AFROCOLOMBIANOS Y LA SALSA

Aunque esta expresión musical no surgió en el contexto del folclor afrocolombiano, sí hace parte de los ritmos de origen afrocaribeño que fueron adoptados por diversos sectores populares en las ciudades donde había presencia significativa de gente de origen africano, quienes encontraron en ella un signo de identidad, solidaridad y esperanza. Las temáticas de la salsa en el ámbito caribeño denunciaban la situación social del común de la gente. Esta capacidad para expresar sentimientos, sensaciones, pasiones y críticas sociales de los sectores discriminados se constituyó en una herramienta estética y creativa para los afrocolombianos, quienes vieron en ella la posibilidad de afianzar su identidad y al mismo tiempo acceder al reconocimiento nacional e internacional. Como manifestación musical contemporánea, la salsa surgió a principio de la década de 1970 en los barrios latinos de Nueva York. En sus orígenes, y como base principal de su desarrollo, estuvieron diversos géneros afrocubanos como el son, el danzón, la guaracha, la rumba, la habanera, la guajira, el mozambique y el guaguancó, que con posterioridad fueron enriquecidos con el aporte de tonadas populares y folclóricas puertorriqueñas, entre las que se destacaban la bomba y la plena. También hubo aporte de elementos musicales de otros pueblos del área del Caribe y, por supuesto, del jazz norteamericano. A todas estas raíces, los músicos les adicionaron arreglos agrios y violentos que hicieron de ellas una especie de toque de barrio que rápidamente fue asumido por las barriadas de las grandes ciudades del Caribe.   Al final de los años setenta, en el contexto caribeño y neoyorquino existían dos tendencias de vanguardia en la salsa. La primera conservaba el estilo de barrio, que implicaba una amalgama de tradiciones. La segunda, llamada "salsa conciencia", enfatizaba en una intención política con letras que mostraban la ruptura con el conformismo imperante. Ambas planteaban temáticas centradas en la lucha contra la discriminación racial, social y política, que coincidían con los sentimientos y las vivencias de la gente. Al cantarle al goce, al placer, al amor, a la sensualidad, al baile y a la música misma la salsa se constituyó en un canto a la alegría de vivir.   En Colombia, en la década de los setenta, la salsa se definió como un elemento de identidad popular urbana de sectores sociales específicos; en ciudades como Barranquilla, Cali, Cartagena y Buenaventura se adoptó como música propia. La presencia de la cultura afrocolombiana en la configuración social de esas ciudades, el surgimiento de barrios populares a raíz de los procesos de urbanización y el papel de los medios de comunicación en la difusión de la música afroantillana son algunas de las razones histórico culturales que permitieron el arraigo del nuevo ritmo en las urbes con mayor presencia de descendientes de africanos en el país.   Hasta la primera mitad del siglo XX, en el litoral Pacífico, el currulao seguía siendo el único ritmo que contaba con reconocimiento propio. No obstante, la gente afrocolombiano empezó a mirar otros géneros musicales como si fueran propios y la salsa acabó por convertirse en "su nueva música tradicional". Surgieron, entonces, agrupaciones de "tipo caribeño" en lugar de las chirimías tradicionales. Estos nuevos grupos decidieron fundamentar el contenido de sus letras y el nuevo ritmo adoptado como parte de la expresión de su propia identidad. A finales de 1980 la salsa se había constituido en una forma de vida para las gentes afrocolombianas de esa región del país. Música que tenía ya sus propios representantes y que por lo tanto lograba que la gente se sintiera identificada con las letras de sus compositores favoritos.   Desde sus inicios, la salsa colombiana le ha cantado a la cotidianidad, al amor y al apego a la tierra. El primer auge del movimiento salsero nacional fue encabezado por la agrupación "Fruko y sus Tesos", que centró la temática de sus canciones en los personajes, los oficios y los actos de la gente afrocaribe. Más adelante, la dirección del movimiento fue asumida por el grupo "Niche", liderado por Jairo Varela y Alexis Lozano, quienes pusieron en marcha la idea de hacer salsa con elementos tradicionales del litoral Pacífico. Posteriormente, esta iniciativa se escindió en dos estilos diferentes: Niche fomentó una línea de trabajo más próxima al formato puertorriqueño, con temáticas que giraron en torno a la gente y sus preocupaciones. Guayacán, por su parte, mantuvo la idea original e hizo una salsa colombiana con canciones que abordaban personajes y situaciones más regionales.   Otro de los líderes de la salsa en Colombia es Joe Arroyo, quien le canta a la fiesta y al baile, aunque también ha grabado canciones con claro origen tradicional. En la actualidad sobresalen en el contexto de la salsa colombiana Yuri Buenaventura, que reside en París y cuenta con una orquesta conformada, en particular, por colombianos residentes en Francia, quienes adelantan incursiones musicales en el género de latín jazz. Asimismo, resalta el grupo "Bahía", dirigido por el guapireño Hugo Candelario González Sevillano, quienes fusionan las raíces musicales autóctonas de la costa Pacífica con los ritmos afrocaribeños, conservando la estructura original y combinando instrumentos tradicionales y modernos.  

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