Una comunidad afrodescendiente que se formo en un comienzo de un núcleo de esclavizados africanos cimarrones que arribaron a estas tierras colombianas, han logrado que sus rasgos culturales de sus lugares de origen pervivan con mucha fuerza durante mucho tiempo. Un lugar donde las huellas de africanía conviven con los rasgos culturales provenientes de otras sociedades, comunidad que al igual que sus hermanas, están ubicadas a lo largo y ancho de las tierras costeras que van desde el Golfo de Urabá al nordeste de Antioquia y el norte hasta la península de la Guajira y al sur bordeando el pacifico hasta el departamento de Nariño, ha logrado terminar de raíz la problemática que la guerra había generado por grupos armados que acechaba la región.
Hoy en día, nuevas generaciones de habitantes nacen y proyectan nuevos aires de tranquilidad y proyección que genere esperanza y desarrollo en beneficio propio para la comunidad chocoana de Chigorodó, como responde Ángel Cerbelio Quinto cuando le preguntan los hechos más importantes de su pueblo, “Si me preguntan como describir a mi pueblo, simplemente diría, tranquilidad y paz”. Sin embargo es necesario destacar que su gente recibe a sus visitantes con amabilidad y calidad posible.
Chigorodó, es llamado en honor al río que limita con esta localidad, es un corregimiento del municipio de Istmina, Chocó. Su población es de mil habitantes y su principal actividad económica es la minería aurífera. Es un pueblo de contrastes por un lado no hay violencia, pero por el otro, aun carecen de vías optimas de acceso que limitan el progreso de la región.
Para llegar a este hermoso corregimiento es necesario viajar en una Panga (Canoa con motor) durante dos horas desde Boca de Raspadura del Río San Pablo hasta el Municipio de Istmina, y desde el municipio por carretera destapada tres horas de recorrido hasta llegar a Chigorodó, como lo afirma Luis Alfonso Quinto, “Estamos metidos en un frasco que en cualquier momento se puede quebrar, aquí no hay problemas de violencia, no hay policía, ni grupos insurgentes, ya que todos respetamos nuestras diferencias y las de los visitantes que vienen a conocer nuestra región. Por eso no hay un ente regulador que castigue las malas conductas ya que vivimos en armonía. A pesar de que en nuestro departamento haya violencia, siempre queda un pedacito de gente buena”.
La mayoría de sus pobladores se han dedicado a la minería ya que para ellos ha sido un oficio heredado de generación en generación, sin embargo, el oro cada día es más escaso, lo que ha hecho que sus pobladores replanteen sus actividades en el estudio o especializaciones que les generen mejores ingresos para ellos y la comunidad.
La educación en el corregimiento se realiza hasta undécimo grado, así que las posibilidades de seguir una carrera o tecnología profesional son reducidas, han sido muy pocos los estudiantes que pueden continuar sus estudios por motivos económicos. Sin embargo, el proyecto de vida de los jóvenes de Chigorodó es poder estudiar en una universidad y aplicar lo aprendido en su comunidad. “Todos los que vivimos aquí, somos afrocolombianos y no nos queremos ir y si nos vamos volvemos” dice Juan Guillermo Orejuela, mientras explica el arraigo por la tierra que tienen los habitantes.
La seguridad, tranquilidad y paz que se respira en el Corregimiento es inigualable y envidiable, son personas admirables que a pesar de que no tienen lujos y comodidades estrepitosas que dentro de esta sociedad es infaltable, viven felices con lo poco que tienen. Porque lo que tienen es necesario y no gastan su vida en prisas ni problemas.
Para las comunidades hermanas del departamento chocoano es un ejemplo a seguir para que mejoren su calidad de vida ya que si acabamos desde nuestras comunidades con las diferencias, Colombia será para nosotros como Chigorodó, un territorio sin sentido de maldad.564">