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el director de Poblaciones del Ministerio de Cultura, Moisés Medrano, ha puesto en conocimiento la realización de su documento ‘Los afrocolombianos: recuperación y re significación histórica de su papel en la construcción de la nación colombiana’.

Según Medrano, el objetivo de esta propuesta es crear un compromiso social que reconozca el papel de la población afrodescendiente en el desarrollo del país, visto desde el campo político, económico, social y cultural. “En el mundo se están formulando acciones que buscan reconocer las desventajas históricas, a través de la formulación de proyectos encaminados a fortalecer y destacar el papel de la población negra”.

En la actualidad, el Ministerio de Cultura adelanta proyectos como la consolidación de ‘Centros de Memoria Afrocolombiana’ en diferentes regiones, con motivo de la conmemoración del Bicentenario de las Independencias; el fortalecimiento de la campaña ‘Colombia, Colombias’, a través de los medios de comunicación, que tiene como propósito que los colombianos valoren la diversidad del país y respeten las diferencias.

La propuesta de reescritura de la historia afrocolombiana incluye la realización de ensambles teatrales sobre la historia afro, la reedición de una colección de autores afrocolombianos, la puesta en funcionamiento de museos comunitarios afrocolombianos, raizales y palenqueros, la realización del Seminario Internacional de historia afro, la producción y circulación de una serie de narrativas afro para televisión nacional y regional, el fortalecimiento de una línea doctoral sobre historia y cultura afro, la realización de intercambios con Brasil y un fortalecimiento de las relaciones culturales de Colombia con países africanos para potenciar el conocimiento de la diáspora africana en las Américas.

Las personas que están a cargo de este proyecto son: Darío Henao, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle; Alfonso Múnera, historiador de la Universidad de Cartagena; Rafael Díaz, docente de la Universidad Javeriana y los escritores Roberto Burgos Cantor y Alfredo Vanín Romero. Ellos contarán con el acompañamiento permanente del Ministerio de Cultura, a través de un equipo de profesionales de las direcciones de Poblaciones, Artes y  Patrimonio.

La construcción de este documento, que se distribuirá en todo el país a mediados de 2010, se empezó a gestar en el 2008, durante el Encuentro Iberoamericano “Agenda Afrodescendiente en las Américas”, organizado por el Ministerio de Cultura en Cartagena de Indias.

De igual manera, atiende las recomendaciones planteadas por la Comisión Intersectorial para el avance de la población afrocolombiana, palenquera y raizal, basadas en las nueve barreras ‘invisibles’ presentadas ante la opinión pública el pasado mes de mayo, en la capital del Valle del Cauca. Estas son:

1.    Racismo y discriminación racial

2.    Baja participación y representación de la población afro colombiana, palenquera y raizal en espacios políticos e institucionales de decisión.

3.    Débil capacidad institucional de los procesos organizativos de la población afrocolombiana, palenquera y raizal.

4.    Mayores dificultades para el acceso, permanencia y calidad en el ciclo educativo, lo cual limita el acceso a empleos de calidad y el emprendimiento, dificultando la superación de la pobreza.

5.     Desigualdad en el acceso al mercado laboral y vinculación a trabajos de baja especialización y remuneración (empleos de baja calidad).

6. Escaso reconocimiento y valoración social de la diversidad étnica y cultural como uno de los factores que definen la identidad nacional.

7. Deficiencias en materia de seguridad jurídica, de los derechos de propiedad de los territorios colectivos.

8. Baja disponibilidad de información sobre población afro, que limita la cuantificación y focalización de beneficiarios, así como la definición de una política pública ajustada a las particularidades étnicas y territoriales.

9. Acceso limitado a programas de subsidio.

 Sobre la población afrocolombiana

•    Según datos del Censo de 2005, a junio 30 de ese año se reconocieron como afrocolombianos, negros-mulatos, raizales y palenqueros un total de 4.533.951 personas en el país.

•    De acuerdo con ese mismo Censo, de los 41.468.384 habitantes registrados en Colombia, el 10% se auto reconoció como negro, afrocolombiano, palenquero o raizal.

•    Actualmente, once departamentos concentran el 90% de la población afrodescendiente del país.

•    Muchos de los palenques en Colombia se han convertido en territorios colectivos y Consejos comunitarios de comunidades negras reconocidos legalmente por el Estado, a través de la Ley 70 de 1993.

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MISIONERAS DE LA MADRE LAURA (1917)

La Beata Laura Montoya fundadora de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, nace en Jericó, Antioquia y es educada en el ambiente racista de su época (1874-1949). Sin embargo, encontramos en su Autobiografía experiencias de acercamiento y valoración a representantes del pueblo negro, como también la comprobación de la situación de marginación y de pobreza que no dudó en fundar algunas casas misioneras entre afrocolombianos y en recibir en la Congregación jóvenes de este grupo étnico.

Desde 1968, la Congregación, con una visión ad gentes se proyecta al continente africano, donde hoy se tienen 5 casas misioneras en Kionzo, Kinzundu, Lukala, Kinshasa de la República Democrática del Congo y Noki-Angola; en Colombia se hace presencia en Buenaventura y Puerto Merizalde (Valle), Villarrica y misiones esporádicas en Cajibío (Cauca), Noanamá (Chocó), Vigía del Fuerte y Turbo (Antioquia), Uré (Córdoba), Cartagena (Atlántico). Como expresión de opción radical por el grupo más pobre entre los pobres, en 1989 se realiza un fundación en Astorga, República Dominicana y finalmente en 1999 en Haití.

Entre los datos que nos muestran el proceso que se dio en la Madre Laura en su acercamiento al pueblo afroamericano encontramos los siguientes:

La Providencia de Dios se manifiesta Gregorio el panadero:

En 1906 la maestra Laura sufre la calumnia, la persecución y el rechazo de la sociedad medellinense, como consecuencia de la novela “Hija espiritual” escrita por el Dr. Alfonso Castro. Se retiran todos sus amigos y conocidos y queda con su madre y hermanos con dificultades hasta para conseguir el pan de cada día, en estas circunstancias nos cuenta en su Autobiografía:

“Un día se apareció en la casa un hombre negro, con los pies hinchados que apenas parecía que podía andar. Creímos que pediría limosna; pero ¡era el Ángel de Dios! Me dijo: Misia Laura, ¿usted porque no pone una panadería?”

Entre dudas y temores la maestra se deja ayudar por Gregorio y él le construye el horno, le trae los materiales y luego se encarga de vender el pan. Cuando ya está instalado el negocio, muere Gregorio y Laura hace la siguiente interpretación:

“Fui al entierro y en él estaba representado el Seminario, el Capítulo Catedral, y la Comunidad de los Hermanos Cristianos. Todo me pareció extraño. Pero logré saber que era un santo y que, como en su tiempo de salud había servido mucho, le guardaban las mayores consideraciones, pero que jamás había querido aceptar nada. Lo lloré como era debido y mi agradecimiento con Dios era inmenso. ¡A ese hombre negro le debíamos el pan! Quedamos perfectamente establecidas. ¡Por supuesto que mi dolor era mayor por no haber sabido lo que tenía en la casa! ¡Así mueren los santos que han preferido la humillación a todo! Supe que Gregorio comulgaba todos los días pero nadie lo sabía porque lo hacía en la misa de 4 (a.m.) y cambiaba de Iglesia todos los días”.

