango, la naranja, la guaba, el caimito, el ciruelo, la piña, la papaya, el aguacate, la chirimoya, la pomarrosa, la guayaba, el anón y el zapote.

 

 

En esta región gran parte los cultivos se basan en el sistema de tumba y pudre que a menudo se trabaja en forma colectiva de minga. Los cultivos básicos son el plátano, el maíz y el arroz, otros incluyen la yuca, la caña de azúcar, el chontaduro, el coco, el borojó y otras frutas. Una parte de todos los cultivos se destina a la subsistencia, y el resto se comercializan.

 

Abastecimiento e intercambio de alimentos

 

La comercialización y abastecimiento de comida en la zona, tiene lugar en los grandes centros donde llegan sobre todo aquellos productos patentados, es decir, que no se consiguen allí como la sal, el azúcar, arroz, café, enlatados, jabón, cigarrillos y otros. Desde los mares y ríos bajan los potrillos cargados con canastos llenos de jaibas, cangrejos, camarones, coco y distintas variedades de pescado que la mujeres venden por unidad o por sartas. Los sembrados de las orillas aportan los plátanos y maíz chococito, desde el Chocó comercian cocadas y conservas. De otras regiones llegan las lentejas, el fríjol y todos los demás productos de la canasta. La dinámica del mercado tiene lugar entre centros productores y centros distribuidores. El intercambio de alimentos se desarrolla a partir de los grupos familiares y de los grupos de vecindad donde los lazos de parentesco y consanguinidad constituyen redes de apoyo y de trabajo, y así los alimentos circulan entonces entre nueras y suegras, madres e hijas, cuñadas, vecinas y comadres.

 

Gastronomía en la costa Pacífica colombiana

 

Sus costas, ensenadas y bahías favorecen la proliferación de un universo de platos preparados con pescados y mariscos que constituyen la base alimenticia de los habitantes afrocolombianos y que gustan acompañar con plátano y yuca. En esta región se encuentran unas prácticas culinarias básicas. El uso extraordinario de la leche de coco, que tiene en sí misma el poder de convertir un modesto plato de arroz en una delicia apreciada por propios y foráneos. Además se utiliza del coco el afrecho y la espiga.

 

 

El refrito de uso generalizado en la costa Pacífica es una preparación que se aliña con tomates maduros, cebolla larga, cebolla cabezona, ají criollo, pimentón verde, una cucharada de chillangua picada, una cucharadita de poleo picado, dos cucharadas de aceite chiotado (bija), sal, pimienta y comino al gusto. Todo esto se muele con piedra de mano y se pone a sofreír en aceite revolviendo de manera constante hasta

obtener una masa suave.

 

El color de achiote. Según testimonio de un habitante de la región se prepara de la siguiente manera: se echa la pepa al agua luego de sacarla de la vaina, una vez pasados tres días se saca, se cierne y se pone a cocinar. Se le agrega sal y aceite hasta que hierve. Cuando haya hervido un poco se baja y se guarda en una botella, de donde se va sacando para las comidas.

 

El uso de los aliños es muy corriente. Se trata de una serie de yerbas que se incorporan a la comida para darle sabor especial. Muchas de estas yerbas se siembran en la zotea pequeño andamio situado en frente de la casa. También se hacen crecer en materas, ollas, tarros y bolsas ubicadas al lado de otras que tienen propiedades medicinales. Componentes esenciales en las preparaciones tanto dulces como saladas. Una de las yerbas más utilizadas es la albahaca.

 

Las bebidas se preparan con las innumerables frutas exóticas que existen tal como el chontaduro del que se prepara jugo y chicha. Para la obtención del jugo primero hay que cocinar el chontaduro, luego se le saca la pepita que tiene adentro, se le agrega azúcar, leche y se bate en la licuadora.

 

Una variante de la receta es agregarle banano maduro. Para la chicha hay que cocinar y moler el chontaduro, cernirlo en susunga y luego ponerlo a cocinar, cuando esté listo se le agrega dulce y se guarda en una olla durante dos días.

 

Otras de las frutas son el almirajó y el borojó de magnífico sabor y de diversas propiedades, con el que se preparan agradables refrescos de consumo diario.

 

Técnicas de conservación de alimentos

 

La urgencia de preservar los alimentos es una necesidad que surge de manera especial cuando hay excedentes o cuando se espera una prolongada duración de los mismos. Entre las técnicas usuales para la conservación del pescado y de la carne de los animales de monte, tanto en la costa Caribe como en la Pacífica, existen:

 

El ahumado, que consiste en prender el fogón y colocar la carne sobre una esterilla hecha con palitos de hoja de coco o leña, prender la leña y voltear la carne de vez en cuando. La carne tratada de esta manera puede durar hasta ocho días.

 

El secado, luego del despellejado y escalado de las carnes se deja en una batea de un día para otro. Después se abre y se expone todo el día al sol, se va volteando y luego de “tres o cuatro soles” se pone tiesa y se almacena en un cajón con tapa. Puede durar hasta dos meses.

 

El salpresado del pescado, luego de retirarle las tripas, se le agrega sal y se guarda en un recipiente tapado donde se conserva dos o tres días.

 

africano alimentoManifestaciones locales de la culinaria del Pacífico

 

Entre el mosaico de sabores de la cocina chocoana goza de gran reconocimiento la longaniza ahumada, embutido de carne guisada y condimentada con especies y aliños de la localidad. De la misma zona es el biche o alcohol de caña destilado de manera artesanal; las almojábanas realizadas con harina de yuca y queso, el plátano cocido y frito acompañado con queso de leche de vaca, muy salado, también frito.

 

Bebidas como el jugo de guineo, colada de piña, chocolate con leche de coco, el sorbete de borojó (almirajó). Entre las sopas el caldo de dentón salpreso, el de guacuco, el caldo de queso y cebolla, el guarrú, sancocho de mulata paseadora. Como aperitivos y principios las arepas y los buñuelitos de fruto del árbol del pan, arepas de ñame blanco, el jujú, las masafritas de tuga, panochas, querrevengas, la torta de ñame y la torta de huevos de pescado. Platos fuertes el arroz atollado, arroz clavado, el bacalao de pescado seco-liso, la chanfaina, dentón o bocachico con escamas, el guiso de cogollo de palma de chontaduro y el pescado con lulo chocoano. Entre los postres el arroz con leche de coco y la jalea de árbol de pan.

 

Del Pacífico sur-colombiano, zona habitada por grupos afrocolombianos, se acostumbra el encocado de róbalo o de corvina con leche de coco, hierbas y sazones locales. También están los pasabocas de coco y harina, horneados al igual que las almojábanas.

 

Buenaventura, Guapa y Tumaco constituyen el círculo gastronómico de la región y aunque comparten muchas preparaciones siempre sorprende la originalidad y la creatividad para la manifestación de un toque distintivo en cada pueblo y lugar.

 

La distinción de Guapa en sofisticación de sus productos y su mercado disfruta de una variedad impresionante de alimentos que es posible gracias a la estratégica posición de esta bella población. En ella se halla una infinita variedad de pescados y mariscos, carnes de caza y magníficas cecinas que llegan en barriles desde distintos puntos del país. Uno de los platos más exquisitos es el arroz atollado de almejas.

 

Buenaventura tiene la sopa de piangua, entre los aperitivos, los aguacates rellenos, el cebiche de camarones o langostinos, el de pescado y el de piangua, las empanadas de pescado y los huevos de iguana. Entre los platos fuertes la cazuela de mariscos, el encocao de jaiba, el pastel de pescado, el pescado con cohombros y el pescado encurtido. Entre los postres las chancacas y las cocadas de Buenaventura.

 

En Tumaco se consumen como bebidas el fresco de guanábana. Entre las sopas la crema de aguacate y la de cabezas de langostino, la crema de huevos de pescado (tumbacatre), el pusandao de carne serrana, la sopa de lentejas con pescado ahumado. Como aperitivos y principios, los aborrajados de pescado, las empanadas de jaiba o camarón, ensalada de calamar y la de camarón o langostino, gato encerrado y el repingacho de pescado o de queso. Como platos el arroz con calamares en su tinta y los calamares rellenos, el encocao de chaupiza, los pusandaos de bagre, pargo o corvina.

