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Las comunidades afrocolombianas no son culturalmente homogéneas y podemos hablar de una gran diversidad, de diferencias culturales importantes a nivel regional. Así, los afro colombianos de San Andrés y providencia presentan diferencias importantes con respecto a los afro colombianos del Pacífico, dentro de la misma región del pacífico se ven grandes diferencias culturales entre el norte y el sur.

Sus comunidades tradicionales presentan ciertas características comunes: son comunidades agrarias ubicadas generalmente en las partes bajas de los ríos y en las costas de zonas cálidas y/o selváticas, cuyas actividades productivas tradicionales han sido la minería, la pesca, la caza, la recolección y la siembra de productos de pan coger (maíz, plátano, yuca, frutas) en pequeñas parcelas. Han desarrollado unas prácticas culturales particulares que las distinguen como un grupo étnico “diferenciado”, con sus rasgos propios de identidad, etnohistoria, organización social, estructura de parentesco, modos y prácticas tradicionales de producción, de ejercicio de una territorialidad y apropiación de instituciones políticas, además de una cosmovisión, espiritualidad y pensamiento propios que redefinen la complejidad del mundo afro.

Una de las manifestaciones claras de identidad cultural de las comunidades negras del Pacífico es su particular visión y concepción mágico-religiosa, presente en sus relaciones sociales, en sus relaciones con la naturaleza, con el universo, con los espíritus y lo sobrenatural. Su visión religiosa es la resultante de un proceso profundo de de-construcción de sus paradigmas autóctonos de identidad como africanos y la recreación de una nueva visión cultural que exigió la adaptación de otras costumbres, de otras condiciones de vida, mediante procesos de sincretismo, reinterpretación y transculturación.

Esta particular visión mágico-religiosa, hereda de la tradición africana muchos aspectos referentes a la salud y la enfermedad y recoge los conocimientos indígenas sobre el poder curativo de las plantas y los métodos para combatir la enfermedad. Integra, además, el aporte cristiano con sus santos y todo su imaginario, así como las prácticas mágicas de las brujas castellanas en sus series de oraciones y conjuros, contribuyendo a la ampliación del sistema simbólico curativo y del sistema simbólico general. Encontramos así, en la curandería de los negros del Pacífico, una influencia africana, indígena y también europea.



En el marco de esta visión mágico religiosa, la naturaleza, el territorio es un escenario ritual con connotaciones no sólo naturales sino también culturales. La selva, el monte, el río son espacios habitados por los espíritus, las divinidades y los ancestros. Allí están presentes las fuerzas naturales y sobrenaturales con quienes es preciso mantener un diálogo, a quienes hay que tener en cuenta y pedir su permiso a la hora de intervenir.

“Entre los negros existe una relación fundamental entre la vida de los seres de la naturaleza y los seres sobrenaturales que viven en la misma naturaleza, es decir una relación entre un mundo mítico espiritual y un mundo natural y cultural, que es mediado por un curandero de la comunidad, que a través de sus actos mágicos que manipulan las plantas y los animales para fines curativos y maléficos, crea todo un ambiente de representaciones simbólicas y metafóricas ritualizadas a fin de ejercer un puente de comunicación y diálogo entre los afrocolombianos, su entorno y su cosmogónica” (Sánchez, 1997). Así, el territorio para el afro colombiano es un espacio básico para el ejercicio del ser, de la esencia vital que configura el desarrollo de los hombres y mujeres negras en un hábitat que ancestralmente ha sido apropiado y donde se ha desarrollado un proyecto de vida cultural, social, ambiental, político, demográfico, económico y sobre todo espiritual desde una perspectiva particularmente étnica, y dentro de una lógica completamente opuesta a la occidental que basa relación con la naturaleza en la explotación y el dominio de la misma.

Existe una forma de conciencia religiosa-ambiental, dada milenariamente entre los indígenas y comportada también por los negros del Pacífico, que ha permitido la conservación del ecosistema a partir del desarrollo de una serie de técnicas, saberes y manejos que combinados con las simbolizaciones y las concepciones mágico- religiosas producen una sui géneris práctica de explotación, determinada por la combinación pensamiento religioso-pensamiento ecológico. Es decir que, mas allá de una serie de conocimientos técnicos, botánicos y agrológicos, lo importante es el conjunto global de concepciones ecológicas mediadas por una cosmovisión y un entramado religioso que le permite explotar sosteniblemente los recursos naturales y socializar la selva” (Sánchez, 1997).

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afro iglesia HERENCIA CULTURAL EN COLOMBIA“La religiosidad y la música fueron dos armas eficaces para sobrevivir a la tragedia de la esclavización, la trata, la colonización, el racismo, la segregación y el prejuicio racial.” La música, el baile y el canto fueron importantes como elementos de catarsis, de unidad, de identidad y de resistencia. Música y religiosidad están íntimamente relacionados. En el ámbito americano, el descendiente africano recreó y transformó distintas religiosidades europeas y de este continente, con esta táctica encontró los soportes emocionales que le permitieron hacer más llevadera la sujeción o sirvieron como fuente de inspiración en la causa rebelde. Tal es el caso de Haití, donde el vudú jugo un rol vital en el triunfo de la guerra de independencia. 