Fundación de una Casa Misionera en el Palenque de Uré

Después de las fundaciones en Dabeiba, (1914) Rioverde, El Pital, Murrí y Chontaduro entre los indígenas Katíos del Departamento de Antioquia, la Madre Laura se desplaza hasta Uré, Departamento de Córdoba, para realizar la sexta fundación de la naciente congregación. En la Autobiografía narra todos los inconvenientes del viaje y la incomprensión de varios eclesiásticos.

El viaje comprendió muchas escalas, de Cartagena a Calamar en tren, de allí hasta Magangué en una confortable embarcación, de Magangue hasta Ayapel en una gasolina o buquecito que había empezado a surcar el San Jorge. En Ayapel tuvo noticias de la realidad de Uré:

“Supimos allí que Uré era desconocido de todos y se tenía de él la idea terrible de lo desconocido. Sólo Don Luis Paniza nos dio algunos informes consoladores. Nos dijo que verdaderamente el camino no existía; pero que Uré era un pueblo de personas negras, descendientes de los que habían traído en la época de la colonia para laborar las minas, procedentes del África, pero que aquellos paganos todavía eran inclinados a las cosas buenas…”

Laura y su compañera siguen su viaje pensando que ubicadas en Uré, mientras esperan a los indios, pueden apoyar a la población negra. Aún les faltaban varios días de viaje y pueden comprobar que navegar por el río San Jorge era una aventura que sólo realizaban arriesgados comerciantes en canoas de remo, vendiendo sus productos por las riveras del río.

Las dificultades del camino, la falta de oportunidades de los ribereños preparan el corazón de las misioneras para entender que el Señor las llamaba a trabajar y conocer una nueva cultura. La descripción que hace la Madre Laura de Uré tiene una gran importancia histórica pues nos ubica en el proceso vivido por los palenques:

“Aquel pueblecito contaba entre las muchas gracias que tenía, la de haber conservado por más de cuatrocientos años una especie de dinastía religiosa. La religión, mezcla de catolicismo y de tradiciones africanas, estaba representada por un anciano siempre en cadena o sucesión no interrumpida, porque en el lecho de muerte de uno, nombraba el otro y a éste se sometían todos en lo religioso, sin poner ninguna suerte de reparos jamás. Este anciano desempeñaba las funciones del culto en un rancho largo que lo llamaban la iglesia católica, sin pena de ninguna clase. La religión tenía todo y muchos latinajos que rezaba el ancianito revestido con unos ornamentos y capas… El hacía los entierros …, bautizaba bien… Hacía la fiesta con rezos y cantos en medio de bailes…

Cuando fuimos ejercía las funciones del culto el Señor Hilario, ancianito muy respetable por un aparato austero y venerable que había adquirido a fuerza de desempeñar tan terrible y desventajoso empleo, pues jamás se le pagaba nada ni se le daba tiempo para trabajar. Vivía pues muy mal, pero sintiéndose muy honrado por ser el depositario de la religión y culto de las tradiciones de su raza. Nada turbaba al Señor Hilario, ni su misma pobreza, pues estaba enseñado al pescado que su mujer anciana cogía todos los días. Tenía paciencia invicta con las tropelías de sus feligreses y nada lo inquietaba”.

Una Religiosa afrocolombiana entre las Cofundadoras de la Congregación:

En el año 2.000, con motivo del Jubileo, el Boletín Informativo Caminando Juntas publica un Homenaje a las diez primeras Cofundadoras, el grupo que inicia el noviciado canónico el 1 de enero de 1917 en Dabeiba, cuando la Madre Laura emite sus Votos Temporales y la experiencia misionera se constituye en congregación religiosa diocesana.

El número siete de este grupo le corresponde a la Señorita María de los Ángeles Hernández Yépez de Robledo, Antioquia, de ella dice la crónica congregacional:

“…Una morena fornida, trabajadora incansable y fervorosa… tenía muy buena voz, cantaba fuerte y bien en las ceremonias religiosas y en las misas. Aún en su vejez entonaba cánticos al Señor. Su boca no se ocupó sino para alabar a Dios y decir jaculatorias. Cuando se le preguntaba como estaba de salud o cómo le iba en su vida, siempre contestaba con este estribillo -Así como Dios quiere-”

En la Congregación recibió el nombre de María Santa Zita, y al hablar de ella varias Hermanas reconocen que su testimonio de vida atrajo valiosas vocaciones a la Congregación por “el espíritu de oración y unión con Dios que poseía… inspiraba respeto a cuantos la contemplaban”. Todos los trabajos que realizaba los hacía con amor y alegría. En el año de 1964 la traen a la enfermería de Medellín, bastante delicada de salud pero “llena de amor a Dios, de cariño y paciencia”, muere el 10 de mayo de 1971 a los 99 años de edad, ganándose el título de Cofundadora de la Congregación por su fidelidad y testimonio de vida.

Carta de la Madre Laura sobre una misionera afrocolombiana y el Seminario Etiópico de Roma

En el Archivo de la Arquidiócesis de Popayán reposan algunas cartas de la Madre Laura a Monseñor Maximiliano Crespo y a otras personas. No nos debe extrañar el lenguaje propio de la época sino la intuición de que también el pueblo negro tiene derecho a un espacio en la Iglesia como en la sociedad. Entre las cartas nos interesa la siguiente, dirigida a una religiosa de otra Congregación:

“Antioquia, 7 de abril de 1935. Muy amada Sor María de Inmaculada Hoyos.

Mucho me alegra que quiera… la raza negra… Entre negros puros tenemos unas tres casas y he podido apreciar lo que es su orfandad, pero alégrese porque esa pobre raza comienza a redimirse con el Seminario etiópico que tiene el Santo Padre en el mismo Vaticano, es numeroso y son todos de color satín, ya se han ordenado varios y me tocó oírle la misa en rito armenio al primer Obispo de aquél seminario, antes de salir para Albania.

Era conmovedor ver al Prelado aquél, rodeado de Monseñores blancos que le servían como a un rey, celebrar el Santo Sacrificio y la Santa Hostia tan blanca lucía en aquellas manos negras como si estuviera engastada en azabache hermosamente en el momento en que mostraba la Sagrada forma al pueblo, según el rito armenio. Le ofrecí al Señor recibir en la Congregación una negra de pura raza africana para que Él nos permitiera trabajar con los pobres negros.

Ya tengo la hermana Profesa porque al llegar de Roma se me presentó la oportunidad de cumplir la promesa, ha resultado una y muy buena… Acompaña a las hermanas en las excursiones y enseña muy bien el catecismo y los cantos. En la Misión en dónde está la acatan como a las demás hermanas; se llama María de la Sagrada Familia. Fue formada por las Misioneras en Uré y desde que tenía doce años o quizás menos hacía su voto de castidad de año en año. ¡Ya ve, querida mía, como en esa pobre raza hay almas de elección! Mucho le pudiera referir de esto pero ya el tiempo se me agotó…Laura de Santa Catalina”

Por ser un Instituto internacional entendemos que no faltan las limitaciones propias de la convivencia entre diversas culturas, pero la intuición de la Madre Laura y la reflexión contínua en la riqueza de la diversidad han permitido que hoy, entre las mil misioneras que integran la Congregación, se cuente con 16 religiosas afroamericanas y 14 africanas y que la Pastoral africana, afroamericana y caribeña se constituya al lado de la Pastoral Indígena y Urbano-marginalizada en opción de la proyección misionera para toda la Congregación.

