Hemeroteca de la sección “Historia”


musica afro 1Las músicas afrocolombianas son herederas de múltiples tradiciones del África occidental. Toques de tambor y de marimba, sonajeros y cantos eran utilizados por la gente africana para invocar a sus ancestros, celebrar los nacimientos y despedir a los muertos. Estas prácticas, creencias y saberes musicales, colmados de una profunda espiritualidad, también atravesaron el Atlántico. A pesar de que muchas de estas manifestaciones culturales son constitutivas de las identidades regionales y nacional, son muy pocos los estudios que nos explican cómo los legados estéticos y sonoros africanos se adaptaron a las nuevas realidades geográficas e históricas durante el periodo colonial y republicano. No obstante, es innegable que la música, junto con la literatura, las danzas y la ejecución de instrumentos musicales, es el modo de expresión cultural por excelencia de las culturas afrocolombianas contemporáneas. Al igual que en África, la música sigue acompañando cada uno de los ciclos vitales de las personas afrocolombianas: festeja la vida, llora la muerte, se regocija en la buena cosecha, rememora la historia de resistencia, invoca a dios, incentiva el amor y exalta la sensualidad.

 

En cada región del país habitada por descendientes de africanos, la música afrocolombiana posee matices y personalidades diferentes. Esta diversidad tiene que ver con los orígenes de quienes llegaron a cada comarca y con las interacciones que crearon con los pueblos que las habitaban. Durante este complejo proceso de recreación cultural algunas tonadas africanas se mezclaron entre sí, otras se mantuvieron íntegras, como es el caso de los cantos de muerto de San Basilio de Palenque, y las demás impregnaron las tradiciones indígenas y europeas que ya existían en el Nuevo Mundo. Sea cual fuere el espacio regional en el cual tuvieron lugar estos procesos de recreación cultural, siempre se respetó la naturaleza ritual o profana de los ámbitos de ejecución.

 

Las tonadas que mantienen herencias africanas exhiben una serie de características fundamentales: la primera, un marcado trasfondo mágico-religioso que está asociado con ceremonias rituales. Dentro de éstas se pueden destacar las prácticas fúnebres, los ritos asociados al nacimiento y las ceremonias de iniciación de los adolescentes. También se identifican por ser alegres y explosivas. Mantienen una estructura musical polirrítmica que se refleja en la combinación de los acentos en cada línea percusiva. Esta particularidad es claramente discernible en los gestos del tamborero, en el acompañamiento con batir de palmas y en todos aquellos sonidos guturales, resoplidos y sílabas guías que se producen en el momento de mayor auge de la interpretación.

 

Los cantos afrocolombianos son de naturaleza individual y colectiva. Los segundos presentan un carácter ceremonial y son vitales para la reafirmación de la identidad cultural. Mantienen supervivencias africanas evidentes en la alternancia responsorial del solista y el coro monofónico o polifónico, la superposición de timbres, la manera de exteriorizar cadencias y movimientos frenéticos, la sucesión uniforme de sonidos en forma modal de terraza, la manera de emitir los gritos (que son agudos y prolongados con numerosas ondulaciones en lo melódico), el juego de intervalos en la melodía (que se desplazan por saltos indeterminados de un sonido agudo inicial a otro grave, donde hay descansos y responsos) y en las variaciones del microtonalismo de los giros ornamentales que exhiben glisados, repeticiones decoradas en los puntos cadénciales, laleos y otra variedad de adornos sonoros.

 

Por lo general, la interpretación de la música tradicional afrocolombiana está a cargo de conjuntos conformados por los cantadores (quienes efectúan el canto alternado de solistas y coro), los músicos para la ejecución instrumental y la participación de la concurrencia con batir de palmas y gritos. Los sonajeros y tambores son los instrumentos predominantes en dichas agrupaciones. Ellos son los encargados de producir variadas percusiones que constituyen la base tímbrica y rítmica del quehacer musical afrocolombiano.

 

Desde los primeros años de la Colonia, la población africana del Caribe colombiano impulsó significativas modificaciones musicales en las melodías indígenas y en los aires europeos, españoles o anglosajones. Los enriqueció con nuevos ritmos, agregó timbres, sugirió giros melódicos y superpuso ricas percusiones, convirtiéndola en una música vistosa y con gran fuerza. En la música afrocaribeña la melodía está a cargo de los instrumentos de viento de ascendencia aborigen; el ritmo es marcado por los instrumentos de percusión y el canto está destinado a comentar episodios o sentimientos. En San Basilio de Palenque, por ejemplo, las supervivencias ancestrales africanas son resultado de la reacción a la imposición cultural española. El toque, el canto-lloro y baile del lumbalú ostentan caracteres rítmicos y melódicos esenciales. Tal es el caso del uso del canto responsorial, cuya melodía, producida sobre escalas modales, se combina con los tambores pechiche y llamador para producir ritmos y alturas diferentes. De igual manera, la cumbia, el mapalé y el bullerengue conservan típicas peculiaridades musicales africanas. Por otra parte, la música del Caribe insular retiene con bastante fidelidad los contenidos tradicionales del viejo continente, que fueron decantados a partir de procesos activos de reintegración de la población raizal del archipiélago.

 

En el litoral Pacífico imperan las tradiciones musicales africanas caracterizadas por un alto componente de actitud devocional. El currulao, por ejemplo, se toca con marimba, dos tambores cónicos de un solo parche, dos bombos y los sonajeros tubulares de sacudimiento. El coro, a cargo generalmente de las mujeres, se desarrolla utilizando versos reiterados, estribillos y fonemas, sujetándose al proceso rítmico y dejando que la melodía del canto se diluya sin relieve vocal. El bunde fue el origen de todos estos bailes de tambor.

 

El abozao es otro de los ritmos que revelan el parentesco con antiguas danzas de vientre, landos, que acostumbraban los africanos cautivos que vivían en la región. Los cantos de trabajo y arrullos muestran las huellas africanas en sus melodías y también en el aspecto expresivo.

 

Música Tradicional del Caribe Continental

 

Los cantos de laboreo

 

Los cantos de laboreo son propios de todos los pueblos que practican la agricultura; en África muchos los acostumbran todavía. Los colonizadores españoles del periodo colonial permitieron este tipo de interpretaciones buscando elevar la productividad de los esclavizados en las haciendas. Hoy por hoy, este género musical se vive en ciertas expresiones guturales, pujidos o gritos que se repiten durante las faenas agrícolas. En las versiones más complejas, propias de San Basilio de Palenque, María la Baja y Sincerín, se emplean las décimas. El litoral Caribe es rico en variedades de este tipo denominadas zafras, maestranzas y vaquerías.

 

A) LOS CANTOS DE ZAFRA O ZAFRAS

 

Las zafras pertenecen a la categoría de los cantos de labor. Son voces con entonación musical, interpretadas a capella, por los labriegos del litoral Caribe, en épocas de siembra y recolección. La espontaneidad, individualidad y simplicidad tonal caracterizan este tipo de música. Sus notas agudas y sostenidas recuerdan el cante jondo y los cantos tradicionales españoles. Sin embargo, el uso de gritos y de ciertas onomatopeyas saca a relucir supervivencias africanas o la adaptación de una forma del cante por la gente afrocolombiana del litoral. Sus temáticas refieren situaciones del proceso agrícola y del ambiente rural. Para ellos se hacen versos pareados, cuartetas, coplas y décimas. Suelen emplearse letras como la siguiente:

 

¡Eeeehhhhh! Jesús, mamita mía ¡Uheeeee!

¡Uheeeeeeee!

ya murió Pachita Pérez

en la orilla de la quebrá

¡Uheeeee! ¡Uheeeeeeee!

yo no la vi morí, pero la ayudé a enterrá

¡Uheeeee! Echa pa´lante ¡Uheeee!

¡Vaaaaa!…

 

B) LAS MAESTRANZAS O MESTRANZAS

 

En sentido estricto, las maestranzas no son formas musicales. Se trata más bien de interpretaciones de estructura muy libre, en las que se da la conjunción sonora de los golpes rítmicos de los percutores con las voces producidas a coro. La función de los tambores es generar un efecto que acentúe el papel melódico del conjunto. Se utilizan textos formados por estribillos de estructura suelta, interpretados por los celebrantes en el ambiente risueño del carnaval o de la fiesta al aire libre. Ellos cantan o dicen coplas que hacen alusión a diversos oficios; sus recitaciones desempeñan un papel principal y suelen estar en diálogo con el repique de los tambores. Presentan un marcado matiz caricaturesco, realzado con actitudes teatrales de contenido crítico y social.

 

C) LOS CANTOS DE VAQUERÍA O VAQUERÍAS

 

Acompañar la brega del ganado con voces, cantos o exclamaciones ha sido una vieja tradición entre los pobladores de las zonas ganaderas de la costa Caribe. Esta clase de interpretaciones, con supervivencias españolas en la manera como se arrastra la voz y en los arabescos del canto, fueron adoptadas y transformadas por los grupos de mulatos y zambos del litoral. La ejecución de las glosas se efectúa con una entonación más bien simple del cantador, quien improvisa de manera individual y a capella las coplas, quintillas o sextillas. La décima o espínela es la forma poética más común de las vaquerías. Dicha métrica se estructura sobre la base de la concordancia entre los versos, debiendo rimar el primero, cuarto y quinto; el segundo y tercero; el sexto, séptimo y décimo, y el octavo con el noveno. Dicho arreglo estructural exige de una memoria excepcional por parte de los glosadores, quienes al alargar los sonidos de forma particular generan una atmósfera que se caracteriza por su dejo especial. En las sabanas de Bolívar y en Córdoba los intérpretes de vaquerías sobresalen porque son verdaderos prodigios de habilidad. Los textos usados pueden ser como el siguiente:

 

¡Haaale! ¡Haale! Mariposa!

que ya vamos a llegar;

¡Uy! ¡Jujuy! mi compañera

ya te vamos a ordeñar…

 

Los cantos fúnebres

 

A esta categoría pertenecen los cantos empleados por las comunidades afrocolombianas del litoral Caribe para acompañar el entierro o velorio de un pariente. Por lo general se interpretan a capella, aunque muchas veces la parte vocal es complementada por el toque de tambores. Se distinguen dos tipos: los cantos de lumbalú y la zafra mortuoria.

 

Los cantos de lumbalú

 

El lumbalú es una ceremonia de carácter fúnebre y ritual que se realiza con ocasión de un velorio en San Basilio de Palenque. La evocación del muerto se hace rememorando los orígenes africanos de la comunidad, en particular Angola, la tierra natal de muchos de los primeros cimarrones fundadores del palenque. Uno de los ancianos del cabildo (la institución política y religiosa más importante de la comunidad palenquera) pregona la muerte de quien ha fallecido. El pregón se realiza para convocar a la comunidad al velorio mediante un toque especial del tambor pechiche. Una vez que se ha reunido la gente, se inicia propiamente el canto-lloro responsorial, en el que alternan el solista de voz prima y el coro. Las palmas de las manos y los toques del tambor yamaró, ejecutado con ritmos y alturas específicas, acompañan el ritual. Éste se caracteriza por presentar la conjugación de elementos recitativos, canto y golpes rítmicos de los percutores de significado especial. Durante el lumbalú las mujeres bailan con pasos menudos alrededor del cadáver, ejecutando movimientos de vientre e invocaciones con los brazos; algunas se llevan las manos a la cabeza mientras actúan y cantan:

 

Chimilango, chimilango

cho María Langó ri angola,

guán cún cún me ñamo llo

guán cún cún me re ñamar,

cuando sota caí ma mujé

¡E li le loo!

¡E li le loo!

Chimila ri ri angongo…

Chimilango ta ñangando…

 

Las zafras mortuorias

 

Son cantos sin ningún acompañamiento instrumental, recitados por una o varias voces en el contexto de entierros y excavación de sepulturas, que sirven para evocar el recuerdo de una persona fallecida. La ejecución de las recitaciones se da en razón de un acto vocal libre, donde una de las voces entona un relato, verso, frase o rezo, y las respondedoras o plañideras, acopladas a coro, responden en forma de comentario o estribillo. En este sentido no presenta una estructura determinada en sus versos; sin embargo, sí están ajustados melódicamente a los usos tradicionales del canto. Los tonos menores usados armónicamente y la presencia de coplas con incidencias a la muerte le asignan a esta clase de expresiones orales un sentido fúnebre.

 

El bullerengue

 

bullerengueRitmo ritual propio de las comunidades afrocolombianas del Palenque de San Basilio. Considerado como un legado de las expresiones estéticas africanas, fue reinventado a este lado del Atlántico. Es una de las tonadas más importantes del repertorio melódico de la costa Caribe colombiana. Musicalmente es un toque de tambores yamaró, quitambre, bombo y, en casos especiales, de pechiche, acompañados con cantos y toques de palmas de las manos o de tablillas.

 

El ritmo es acentuado, autónomo, con sonidos secos, realizado por los tambores, sin ninguna derivación hacia la melodía. Se ejecuta en las ceremonias de iniciación de las jóvenes afrocolombianas cuando llegan a la pubertad. La interpretación está a cargo de los hombres, quienes percuten los instrumentos y participan del canto junto con las mujeres. Se establece un diálogo entre la primera voz y un coro formado por las restantes. Se canta recurriendo al uso continuo del laleo.

 

El bullerengue es un ritmo alegre, lleno de energía y fuerza vital, en el que siempre están presentes los tambores, cantos y palmas propios de todos los ritmos con herencias africanas. Acostumbran emplearse párrafos como el siguiente:

 

¿Con qué se peina la luna?

Josefa Matía… Josefa Matía…

Con el peine y la peineta

Josefa Matía… Josefa Matía…

La luna por indiscreta

Josefa Matía… Josefa Matía…

Me dijo que no sabía

Josefa Matía… Josefa Matía…

 

El mapalé

 

Tonada propia del litoral Caribe colombiano, que mantiene supervivencias de las tradiciones africanas. En su versión más antigua el mapalé fue un toque de tambor que sólo servía para bailar. Se caracteriza por su ritmo binario, fuertemente percutido a dos golpes. Además, admite el canto y el palmoteo como acompañamiento. Al parecer fue introducido en el periodo colonial por los esclavizados deportados del Golfo de Guinea, quienes lo reinventaron y adaptaron a sus nuevas condiciones de vida, asignándole un estilo particular. En sus orígenes la tonada estuvo asociada a la pesca y procesamiento de un pescado denominado mapalé, que era capturado en forma masiva en ciertas épocas del año por hombres y mujeres. Estos se reunían por las noches en las playas, a la luz de hachones encendidos, para procesar el pescado y celebrar el final de la jornada. Con toques del tambor recreaban una atmósfera de espontánea e incuestionable africanía.

 

Esta tonada conserva características musicales típicamente africanas, donde los tambores, en función coral, se alternan con el canto y el palmoteo. Se emplea para enmarcar un juego coreográfico, en el que los bailarines ejecutan diversas figuras con miras a conquistar a las mujeres.

 

La cumbia

 

La cumbia es el ritmo patrón del litoral Caribe, interpretada por grupos estrictamente instrumentales. Su origen parece remontarse al siglo XVIII, cuando se dio la asociación entre las melodías indígenas, de características melancólicas, con los ritmos africanos, que sobresalían por su alegría y por la impetuosa resonancia de los tambores.

 

Es interpretada por grupos típicos denominados gaiteros, milleros y piteros. La fuerza plástica y la calidad de los matices rítmicos de esta tonada se logran por la confluencia de los diversos instrumentos empleados en su toque. La percusión, por ejemplo, está a cargo del yamaró, el quitambre, la tambora, las maracas y el guache o güiro. La melodía es registrada por la gaita hembra, la caña de millo o el acordeón, según sea el conjunto, junto con el tambor mayor. Hay una reiteración del fraseo melódico, encadenado al predominio absoluto del proceso rítmico, marcado por la gaita macho, que es acompañada por el yamaró y por una maraca de origen indígena.

 

En la ejecución de la cumbia, el conjunto musical costeño emplea la caña de millo para obtener un sonido de gran agudeza y de altísima tonalidad. El acordeón, la caja y la raspa se usan en la región vallenata, y en Córdoba su interpretación se hace con banda de hojita o banda pelayera. Se conocen varias modalidades regionales de esta tonada:la cumbia sampuesana, la soledeña, la cienaguera, la momposina y las de San Jacinto, Cartagena, Cereté, Magangué, etc. Asimismo, existen variantes, derivaciones y tonadas afines conocidas como la chalupa, la puya, la gaita y el porro.

 

La chalupa

 

Es una de las variantes de la cumbia, de métrica más rápida y de contenido alegre y excitante. En la chalupa, la melodía y el canto quedan en un plano complementario, dando realce al jugueteo rítmico de los tambores. La instrumentación empleada en su interpretación es la misma que la usada en aquella. El toque se ejecuta en el ámbito de las cumbiambas, bailes que se efectúan al aire libre.

 

La puya

 

Es una tonada afín al ritmo de la cumbia, su tratamiento es más simple y acelerado. En su ejecución musical no se permite que el bombo suene de forma plena; el efecto se consigue silenciando o tapando, con la palma de la mano, de manera alternada, el parche opuesto a aquél que se percute con la baqueta o porra. A raíz de esto, suele recibir el nombre de porro tapao. En la región vallenata existe una variedad cantada que se interpreta con acompañamiento de acordeón, raspa y caja o tambor vallenato. Además, es un ritmo que no puede faltar en las cumbiambas.

 

La gaita

 

Ritmo derivado de la cumbia, empleado exclusivamente para el baile. Se identifica por su carácter rítmico, sin canto ni melodía definida, su compás es lento y pausado. En su ejecución se usa el mismo instrumental de la tonada patrón del litoral Caribe. También se le conoce como porro palitiao en razón del efecto sonoro que genera el repique de la baqueta o porra sobre la madera de bombo en el instante mismo de las pausas; este recurso interpretativo proporciona a la tonada adornos sonoros especiales.

 

El porro

 

Variante de la cumbia surgida en el ambiente de Cartagena de Indias. En términos musicales heredó de su ascendiente la métrica de dos cuartos, característica de su acento africano. El acompañamiento instrumental es el mismo al del ritmo base de la costa Caribe, aunque más lento para dar paso al canto. El nombre de esta tonada se asocia con el de un tambor pequeño, cónico, truncado y dotado de un solo parche que se usa en el litoral para producir música de baile con tambores. La interpretación de las versiones tradicionales está a cargo de las bandas pelayeras y los grupos de piteros o gaiteros. Existen versiones estilizadas, ejecutadas por orquestas como las de Lucho Bermúdez y Pacho Galán.

 

El paseo vallenato

 

vallenatoEs un ritmo propio de la cuenca del río Magdalena, zona que presenta una rica variedad de tradiciones indígenas y africanas. Es la forma más difundida e importante de la canción vallenata del litoral Atlántico. Es catalogado, junto al son, el merengue y la puya, como uno de los ritmos básicos de dicho género musical.

 

Presenta herencias indígenas, africanas y europeas. La forma melancólica del canto, la brevedad en la notación del pentagrama y el uso de cierto tipo de reiteraciones constituyen las supervivencias indígenas. Los esclavizados africanos, por su parte, le heredaron el ritmo de las percusiones mulatas, encomendadas en los conjuntos a la guacharaca, la caja y a veces al tambor. A su vez, los españoles le integraron la tradición del romance, con estrofas de cuatro versos y décimas, construyendo así una métrica rígida para la versificación del canto.

 

El paseo es ante todo un canto ejecutado por trovadores errantes que con sus voces, de marcado acento regional, narran todo lo que acontece en las provincias de la región. Los sucesos políticos, religiosos, laborales y amorosos son descritos en estas narraciones musicalizadas, que se ejecutan con un grupo integrado por caja vallenata, raspa de caña y acordeón de botones, encargado de los adornos sonoros. La melodía, que recae en el acordeón o en la voz del trovador, se limita a comentar o adornar los textos literarios.

 

El son palenquero

 

Ritmo creado por la fusión del son cubano y la cumbia. Este tipo de música tiene su origen en las fuentes más antiguas del son cubano: el changui o el nengón. Se caracteriza por su sonido agreste y expresivo, basado en el canto responsorial, de innegable ascendencia africana, donde los tonos graves y antiguos de las percusiones se unen a las voces tenores de los obreros agrícolas de Palenque. La fusión surgió a principios del siglo XX, cuando afrodescendientes de San Basilio fueron contratados por un complejo azucarero dirigido por ingenieros cubanos. De ellos aprendieron a tocar el son cubano, música con influencias africanas y europeas. La primera formación de sexteto palenquero tocaba junto al conjunto de bullerengue en los funerales y en otros acontecimientos importantes de San Basilio de Palenque. Este contacto, único entre el son cubano y las músicas rituales afrocolombianas, fue determinante para la posterior evolución del son palenquero. La singularidad del sexteto radica en hacer parte, desde el principio, del contexto mágico-religioso de la música de los descendientes de los cimarrones.

 

Después de los años sesenta, el son palenquero se extendió entre las poblaciones afrocolombianas del litoral, siguiendo el curso del río Magdalena. La mayoría de sus composiciones son derivadas de los cantos de labor, con temáticas propias de la poesía de la costa Caribe. En suma, es un género nuevo que se identifica por sus características rítmicas y musicales, depositario de una compleja mezcla de influencias afrocolombianas y afrocubanas.

 

La champeta

 

Es un ritmo contemporáneo que nació en el palenque San Basilio y se extendió a las barriadas de la ciudad de Cartagena. Es una adaptación de ritmos africanos (soukous, highlife, mbquanga, juju) con vibraciones antillanas (rap-raggareggae, compás haitiano, zouk, soca y calipso) e influencias de la música afrocolombiana (bullerengue, mapalé, zambapalo y chalupa). Esta fusión de ritmos configuró una nueva cultura musical urbana en el contexto caribeño, que se consolidó en las barriadas cartageneras a mediados de los años ochenta.

 

En sus inicios, la champeta se difundió a través de los enormes y potentes equipos de sonido denominados pick-up (picós) que suenan en las verbenas o casetas. Se caracteriza porque la base rítmica prevalece sobre las líneas melódicas y armónicas, convirtiéndola en una expresión musical bailable en la que predominan una fuerza y una plasticidad desbordantes. Los instrumentos empleados en la ejecución de este alegre y contagioso ritmo son la voz, la batería, las guitarras eléctricas, el bajo, las congas y el sintetizador, que añade efectos rítmicos.

 

Con un lenguaje popular y lleno de inventivas los champeteros cantan sus vivencias. Las letras, sobrepuestas a pistas africanas o con música original, evidencian la actitud contestataria de los sectores afrocartageneros discriminados, que arremeten contra la exclusión social y económica o cuentan sus sueños de cambio y progreso.

 

Música del Caribe insular

 

Gracias a la pervivencia de la espiritualidad de los pueblos africanos que llegaron a las islas, los trabajadores esclavizados forjaron nuevas formas de organización social en medio del cautiverio. Sus tradiciones venidas del África entraron en contacto con las prácticas litúrgicas propias del revivalism protestante, difundidas por los predicadores sureños de los Estados Unidos. Éstas fueron un poderoso instrumento en las nuevas formas de filiación ingüística y religiosa de los habitantes isleños, quienes las matizaron con el espíritu propio de las prácticas africanas heredadas. Esta situación fue igual en todo el Caribe insular angloparlante, con el que la población raizal del archipiélago comparte una forma cultural común, que se mantiene y nutre mediante un estrecho contacto de intercambios familiares, culturales y económicos.

 

Las islas de San Andrés y Providencia mantienen diversas vertientes musicales, que surgieron de la fusión de tradiciones europeas y africanas. La música popular ejecutada para amenizar bailes como la quadrille, el waltz, la mazurka y la polka retiene con bastante fidelidad algunos contenidos tradicionales del viejo continente, que fueron reinventados e enriquecidos por la población nativa con nuevos motivos armónicos y con variaciones rítmicas y de timbres, reproduciendo de esta manera el acento y la vitalidad específicos de los ambientes africanos. Por otra parte, la música religiosa interpretada en el contexto del culto protestante se caracteriza por presentar un gran desarrollo de la parte vocal de solistas y coros, que se ayudan de un sencillo acompañamiento de piano u órganos electrónicos.

 

El mento, el calipso, el reggae y la soca son expresiones musicales del Caribe anglófono que fueron adoptadas en diferentes momentos del siglo XX por los pobladores isleños, quienes las adaptaron a su contexto musical y les proporcionaron un desarrollo local. En la interpretación del mento y el calipso, por ejemplo, se emplea un conjunto acústico, la sección melódica se encuentra a cargo de un violín o una mandolina, como instrumento principal, acompañado de un par de guitarras. Por su parte, la sección rítmica la desarrollan las maracas, el jawbone y el tub bass. El reggae y la soca son ritmos surgidos de la fusión de viejas músicas locales con diversas formas musicales norteamericanas, ejecutados por agrupaciones contemporáneas isleñas que cuentan con la nueva instrumentación eléctrica y electrónica.

 

La música religiosa o Praise Hymn

 

En San Andrés y Providencia las comunidades raizales mantienen una rica y variada tradición musical religiosa. En 1847, diversos sectores del Archipiélago, que se habían integrado a la Iglesia Bautista Anglicana, promovieron la fusión de los valores anglo-africanos. Poco a poco, las prácticas litúrgicas de origen anglosajón fueron tomando distancia de la ortodoxia metodista al impregnarse de la espiritualidad y la estética religiosas de origen africano.

 

Durante generaciones la voz cumplió el papel musical más destacado entre los esclavizados del Archipiélago, debido a la erradicación de los tambores, llevada a cabo por los esclavistas ingleses. Este hecho generó agrupaciones vocales que participaron en la entonación de himnos durante los servicios dominicales en las iglesias. En la interpretación de cada himno emerge una rica y compleja tradición musical, sustentada en la atmósfera propia del canto responsorial africano, en el cual la voz se convirtió en el instrumento musical por excelencia y la palabra en un símbolo que representaba la capacidad de dar vida a todo lo que nombraba.

 

Dentro del contexto religioso de los habitantes raizales de las islas, se encuentran representadas las tradiciones musicales de las iglesias Bautista, Adventista y Católica. A pesar de sus múltiples diferencias, todas cuentan con un coro o agrupación de cantantes para la interpretación de los himnos durante sus servicios. La flexibilidad les ha permitido adaptarse a la tradición cultural de los pobladores isleños, quienes a su vez han encontrado en ellos un agente que les permite el fortalecimiento de la identidad raizal. Los ritos del judaísmo y del Islam también han tenido cabida dentro de las actividades religiosas del Archipiélago.