 

En Barbacoas (Nariño), entre las bebidas, la poleada, entre los aperitivos y principios la calloya, el concolón y el palanzán.

 

En Guapa, entre las bebidas se acostumbran el jugo o aperitivo de naidí, fruto de la palma machacado con piedra, el jugo de socoromo o milpeso. Preparan caldo de gasapo (camarones o gusanos), el quebrao y el de pescado seco, la sopa de almejas y la de cangrejos y la sopa de cangrejos con arroz o pasta y el tapado de pescado. Como aperitivos y principios, la chaupiza, el fríjol tapajeño, el guiso de chaupiza, los huevos de piendé, majajas, el toyo, y entre los platos fuertes el arroz atollado: con jaibas (o cangrejo), almejas, chamberos, piangua, toyo ahumado o el de mujer; el carapacho de jaiba, los guisos: de cola de babilla, chamberos, gasapos, guagua, guatín, de huevos de sierra, iguana, de iguazas (patos salvajes), muncilla, de pate’burro, de ratón de monte ahumado, de sultán, toyo, tulizio ahumado, zorra ahumada. La rellena, tamales de cerdo, gallina, chigua, de masa de arroz, pescado, piangua, de tortuga de río y de tortuga de carapacho. Como postre, cabellitos de papaya biche.

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caribe afroDesde su llegada a lo que hoy es Colombia, la gente africana humanizó los entornos naturales en donde vivió. El proceso de adaptación a los bosques tropicales colombianos dio como resultado que amplias franjas de manglares del Caribe y del Pacífico, fueran transformadas en un paisaje de asentamientos humanos que siguen el curso de ríos, caños, ciénagas, ensenadas y esteros. Este hábitat sinuoso y disperso de las áreas rurales selváticas se combina con ciudades populosas de los litorales cuya densidad de población es en su mayoría afrocolombiana. Cartagena de Indias, Buenaventura, Tumaco, Turbo, Barranquilla son apenas algunos ejemplos. Sin embargo, tanto en los poblados de la selva como en los barrios urbanos, la gente afrocolombiana recrea tipos de vivienda y sistemas de organización del espacio privado y público, semejantes. Esta permanencia de estrategias de apropiación y transformación de los espacios de vida atiende a las exigencias de la familia extensa y se apoya en las redes de solidaridad que aseguran la sobreviviencia de cada uno de los miembros de las parentelas. Por otra parte, el triunfo de la creatividad y de la capacidad de adaptación de estos pueblos deslumbra en su arquitectura y en la delicada ornamentación que la acompaña.

 

La arquitectura es una de las más preciadas expresiones de la cultura y de la historia de una comunidad. Es una referencia espacial de la memoria. Es por ello que el paisaje urbano y rural, sus parques, plazas, casas, calles encierran códigos muy especiales de la identidad cultural de los afrocolombianos. Su estudio también permite comprender que a lo largo de la costa pacífica o caribeña existen subregiones culturales cuyas diferencias también se escenifican en la forma de los poblados y en su arquitectura.

 

Cuando de llevar a cabo una obra se trata, la gente afrocolombiana conforma equipos comunales que, además de las faenas de la construcción, comparten alegría, comida y licor. Diferentes acciones y obras se logran en virtud de las relaciones laborales y sociales basadas en la solidaridad y el trabajo en común. La construcción de viviendas, de casas comunales y el arreglo de caminos se cuentan entre ellas.

 

En las aldeas típicas de pobladores afrocolombianos, las actividades domésticas se realizan en los espacios colectivos: la calle, las zonas comunales y el solar. En estos espacios apilan el arroz y el maíz, secan la ropa y el pescado. El río ha sido el lugar tradicional de encuentro de las mujeres lavando la ropa y la loza, oficios animados por largas y animadas conversaciones. No obstante estas semejanzas respecto a la vivencia del espacio, el hábitat y la arquitectura afrocolombianos son tan diversos como las regiones en las cuales se han desarrollado sus culturas. Así por ejemplo en el Archipiélago de San Andrés y Providencia las viviendas guardan claras similitudes con la arquitectura de las grandes Antillas anglófonas. Por su parte, en el Pacífico sur colombiano, la vivienda sobre palafitos asegura el hogar de las inclemencias de las grandes mareas.

 

El Litoral Caribe

 

Los sistemas rurales y urbanos del Caribe se han moldeado al ritmo de las crecientes y sequías en los valles fluviales y de los flujos y reflujos del mar. Las aldeas más antiguas y las ciudades más modernas se transforman atentas a las interacciones entre los ecosistemas marinos y fluviales. En el Archipiélago de San Andrés y Providencia, la fragilidad coralina, los tornados y la insularidad también tienen que ver con sus propios paisajes.

 

La vivienda afrocolombiana rural caribeña se realiza en madera con techos de palma. Estas casas tienen solares en donde se halla la cocina y están rodeadas de empalizadas. Esta misma estructura se conserva en las ciudades aun cuando la madera y la palma sea reemplazadas por ladrillos y tejas de zinc. Se sabe que a principios de siglo XX en Necoclí (Córdoba) las viviendas eran sencillas construcciones de palma amarga. El techo y la armazón eran en caña de flecha armada con bejucos. Las paredes se cubrían con caña de flecha y una mezcla de arena y estiércol de vaca. A partir de 1955 estos materiales fueron reemplazados por los ladrillos y cementos que llegaban de Cartagena, la piedra que provenía de Tortuguilla y Puerto Escondido y la gravilla procedente del poblado de Zapata.

 

Pero además de la relación entre naturaleza, hábitat y arquitectura, factores económicos y políticos han incidido en la configuración de los espacios de vida de la gente afrocaribeña.

 

El caso de la región caribeña del Urabá es bastante útil para comprender los impactos de las políticas económicas en la transformación de los paisajes. A principios del siglo XX, esta región recibió oleadas masivas de inmigrantes que precedían del departamento de Bolívar. Al mismo tiempo llegaban personas de los ríos del Chocó para instalarse en las zonas fronterizas con Panamá. Había comenzado la construcción del canal. Años más tarde hicieron su aparición los primeros enclaves económicos con capital extranjero. Se trataba de la agroindustria del banano, y de la caña de azúcar. Ésta última se procesaba en el ingenio de Sautatá (Chocó). Estas actividades económicas incentivaron flujos de población chocoana hacia la región y fueron surgiendo nuevos asentamientos en la toda la zona del golfo. A lo largo de todo el siglo XX, procesos de migración laboral de las comunidades afrocolombianas comparables al anterior han dejado huellas en la arquitectura de los lugares en donde habitan de manera permanente o temporal. El color y la ornamentación de sus viviendas decoran la zona bananera, los pueblos costeros de pescadores, la región algodonera y las grandes ciudades del Caribe colombiano. Estos atributos hacen parte constitutiva de su estética.

 

Y ésta no sería como es si no fuera por la omnipresencia del mar Caribe y sus diálogos con ríos caudalosos e islas coralinas. Estas antiguas relaciones del agua salada con el agua dulce han forjado manejos ambientales, espaciales y estéticos propios de culturas cuya identidad se define respecto al mar. Los hábitats y arquitecturas caribeños se ordenan en función de distancias que no se desenvuelven en tierra firme sino en el tiempo propio de la navegación. Este hecho particular hace que el poblamiento y las tipologías de asentamientos caribeños estén casi siempre definidos respecto al agua, a su cercanía o distanciamiento respecto al sitio de habitación.

 

El río Magdalena y el Canal del Dique son dos grandes protagonistas de la región. Desde finales del siglo XVII, el Canal del Dique representó una nueva vía para unir el mar Caribe con la tierra firme. La vía natural hasta entonces había sido la desembocadura del río Magadalena en las Bocas de Ceniza, que lamentablemente quedaban muy alejadas de Cartagena de Indias, principal puerto comercial del territorio de la Nueva Granada y del imperio español. Estas vías fluvial la una, natural la otra, fruto de la ingeniería española colonial, representan salidas directas desde la tierra adentro hacia el mar Caribe, que conecta a la región y al país con el mundo exterior.