HERMANAS FRANCISCANAS MISIONERAS DE JESUS Y DE MARIA (1957)

Las Hermanas Franciscanas Misioneras de Jesús y de María, son un Instituto autóctono colombiano, nacido en Potrerillo, Valle el 15 de agosto de 1957. El Espíritu Santo que animó a la Madre Berenice Duque a fundar este Instituto Misionero, donde las jóvenes, preferencialmente las de etnia negra, pudieran entregarse a Dios en la vida consagrada y a participar de la acción misionera de la Iglesia en su propio medio, con su propia gente, para anunciar el mensaje de salvación y prestar servicio humilde e incondicional entre los más necesitados. Todo a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo y en conformidad con el Espíritu de San Francisco de Asís y Madre Berenice, con proyección AD- GENTES. La Madre María Berenice, fundadora también de la Comunidad Religiosa HERMANITAS DE LA ANUNCIACION, después de orar mucho, de pedirle al Espíritu Santo, reflexionar, discernir y sufrir ante la dificultad de emprender una obra grande, pensando en su seguro desarrollo, con carencia económica, pidió ayuda y escribió a los diferentes Obispos en territorios de Misión, entre ellos Monseñor Gerardo Valencia Cano, y a Monseñor José Miguel López Hurtado OFM, quien le dio respuesta positiva inmediata y acogida en la Prefectura Apostólica de Guapi. Es aquí donde se ha gestado y crecido esta comunidad religiosa desde el año 1978, dándole respuesta así al origen Fundacional.En el año 1984, las Hermanas que integraban esta Comunidad fueron declaradas y acogidas por la Orden Franciscana y aprobadas más tarde como Comunidad Religiosa Diocesana por el actual Prefecto Apostólico Monseñor Rafael Morales Duque OFM. En la historia de la Congregación se pueden distinguir varias etapas:

Primera Etapa: 1957

Inicio de la Rama Misionera por solicitud de jóvenes afrocolombianas a la Madre María Berenice. Con el apoyo de Monseñor Joaquín García Benítez, Obispo de Medellín, organizan el Noviciado en Potrerillo, destinado a la formación de la Rama Misionera, bajo al dirección de Teresa de la Inmaculada, Hermanita de la Anunciación. Este hecho le dio solidez a la Obra, recalcando a las hermanas las virtudes, valores y actitudes propias de una Religiosa Misionera.

Segunda Etapa: 1958-1976

De 1958 a 1959 se detecta preocupación por el mejoramiento de la vivienda con la colaboración del pueblo, dificultad para el sostenimiento económico, necesidad de educación y atención en la población.

Colaboración de las Hermanas Bethlemitas, Leonorcita Valderrama y Clarita Toro, Don Rafael Uribe,Juan Franco, Libardo Díaz, algunas instituciones privadas y gubernamentales, también personas generosas.

Inauguración de la Parroquia Corpus Christi con su Casa Cural, condición hecha por Monseñor Castro Becerra a la Madre Berenice. Florecimiento vocacional entre las jóvenes afrocolombianas.

1960-1968, primeras Profesiones Religiosas y paso al Noviciado. Renovación de las primeras Hermanas Profesas. Fundación de las primeras Obras de Misión: Guapi, Santa Bárbara de Timbiquí, López de Micay (Cauca); Buenaventura, Rozo, Bolo, San Isidro (Valle), Istmina, Certegüí y San José del Palmar (Chocó). Primeros Votos Perpetuos; cambio de Gobierno en la Comunidad de las Hermanas de la Anunciación. La Madre Fundadora deja de ser Superiora General, es enviada a España y separada de las Misioneras.

1969 a 1975: Proceso de Desarrollo y Conflicto

Las Hermanitas de la Anunciación deciden integrar la Rama Misionera, el Noviciado y las Obras. Por este motivo se realiza una serie de correspondencia entre la Hermana Fundadora y la Hermana Martha de la Cruz, en comunidad Hermana Lina y exhorta para el diálogo con el Obispo de Palmira expresándole la problemática y el informe del viaje del Padre Campiño a Roma.

La Madre Berenice se preocupa por la falta de comunicación con la Rama Misionera y el nuevo Gobierno reúne una semana a las Misioneras con el fin de integrarlas a la Anunciación, pero éstas rechazan la idea porque deseaban ser fieles al mandato fundacional.

Se da cierre del Noviciado Misionero enviando a las novicias a profesar a Medellín y yendo las Postulantas de Medellín a Potrerillo. La Anunciación se organiza en Provincias afectando a las Misioneras. Visita de la Madre a Potrerillo obedeciendo el mandato jerárquico. Ultimos votos perpetuos en Potrerillo. Capítulo especial con invitación a las misioneras para resolver la situación.

Tercera Etapa: 1976-2000

Refundación, Organización Y Puesta En Marcha La Vida Del Nuevo Instituto Misionero.

Al verse despojadas de sus bienes, las Misioneras vivieron una tristeza profunda. Piden dispensas de sus votos quedando libres de todo vínculo con las Hermanas de la Anunciación.

En la Prefectura de Guapi, por petición de la Madre Fundadora al Prefecto Apostólico José Miguel López de la Orden Franciscana, fueron aceptadas y acogidas, ofreciendo discernimiento, reflexión y luego formación y conocimiento franciscano.

La Madre Berenice persiste en el apoyo a la Rama Misionera y no ahorra esfuerzos en establecer comunicación con las Hermanas, con los Franciscanos y con la Jerarquía, en esta situación Monseñor José Miguel López solicita a la Madre Berenice no intervenir más con el grupo. Insiste al grupo que su espiritualidad es la del Evangelio, sin necesidad de cultivar otra.

Monseñor comenzó la reorganización del grupo nombrando Coordinadora a la Hermanita Carmen Julia Mosquera, hermanita del mismo grupo. Se escriben las constituciones.

Se recibe asesoría por parte de las hermanas de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús. Durante tres períodos hubo este estilo de organización. Hermanas Coordinadoras: María Elvia Perlaza y Rosalina Izasa.

Sale Monseñor José Miguel de la Prefectura, y es nombrado Monseñor Alfonso María Guerrero como Administrador, interesándose por el Instituto hasta lograr la afiliación a la familia Franciscana.

Sale Monseñor Alfonso Guerrero de la Prefectura, recibe el cargo Monseñor Alberto Lee López, quien erige canónicamente el Noviciado.

Primer Capítulo General presidido en Cali por Monseñor Alberto Lee López, quedando como Superiora General la Hermana María Francisca Uribe Castaño. Primera Profesión Religiosa, Hermanitas Esperanza Sinisterra y Elmida L. Rodríguez.

Se realiza en Guapi el II Capítulo General presidido por Monseñor Alberto Lee López, queda elegida la Hermanita Arnobia Cardona Ruiz Superiora General. Muere Monseñor Alberto Lee López, es nombrado Prefecto Monseñor Rafael Morales Duque.

Invitación de las Hermanitas de la Anunciación a las Hermanas Misioneras a celebrar el Cincuentenario de la Comunidad.