 

El mento y el calipso

 

Estas expresiones musicales llegaron a San Andrés y Providencia en los años cuarenta y cincuenta. El mento, por ejemplo, fue adoptado con algunas modificaciones, tanto en el ámbito organológico (donde fue necesario adaptar nuevos y precarios instrumentos), como en el de las líneas temáticas, donde se reemplazaron los comentarios sobre hechos foráneos por crónicas propias. No obstante, su contenido musical se mantuvo intacto. Por su parte, desde las década de 1950, el calipso se ejecuta con una innegable fidelidad musical, respetando los patrones impuestos por las otras islas del caribe anglófono. Sin embargo, sus letras narran el pasado de un archipiélago tranquilo y maravilloso que ya no existe, dejando de lado la vida convulsionada de los últimos treinta años de su historia; en este sentido, sus letras se quedaron fijadas en los inicios de los cincuenta, época de la expansión de esta tonada, cuando algunos conjuntos hicieron calipsos incluso con letras en español.

 

El mento es la principal expresión musical jamaiquina. Surgió a comienzos del siglo XX en el ambiente rural campesino de esa isla, donde era interpretado por bandas instrumentales compuestas de banjo, guitarra, tambores charles, clarín y saxofón. En la década de 1930 fue importado a Kingston por músicos ambulantes quienes, mediante una variedad de recursos sonoros, como el incremento de las armonías, la adición del soneo de las maracas, el empleo de una doble figura para el bajo y el uso de un sistemático ritmo cruzado, le aportaron un vivaz colorido latino. Por ser una música rural y callejera, desde siempre fue mal vista por la clase media de Jamaica, la cual la aceptó y adoptó después de 1940, cuando algunos músicos depuraron las sugestivas líricas de los ácidos pasajes, llenos de crítica y comentario social, de insinuaciones eróticas y de crónicas sobre la vida social y política.

 

El calipso es una música delicada, caracterizada por el refinamiento y la complejidad de sus sonidos. Estos se estructuran sobre una base rítmica en la que predomina la síncopa. Los textos son interpretados por medio de estribillos cortos, que respetan los patrones del canto responsorial africano. Exhibe un manifiesto énfasis verbal en la interpretación de sus letras, que hacen de él una de las músicas más autenticas de Afroamérica, en la medida en que rememoran a los antiguos trovadores o cantadores ambulantes africanos, su irreverencia y desenfado para cuestionar a los gobernantes y a las personalidades importantes. Los textos narrados refieren la cotidianidad de los sectores afroantillanos, quienes los emplean con carácter noticioso y les asignan un marcado acento de crítica social, convirtiéndolos en importantes catalizadores de tensiones y conflictos sociales. En suma, es una música motivada por una sociedad muy inquieta y participativa.

 

El reggae

 

En las últimas décadas del siglo XX los jóvenes afrocolombianos del Archipiélago fueron influenciados por ideas y conceptos propios del contexto sociocultural afrocaribeño. El contacto interactivo con músicas contemporáneas de variados matices, el conocimiento de las ideologías que forjaron los movimientos sociopolíticos que planteaban una estrecha relación con la música, y la llegada de nuevas tecnologías al campo de la grabación permitieron el surgimiento de las modernas agrupaciones isleñas, que además de reggae interpretan diversos ritmos derivados de la novísima instrumentación eléctrica y electrónica, y que son mezclados con músicas tradicionales locales.

 

El reggae es producto de la interacción de formas musicales norteamericanas como el rhythm and blues, el soul, y el rock, con el mento, música original de Jamaica. En San Andrés y Providencia las dos agrupaciones más importantes que interpretan este tipo de música (otros géneros contemporáneos como la soca) son The Rebels Home Boys y Solution.

 

Música del Litoral Pacífico

 

Aunque la música afrocolombiana de la costa Pacífica presenta en mayor medida herencias de tradiciones africanas, también exhibe pervivencias de raigambres indígenas y españolas que fueron adaptadas por los afrodescendientes de la región. Estas expresiones musicales manifiestan un profundo carácter religioso y melancólico. Sin embargo, cuando se expresa en contextos profanos su característica fundamental es la sátira. Ésta tiene bajo su responsabilidad la crítica social y política y se hace evidente en el predominio de onomatopeyas y voces en forma de dejo. Dicha particularidad está anclada en la tragedia de los esclavizados quienes, al ser considerados como mercancías y no como seres humanos, debieron recurrir al canto satírico para expresar sus inconformidades y rechazos al sistema esclavista.

 

Durante todo el periodo colonial, el Pacífico colombiano albergó muchísima gente de diversos orígenes africanos. A diferencia del litoral Caribe, las selvas del Pacífico presentan un bajísimo mulataje. Esto quiere decir que las interacciones biológicas y culturales con los europeos no tuvieron la misma intensidad que en las zonas caribeñas. No obstante, en lo grandes centros urbanos del sur-occidente del país las relaciones entre africanos y europeos fueron constantes y significativas. De ahí que en muchas ciudades importantes de la región las herencias musicales africanas y la conservación de danzas y cantos españoles del siglo XVI hayan confluido para que en el litoral surgiera una gran variedad de tonadas musicales, representadas en 26 aires diferentes. Entre ellos se destaca el currulao como la expresión más importante y la tonada patrón de la zona.

 

El litoral Pacífico está dividido en dos zonas ampliamente diferenciadas. Las bocas o desembocadura del río San Juan establecen una especie de frontera cultural entre los sectores centro-norte y centro-sur. Los grupos afrocolombianos que habitan ambas circunscripciones presentan hondas e innegables afinidades espirituales. Sin embargo, sus manifestaciones culturales tienden a divergir en varios aspectos. En la zona centro-norte las expresiones musicales exhiben el uso de percutores y de otros instrumentos relacionados con la música afroamericana. También están los instrumentos musicales melódicos como la flauta traversa de caña o metal y el clarinete, que se acompañan del redoblante, caja, tambora, cencerros, platillos y triángulo. Este conjunto típico es conocido en el área como la chirimía.

 

La música de la zona centro-sur, por su parte, se caracteriza por su amplio contenido ceremonial, asociado en lo fundamental con factores sociales y religiosos. El currulao, el chigualo y el arrullo son expresiones musicales ancladas en la tradición oral. En las letras de sus cantos se manifiesta una profusión de estilos poéticos cuyos versos se encadenan al ritmo a manera de fonemas o sonidos de acompañamiento, bajo el predominio de los tambores y las marimbas. La dimensión ritual se pone en evidencia cuando hay convergencia de los elementos musicales en las celebraciones religiosas o en el ámbito funerario; tal es el caso del alabao, la juga de arrullo y el velorio de angelito.

 

En la costa Pacífica colombiana existen manifestaciones musicales de marcada ascendencia africana. Casos concretos son los ritmos del currulao y sus cinco variantes: patacoré, berejú, caderona, bámbara negra y juga, y los estilos fúnebres del bunde y el chigualo. Asimismo, se conservan supervivencias musicales hispánicas, especialmente las relativas a la forma del canto gregoriano, que fue traído por las misiones religiosas del siglo XVI. Estas formas de romances y pregones a capella se perciben hoy en día en los alabaos, salves, arrullos, loas y villancicos. Por otra parte, desde la década de 1970, la música salsa se ha constituido en un fenómeno muy importante entre los jóvenes del litoral, que han visto el surgimiento de prestigiosas orquestas de baile como los grupos Niche y Guayacán, quienes mantienen un fuerte componente chocoano entre sus integrantes.

 

Los cantos de boga

 

Son canciones asociadas a la labor de la navegación, que se instrumentalizan de manera libre. En el litoral Pacífico, los bogas afrocolombianos acostumbran cantar mientras baten los remos sobre el agua. Esta costumbre, de tiempos inmemoriales, es un recurso empleado por los pobladores ribereños para acompañar su soledad en medio de los ríos y la selva.

 

En este género de canto se entonan versos simples de gran musicalidad, precedidos por fonemas y falsetes. El uso de sílabas, a manera de fonemas musicalizados, sirve para que el cantador cambie de nota, abandonando el registro en el que se encontraba y asumiendo uno diferente. Las rimas plasman la imaginación de los bogas y los contenidos de las interpretaciones manifiestan actitudes evocadoras. El acompañamiento musical se reduce al sonido producido por el remo o canalete en el instante mismo en que golpea el agua. Esta respuesta sonora, a manera de chasquido, sirve de apoyo rítmico para la voz del intérprete. Las temáticas giran en torno a temas cotidianos como el amor, la vida, el paisaje. Las letras empleadas pueden ser como la siguiente:

 

Cuando dos se están queriendo… oí… ve…

y no se alcanzan a hablar… oí… ve…

por el ojo de una aguja… oí… ve…

se mandan a saludar… oí… ve…

 

Los cantos fúnebres

 

Cantos propios de las comunidades afrocolombianas de la costa Pacífica, interpretados a capella o con un sencillo acompañamiento de toques de tambor. Se emplean en el contexto ritual de los entierros o velorios de parientes. En el litoral se conocen con los nombres de bunde y chigualo.

 

El bunde

 

Ritmo musical muy extendido entre las comunidades afrocolombianas del litoral Pacífico, con un posible ascendiente en Sierra Leona (África). Tiene carácter de canción lúdica y difiere, en grado menor, de la forma de canto empleado en los velorios de los niños. En este sentido es una expresión de los ritos fúnebres y, a la vez, una forma de canto inserto en el ámbito de las rondas y juegos infantiles que ejecutan los chiquillos en el patio de la casa mientras los adultos se ocupan del rito mortuorio propiamente dicho.

 

En la interpretación del bunde se emplean únicamente los tambores, que registran una métrica pausada. Los cantos, en coro, se alternan con los toques del tambor en aquellas ocasiones en que se trata de una celebración; en caso contrario, las voces no intervienen. Numerosas canciones del repertorio del litoral, que son cantos de folclor lúdico o rondas de juego, se bautizan con el nombre de bundes, tales como “El chocolate”, “El punto”, “El trapicherito”, “El florón”, “El pelusa”, “Jugar con mi tía”, “Adiós tía Coti” y “El laurel”.

 

El chigualo

 

La ceremonia de velación del cadáver de un niño menor de siete años recibe el nombre de chigualo en el sector centro-sur de la costa del Pacífico. En la zona centro-norte se llama gualí. También se le denomina bunde, velorio de angelito, velatorio, mampulorio, angelito, angelito bailao o muerto-alegre. Se corresponde, indistintamente de la región de que se trate, con la funérea infantil. En el ritual la música es interpretada a ritmo de bunde cuando hay baile. En su defecto se ejecuta con canto a capella, a una voz y coro, con acompañamiento del palmoteo. El ritmo de las voces, en el canto o recitado, es marcado por los tambores y los guasás, los cuales también indican el compás cuando se trata de bailar.

 

La base rítmica del chigualo es la que corresponde al currulao, que es la tonada tipo del Pacífico colombiano. El instrumental empleado en su ejecución se restringe a la marimba de chonta, los cununos macho y hembra, el bombo, el redoblante y los guasás. Los textos empleados son como el que sigue:

 

La yerbita de este patio

qué verdecita que está.

Ya se fue quien la pisaba

ya no se marchita más.

Levantate de este suelo,

rama de limón florido;

acostate en estos brazos

que para vos han nacido.

Con ve se escribe victoria,

el corazón es con zeta,

amor se escribe con a,

y la amistad se respeta.

 

Los cantos religiosos

 

musica religiosaEl ejercicio de la práctica religiosa entre las comunidades afrocolombianas de la costa Pacífica ha permitido la consolidación de un ambiente propicio para la producción de cultura y la revitalización de sus identidades. En este contexto de los ritos se acostumbra interpretar cantos religiosos a capella, que algunas veces permiten la adhesión de sencillos toques de tambor. Estas expresiones musicales se conocen en el litoral con los nombres de alabaos, salves y arrullos.

 

El alabao

 

En esencia es un canto coral de alabanza o exaltación religiosa ofrendado a los santos. Con el transcurrir del tiempo su uso se hizo extensivo al contexto fúnebre, convirtiéndolo, además, en un canto de velorio para adultos. Por lo general se interpreta sin instrumentos, aunque en algunas ocasiones puede tener acompañamiento rítmico de percusión. Dentro de sus características se destacan el acento salmodiano (propio de las exaltaciones cristianas) y la escala musical, que evoca al canto llano. Las intérpretes lo cantan manteniendo la armonía de las distintas voces, sin variar la melodía e introduciendo modulaciones propias de la música colectiva de las tradiciones africanas.

 

En algunos casos las temáticas de los versos se apartan del contexto religioso y resaltan aspectos profanos. En los alabaos de tipo fúnebre se combinan de forma indistinta pasajes que hacen referencia a la vida del difunto y exhortaciones místicas. Veamos unas estrofas:

 

Levanten la tumba,

levántenla ya,

que el alma se ausenta

pa´ nunca jamás.

Adorar el cuerpo,

dorar la cruz,

dorar el cuerpo

de mi buen Jesús,

de mi buen Jesús.

 

En toda la costa Pacífica colombiana este tipo de expresiones musicales son numerosas. Modelos como el denominado “Tío guachupecito” son característicos de todo el litoral; en él se nombran todos los santos del cielo católico, alternando los versos con el nombre de un pez negro y largo que es el que da nombre a la tonada. En el departamento del Chocó, por ejemplo, es muy popular el alabao dedicado a San Antonio, conocido como bunde San Antonio o “Velo, qué bonito”.

 

Los salves

 

Es una forma de alabao típico del departamento del Chocó, interpretado con gran sentido devocional en homenaje a la Virgen María o a ciertas advocaciones femeninas. Se les conoce también con el nombre de alabanzas de pasión. Presenta supervivencias de tradiciones españolas. En su ejecución, que se ha perpetuado a cargo de las mujeres más ancianas, se resalta la calidad y la modulación de la voz de las cantadoras, que aplican un estilo propio a la interpretación de extensos poemarios que provienen de épocas coloniales.

 

La habilidad en la interpretación, la memoria para recordar textos similares y la musicalidad de las cantadoras son elementos que influyen en el permanente enriquecimiento de las formas poéticas, que a veces se acompañan con un golpe percutido de tambor con la intención de solemnizar el acto ritual. Son modelos de salves “Una paloma sin mancha” y “Del cielo cayó una rosa”. Suelen emplearse textos como el siguiente:

 

En una tiniebla oscura,

y en una tiniebla oscura,

el día que el Señor murió,

por los rayos de la luna

la noche se iluminó

y la señora María,

y la señora María,

muy triste y adolorida

de ver a su amado hijo,

en una tiniebla oscura…

 

El arrullo

 

Expresión poético-musical referida a los niños, propia del departamento del Chocó. Se interpreta a manera de canción de cuna, en el contexto de los velorios, las celebraciones de la Natividad y en diversas reuniones de carácter religioso. Puede ser cantado por una o varias voces, adicionando estribillos cuando hay coro.

 

En la vida cotidiana los arrullos son empleados como canciones de cuna; en estas ocasiones la voz de la madre relega las pautas rítmicas e imprime un sabor tonal muy cadencioso a las interpretaciones, que adquieren un dejo regional de características particulares, muy próximo a la estructura de los romances y las salves. Pueden usarse letras como la siguiente:

 

Urrurru arra ya

que venga el coco,

que venga acá.

Este niño lindo

se quiere dormir

y el pícaro sueño

no quiere venir.

Canta la gallina,

responde el capón,

mal haya la casa

donde no hay varón.

 

El currulao

 

Es la tonada patrón de la costa Pacífica colombiana, estructurada sobre un compás binario de seis octavos, y con una sección rítmica percutida en figuraciones ternarias. En el contexto de la música afrocolombiana es el ritmo que presenta las supervivencias africanas en las modalidades instrumentales, vocales y coreográficas. El currulao se escucha en el contexto de las fiestas familiares, colectivas de índole social y en las rocerías de maíz o mingas.

 

Suele ejecutarse con un conjunto de marimba integrado por diez instrumentos: la marimba de chonta, para el acompañamiento semi-melódico; los dos cununos, sobre los que recae la base rítmica; la tambora o bombo, el redoblante y cinco guasás, como elementos que marcan la percusión. La parte vocal es efectuada por las mujeres, quienes emplean la forma de canto responsorial o de letanías para narrar los versos del coplerío local. La primera voz está a cargo de las cantadoras o glosadoras, que son las que dicen las coplas. Las segundas voces o respondedoras contestan con versos reiterados, llenos de estribillos y fonemas enlazados al proceso rítmico de los percutores, abandonando la melodía que se perfila sin relieve vocal. Son derivaciones del currulao: el patacoré, el berejú, la caderona, la bámbara negra y la juga.

 

El patacoré

 

Es una variedad de currulao, típica de la región costanera de los departamentos de Cauca y Nariño, en la que es posible percibir una motivación mágico-religiosa. Ritmo rápido en el que la marcación instrumental mantiene una identidad rítmica con la tonada patrón del litoral. Esta tonada mantiene predominio de la instancia vocal, con un sentido coral bastante marcado, en el que las voces se conjugan de maneras diversas y arbitrarias: una voz femenina en solitario y varias femeninas, o dos voces masculinas al unísono y una femenina como segunda voz. La palabra patacoré se usa a manera de glosa o estribillo. Los textos cantados dicen así:

 

Ya me va a cogé, oí,

ya me va a cogé, oí,

el patacoré, oí,

el patacoré, oí.

O ante que me coja, oí,

o ante que me coja, oí,

o yo me embarcaré, oí,

o yo me embarcaré, oí.

Tolé, oí… Tolé, oí,

Tolé, oí… Tolé, oí.

 

El berejú

 

Descendiente directo del currulao, mantiene las fases melódicas y rítmicas de la tonada patrón del litoral. Sus similitudes formales con el patacoré son indiscutibles, aunque es de ritmo más lento. En sus textos existe un trasfondo religioso y muchas veces mágico. El canto se desenvuelve tomando como base la palabra berejú, la cual es entonada por las cantadoras con un fraseo interminable encadenado al ritmo. Las respondedoras matizan la entonación de las palabras con fonemas en falsete que manifiestan un sentimiento africano.

 

La caderona

 

Al parecer este ritmo es una derivación de los landos o danzas de vientre, que acostumbraban los mineros esclavizados en sus fiestas probablemente rememorando ritos de fertilidad africanos. Su base rítmica pertenece al ámbito del abozao y se ejecuta en compás de seis octavos. La tonada se desencadena una vez que la voz prima emite la primera frase, la cual es contestada en forma de estribillo por el coro. El contenido del tema se trasluce en los siguientes versos:

 

Caderona… caderona…

Caderona, vení, meniáte…

Con la mano en la cadera,

caderona, vení, meniáte…

¡Ay! Vení, meniáte, pa´ enamorate…

Caderona, vení, meniáte…

 

La bámbara negra

 

Ritmo típico de la región centro-sur del litoral Pacífico. Es un canto bailado en el que la fase melódica se ciñe a la actuación vocal, que es adelantada por un coro de cuatro voces. La letra de esta tonada desarrolla un tema concreto, estructurado en métrica binaria, que no permite modulaciones ornamentales y que se repite de manera reiterativa. El texto parece referir viejas costumbres marciales que fueron sobrepuestas al gusto fiestero de las comunidades afrocolombianas del litoral. “Bámbara” es el nombre de uno de los grupos africanos cuyos miembros fueron deportados hacia Cartagena de Indias durante los siglos XVI y XVII. Suelen utilizarse versos como el siguiente:

 

Subí sarmaro,

como soldado,

subí sarmaro,

como soldado,

y acostumbrado

al son de valor,

y acostumbrado

al son de valor.

La bámbara negra

yo no la sé,

ay, dale mi vuelta

y me jincaré,

ay, dale mi vuelta,

y me jincaré.

 

La juga

 

La juga es una variante del currulao destinada a las celebraciones navideñas y a otras fechas especiales. Tiene su verdadero esplendor en las balsadas o procesiones acuáticas sobre canoas, que acostumbran los afrodescendientes para festejar el natalicio del Niño Dios o para celebrar la fiesta de un santo patrón. En medio de la música, el canto, los rezos y los juegos de pólvora, se transportan altares construidos en ramas de palmiche, en los que reposa la imagen del niño Jesús, desde las diferentes veredas hasta la iglesia del pueblo.

 

Esta tonada se caracteriza por conservar el compás de seis octavos propio del ritmo patrón del litoral Pacífico. Su acompañamiento percusivo, menos frenético que el de su ascendiente, crea un diálogo con las voces femeninas. En síntesis, es una forma de canto con conjunción o juego de voces femeninas, a la manera del estilo responsorial, en el que la segunda voz asume la melodía e interpreta los versos y la primera canta los estribillos.

 

La salsa

 

Aunque esta expresión musical no surgió en el contexto del folclor afrocolombiano, sí hace parte de los ritmos de origen afrocaribeño que fueron adoptados por diversos sectores populares en las ciudades donde había presencia significativa de gente de origen africano, quienes encontraron en ella un signo de identidad, solidaridad y esperanza. Las temáticas de la salsa en el ámbito caribeño denunciaban la situación social del común de la gente. Esta capacidad para expresar sentimientos, sensaciones, pasiones y críticas sociales de los sectores discriminados se constituyó en una herramienta estética y creativa para los afrocolombianos, quienes vieron en ella la posibilidad de afianzar su identidad y al mismo tiempo acceder al reconocimiento nacional e internacional.

 

Como manifestación musical contemporánea, la salsa surgió a principio de la década de 1970 en los barrios latinos de Nueva York. En sus orígenes, y como base principal de su desarrollo, estuvieron diversos géneros afrocubanos como el son, el danzón, la guaracha, la rumba, la habanera, la guajira, el mozambique y el guaguancó, que con posterioridad fueron enriquecidos con el aporte de tonadas populares y folclóricas puertorriqueñas, entre las que se destacaban la bomba y la plena. También hubo aporte de elementos musicales de otros pueblos del área del Caribe y, por supuesto, del jazz norteamericano. A todas estas raíces, los músicos les adicionaron arreglos agrios y violentos que hicieron de ellas una especie de toque de barrio que rápidamente fue asumido por las barriadas de las grandes ciudades del Caribe.

 

Al final de los años setenta, en el contexto caribeño y neoyorquino existían dos tendencias de vanguardia en la salsa. La primera conservaba el estilo de barrio, que implicaba una amalgama de tradiciones. La segunda, llamada “salsa conciencia”, enfatizaba en una intención política con letras que mostraban la ruptura con el conformismo imperante. Ambas planteaban temáticas centradas en la lucha contra la discriminación racial, social y política, que coincidían con los sentimientos y las vivencias de la gente. Al cantarle al goce, al placer, al amor, a la sensualidad, al baile y a la música misma la salsa se constituyó en un canto a la alegría de vivir.

 

En Colombia, en la década de los setenta, la salsa se definió como un elemento de identidad popular urbana de sectores sociales específicos; en ciudades como Barranquilla, Cali, Cartagena y Buenaventura se adoptó como música propia. La presencia de la cultura afrocolombiana en la configuración social de esas ciudades, el surgimiento de barrios populares a raíz de los procesos de urbanización y el papel de los medios de comunicación en la difusión de la música afroantillana son algunas de las razones históricoculturales que permitieron el arraigo del nuevo ritmo en las urbes con mayor presencia de descendientes de africanos en el país.

 

Hasta la primera mitad del siglo XX, en el litoral Pacífico, el currulao seguía siendo el único ritmo que contaba con reconocimiento propio. No obstante, la gente afrocolombiano empezó a mirar otros géneros musicales como si fueran propios y la salsa acabó por convertirse en “su nueva música tradicional”. Surgieron, entonces, agrupaciones de “tipo caribeño” en lugar de las chirimías tradicionales. Estos nuevos grupos decidieron fundamentar el contenido de sus letras y el nuevo ritmo adoptado como parte de la expresión de su propia identidad. A finales de 1980 la salsa se había constituido en una forma de vida para las gentes afrocolombianas de esa región del país. Música que tenía ya sus propios representantes y que por lo tanto lograba que la gente se sintiera identificada con las letras de sus compositores favoritos.

 

Desde sus inicios, la salsa colombiana le ha cantado a la cotidianidad, al amor y al apego a la tierra. El primer auge del movimiento salsero nacional fue encabezado por la agrupación “Fruko y sus Tesos”, que centró la temática de sus canciones en los personajes, los oficios y los actos de la gente afrocaribe. Más adelante, la dirección del movimiento fue asumida por el grupo “Niche”, liderado por Jairo Varela y Alexis Lozano, quienes pusieron en marcha la idea de hacer salsa con elementos tradicionales del litoral Pacífico. Posteriormente, esta iniciativa se escindió en dos estilos diferentes: Niche fomentó una línea de trabajo más próxima al formato puertorriqueño, con temáticas que giraron en torno a la gente y sus preocupaciones. Guayacán, por su parte, mantuvo la idea original e hizo una salsa colombiana con canciones que abordaban personajes y situaciones más regionales.

 

Otro de los líderes de la salsa en Colombia es Joe Arroyo, quien le canta a la fiesta y al baile, aunque también ha grabado canciones con claro origen tradicional. En la actualidad sobresalen en el contexto de la salsa colombiana Yuri Buenaventura, que reside en París y cuenta con una orquesta conformada, en particular, por colombianos residentes en Francia, quienes adelantan incursiones musicales en el género de latin jazz. Asimismo, resalta el grupo “Bahía”, dirigido por el guapireño Hugo Candelario González Sevillano, quienes fusionan las raíces musicales autóctonas de la costa Pacífica con los ritmos afrocaribeños, conservando la estructura original y combinando instrumentos tradicionales y modernos.

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Las fiestas son rituales que comunican sentimientos colectivos bien sean de alegría, exaltación, inconformismo o duelo. En primer lugar están las que evocan creencias religiosas. En ellas los pueblos agradecen y piden a sus dioses el favor en las cosechas, en el amor, en la salud y en la prosperidad. Luego están las fiestas llamadas profanas. En ellas se festeja la vida. En estos jolgorios, el cuerpo humano se permite el desenfreno y el goce se convierte en el centro de la celebración. Esta clasificación de las fiestas no debe hacernos perder de vista que la fiesta siempre transita entre lo sagrado y lo profano. Así por ejemplo, el Carnaval de Barranquilla termina el Miércoles de Ceniza. Después de saciar los apetitos del cuerpo, Joselito Carnaval muere y así comienza el periodo de la cuaresma, que invita a la austeridad y al ayuno.

 

Las fiestas afrocolombianas también pueden ser estudiadas mediante la observación de sus manifestaciones simbólicas e históricas. Los disfraces y las máscaras contienen numerosos símbolos que narran las relaciones sociales, los sueños y los miedos de sus portadores. Así, por ejemplo, la pelea entre cucambas y diablitos, comparsas de los carnavales en el río Magdalena, expresa la lucha entre el bien y el mal. También se han interpretado como representaciones de las rivalidades que tenían lugar entre las diferentes naciones africanas durante la Colonia.

 

Así las rememoraciones sobre sus orígenes africanos se hacen presentes en la fiesta y en las celebraciones religiosas. En la población de Coteje, sobre el río Timbiquí, se lleva a cabo la celebración de la Semana Santa. Las calles del pueblo sirven de escenario para la puesta en escena de los episodios que rodearon la muerte de Jesucristo. Entre los más importantes está su apresamiento. En Coteje esta escena es de gran importancia y en ella aparecen como protagonistas unos personajes llamados Pilatos.