 

A nivel regional, existen numerosas redes de intercambios de mercancías, productos agrícolas, animales y personas que se transportan entre los poblados fluviales ribereños. O entre éstos y las poblaciones costeras que se hallan al borde del mar. En ambos, el pescado, el arroz y el plátano se comparten por igual. Las culturas que se han desarrollado en estas regiones han sido llamadas anfibias porque la vida cotidiana de sus habitantes es un eterno vaivén entre el agua y la tierra. Las crecidas de los ríos Magdalena, Cauca, Sinú y San Jorge inundan las tierras sabaneras alejadas de los litorales.

 

Este hecho natural ha obligado a los moradores de las riberas a crear sistemas adecuados que les permitan salvaguardar sus vidas y patrimonios cuando el agua desborda sus límites. Las casas son construidas de tal modo que en su interior se pueda colocar una especie de balsa en el momento en que suben las aguas. En la balsa se colocan los enseres personales y las personas donde estarán a salvo hasta que los niveles del agua desciendan.

 

Por su parte, la gente de las costas ha aprendido a protegerse de los vientos fuertes o de los tornados que atacan pueblos y ciudades procedentes de alta mar. La solidez de sus sitios de habitación debe garantizar esta salvaguarda.

 

Tipos de asentamientos

 

Los asentamientos lineales costeros son pueblos antiguos dispuestos de forma lineal a las playas. En caso de estar situados en pequeñas bahías adquieren un carácter semicircular arropando así la pequeña ensenada que abriga el poblado. La playa y pequeñas plazoletas componen el espacio público que es tanto de uso familiar como colectivo. En algunos pueblos existe una pequeña capilla situada al final de la plazoleta. Los asentamientos mixtos son poblados construidos en la confluencia de ríos o quebradas y el mar. Fluviales y costeros, comparten la cercanía al agua dulce y al agua salada. Los estudiosos de este tipo de hábitat afirman que estos asentamientos surgieron como poblados fluviales situados casi siempre en las desembocaduras de ríos o quebradas. Y sólo poco a poco se expandieron hasta alcanzar la proximidad de la costa. La forma como esta distribuido el espacio en estos poblados deja ver la combinación de herencias españolas que se expresan en el damero rectangular con manejos de espacios privados de claro acento africano.

 

 

Muchos pueblos afrocaribeños están organizados siguiendo la cuadrícula española compuesta por las cuadras y las manzanas, en cuyo centro se halla una gran plaza, lugar de la alcaldía y la iglesia. Pueblos antiguos fundados desde el siglo XVII, como Barú, Santa Ana, Tolú, y otros como Puerto Escondido, San Bernardo del Viento, o los de gran tradición de pesca como Taganga presentan esta disposición del espacio público. Sin embargo, al entrar en la intimidad de una residencia el espacio se transforma. Los ámbitos de la vida familiar y social giran alrededor de la cocina situada en el solar de la casa. En las casas de la gente afrocaribeña en Colombia, la cocina es una edificación aparte del resto de la vivienda. Casi siempre se trata de una sólida enramada, con techo de palma sostenido por troncos de madera. Es el lugar de reunión por excelencia y centro de transmisión de valores e informaciones básicas sobre la identidad. Al igual que en el África occidental, los solares en donde se hallan las cocinas son lugares de sombra gracias a sus árboles. En los días calurosos del trópico, el solar representa un refugio de frescura y de encuentro. La presencia del árbol en los espacios privados de las familias afrocolombianas es de gran significación puesto que para sus ancestros africanos, el árbol es símbolo de la memoria familiar. Debajo de grandes ceibas, manzanillos u otras especies, las mujeres y los ancianos afrocolombianos han trasmitido a sus hijos todo cuanto saben sobre el mundo y sobre el más allá.

 

El Caribe no sólo es un espacio de confluencias entre los ríos y el mar. Allí también han convergido personas de muy diversos orígenes. La presencia de grandes zonas de interacción entre gente de origen africano e indígena es una de sus características más importantes. Córdoba, Sucre, César, La Guajira son departamentos cuya población es en gran parte afro-indígena. Ganaderos y agricultores, pescadores de agua dulce, la gente sabanera tiene una larga tradición arquitectónica que combina los conocimientos ancestrales de los indígenas y los africanos. Lamentablemente no existen estudios sistemáticos sobre estas tradiciones. Es evidente que sus contactos remontan a los tiempos de la Conquista. También es claro que las tradiciones culturales afro-indígenas poseen rasgos que las diferencian de los pueblos de ascendencia africana que se tuvieron mayores contactos con los europeos o entre ellos, como es caso de ciudades como Cartagena de Indias o numerosos pueblos de ganaderos, agricultores y pescadores afrocolombianos de la región.

 

Existe otro tipo de asentamiento costero que a diferencia del anterior se caracteriza por haber surgido a orillas del mar de donde sus habitantes obtienen los recursos necesarios para vivir. La vida cotidiana de estos pueblos costeros transcurre en la playa, espacio público por excelencia. Debido a los movimientos de población de las áreas rurales sabaneras hacia las costas, estos pueblos han crecido y sus estructuras urbanas originales se han ido transformando. Por eso se habla de ellos como asentamientos costeros complejos. Una de las mayores transformaciones de estos poblados consiste en la introducción de edificaciones institucionales como colegios, canchas, hospitales, alcaldías. Lamentablemente en muchos casos no se respeta la arquitectura tradicional.

 

El Palenque de San Basilio

 

El Palenque de San Basilio es un poblado fundado por cimarrones quienes al mando de Domingo Biohó huyeron al monte para recuperar su libertad. Estos hechos sucedieron en el siglo XVII, en lo que hoy es el municipio de Mahates (Bolívar). Los rebeldes se ubicaron en los pequeños valles de los Montes de María. Su elección estuvo relacionada con las abundantes lluvias que bañan la región nutriendo los caudales de los arroyos que proveían y aún proveen de agua a sus habitantes. El arroyo Caballito es un lugar de gran importancia para la cultura palenquera. Allí han encontrado la manera de satisfacer sus necesidades como el baño y el lavado de la ropa. Pero el agua que se utiliza para el hogar y la alimentación no se toma directamente de la corriente. En los playones del arroyo, las mujeres cavan pocitos llamados cacimbas. Gracias a la filtración se llenan de agua más cristalina que las mujeres transportan en unos cilindros de latón.

 

Las casas del Palenque se construyen hoy con palma amarga, lata y bejuco malibú. Antes de la Guerra de los Mil Días (1899-1902), las manzanas del lugar contaban con un mayor número de casas. Pero el paso de tropas del general Jaramillo incendió todo el poblado en represalia por la ayuda que sus moradores le habían prestado al general Robles, jefe de un batallón hostil al gobierno. Ese mismo día incendiaron a Plan Parejo, situado en la mitad del camino que conduce de Palenque a Malagana, donde existían alrededor de unas sesenta casas de pobladores afrocolombianos.

 

A raíz del título mundial de boxeo obtenido por Pambelé en 1974, el gobierno instaló el servicio de energía eléctrica en la población y en 1978 se inauguró el servicio de acueducto cuyo funcionamiento esporádico no ha cambiado las costumbres de ir al arroyo para lavar la ropa y conversar. La construcción del coliseo de boxeo fue otra de las obras que dejó el campeón mundial en San Basilio.

 

En 1979 el poblado tenía siete calles, dos de las cuales salen de una inmensa plaza, en cuyo cementerio se encuentra en la entrada de la población. Para esa fecha existían 308 viviendas construidas en bahareque.

 

La casa típica palenquera es de planta rectangular con techo a cuatro vertientes. Todo el material utilizado en la construcción lo suministra el entorno. El techo es de palma amarga y las paredes de lata, las cuales se colocan verticalmente, bien acopladas y sujetas con bejuco malibú a varas gruesas y dispuestas de manera horizontal. En términos generales recubren las paredes interiores y exteriores con una mezcla de estiércol con arena.

 

Es costumbre en el lugar que la construcción de la vivienda esté bajo la dirección de un maestro de obras y lo usual es que tal labor se lleve a cabo en forma comunal.

 

El Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina

 

En tiempos de los asaltos de los piratas a la isla, los africanos fugados de las plantaciones se ubicaron en las partes altas del lugar. Vivieron en casas que armaron con bejucos, ramas, hojas de palma de coco y mangle y madera.