El 25 de julio de 1993 muere Madre María Berenice Fundadora de la Comunidad, asisten varias hermanas al sepelio en Medellín, demostrando su reconocimiento a la fundadora.

Solicitud de la Hermana Arnobia a Hermana Rafael sobre la aprobación del traslado de la casa de formación en Cali, aceptación del señor Arzobispo Pedro Rubiano Sáenz.

La Hermanita Arnobia Cardona, Superiora General, solicita a la Conferencia de Religiosos de Colombia, CRC asesoría para realizar un proceso de clarificación del origen fundacional y de la identidad carismática y espiritual de las Misioneras. La CRC propone realizar un Encuentro sobre “Reconstrucción de la Historia Congregacional”; personas determinadas, fechas, significación, caracterización de esa historia por etapas, con la Asesoría de la Hermana Margarita Gutiérrez Perilla, con quien se inicia este trabajo del 5 al 11 de diciembre de 1993.

En clima de mucha oración, reflexión y gran regocijo se clamó a una voz: “Madre María Berenice, única y verdadera fundadora de la Congregación Hermanitas Franciscanas Misioneras de Jesús y de María”.

Actualmente la Congregación cuenta con 20 hermanas profesas, 4 novicias y 3 aspirantes, afrocolombianas y mestizas, acompañando en 9 lugares de misión el proceso integral del pueblo afrocolombiano.

SEMINARIO DE SAN BUENAVENTURA (1964)

El Seminario San Buenaventura, fue fundado por Monseñor Gerardo Valencia Cano en 1.964: El fundador tuvo como objetivo primero y evidente la superación del grupo étnico mayoritario del Pacífico, desde el punto de vista ético, religioso y administrativo. Pretendió educar a la juventud negra para que asumiera la responsabilidad religiosa y pastoral de la Iglesia local dando crédito y valor a sus cualidades intelectuales y a su religiosidad popular: la fe sincera el culto autóctono y la capacidad de adquirir las exigencias de la vocación y del servicio sacerdotal.

Sin ninguna discriminación acepto en el Seminario alumnos que demostraban querer emprender esta experiencia de vida. El reglamento interior fue el de los seminarios del interior del país, con las necesarias adaptaciones. Fue el primer proyecto en favor del nativo con proyección al futuro.

Al mismo tiempo fundó, Monseñor Valencia Cano, otros establecimientos y apoyó otros más, con la misma visión de valores nativos y de apertura: el Instituto Industrial, el Hogar de Jesús Adolescente, la Normal de Señoritas, el Colegio San Vicente, el Instituto de la Anunciación y apoyó el Colegio Pascual de Andagoya, el Liceo Femenino del Pacífico y el Instituto Teófilo Roberto Potes, trajo a Buenaventura el SENA y creó muchas escuelas. Hoy día le dan la razón innumerables profesionales y hombres de industria, imposible de concebir hace 40 años.

En la década de los 70, las condiciones sociales mundiales y la misma disciplina religiosa, sufrió cambios notables. Los llamados “Seminarios Menores”, desaparecieron realmente. El Seminario no cerró sus puertas sino que, comprendiendo los signos de los tiempos, hizo el viraje necesario: Conservó intacta su visión y su compromiso con la sociedad porteña; su convencimiento religioso, también propio del entorno étnico y social; sostuvo su disciplina de comprensión y exigencia y consiguió mantener su prestigio y la estimación de la sociedad que hasta hoy le exige que permanezca como uno de los centros de mayores esperanzas para la ciudad y su entorno que ahora reúne 350.000 habitantes y muestra un crecimiento industrial, intelectual y urbanístico extraordinario.

Estamos en el principal puerto de Colombia, el municipio más extenso del Valle, uno de los mayores en población y en riqueza tanto económica como ecológica. Cosmopolita como pocas. Todo ello nos ofrece un panorama y un campo bien específico.

No se debe restringir el diagnóstico al entorno inmediato, pues las realidades del Puerto hacen que la escuela extienda su campo de influencia a todos los niveles, y sus alumnos vienen de todos los lugares del Pacífico.

El Seminario San Buenaventura, a lo largo de su vida, ha comprendido mejor este medio con sus valores y falencias, ha encontrado allí el origen de su diagnóstico y de acuerdo a ello elabora sus proyectos y realiza su gestión. Es importante conocer el Decreto por medio del cual Monseñor Valencia crea el seminario:

DECRETO No. 088

Nos, Gerardo Valencia Cano, m.x.y., por la Gracia de Dios y de la Santa Sede, Obispo titular de Resaina y Vicario Apostólico de Buenaventura,

CONSIDERANDO:

  1. Que es deber ineludible de todo Ordinario de Misión tratar de tener en el menor tiempo posible Clero Autóctono.
  2. Que la feligresía del Vicario Apostólico de Buenaventura es en casi su totalidad bautizada en la religión católica.
  3. Que los quince mil estudiantes que hay en la ciudad y en las escuelas rurales indican un ambiente cultural que no puede dispensarse de la profesión sacerdotal.
  4. Que cada año los Colegios de Bachillerato están dando excelentes candidatos a las Universidades.
  5. Que el Vicario Apostólico está en mora de tener sacerdotes propios.

DECRETA:

Art. 1. Erígese canónicamente en esta ciudad el Seminario Menor San Buenaventura, para formación de los costeños que aspiran a seguir la vocación sacerdotal.

Art. 2. Adóptase para el funcionamiento del Seminario Menor el Pénsum Oficial de Colombia, el Latín como lengua propia de la Iglesia y las directivas de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide.

Art. 3. Destínanse como dote de sostenimiento del Seminario los auxilios con dedicación especial de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, las colectas de los primeros domingos, las pensiones de los seminaristas, los estipendios de binación y trinación, y las donaciones de los fieles con destino especial al Seminario.

Art. 4. Desígnase el día 3 de Octubre del presente año para iniciación de las tareas, por celebrarse en ese día la fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús, Patrona Universal de las Misiones y Patrona Principal de nuestro Instituto de Misiones de Yarumal. Art. 5. Nómbrese para la dirección y administración del Seminario a los Reverendos Padres siguientes:

Rector: Milcíades Marín;

Síndico: Antonio Ruiz;

Prefecto de Disciplina y de Estudios: Jaime Ossa;

Director Espiritual: Gerardo Jaramillo;

Confesores Ordinarios: Arnulfo Arango y Fabio Zuluaga;

Confesor Extraordinario: Rodrigo Velázquez;

Art. 6. Las Juntas de que trata el Canon 1.359 quedan integradas así:

1º De Disciplina: Padres Gilberto Gil y Luis Enrique Ferrer;

2º Administración de bienes temporales: Padres Hernán Pareja y Carlos Barrera;

Art. 7. El Revendo Padre Rector tomará posesión de su cargo el día 1º de Septiembre del presente año ante nuestro Vicario Delegado.

Dado en Buenaventura, a 31 de Julio de 1.964

(Fdo.) +Gerardo Valencia Cano, m.x.y.