 

Ellos van vestidos con faldas de palma, exhiben un hacha en su mano, una pipa que lanza fuego y llevan todo su cuerpo pintado. Juguetean por todo el poblado pellizcando o asustando a los niños. Si bien esta celebración se enmarca dentro de una fiesta religiosa católica es evidente que sus disfraces y las acciones que realizan los personajes guardan huellas ancestrales que nos remiten a las herencias africanas que aún perviven entre estos pueblos. Las faldas de palma presentan grandes semejanzas con las faldas de rafia utilizadas en las ceremonias africanas. Este traje se luce en múltiples festividades y es un atributo especial que representa a los espíritus de los ancestros. Así el análisis histórico de las celebraciones afrocolombianas y de su parafernalia permite discernir memorias de largo alcance condensadas en un solo evento.

 

El Carnaval de Barranquilla

 

carnaval barranquillaEl carnaval es una celebración de la fertilidad, la vida, el goce y el placer. Se caracteriza por quebrantar las normas cotidianas e invertir las jerarquías que ocupan las personas dentro de sociedad. Las actividades laborales se detienen para dar paso al baile y a la embriaguez por días o incluso semanas. Los atuendos habituales se transforman en disfraces coloridos donde el rico aparece como mendigo, el bello como feo, el rey como esclavo, o el hombre como mujer. El Carnaval de Barranquilla es confluencia de expresiones culturales, síntesis de las tradiciones de los pueblos del río Magdalena. Poblaciones con memorias indígenas que se fueron nutriendo con las tradiciones de las diferentes naciones africanas que llegaron a este región entre el siglo XVI y XIX. Por otra parte, estas poblaciones también heredaron los acervos de inmigrantes europeos que llegaron durante ese mismo periodo.

 

La celebración del precarnaval o guacherna anticipa la llegada de la fiesta con un desfile callejero. La gente baila en comparsas al son de instrumentos como la dulzaina, el acordeón, el tambor y la gaita. El 20 de enero es el día de la apertura oficial del carnaval con la lectura de bando. Se trata de los mandatos virreinales del periodo colonial acerca de la manera como debía desenvolverse la fiesta. El domingo siguiente, se realiza la gran parada o desfile de carrozas seguidos de comparsas de danzantes. Ese día también tiene lugar la batalla de las flores.

 

El Carnaval de Barranquilla se ha convertido en la fiesta más importante de Colombia. Durante el siglo XIX, estas festividades representaban la prosperidad económica que generó el mercado del café y el añil. Este mercado atraía extranjeros y nativos de ascendencia indígena o africana que habitaban las riberas del río Magdalena. La primera mención acerca del carnaval es una denuncia por los escándalos que suscitaban las fiestas que fue enviada al virrey Ezpeleta. La celebración de estas fiestas se oficializó en el año de 1876. En ese año la ciudad de Barranquilla y los poblados vecinos acudieron con sus mejores galas en una procesión festiva que duró cuatro días con sus noches.

 

Las influencias africanas en el Carnaval de Barranquilla no son ninguna novedad. En el año de 1693, las autoridades españolas denunciaron las fiestas de tambor que realizaban los cabildos de negros arará y mina. Esos espacios servían para rememorar actividades religiosas de los diferentes grupos humanos africanos. En el año de 1780 las mismas autoridades ordenaron el cierre de los cabildos congos, mandingas y carabalíes, argumentando de nuevo el escándalo que producían sus toques de tambor y sus fiestas.

 

La danza de los congos

 

carnaval barranquilla 3Entre las herencias africanas más importantes que aparecen en el Carnaval de Barranquilla se halla la danza de los congos. Se trata de un desfile de hombres divididos en cuadrillas, cubiertos con penachos de flores y plumas con una cola o penca cubierta de mariposas que llega hasta el suelo. Según la antropóloga Nina S. de Friedemann, este atuendo recuerda a los reyes del Antiguo Reino del Kongo, descritos por Fillipo de Pigafetta en 1591. Cada cuadrilla se denomina con un nombre especial como: Torito Ribereño, La Burra Mocha, Toro Negro, Congo Tigre de Galapa. Cada grupo de danzantes tiene una sede o palacio, de la cual parte hacia las calles barranquilleras donde despliegan ritos de enfrentamiento con otras cuadrillas. En las danzas callejeras los congos blanden sables de madera, culebras vivas y vejigas de animales. Estas prácticas y atavíos acompañados con sus respectivos relatos recuerdan las rivalidades entre antiguas naciones africanas que se encontraron en el Nuevo Mundo durante el periodo colonial. En la descripción del año 1693 dejada por las autoridades españolas, se afirma que en ese entonces los africanos colocaban un tablado donde competían entre bandos que se agrupaban según sus antiguos ascendentes africanos.

 

Hoy en día, después de los enfrentamientos rituales, las cuadrillas se organizan en líneas de dos en dos para desfilar alrededor de las carrozas en la Batalla de las Flores y en la Gran Parada. Además de desfilar, los congos se congregan para rememorar las historias de sus antepasados africanos y la vida en sus antiguas naciones. Estas narraciones mantienen la fuerza de la expresión oral, práctica de gran importancia para las poblaciones afrocolombianas. Mediante la oralidad se ejercita le memoria colectiva, se rememora la historia y se consolida sentido de identidad y pertenencia entre los descendientes de los africanos en esa región del país.

 

La fauna danzante

 

carnaval barranquilla 2Caimanes, elefantes y tigres de origen africano conviven con culebras, pájaros, toros y burros americanos. Personajes enmascarados hacen vibrar a todos los caseríos del río Magdalena hasta que llegan a Barranquilla en donde realizan paradas fantásticas que imitan los atributos del animal.

 

La procedencia africana de esta fauna danzante aparece en las máscaras que representan a personajes como la marimonda. Se trata de una figura enmascarada en forma de capuchón que se desliza sobre la cabeza. Tiene grandes orejas y una trompa muy larga. Aunque los pobladores de la región la llaman mono, sus características morfológicas corresponden a las de un elefante. Su carácter es irónico e insolente, siempre busca perturbar. Es uno de los personajes más antiguos del carnaval y, según relatan sus protagonistas, era utilizado por las personas que no tenían dinero para hacerse a un disfraz.

 

Pero no sólo la forma exterior del disfraz permite asociar a la marimonda con un elefante. Según Nina S. de Friedemann, entre las tradiciones cameruneses de los bagami, bamum, doala y bamileke hay máscaras muy parecidas que representan al elefante africano. De ahí que sea susceptible suponer que la marimonda sea una representación de este importante animal que viajó desde África hacia las costas caribeñas colombianas.

 

Fiesta de reyes: carnaval andino de blancos y negros

 

carnaval de negros y blancosLa celebración antes conocida como la Fiesta de Blanquitos y Negritos tiene sus raíces en los autos sacramentales que se realizaban en el mundo cristiano como recordatorio de la Epifanía y la visita de los Reyes Magos a Jesús recién nacido. La conmemoración de origen ibérico se nutrió con los aportes de las culturas aborígenes americanas y africanas durante la conquista y la Colonia.

 

Este tradicional festejo del sur del país está relacionado con la sublevación que protagonizaron los africanos esclavizados de la población antioqueña de Remedios la cual llenó de pánico a las autoridades. Este acontecimiento repercutió en las provincias del sur de la Nueva Granada, cuyos esclavizados exigieron un día de descanso. El rey de España por Cédula Real, concedió el 5 de enero como la fecha única del año en la cual los esclavizados podrían gozar de relativa libertad. Al enterarse se lanzaron a las calles danzando al son de la música africana.

 

Según las crónicas, para el 6 de enero de 1880 se paseaban por las calles de la ciudad un rey negro, un rey indio y un rey blanco montados a caballo, haciendo un homenaje a Jesús recién nacido, acompañados de música y cortejos. Tiempo después se incorporaron nuevos certámenes que hicieron de esta fiesta, el carnaval más grande del sur del país. La antesala al carnaval comienza con la novena de aguinaldos que reúne a las familias para recordar el proceso de concepción y nacimiento de Jesús. Esta novena se lleva a cabo entre el 16 y el 24 de diciembre. El 28 de diciembre se celebra el día de los Santos Inocentes.

 

carnaval de negros y blancos 2El 5 de enero comienza el carnaval. Ese día se conmemora el día de negritos. El rasgo fundamental de la fiesta es el “tizne de negritos”. En él, los pastusos salen a las calles con betún o con trozos de carbón pintando de negro a las mujeres, hombres, amigos y enemigos. Al siguiente día, 6 de Enero se festeja el día de los blanquitos lanzando polvo blanco o talco en la cara de los transeúntes desprevenidos. Los dos días se distinguen por la música de bandas que recorren las calles, desfiles de carrozas con gigantescas figuras de movimiento, comparsas, murgas y disfraces tales como el condenado a muerte, la novia bandonada, el jugador expulsado, el deudor hipotecario, el culebrero intoxicado, el soldado herido del Grupo Cabal o el santo cachón.

 

Noticias provenientes de otros lugares de América dan testimonio de celebraciones que bajo el pretexto de conmemorar el Día de Reyes, ejercitan prácticas políticas provenientes del continente africano. Según Fernando Ortiz, los cabildos de las naciones africanas realizaban en La Habana la elección de su rey en la fiesta del Día de Reyes. En el cabildo Congo se congregaba una junta de tres días de vela. También se hacían ceremonias en honor a san Antonio a quien ofrendaban con comida. El 6 de enero se escogía al salí (rey), teniendo en cuenta su entú (talento). El mismo día, salía el rey ataviado con trajes y adornos propios del ejército español y sosteniendo un bastón como símbolo de su autoridad. Los súbditos le seguían vistiendo sus mejores galas y realizando desfiles y danzas al son del tambor africano.

 

Fiesta de Corpus Christi

 

fiestas de corpus cristiTiene su origen en los autos sacramentales, que eran representaciones teatralizadas del evangelio y de ciertos pasajes del Antiguo Testamento. Esta práctica fue muy corriente durante la Colonia. Con ella se pretendía evangelizar a las personas que no sabían leer. El objetivo fundamental de los autos sacramentales era dar a conocer los dogmas de la fe católica en América.

 

La fiesta del Corpus se celebra en solsticio de verano, fecha en la cual se cierra el ciclo de siembra y cosecha. Según los expertos, la celebración cristiana se superpuso a otras de origen grecorromano, pero también a las fiestas que, por el mismo motivo, celebraban los indígenas americanos y la gente africana que llegó al Nuevo Mundo. En 1564, fray Cristóbal Torres, quien se desempeñaba como arzobispo en la Nueva Granada, describió cómo una procesión escenificada recorría las calles de Santa Fe. Esta procesión estaba encabezada por el alto clero y los dignatarios de la corona. Estos nobles eran seguidos por los indígenas quienes al ritmo de sus danzas ofrecían los productos de la tierra. Luego aparecían las cofradías de negros, quienes aprovechaban el rezo a las almas del purgatorio para rendir culto a sus ancestros africanos.

 

Las fiestas del diablo

 

fiestas del dialbloLa figura del diablo ha sido fundamental en la historia de las culturas afroamericanas. Durante le periodo colonial, sus festejos de tambor, danzas y prácticas curativas siempre fueron asociadas al demonio. Como una estrategia simbólica de resistencia, la gente africana se apropio de esa imagen para enmascarar ritos y personajes propios de sus lugares de origen, manteniendo así la fuerza de sus tradiciones. De este modo, la demonización, estigma que les cerró las posibilidades de ascenso social, educación o trabajo fue utilizada de manera estratégica por los esclavizados para preservar diferentes aspectos de sus culturas ancestrales. El diablo y sus acciones han sido símbolo de resistencia entre los pueblos afroamericanos. Aparece en máscaras, relatos, carrozas y disfraces. Desde tiempos coloniales, los misioneros que visitaron la costa pacífica afirmaban que los instrumentos musicales de los esclavizados eran el propio demonio y bailar al son de los mismos fue considerado como un acto satánico. Estas acusaciones fueron lanzadas contra la marimba de chonta y contra la danza del currulao característica de esa región.

 

Pero la fiesta más legendaria en honor al demonio es el Carnaval del Diablo en Riosucio (Caldas). Según Ángela Pérez, esta ciudad fue fundada en 1819 por la unión de dos reales de minas: Quiebralomo, conformado por mineros africanos, y La Montaña, habitado por indígenas Embera. El poblado conservó su antigua división, de tal manera que La Montaña ocupó la parte baja con una plaza propia consagrada a la Virgen de la Candelaria. Quiebralomo tomó la parte alta adoptando a san Sebastián como su santo patrono. En el año de 1846 se decretó la supresión de los distritos originales y se creó Riosucio.

 

fiestas del dialblo 2Alimentándose de las tradiciones culturales de españoles, indígenas y africanos nació el carnaval que comienza el día 28 de diciembre – Día de los Inocentes y termina el 6 de enero, Día de Reyes. Esos días transcurren entre desfiles callejeros, pólvora, poesía, danza y alcohol hasta el cansancio. El día más importante es el 4 de enero cuando la gran estatua del diablo se sienta en su trono rodante y comienza el desfile triunfal por las calles del poblado. Lo sigue un cortejo de personajes disfrazados, la chirimía, las cuadrillas de oradores que relatan la tradición de su gente y denuncian los problemas sociales; por supuesto acompañados de los polvoreros de Supía. Del otro lado del pueblo, los matachines sobre un tablado, esperan la llegada de su majestad. Cuando el diablo llega, comienza un duelo de palabras donde ambos bandos descargan sus inconformidades. Es una larga ceremonia literaria donde el pueblo ejercita su memoria colectiva. Los días siguientes, son ocupados por las comparsas y los bailes de la chicha.

 

Entre las prácticas de ascendencia africana que aún están vigentes en ese carnaval, podemos resaltar todas las destrezas alrededor de la oralidad. Las cuadrillas de oradores constituidas por demonios y matachines en oposición constante, relatan la historia de la ciudad, de los personajes míticos de la región. Este aspecto convierte la fiesta en una evocación del pasado y en una manifestación del inconformismo de estos pueblos descendientes de mineros de origen africano. Es posible encontrar ese doble atributo de la oralidad como denuncia y remembranza colectiva entre las sociedades del África que abastecieron los mercados negreros de lo que hoy es Colombia.

 

Fiesta de San Pacho

 

fiestas de san pachoLa primera noticia sobre esta fiesta data de 1648. En ella se relata que una comisión de misioneros franciscanos llegó al Pacífico colombiano llevando una imagen de san Francisco de Asís. La comisión tenía el propósito de pacificar a los indios y allanar las rutas de oro del Chocó. El lugar estaba poblado por los indígenas citara es con quienes los franciscanos organizaron una procesión de balsas la cual estuvo encabezada por la imagen del santo. El 28 de agosto el mismo año los indígenas fueron a saludar la imagen vistiendo atavíos insólitos para los misioneros: tocados, collares y pintura corporal. Además le crecieron pescados y frutas.

 

En el afán de fortalecer la misión, los franciscanos pretendieron levantar una iglesia a orillas del río Atrato cuyo patrono sería san Francisco de Asís. Sin embargo, en 1684 los indígenas asesinaron a algunos de los misioneros y quemaron ese primer poblado. No obstante, ellos no eran los únicos pobladores del lugar. Para 1670 habían llegado nuevos conquistadores; eran los aventureros que, en la búsqueda incansable del oro, llevaban consigo cuadrillas de esclavos que servirían como mano de obra a las labores de extracción del oro.

 

De este modo san Francisco de Asís se convirtió en el santo patrono del recién fundado pueblo de Quibdó. La acogida de este santo por parte de la población esclavizada no se hizo esperar. Desde los primeros años la celebración del día patronal se convirtió en la festividad más grande del lugar. En un comienzo, esa celebración tuvo un carácter sagrado en el sentido de conmemorar, recordar y homenajear al santo. Para esto se realizaba una procesión de la imagen que se paseaba por los diferentes barrios de la ciudad, como recordatorio de los primeros recorridos del san Pacho que viajaba visitando los caseríos a lo largo del río.

 

En la actualidad al carácter sagrado de esta fiesta se le suma uno carnavalesco que tiene su origen en las fiestas de diciembre y enero que, como el carnaval de Barranquilla, festejan en Quibdó el advenimiento del nuevo año. La fiesta de San Pacho también está compuesta por desfiles de comparsas que recorren los diferentes barrios con el fin de competir y denunciar las necesidades prioritarias de los pobladores. Al son de la chirimía chocoana compuesta por clarinete, platillos, tambor alegre o redoblante (requinta), tambora, bombardino y saxofón se realizan danzas en honor al santo. De esta manera, el baile y la fiesta se convierten en un medio para reclamar mejores condiciones de vida. El festejo patronal esta constituido por una procesión religiosa que conduce la imagen del santo por toda la ciudad, hasta llegar a la catedral de Quibdó donde se realiza una larga ceremonia en homenaje a San Pacho.

 

Reinado Nacional de Belleza

 

reinado de bellezaA lo largo de la historia nacional la participación de la mujer afrocolombiana ha sido destacada no solo en la conservación y difusión del patrimonio material e inmaterial de su cultura sino que además ha participado activamente en la vida política regional y nacional. En los años recientes vale la pena destacar la figura de Piedad Córdoba, actual senadora de la república quien ha participado activamente en la reivindicación de los derechos étnicos y territoriales de los pueblos afrocolombianos.

 

El reinado que se celebra en Cartagena el 11 de noviembre remplazó la fiesta cívica de la ciudad donde las calles eran recorridas por comparsas que evocaban los antiguos cabildos de negros. El centro de la fiesta estaba constituida por comitivas que desfilaban y danzaban, al ritmo de los tambores. Algunas comparsas venían del Palenque de San Basilio cuyos participantes hacían un recorrido hasta Cartagena agrupados en comparsas. Lo más particular es que las comparsas estaban conformadas por cuadros o grupos de edad que reflejan la organización política de los descendientes de cimarrones. Esta forma de organización social y de gestión de la vida pública guarda estrecha relación con tradiciones comparables en África. En medio de la celebración se animaban antiguas disputas entre gente africana de diversos orígenes. Estas contiendas se representaban mediante danzas, tambores y hasta riñas directas. También se caracterizaba por la aparición de hombres disfrazados de mujeres pilanderas. Esos hombres bailaban y cantaban balayes, escobas y totumas con los que se pilaba el arroz en los campos.

 

A mediados del siglo pasado, la festividad empezó a transformarse en un reinado de la elite cartagenera, desplazando así el carnaval original hacia los suburbios populares de la ciudad.

 

Semana Santa en Coteje

 

semana santa en cotejeCoteje es una población alejada de las grandes ciudades colombianas, que está ubicada sobre el río Timbiquí (Cauca). Allí la celebración de Semana Santa se ha convertido en una fiesta que ha puesto en escena memorias africanas. Éstas afloran de manera especial cuando se rememora la muerte y resurrección del Mesías católico. El ejemplo más claro de esa africanización de estas creencias y prácticas se halla en las representaciones teatralizadas de los acontecimientos de la Semana Mayor. En el apresamiento de Jesús, aparecen unos jóvenes uniformados con camisetas amarillas, armados con escopetas de madera que recorren el pueblo en una formación militar guiada por el percutir de los Cununos.

 

Otros personajes representan a Pilatos. Estos son hombres vestidos de faldas de palma, con el cuerpo pintado de tierra, quienes cargan en su mano un hacha. Su relación es evidente con los atuendos y objetos rituales utilizados en la zona de África centro-occidental, zona de la cual fueron deportadas numerosas personas africanas hacia esta región del Pacífico, entre 1680 y 1740.

 

Balseadas de Santos en el Pacífico

 

Las poblaciones ribereñas de la costa Pacífica homenajean a los santos patronos de sus poblados por medio de fiestas que se conocen como balseadas. Las balseadas son procesiones en canoas. Éstas son construidas en troncos ahuecados que, al son del tambor, conducen imágenes católicas a lo largo del río hasta el poblado. Una vez en el poblado, la imagen se ubica en la casa de la familia que, según la tradición, es la encargada de brindar la fiesta para ese año. Junto con el marimbero y los tamboreros, la dueña de casa toma el lugar central de la reunión entonando los primeros alabaos, bailando alrededor de la imagen, y ejecutando los instrumentos musicales tradicionales.

 

Del 1 al 6 de enero se celebra la balseada del Señor del Mar en la desembocadura del río Sanquianga. Las poblaciones de Bocas de Satinga, Mulatos, el Baíto, suben la imagen del nazareno en una canoa que se conduce por el río. La imagen es un Jesús resucitado con los brazos abiertos y túnica marrón, rodeado de flores artificiales. La balsa principal es seguida por otras veinte o treinta cuyos tripulantes entonan alabaos para el santo. Al llegar al poblado, se coloca el santo en un altar en la casa elegida para conducir la fiesta. El coro de mujeres y los músicos forman una conversación rítmica que relatan episodios de la infancia, de las picardías, de la vida familiar de Jesús en una secuencia que va adquiriendo intensidad con el paso de las horas. Los hombres que no interpretan ningún instrumento se sitúan fuera de esa casa para jugar dominó y tomar licor. Esta secuencia puede durar varios días.

 

Otras balseadas de santos se presentan sobre el río San Juan: la población de Tadó festeja a la Virgen de la Pobreza, en Istmina a la Virgen de las Mercedes. Alrededor del río Baudó a San Martín de Porres. A Santa Bárbara y la Virgen de Atocha en el río Timbiquí y a la Virgen de la Inmaculada en las poblaciones cercanas a Guapi.

 

Fiestas patronales de San Roque en Talaigua

 

En el municipio de Talaigua (Bolívar), san Roque es homenajeado durante varios días en un proceso festivo de carácter sagrado y profano a la vez, cuyo punto de unión es rogar al santo por las buenas cosechas, la salud o la abundancia de dinero. La antesala del festejo es la novena al santo, una secuencia de oraciones que se hacen en familia y que preparan el ambiente del poblado para la celebración. La llegada de la banda anuncia el comienzo de la fiesta con el baile de la Gigantona quien es el mismo San Roque transformado. La Gigantona baila recorriendo el pueblo acompañada de pólvora y ron. Luego llega el Día del Santo. La banda de músicos recorre el pueblo desde el amanecer entonando canciones destinadas a homenajear al santo. Esta actividad musical se realiza antes de la celebración de la gran misa en su honor. San Roque, ataviado con sombrero de plata, bastón y calabaza de plata, se posa sobre un anda al costado izquierdo del altar.

 

La eucaristía comienza con la interpretación del himno nacional y continúa con los bautizos, primeras comuniones, matrimonios. Algunos niños se visten como el santo y son los encargados de cumplir las mandas que requiere el santo para cumplir los favores. Antes y después de la celebración los talaigueños relatan los milagros que les ha concedido el santo cuando le rinden los homenajes que él requiere. También se refieren a la transformación de su fervor cuando la imagen de san Roque fue cambiado por uno nuevo y grande. Para los pobladores, el pequeño es el propio, válido y milagroso san Roque, el otro es un simple reemplazo. Varias historias cuentan acerca del oro que tenía esa primera imagen en brazos, manos y calabazos pero que ahora ha desaparecido.

 

Luego de la ceremonia hay carreras de caballos, juegos de azar y mercados ambulantes a donde acude masivamente la población. Mientras tanto, el ritual de tocar al santo convoca a quienes buscan algún favor del mismo. Así, pasan de uno en uno sobándolo con un pañuelo, rozándolo con una vela o con la piel.

 

Al llegar la noche comienza la procesión danzada de san Roque quien se desplaza en andas por las calles principales de Talaigua. El santo aparece iluminado con una media luna de bombillas sobre su cabeza y ramos de flores que rodean sus pies. El entusiasmo festivo crece a cada paso del santo cuya marcha es conducida por la música de la papayera. Esta procesión termina en la iglesia principal del pueblo donde se encienden dos castillos de luces; el rimero alberga la imagen del santo, el segundo, una chalupa. San Roque entra al templo donde es aplaudido y homenajeado con velas multicolores.

 

La celebración continúa en los salones. La papayera se traslada a la tarima ubicada en la plaza central. Mientras espera a los talaigueños que arriban engalanados para la ocasión. Este es un evento de socialización donde las madres desfilan mientras esperan que los parejos pidan un baile con sus hijas. Las danzas que se realizan son la mazurca, el tango, el vals, pasodoble, pasillo, bambuco y corrido. También se realizan los fandangos donde la gente baila alrededor de la papayera, con una vela encendida en la mano. Las casetas de pick-up han ido remplazando la costumbre de los salones y los fandangos, hoy en día los jóvenes se reúnen alrededor de equipos de sonido a escuchar música foránea y a beber cerveza.

 

En esta fiesta el ritmo de la celebración es conducido por la papayera, que sirve como conductor del ánimo colectivo. Primero, sirve como anuncio del inicio de la fiesta (cuando llega al pueblo); luego manifiesta el desenfreno y la alegría durante el recorrido de La Gigantona. Después conduce a un estado de zolemnidad en la misa y permite la procesión danzada con la música clásica.

 

El Festival de la Luna Verde en el Archipiélago de San Andrés y Providencia

 

san andres y providenciaEl Festival de la Luna Verde es una celebración que hace visible un modo de ser y celebrar que es propio de la gente afrocaribeña. A pesar de tener un origen reciente, el festival presenta características que relatan la historia de estas Islas. La desaparición absoluta de la presencia indígena, así como la colonización por parte de ingleses que introdujeron africanos para laborar en grandes plantaciones, se manifiestan hoy en día en la cultura sanandresana.

 

El festival se inicia con una excitante marcha que recorre las principales vías de San Andrés al ritmo de tambores marciales que marcan el compás, aprovechado por las huestes de la numerosa banda de percusión para desarrollar coreografías originales. Los ritmos militares son acompañados por pasos de marcha sugeridos por claves de tambor, que varían según el líder que conduzca a la banda militar juvenil. Estos líderes establecen una especie de competencia entre sí cuando, estando al frente de la banda, señalan las marcaciones rítmicas, que el conjunto debe interpretar y trasladar sin perder contacto con el ritmo inmediatamente anterior.

 

Entre tanto, en medio de los miembros de la marcha, se realiza una lucha coreográfica. Estas coreografías tienen su origen en los antiguos juegos de guerra de los guerreros Coromantés de Ghana y los bailes épicos de las coreografías Ashantis, que representan un complejo simbolismo corporal y rítmico.