 

Las viviendas típicas del archipiélago corresponden a un estilo de marcado acento afroanglo- caribeño. Estas construcciones se hacen en madera de pino machihembrado la cual es importada de Nicaragua o del sur de los Estados Unidos. Su montaje se hacía mediante trabajo compartido entre familiares y vecinos. Más de la mitad de las casas estaban pintadas de blanco, predominando los acabados en colores vivos, que imprimen un toque pintoresco al paisaje. La ornamentación es refinada y sus adornos llaman la atención por la delicada combinación de sus colores. Las casas se edifican casi siempre sobre pilotes o troncos de árboles, en soportes de concreto o en bloques de piedra basáltica como en Providencia. Levantar la casa permite aislarla de la humedad. Estos pilotes las levantan del suelo de 0.60 a 1.2 metros. Se encuentran ubicadas entre las palmas de coco, a la vera de los caminos o en la orilla del mar. Los jardines y antejardines, en ocasiones encerrados con cercas vivas, están sembrados con flores ornamentales del trópico. También tienen árboles de mango o de naranjo que crecen silvestre. El balcón es el sitio de descanso, hecho para disfrutar de la brisa y de la sombra, ver pasar el día desde las hamacas y reunirse con los vecinos, son estas algunas de las razones por las cuales se continúa con la tradición de construir el balcón, que se ubica en la parte anterior o alrededor de las viviendas. Las residencias tradicionales han ido desapareciendo con la migración de gente del continente que llega atraída por el comercio del puerto libre.

 

La casa afrocaribeña de las islas

 

El equilibrio entre la arquitectura y la naturaleza resulta de la unión perfecta entre los colores de la vegetación y los tonos vivos de las fachadas. La vivienda típica afro-caribeña de San Andrés y Providencia responde a las exigencias de un clima húmedo y de altas temperaturas, que decolora las fachadas y que hace necesario pintarlas a menudo. Además, su solidez le permite salir bien librada de la acción de tormentas, brisas y fuertes lluvias tropicales.

 

El estilo de casa más popular es de planta rectangular, de madera machihembrada que se coloca de manera horizontal en las paredes. El espacio interior se divide en tres o cuatro compartimientos. Posee una puerta de entrada en el centro, con frente a la calle y grandes ventanas.. El eje de la cerca del techo va paralelo a la calle, de tal manera que las culatas quedan hacia los lados. Los techos de paja de otro tiempo, han sido reemplazados por tejas de zinc o eternit corrugadas y también por tejas de madera. Los canales que recogen las aguas lluvias del techo, descargan directo en cisternas, en su mayoría de concreto, pues también las hay de madera como barriles gigantes, localizadas en la mayoría de los patios frente a las culatas de las casas.

 

La adopción del concreto y bloques de cemento como materiales de construcción amenaza con desaparecer el llamativo estilo arquitectónico tradicional de las Islas. En estos materiales ya se han construido, numerosas casas para la atención de servicios públicos como escuelas, el hospital, el Instituto de Seguros Sociales y numerosas edificaciones para hoteles, teatros y almacenes de todo género.

 

La isla de San Andrés se encuentra bordeada por una carretera, llamada de circunvalación, que la recorre en medio de una arboleda de cocos. Hacia el norte se encuentra el aeropuerto, en la misma vía se encuentran los restaurantes típicos y la fábrica de grasas. Bordeando la costa oriental se llega a San Luis y después al Apostadero Naval.

 

El Litoral Pacífico

 

El poblamiento del Pacífico colombiano se realizó en múltiples oleadas que pueden catalogarse en dos grandes ciclos. El primero es el llevado a cabo por las culturas amerindias las cuales desde el siglo XVI comenzaron a decaer bajo el impacto de las operaciones militares españolas. El segundo, ciclo calificado como afroamericano, se inicia en el siglo XVII cuando los españoles dominan a los pueblos indígenas quienes les hicieron la guerra por más de un siglo para defender sus territorios. Vencidos son ubicados en las cabeceras los ríos principales y de sus afluentes, mientras que en las orillas de los ríos principales, los españoles levantan campamentos mineros con trabajadores africanos y sus descendientes. A partir del siglo XVIII, las familias esclavizadas comienzan a comprar sus cartas de libertad y sus amplias parentelas empiezan a migrar en busca de nuevas tierras en donde instalarse lejos de sus antiguos amos. Esta expansión territorial de los afrocolombianos de entonces los llevó a instalarse en regiones como el Alto Baudó en abandonaron sus prácticas mineras por la agricultura, la recolección de moluscos y la cacería. El siglo XVIII representa un periodo de gran expansión demográfica y territorial de las poblaciones afrocolombianas en todo el litoral. Durante el siglo XIX, las leyes de abolición propiciaron nuevas migraciones de libertos en toda la región. Con el inicio de la colonización agraria y de la minería independiente impulsada por cimarrones y luego por libertos y manumisos, el poblamiento alcanzó su pleno desarrollo a comienzos del siglo XX, todo ello gracias a diversas estrategias adaptativas que idearon sus moradores a lo largo del litoral.

 

Desde el siglo XVIII, cimarrones, libertos y manumisos se lanzaron a la conquista pacífica de las selvas. Fundaron numerosas estancias ribereñas para el cultivo de maíz, caña, coco, arroz, yuca y plátano. Poco a poco se agruparon en pequeños focos residenciales a lo largo de los ríos, creando así un hábitat longitudinal y de vecindad que le da fisonomía al actual sistema aldeano. La concentración en pequeños asentamientos es la característica predominante del poblamiento moderno del Pacífico, Chocó y las costas del Valle del Cauca, Cauca y Nariño. La malla urbana está estructurada a partir de un conjunto de centros menores con rasgos de aldea y miles de caseríos vinculados a las áreas productivas, adscritos a cabeceras rurales que están entre 2000 y 3000 habitantes.

 

La gente del Pacífico, está sometida a la acción permanente de las fuerzas de la naturaleza: maremotos y lluvias torrenciales que desencadenan incendios y aislamiento de las vías. Caseríos situados en áreas de mucha vulnerabilidad, viven una amenaza permanente que cumplían funciones protectoras y de alimentación básica. Los desastres naturales generan migraciones de poblaciones enteras que se reconforman alrededor de nuevas circunstancias generalmente urbanas. El abandono de sus pueblos y tierras también llega por el declive o la quiebra de empresas nacionales o extranjeras explotadoras de los recursos naturales. Cuando se cesa la producción extractiva la gente empobrecida va a buscar nuevas posibilidades en otros lugares. Tal es el caso de Barbacoas y Lloró con sus casas de balcón y su rica arquitectura de madera símbolos de una pasado de riqueza minera hoy en ruinas. Esta misma situación vivieron los complejos mineros de Andagoya y Condoto. Sus calles y sus casas, hoy sólo son huellas de una prosperidad fugaz basada en los ciclos de bonanza y crisis de las economías extractivas.

 

Las políticas económicas y los ciclos de producción extractiva hacen que la tipología espacial de los asentamientos afrocolombianos del Pacífico cambien de manera constante, sufriendo en ocasiones serias rupturas que llevan a desaparecer los modelos urbanísticos autóctonos tradicionales. No obstante, sus tradiciones culturales de raíces africanas, han consolidado estos pueblos gracias a los sentimientos de identidad y de pertenencia territorial de sus habitantes.

 

Los asentamientos fluviales

 

Los asentamientos fluviales son característicos del poblamiento afro del Pacífico. La mayoría de estos pueblos se originaron como resultado del ordenamiento territorial impuesto por la economía minera colonial. A lo largo de la Colonia y durante toda la República las tasas de natalidad de estos pueblos permitieron que llegaran a ser hoy la población predominante a lo largo de ríos y quebradas. El pacífico colombiano es una región irrigada por ríos que configuran extensos deltas y una trama de circuitos acuáticos por donde es posible navegar y desarrollar múltiples actividades de intercambio social y comercial. Este paisaje permite rememorar las costas occidentales africanas, de manera especial, las costas del golfo de Guinea de donde llegaron Ararás, Carabalíes y Minas a trabajar en las minas del pacífico colombiano. Es muy posible que su memoria botánica y zoológica del mismo modo que los manejos de ecosistemas fluviales y marítimos les hubiera permitido reconstruir la cultura del agua de la cual eran portadores. De ahí que sus poblados se presenten al observador como una sinuosa trama lineal paralela a los ríos.