(Fdo.) Hernán Pareja
Vicario Apostólico de Buenaventura
Canciller

SEMINARIO AFROCLARETIANO EN EL CHOCO (1978)

En 1978, por iniciativa de los misioneros claretianos del Chocó, se impulsó la idea de crear un seminario local, para la formación de las vocaciones nativas en una región donde esta congregación venía misionando desde principios del siglo XX, pero sin haber formado vocaciones autóctonas, después de 70 años. El padre Jaime Salazar fue el escogido para liderar esta iniciativa. En la ciudad de Quibdó se consiguió una casa en el barrio la Esmeralda y se empezó la formación con una docena de jóvenes con intenciones vocacionales, quienes hasta el momento formaban parte de los grupos juveniles de las parroquias de la ciudad.

Estos jóvenes vivían en la casa de formación y asistían a sus clases en los colegios de secundaria de la ciudad. Los fines de semana hacían actividades pastorales como catequesis con los niños, acompañamiento a grupos juveniles, visitas a las familias y servicios parroquiales. En el grupo recibían formación para la vida en común y análisis de la realidad cultural y social del Chocó.

Esta experiencia fue apoyada por la Provincia Claretiana de Occidente pero vista con desconfianza por algunos Obispos, incluido el Vicario local, quienes creyeron ver en ella un germen de Iglesia racista porque sus aspirantes eran todos afrocolombianos. Esto se debía simplemente al grupo social chocoano en donde se desarrollaba el proyecto. Igualmente la formación social crítica que recibían los estudiantes le generó incomprensión entre algunos sacerdotes de la región y de la congregación.

Esto determinó el final de la experiencia tres años después. El Padre Jaime Salazar fue asignado a otra misión, y los seminaristas se dispersaron. Tres de ellos perseveraron en otras casas de formación hasta alcanzar el ministerio sacerdotal.

 

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africa indico PROCEDENCIA RAICES AFRICANASConocemos poco del Africa y muchas veces hablamos como si se tratara de una pequeña aldea donde todos se conocen y hablan la misma lengua. En los medios de comunicación se habla, muchas veces, de algún país de Africa solo cuando ocurre una catástrofe importante. Lo más conocido de esta parte del mundo son sus problemas, junto con las selvas, los animales y el desierto. Por esto lo primero que hay que notar es que se trata de todo un continente con una realidad muy compleja.

En este continente florecieron imperios y reinos de tal magnitud que estuvieron a la cabeza del progreso y de la ciencia. Y si nos remontamos a algunos cientos de miles de años más atrás, en algún rincón de Africa aparecieron los primeros hombres y mujeres, se produjo el salto del homínido al homo sapiens. Adán y Eva, como denominamos a nuestros primeros antepasados, fueron negros[1].

El suelo africano verde y rugoso en algunas zonas reseco y ondulante en los amplios desiertos del Sahara, Namib y Kalahari, encierra bajo sus entrañas inmensos recursos mineros, que desató y sigue desatando la codicia de los occidentales. El desarrollo europeo y norteamericano no hubiera alcanzado niveles tan altos sin los recursos africanos: Primero con la compra y venta de personas esclavizadas, después con la acelerada explotación de las materias primas.

Como lo había intuido Carlos Darwin, al elaborar su teoría sobre la evolución del hombre, parece muy probable que Africa sea la cuna de la humanidad. En tal sentido apuntan numerosos descubrimientos de las ciencias paleontológica, arqueológica, geofísica, geoquímica y otras afines. Lo ha confirmado recientemente la biología molecular con los datos extraídos del ADN.

Por su parte el Padre Theilard de Chardin, eminente paleontólogo, quien descubrió el sinanthropus y dedicó uno de sus libros al estudio de la aparición del hombre en la tierra, llegó a afirmar que fue “en el corazón de Africa donde ha debido surgir el hombre por primera vez”[2].

Está confirmado científicamente que los organismos animales de sangre caliente que se desarrollan en climas cálidos y húmedos adquieren una pigmentación negra, eumelanina. La piel oscura habría sido la condición original del homo sapiens. Podría afirmarse, entonces, que fue del Africa de donde salieron los hombres a poblar el mundo, comenzando por el Valle del Nilo. Se sabe hoy que los antiguos egipcios eran negros. La diversidad racial posterior se obtendría por diferenciación, debido a las influencias climáticas que debieron soportar los hombres al emigrar en otras direcciones.

Es en el Africa donde el hombre empieza a practicar la agricultura, la ganadería y la metalurgia, y se inicia la preocupación por la religión y el arte, es significativo que en el Prefacio de la Historia General del Africa, publicado por la UNESCO, se destaca este hecho: “En Africa se asistió a una de las primeras revoluciones tecnológicas de la historia, la del neolítico; con Egipto, se desarrolló allí una de las civilizaciones antiguas más brillantes del mundo.”[3]

Algunas generalidades geográficas nos muestran que el continente tiene cincuenta y tres países. La mayoría de ellos tuvieron su independencia entre 1958 y 1962. Se suele dividir también el continente en dos grandes bloques que son el Africa del Norte o «árabe» y el Africa subsahariana o Africa Negra. El Africa del Norte incluye países como Marruecos, Túnez, Argelia, Libia, Egipto… Algunos países tienen el norte «arabo-musulmán», y el sur «negro-africano». Es el caso de Mauritania, Mali, Niger, Chad, Sudán. El Africa subsahariana es la parte más grande del continente. Tenemos al occidente países como Costa de Marfil, Senegal, Nigeria, Camerún, Ghana… Al centro: República Democrática del Congo, Congo Brazzaville, Gabón, Rwanda, Burundi… Al oriente: Kenya, Tanzania, Uganda, Etiopia, Somalia… Al sur: Zambia, Zimbabwe, Angola, Namibia, Africa del Sur, Botswana… Todos esos países son de tamaños muy distintos. Como ejemplo, la República Democrática del Congo tiene una superficie dos veces más grande que Colombia, mientras que un país como Rwanda es cuarenta veces más pequeño que el mismo Colombia
 

EL PESO DEL PASADO Y SUS CONSECUENCIAS

Una de las causas más remotas de la situación actual del continente africano se sitúa en la época de la trata de los esclavos. Esta página sombría de la historia de la humanidad tiene que ser conocida. Entre los siglos XVI y XIX, los europeos trasladaron a millones de africanos, hombres y mujeres jóvenes reducidos a la esclavitud, hacia sus colonias de América del Norte, América del Sur y del Caribe. Se compraban seres humanos a cambio de alguna mercancía de poco valor, de pólvora y otros productos destructivos o inútiles. El daño para Africa no fue sólo psicológico debido a la humillación sufrida, sino que supuso un perjuicio económico, demográfico y social decisivo. Este comercio alcanzó, en manos de los europeos, un volumen nunca visto. Hay que ir a Africa para darse cuenta de hasta qué punto sigue viva la conmoción material y espiritual que este episodio causó.

Después de la trata de esclavos, la etapa colonial. Esta representa la causa más directa de los conflictos políticos en Africa. Las potencias europeas se reúnen en la Conferencia de Berlín entre 1884 y 1885 bajo la batuta del Canciller alemán Bismarck. Como quien reparte un pastel, se distribuyeron el territorio africano. Pueblos que vivían en la misma región se enteraron que ya no eran del mismo reino, sino que unas fronteras imaginarias los separaban. Ningún africano participa en la Conferencia. El desglose de Africa se hizo de una manera artificial, al azar de la ocupación por parte de las naciones europeas de un territorio determinado. Un río por ejemplo que era un elemento de unión de un pueblo, un símbolo vital alrededor del cual se organizaba la actividad del mismo, se convirtió de repente en una frontera, o sea un elemento de división.