 

Por la noche se presentan los conjuntos musicales y danzísticos de las Islas. Los tradicionales comprenden los bailes heredados de los bailes salonescos europeos de finales del siglo XIX, como la polca o el chottis. Pero también, hay conjuntos musicales que hacen uso de los instrumentos acústicos radicionales africanos como tambores, la carraca y el caracol. Estos escenarios festivos nos remiten a las jornadas anuales conocidas como Congo Meetings que se practicaban en el secreto abigarrado de la manigua, plantación adentro, durante la colonia. En ellas afluían los represados gritos, bailes, gestos dramáticos y expresiones apisonadas que sucedían a pesar de los esfuerzos británicos por reducir a su mínima expresiónlas reconstrucciones culturales y místicas de los africanos.

 

Como consecuencia directa de los procesos de acción de la cultura colombiana continental desplazada a los territorios insulares, otros elementos musicales han logrado arraigarse relativamente en el Green Moon tales como el vallenato que ha sido introducido por los barranquilleros que han inmigrado a la isla. También se presentan los artistas, venidos de todos los confines del Caribe, representan lo más vivaz y dinámico del actual cosmopolitismo de la música antillana. Entre las influencias más importantes está la de Jamaica que, como la metrópoli inglesa del Caribe, se ha constituido como generadora de caracteres culturales irradiados por el constante intercambio de información sobre costumbres, modas y noticias. Jamaica y Trinidad constituyen las bases de una cultura musical que se extiende por toda la región. Después de la primera guerra mundial muchos jamaiquinos son alistados en el ejército inglés. Los soldados que regresan traen consigo instrumentos musicales como los tambores- “Charles”, utilizados en las marchas de combate, trompetines y clarines. La. guitarra (adoptada por el fuerte contacto con la gente afrohispana) y el banjo –viejo instrumento africano, cuyo nombre original es banjor y que fue reconstruido por los africano-americanos de Estados Unidos– ofrecen las posibilidades melódicas, iniciando con ello una transformación rotunda.

 

Es quizás un poco antes de ese momento cuando el Mento se difunde por las islas de habla inglesa y entra en San Andrés y Providencia, con el aporte local que debió adaptar instrumentos precarios pero que mantuvo intacto su contenido, reemplazando los hechos foráneos por sus propias crónicas y comentarios.

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hombre afroLa gente africana que llegó a lo que hoy es Colombia provenía de vastos territorios del continente africano. Los mandingas, yolofos y fulupos procedían de una región llamada el Sahel, donde el agua es escasa. Los branes, balantas y biáfaras, ararás y carabalíes eran oriundos del bosque tropical. Los monicongos, anzicos y angolas habitaban la selva ecuatorial congolesa. Todos estos pueblos trajeron consigo conocimientos antiguos acerca del bosque, del agua, de las especies vegetales, animales y minerales. Esos saberes fueron fundamentales en los procesos de adaptación que realizaron en todas las regiones del país a donde fueron conducidos: campamentos mineros situados en zonas selváticas, haciendas ganaderas y trapicheras de las sabanas del Caribe, casas en las ciudades y pueblos de las cordilleras. En cada uno de los oficios que les tocó desempeñar pusieron en práctica su creatividad, que nacía de los conocimientos heredados de la tradición y de la urgencia de resolver problemas inéditos en un mundo nuevo. El conocimiento de las plantas y animales de las selvas africanas permitió a los esclavizados en América apropiarse de manera rápida y eficaz de las posibilidades que la flora y la fauna americana les ofrecían para su sobrevivencia. Es importante insistir en que, si bien la gente africana procedía de zonas geográficas que guardan cierta similitud con aquellas a donde fueron destinados, como por ejemplo los bosques tropicales, éstas no son idénticas, por lo tanto fue necesario un largo proceso de reconocimiento y adaptación a los entornos americanos.

 

El estudio del proceso adaptativo a los espacios naturales americanos por parte de los esclavizados debe tener en cuenta la relación que se estableció entre las actividades económicas a las cuales fueron destinados los africanos recién llegados y los entornos en los cuales les tocó residir. Como sabemos, los mineros vivieron especialmente en las zonas de bosque tropical húmedo. Tal fue el caso de quienes desde comienzos del siglo XVII fueron llevados a trabajar en las minas del nordeste de Antioquia. Esta misma suerte la corrieron aquellas personas que trabajaron en selva chocoana, cuyo auge minero tuvo lugar a lo largo del siglo XVIII. Quienes fueron destinados a los oficios agrícolas se asentaron en las sabanas de la costa Caribe, en el Archipiélago de San Andrés y Providencia, y en los valles cálidos de las principales cuencas hidrográficas del país. Es decir, aquellas personas africanas recién llegadas tuvieron de inmediato contacto con climas, vegetaciones y entornos naturales que no les eran completamente ajenos.

 

Los ararás fueron numerosos en las haciendas ganaderas del Caribe. Tuvieron la reputación de ser excelentes ganaderos y agricultores. La gente del Sahel se distinguió por sus conocimientos en agricultura y sus habilidades en todos los quehaceres domésticos masculinos y femeninos, necesarios para el funcionamiento de las casas de la nobleza española. Al igual que la gente de la región del Congo, los yoruba se destacaron en las minas por sus conocimientos en metalurgia. Se desempeñaron como maestros de forja y orfebres. La pericia en el cultivo de cereales, tubérculos, plátano y caña de azúcar concuerda con el éxito de sus labores en las haciendas coloniales. Del mismo modo, todos fueron célebres por sus destrezas en la pesca fluvial y marítima, en la recolección de moluscos y en el comercio a corta y larga distancia.

 

Esta sabiduría se enriqueció gracias a la interacción con los indígenas durante los tiempos coloniales y republicanos. Por ejemplo, el uso de las plantas y de sus propiedades para curar hace parte tanto de las culturas aborígenes americanas como africanas. En los documentos escritos por los inquisidores durante el siglo XVII aparecen descritos los intercambios de plantas que se realizaban entre mujeres africanas que vivían en el Caribe e indígenas de la región del Chocó. Para que estos canjes fueran posibles se requería una interlocución acerca de las propiedades de las plantas y sus usos. Alrededor de este intercambio de saberes botánicos se tejió un diálogo que también permitió que los africanos y los indígenas elaborarán mecanismos para superar los antagonismos territoriales y sociales. Estas prácticas dieron como resultado formas de convivencia entre ambos pueblos, que no apelaban al silenciamiento o eliminación del adversario mediante la violencia.

 

El tema acerca de la relación de la gente africana con los entornos americanos es de gran importancia. Según la Constitución de 1991, los descendientes de los africanos y las poblaciones indígenas tienen derechos especiales sobre los territorios que habitan porque sus asentamientos son ancestrales, es decir, tan antiguos como su llegada a América. Pero estos derechos también manera de pensar y de relacionarse con la naturaleza de tal modo que, aun viviendo de ella, no la destruyen.

 

Este tipo de actitudes culturales hacia el entorno natural fueron sin duda una herencia de sus antepasados africanos y que se manifiestan en prácticas específicas, como la ombligada y las formas de utilización de las plantas para curar enfermedades, para atender las necesidades de la alimentación y cuando se trata de construir sus viviendas y embarcaciones.

 

Afrodescendientes en la Región Caribe

 

El Caribe continental colombiano se extiende entre Punta Castilletes al oriente y el Cabo Tiburón al occidente. Corresponde al piso térmico cálido, con excepción de la Sierra Nevada de Santa Marta. Los departamentos del Chocó, Antioquia, Córdoba, Sucre, Bolívar, Atlántico, Magdalena y La Guajira conforman esta región, cuyo relieve es de escasa altura, las elevaciones más importantes son la Serranía de la Palomas, San Jerónimo, San Lucas, San Jacinto y los montes de Piojó y de María. Entre los accidentes geográficos más notables están el Golfo de Urabá, el de Morrosquillo, los cabos Tiburón y San Juan, y las bahías de Cartagena, Colombia, Cispatá, Santa Marta, Manaure, Portete y Honda, además de la Península de La Guajira. Toda esta inmensa región está habitada mayoritariamente por gente afrocolombiana.

 

La planicie costera se extiende por los departamentos del Cesar, Magdalena, Atlántico, Bolívar, Sucre y Córdoba, y por algunas áreas de Antioquia. Está formada por valles fértiles drenados por ríos y ciénagas conectados entre sí. Interrumpiendo esta planicie de selva húmeda acarrean a las comunidades enormes responsabilidades. Según la Cumbre de Río de Janeiro, realizada en 1993, selvas tropicales como la del Pacífico colombiano o arrecifes coralinos de la costa Caribe y del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina son patrimonio natural de la humanidad. Es decir, tanto los Estados que firmaron este tratado como los pueblos que las habitan tienen la responsabilidad de cuidar todas las formas de vida que estos lugares especiales albergan.

 

Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones de este proyecto, la realidad económica de los países y de los pueblos afrocolombianos no permite, en muchas ocasiones, cumplir con este compromiso. La tala de árboles, la explotación de hidrocarburos, la minería mecanizada, la pesca industrial y la construcción de vías de comunicación en zonas de reservas naturales son apenas algunos de los problemas que deben enfrentar las comunidades afrocolombianas cuando se trata de proteger el medio ambiente. No obstante, es muy importante saber que, al igual que los pueblos indígenas, los descendientes de los africanos en Colombia poseen un pensamiento ecosófico, esto es, una tropical se presentan las serranías mencionadas, de alto valor ecológico y cultural.

 

El mar, los ríos y las ciénagas condicionaron la localización de los principales asentamientos humanos. La cercanía al agua siempre ha representado facilidades para el comercio, fuentes y despensas de alimento y agua dulce indispensable para la dieta alimenticia. Además del pescado otro producto básico suministrado de manera abundante por el mar, los ríos y las ciénagas.

 

La pesca, la agricultura y la ganadería han sido las actividades principales de la población afrocaribeña. A principios de la década de 1950 todavía quedaban grandes extensiones de bosque seco tropical en las fincas ganaderas que fueron reemplazadas por pastos.

 

La riqueza ecológica de la región ha sido utilizada para sacar adelante planes de desarrollo. Desafortunadamente, en muchos casos, se ha considerado que la oferta del medio es infinita y esta actitud ha acarreado impactos ambientales nefastos que han entorpecido la regeneración de los recursos. Entre los ejemplos más dramáticos de daño ambiental ocasionados por estas acciones vale la pena señalar la salinización de los manglares de la Ciénaga Grande de Santa Marta y el de las tierras agrícolas por el uso inadecuado del riego, la tala de la mayor parte del área boscosa de la Sierra Nevada y el deterioro de los arrecifes de coral del Parque Nacional Islas del Rosario.

 

A pesar de estos problemas, la región Caribe y la costa Pacífica colombiana son consideradas zonas de gran biodiversidad, es decir, zonas privilegiadas en ecosistemas de gran productividad y diversidad biológica. A la existencia de arrecifes de coral, ciénagas y manglares se suma una gran riqueza de fauna y flora. Los manglares se destacan por su gran diversidad de formas de vida. Esta variedad biológica se explica por su capacidad de exportar grandes cantidades de materia orgánica, que al degradarse se transforma en partículas de proteína, donde miles de animales se han especializado en filtrarlas o en recuperarlas del fondo, dando lugar a la más compleja y dinámica cadena de intercambios alimenticios. Ofrece cientos de productos naturales, como el tanino y madera de alta calidad.

 

El manglar es un área nodriza, donde millones de animales como los camarones y langostinos completan parte de su ciclo biológico. Es un lugar tan importante que gracias a la abundancia en recursos alimenticios, se consolidaron las primeras culturas del trópico americano.

 

Entorno afroZonificación ecológica de la Región Caribe

 

Valles, depresiones, deltas, sierras y penínsulas han sido los espacios de vida de los africanos y sus descendientes desde el siglo XVI. Los procesos de poblamiento afrocolombiano son indisociables de la adaptación que estos pueblos llevaron a cabo desde su desembarco en estos territorios. El valle del Sinú y en general las llanuras caribeñas se caracterizan por la presencia de abundantes aguas y lluvias y una gran variedad de climas. El río Sinú ha sido la arteria vital que ha permitido el desarrollo de importantes actividades económicas y comerciales. La población afrocolombiana de esta región ha estado en contacto con poblaciones indígenas desde su llegada a estas tierras. A diferencia de los territorios del litoral en donde las poblaciones de ascendencia africana o permanecieron entre ellas, como es caso del Palenque de San Basilio o interactuaron de manera privilegiada con los españoles. El valle del Sinú y toda su región ha sido una comarca de ganadera. Sus habitantes también cultivan arroz, plátano, algodón, yuca y tabaco. En riqueza mineral cuenta con yacimientos de níquel en Cerromatoso.

 

Otra región habitada por gente afrocolombiana es la depresión momposina, ubicada en la confluencia de los ríos San Jorge, Cauca, Magdalena y Cesar. Se distingue por la presencia de abundantes ciénagas y pantanos, comunicados por una compleja red de brazos y caños. Su principal producto agrícola es el arroz.

 

Antes de la llegada de los españoles y de los africanos, el Valle de Upar y el río Cesar fueron territorios habitados por una gran número de grupos indígenas: burede, bubure, caona, coronudos y caribes, entre otros. La cultura chimila –entre los ríos Magdalena, Cesar y Ariguaní– y la cultura Malibú –a orillas del Magdalena. Desde el año 1501 empezaron a llegar africanos esclavizados a esta zona. Muchos huyeron por el maltrato de sus amos y aprovecharon los terrenos escarpados y los montes para esconderse. Más tarde fueron sometidos y sus palenques fueron reducidos con la ayuda de los misioneros dominicos.

 

El delta magdalenense es una llanura aluvial rica en suelos fértiles, se halla situada en el curso del río Magdalena. Cuenta con áreas cultivadas de arroz, algodón y caña de azúcar. La actividad pesquera se desarrolla en las ciénagas y las comerciales en puertos de gran importancia como los de Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. Estas tres ciudades se distinguen por una importante presencia de población afrocolombiana, siendo Cartagena de Indias la más sobresaliente.

 

La Sierra Nevada de Santa Marta tal vez la más importante de todas las formaciones de la región, se levanta desde el mar y alcanza las mayores alturas del territorio nacional. Entre bosques xerofíticos y desiertos, da pasos a sistemas montañosos remontándose sobre bosques de niebla y páramos hasta alcanzar las nieves perpetuas, razón por la cual presenta todos los climas y la más variada vegetación. Es considerada como un mosaico de ecosistemas exuberantes de diversidad biofísica. Los ecosistemas de la costa Caribe se caracterizan por es su estrecha interdependencia. Es así como, las aguas dulces que se generan en los páramos y bosques de niebla de la Sierra Nevada, al drenar sobre las ciénagas y ecosistemas costeros, garantizan un delicado equilibrio en las condiciones salinas de los manglares.

 

La población indígena más importante de la Sierra Nevada de Santa Marta son los kogui. No obstante, esta región conoció la existencia de palenques como el de Guachaca, que apareció desde los primeros años de fundación de la ciudad. Los cimarrones de Guachaca eran esclavizados de origen africano, utilizados como buzos para sacar perlas del fondo del mar.

 

Africanos, indígenas y españoles convivieron desde la Colonia en esta región como en muchas otras del Caribe colombiano.

 

La península de la Guajira es un paraje que emerge entre el desierto y el mar. Está localizada en el norte del país, de tierra arenosa y clima semidesértico, con ligeras elevaciones como las serranías de Cocinas y Jarara. Es seca hacia al norte, pero las condiciones climáticas mejoran hacia el sur donde hay cultivos de algodón, arroz, yuca plátano. Son importantes las salinas de Manaure y la explotación carbonífera del Cerrejón. En medio de vegetación propia de zonas desérticas, como cactus y trupillos, y entre trochas polvorientas que comunican lo ancestral con lo nuevo, continúan vigentes las costumbres de las familias indígenas wayú.

 

En 1538 fueron descubiertas las zonas productoras de perlas extendidas por toda la costa desde el Cabo de la Vela hasta Riohacha. Durante todo el periodo colonial los africanos y sus descendientes al igual que en Santa Marta fueron utilizados en la pesca de perlas. De esta manera se inició el poblamiento de pescadores afrocolombianos de esta región peninsular.

 

Entre 1600 y 1640 la actividad comercial adquirió un vigoroso impulso. La trata negrera y la esclavitud en la región jugaron un papel significativo en la economía y sociedad coloniales. Riohacha era uno de los puntos principales de desembarco de ese comercio ilegal de esclavizados.

 

afro en el caribeAfrodescendientes en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina

 

El archipiélago de San Andrés y Providencia está situado en el mar Caribe o de las Antillas. Este mar está delimitado por el norte y por el oriente con las islas antillanas, por el sur con las tierras continentales de las repúblicas de Costa Rica, Panamá, Colombia y Venezuela, y por el oeste con las de Nicaragua, Honduras, Guatemala, Bélice y Méjico (península de Yucatán). Desde el siglo XVI apareció en los primeros mapas elaborados en la época del descubrimiento, así como el nombre de muchas islas.

 

Dadas las características de un mar interior, circundado de manera parcial por sistemas insulares, brinda facilidades de comunicación, tanto para el norte como hacia el oriente a través de los pasos existentes entre las numerosas islas. El dominio español en este mar se ejerció durante tres siglos, siempre hostilizado por los corsarios ingleses, holandeses y franceses en su afán de poseer las islas Antillanas.

 

Las islas se localizan al noroeste de Colombia, 0frente a las costas de Nicaragua, a 200 km del continente y a 685 km oeste-norte de Cartagena. El Archipiélago consta de dos islas y trece cayos. Las islas son San Andrés y Providencia, esta última dividida en dos por un canal: Santa Isabel y Santa Catalina.

 

Entre los ecosistemas más importantes del Caribe insular se destacan los manglares. El mangle es un arbusto de tres o cuatro metros de altura, gana tierra al mar y ayuda a sostenerla, lo cual evita en parte la erosión que pueda producirse por la acción de los huracanes tropicales. Además, los animales marinos encuentran el hábitat ideal para poner sus huevos durante la marea baja. En ambas islas hay pequeñas zonas con manglares que deben conservarse.

 

La zona boscosa de la isla de San Andrés es un testimonio de lo que pudo haber sido la vegetación original. Por el contrario, en Providencia está bastante conservado y hay animales como iguanas, aves e insectos de vistosos colores.

 

Los pantanos, pantanos, charcas y arroyos sometidos al régimen de lluvias tropicales proveen a los habitantes del archipiélago en aguas dulces y salobres que se utilizan en múltiples actividades. En los pantanos hay cantidad de larvas e insectos que sirven de sustento a determinadas especies de peces y de ranas. También hay tortugas y garzas.

 

En la plataforma marina de ambas islas emergen los islotes de Jhonny Cay, Cotton Cay, Rose Cay, Haynes Cay y Roky Cay, estos situados en las inmediaciones de la isla de San Andrés. El cayo Tres Hermanos, cayo Cangrejo y Brayley Cay se ubican en la isla de Providencia. En algunos de ellos hay vegetación de palmeras, matorrales y hermosas aves. Los diferentes tonos del azul indican la profundidad y la constitución de la plataforma, así como la vegetación del fondo del mar. En mar abierto el agua es de color azul intenso y con variada vida marina.

 

Providencia, al igual que San Andrés, tiene un arrecife de coral que protege la costa desde el este. Por el oeste la profundidad del mar es muy reducida y la navegación peligrosa debido a los arrecifes. La isla es montañosa, formada por rocas ígneas, es decir, como consecuencia de erupciones volcánicas.

 

Los primeros colonizadores fueron los holandeses y los jamaiquinos, y después los ingleses quienes implantaron en el siglo XVIII un enclave económico basado en plantaciones de tipo esclavista. Durante todo el periodo colonial, el archipiélago de San Andrés y Providencia fue el refugio favorito de piratas ingleses, franceses y holandeses.

 

La condición de vida de los africanos que fueron traídos al Caribe insular colombiano era similar a la de otras regiones donde funcionó la esclavitud. Agrupados en barracones como vivienda, disponían del uso de parcelas. En 1799 y en 1841 levantamientos de esclavizados dados los rigores del cautiverio y el trabajo excesivo al cual eran sometidos.

 

El cultivo de algodón fue una de las principales actividades realizadas por los africanos y sus descendientes. En 1851, año de la abolición de la esclavitud, los ingleses abandonaron los cultivos, los amos emigraron y los libertos se repartieron las tierras de las islas. Después de la Independencia, la economía del archipiélago se orientó hacia la explotación y comercialización de productos pesqueros, madereros y ganaderos, descuidando la organización y producción de las plantaciones de algodón. Los colonos que empezaron a llegar a la parte montañosa de la isla se dedicaron a la caza de tortugas para obtener el carey.

 

Desde el tiempo de los ingleses las tortugas tenían gran importancia por los huevos, y por la carne pero, el mayor interés comercial estaba en los caparazones de estos animales. Había tres variedades, pero la más valiosa era la productora de un carey casi transparente, de magníficos colores perteneciente a la especie Eretmochelys Imbricata. La tortuga productora de carne en cambio pertenece a la especie Chelonia Midas, la cual debido al abuso de la pesca desapareció casi por completo. Otra especie animal extinguida de los mares del Archipiélago es la del “Lobo Marino” utilizada para extraer aceite para la iluminación cotidiana.

 

Los habitantes del archipiélago son de temperamento amable y hospitalario, han tenido arraigadas las costumbres tradicionales derivadas de su naturaleza de pequeños agricultores, pescadores y marineros de habla inglesa y religión protestante. Este paisaje apacible se transformó a partir del año de 1953 cuando la isla de San Andrés fue declarada puerto libre. Desde entonces, el comercio, el turismo y la explotación masiva de los recursos acuáticos y el subsuelo marino han acarreado graves problemas a la población raizal.

 

etniasLa convivencia pluriétnica de la Región Caribe

 

Cartagena y Mompox fueron centros de comercio de africanos esclavizados. Suministraban la mano de obra para laborar en las plantaciones, atender la navegación fluvial, la minería y para labores domésticas. Muchos de ellos lograron escapar de sus amos, y surgieron grupos de cimarrones quienes construyeron palenques en tierras cenagosas ó lejos de los principales centros coloniales. Desde la Colonia los afrodescendientes e indígenas de la región compartían escenarios de vida entre los cuales se destacaban los mercados a donde llegaban para ofrecer el fruto de la pesca, la caza o la agricultura como toda suerte de utensilios necesarios para la vida cotidiana.

 

La gente afrocolombiana es mayoritaria en la costa Caribe continental e insular. Sin embargo existen variaciones regionales en las cuales el mulataje o el zambaje, es seguido por las minorías de mestizos e indígenas. Por ejemplo, en la Sierra Nevada de Santa Marta habitan los pueblos kogui, arhuaco y wiwa. Y en las tierras bajas y en los montes viven hoy los descendientes de los primeros africanos que llegaron a esa región. Tanto los indígenas como los afrocolombianos han sido conscientes de pertenecer a ecosistemas vivos, en donde las sociedades humanas sobreviven y se reproducen gracias a la interacción con los entornos naturales de los que depende su sobrevivencia material y cultural. Este pensamiento compartido por ambos pueblos ha permitido crear alianza en los territorios de confluencia varias tradiciones histórico-culturales.

 

casa afroAfrodescendientes en el Pacífico Colombiano

 

El litoral pacífico colombiano es considerado una de las regiones del mundo con mayor densidad de formas de vida por kilómetro cuadrado. Posee una de las más altas concentraciones de especies por área en flora y fauna. La flora regional contiene entre siete y ocho mil variedades de especies del total de 45 mil plantas existentes en Colombia, su selva pluvial central es el lugar de máxima diversidad florística del trópico americano. Su riqueza en fauna se caracteriza por la presencia de un gran número de endemismos. En materia de aves, la región cuenta con 62 especies de distribución limitada, la más alta de Suramérica.

 

Los elevados niveles de precipitación de la zona son de los más altos del planeta. Esta región comprende un corredor ubicado en la zona de confluencia intertropical, entre dos barreras naturales, el Océano Pacífico y la Cordillera de los Andes, desde la desembocadura del río Mataje, al sur, hasta un punto equidistante entre Punta Ardita y Cocalito. El Pacífico representa el 10% del territorio nacional.

 

Esta región está atravesada por una extensa red de ríos que nacen en vertientes occidentales de la cordillera Occidental. Exceptuando el río Atrato, que desemboca en el Atlántico, todos los demás vierten sus aguas en el Océano Pacífico. Esta red fluvial ha dado lugar a la creación de enormes deltas como el del río Patía y el del río San Juan, que tiene el mayor caudal de los ríos que en Suramérica.

 

El litoral conforma un ecosistema frágil. Durante años ha estado sometido a la acción depredadora de empresas nacionales y extranjeras quienes han realizado una explotación incontrolada de su riqueza forestal y minera, de flora y de fauna nativas. Así han arrasado con siglos de actividad sostenible de las comunidades afrocolombianas e indígenas, cuyas prácticas tradicionales de producción siempre han garantizado la permanencia de los recursos y la protección ambiental.

 

El poblamiento del territorio del Pacífico se dio conforme al ordenamiento colonial donde la minería reguló el flujo de población. Durante este periodo hubo por lo menos tres grandes zonas mineras que fueron centros de población de origen africano se trata de las cuencas altas de los ríos Atrato y San Juan, el distrito de Barbacoas, que incluye los ríos Telembí y Magüí y sus afluentes y los cursos medios y altos de los ríos que atraviesan la angosta planicie aluvial entre Buenaventura y la bahía de Guapi.

 

afro mineraZonificación Afrodescendiente del Pacifico Colombiano

 

El Pacífico chocoano es un territorio conformado por la presencia de selva, llanuras aluviales, cordilleras y costa, ubicado al nor-occidente colombiano. Se extiende atravesado por un gran valle por donde corren ríos de gran importancia, como el Atrato y San Juan, el Andágueda, Baudó, Beberá, Bebaramá, Bojayá, Capá, Docampadó, Domingodó, Mungidó, Opogodó, Quito, Salaquí, Tanela, Condoto y Tamaná. Allí se pueden distinguir unidades sociogeográficas diferenciadas. Hacia el noroeste y en la cuenca baja del Atrato, que comprende los municipios de Acandí, Unguía y Riosucio, se encuentra una región influida por la colonización antioqueña-cordobesa, conectada con la costa Pacífica por lazos naturales y sociales. Una subregión central, ubicada hacia el centro oeste, o cuenca alta del Atrato. En Quibdó se concentran las actividades comerciales, político administrativas y de prestación de los servicios sociales estatales. Corredor donde se localizan los municipios de la vertiente occidental de la cordillera andina: Bojayá, Lloró, Bagadó y El Carmen de Atrato.

 

La subregión del río San Juan está ligada a la cuenca marina del Pacífico, hacia donde drena este río. Su población se ha dedicado de manera fundamental a la explotación del oro. Comprende los municipios de Istmina, Tadó, Condoto, Nóvita, Sipí y San José del Palmar.

 

Por último, la subregión del Pacífico se encuentra separada del resto del territorio por la Serranía del Baudó, cuenta con escaso poblamiento y está más conectada a la dinámica general de la costa occidental de Colombia y comprende los municipios de Juradó, Bahía Solano, Nuquí, Alto Baudó y Bajo Baudó.