 

Esta dinámica de poblamiento afrocolombiano se conoce como sistema aldeano fluvial. Además, de su linealidad respecto al río, se caracteriza por el manejo de espacios colectivos que representan el 75% del área ocupada por las aldeas. Las viviendas son separadas entre sí. La cercanía al agua de río o quebradas o al agua del mar, las viviendas están siempre expuestas a las inundaciones. De ahí que la vivienda sea palafítica, es decir, alzada en pilotes a alturas que pueden variar de 0.60 a 3.5 metros. Las casas elevadas están comunicadas por medio de puentes de madera. En la calle principal contigua al puerto sobre el río, se desarrollan las actividades cotidianas de la comunidad: el mercado, el lavado de ropa, los servicios sanitarios flotantes y el servicio de transporte. En estos poblados el río es el sitio de referencia y la vía de comunicación natural de los habitantes del lugar.

 

Muchos de los poblados fluviales asentados sobre los ríos Atrato, San Juan, Baudó, Telembí o Güelmambi tienen viviendas palafíticas para protegerse de la humedad, de los bichos y de las permanentes inundaciones. Las casas se comunican mediante una red de puentes que unen las terrazas. Estos puente son una prolongación de las áreas comunes de las viviendas. En ellos se realizan actividades familiares y sociales. Riosucio (Chocó), presenta un tipo más elaborado de asentamiento fluvial. Su desarrollo urbanístico lo ha convertido en centro regional. Su crecimiento se hizo por calles paralelas a la principal sobre el río hasta llegar a la parte posterior del poblado en donde se hallan las ciénagas.

 

El caso de los asentamientos fluviales modernos es bastante común en todo el litoral. En general la vivienda de estas pequeñas ciudades en la selva corresponde al ancho de la manzana que conforman las viviendas apareándose o dejando una especie de zaguán. Es decir que las manzanas sólo se encuentran separadas por pequeños callejones.

 

Los edificios institucionales de arquitectura similar a las de las viviendas, sólo se diferencian en el tamaño y son casi siempre construcciones de dos niveles. En el Bajo Baudó también se configuran los caseríos alineados a lo largo de las orillas de los ríos. Lo que es una constante en el Pacífico Colombiano.

 

El espacio público: lugar del encuentro

 

La noción y el manejo del espacio público en los poblados del Pacífico es muy intensa pues representa una extensión del espacio privado familiar. Esta apropiación social del espacio público marca de manera notable las relaciones que los particulares hacen de ese espacio. Algunos rasgos característicos de esta socialización del espacio público se refleja en la carencia de linderos, y en la ausencia de una separación clara o determinante entre unas áreas y otras.

 

El solar de la casa se constituye en el primer nivel del espacio social caracterizado por ser el centro de actividades de la vivienda, donde se concentran sus moradores para el desarrollo de varios oficios. Este ámbito privado e íntimo en la cual se desenvuelve la vida cotidiana de la gente afrocolombiana del Pacífico, se extiende hacia los espacios catalogados como exteriores: la terraza, la acerca y el corredor se llenan de sillas al atardecer para ver pasar a los conocidos, jugar a las cartas y comentar los sucesos más importantes del lugar. Al igual que en los solares, las casas tienen árboles de sombra sembrados para dar sombra.

 

De esta forma, el núcleo de habitación de la vivienda afrocolombiana es relegado a un plano funcional destinados sólo para las actividades diarias como dormir y asearse. La cocina en el solar y la terraza delantera o corredor son los espacios en donde se desarrolla la vida en sociedad.

 

En el caso del Chocó existe una variante de estos espacios sociales que se conoce como la paliadera. Se trata de una terraza elevada situada en la parte posterior de la casa, donde se realizan las actividades relacionadas con el agua y que antes tenían lugar en el río. Ese mismo lugar cumple la función de huerta casera. allí se encuentran sembradas las plantas y hierbas medicinales. También se extiende la ropa y se desarrollan algunas actividades de socialización. En dichos espacios se da continuidad a las actividades que se desarrollan en el río como el baño y el lavado de las ropas. Las paliaderas son espacios que se hayan en la frontera entre lo público y lo privado, dando así un toque particular a la vida en las aldeas del Pacífico colombiano.

 

El hábitat de esta región se articula sobre un vecindario residencial multifamiliar, embrión de un pueblo. Su subsistencia depende del cultivo en huertos caseros conocidos como azoteas situados alrededor de la vivienda. También cultivan sus colinos familiares. Allí siembran plátano, el principal alimento, cocotero, papachina, caña de azúcar, yuca ñame y frutales. Complementan su alimentación con lo obtenido durante las actividades de pesca, caza y recolección de frutos del bosque. Esta relación con el entorno describe un orden que va de los espacios domésticos a los de la vida silvestre.

 

Los caseríos en hilera continua ó discontinua, con solares y huertas serpentean los ríos y las costas del Pacífico colombiano. El desarrollo del comercio y las actividades administrativas se diversifican y se empieza a dar la división social del trabajo, favoreciendo la conformación de un centro comarcal que tal vez sea elevado a la categoría de nuevo municipio.

 

Vivienda, tecnología y medio ambiente

 

Las construcciones del Pacífico actuales manifiestan aportes de otros pobladores de la región. Se distinguen, los tambos de la gente embera, la casa campesina anfibia ubicada en las márgenes del Atrato y el San Juan, la vivienda de tenderos antioqueños radicados en las cabeceras municipales, las casas vacacionales de la gente del centro del país y la casa campamento originada con la presencia de empresas como la Chocó-Pacífico y la United Fruit Company. En estas construcciones tanto como en las llevadas a cabo por la gente afrocolombiana de la selva. se reconocen básicamente tres tipos de materiales de construcción: Los primeros, son catalogados como autóctonos, es decir, los materiales que se aprovechan luego del desmonte o que son extraídos del entorno inmediato. Se emplean mayor transformación o en algunos casos se utilizan con una adecuación realizada en función de la obra. Así la madera se combina con hojas y esterillas de palma, bambú o chonta, horquetas, palos redondos, cintas y varetas de cañabrava, guadua y latas de la misma.

 

Los materiales llamados tradicionales son aquellos obtenidos en la selva. A diferencia de los llamados autóctonos, los tradicionales son pulidos y transformados de manera en talleres familiares artesanales. Las maderas son labradas con hacha. Son de uso tradicional en la región las maderas rollizas bien cortadas y con recubrimientos de esterilla de barro. Entre las maderas más usadas se encuentran el guayacán, huino, abarco, cedro, alisal, aporrejado, aceite, corcho y también se utiliza la madera de mangle para la construcción de viviendas que levantan sobre pilotes.

 

Los otros materiales se conocen como industriales o modernos. Entre ellos se destacan el cemento, las tejas de asbesto y las láminas de zinc. Entre 1910-1915 las compañías extrajeras de minería como la Chocó-Pacífico difundieron su uso en la zona del Atrato. A partir de 1971, en este modelo se prolonga la cocina con la paliadera donde está instalada la llave del acueducto domiciliario recién inaugurado, y se cambia paulatinamente el techo pajizo por la cubierta en tejas asfálticas corrugadas o en asbesto-cemento de eternit.

 

Sistemas utilizados en la construcción

 

En esta región los carpinteros quienes en muchos casos se desempeñan como maestros de obra emplean maderas finas. Utilizan dos sistemas estructurales: el de estructura apoyada en el piso y el de estructura independiente del piso. De aquí parten para resolver las distintas situaciones que les plantea el oficio de la construcción.

 

La casa chocoana rural se distingue por el uso de horcones, plataforma en palma, lo mismo que el cerramiento, cubierta en palma. A diferencia del indígena, la gente afrocolombiana cierra completamente sus viviendas y abre ventanas laterales y una puerta central. Por lo general la estructura es de madera rolliza. Las divisiones son en madera se realiza con listones de 2 x 2 pulgadas. En un mismo poblado y aún en una misma casa, es posible encontrar mezclas de formas y materiales autóctonos, tradicionales e industriales.