Estas fronteras crearon dos fenómenos contradictorios. Por un lado, en un país creado de manera artificial, se unificó por la fuerza a tribus que no tenían nada en común por el pasado, y que siguieron después ignorándose mutuamente o que desarrollaron unas relaciones de hostilidad. Por otro lado, las mismas fronteras dividieron elementos de una misma tribu, repartiéndola en dos o tres naciones nuevamente creadas. Esta división de Africa por parte de aventureros imperialistas europeos creó el problema de minorías étnicas que sigue siendo un problema en los países africanos.

Aunque esta página histórica duró relativamente poco tiempo, menos de un siglo, supuso igualmente un cambio radical en las estructuras y mentalidades de los pueblos africanos. Los daños actualmente son visibles. Lo que hay que cuestionar primero es el sentido de nación o de conciencia de pertenencia que se destruyó desde el principio. Por eso, una de las urgencias actuales es la de crear conciencia de Estado. La estructura tradicional africana tiene como base la etnia o tribu, aunque para algunos éste es un término peyorativo. Esta es un conjunto de clanes con una misma lengua y tradiciones. Entonces surge el problema de la exclusión causada por la unión forzada. La actitud desarrollada en muchos momentos será de desconfianza o de hostilidad hacia el perteneciente a otra etnia. El impacto de este pasado sobre las raíces y sobre las estructuras tradicionales africanas ha sido demoledor.

El dinamismo del comercio y la industria europeos, la necesidad de mercados y de materias primas, la ideología imperialista, la ilusión de llevar la Civilización y el Evangelio a todas las tierras, y la superioridad tecnológica, son algunos de los factores que propiciaron la conquista y dominación de Africa por parte de Occidente. Vendrán muchos cambios durante la colonia: fronteras artificiales y formas de gobierno calcadas de Occidente. El problema mayor es que sobre la organización tradicional, étnica, ha venido a superponerse la estructura occidental: Estado multi-étnico, gobierno, parlamento, ministerios, legislación occidental y no está nada claro que estas nuevas estructuras e instituciones hayan sido asimiladas por la población ni tampoco por los dirigentes. La primera generación de estos dirigentes en los países recién independizados es parte de la élite que las metrópolis formaron, identificándolos con los intereses coloniales. Aunque estas élites fueron también las que lucharon por la independencia, apenas la consiguen empiezan a realizar alianzas entre las ex-metrópolis y las oligarquías africanas. No debe extrañarnos por eso que en la actualidad, los intereses de los gobernantes africanos sean contrarios a los de sus propios pueblos. No extraña tampoco que unos países europeos envíen sus tropas a Africa en diversas ocasiones a defender regímenes corruptos y dictatoriales.

No todos los problemas políticos son herencia o responsabilidad de Occidente. Pero lo que indigna es darse cuenta de que los dictadores africanos se mantienen en el poder gracias a los gobiernos europeos, que los sustentan económica y militarmente. Este apoyo es a cambio de algo. No es extraño que a pesar de las enormes riquezas naturales: el 46% de los diamantes del mundo, el 32% del oro, el 20% del uranio, el 75% de cobalto, el 11% del petróleo, el 55% del cacao; Africa sea un continente pobre. Se ve por donde pasan estas riquezas. El resto lo explica el peso de un sistema económico mundial injusto, en el cual Africa pierde siempre en todos los intercambios con Occidente.
 

LA RELIGION Y LA CULTURA TRADICIONAL

Desde siempre, Africa se ha presentado como un continente en la encrucijada de muchas religiones, principalmente las tradicionales. Estas traducían y encarnaban la cultura del pueblo, concebida como el conjunto de creencias, conductas, usos y costumbres. Eran fuentes de valores, y han ejercido una gran influencia. La estructura de la sociedad dependía ampliamente de la jerarquía de los valores que colocaba en la cumbre a Dios y a los antepasados. La fuerza del poder provenía de la fuerza de la religión. Consiguientemente el poder era sagrado por el hecho que tenía a la religión como fundamento. Hoy, aunque la estructura haya cambiado, la visión cosmológica en la religión tradicional en ciertas partes sigue vigente.

Con el proceso de colonización, la mayoría de los africanos no aceptaron abiertamente el patrimonio espiritual de los recién llegados con su religión, con el modelo de su Iglesia, llámese católica universal o evangélicas. Profundamente religiosos y apegados a sus tradiciones, los africanos se empeñaron en vivir su relación con Dios de acuerdo con su cultura y aspiraciones. La evangelización fue acusada de trabajar para el poder colonial, de tener los mismos puntos de vista y los mismos objetivos. Se veía que la actitud de los misioneros era ambigua frente a las acciones de los colonialistas, sobre todo en la destrucción de los aspectos culturales de los locales.

John Mbiti, teólogo kenyano dice: «Los europeos no nos trajeron a Dios. Fue Dios que los trajo aquí». Lo dice en otro contexto, pero hay que ver lo que significó la aceptación de Cristo en las sociedades africanas de hace tiempo, y los problemas que esto sigue suscitando hoy.

El cristianismo ha sido impuesto de muchas maneras en los nuevos pueblos como la única religión, y todo lo que las religiones tradicionales tenían ha sido considerado como practicas supersticiosas, fetichismo y otros calificativos, y al parecer, esto es contrario al cristianismo. En muchos casos, la identidad o la particularidad de los pueblos ha sido negada, han sido derrumbado sus valores, y muchas veces el cristianismo se ha impuesto con medios poco conformes al mismo evangelio que predicaba. Fue más que todo una cultura de cierta parte del mundo que, queriendo implantar el cristianismo en otras partes, trajo sus propios valores y modelos, y no se dejó ella misma afectar por la cultura del pueblo evangelizado.

Lo que faltó claramente fue un diálogo entre cultura y religión para sacar lo que es esencial del cristianismo, y lo que es accesorio que de hecho era propio de la cultura evangelizadora. La crisis que viven actualmente los pueblos africanos a nivel religioso la resume así el padre Engelbert Mveng: «Se trata de una crisis de la persona: La persona de los individuos o de los pueblos que toman conciencia de su desencuentro en una cita que debía ser encuentro de dos personas. Fue una ausencia de una de las personas en la cita. Y donde falta una de las personas, no hay encuentro”.

Debemos entender que no es posible hablar de una religión africana, pues cada grupo cultural tenía y algunos conservan hasta hoy su propia expresión religiosa, pero entre los valores comunes a las religiones tradicionales del Africa se pueden subrayar:

a) Reconocimiento de los antepasados o espíritus ancestrales

Dentro del sistema religioso y la vida diaria del africano los espíritus son seres que ocupan un lugar central. Hacen parte de este grupo los espíritus de los ancianos buenos que dejaron su descendencia. También pueden entrar en este grupo los espíritus de hombres y mujeres virtuosas que murieron jóvenes.

Los espíritus de los antepasados constituyen el vínculo más fuerte entre los seres humanos y el más allá. Son cabezas de las familias a las que pertenecían y ahora muertos siguen siendo guías y prolongación. Ellos siguen los acontecimientos familiares y favorecen, protegen a los parientes. Son los mejores intermediarios entre el Ser supremo y el pueblo, por eso las familias les ofrecen constantemente oraciones y libaciones.