 

En el Chocó los ríos han articulado los ejes del poblamiento, de la vida productiva y social. Además del Atrato y el San Juan, son de importancia para el departamento los ríos Andágueda, Baudó, Beberá, Bebaramá, Bojayá, Capá, Docampadó, Domingodó, Munguidó, Opogodó, Quito, Salaquí, Tanela, Condoto y Tamaná.

 

Las selvas, las llanuras aluviales, las cordilleras y la costa configuran un ámbito diverso desde el punto de vista natural y cultural. A finales del siglo XVIII existía allí una sociedad esclavista, creada y sostenida con el único propósito de explotar la riqueza minera. Según un censo de 1778, la población estaba conformada por 2% de blancos, 37% de indios, 22% de libres y un 39% de esclavos. La pequeña minoría de europeos estaba conformada por mineros, oficiales administrativos y algunos sacerdotes.

 

Los indígenas vivían retirados de los pueblos coloniales y su fuerza de trabajo era utilizada en la construcción de vivienda, acueductos, canoas y en el cultivo de productos agrícolas para alimentar a los africanos y sus hijos que trabajan de sol a sol en los campamentos mineros.

 

A comienzos del siglo XX, el Chocó vio aumentar su población gracias a las corrientes migratorias procedentes de la región andina, las cuales entre 1925 y 1950 se dieron a la tarea de colonizar la Ensenada de Utría y Cupica, con la finalidad de fomentar las actividades agrícolas.

 

Los centros urbanos de Bahía Solano, Juradó, Nuquí y Puerto Pizarro se consolidaron sólo hasta la segunda mitad de los años sesenta y, en ese orden de importancia, se canalizó la actividad agrícola de la región.

 

Los habitantes de los centros urbanos están ligados a las zonas rurales, donde realizan sus actividades económicas y han configurado redes de parientes con intercambios sociales intensos y frecuentes. Los grupos familiares se dedican, de manera alternada, a la pesca artesanal, la agricultura en pequeña escala y a la explotación maderera, en calidad de contratistas y jornaleros de los aserríos o de los compradores. Las mujeres se han especializado en la recolección de piangua, cangrejos y jaibas.

 

La costa del Pacífico caucano está cubierta de manglares. Es arenosa e irregular. Posee grandes bahías como la de Buenaventura que, como la mayor parte de la franja costera, también se encuentra cubierta por manglares. Es una llanura conformada por costas bajas de acumulación, exceptuando el Golfo de Tortugas, al sur de Buenaventura, donde predomina la costa de acantilados cubiertos de vegetación.

 

Es importante anotar que muy pocas actividades económicas del Pacífico colombiano existen por fuera del manglar. Cuando sube la marea, esteros y caños amortiguan la fuerza del oleaje, lo que permite navegar en potro hasta los lugares más distantes. De las conchas y cangrejos que habitan en él depende la subsistencia de muchas mujeres de la región.

 

La faja costera se encuentra irrigada por ríos caudalosos que en su desembocadura forman extensos deltas y zonas anegadizas donde tienen lugar las actividades económicas básicas de sus pobladores. En esta vertiente del Pacífico se destacan las cuencas de los ríos San Juan (con las subcuencas del Calima y Las Vueltas), Dagua, Anchicayá, Raposo, Cajambre, Yurumanguí y Naya.

 

Las comunidades asentadas en esta región, han debido desarrollar mecanismos que les permitan sortear las difíciles condiciones impuestas por el entorno y las circunstancias de la marginalidad social, económica y política a que han sido sometidas por parte de la sociedad mayoritaria.

 

Subsisten alrededor de sus redes de parientes, constituyendo grupos familiares que trabajan en distintas actividades conformando una red de apoyo solidario en los poblados mayores. Se organizan en núcleo familiares ampliados con primos, tíos, abuelos o cuñados. Los pescadores, por ejemplo, cuentan con parientes en casi todos los lugares por donde viajan y esto les permite establecerse en los sitios de trabajo acordes con las épocas de pesca de diferentes especies de peces.

 

El aprovechamiento maderero y la actividad pesquera artesanal se encuentran entre las actividades económicas de la llanura costera, la actividad agrícola es para el sustento diario y se realiza a partir de unidades familiares donde se siembra plátano, coco, maíz, arroz y frutales, los excedentes en la producción se comercializan o intercambian por otros productos y víveres.

 

Mientras tanto sus mujeres, como pingüeras o jaiberas, exploran los suelos lodosos de los manglares, o de las bocanas en búsqueda de recursos con los cuales subsistirán con sus pequeños hijos, así mismo trabajan al cuidado de sus cultivos de caña que, después servirán para la elaboración de biche en los trapiches artesanales familiares.

 

El municipio de Buenaventura está ubicado en la franja costera del Pacífico. Los caseríos de la costa vallecaucana mantienen una estrecha dependencia con este centro comercial donde sus pobladores comercializan sus excedentes y adquieren los equipos y elementos necesarios para dar continuidad a sus actividades. Desde allí se movilizan hacia los mercados para ofrecer sus productos: maderas, pianguas, jaibas, leña en forma de rajas de mangle o de vigas o pilotes. Todo llega hasta el puerto de Buenaventura para su comercialización.

 

También allí reproducen sus vínculos sociales en extensas redes de parentesco a donde acuden para sortear dificultades temporales. El puerto también es atractivo porque allí sus moradores tratan de satisfacer sus expectativas laborales y mantienen una permanente movilidad entre los caseríos y el puerto, y entre éste y las ciudades del interior del país a donde también viajan tratando de mejorar sus condiciones de vida.

 

El Pacífico caucano está constituido por llanuras, colinas y el litoral. Los ríos más importantes de la vertiente del Pacífico caucano son el Guapi, Timbiquí, Saija y Micay, cada uno con sus cuencas independientes, que desembocan en el Océano Pacífico. Esta es una planicie que en su mayor parte se encuentra cubierta por bosques naturales, donde la humedad y las intensas lluvias características.

 

Sus habitantes desarrollan actividades económicas relacionadas con la pesca intensiva de camarón, langostino y pescado que venden en las pesqueras del Cauca y Nariño y la pesca artesanal para el sustento diario. La minería con explotaciones de oro y el platino, es la actividad principal en las cabeceras de los ríos Timbiquí y Micay.

 

También se encuentran los aserríos y empresas productoras de papel donde la gente afrocolombiana trabaja como jornalera. Las mujeres se dedican a la extracción y recolección de conchas dentro de los manglares que venden en restaurantes y a compradores ecuatorianos. También se dedican a la siembra del coco, el plátano y algunos frutales.

 

Guapi es el eje de las actividades económicas y centro de la gestión administrativa e institucional, debido a su potencial pesquero, forestal, mineral e hidroenergético. Según datos del censo de 1993, contaba con 23.505 habitantes entre la zona urbana y la rural. Desde este lugar hay transporte aéreo hacia Cali. La comunicación con los caseríos se hace por vía fluvial y por vía marítima con los puertos del Pacífico nariñense, vallecaucano y chocoano. El carbón proveniente de Chamón y Chamoncito también se vende a los restaurantes, asaderos, panaderías y hogares de Guapi. Con una infraestructura de servicios, comercial e industrial se convierte en el centro de atracción y de la gestión de los habitantes costeros. Por ser puerto marítimo, ofrece las condiciones necesarias para el intercambio de mercancías nacionales e internacionales. Enclave económico del sur donde se asentaron varias empresas industriales que explotaron la corteza de mangle para producir taninos durante la década de los años treinta. Esta actividad se prolongó hasta los años setenta. También hubo explotaciones pesqueras, camaroneras, madereras, de palma africana y de palmito, empresas desarrolladas con la inversión de capital extranjero y la utilización de mano de obra afrocolombiana.

 

El Pacífico nariñense es una franja costera bañada por ríos cortos pero caudalosos con extensas desembocaduras, que configuran un ámbito de estuarios, bahías, esteros, ensenadas y bocanas sujetos a intercambios de corrientes marinas y fluviales que le dan vida a un conjunto de ecosistemas de manglares y de áreas de inundación, con arrecifes coralinos ricos en animales de gran tamaño. Los ríos más importantes que desembocan en la costa Pacífica nariñense son: el Patía, el Mira, el Satinga, el Sanquianga y el Iscuandé, a lo largo de los cuales se ha desenvuelto la historia económica y social de la mayoría de sus pobladores afrodescendientes e indígenas.

 

La llegada de africanos a esta región data del siglo XVII y el epicentro de sus actividades se concentró en Santa María del Puerto conocida como Barbacoas. En esta época había varias cuadrillas de africanos laborando a lo largo de los ríos Telembí, Magüí, Güelnambí y Tembí. Desde este distrito minero los cautivos huyeron hacia los ríos costeros al norte de Tumaco. Los padres o abuelos de la mayoría de los actuales agricultores de los ríos Mira, bajo Patía y Sanquianga son de origen barbacoano.

 

Entre las actividades económicas y de subsistencia vale la pena destacar la siembra de cocos, plátanos y yuca. La pesca y la camarinocultura son actividades artesanales que practican con aparejos como atarrayas, malladoras, trasmallos, chinchorros, varas arpones, entre otros. Se desplazan en potrillos y en muy pocas ocasiones utilizan canoas de motor, también son jornaleros de las explotaciones extensivas de palma.

 

Se dedican a la tala de bosque con destino a los aserríos de la zona. La cacería es importante y entre las especies se cuentan los conejos, iguanas, venados y una variedad de aves. Entre las actividades artesanales la confección de esteras, petates, fabricación de canoas, potrillos, barcos y viviendas.

 

Las mujeres trabajan al “cuido” de las fincas, recolección de piangua, cangrejos y conchas, pescadoras de jaibas y camarones con trampas, esterados o buches que se tienden en las bocanas. En el desarrollo de sus labores se acompañan de sus hijas o parientes cercanas con quienes comparten el producto de su trabajo. La Asociación de Concheras de Nariño –Asconar- agrupa mujeres de varias veredas dedicadas a la actividad de la extracción y recolección de piangua, centraliza el acopio del producto y su comercialización en la ensenada de Tumaco. Tumaco es el centro urbano más importante de la costa nariñense.

 

pescadores afroEl trabajo y las zonas Selváticas

 

En las comunidades afrocolombianas del Pacífico existen variadas formas de distribución de las labores entre hombres y mujeres. Por lo general, los hombres se dedican a la pesca blanca de distintas especies de peces, como pargo, corvina, jurel, sierra, “gualajo”, “machetajo”, róbalo, “ñato”, “pepegallo”, dorado”, “pelada”, “barbeta”, “bobo”, bagre, “berrugate”, “bravo”, mero, “burique”, “mulatillo”, “canchimala”, lisa y otros. También capturan camarón tití y langostino.

 

Las mujeres de los pescadores, por su parte, son hábiles escalando el pescado. En la playa es frecuente observar a las familias en esa actividad, sobre tarimas de guadua o de chonta que también se usan para lavar loza. Utilizando pequeñas redes o trampas como catangas o esterados, las mujeres se embarcan para capturar camarones y jaibas para el consumo doméstico o para el intercambio. En otras zonas se internan en el manglar para la extracción y recolección de moluscos y crustáceos. También se dedican a la agricultura. La gente afrocolombiana mantiene colinos a orillas de los ríos. El monte es clasificado en tres categorías: el monte biche, que es la franja donde comienza la recuperación de la vegetación selvática, allí se siembran los frutales; el monte alzao, una selva prominente con frutales; y el monte bravo, lugar donde se realizan las actividades de cacería luego de haberse preparado con rituales para protegerse de los espíritus que habitan en ese lugar desconocido.

 

indigenasLa presencia indígena

 

Los indígenas han ocupado la región desde tiempos prehispánicos. La colonización agraria en la zona fue obra de los indígenas cuna en el norte; emberas, noanamaes y chamíes en el occidente. Los indígenas han logrado la legitimación de instituciones de origen colonial como el Resguardo y el Cabildo de Indios. Estas instituciones les garantizan el acceso a la tierra y el funcionamiento de su propia organización social.

 

Se estima que viven el la zona alrededor de cuarenta mil indígenas agrupados en 218 comunidades pertenecientes a los grupos embera, waunana, eperara-shapidara, tule y awa y en la actualidad han llegado algunos núcleos de indígenas paez, procedentes del Cauca andino, existe también la presencia de otras etnias a lo largo de la región aunque en número reducido: katíos, cunas. El panorama muestra una fuerte presencia de población embera asentada sobre la Serranía del Baudó, al norte de la región; siguen los awua, localizados en la frontera con el Ecuador, y la población waunana del bajo río San Juan. Para 1993 los indígenas se hallaban agrupados en 61 resguardos.

 

afro e indigenasLa convivencia pluriétnica

 

Cartagena y Mompox fueron centros de comercio de africanos esclavizados. Suministraban la mano de obra para laborar en las plantaciones, atender la navegación fluvial, la minería y para labores domésticas. Muchos de ellos lograron escapar de sus amos, y surgieron grupos de cimarrones quienes construyeron palenques en tierras cenagosas ó lejos de los principales centros coloniales. Desde la Colonia los afrodescendientes e indígenas de la región compartían escenarios de vida entre los cuales se destacaban los mercados a donde llegaban para ofrecer el fruto de la pesca, la caza o la agricultura como toda suerte de utensilios necesarios para la vida cotidiana.

 

La gente afrocolombiana es mayoritaria en la costa Caribe continental e insular. Sin embargo existen variaciones regionales en las cuales el mulataje o el zambaje es seguido por las minorías de mestizos e indígenas. Por ejemplo, en la Sierra Nevada de Santa Marta habitan los pueblos kogui, arhuaco y wiwa. Y en las tierras bajas y en los montes viven hoy los descendientes de los primeros africanos que llegaron a esa región. Tanto los indígenas como los afrocolombianos han sido conscientes de pertenecer a ecosistemas vivos, en donde las sociedades humanas sobreviven y se reproducen gracias a la interacción con los entornos naturales de los que depende su sobrevivencia material y cultural. Este pensamiento compartido por ambos pueblos ha permitido crear alianza en los territorios de confluencia varias tradiciones histórico-culturales.

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literatura afrodecendienteLa diáspora africana ha sido una de las protagonistas en la construcción del acervo literario colombiano. Desde la llegada de la gente africana a Cartagena de Indias, la voz sagrada y profana de los esclavizados dialogó con las lenguas indígenas y europeas. Este destino de encuentros moldeó universos de creación en los cuales refulge el despliegue poético y narrativo de la palabra escrita, dicha, cantada o recitada. En la literatura y la tradición oral afrocolombianas centellean memorias de África recreadas en suelo americano. Según Nina S. de Friedemann, las literaturas afrocolombianas conservan el legado ancestral de valores que aluden al ser individual y al ser colectivo. Entre ellos se destaca el profundo amor por la palabra. Según esta misma autora, el cuentero y el decimero, los rezanderos y las cantadoras rememoran al griot africano, relator de cosmovisiones, de historia y genealogías, de sabidurías sagradas y profanas. En muchos lugares de Colombia, especialmente rurales, estos personajes mantienen halos similares a los de otros en culturas afroamericanas en donde la palabra es además escalera para trepar al mundo de las divinidades, como lo hacen los macumberos del Brasil o los santeros de Cuba.

 

Entre las culturas afrocolombianas, los velorios de los santos, las novenas para los muertos, las luminarias y muchas otras celebraciones sagradas y profanas son ámbitos culturales de evocación de memorias ancestrales mediante la puesta en escena de la palabra. En 1948, Rogerio Velásquez, antropólogo y escritor chocoano, inició la búsqueda de la expresión tradicional de su propia gente. Sus escritos dejan ver la complejidad de la narrativa y de la poética, de los símbolos y significados, de los personajes y situaciones que expresan una vigorosa influencia africana, toda ella enmarcada en el ritmo del habla y en la teatralidad de la expresión.

 

A pesar de los horrores de la trata y de la travesía transatlántica, las imágenes de las deidades, los recuerdos de los cuentos de los abuelos y los ritmos de las canciones y poesías atravesaron el océano aferrados al alma de los cautivos. Este saber social y cultural floreció de nuevo en la otra orilla de ese mar que los vio llorar sus desdichas. Esta presencia de África en Colombia se percibe de manera privilegiada en la literatura y en la tradición oral de los pueblos que descienden de esos primeros africanos que llegaron a este territorio. De Friedemann refiere que también en los chistes y adivinanzas, como en los escenarios de parodia o en cuentos de embusteros, embaucadores y pillos, aparecen personajes de claro origen africano. Tal es el caso de Anansi, Anansito o Miss Nansi, un personaje de la tradición akán, que pervive en el relato oral de la gente de San Andrés y Providencia y en las selvas del Pacífico. Se trata de una araña famosa que adopta formas y comportamientos humanos. Estas transformaciones también ocurren con otros animales que pueblan las leyendas de los pueblos afrocolombianos. Entre los más destacados están los tigres, conejos, tortugas y culebras. A Anansi se la conoce como una héroe cultural de la antigua Costa de Oro; de Tortuga se sabe que era famosa en la antigua Costa de los Esclavos; a Conejo lo identifican como originario del Congo y Angola. Es decir, regiones todas de donde llegaron numerosas personas al puerto de Cartagena de Indias, procedentes de las culturas yoruba de Nigeria, akán de Ghana y songo el África central.

 

Según De Friedemann, antropóloga colombiana que dedicó su vida al estudio de estas culturas, existen testimonios que aluden a la manera como la fauna africana pobló las selvas y costas colombianas. Ella refiere que en el pueblo de Beté, sobre el río Atrato, con ocasión de un velorio, uno de los parientes del finado, relató cómo, muy cerca del lugar del velorio, los tigres se habían enfrentado con los leones porque tío Conejo había azuzado a tío Tigre jefe con el cuento de que en esa selva había hombres con más hombría porque mataban a su presa de frente y allí mismo se comían la carne viva; no la cogían a traición, no eran cobardes; eran leones de fino pelaje y fina cintura.

 

Es necesario aclarar que estos profundos y antiguos legados de África en Colombia sólo pueden ser comprendidos si tenemos en cuenta los procesos de adaptación y transformación que desarrollaron en el marco de la resistencia a la esclavitud en América. La creatividad y la capacidad de innovación hacen de estos relatos testimonios vivos de complejas fases de creación y recreación cultural de los descendientes de la gente africana en nuestro país. Es innegable que los contextos y los ecosistemas en los cuales los narradores orales y escritores afrocolombianos de hoy se desenvuelven no son los mismos que vivieron sus ancestros en África. Sin embargo, más allá de los contenidos ideológicos y de los ambientes, pervive la fuerza de la palabra que la convierte en un vehículo de comunicación sagrado, siempre ligada a las memorias ancestrales. Por otra parte, ha permanecido la particular teatralización de su puesta en escena. La expresión corporal que acompaña siempre la enunciación de relatos, cuentos, mitos o poemas es otro de los legados, cinéticos en este caso, de África a la cultura afrocolombiana y colombiana en general.

 

Durante el siglo XIX afloraron en Colombia numerosas obras de las cuales los descendientes de la gente africana fueron protagonistas o autores. Eustaquio Palacios, Tomás Carrasquilla y Jorge Isaacs encontraron fuente de inspiración en individuos de origen afrocolombiano y los transformaron en personajes de sus escritos. En 1877 un nativo de Mompox, Candelario Obeso, se convirtió en el primer poeta afrocolombiano en publicar un libro: Cantos populares de mi tierra. A lo largo del siglo XX muchos otros tomaron la pluma para narrar sus experiencias, sus sueños y la condición social de su pueblo.

 

LOS AFROCOLOMBIANOS EN LOS ESCRITOS CIENTÍFICOS DEL SIGLO XIX

 

literaturaA principios del siglo XIX tuvo lugar uno de los mayores acontecimientos científicos del país: la Expedición Botánica. Francisco José de Caldas, considerado el primer científico nacional, fue la figura más destacada de este suceso. Como muchos otros de sus colegas, estaba convencido del determinismo del clima en el comportamiento de los seres humanos. Para ellos, el clima frío era ideal para el desarrollo de la civilización y el clima cálido era percibido como el origen de comportamientos contra la moral, lo cual convertía a los pueblos que los habitaban en un obstáculo para el desarrollo de las naciones. Caldas propagó estas ideas en los escritos que publicó en 1808 bajo el título de El influjo del clima en los seres organizados.

 

Desafortunadamente, esta óptica no hizo más que fortalecer una imagen de amoralidad de los descendientes de los africanos durante el periodo de la Independencia. Estos eran algunos de los interrogantes que se planteaba el famoso sabio: ¿Por qué el africano del Ecuador es perezoso y el hombre del norte infatigable en la carrera y la caza? ¿Por qué éste fecundó sin ser ardiente, no conoce los celos, cuando aquél, voluptuoso, lascivo, apenas queda saciado con la sangre de su rival? […] Qué diferentes son los moradores de las selvas del Orinoco y del Chocó, comparados con los que habitan las faldas y las cimas de la cordillera occidental.

 

El determinismo de las zonas climáticas, propio del pensamiento científico de principios del siglo XIX, contribuyó a consolidar imágenes negativas acerca de los descendientes de los africanos en Colombia. Clichés como los anteriores han contribuido a fortalecer argumentos de discriminación hacia estos pueblos.

 

En la segunda mitad del siglo XIX se desarrolló la Comisión Corográfica, otro evento importante para la ciencia en el país. Santiago Pérez, uno de los miembros de la Comisión, realizó un viaje por las regiones del Chocó, Buenaventura, Túquerres y Pasto. En sus Apuntes de viaje, publicados en 1853 en el Neogranadino y El Tiempo de Bogotá, el autor describió la situación de pobreza y falta de acceso a la educación de la población afrocolombiana de las zonas visitadas. Para este autor las causas de los efectos que se atribuían a la gente afrocolombiana no estaban relacionadas con el clima, sino que más bien eran unas condiciones innatas de estas poblaciones. Así lo anotó Santiago Pérez:

 

No es la falta de sociedad, no es la escasez de recursos de toda clase, no es lo riguroso e ingrato del clima […] ni aquella atmósfera pesada, cálida, recargada de miasmas y de insectos; nada de eso es lo que más y principalmente acongoja el ánimo del que llega al Chocó, no en busca de oro, sino a estudiar, además de la naturaleza allí tan espléndida y tan rica, el estado del hombre en aquellas tierras. Lo que más contrista desde que se ve al primer habitante, es la salvaje estupidez de la raza negra, su insolencia bozal, su espantosa desidia, su escandaloso cinismo.

 

Según De Friedemann, estas imágenes, más pasionales que racionales y menos científicas que reales, fueron las que persistieron a lo largo del todo el siglo XIX, cuando se consolidaba la República y se discutían las diferentes ideas de nación. Los relatos llamados científicos propendían por el fortalecimiento de un “americanismo”, del cual estaban excluidos los descendientes de los africanos. Según esta misma autora, se trataba de utilizar la invisibilidad y la estereotipia como estrategias de dominación, del mismo modo que durante la Colonia la Iglesia los había demonizado, tratándolos de brujos y hechiceros. La invisibilidad se apoya en la negación y ocultamiento de su pasado africano y del reconocimiento de sus aportes a la vida de la naciente república. La estereotipia ha pretendido degradarlos e inferiorizar sus culturas. En el siglo XX muchos movimientos literarios liderados por la gente afrocolombiana han cuestionado esos planteamientos y han subrayado la grandeza de sus culturas y de sus aportes a la colombianidad.

 

POETAS Y ESCRITORES AFRODECENDIENTES

 

La literatura escrita afrocolombiana no es reciente. Desde los albores de la República ha estado presente en el universo de las letras nacionales. Sin embargo, la invisibilidad a la que han sido sometidas sus manifestaciones artísticas, culturales, deportivas y políticas, entre otras, no ha permitido que la nación las reconozca y las incluya con dignidad como parte del acervo cultural.

 

Tal es el caso del escritor Arnoldo Palacios, quien, en 1949, publicó Las estrellas son negras, obra que, pesar de sus cualidades, pasó desapercibida hasta 1971, cuando fue reeditada en una versión popular. Finalmente, en 1998, el Ministerio de Cultura hizo un reconocimiento de su valor literario.

 

Algo parecido le ha acaecido a Zenel , nacido en Arroyo Grande, cerca de Cartagena. En la década de 1950, mientras estudiaba derecho en Bogotá, publicó varios cuentos en las separatas literarias de los periódicos capitalinos. Hoy, más de cuarenta años después y tras haber hecho una carrera como juez, sigue buscando la manera de difundir su obra. Uno de sus primeros libros se llama Negroserías y fue impreso en 1993.

 

Otros escritores han tenido mejor suerte, pero ello ha sido gracias a que resulta imposible ignorar el peso de sus opiniones, de sus trabajos y de lo que representan para la conciencia nacional. El ejemplo más elocuente es Manuel Zapata Olivella, quien ha cimentado con su trabajo de antropólogo y escritor un gran prestigio que emana de la autoridad de su palabra, de su labor intelectual y producción literaria, pero también de su capacidad y conocimiento como crítico. Se le considera una de las expresiones vivas más importantes de la gente afrocolombiana. Ha sido un incansable divulgador y defensor de los valores culturales, sociales, políticos y artísticos de su pueblo. Se ha destacado tanto en ámbitos nacionales como internacionales.

 

Hoy en día, por fortuna, ha crecido el número de poetas, novelistas y ensayistas que, desde su cultura, enriquecen el panorama literario de la nación. Generaciones nuevas de escritores de alta calidad artística plasman el sentir y las historias de sus terruños, bien sea del Chocó, de San Andrés o de la costa Caribe. Lenito Robinson y Alfredo Vanín Romero, para nombrar solamente a dos, son un ejemplo que nos permitiría ilustrar a las nuevas generaciones.

 

candelario obesoCandelario Obeso

 

Uno de los escritores y poetas colombianos más connotados del siglo XIX, nacido en la Villa de Mompox en 1849. Realizó su travesía por el río Magdalena hasta Honda y de allí a Bogotá, para convertirse en alumno del Colegio Militar creado por el general Tomás Cipriano de Mosquera. Ingresó luego a la Universidad Nacional, donde estudió derecho y ciencias políticas. Aunque su participación en política fue discreta, combatió en la batalla de La Garrapata, en el Tolima Grande. Posteriormente adhirió al movimiento denominado Regeneración, liderado por Rafael Núñez. El 29 de junio de 1884, mientras examinaba una pistola, se hirió de muerte y falleció el 3 de julio.

 

Su interés por las letras fue de la mano de los idiomas: aprendió francés e italiano; tradujo del inglés a poetas como Byron, Tennyson y Longfellow, y piezas como Otelo, trabajo de impecable factura, según la calificación de sus contemporáneos.