 

Entre los problemas más frecuentes que hacen optar por nuevos materiales se ha identificado, por ejemplo, que la esterilla deja pasar el aire a través de las paredes, mientras que las tablas ofrecen más protección contra la intemperie aunque aumentan la temperatura interior de la vivienda. La cubierta vegetal refresca los interiores, pero requiere mantenimiento y arreglos continuos costosos. La cubierta metálica, es mucho más durable pero es caliente y costosa y aumenta las necesidades de ventilación y aislamiento térmico por medio de cielorraso, ventanas y celosías frontales y laterales. Sin embargo, en las áreas urbanas de población afrocolombiana de bajos recursos económicos, estas últimas se eliminan a menudo quedando las viviendas cerradas en tabla y techadas en zinc o aluminio con poca ventilación.

 

Así tratando de resolver algunos problemas se crea uno nuevo, el del calor excesivo en las alcobas y en la cocina, producido por el uso de zinc, además, de la falta de cielo, carencia de rejillas de ventilación y de ventanas e insuficiencia del espacio. Puede anotarse también que la prolongación de las paredes interiores y exteriores hasta la altura del cielo y de las vigas que soportan el techo, impide la circulación transversal del aire, también los cielorrasos horizontales en peine mono, muy bajos, aíslan el calor, pero reducen el volumen de aire.

 

De las vigas mamas a la vivienda moderna en el Pacífico

 

Igual que sucede en la cuenca del río Güelnambí afluente del Telembí en Nariño, en el Chocó existen unas piezas enormes de madera que se legan de generación en generación para la construcción de las viviendas. Son una vigas patrimoniales y son las primeras en rescatar en caso de incendio. Estos horcones de trúntago (variedad del guayacán) de cientos de años de edad son indicadores de oleadas de poblamiento que se originaron en el río Quitó afluente del Atrato hacia el Baudó a principios del siglo XVIII.

 

Sin embargo, los procesos de modernización hacen que la permanencia de la tradición se combine con los retos de la modernidad. De este modo paso de la vivienda rural a la semiurbana y la urbana se caracteriza por un proceso de transformación del predio, donde el esquema funcional y espacial cambia de acuerdo a las necesidades de la familia. La relación entre el núcleo construido de vivienda y el espacio libre que alberga las actividades de producción o interrelación de sus habitantes permite identificar etapas de mutaciones en la vivienda del Pacífico chocoano.

 

Con el producto de una cosecha de arroz, plátano o con el de una pesca extraordinaria, se amplían las casas. Se empieza por cambiar techo de palma por láminas de zinc o asbesto-cemento, se cierran salas o cocinas con tablas aserradas y arregla el piso.

 

La casa crece con agregados posteriores, laterales o frontales y con cobertizos separados, a medida que la familia o las cosechas exigen nuevos espacios de vida y producción. Levantan los aleros para tener unas áreas cubiertas para el almacenamiento de maíz, el plátano o arroz. La cocina se cierra o se construye una nueva para cambiar la destinación de viejo espacio; la cubierta se extiende hacia los lados para disponer de depósitos o más cuartos; el interior se prolonga hasta la marranera y el gallinero, el trapiche, el secadero de arroz, cacao o pescado, el embarcadero-lavadero y los cobertizos para los productos agrícolas. De esta manera cambia la vivienda de forma y volumen y se van diferenciando poco a poco las actividades y funciones residenciales y productivas.

 

El trabajo ornamental

 

La capacidad creativa de la gente afrocolombiana del pacífico se manifiesta cuando busca soluciones a los retos que le impone el clima. Su sensibilidad estética y su conocimiento de los materiales afloran de manera especial cuando se trata de proteger su vivienda. Soluciones tecnológicas y de diseño permiten la adecuación de elementos arquitectónicos a las características propias del medio. Creando así objetos de gran estética que engalanan balcones y ventanas mediante el uso de un amplio repertorio formal y cromático.

 

La ornamentación se trabaja a partir de formas geométricas, partiendo de variaciones en los listones de las maderas utilizadas. En las barandas aparecen composiciones que se repiten en pequeños módulos copiados, de la casa campamento. La fachada principal de las viviendas recibe la mayor decoración, los laterales no se decoran, ni se pintan, se utilizan para ventilar y abrir pequeñas ventanas. Vanos, ventanas, puertas, tragaluces y celosías conforman las fachadas compuestas a partir de juegos de figuras que evocan los calados sofisticados de la filigrana del oro. El martillo, la caladora manual, el berbiquí, el serrucho, la hachuela y el machete son suficientes para hacer gala de destreza e imaginación.

 

La ornamentación de las fachadas se viste de colores vivos que se utilizan en vanos, rejillas y detalles de ventilación que contrastan con las paredes claras y alimentan la apariencia simple de estas viviendas. Así, la solución a las necesidades de ventilación e iluminación se convierten en una posibilidad figurativa y creadora donde cada habitante recrea la búsqueda estética en su fachada. El entorno urbano se convierte entonces en una paleta cromática donde las viviendas se mezclan con la rica vegetación del paisaje.

 

Estos decorados en madera, comúnmente conocidos como calados manifiestan y expresan el proceso de diversificación laboral que en los caseríos marca las diferencias individuales o familiares de las actividades económicas. La ornamentación de las fachadas sirven de propaganda para los establecimientos comerciales y expresan distinción social.

 

Vivienda aldeana afrochocoana

 

La vivienda aldeana afrochocoana es una unidad compacta de uno o dos niveles, que alberga los sitios de descanso, relación y trabajo. En el primer nivel se halla un gran salón que se utiliza tanto para secar el arroz como para los velorios. A veces existe una terraza de oficios, o depósito para la producción agrícola y un local comercial. La distribución interna es muy sencilla, los cuartos ocupan el área central, se ubican a un costado o en el segundo nivel en caso de que exista. La cocina está localizada en la parte posterior de la casa y tiene un techo independiente. El hábitat rural está compuesto por una parcela de una o varias hectáreas. Concentra la totalidad de las actividades de la vida doméstica. Incluye algunos espacios para el almacenamiento de productos.

 

En las aldeas el espacio familiar se extiende hasta el solar con el gallinero, el tendedero de ropa y la zotea para el cultivo doméstico de hierbas aromáticas o medicinales. También se beneficia de la calle y de los lugares públicos, donde se seca el pescado, el arroz, el cacao o el maíz y se realizan actividades como el pilado.

 

Los elementos que tienen las familias dentro de las viviendas, son una evidencia de la distribución de las actividades económicas de acuerdo al sexo. Es así, como en las afueras de los ranchos, a manera de “colgaderos”, se encuentran las redes de pesca colocadas sobre travesaños de madera al término de las faenas o extendidas para su reparación. En las horas de la tarde, los pescadores reconstruyen sus mallas usando agujas fabricadas en madera, revisan las boyas y los plomos para las nuevas jornadas, construyen faros y canaletes, e impermeabilizan o calafatean sus embarcaciones recubriendo con brea el cuerpo y las junturas de madera de las mismas. Pequeños tibungos o neveras de icopor se mantienen en algunas viviendas para la conservación temporal del pescado.

 

El municipio costero de Nuquí del Pacífico chocoano (Golfo de Tribugá), se encuentra poblado en su mayoría por afrocolombianos, que habitan en casas de madera levantadas sobre pilotes. Las viviendas siguen el curso de los esteros que casi rodean el poblado. El corte indiscriminado del manglar ha debilitado los barrancos y su constante erosión ha obligado a los habitantes a construir muros de contención.

 

Este poblado costero está compuesto por casas organizadas y alineadas que forman cuadras. Las nuevas casas de material le da un acento urbano aunque el uso del espacio sigue siendo bastante tradicional. Predominan las casas que suelen intercalarse en medio de un paisaje de palmeras, árboles frutales y ornamentales que le regalan sombrío a sus habitantes.

 

Como en algunas otras localidades de la costa Pacífica, Nuquí cuenta con un pequeño aeropuerto. En ese mismo sector de la localidad se encuentra la sede de la alcaldía, el juzgado, el hospital, las oficinas de las empresas aéreas y algunos restaurantes.

 

El sur del Pacífico

 

El Pacífico vallecaucano

 

Los cursos de los ríos Anchicayá y el Raposo fueron los sitios donde los españoles sometieron indígenas y africanos esclavizados para la explotación del oro. Estos territorios después se convertirían en el lugar de asentamiento de población afrocolombiana. El poblamiento en la región costera del Pacifico sur se concentra en la cabecera municipal de Buenaventura. La población rural se distribuye a lo largo de los ríos o sobre las playas y las bocanas. Su distribución es longitudinal configurando una red de caseríos dispersos y unos cuantos nucleados con bajas densidades poblacionales.