Otra función de los espíritus ancestrales es la salvaguardia de las costumbres y tradiciones. Ellos premian a quienes las respetan y castigan a los trasgresores. Por esto son la fuente más inmediata de la moral social y de todo el sistema de convivencia.

b) Otras características de las religiones africanas tradicionales

v    Estas religiones tradicionales no son universales, sino tribales y familiares, porque son fruto de una teología popular a partir de la historia y de la realidad concreta de cada grupo étnico.

v    Sus tradiciones no tienen textos escritos, pues estas son culturas de tradición oral. Sus creencias y fundamentos están en la memoria de los ancianos, los sacerdotes o los jefes de tribu.

v    Las prácticas religiosas no son de carácter individual – aunque tengan una dimensión personal – sino comunitario. Ser una persona en las culturas africanas significa pertenecer a una comunidad, y ello implica participar en sus creencias, ceremonias y rituales.

v    La cosmovisión de los pueblos africanos plantea una realidad en donde no hay separación nítida entre lo material y lo espiritual, ni siquiera entre la vida y la muerte, de ahí el carácter integral y totalizante de estas religiones tradicionales.

v    No se piden conversiones de una creencia a otra. Es algo que hace parte de la historia del individuo y de su propio pueblo. Hay siempre respeto de las creencias ajenas.

v    Todas las sociedades africanas creen en la vida después de la muerte. Vivir el presente es la preocupación más importante de las creencias y actividades de las religiones africanas.
 

UN CONTINENTE DE MARTIRES Y SANTOS

El pueblo católico del Africa cuenta con orgullo algunos Mártires y Santos, entre ellos podemos enumerar[4]:

v    Mártires del 16 de febrero de 1992 de Kinshasa. Más de diez cristianos, mártires de la democracia fueron asesinados por las tropas de Mobutu. Reclamaban en una manifestación pacífica la reapertura de la Conferencia Nacional Soberana, símbolo del camino hacia la democracia en el país.

v    Clementina Anurite Nengapeta: Religiosa congoleña, de las Hermanas de la Sagrada Familia, murió mártir el primero de diciembre de 1964 por mantenerse fiel a su voto de castidad cuando el Coronel de los Simbas, Pierre Olombe, quería hacerla su mujer.

v    Carlos Luanga, Matía Mulumba y otros mártires de Uganda: Jóvenes quemados vivos por Mwanga, rey ugandés de los baganda por su adhesión a la fe católica. Junto a estos 22 católicos fueron muertos por razones religiosas 11 protestantes, 8 de religiones propias y un musulmán, semilla del ecumenismo en Africa.

v    Isidoro Bacanja: Joven catequista congoleño que mandado a azotar por su amo belga, hostil a las prácticas religiosas, murió mártir el 15 de agosto de 1909.

v    Steve Biko y los mártires surafricanos asesinado el 12 de septiembre de 1977 por luchar contra el apartheid y defender a su pueblo de Sudáfrica.

v    Josefina Bakhita, sudanesa de origen, fue vendida cinco veces como esclava. Tras su deportación a Italia se hizo religiosa en el instituto de las Hijas de la Caridad, Hermanas Canosianas.

v    Emile Biayenda: Cardenal Arzobispo de Brazzaville, asesinado el 22 de marzo de 1977 por defender a su pueblo.

v    Christopher Munzihirwa, Arzobispo de Bukavu, asesinado el 29 de octubre de 1996. Supo denunciar con lucidez y valentía la injusticia de la guerra y de las divisiones étnicas que muchos, de dentro y de fuera de Africa, promovían por intereses oscuros. Solía decir que “la mejor forma de llorar un muerto es trabajar su campo”.

v    Beato Cipriano Tansi, Trapense nigeriano, muerto en olor de santidad en la Abadía del Monte San Bernardo en Inglaterra[5].
 

REALIDAD ACTUAL

La realidad religiosa actual del continente africano se encuentra dividida en dos grandes bloques correspondientes a las ya mencionadas geográficamente: el norte que es esencialmente musulmán, y el sur que es cristiano (católico, protestante y sectas cristianas), y donde siguen vigentes las religiones que se llaman comúnmente tradicionales o animistas. Entre ambos bloques existen unos cuantos países divididos, donde el norte es musulmán y el sur cristiano y tradicional. En estos países no faltan los conflictos: Los ejemplos más claros y frecuentemente sangrientos se encuentran en Sudán y Chad.

La Iglesia católica ha experimentado un crecimiento de extraordinarias dimensiones las últimas décadas. De los 24 millones de católicos aproximadamente que había en 1960 (cuando la mayoría de los países subsaharianos obtuvieron su independencia), se ha pasado a más de 100 millones en la actualidad, de un solo Cardenal a 16, de 40 Obispos nativos a más de 450, de 2.000 Sacerdotes a más de 14.000. Pero, estos datos no deben llevarnos a engaño. En algunos países los cristianos y los católicos específicamente son mayoritarios, en otros alcanzan apenas el 20%, y en otros no pasan el 2%, sin tener en cuenta los países típicamente musulmanes en los cuales la Iglesia Católica es prácticamente clandestina.

En un contexto social de extrema pobreza como es el del continente africano, situación que obliga al hombre a preocuparse de muchos problemas vitales de su subsistencia, la realidad religiosa se encuentra como olvidada en la lista de prioridades a resolver.

A modo de conclusión podemos deducir que el verdadero diálogo debe permitir a Africa redescubrir y renovar su herencia espiritual y cultural: sus lenguas, sus artes, su literatura, su genio creador, su experiencia humana y religiosa, y sus múltiples expresiones. Pero, como se interroga el padre Michel Kayoya, «¿Permitirá Occidente superarse a nuestros pueblos, pensar y expresarse a nuestros pensadores, vivir en plenitud su experiencia espiritual a nuestros místicos, enseñar a nuestros maestros, emprender el diálogo entre Dios y los hombres a nuestros profetas, mandar y guiar a nuestros pueblos sin opresión ni engaño a nuestros pastores, hacerse más santos a nuestros santos, encontrar el perdón a nuestros pecadores?».

No se puede por el momento permitir que Africa y su Iglesia sean consideradas sólo como folklore o continente de sociedades secretas, de ritos y de danzas exóticas. El continente entero hace resonar hoy un grito para ser él mismo. Una tierra de hombres y mujeres con valores y limitaciones como el resto de la sociedad. Tiene que mostrarse también con todo lo que tiene de exaltante, de sublime, de espiritualmente profundo, con toda su creatividad en su humilde condición. Quieren los africanos estar presente para la realización de su destino propio, donde se hace la ley, donde se piensa, donde se decide sobre su futuro y el de la humanidad, quiere utilizar sus categorías y llegar así a compartir el destino de sus integrantes, sus sufrimientos pero sobre todo compartir sus alegrías y su forma de celebrar la vida.

El ejemplo de algunas democracias exitosas como Benín o Mozambique anima a otros países africanos a reformas sus sistemas políticas. Porque el despegue económico y social del continente y depende del fin de las guerras y dictaduras.