 

Entre sus obras pueden señalarse Lecturas para ti, La familia de Pigmalión (novela), Secundino, el zapatero (comedia) y Cantos populares de mi tierra (poesía), que incluyen los cantos a los bogas del río Magdalena:

 

Allí tengo malibú,

ajtromelia i azajá;

tengo lirio güeleroso

i jamín e malabá;

en cosa re golosina,

tengo un grande nijperá,

cocos, cirgüelo, naranjos,

un no vijto plataná.

 

jorge artelJorge Artel

 

Este escritor y poeta nació en Cartagena el 27 de abril de 1909. En 1945 se tituló como abogado de la Universidad de Cartagena, aunque su labor estuvo orientada al ejercicio del periodismo y a la poesía, género en el cual es uno de los más importantes representantes de la cultura afrocolombiana.

 

Los temas de sus escritos están relacionados con las vivencias de su tierra y de sus habitantes. Según Luis María Sánchez, Artel es un cantor de la alegre tristeza en versos populares y humanos, en sus composiciones vibran el dolor y la protesta; el lenguaje de los bogas, las olas, las costas y los ríos se vuelven sonido y color de sombra en sus palabras; en ellas tiembla toda la sensualidad y se agita el lirismo de su cultura. Su validez lírica se refleja en los poemas Velorio del boga adolescente y Ahora hablo de gaitas.

 

Publicó libros de poemas, entre los que se destacan Tambores en la noche (1940), Poemas con bota y bandera (1972), Sinú, riberas de asombro jubiloso, Coctail de estampas y Antología poética (1979). Otras de sus obras fueron De rigurosa etiqueta (drama) y No es la muerte… es el morir (novela, 1979). Falleció en 1994.

 

Velorio del boga adolescente

 

Desde esta noche a las siete

están prendidas las espermas:

cuatro estrellas temblorosas

que alumbran su sonrisa muerta.

Ya le lavaron la cara,

le pusieron la franela

y el pañuelo de cuatro pintas

que llevaba los días de fiesta.

Hace recordar un domingo

lleno de tambores y décimas.

O una tarde de gallos,

o una noche de plazuela.

Hace pensar en los sábados

trémulos de ron y de juerga,

en que tiraba su grito

como una atarraya abierta.

 

Pero está rígido y frío

y una corona de besos

ponen en su frente negra.

(Las mujeres lo lloran en el patio,

aromando el café con su tristeza.

¡Hasta parece que la brisa tiene

un leve llanto de palmera!)

Murió el boga adolescente

de ágil brazo y mano férrea:

nadie clavará los arpones

como él, ¡con tanta destreza!

Nadie alegrará con sus voces

las turbias horas de la pesca.

¡Quién cantará el bullerengue!

 

manuel zapataManuel Zapata Olivella

 

Manuel Zapata Olivella es un médico, antropólogo y literato de prestigio, comprometido con la causa de la valoración de la cultura afrocolombiana.

 

Producto de su dedicación, en años recientes ha realizado numerosos trabajos y ensayos relacionados con aspectos artísticos, literarios, culturales y sociopolíticos de las comunidades afrocolombianas. Entre ellos sobresale Las claves mágicas de América (raza, clase, cultura), publicado en 1989, en el que sostiene que existen formas veladas de discriminación y que hay una cierta coincidencia entre el dominio de clase y el étnico.

 

Los ensayos y trabajos de Zapata Olivella tienen el mérito de hacer un constante llamado al reconocimiento de los aportes de las comunidades afrocolombianas a la identidad cultural de la nación, con el fin de que cada uno de los colombianos considere suya la raíz africana que hace parte de nuestra identidad.

 

Su producción literaria ha tenido éxitos continuos, como lo atestiguan dos de sus reconocidas novelas: Chambacú, corral de negros y Changó, el gran putas.

 

La plazoleta apretada de hombres y

mujeres. Revoltijo de polleras, franelas

sudadas y pies descalzos. La misma

expresión de ansiedad repetida. La furia en

los ojos. Jamás se juntaron tantos en la isla.

Los más se habían quedado en sus casuchas

indiferentes a su suerte. Chambacú o la

sepultura, todo les era igual. Estaban allí los

apaleados, los negros recién venidos de Barú,

Palenque, Malagana y María la Baja, a

quienes la policía, esa mañana, desbarató

sus techos. Las madres abrazaban a sus

pequeños con mirada vacía por el hambre.

Los varones, sin el hacha y el machete,

no sabían qué hacer con sus brazos.

Escuchaban a Máximo: “Nos

defenderemos”…

 

“La batalla”

(Fragmento de Chambacú, corral de negros)

 

alfredoAlfredo Vanín Romero

 

Representa una de las generaciones de escritores afrocolombianos del último cuarto del siglo XX que, a pesar de la falta de apoyo, han persistido con tenacidad en el doble propósito de ser escritores e investigadores de la realidad social y cultural que rodea a las comunidades del Pacífico colombiano.

 

Nació en noviembre de 1950, en la ribera del río Saija, cerca al municipio de Timbiquí (Cauca). Desde muy joven se convirtió en un apasionado y comprometido con la causa de la cultura afrocolombiana. Se ha desempeñado como escritor, periodista, investigador y profesor, disciplinas desde las cuales se ha preocupado por ahondar en las raíces africanas de la colombianidad. De esa labor prolífica han resultado varios trabajos literarios y de recopilación de tradición oral, entre los que se destaca la compilación El príncipe Tulicio. Cinco relatos orales del litoral Pacífico, publicado en 1986 en Cali, obra que había sido precedida por su interesante novela Otro naufragio para julio, publicada en 1983 en Cali; por un libro de poemas titulado Alegando que vivo, publicado en 1976, en Popayán; y por Mitopoética de la orilla florida. En la actualidad dirige la revista Pájaro del agua.

 

Zarzamora

 

Quise incitar el largo convite

de tu risa

negar el río sojuzgado

y entrar en las ardientes materias

de la gracia

me apresuré buscando fuego

incienso que atesoran los camaleones

centellas de unicornio no doblegadas a la hora

del león rampante

y traviesos veleros

robados a viejos pescadores del golfo

para acrecentar los festines de la madreperla.

 

Y he aquí que arpías y boleros

pregonaron la fama:

las mercenarias galerías cobijaban ahora

tus deleites

el viento destilaba un espeso alquitrán

y en tu deriva hembra

se marchitaban los dragones

dignos por lo demás de ciertos ecos.

 

Entonces sepulté mis navíos

aplacé para otras lunas la navegación del

hechizado

y entoné cánticos de alabanza

a las discordias del fauno que se queda ciego.

 

loilaLolia Pomare-Myles

 

Nacida en San Andrés, Lolia ha desarrollado un trabajo importante de divulgación de la cultura angloafrocaribeña. La actividad cultural que realiza tiene como propósito impedir que desaparezca la tradición de la narrativa oral raizal. Investiga las expresiones de narrativa, cuenta las historias, difunde entre los nativos sus hallazgos y educa a las nuevas generaciones enseñando la riqueza y la vigencia del pasado en el presente de estas expresiones literarias. Coordina programas culturales y participa en concerts, eventos que antiguamente tenían una estructura y unos propósitos comunitarios.

 

Al igual que su abuelo, continúa la tradición de narradora de historias en un programa radial en el cual presenta a exponentes de la cultura isleña, charla con sus invitados, cuenta relatos y adivinanzas populares, da recetas para platos típicos y presenta música isleña y caribeña, en un esfuerzo por mantener viva la cultura raizal de las islas.

 

La próxima cosa que quise saber

era qué iba a hacer mi madre con el

cordón umbilical del niño porque, todos

los días, cuando bañaba al niño,

limpiaba el cordón con un pedazo de

algodón. Luego, cuando se cayó el cordón, yo

escuché que le dijo a mi papá: “Tienes que

traer un cocotero joven y fuerte para poder

sembrar el cordón umbilical”.

 

Y pregunté: “¿Sembrar el cordón

umbilical?”. Ella contestó: “Sí, siempre que

nace uno de ustedes, sembramos el cordón

umbilical debajo de un cocotero. Envuelvo el

cordón en un pedazo de tela de algodón y le

digo a tu papá que traiga el cocotero. Él va

por el cocotero, cava un hueco y lo siembra

junto con el cordón umbilical”. […] Como yo

necesitaba saber rápido, fui adonde mi

abuelo. Él me dijo: “Cuando se siembra el

cordón bajo un árbol, así como crece el árbol,

alto y recto, así será el hombre o la mujer

sanandresano. No crecerá enfermizo, sino

alto y fuerte, y en la vida será temeroso

de Dios, fructífero y bondadoso, de

espíritu amante con los vecinos y con

todo el mundo”. Por eso todo isleño,

tanto de San Andrés como de

Providencia, siembra el cordón

umbilical bajo un cocotero, un árbol de

limón, un árbol de pera u otro árbol

frutal.

 

“El cordón umbilical y el árbol de la vida”

(Fragmento de Nacimiento,

vida y muerte de un sanandresano)

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Todos los pueblos crean símbolos, valores, actitudes, habilidades, conocimientos, formas de comunicación y bienes materiales. Este conjunto de saberes y prácticas es lo que la antropología define como cultura. Dentro de ella se hayan todas las expresiones del espíritu que comúnmente denominamos arte. Sin embargo, el arte visual producido por la gente afrocolombiana no ha sido honrado con el lugar que le corresponde, pues el significado corriente de las palabras “cultura” y “arte” aún designa de manera casi exclusiva las expresiones de las bellas artes producidas según lineamientos académicos. Esta postura supone que la cultura y el arte son privilegios exclusivos de las elites nacionales poseedoras de una educación especial y de destrezas sofisticadas indispensables para la comprensión y el disfrute de lo artístico.

No obstante, es necesario comprender que, a diferencia de los artistas académicos que han frecuentado las escuelas de bellas artes, muchos artistas afrocolombianos han creado su propio lenguaje plástico de manera autodidacta y muchas veces al margen de los cánones y las tendencias estilísticas del momento. El artista afrocolombiano, al igual que el artesano, guardan una estrecha relación con el contexto cultural tradicional. Mientras que la artesanía tiene un carácter utilitario, el arte afrocolombiano al que nos referiremos aquí representa universos simbólicos que se destacan por la intencionalidad estética y poética. Con intuición y reflexión estos artistas descubren sus propias técnicas para resolver los retos que les plantean el espacio, el color, las formas, las proporciones y demás aspectos inherentes a la realización de sus obras. Artistas integrales, los creadores afrocolombianos utilizan materiales tan variados como el oro, el latón, la madera, la arcilla y las fibras vegetales. Todos las obras que estos pueblos producen hacen parte no sólo de su propio patrimonio cultural, sino de el de toda la nación, pues ellas representan el sueño, la imaginación, el goce y la expresión de gran parte del pueblo colombiano.

La gente afrocolombiana ha creado objetos rituales y cotidianos, pinturas corporales, máscaras, vestuarios, tallas en madera que representan a sus santos patronos y muchas otras producciones artísticas. El estudio de este universo plástico nos sumerge en mundos de color y creatividad que nos aproximan a las transformaciones que estas sociedades han vivido a lo largo de su historia.

Los gente africana que fue traída a lo que hoy es Colombia era portadora de destrezas artísticas y artesanales muy importantes, entre las cuales vale la pena destacar la talla en madera y el conocimiento de la orfebrería, el trabajo en bronce y cobre, y la sabiduría sobre las fibras vegetales. Muchas personas africanas eran expertas en la metalurgia del hierro. Todos los oficios y artes gozaban en África de una categoría especial y casi siempre estaban ligados a lo sagrado. De ahí que el conocimiento de técnicas manuales otorgará al individuo un lugar de privilegio dentro de esas sociedades.

Desde la Colonia, los africanos y sus hijos e hijas mulatas se desempeñaron en amplios sectores de la actividad artesanal debido a que el trabajo manual era despreciado por la nobleza española. Por esta razón, la gente africana practicó múltiples oficios. En los quehaceres cotidianos que daban vida a las ciudades coloniales, fueron incorporando su propia visión del mundo y de la estética. En todas las ciudades coloniales, villas y villorios, los africanos y sus descendientes se encargaron de diversas actividades que exigían creatividad, destreza y conocimiento de técnicas sofisticadas. Tal es el caso de Cartagena de Indias, en donde trabajaron como talabarteros, plateros, herreros, albañiles, carpinteros, zapateros, sastres y pintores. También eran faroleros, confiteros, torneros, tabaqueros, panaderos, pulperos, músicos, calafateros y aserradores de madera.

Quienes sobrevivieron a las adversidades de la trata y del cautiverio lograron recrear sus culturas e impregnar las de los españoles y las de los indígenas, especialmente en los territorios de la estética. En la actualidad, la expresión artística afrocolombiana puede sorprendernos al observar una batea tallada de forma exquisita en madera de chachajillo por un minero del río Guelmambí (Nariño). La belleza de sus creaciones también puede aflorar en la joyería de filigrana de oro, realizada por orfebres de Quibdó, en el departamento del Chocó.

La creatividad de los grupos afrocolombianos se expresa tanto en el campo del arte como en el de las artesanías. Su arte representa un proceso de creación anclado en lo colectivo, a diferencia del sentido individual que prima en las sociedad occidental. Lo colectivo del arte afrocolombiano no sólo fluye en la narración de lo propio, también relata las zonas de empalme e influencia con lo otro, expresando de este modo sus contactos con otros grupos o ideologías. Su aferramiento a lo tradicional no lo exime de su búsqueda de contemporaneidad. El arte afrocolombiano y el arte de construir artefactos poseen los elementos básicos de cualquier otro arte: un creador, que trabaja con diversos medios plásticos, sean arcillas, cortezas, fibras vegetales, maderas y metales, para expresar estéticamente un símbolo, un sentimiento, una emoción en el campo de la plástica. De este modo la materia prima utilizada, como los objetos que producen, son espejos del ámbito geográfico y de las condiciones históricas, sociales y culturales en que han vivido los pueblos afrocolombianos desde su llegada del África.

La artesanía aparece como una expresión estética que puede repetirse para cumplir una función utilitaria o decorativa; representa la tradición colectiva y al mismo tiempo es un universo de expresión individual, puesto que cada creador innova dentro de los cánones establecidos. Esta tendencia permanente hacia la innovación se explica por el impacto de los cambios originados en los diversos contactos culturales de los afrocolombianos con otros grupos humanos y culturas en todas las regiones del país.

Arte y artefactos afrocolombianos están presentes en los litorales colombianos, en los valles cálidos interandinos y, hoy en día, en todas las grandes ciudades del país. Además de la poética de estas creaciones, ellas encierran la memoria histórica y cultural de sus pueblos. En los poblados y caseríos, tanto como en las urbes colombianas habitadas por la gente afrocolombiana, su producción artística y artesanal acarrea significados que rememoran las enseñanzas de sus ancestros. En Colombia existen muy pocos estudios acerca del arte y de la artesanía afrocolombianos. Sin embargo, es tiempo de comenzar a realizar investigaciones al respecto para incorporarlos de manera digna en los repertorios del patrimonio cultural de la nación.

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AGUSTINA

Agustina fue esclava del en el sector de Tadó, Chocó (1795), poseedora de una gran belleza corporal que enloquecía a cualquier admirador. La permanente codicia machista y lujuriosa del esclavista Miguel Gómez logra seducirla coercitivamente, finalmente queda embarazada. Para un esclavista tener un hijo con una esclava y reconocerlo constituía un escándalo. El amo quiere obligar a la esclava a abortar, pero esta mujer negra rebelde se niega y es torturada por su amo. Agustina procede a demandar al amo ante el juez Álvarez Pino y el gobernador de ese entonces José Michaeli. Estas autoridades, protectoras de los esclavistas, fallaron a favor de Miguel Gómez quien sólo fue amonestado. La negra Agustina en respuesta a la injusticia procedió a quemar varias haciendas y factorías de Pueblo Viejo, hoy Tadó.

AMIR SMITH CORDOBA

Amir Smith Córdoba, nació en Cértegui, antiguo corregimiento del municipio de Tadó, hoy cabecera municipal de Unión Panamericana, en el departamento del Chocó, el 19 de julio de 1948. Sociólogo y Periodista, colaborador de algunas publicaciones nacionales y extranjeras, conferencista nacional e internacional, fundador y director del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Cultura Negra en Colombia, creador y director del periódico “Presencia Negra”. Fue uno de los pioneros en esta etapa moderna de la lucha por los derechos civiles y políticos de las comunidades afrocolombianas.

Amir, con su desaparición el pasado 13 de agosto de 2003, nos deja un gran vacío, pero también un gran legado en su incansable lucha por los derechos humanos, pero sobre todo, el respeto a la dignidad del pueblo afro en Colombia. Nunca descansó en su tarea incesante de generar conciencia étnica, identidad y compromiso con su pueblo, en combatir el racismo soterrado y anquilosado en el inconsciente, subconsciente y consciente colectivo de la sociedad mestiza, autodenominada blanca, que domina, reproduce y recrea preconceptos racistas de la herencia colonial esclavista que aún subsisten en nuestro país.

En los últimos tiempos, un poco solitario, con el premio de la ingratitud, desconocimiento e intolerancia de sus corraciales lo llevó a una situación de extrema pobreza, pero jamás dejó de conceptuar, analizar, educar y generar conciencia entre propios y extraños. Se le rechazó por aquella herencia de la esclavización doméstica, que no permite que alguien se atreva a remover esquemas mentales de sometimiento, y aún más, que hace que la mayor rivalidad posible sea entre nosotros mismos.

Autor, productor y compilador de varias publicaciones, entre las cuales, podemos destacar: Visión Sociocultural del Negro en Colombia, Cultura Negra y Avasallamiento Cultural -Vida y Obra de Candelario Obeso y el Negro Robles, entre otras.

Hoy, que Amir ha partido antes que nosotros hacia el panteón de los ancestros, no sólo las comunidades afrocolombianas sino el país en general, le debemos un reconocimiento terrenal, por su aporte a la paz y a la construcción y el pensamiento de este país.

BARULE

Esclavo negro que lideró las más grandes insurrecciones en el Chocó durante la colonia (1728), junto a los hermanos Antonio y Mateo Mina. Barule fue proclamado soberano y rey del Palenque de Tadó con más de 120 cimarrones. Logró confederar ahí mismo cerca de 2000 esclavizados procedentes de la zona de los ríos Nóvita y San Juan. Sobre fecha y lugar de nacimiento no se tienen datos,sólo aparece en el censo de esclavos de la provincia del Chocó de 1759.

Sobre la ascendencia africana de Barule existen varias hipótesis: chamba, mandinga, mina, o carabalí, esto por la integración y comunicación que mantuvo con los minas y su tendencia a la rebeldía, propia de estos grupos.

Entre las causas de la insurrección de los esclavos se tuvo que el Estado Libre de Tadó (1715) incrementó el trabajo esclavo, ya de por sí sometido al régimen de hambre y de castigos infrahumanos, violación de las mujeres y desmembramiento familiar. A finales del 1727 los esclavos de una hacienda al frente de Barule, Antonia y Mateo Mina, organizan su cabildo y un día inesperado del mes de noviembre, se inició la acción de guerra. Matan al esclavista y catorce españoles más. Dominado el territorio por los Cimarrones tadoseños, Barule es proclamado REY, el palenque estructuró su propio gobierno y organización militar.

El 18 de Febrero de 1728, se da la batalla entre los cimarrones y el ejército español por la recuperación del territorio, la deficiencia logística y la falta de comunicación entre los cimarrones originó una desventaja, salieron triunfantes los españoles. El diecinueve de Febrero de 1728 Barule y los hermanos Mina son delatados y fusilados por el teniente Tres Palacios Mier. El movimiento de Barule constituyó su pensamiento en el principio de libertad y de dignidad de la comunidad negra.

BENKOS BIOHO
Según la historia, nace en la región de Biohó, Guinea Bissau, Africa Occidental. Fue un monarca muy hábil, conocido como el Rey del Arcabuco. Es capturado por el asentista Portugués Pedro Gómez Reynel y vendido como esclavo al Español Alonso del Campo en 1.596 en Cartagena. Es colocado como boga en el río Magdalena, la embarcación donde viaja se hunde y huye. Lo re- capturan vuelve a la boga. Hacia 1.599 escapa nuevamente y se interna en los terrenos cenagosos alejado de Cartagena y organiza un gran ejército, logra dominar todas las montañas de Sierra María en el Departamento de Bolívar. Su sueño era tomarse Cartagena y desde allí regresar al África.

Según testimonios históricos, jamás pudieron dominarlo ni vencerlo. En 1605 Benkos Biohó y el Gobernador de Cartagena, Suazo, establecen un tratado de paz que reconoce la autonomía del Palenque de la Matuna. Una noche de descuido, Benkos es sorprendido por la guardia de la muralla, queda preso y lo descuartizan el 16 de marzo de 1621 en el puerto de Cartagena.

El pueblo habla de los poderes mágicos que utilizó para provecho personal y del pueblo. No daba descanso a su cuerpo, iba y venía por campos y caminos en su activa campaña libertadora, luchaba por el derecho de los africanos y sus descendientes a la vida, la tierra, la cultura, la libertad y la paz.

En los Palenques que gobernaba era maestro de la guerra y de la paz, de la justicia y del trabajo. No descuidó el gobierno ni se dejó arrastrar por propuestas de los gobernantes coloniales que pretendían que dejase las armas contra ellos y las dirigiera contra otros líderes del propio pueblo, traicionando la lucha cimarrona.

CATALINA LUANGO

Mujer Cimarrona del palenque de San Basilio, constituida en un personaje mitológico, cuenta la tradición oral que era una mujer luchadora y protectora de la población. Su obra humanitaria la dedicó a curar los prisioneros africanos. Después de su muerte, comenzó a aparecer en la laguna del Palenque, siendo idolatrada por los palenqueros.

DIEGO LUIS CORDOBA

Nació en Negua, comunidad negra del chocó el 21 de julio de 1.907, y murió en ciudad de México, el 1º de mayo de 1.964. Aprendió las primeras letras en su pueblo natal, continúo hasta el 4º de bachillerato en el Colegio Carrasquilla de Quibdó y se graduó de bachiller en el Colegio San José de los Hermanos Cristianos en Medellín. En la universidad de Antioquia inició sus estudios de Derecho, los concluyó en la Universidad Nacional de Bogotá. Recibió el título de Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, el 30 de noviembre de 1932 y se especializó en Ciencias Económicas.

Tuvo el honor de ser el primer abogado chocoano; era estudiante universitario cuando abrazó las ideas socialistas, se vinculó al partido Liberal porque no existía un partido Socialista. En poco tiempo, comenzó a destacarse como líder, orador y defensor de los derechos de los sectores populares y marginados, en especial, de las comunidades negras, las clases obreras y los campesinos.

En 1930 organizó la Juventud Liberal Universitaria, y en 1937 ya era elegido diputado suplente del Doctor Carlos Lleras Restrepo en la Asamblea de Cundinamarca. Fue uno de los socialistas más reconocidos y amados por el pueblo colombiano en su tiempo por su capacidad de liderazgo y su inteligencia.

Entre 1943 y 1947 fue representante a la Cámara, primero por Antioquia, y luego por el Chocó. Fue senador por el Chocó desde la fundación del Departamento en 1947 hasta su muerte.

Diego Luis Córdoba durante toda su vida actuó con grandeza y honradez y concib&ioacute; la política como servicio y entrega en beneficio de la comunidad. Actuó como representante político del Chocó, se convirtió en el más digno vocero y representante de las Comunidades Afrocolombianas, y puso la identidad negra, la de su etnia, como emblema y fuerza en todas sus luchas.

Una de sus grandes preocupaciones fue la conquista del respeto, la independencia y la igualdad política de la persona negra dentro del Chocó y en el país. No aceptaba que el Chocó fuese considerado intendencia y tratado con desprecio por el Gobierno y la población blanca. Concibió un proyecto de vida con dignidad para el pueblo negro, proclamó sus derechos humanos contra el racismo e hizo temblar con su voz y su verdad el Capitolio Nacional. Luchó hasta conquistar una reforma de la Constitución Nacional para crear el Departamento del Chocó y lograr la independencia política frente el colonialismo antioqueño. Uno de los discursos más importantes pronunciados en el Congreso de la República por el Doctor Diego Luis Córdoba fue “Elogio a La Raza Negra”.

Nunca se limitó a una sola rama del saber y vivió estudiando cada día. Su gran personalidad y brillantez intelectual fue resultado de sus estudios como abogado, economista, político, filósofo y lingüista; además del español, su lengua materna, aprendió griego, latín, francés, inglés y alemán; cuando fue sorprendido por la muerte estudiaba el ruso.

En su lucha por un proyecto de vida para el pueblo negro se destaca lo que podrían ser tres de sus mayores realizaciones:

  1. La creación del Departamento del Chocó y su independencia política de Antioquia. Quiso hacer del Chocó la patria libre del pueblo negro dentro del territorio nacional.
  2. El reconocimiento real del derecho a la educación para las personas y las comunidades negras. La educación es la base para la lucha del pueblo negro, para la eliminación del racismo y la conquista de los derechos. Su frase magistral es “por la ignorancia se descienda a la servidumbre; por la educación se asciende a la libertad.
  3. El respeto y enaltecimiento que logró a la presencia, protagonismo, inteligencia y valores de la persona negra y las comunidades afrocolombianas.

JOSE CINECIO MINA

 

Negro liberto del Cauca, coronel de la guerra de los mil días. Reconocido como hechicero por ser inmune a las balas, llegó a tener cien hombres bajo su mando, organizó y defendió a los terrajeros y campesinos negros de Barragán, Obando, Quintero, Guengue, Sabanetas y otras veredas del Norte del Cauca. Los hombres de Cinecio Mina luchaban movidos por el terror de volver a ser esclavizados y por el dominio de la tierra. Cinecio murió envenenado por el terrateniente Jaime Gómez, después de compartir unas copas para celebrar un nuevo pacto. Tras la muerte de Cinecio, los campesinos continuaron organizándose y crearon la Unión Sindical del Cauca como todo un movimiento agrario.

JOSE PRUDENCIO PADILLA

Militar mulato nacido en Riohacha, departamento de La Guajira (1788-1828). A su regreso de España fue nombrado como mozo de cámara de la Marina Real, y posteriormente Almirante de la Gran Colombia. En la guerra en Trafalgar contra los ingleses fue prisionero durante tres años. En 1811 participó en la revolución de Cartagena. Por su proeza en el combate marino, fue premiado con el grado de Gran Alférez de Fragata de la Marina de la República. El General Simón Bolívar le otorga el grado de Teniente de Navío. El 24 de junio de 1821, Padilla ataca el fuerte de San Felipe de Cartagena y derrota al ejército español. Posteriormente se desplaza a Venezuela y participa en su liberación en la batalla de Maracaibo.

Las contradicciones con el General O’Leary por problemas raciales le ocasionan la cárcel. El 25 de septiembre de 1828 es fusilado en la Plaza Mayor de Bogotá por negarse a apoyar a los bolivarianos. Como contradicción social, el nombre del Almirante José Prudencio Padilla quedó vinculado a una Institución militar que no da oportunidad de participación a las personas negras, una de las instituciones mas racistas del país. Padilla fue uno de los jefes de la sublevación de militares negros contra Bolívar por el incumplir el pacto de liberación de esclavos.