 

La colonización de la llanura del Pacífico, ha sido propiciada por diferentes condiciones en épocas diferentes, y esto ha hecho que en los ríos Yurumanguí y Naya se hayan registrado olas de inmigrantes dispuestos a poblar áreas de difícil acceso. Puerto Merizalde, La Bocana, Málaga, Juanchaco y Ladrilleros figuran como algunos de los pueblos más representativos de la región.

 

El Pacífico caucano

 

Sus habitantes han sido actores de un proceso de poblamiento registrado desde finales del siglo XVIII generado por el auge de la explotación de las minas y el aniquilamiento de las poblaciones indígenas con presencia en la región desde tiempos prehispánicos.

 

La actividad social y económica de los afrocolombianos de esta región se desarrolla a lo largo de una intrincada red que conforman los ríos, los esteros y el mar, principales canales de comunicación y rutas para el intercambio comercial y de relaciones sociales. Habitan en caseríos ribereños, alineados sobre las orillas de los ríos o del mar.

 

Sobre el río Guapi, hacia la desembocadura se ubica el municipio de su mismo nombre y sobre sus márgenes hacia arriba, los corregimientos de Belén Calle Larga, Choare, El Atajo y la cabecera municipal de Guapi. El río Micay, en el municipio de López desemboca en el Pacífico y la vía de comunicación que conecta once corregimientos: Dos Ríos, San Isidro, Santa Rosa, Taporal, Zaragoza, Guayabal, Santa Ana, Noanamito, San José Candelaria y el Coco. Entre sus afluentes el Napi, San Francisco de la Vuelta, Juan Cobo, Capilla y Guacarí, permitieron el asentamiento de comunidades costeras. Sobre el río Timbiquí se encuentran los caseríos de Santa María, San José, Coteje, Cheté, el Charco Cuerval y la cabecera municipal de Timbiquí.

 

El Pacífico nariñense

 

El hábitat de los afrodescendientes en esta región está conformado por los ríos que desembocan en la costa nariñense: Patía, Mira, Satinga, Sanquianga y el Iscuandé, sobre los cuales se ha desenvuelto la historia económica y social de sus habitantes. Allí mismo establecieron poblados y caseríos dispersos de diversa magnitud, construidos sobre las márgenes de los ríos o en las áreas de manglar. Estos lugares habitados desde la antigüedad por grupos indígenas, pasaron a ser poblados por los africanos y sus descendientes quienes idearon sistemas sociales en concordancia con las condiciones ambientales que debían afrontar.

 

Sus vivienda están construidas en madera sobre pilotes y con techos de palma de jícara, chalar, cortadera, naidí o corozo.

 

Tumaco es el centro urbano más importante de la zona. Fue establecido en 1640. Cuando los centros mineros coloniales de Barbacoas e Iscuandé declinaron, Tumaco adquirió relevancia como puerto y ciudad de importancia en el Pacífico, en un proceso que se aceleró hacia la segunda mitad del siglo XIX, con el despegue de las explotaciones de tagua, el caucho negro y la balata.

 

En el plano aluvial que forma el río Mira, se ha desarrollado un poblamiento lineal a lo largo de la carretera donde se encuentran inmigrantes provenientes de Antioquia y Nariño. En esta zona se encuentran miles de hectáreas plantadas en palma africana lo cual ha causado una fuerte concentración de población en las inmediaciones de la carretera.

 

De acuerdo a las cercanía del mar y en respuesta al régimen de mareas, construyen sus casas sobre pilotes de 1 a 4 metros, las paredes de tabla (tulapuesta), los pisos de listón y los techos de zinc o de tela asfáltica resisten las intensas lluvias de todo el año.

 

Los ríos Satinga y Sanaquianga presentan asentamientos poblacionales determinados en gran medida por los lazos familiares y deparentesco. Sus habitantes conservaron y adaptaron elementos culturales de la memoria africana a las condiciones de la vida republicana. Las veredas La Victoria, Barbacoitas y Gembao, a orillas del río Satinga, y Naidizales y Guavillales a orillas del río Sanquianga, poseen asentamientos en grupos donde, a partir de una matriz principal, el proceso hereditario y la repartición de la tierra permiten que los hijos construyan sus viviendas cerca del grupo familiar inicial. Este asentamiento gregario determinado por el parentesco tiene otra connotación de mayor trascendencia: la contribución mutua con fuerza de trabajo sin mediación de dinero, donación de alimentos entre las unidades familiares, apoyo en caso de enfermedad y captación de recursos del Estado en obras como escuela, hogar comunitario y dispensario.

 

Existe otro tipo de asentamiento familiar más amplio en términos espaciales; las viviendas se ubican a lado y lado del río, bastante distanciadas entre sí, y llegan a ocupar toda una vereda, incluyendo habitaciones aisladas no pertenecientes al mismo tronco familiar. Estas comunidades viven de la práctica de patrones tradicionales que han sobrevivido a través de los años. Se transportan en canoas y motores fuera de borda; sus ingresos en dinero se obtienen de la minería del oro, actividad que realizan mediante el lavado de las arenas de los ríos y de los aluviones auríferos.

 

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petroSantiago de Cali es el epicentro musical del sur-occidente colombiano en el  mes de agosto, sonarán las Marimbas, los Cununos, los Violines, los Clarinetes y las Cantaoras en el más importante evento de esta zona del país. El Festival Petronio Álvarez, que durante 12 años se ha convertido en el espacio de encuentro cultural donde confluyen compositores, músicos e investigadores del litoral pacífico, generando un clima de alegría, con sonidos y cantos de la selva y el mar, que engalanan la ciudad.

 

Este año, en su décima cuarta versión, el festival de música Petronio Álvarez contará con manifestaciones artísticas, dancísticas, gastronómicas, artesanales, encuentros de alcaldes del pacífico colombiano, de investigadores de música tradicional, de niños y jóvenes que conforman el Petronito, conferencias de historia, videos, exposiciones, en fin, será la mayor expresión del folclor del pacífico en Santiago de Cali.

 

Para ofrecerle a la ciudad y sus turistas un evento de alta calidad, la Secretaría de Cultura y Turismo Municipal, trabajó todo el año, en el fortalecimiento de los procesos que conforman este festival, entre ellos, el concepto del festival. En este sentido, invitó a músicos e investigadores a conformar el comité conceptual que permitió, profundizar sobre la importancia de sensibilizar a los gobernantes de la región pacífico de los departamentos del Cauca, Nariño y la región pacífico del Valle, a prestar atención sobre la necesidad de reflexionar sobre la herencia cultural de la tradición pacífica, con procesos encaminados a la equidad e inclusión y acciones que reconocen la diversidad social, cultural y económica.

 

Esta fiesta del pacífico se llevará a cabo entre el 12 y el 16 de agosto, en diferentes espacios culturales de la ciudad. Una de las actividades, es el concurso, que se realizará en la Plaza de Toros de Cañaveralejo los días 12, 13 y 14 desde las 6 de la tarde hasta las 11 de la noche. Donde las 84 agrupaciones inscritas, provenientes de regiones como Chocó, Cauca, Valle, Nariño, Bogotá, Ecuador, Antioquia, Risaralda, competirán en las modalidades de Marimba, Chirimía, Violines Caucanos y Versión Libre para lograr el premio mayor de este año.

 

Otro escenario es el Centro Cultural de Cali, que ofrece diferentes alternativas que van desde la música, el video, las artes plásticas, conferencias, talleres, encuentros de investigadores y de profesionales y muestras de construcción de instrumentos todo ello para fortalecer el festival.

 

Es así como el II Encuentro de investigación sobre músicas tradicionales del Pacífico colombiano que se dará entre el 13 y el 16 de agosto, será el espacio de reflexión que permitirá analizar la situación actual de esta música.

 

Igualmente se puede conocer sobre la historia por medio de la cátedra afro colombiana que ofrece el Archivo Histórico donde se dictarán una serie de conferencias los días 5, 12,19 y 26 de agosto en las cuales se enmarca la importancia que desde la historia, la antropología y la literatura muestran diferentes enfoques de la herencia afro en nuestra región.