En América encontramos sistemas religiosos provenientes de África como el Dahomeyano, Congo, Angola, Yorubano, los cuales también tienen la influencia del Islam. Posteriormente se incorpora también la influencia del cristianismo y de la religiosidades indígenas. En Cuba, Brasil, Haití y las Antillas se lograron desarrollar sistemas religiosos con una notable transferencia de las características religiosas propias de grupos africanos, constituyendo religiones muy populares como la Santería o Regla de Ocha, la Regla de Palo Monte, la Sociedad Secreta de los Abakúa o de los Gnagnigos, el rastafarismo, el Vudu, el Candomblé, la Umbanda. Entre los negros colombianos en cambio, el proceso de adaptación no exigió muchas retenciones sino mas bien una remodelación institucional de aportes de varias religiones, tanto católicas como africanas e indígenas, a excepción del palenque de San Basilio donde se fortalecieron ceremonias africanas de corte fúnebre como el Lumbalú, lo que evidencia un fuerte sincretismo.

La religión de las comunidades negras de las tierras bajas del Pacifico está básicamente constituida por un conjunto de creencias ligadas a la práctica católica. Los fieles solicitan principalmente protección frente a la enfermedad y las desgracias que aparecen como castigos sobrenaturales que deben ser conjurados con sacrificios y ofrendas, a los santos católicos o a las divinidades ancestrales mimetizadas por el sincretismo religioso africano-católico. En la mayoría de los temas y cantos religiosos (arrullos, alabaos, fórmulas de hechicería y magia) aparece la intervención de los santos a favor de sus fieles adeptos o el castigo de las divinidades para los que las olvidan (Sánchez, 1997). En realidad resulta difícil construir una teología sobre las representaciones a la vez variadas, fragmentadas y contradictorias que los pobladores del Pacífico se hacen del mundo sobrenatural, del otro mundo y sus relaciones con la vida cotidiana y, mas aún, no se pueden conciliar las enseñanzas de la iglesia católica misionera adoptadas por los creyentes con las tradiciones sobre dioses y espíritus, referidas a un contenido típicamente africano o indígena.

Según el pensamiento tradicional los fenómenos naturales y los objetos están íntimamente asociados con Dios y los espíritus ancestrales. Por ello, lo físico y lo espiritual son dos dimensiones del mismo universo. La práctica médica tradicional de los curanderos y de los herbolarios negros del Pacífico colombiano han participado desde sus comienzos de esta naturaleza. Las imágenes del mundo sobre causalidad de las enfermedades y salud de estas comunidades del Pacífico se relacionan con: la mala alimentación, el agua (la frialdad hace que las personas se enfermen), el aire (el cuerpo también puede coger frialdad del aire), Colino (Platanal y cultivo de árboles frutales) el colino es frío, el cuerpo puede allí coger frío; el jai, es un maleficio que le mandan a las personas, son espíritus malignos en forma de animales o dolores, que también se pone en las comidas o vestidos.

Otras causas de enfermedad son las condiciones de trabajo, el mal humor de algunas personas (mal de ojo). La ira de Dios, el rebote de los siete humores (sangre, orina, bilis, sudor, resuello, evacuación y saliva). La influencia de un enemigo poderoso. Hoy los afros del Pacífico enfrentan la enfermedad con la medicina de occidente, pero si ésta no cede recurren a sus fórmulas tradicionales de etno botánica (baños, tomas, pócimas, baos) empleadas por abuelos y abuelas. Y si esto no es suficiente recurrirán también al curandero o hierbatero, quien mediante oráculos como la Vista de Orina y la lectura del tabaco, entre otros procedimientos adivinatorios, buscará predecir la causa del maleficio para lograr “destramarlo”. En el Pacífico se dan muchas formas de prácticas mágicas: mediante rezos, oraciones se pueden enviar maleficios a las personas y causarles mal, dolores, locuras, mala suerte (salar), ruina y enfermedad. La magia también se usa para el enamoramiento, para el sometimiento del cónyuge, para la buena suerte, para el enriquecimiento, etc.


afro oro1 HERENCIA CULTURAL EN COLOMBIALas comunidades negras manejan abundante información y conocimientos sobre el ambiente de la selva tropical húmeda del Pacífico, sobre su fauna y flora, sobre técnicas apropiadas al ambiente selvático y ribereño, sobre las complejas estructuras de parentesco, las relaciones de reciprocidad entre los miembros de la familia extensa, de los co-residentes y de las formas de cooperación doméstica en las labores de producción, sobre los ritos mágico-religiosos, prácticas curativas y de prevención de las enfermedades.