MANUEL SATURIO VALENCIA (1.867-1.907)

Poeta, pedagogo y dirigente popular chocoano, fue el último hombre oficialmente sentenciado a la pena de muerte en Colombia, acusado de incendiario contra los intereses de la sociedad blanca chocoana. Saturio fue autodidacta, profesor de música y cantos en las escuelas; juez y personero municipal considerado como el primer literato negro del Chocó. Por la misma opresión racial, sus obras quedaron inéditas. El fusilamiento de Saturio se efectuó en Quibdó el seis de Mayo de 1907 comandada por la aristocracia blanca de Quibdó.

POLONIA

Cimarrona del ejército de Benkos Biohó. En 1581 organizó en la región de Malambo, cerca de Cartagena, un grupo armado de palenqueras que derrotó al Capitán Pedro Ordóñez Ceballos; le obligaron a pactar la entrega de tierra y la libertad del grupo, integrado por 150 mujeres. Pedro Ordoñez violó el pacto y en la primera oportunidad emboscó a Polonia. Esta mujer cimarrona es el símbolo patrio de la mujer afrodescendiente en la lucha popular.

WIWA

Mujer de Benkos Biohó, reina del palenque de Sierra María, madre de Orika y de Sando. Después de la muerte de Benkos Biohó, sus hijos continuaron los proyectos de libertad y crearon los palenques de San Miguel, Sierra María y San Basilio en el departamento de Bolívar.

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AFRICANIA EN LA COSTA CARIBE

Es común escuchar la afirmación “en el Pacífico es fácil que la población se identifique como afrodescendiente, pero en el Atlántico no”, su población reivindica la ubicación geográfica y prefiere ser reconocida como caribeña. De la mano de una investigadora reconocida en el marco nacional e internacional como Nina S. de Friedemann encontramos, entre otras, las siguientes huellas de Africanía en el Caribe:

a) El Carnaval de Baranquilla: El estudio del carnaval contemporáneo en Barranquilla, Santa Marta y Ciénaga, ha permitido encontrar en el ritual una historia de su organización que se remontan hasta los tiempos en que los esclavizados se organizaron en Cabildos.

Las rivalidades tribales africanas que fueron estimuladas por la sociedad esclavista de la colonia se plasmaron en Cartagena con identidades de memoria africana - Carabalí, Mina, Mandinga, Congo, Arará - propiciando una proyección cultural en el Carnaval que se arraigó en Barranquilla: Los Congos, una danza de hombres. La danza ha llegado hasta nuestros días como un ritual de guerreros ataviados con colores fulgurantes enormes bonetes con colas tapizadas de símbolos y el desafío de los sables que alterna con el reto del toque de tambor de cada grupo. Los recuerdos del hábitat de la selva y de las sabanas africanas aunados al ambiente del trópico suramericano se expresan en manadas de máscaras de animales danzantes: Tigres, micos, pájaros, perros, toros, insectos enmarcan a los congos que danzan batallas alegóricas de defensa territorial en sus barrios. Luego se desplazan en representación teatral por las calles céntricas de la ciudad. El carnaval con el paso de los años y las urgencias de afirmación de identidades regionales en el país, se ha convertido, no sólo en un perfil del Caribe colombiano, sino que ha sido adoptado como uno de los símbolos de la nacionalidad cultural colombiana.

b)La música costeña: Entre los ritmos musicales denominados costeños están la cumbia, el bullerengue, el chandé, el mapalé, el abozao, la gaita o porro tapao, el vallenato, los cantos de zafra, de vaquería y los cantos de Lumbalú.

La cumbia, una danza de hombres y mujeres, es otro de los símbolos regionales de cultura negra que han sido adoptados como emblemas de nacionalidad; empezó a configurarse en el ámbito de la esclavitud en Cartagena de Indias para las fiestas religiosas españolas de La Candelaria:

“hombres y mujeres en gran ruedo, pareados pero sueltos, sin darse las manos, dando vueltas alrededor de los tambores, las mujeres enfloradas la cabeza con profusión …Balanceándose en cadencia muy erguidas mientras el hombre ya haciendo piruetas dando brincos, ya luciendo su destreza en la cabriela, todo al compás…
Bailaban a cielo descubierto al son del atronador tambor africano”

(Posado Gutierrez 1929)

Con el correr de los tiempos, la cumbia definió sus perfiles, los músicos se subieron a tocar en tarimas altas alrededor de las cuales negros, mestizos y mulatos disfrutaron las fiestas. Durante muchos años, antes de que las danzas populares fueran integradas al carnaval de Barranquilla, allí los grupos danzantes se reunían en barrios tradicionales como Rebolo a bailar en sitios llamados cumbiambas. Este término produce la voz cumbia y a su vez se relaciona con el vocablo cumbancha cuya raíz kumbaproviene del occidente africano: es gentilicio mandinga, también el país del Congo y su rey se llamó rey de Cumba. Además entre los congos el término, significa gritería, escándalo, regocijo y nkumbi es un tambor.

Se reconoce que la cumbia también tiene influencia de las tradiciones indígenas por el uso de las gaitas y de la española por el atuendo, pero su ritmo dominante es el de los tambores africanos, y la cadencia del cuerpo evoca las danzas sagradas y guerreras de algunas tribus de la madre África.

El Vallenato es una canción con ascendiente y presencia negra. Tiene sus raíces en los cantos de trabajo en las haciendas y también en los grupos de bogas en la colonia. El vallenato canta y narra, es mordaz con humor y gracia, es crítico en la política, la religión y el trabajo, gime con el amor y llora con el desamor. Sus narrativas siguen viajando de pueblo en pueblo y son un registro de leyendas, mitos, e historias en amplias regiones que son ganaderas y están pobladas por descendientes de “cimarrones negros, de negros libres y, desde luego, del resto de gentes que allí confluyeron”.

Igual que en el caso de la cumbia, para ser fieles a la investigación, es preciso reconocer la influencia de las coplas españolas en la mayoría de los versos que hoy hacen parte de la música popular en Colombia, no obstante vale recalcar que la esencia narrativa del Vallenato, la expresión gestual de sus interpretes y, por encima de todo, la intención de la canción es la entrega de un mensaje. El cantor arruga el rostro, gesticula, se comunica. El acordeonero es capaz de dejar el instrumento para hablar con las manos. Aquí no se puede menos que evocar la figura del griot de los territorios africanos del occidente, en el antiguo Mali en el siglo XVI vestido con máscaras de pájaros recitaba la historia, la leyenda, la genealogía, la sabiduría de la artesanía y de la religión. Eran una especie de casta de juglares, a la vez poetas y músicos encargados de preservar la tradición.

Entre los instrumentos tradicionales con que se toca el Vallenato está la guacharaca, que es un instrumento de fricción, hecho del tallo de una caña a la que se tallan estrías. Con una costilla de res o con un trinche se raspa la caña. La guacharaca fue el primer instrumento que con voz similar a la de una pava silvestre, que anuncia la lluvia, se unió a los cantos de vaquería de donde saldría el vallenato. El acordeón es un instrumento típico de muchos puertos del mundo, que parece haber llegado a Colombia y al vallenato a finales del siglo XIX. La trilogía básica la completa la caja, de clara estirpe africana, con memoria de tambores, con un parche que inicialmente era de la piel del buche del caimán, y después fue reemplazado por cueros de venado, chivo o carnero.

Con el tiempo, al vallenato han ingresado otros instrumentos y de él han surgido otros ritmos que lo han convertido en un pozo de creatividad: Puyas, merengues, sones, paseos o tamboras, forman una intrincada genealgía musical. Esta confluencia ha contribuido a que el vallenato se haya constituido en otro símbolo de la identidad cultural de Colombia. Tiene la inagotable huella del legado africano, no sólo en la conformación socio-histórica del hecho artístico, sino en la misma esencia del fenómeno musical.

d) Africanías en la obra de Gabriel García Márquez: El premio Nóbel de Literatura, que constituye una gloria para Colombia, construye una realidad fantástica ubicada en Macondo; este vocablo, en la lengua bantú,designa al plátano y conlleva significados mágico-religiosos. El autor De Granda afirma que Macondo es un símbolo de “la sociedad abigarrada, multirracial, mulata, que describe García Márquez y que corresponde por entero a la fisonomía de un territorio en el que indios, blancos, y sobre todo africanos, han vivido juntos durante varios siglos”. Este territorio es zona de cultivos intensos de plátano y, de acuerdo con García Márquez, el nombre es una memoria de sus años infantiles y jóvenes en las vecindades de Aracataca, donde existía una hacienda con ese nombre.

e) El Palenque de San Basilio: En las tierras de plátanos y de ganados, en las cercanías de Cartagena, pervive hasta nuestros días huellas de la presencia africana en la vida cultural y social del Palenque de San Basilio. Dueños de una lengua criolla propia, considerada como una reliquia lingüística en América, tiene vocablos bantúes de las hablas Ki-kongo y kimbundu.

AFRICANIA EN EL PACIFICO

a) Ombligados de Ananse o la práctica de ombligar a niños y niñas: En el Baudó existen dos rituales focalizados en el ombligo del recién nacido: El primero se celebra cuando alguien nace. La madre entierra la placenta y el cordón umbilical debajo de la semilla germinante de algún árbol escogido por ella y cultivado en la zotea desde que sabe que está embarazada. En lugares del Alto Baudó, como Chigorodó, las zoteas siempre tienen cocos en retoño con los cuales las madres hermanan a su descendencia. Cada niño o niña distingue con el nombre de “mi ombligo” a la palmera que crece nutriéndose del saco vitelino enterrado con sus raíces el día del alumbramiento. Esta práctica se extiende por casi todo el Pacífico colombiano.

En Surinam los miembros del winti, una religión emparentada con el vudú del actual Benín, tienen ceremonias comparables. Sus practicantes femeninas, no sólo toman los mismos baños rituales de las afrobaudoseñas, sino que también entierran la placenta y sobre ese punto del jardín plantan un árbol.

La segunda y última ombligada ocurre cuando es necesario curar la herida que deja el ombligo al caer. Como en otros lugares del Afropacífico, antes de realizar el rito los padres tienen que haber escogido un animal, planta o mineral cuyas cualidades formarán parte del carácter del niño o niña y las cuales irán siendo incorporadas a partir de que se esparzan los respectivos polvos sobre la cicatriz umbilical. Por esta razón es usual que, al observar a alguien la gente trate de inferir como fue ombligado. Algunas referencias de ombligados pueden ser con la hormiga conga, para que no sienta dolor si es picado por hormigas y para que su saliva cure a quienes han sido picados, con la hormiga arriera para que sean trabajadores, con mancua, para que sean muy atractivos y atractivas al sexo opuesto, con araña o ananse para que sean astutos….

Jaime Arocha explica que Anansi es una voz del idioma akán, emparentada con Kwaku Ananse, Annacy y Nansy, como muchos pueblos de la Costa de Oro del África Occidental bautizan a una de las encarnaciones del creador del caos. En Costa Rica, Belice, Nicaragua, Panamá, Surinan y en las Islas de Jamaica, Saint Vincent y Trinidad y Tobago tambien conocen al embaucador Anansi, a quien además apodan Bush Nansi, Compé Nansi y Aunt Nancy. En el archipiélago colombiano Anansy ha sido llamada Miss Nancy, Gama Nancy y Breda Nancy. La Ananse o araña es la encarnación de un dios o diosa de los pueblos fanti-ashanti del Golfo de Benín. Es importante que donde todavía viven comadronas y parteras que conocen estas prácticas nos cuenten quien se las enseñó y para que sirven.

b) Tradiciones del ritual mortuorio: El ritual mortuorio es uno de los sellos más visibles de la identidad afrocolombiana especialmente en la región del Pacífico; por eso desde el CEPAC y la Sección Pastoral de Etnias de la Conferencia Episcopal se motivó una investigación desde cuatro dimensiones: Experiencia de Dios, Experiencia de humanidad, Ritual en sí mismo y Perspectiva para la pastoral afroamericana. A través de estas categorías se intentó globalizar la experiencia de este ritual en la relación de lo trascendente con lo inmanente. Se lograron sistematizar y socializar, entre otras, las siguientes conclusiones:

La muerte se relaciona tanto con este mundo, como en la vida del más allá. La persona muerta, vive y participa de todo lo que está sucediendo a su alrededor, no es una persona que se ha ido, sino un hermano o un amigo que sigue participando de la vida.

Los muertos viven en el corazón de todos los de la comunidad. En las comunidades afrocolombianas del Pacífico se demuestra el amor por los muertos, a través de manifestaciones fuertes de llanto, de los cantos como los alabaos porque ante el dolor de la muerte se canta y llora en un solo momento.

El camino del difunto hacia la otra vida depende mucho de las actividades de los vivos. Un ejemplo de esto es cuando un vivo, ofendido por el difunto cuando todavía vivía, no quiere perdonarle ni aún después de su muerte; esta actitud le retrasa la llegada ante Dios o al descanso al difunto. Así mismo cuando alguien de la comunidad trabaja el día de la muerte de otro miembro de ella, le obstaculiza el camino del difunto porque éste sigue al vivo.

Igual ocurre cuando un difunto ha dejado un entierro o cualquier prenda donde no se den cuenta, él se manifiesta a alguien en sueño para que mueva el objeto del lugar en el que se encuentra, y así poder quedar libre, en paz con Dios y descansar.

La relación de los vivos con los muertos es muy importante porque son los vivos quienes le facilitan el viaje al difunto al cumplir todos los ritos o creencias tradicionales. La no observancia de las tradiciones rituales mortuorias, como por ejemplo no hacerle el velorio al difunto hace que el alma reclame y se aparezca, porque no llega al reino de los cielos. Lo que traería además como consecuencia, el rechazo y la crítica a la familia, por parte de la comunidad.

Los vivos les ayudan a los muertos a disminuir sus penas a través de los rezos y cantos. Por eso hay que rezar y cantar con mucho respeto, y además sin equivocarse, y en caso de hacerlo se debe comenzar a rezar de nuevo. También al rezar por un muerto se le refresca, se les da agua.

Si se reza por los difuntos de igual manera en el momento de la muerte propia, alguien rezará. En la relación entre vivos y muertos, existe una experiencia de miedo que se calma ayudando en el entierro del difunto y participando en su novenario.

A través del ritual mortuorio se presentan signos de libertad, ya que el difunto deja atrás toda una vida de lucha, de privaciones, y se busca a través de estos ritos, ayudarle a salvar el alma para la otra vida.

La muerte convoca más que la enfermedad, porque en la enfermedad hay todavía la esperanza de que la persona no muera. Mientras que una vez muerto, ese día es de él, ya que no va a estar más con los vivos. Por lo tanto se suspende toda actividad para dedicarle al día en despedida, porque es lo último que se lleva la persona consigo.

De forma tal que la muerte congrega porque: Es el último servicio que se le presta a la persona; por temor a lo desconocido, para evitar las posibles venganzas del difunto, para asegurar la compañía en la futura muerte, sea la de un familiar o la propia; para que los muertos sean los aliados mientras se está en esta vida, y ayuden a llegar a ver la cara de Dios, cuando llegue el turno de cada uno. El fin de la vida en este mundo se vuelve un llamado de atención sobre la forma de vivir.

Los muertos son intermediarios entre los vivos y el más allá, por eso es necesario ganarse los favores del otro mundo, preparando el camino que cada persona debe recorrer. Y esto se logra a través del rito mortuorio.

La muerte, al convocar a toda la familia y a la comunidad, ayuda a reforzar la unidad y a superar los conflictos que se hayan presentado.

A través de la conservación de la tradición, se valora la cultura como fuerza de unidad, en donde la familia y la sangre o comunidad, ocupa un lugar destacado, con la muerte se llega a la experiencia esencial de la vida.

La no observancia de las tradiciones rituales mortuorias, pueden producir desgracias en la comunidad, porque el muerto queda resentido.

Analizando la influencia de tradiciones africanas en el ritual mortuorio es muy significativo que en el libro “Ombligados de Ananse”, el autor Jaime Arocha presenta una relación entre el moño negro en forma de mariposa, que se coloca en la parte superior del altar donde se realiza el velorio del difunto, y el hacha de Changó, a que hacen referencia los pueblos afrodescendientes de Cuba y Brasil por efecto de la influencia Yoruba.

En la situación actual estas tradiciones se conservan y aún resurgen con más fuerza, representan la valoración de la identidad como pueblo afrocolombiano. Algunas comunidades y personas se ven afectadas por la realidad del conflicto actual, los desplazamientos masivos, la influencia de la sociedad de consumo que sólo valora lo que produce ganancia y eficiencia y sobre todo el abuso extremo de actores armados que, además de asesinar a los miembros de las comunidades, prohibían recoger los cadáveres para sepultarlos.

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MISIONERAS DE LA MADRE LAURA (1917)

La Beata Laura Montoya fundadora de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, nace en Jericó, Antioquia y es educada en el ambiente racista de su época (1874-1949). Sin embargo, encontramos en su Autobiografía experiencias de acercamiento y valoración a representantes del pueblo negro, como también la comprobación de la situación de marginación y de pobreza que no dudó en fundar algunas casas misioneras entre afrocolombianos y en recibir en la Congregación jóvenes de este grupo étnico.

Desde 1968, la Congregación, con una visión ad gentes se proyecta al continente africano, donde hoy se tienen 5 casas misioneras en Kionzo, Kinzundu, Lukala, Kinshasa de la República Democrática del Congo y Noki-Angola; en Colombia se hace presencia en Buenaventura y Puerto Merizalde (Valle), Villarrica y misiones esporádicas en Cajibío (Cauca), Noanamá (Chocó), Vigía del Fuerte y Turbo (Antioquia), Uré (Córdoba), Cartagena (Atlántico). Como expresión de opción radical por el grupo más pobre entre los pobres, en 1989 se realiza un fundación en Astorga, República Dominicana y finalmente en 1999 en Haití.

Entre los datos que nos muestran el proceso que se dio en la Madre Laura en su acercamiento al pueblo afroamericano encontramos los siguientes:

La Providencia de Dios se manifiesta Gregorio el panadero:

En 1906 la maestra Laura sufre la calumnia, la persecución y el rechazo de la sociedad medellinense, como consecuencia de la novela “Hija espiritual” escrita por el Dr. Alfonso Castro. Se retiran todos sus amigos y conocidos y queda con su madre y hermanos con dificultades hasta para conseguir el pan de cada día, en estas circunstancias nos cuenta en su Autobiografía:

“Un día se apareció en la casa un hombre negro, con los pies hinchados que apenas parecía que podía andar. Creímos que pediría limosna; pero ¡era el Ángel de Dios! Me dijo: Misia Laura, ¿usted porque no pone una panadería?”

Entre dudas y temores la maestra se deja ayudar por Gregorio y él le construye el horno, le trae los materiales y luego se encarga de vender el pan. Cuando ya está instalado el negocio, muere Gregorio y Laura hace la siguiente interpretación:

“Fui al entierro y en él estaba representado el Seminario, el Capítulo Catedral, y la Comunidad de los Hermanos Cristianos. Todo me pareció extraño. Pero logré saber que era un santo y que, como en su tiempo de salud había servido mucho, le guardaban las mayores consideraciones, pero que jamás había querido aceptar nada. Lo lloré como era debido y mi agradecimiento con Dios era inmenso. ¡A ese hombre negro le debíamos el pan! Quedamos perfectamente establecidas. ¡Por supuesto que mi dolor era mayor por no haber sabido lo que tenía en la casa! ¡Así mueren los santos que han preferido la humillación a todo! Supe que Gregorio comulgaba todos los días pero nadie lo sabía porque lo hacía en la misa de 4 (a.m.) y cambiaba de Iglesia todos los días”.

Fundación de una Casa Misionera en el Palenque de Uré

Después de las fundaciones en Dabeiba, (1914) Rioverde, El Pital, Murrí y Chontaduro entre los indígenas Katíos del Departamento de Antioquia, la Madre Laura se desplaza hasta Uré, Departamento de Córdoba, para realizar la sexta fundación de la naciente congregación. En la Autobiografía narra todos los inconvenientes del viaje y la incomprensión de varios eclesiásticos.

El viaje comprendió muchas escalas, de Cartagena a Calamar en tren, de allí hasta Magangué en una confortable embarcación, de Magangue hasta Ayapel en una gasolina o buquecito que había empezado a surcar el San Jorge. En Ayapel tuvo noticias de la realidad de Uré:

“Supimos allí que Uré era desconocido de todos y se tenía de él la idea terrible de lo desconocido. Sólo Don Luis Paniza nos dio algunos informes consoladores. Nos dijo que verdaderamente el camino no existía; pero que Uré era un pueblo de personas negras, descendientes de los que habían traído en la época de la colonia para laborar las minas, procedentes del África, pero que aquellos paganos todavía eran inclinados a las cosas buenas…”

Laura y su compañera siguen su viaje pensando que ubicadas en Uré, mientras esperan a los indios, pueden apoyar a la población negra. Aún les faltaban varios días de viaje y pueden comprobar que navegar por el río San Jorge era una aventura que sólo realizaban arriesgados comerciantes en canoas de remo, vendiendo sus productos por las riveras del río.

Las dificultades del camino, la falta de oportunidades de los ribereños preparan el corazón de las misioneras para entender que el Señor las llamaba a trabajar y conocer una nueva cultura. La descripción que hace la Madre Laura de Uré tiene una gran importancia histórica pues nos ubica en el proceso vivido por los palenques:

“Aquel pueblecito contaba entre las muchas gracias que tenía, la de haber conservado por más de cuatrocientos años una especie de dinastía religiosa. La religión, mezcla de catolicismo y de tradiciones africanas, estaba representada por un anciano siempre en cadena o sucesión no interrumpida, porque en el lecho de muerte de uno, nombraba el otro y a éste se sometían todos en lo religioso, sin poner ninguna suerte de reparos jamás. Este anciano desempeñaba las funciones del culto en un rancho largo que lo llamaban la iglesia católica, sin pena de ninguna clase. La religión tenía todo y muchos latinajos que rezaba el ancianito revestido con unos ornamentos y capas… El hacía los entierros …, bautizaba bien… Hacía la fiesta con rezos y cantos en medio de bailes…

Cuando fuimos ejercía las funciones del culto el Señor Hilario, ancianito muy respetable por un aparato austero y venerable que había adquirido a fuerza de desempeñar tan terrible y desventajoso empleo, pues jamás se le pagaba nada ni se le daba tiempo para trabajar. Vivía pues muy mal, pero sintiéndose muy honrado por ser el depositario de la religión y culto de las tradiciones de su raza. Nada turbaba al Señor Hilario, ni su misma pobreza, pues estaba enseñado al pescado que su mujer anciana cogía todos los días. Tenía paciencia invicta con las tropelías de sus feligreses y nada lo inquietaba”.

Una Religiosa afrocolombiana entre las Cofundadoras de la Congregación:

En el año 2.000, con motivo del Jubileo, el Boletín Informativo Caminando Juntas publica un Homenaje a las diez primeras Cofundadoras, el grupo que inicia el noviciado canónico el 1 de enero de 1917 en Dabeiba, cuando la Madre Laura emite sus Votos Temporales y la experiencia misionera se constituye en congregación religiosa diocesana.

El número siete de este grupo le corresponde a la Señorita María de los Ángeles Hernández Yépez de Robledo, Antioquia, de ella dice la crónica congregacional:

“…Una morena fornida, trabajadora incansable y fervorosa… tenía muy buena voz, cantaba fuerte y bien en las ceremonias religiosas y en las misas. Aún en su vejez entonaba cánticos al Señor. Su boca no se ocupó sino para alabar a Dios y decir jaculatorias. Cuando se le preguntaba como estaba de salud o cómo le iba en su vida, siempre contestaba con este estribillo -Así como Dios quiere-”

En la Congregación recibió el nombre de María Santa Zita, y al hablar de ella varias Hermanas reconocen que su testimonio de vida atrajo valiosas vocaciones a la Congregación por “el espíritu de oración y unión con Dios que poseía… inspiraba respeto a cuantos la contemplaban”. Todos los trabajos que realizaba los hacía con amor y alegría. En el año de 1964 la traen a la enfermería de Medellín, bastante delicada de salud pero “llena de amor a Dios, de cariño y paciencia”, muere el 10 de mayo de 1971 a los 99 años de edad, ganándose el título de Cofundadora de la Congregación por su fidelidad y testimonio de vida.

Carta de la Madre Laura sobre una misionera afrocolombiana y el Seminario Etiópico de Roma

En el Archivo de la Arquidiócesis de Popayán reposan algunas cartas de la Madre Laura a Monseñor Maximiliano Crespo y a otras personas. No nos debe extrañar el lenguaje propio de la época sino la intuición de que también el pueblo negro tiene derecho a un espacio en la Iglesia como en la sociedad. Entre las cartas nos interesa la siguiente, dirigida a una religiosa de otra Congregación:

“Antioquia, 7 de abril de 1935. Muy amada Sor María de Inmaculada Hoyos.

Mucho me alegra que quiera… la raza negra… Entre negros puros tenemos unas tres casas y he podido apreciar lo que es su orfandad, pero alégrese porque esa pobre raza comienza a redimirse con el Seminario etiópico que tiene el Santo Padre en el mismo Vaticano, es numeroso y son todos de color satín, ya se han ordenado varios y me tocó oírle la misa en rito armenio al primer Obispo de aquél seminario, antes de salir para Albania.

Era conmovedor ver al Prelado aquél, rodeado de Monseñores blancos que le servían como a un rey, celebrar el Santo Sacrificio y la Santa Hostia tan blanca lucía en aquellas manos negras como si estuviera engastada en azabache hermosamente en el momento en que mostraba la Sagrada forma al pueblo, según el rito armenio. Le ofrecí al Señor recibir en la Congregación una negra de pura raza africana para que Él nos permitiera trabajar con los pobres negros.

Ya tengo la hermana Profesa porque al llegar de Roma se me presentó la oportunidad de cumplir la promesa, ha resultado una y muy buena… Acompaña a las hermanas en las excursiones y enseña muy bien el catecismo y los cantos. En la Misión en dónde está la acatan como a las demás hermanas; se llama María de la Sagrada Familia. Fue formada por las Misioneras en Uré y desde que tenía doce años o quizás menos hacía su voto de castidad de año en año. ¡Ya ve, querida mía, como en esa pobre raza hay almas de elección! Mucho le pudiera referir de esto pero ya el tiempo se me agotó…Laura de Santa Catalina”

Por ser un Instituto internacional entendemos que no faltan las limitaciones propias de la convivencia entre diversas culturas, pero la intuición de la Madre Laura y la reflexión contínua en la riqueza de la diversidad han permitido que hoy, entre las mil misioneras que integran la Congregación, se cuente con 16 religiosas afroamericanas y 14 africanas y que la Pastoral africana, afroamericana y caribeña se constituya al lado de la Pastoral Indígena y Urbano-marginalizada en opción de la proyección misionera para toda la Congregación.