La capacidad humana y el liderazgo político de los africanos empiezan a superar fronteras con personajes como el ghanés Kofi Annan, actual secretario general de la ONU y Nelson Mandela, que tras pasar tres décadas encarcelado consiguió traer la libertad a su país. Hoy Mandela es un referente moral no sólo para Africa, sino para todos los afrodescendientes de la diáspora.

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Festival Petronio ÁlvarezIr a Cali en el mes de Agosto es un compromiso sagrado, es una cita inaplazable con nuestra cultura y sobre todo con nuestras raíces, porque en este mes y durante 5 maravillosos días son protagonistas la marimba, los cununos ,las guasás y las poderosas cantaoras.

En la Plaza de Toros de Cañaveralejo, los tambores y las marimbas marcaron el comienzo del XIII Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez. El tradicional encuentro irá hasta el domingo 16 de agosto, tendrá a 850 músicos en escena y a 86 grupos en competencia. Participarán invitados de África, Venezuela y Ecuador.

El evento que eriza y paraliza la Sultana del Valle(como es conocida Cali), y que hospeda al que es considerado como el mejor festival de música de la Costa Pacífica Colombiana, región afrodescendiente que guarda desde sus adentros recuerdos de esclavitud y también de liberación, que tiene una cita anual para olvidarse de regionalismos o de protocolos y que solo espera vibrar con esos ritmos que llevan en la sangre.

Trascurridos 12 años de festival se ha visto de todo, porque como cualquier festival cada año las sorpresas son mucho mas grandes, es un honor saber que también tienen lugar para agrupaciones que respetando el sonido tradicional lo fusionan con rock, funk, jazz y hasta hip-hop, grupos como Chocquibtown, La Mojarra Eléctrica, Ancestros han hecho retumbar los oídos de los presentes con su música, siendo recibidos con el mismo entusiasmo y pasión por el publico.

En el evento siempre ve presente músicos de todo el mundo, desde el ultimo rincón de África hasta sus herederos musicales peruanos, que quedan admirados con las presentaciones de los artistas y con las conferencias sobre la comida, la danza, artesanías y todas aquellas expresiones artísticas del Pacífico Colombiano.

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Todo es en honor al músico por el cual le dieron vida al festival, PETRONIO ALVAREZ quien interpreto ritmos como el Currulao, Bambuco y Milongas, que rindiendo tributo a la ciudad en la que nació y que tanto amo escribió uno de las canciones mas conocidas en la historia musical de nuestro país.

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La resistencia a la esclavitud de la gente africana y de sus descendientes fue constante durante todo el periodo colonial. Formas pasivas, como el desgano en el trabajo, la destrucción de los instrumentos de labor y la desobediencia colectiva, fueron algunas de sus expresiones. A éstas se sumaron otras, activas, como la rebelión y el enfrentamiento. Todas las formas de resistencia contra la esclavitud y la discriminación se denominan cimarronaje.

Las expresiones del cimarronaje se conocen con el nombre de cabildos. Estos eran asociaciones de personas procedentes de un mismo lugar en África, que compartían una historia similar. Sus miembros se reunían con frecuencia para realizar bailes, toques de tambor y cantos en los días de fiesta. Los cabildos también se desempeñaban como sociedades de socorro: reunían fondos para resolver las necesidades de sus miembros y auxiliaban a los recién llegados de África. En Cartagena de Indias fueron famosos los cabildos Arará y Mina hasta que, en el siglo XVIII, sus casas fueron cerradas por las autoridades. Esta actitud represiva del gobierno español se debió a que las actividades que allí se realizaban les permitían a los africanos recordar sus costumbres, consideradas en contra de la religión católica. La gente de una misma cultura recurría a sabidurías propias, decisiones y acciones para aliviar sus penas, curar sus dolencias e idear estrategias para recuperar la libertad.

Los cabildos fueron centros de evocación y afirmación de valores, imágenes, música, culinaria y expresiones lingüísticas o gestuales de tradición africana. Por esta razón se consideran refugios de africanía, es decir, espacios donde la gente del África podía evocar las memorias, sentimientos, aromas, formas estéticas, texturas, colores y armonías de su tierra natal. Con el paso del tiempo, y gracias a su creatividad, enriquecieron sus legados con tradiciones europeas e indígenas, al tiempo que muchas de sus prácticas se arraigaron en las sociedades de los peninsulares y nativos americanos. No sólo los cabildos fueron espacios de resistencia al cautiverio en la Nueva Granada. Los palenques también lo fueron. Eran pueblos fortificados, construidos por los africanos que huían de sus amos. Los grupos de fugitivos apalencados amenazaron la estabilidad económica de la sociedad esclavista. Para los amos, el cimarronaje representaba una pérdida económica. Los esclavizados tenían un precio y, al fugarse, se fugaba también el capital que representaban. Además eran una amenaza constante porque obstaculizaban el tránsito de mercancías, asaltaban y asesinaban a los viajeros que se dirigían o partían de las ciudades, y ejercían una gran influencia sobre aquellos que aún permanecían en cautiverio. Por otra parte, los cimarrones que vivían en Cartagena y sus alrededores eran vistos como posibles aliados de los piratas ingleses y franceses que deseaban saquear el puerto.

Pero la búsqueda de la libertad no se limitó a la resistencia religiosa y bélica. A principios del siglo XVIII ya existía una importante población de criollos, es decir, nacidos en la Nueva Granada, aunque de padres africanos. También se llamaba criollos a los hijos de padres españoles y madres africanas. La sociedad colonial designó a estas últimas personas con la palabra mulatos. En ambos casos el término criollo se refería al hecho de no haber nacido en África, sino en los territorios esclavistas americanos.

Un siglo y medio después del inicio de la trata, los criollos recurrieron a las leyes para reclamar su libertad. Las Leyes de Indias y los Códigos Negros regían la vida colonial y la de los esclavizados. A pesar de que muchas de ellas autorizaban el trato inhumano de los cautivos, otras permitían al esclavizado la posibilidad de manumitirse, es decir, de liberarse de la esclavitud. Las modalidades eran múltiples. La libertad podía alcanzarse por concesión o gracia cuando el propietario de un esclavizado lo liberaba sin ninguna contraprestación ni pago. O el cautivo se liberaba cuando lograba reunir el dinero equivalente a su precio y compraba su propia carta de libertad. La transacción era legal, pero se llevaba a cabo sólo si su dueño estaba de acuerdo con la propuesta. Esta modalidad se conocía como automanumisión. La tercera forma de lograr la libertad por la vía de las leyes surgió en 1821, durante los primeros años de la República, cuando se promulgó la Ley de Libertad de Vientres, según la cual el Estado liberaba a todos los africanos y sus descendientes nacidos a partir de ese año. Por último, la Ley de Abolición de 1851, que eliminó totalmente la esclavitud en Colombia.

La resistencia también se dio en el ámbito de las creencias y del lenguaje. La espiritualidad de la gente del África, su interpretación del cristianismo, la pervivencia de ancestrales saberes y técnicas botánicas y médicas continuaron activas en la Nueva Granada. Las llamadas curandería, brujería y hechicería eran en realidad prácticas que tenían que ver con métodos curativos africanos que circulaban en todas las ciudades del territorio español, donde no sólo se hablaban lenguas africanas, indígenas y europeas, pues ya habían nacido las lenguas criollas, que combinaban herencias de origen africano con aportes del español y el inglés.

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