 

Así también, la Audioteca organizará una presentación física y audiovisual de los instrumentos tradicionales de la música del pacífico colombiano y la videoteca ofrece proyecciones de los 13 festivales Petronio Álvarez para visitantes en la sala de consulta.

 

En el Centro Cultural de Cali, encontraremos también las exposiciones que van desde el 3 hasta el 28 de agosto en las diferentes salas, tituladas “Cita con las fuentes primarias”, Retratos de cantoras y músicos tradicionales del norte del Cauca y el sur del Valle y Serie Diez obras pictóricas, todas alusivas a la cultura pacífico.

 

El festival de música del pacífico Petronio Álvarez, también apunta a la generación y el fortalecimiento de oportunidades de industria cultural, para ello se llevará a cabo con la presencia de programadores internacionales y nacionales el encuentro de profesionales, quienes observarán a los grupos, para abrir posibilidades de mercado en diferentes festivales del mundo, este evento será el viernes 14 de agosto y es organizado por las oficinas de Turismo e Industria Cultural.

 

A su vez, se dará la presentación de talleres denominados Mercado Cultural y de Festivales en los cuales están como invitados el festival de San Pacho, el de Alabaos, el de Tumaco, y las Fiestas de Guapi. Finalmente se realizará la muestra y taller de construcción de instrumentos del pacífico sur, Dirigido a jóvenes y niños.

 

En el Teatro Municipal Al Aire Libre los Cristales, se llevará a cabo la segunda versión del Petronito, encuentro entre los mejores Grupos de las Escuelas de Música pertenecientes a las Rutas de la Marimba y la Chirimía y la Red de Cantaoras para una inolvidable fusión entre la tradición y las nuevas generaciones.

 

El festival Petronio Álvarez se desplaza este año a los corregimientos y comunas de Cali, estará en el Corregimiento el Hormiguero el sábado 15 a la 4 de la tarde, brindándole a la población una opción de recreación y la posibilidad de encontrarse en familia. Otro lugar que contará con música del pacífico, será la Cárcel Villahermosa el miércoles 12 de 9:00 a.m. a 12 del medio día, en este espacio sonarán las marimbas y las chirimías para alegrar a sus habitantes y en Puerto Mallarino el jueves 13, se presentarán artistas que pondrán a bailar y cantar a los asistentes, estos espectáculos son gratuitos y de gran calidad del folclor pacífico.

 

Y este gran proceso cultural no podía dejar por fuera la tradición oral, es así como habrá encuentro de saberes de tradición oral del pacífico en las Bibliotecas Públicas de las comunas 3, 4, 7, 11, 15, 16, 18, 21, en el Corregimiento el Hormiguero y en el sector de la Playa, donde las cantaoras se darán cita para divulgar y socializar esta identidad cultural que las caracteriza, en “Cantando y contando los sabores del Pacífico”.

 

La invitación es a conocer y disfrutar la música autóctona que nació en el seno de la cultura rural y de provincia en Colombia y que Santiago de Cali la ha acogido con todo el corazón, porque recordemos que “La diferencia es nuestra mayor riqueza”.

 

¿Qué es el Festival de Petronio Álvarez?

 

El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, es el instrumento o vehículo, por el cual se reconoce a la ciudad como espacio de congregación y reflexión sobre la herencia cultural de la tradición pacífica, con procesos encaminados a la equidad e inclusión, con acciones que reconocen la diversidad social, cultural y económica. (Propuesto en el Plan de Desarrollo 2008 – 2011, del Municipio de Santiago de Cali.)

 

¿Qué Pretende?

 

El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, tiene como misión la conservación y divulgación de la música tradicional del pacífico colombiano como eje cohesionador del tejido social regional, la reivindicación de los valores y aportes de la etnia afrocolombiana y su inclusión social. Visionándolo como el proceso cultural más importante de la etnia afrocolombiana y de América Latina.

 

Tiene como sus objetivos principales la preservación, el fortalecimiento y promoción de las tradiciones culturales de la región pacífica, en sus diferentes expresiones autóctonas por medio de cuatro categorías que demuestran la representación musical del pacifico colombiano como: Versión Libre, Marimba, Violines Caucanos y Chirimía. Además de socializar a Santiago de Cali como una ciudad multiétnica y pluri-cultural, generando espacios de inclusión social, a través de la articulación de procesos y actividades artísticas, gastronómicas y de industria cultural.

 

¿Quién era Petronio Álvarez?

 

El músico colombiano Patricio Romano Petronio Álvarez Quintero, nació el 1 de octubre de 1914 en la Isla de Cascajal, cerca de Buenaventura, puerto del que en vida fue un enamorado y le inspiró su canción más conocida en la actualidad: “Mi Buenaventura”. Durante su infancia la música se convirtió en su principal medio de expresión, dedicándose a tocar guitarra antes de cumplir los 20 años de edad. En 1935 creó el conjunto musical “Buenaventura” y aunque la música del Pacífico fue su principal pasión, tuvo que dedicarse a oficios como el de notario y maquinista de la locomotora “La Palmera” de los Ferrocarriles Nacionales, hoy conservada como monumento nacional en Cali.

 

Este intérprete de sones, milongas, bambucos y currulaos, murió el 10 de diciembre de 1966 en Cali a los cincuenta y dos años. En su honor se le dio el nombre al Festival de Música del Pacifico “Petronio Álvarez”, que se celebra anualmente en Santiago de Cali.

 

Algunas de sus más reconocidas canciones con ritmo pacífico son: “Adiós a Colombia”, “El Cauca”, “Viendo Correr”, “Bome”, “Adiós al Puerto”, “Roberto Cuero”, “Cali, ciudad sultana” y el currulao “Mi Buenaventura”, que después de la primera grabación con Tito Cortés y Los Trovadores de Barú se popularizó en muchas otras voces y llegó a ser conocido como Himno de Buenaventura.

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etelvina(1935 - 2010), Nació en un pequeño pueblo de la isla de Barú, en la Bahía de Cartagena de la mano de su padre Pedro Maldonado y su madre Francisca de la Hoz. La infancia de Etelvina transcurre en peregrinaciones de carnavales, fiestas patronales, cantos de bullerengues, fandango de lenguas y el constante sonido del tambor. Etelvina aprendió y se apoderó de una tradición que hoy le da el reconocimiento de cantadora.  La pobreza ha sido su fuente de inspiración y éxito, trabajando en casas de familias lavando y planchando la ropa, oficio que amenizaba cantando tangos, boleros y sus bullerengues; en una de esta jornadas de trabajo domestico, el músico Stanley Montero la descubre y la contacta con Rafael Ramos para iniciar un recorrido que hoy la tiene entre las cantadoras mas representativas del Caribe y de Colombia. El reciente disco con el formato tradicional y de una producción minimalista destaca la voz de Etelvina con los repiques y la fuerza del formato de tambores que tradicionalmente acompaña a las cantadoras; con el tambor alegre improvisador, el llamador (tambor marcante) y el bombo (tambor bajo), una sección de coros, instrumentos de sacudimiento y las gaitas indígenas. Este álbum contiene 12 canciones de las cuales la mayoría son las vivencias de Etelvina y otras de la extensa tradición del folclore del caribe Colombiano. Formato 7 músicos en la escena. Conciertos en espacios convencionales y no convencionales, talleres, conciertos didácticos, pasacalles, carrozas, danzas tradicionales y proyectos especiales. En la escena, Estelvina Maldonado, inicia su concierto con la timidez característica de una mujer de pueblo que a sus 70 años se enfrenta a un público. Después de la segunda canción pierde el rigor escénico y el concierto se transforma en una fiesta espontánea y participativa a manera de fiesta de carnaval y pueblo.

A sus 70 años la Corporación Cultural Cabildo del músico y Productor Rafael Ramos, la encuentra madura para grabar su primer disco como solista, después que esta cantadora había participado como invitada en varios proyectos discográficos, de los que destacamos los siguientes autorias discograficas de su autoria como:

1. A pila el arro.
2. Que se queme el monte.
3. Dame la mano prima.
4. LLorando.
5. Camisola.
6. Manuelita.
7. Asi, Asi.
8. Juana Gomez.
9. Ron Café
10. LLego la Cumbia.
11. Déjala llegar.
12. Macaco mata el toro.

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