HERMANAS FRANCISCANAS MISIONERAS DE JESUS Y DE MARIA (1957)

Las Hermanas Franciscanas Misioneras de Jesús y de María, son un Instituto autóctono colombiano, nacido en Potrerillo, Valle el 15 de agosto de 1957. El Espíritu Santo que animó a la Madre Berenice Duque a fundar este Instituto Misionero, donde las jóvenes, preferencialmente las de etnia negra, pudieran entregarse a Dios en la vida consagrada y a participar de la acción misionera de la Iglesia en su propio medio, con su propia gente, para anunciar el mensaje de salvación y prestar servicio humilde e incondicional entre los más necesitados. Todo a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo y en conformidad con el Espíritu de San Francisco de Asís y Madre Berenice, con proyección AD- GENTES. La Madre María Berenice, fundadora también de la Comunidad Religiosa HERMANITAS DE LA ANUNCIACION, después de orar mucho, de pedirle al Espíritu Santo, reflexionar, discernir y sufrir ante la dificultad de emprender una obra grande, pensando en su seguro desarrollo, con carencia económica, pidió ayuda y escribió a los diferentes Obispos en territorios de Misión, entre ellos Monseñor Gerardo Valencia Cano, y a Monseñor José Miguel López Hurtado OFM, quien le dio respuesta positiva inmediata y acogida en la Prefectura Apostólica de Guapi. Es aquí donde se ha gestado y crecido esta comunidad religiosa desde el año 1978, dándole respuesta así al origen Fundacional.En el año 1984, las Hermanas que integraban esta Comunidad fueron declaradas y acogidas por la Orden Franciscana y aprobadas más tarde como Comunidad Religiosa Diocesana por el actual Prefecto Apostólico Monseñor Rafael Morales Duque OFM. En la historia de la Congregación se pueden distinguir varias etapas:

Primera Etapa: 1957

Inicio de la Rama Misionera por solicitud de jóvenes afrocolombianas a la Madre María Berenice. Con el apoyo de Monseñor Joaquín García Benítez, Obispo de Medellín, organizan el Noviciado en Potrerillo, destinado a la formación de la Rama Misionera, bajo al dirección de Teresa de la Inmaculada, Hermanita de la Anunciación. Este hecho le dio solidez a la Obra, recalcando a las hermanas las virtudes, valores y actitudes propias de una Religiosa Misionera.

Segunda Etapa: 1958-1976

De 1958 a 1959 se detecta preocupación por el mejoramiento de la vivienda con la colaboración del pueblo, dificultad para el sostenimiento económico, necesidad de educación y atención en la población.

Colaboración de las Hermanas Bethlemitas, Leonorcita Valderrama y Clarita Toro, Don Rafael Uribe,Juan Franco, Libardo Díaz, algunas instituciones privadas y gubernamentales, también personas generosas.

Inauguración de la Parroquia Corpus Christi con su Casa Cural, condición hecha por Monseñor Castro Becerra a la Madre Berenice. Florecimiento vocacional entre las jóvenes afrocolombianas.

1960-1968, primeras Profesiones Religiosas y paso al Noviciado. Renovación de las primeras Hermanas Profesas. Fundación de las primeras Obras de Misión: Guapi, Santa Bárbara de Timbiquí, López de Micay (Cauca); Buenaventura, Rozo, Bolo, San Isidro (Valle), Istmina, Certegüí y San José del Palmar (Chocó). Primeros Votos Perpetuos; cambio de Gobierno en la Comunidad de las Hermanas de la Anunciación. La Madre Fundadora deja de ser Superiora General, es enviada a España y separada de las Misioneras.

1969 a 1975: Proceso de Desarrollo y Conflicto

Las Hermanitas de la Anunciación deciden integrar la Rama Misionera, el Noviciado y las Obras. Por este motivo se realiza una serie de correspondencia entre la Hermana Fundadora y la Hermana Martha de la Cruz, en comunidad Hermana Lina y exhorta para el diálogo con el Obispo de Palmira expresándole la problemática y el informe del viaje del Padre Campiño a Roma.

La Madre Berenice se preocupa por la falta de comunicación con la Rama Misionera y el nuevo Gobierno reúne una semana a las Misioneras con el fin de integrarlas a la Anunciación, pero éstas rechazan la idea porque deseaban ser fieles al mandato fundacional.

Se da cierre del Noviciado Misionero enviando a las novicias a profesar a Medellín y yendo las Postulantas de Medellín a Potrerillo. La Anunciación se organiza en Provincias afectando a las Misioneras. Visita de la Madre a Potrerillo obedeciendo el mandato jerárquico. Ultimos votos perpetuos en Potrerillo. Capítulo especial con invitación a las misioneras para resolver la situación.

Tercera Etapa: 1976-2000

Refundación, Organización Y Puesta En Marcha La Vida Del Nuevo Instituto Misionero.

Al verse despojadas de sus bienes, las Misioneras vivieron una tristeza profunda. Piden dispensas de sus votos quedando libres de todo vínculo con las Hermanas de la Anunciación.

En la Prefectura de Guapi, por petición de la Madre Fundadora al Prefecto Apostólico José Miguel López de la Orden Franciscana, fueron aceptadas y acogidas, ofreciendo discernimiento, reflexión y luego formación y conocimiento franciscano.

La Madre Berenice persiste en el apoyo a la Rama Misionera y no ahorra esfuerzos en establecer comunicación con las Hermanas, con los Franciscanos y con la Jerarquía, en esta situación Monseñor José Miguel López solicita a la Madre Berenice no intervenir más con el grupo. Insiste al grupo que su espiritualidad es la del Evangelio, sin necesidad de cultivar otra.

Monseñor comenzó la reorganización del grupo nombrando Coordinadora a la Hermanita Carmen Julia Mosquera, hermanita del mismo grupo. Se escriben las constituciones.

Se recibe asesoría por parte de las hermanas de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús. Durante tres períodos hubo este estilo de organización. Hermanas Coordinadoras: María Elvia Perlaza y Rosalina Izasa.

Sale Monseñor José Miguel de la Prefectura, y es nombrado Monseñor Alfonso María Guerrero como Administrador, interesándose por el Instituto hasta lograr la afiliación a la familia Franciscana.

Sale Monseñor Alfonso Guerrero de la Prefectura, recibe el cargo Monseñor Alberto Lee López, quien erige canónicamente el Noviciado.

Primer Capítulo General presidido en Cali por Monseñor Alberto Lee López, quedando como Superiora General la Hermana María Francisca Uribe Castaño. Primera Profesión Religiosa, Hermanitas Esperanza Sinisterra y Elmida L. Rodríguez.

Se realiza en Guapi el II Capítulo General presidido por Monseñor Alberto Lee López, queda elegida la Hermanita Arnobia Cardona Ruiz Superiora General. Muere Monseñor Alberto Lee López, es nombrado Prefecto Monseñor Rafael Morales Duque.

Invitación de las Hermanitas de la Anunciación a las Hermanas Misioneras a celebrar el Cincuentenario de la Comunidad.

El 25 de julio de 1993 muere Madre María Berenice Fundadora de la Comunidad, asisten varias hermanas al sepelio en Medellín, demostrando su reconocimiento a la fundadora.

Solicitud de la Hermana Arnobia a Hermana Rafael sobre la aprobación del traslado de la casa de formación en Cali, aceptación del señor Arzobispo Pedro Rubiano Sáenz.

La Hermanita Arnobia Cardona, Superiora General, solicita a la Conferencia de Religiosos de Colombia, CRC asesoría para realizar un proceso de clarificación del origen fundacional y de la identidad carismática y espiritual de las Misioneras. La CRC propone realizar un Encuentro sobre “Reconstrucción de la Historia Congregacional”; personas determinadas, fechas, significación, caracterización de esa historia por etapas, con la Asesoría de la Hermana Margarita Gutiérrez Perilla, con quien se inicia este trabajo del 5 al 11 de diciembre de 1993.

En clima de mucha oración, reflexión y gran regocijo se clamó a una voz: “Madre María Berenice, única y verdadera fundadora de la Congregación Hermanitas Franciscanas Misioneras de Jesús y de María”.

Actualmente la Congregación cuenta con 20 hermanas profesas, 4 novicias y 3 aspirantes, afrocolombianas y mestizas, acompañando en 9 lugares de misión el proceso integral del pueblo afrocolombiano.

SEMINARIO DE SAN BUENAVENTURA (1964)

El Seminario San Buenaventura, fue fundado por Monseñor Gerardo Valencia Cano en 1.964: El fundador tuvo como objetivo primero y evidente la superación del grupo étnico mayoritario del Pacífico, desde el punto de vista ético, religioso y administrativo. Pretendió educar a la juventud negra para que asumiera la responsabilidad religiosa y pastoral de la Iglesia local dando crédito y valor a sus cualidades intelectuales y a su religiosidad popular: la fe sincera el culto autóctono y la capacidad de adquirir las exigencias de la vocación y del servicio sacerdotal.

Sin ninguna discriminación acepto en el Seminario alumnos que demostraban querer emprender esta experiencia de vida. El reglamento interior fue el de los seminarios del interior del país, con las necesarias adaptaciones. Fue el primer proyecto en favor del nativo con proyección al futuro.

Al mismo tiempo fundó, Monseñor Valencia Cano, otros establecimientos y apoyó otros más, con la misma visión de valores nativos y de apertura: el Instituto Industrial, el Hogar de Jesús Adolescente, la Normal de Señoritas, el Colegio San Vicente, el Instituto de la Anunciación y apoyó el Colegio Pascual de Andagoya, el Liceo Femenino del Pacífico y el Instituto Teófilo Roberto Potes, trajo a Buenaventura el SENA y creó muchas escuelas. Hoy día le dan la razón innumerables profesionales y hombres de industria, imposible de concebir hace 40 años.

En la década de los 70, las condiciones sociales mundiales y la misma disciplina religiosa, sufrió cambios notables. Los llamados “Seminarios Menores”, desaparecieron realmente. El Seminario no cerró sus puertas sino que, comprendiendo los signos de los tiempos, hizo el viraje necesario: Conservó intacta su visión y su compromiso con la sociedad porteña; su convencimiento religioso, también propio del entorno étnico y social; sostuvo su disciplina de comprensión y exigencia y consiguió mantener su prestigio y la estimación de la sociedad que hasta hoy le exige que permanezca como uno de los centros de mayores esperanzas para la ciudad y su entorno que ahora reúne 350.000 habitantes y muestra un crecimiento industrial, intelectual y urbanístico extraordinario.

Estamos en el principal puerto de Colombia, el municipio más extenso del Valle, uno de los mayores en población y en riqueza tanto económica como ecológica. Cosmopolita como pocas. Todo ello nos ofrece un panorama y un campo bien específico.

No se debe restringir el diagnóstico al entorno inmediato, pues las realidades del Puerto hacen que la escuela extienda su campo de influencia a todos los niveles, y sus alumnos vienen de todos los lugares del Pacífico.

El Seminario San Buenaventura, a lo largo de su vida, ha comprendido mejor este medio con sus valores y falencias, ha encontrado allí el origen de su diagnóstico y de acuerdo a ello elabora sus proyectos y realiza su gestión. Es importante conocer el Decreto por medio del cual Monseñor Valencia crea el seminario:

DECRETO No. 088

Nos, Gerardo Valencia Cano, m.x.y., por la Gracia de Dios y de la Santa Sede, Obispo titular de Resaina y Vicario Apostólico de Buenaventura,

CONSIDERANDO:

  1. Que es deber ineludible de todo Ordinario de Misión tratar de tener en el menor tiempo posible Clero Autóctono.
  2. Que la feligresía del Vicario Apostólico de Buenaventura es en casi su totalidad bautizada en la religión católica.
  3. Que los quince mil estudiantes que hay en la ciudad y en las escuelas rurales indican un ambiente cultural que no puede dispensarse de la profesión sacerdotal.
  4. Que cada año los Colegios de Bachillerato están dando excelentes candidatos a las Universidades.
  5. Que el Vicario Apostólico está en mora de tener sacerdotes propios.

DECRETA:

Art. 1. Erígese canónicamente en esta ciudad el Seminario Menor San Buenaventura, para formación de los costeños que aspiran a seguir la vocación sacerdotal.

Art. 2. Adóptase para el funcionamiento del Seminario Menor el Pénsum Oficial de Colombia, el Latín como lengua propia de la Iglesia y las directivas de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide.

Art. 3. Destínanse como dote de sostenimiento del Seminario los auxilios con dedicación especial de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, las colectas de los primeros domingos, las pensiones de los seminaristas, los estipendios de binación y trinación, y las donaciones de los fieles con destino especial al Seminario.

Art. 4. Desígnase el día 3 de Octubre del presente año para iniciación de las tareas, por celebrarse en ese día la fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús, Patrona Universal de las Misiones y Patrona Principal de nuestro Instituto de Misiones de Yarumal. Art. 5. Nómbrese para la dirección y administración del Seminario a los Reverendos Padres siguientes:

Rector: Milcíades Marín;

Síndico: Antonio Ruiz;

Prefecto de Disciplina y de Estudios: Jaime Ossa;

Director Espiritual: Gerardo Jaramillo;

Confesores Ordinarios: Arnulfo Arango y Fabio Zuluaga;

Confesor Extraordinario: Rodrigo Velázquez;

Art. 6. Las Juntas de que trata el Canon 1.359 quedan integradas así:

1º De Disciplina: Padres Gilberto Gil y Luis Enrique Ferrer;

2º Administración de bienes temporales: Padres Hernán Pareja y Carlos Barrera;

Art. 7. El Revendo Padre Rector tomará posesión de su cargo el día 1º de Septiembre del presente año ante nuestro Vicario Delegado.

Dado en Buenaventura, a 31 de Julio de 1.964

(Fdo.) +Gerardo Valencia Cano, m.x.y.

(Fdo.) Hernán Pareja
Vicario Apostólico de Buenaventura
Canciller

SEMINARIO AFROCLARETIANO EN EL CHOCO (1978)

En 1978, por iniciativa de los misioneros claretianos del Chocó, se impulsó la idea de crear un seminario local, para la formación de las vocaciones nativas en una región donde esta congregación venía misionando desde principios del siglo XX, pero sin haber formado vocaciones autóctonas, después de 70 años. El padre Jaime Salazar fue el escogido para liderar esta iniciativa. En la ciudad de Quibdó se consiguió una casa en el barrio la Esmeralda y se empezó la formación con una docena de jóvenes con intenciones vocacionales, quienes hasta el momento formaban parte de los grupos juveniles de las parroquias de la ciudad.

Estos jóvenes vivían en la casa de formación y asistían a sus clases en los colegios de secundaria de la ciudad. Los fines de semana hacían actividades pastorales como catequesis con los niños, acompañamiento a grupos juveniles, visitas a las familias y servicios parroquiales. En el grupo recibían formación para la vida en común y análisis de la realidad cultural y social del Chocó.

Esta experiencia fue apoyada por la Provincia Claretiana de Occidente pero vista con desconfianza por algunos Obispos, incluido el Vicario local, quienes creyeron ver en ella un germen de Iglesia racista porque sus aspirantes eran todos afrocolombianos. Esto se debía simplemente al grupo social chocoano en donde se desarrollaba el proyecto. Igualmente la formación social crítica que recibían los estudiantes le generó incomprensión entre algunos sacerdotes de la región y de la congregación.

Esto determinó el final de la experiencia tres años después. El Padre Jaime Salazar fue asignado a otra misión, y los seminaristas se dispersaron. Tres de ellos perseveraron en otras casas de formación hasta alcanzar el ministerio sacerdotal.

 

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CENTRO DE PASTORAL AFROCOLOMBIANA, CEPAC

La Pastoral afrocolombiana se concretiza en el CEPAC, Centro de Pastoral Afrocolombiana, que tiene su origen en la inquietud de Agentes de Pastoral Afrocolombianos/as liderados por Fray William Robert Riascos. El objetivo de esta pastoral es apoyar el fortalecimiento de la identidad y el proceso organizativo a nivel nacional, también unificar criterios entre los agentes de pastoral afros y no afros que acompañan al pueblo. El trabajo del CEPAC se ha coordinado con la Sección de Etnias de la Conferencia Episcopal y con el Delegado del CELAM-SEPAFRO. Se ha fortalecido la participación en los Encuentros de Pastoral Afroamericana (EPA) que desde 1.980 se vienen realizando a nivel de América Latina y el Caribe (ver Anexo No. 1 o la información amplia en EPAs)

Podemos considerar como precursor de la Pastoral Afrocolombiana a Monseñor Gerardo Valencia Cano, primer Obispo de Buenaventura, quien amó entrañablemente a este pueblo y tenía claro que la liberación del pueblo negro debía ser gestada por sus mismos líderes, por eso apoyó la formación desde todos los ángulos y valoraba el saber cultural.

ENCUENTROS NACIONALES

Desde el inicio se quiso resaltar la fecha del 21 de mayo, para conmemorar la abolición legal de la esclavitud en Colombia (1851) y en cada Encuentro se han trabajado temas de formación respondiendo a la realidad coyuntural de la Comunidad AFRO:

Primer Encuentro de Pastoral Afrocolombiana: Se realiza en Medellín el 21 de mayo de 1992, para reflexionar sobre quiénes somos, dónde estamos y qué estamos haciendo los religiosos, religiosas, y laicos afrocolombianos. Se contó también con la participaron de algunos Agentes de Pastoral que trabajaban con las comunidades negras.

  1. Segundo, tercer y cuarto encuentro se realizan en Buenaventura y el quinto en Cartagena (1.994 -1.996) en coordinación con la Sección de Etnias de la Conferencia Episcopal de Colombia. Se empieza la metodología de realizar una investigación antes del encuentro para luego compartir y finalmente sistematizar y publicar en el Boletín Pueblos. De esta forma se promueven las investigaciones sobre Ritual Mortuorio, Navidad, Semana Santa y Fiestas Patronales.
  2. Sexto, séptimo, octavo y noveno encuentro (1.997-2.000) se realizan en Buenaventura, continuando la investigación ¿Quién es Cristo para el Pueblo Negro? y Etnodesarrollo.
  3. Décimo encuentro realizado en Buenaventura del 17 al 21 de Mayo de 2.001, en el marco de la conmemoración de los 150 años de la abolición legal de la esclavitud en Colombia. En este encuentro, se trataron los siguientes temas:


  1. Significado de la abolición legal de la esclavización.
  2. Secuelas de la esclavitud.
  3. Perspectivas organizativas como alternativas de etno-desarrollo.
  4. Retos que plantea la pastoral al pueblo Afrocolombiano en los 150 años de abolición legal de la esclavitud. En este encuentro se elaboró el primer Manifiesto que recoge el pensamiento y los desafíos del pueblo negro de Colombia, conmemorando la abolición de la esclavitud.
  1. Décimo primer encuentro realizado en Buenaventura del 18 al 22 de Mayo de 2.002, se trabajó el tema Aporte de la mujer afrocolombiana en la construcción de la identidad del pueblo colombiano. Se trabajaron los 10 subtemas que se debían compartir en el IX Encuentro de Pastoral Afroamericana, en Lima-Perú en el mes de febrero de 2003.
  2. Décimo segundo encuentro a cargo de la Delegación de Cali, se realizó del 18 al 22 de mayo de 2003. Por petición de los participantes en el Encuentro anterior se trabajó el tema Fe y Política, buscando elementos que nos permitan participar con conciencia crítica en el proceso socio-político que está viviendo el pueblo afrocolombiano. A partir de este Encuentro, y por iniciativa de la Delegación de Cali, se creó la página Web: p_afrocali.tripod.com.co

LOGROS, DIFICULTADES Y PROPUESTAS DE LA PASTORAL AFROCOLOMBIANA

Logros:

  • Valoración y rescate de tradiciones religiosas afrocolombianas
  • Vocaciones Sacerdotales y Religiosas afrocolombianas en diferentes Congregaciones y Diócesis
  • Se ha ganado un buen espacio en la liturgia, en muchas parroquias, donde se celebra la eucaristía con cantos, danzas y expresiones propias
  • En varios sectores se apoya desde la Pastoral el proceso organizativo y experiencias de etnodesarrollo, de etnoeducación y culturales
  • Los Encuentros Nacionales e Internacionales han sido oportunidades de conocimiento mutuo y de compartir experiencias
  • Las investigaciones realizadas sobre el ritual mortuorio, las fiestas patronales, navidad, Semana Santa, etnodesarrollo y género nos han dado base para sistematizar nuestras propias experiencias, fortalecer los valores para compartir lo que somos y tenemos
  • Estamos aprendiendo a trabajar en forma integrada: Sacerdotes, Religiosos/as, y laicos afrocolombianos lo mismo que con Agentes de Pastoral no Afro, pero comprometidos con nuestra causa
  • En algunas oportunidades se ha podido coordinar la animación de la Pastoral Afrocolombiana con la Sección de Etnias de la Conferencia Episcopal y el SEPAFRO-CELAM.

Dificultades:

  • Presencia de actores armados en territorios afrocolombianos, han realizado masacres y amenazas, provocando la desestabilización y el desplazamiento como una nueva forma de esclavitud.
  • Necesidades básicas no satisfechas en un gran porcentaje de la población afrocolombiana.
  • Existe un sector de la Iglesia que no apoya el trabajo de Pastoral Afrocolombiana por considerarlo excluyente.
  • Las estructuras de la formación en Seminarios y Congregaciones masculinas y femeninas no facilitan la comprensión y perseverancia de las vocaciones afrocolombianas.
  • En un gran porcentaje de la población afrodescendiente no se ha logrado fortalecer la identidad de pueblo afrocolombiano.
  • Las Parroquias y los líderes carecen de recursos económicos para la participación en los diferentes eventos.
  • Algunos grupos sólo le trabajan al aspecto litúrgico.
  • Bajo nivel de formación académica en un amplio sector de la población afro.
  • El compromiso de algunos líderes no corresponde a la capacitación recibida.
  • No se ha logrado la participación de todas las Parroquias y Diócesis con significativa presencia afro.

Propuestas:

  • Fortalecer el CEPAC con la participación de delegados/as de todas las Arquidiócesis, Diócesis y Vicariatos que tienen significativa presencia afrocolombiana.
  • Estudiar e investigar la historia del pueblo negro en Colombia, como una herramienta que facilita fortalecer la identidad.
  • Apoyar todas las acciones que se realizan para brindar protección a los líderes y grupos amenazados por los actores violentos.
  • Continuar el proceso de Inculturación en la liturgia.
  • Seguir insistiendo a las Congregaciones Religiosas masculinas y femeninas para que los Religiosos/as realizan la labor Pastoral en las comunidades afrocolombianas, para fortalecer el proceso actual.
  • Participar activamente como CEPAC en el proceso sociopolítico actual del pueblo afrocolombiano, como estrategia de autonomía y en la búsqueda de mejores condiciones de vida para el pueblo.
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palenquerosSe es familia por compadrazgo, por medio del vínculo que se establece con las personas que apadrinan o amadrinan un hijo o hija, con quienes se es compadre y comadre ya sea por el bautismo de agua de socorro, de óleo u otros ritos.

Se puede ser familia por afinidad, por ejemplo cuando se forma una pareja conyugal y a su vez se van estableciendo relaciones con las cuñadas y cuñados, con la suegra y suegro; con los tíos y tías y así sucesivamente. En regiones, como en el Chocó y en el Valle del Cauca, en estos casos se habla de familia política.

Se puede ser familia por paisanaje, porque, cuando se es de un mismo río o de una misma región, se siente familia al encontrarse con estas personas en un sitio distinto de donde se es.

Se puede ser familia por lazos simbólicos, estos son aquellos lazos que se van creando dentro de la propia cultura y que tiene un gran significado para quienes pertenecen a dicha cultura. Por ejemplo los hermanos de leche o de padrinazgo, la mamá de leche, los hijos de crianza, el compadrazgo de oreja es decir quien le rompe las orejas a la niña, y en paga le debe dar un par de aretes, para que cuando sea grande no se le pierdan los que se ponga. Muchos de estos parentescos simbólicos se van perdiendo pues ya los renacientes no saben que sentido tienen.

LA MUJER JEFE DE HOGAR

Como resultado directo del tipo de vida que los afrodescendientes llevaron después de la abolición de la esclavitud, se generó una sociedad muy flexible. No se lograba la plena aceptación de los terratenientes, el Estado y la sociedad en general. Nunca estaban seguros de que los iban a dejar en paz y tenían que mantenerse con mucha libertad de movimiento. No había lugar para ellos en la sociedad oficial y, en consecuencia, crearon un sistema muy práctico de relaciones, incluyendo las relaciones entre hombres, mujeres y la crianza de los niños.

Así entendemos el predominio de la familia extensa, con estilo matriarcal, con una mujer mayor como jefe, que controla el trabajo agrícola y toma toda la responsabilidad del bienestar de los niños y niñas. En este contexto las relaciones entre hombres y mujeres han sido muy flexibles. Una mujer y un hombre pueden tener un hijo y no formar pareja permanente, y los niños quedar con cualquiera de los dos en su nueva pareja o con las abuelas. En los últimos tiempos, las fuerzas económicas específicas tienden a acentuar esta estructura familiar, separando a hombres y mujeres en el proceso de trabajo de libre competencia de tal manera que el hombre asalariado queda más separado aún del hogar compuesto por adultos mayores, mujeres y niños/as.

CASTIGO INFANTIL EN LA FAMILIA

A veces varias familias castigan a sus hijos con violencia física golpeándolos o usando el látigo. Tambien usan la violencia verbal usando palabras soeces.

Se ha llegado a creer que dar látigo es un mandato divino, una herencia divina, “así lo dejó Dios”; por eso los adultos se sienten obligados a usarlo como parte esencial de la buena crianza de los hijos. Hay gente que dice que al muchacho hay que darle látigo para que se ajuicie. Muchas veces los padres descarga en sus hijos o hijas la rabia que tienen con su pareja.

Hoy en día ya no se pega tanto, han aconsejado que eso no es bueno. El problema que se tiene ahora en la educación de los hijos y las hijas en algunas familias es que se pasaron al otro lado. Si antes se les pegaba con mucha violencia, ahora les dejan hacer lo que ellos quieran. Ya no se permite que ninguna persona mayor use con los muchachos o muchachas las prácticas tradicional del regaño, castigos y consejos. La mejor forma de atraer a los niños y jóvenes es saber dialogar con ellos, escucharlos, hablarles de las tradiciones propias, de los ejemplos de los antepasados, enseñarles los refranes, versos, cuentos que contienen enseñanzas prácticas para la vida. Cuando los adultos están acostumbrados a conversar con los menores, es fácil corregirlos sin necesidad de reproducir la violencia que nos ha quedado como secuela de la esclavitud.

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