El curandero tradicional tiene una función de utilidad en el estado actual de la organización social de las comunidades afro del Pacífico: Es la persona reconocida por la comunidad como competente para atender la salud mediante el empleo de productos vegetales, animales y minerales o el uso de otros métodos de origen social, cultural y religioso basados en los conocimientos y creencias de la comunidad sobre el bienestar físico, mental y social, el origen de la enfermedad y la causalidad inmersos en distintas dimensiones del mundo. La medicina tradicional está compuesta sólo por técnicas y prácticas, sino también por un sistema de creencias y valores. Existe una amplia y tradicional práctica de curandería por parte de los afrocolombianos del Pacífico con una notable huella africana y aborigen. Dentro de estas prácticas de curandería están tanto la habilidad de curar como la de enfermar, embrujar o causar el mal, por lo que resulta una amplia gama de prácticos: curanderos, brujos hierbateros, sobanderos, adivinadores, curadores de culebra, exorcistas.

El curandero en el Pacífico conoce a la perfección los entramados de la geografía natural en medio de la cual conviven, transforman y desarrollan todo un tejido social y cultural que históricamente han establecido a manera de estrategia de adaptación, donde crean una serie de sistemas, instituciones, imaginarios, relaciones sociales, de producción y una complejidad de rituales y esencias simbólicas que permiten determinar las características culturales y étnicas de los grupos negros del Pacífico (Sánchez, 1997).

En 1610 la bruja y el curandero negro sufrieron la persecución de la Santa Inquisición en Cartagena. El curandero era un peligro para la empresa de la dominación, atentaba contra la hegemonía colonial blanca que encontraba en la curandería un poder no sólo espiritual sino político y económico; el curandero representaba la posibilidad de la liberación del yugo y la retoma de un liderazgo ancestral que podría encaminar a los esclavizados hacia proyectos de cimarronismo y palenques (Sánchez, 1997).


En comunidades cercanas a Guapi, rezar no parece ser algo que convoque mucho a la comunidad, en cambio el canto sí es un elemento clave en su forma de relacionarse con Dios. Toda su cotidianidad está llena de canciones, cantan en todas partes y a cualquier hora, solos y acompañados y en sus cantos hay de todo: amor, pasión, alabanza a Dios, despecho, protesta, como expresión de que se existe, se está vivo y hay que manifestarlo. “Aunque pareciera ser un dato elemental me parece que a las labores normalmente duras de la vida las va acompañando un ingrediente lúdico que va haciendo mas sencillos y manejables estos trajines. Entre risa y risa, canto y canto se hace un proceso de adaptación que le ha permitido al negro del Pacífico sobrevivir en las circunstancias más adversas. La música, el baile y el canto son un elemento fundamental dentro del mundo religioso ribereño.

El investigador Marulanda plantea como una característica particular de los afro la relación entre juego, cotidianidad y religiosidad: el juego en un contexto religioso, tal como la costumbre de jugar Bingo o Dominó en días de semana Santa como el Viernes Santo; el juego como ritual. “Así el mundo religioso aparece como un conjunto sistemático que no sólo regula las relaciones con lo trascendente, sino que la religión además se juega y debate en la vida cotidiana y se expresa a través de ritos, cultos, oraciones, códigos ético morales y sacrificios, todos estos con un sentido común de identidad y comunidad. En este sentido el mundo de lo religioso se ubica en el terreno de las relaciones sociales cotidianas, está inmerso en las realidades cotidianas, de tal modo que se hace imposible pensarlas sin él, y se presenta como una práctica concreta, que no pretende establecer relaciones con el otro mundo, sino que actúa y ejerce su influencia en el terreno de lo cotidiano, consolidando acciones encaminadas a la estructuración de una “utopía terrenal” que pretende variar el ritmo de las relaciones existentes”.

afro ninapica HERENCIA CULTURAL EN COLOMBIAEn esta religiosidad de los afrocolombianos hay que mencionar también la unidad entre religiosidad-fiestas religiosas y paganas. Una fiesta como la Semana Santa determina todo el ritmo de vida de muchas de las localidades que la celebran; es el caso de Coteje, poblado sobre el río Timbiquí en el Cauca. “El significado y uso social de la Semana Santa para los cotejanos es múltiple: Semana Santa es historia, es ayuno, recogimiento, es compartir. Es un acontecimiento que facilita la comunicación al interior del grupo, contribuye a que se reafirmen los vínculos sociales, al mantenimiento de la solidaridad del grupo, a que se solucionen los conflictos latentes y a dinamizar la economía ribereña. Ayuda además al fortalecimiento de su identidad y fortalece su autoestima. También se podría decir que la fiesta cumple una función catártica en los emigrantes, ellos se sienten bien. Es un tiempo espacio de vivencia de lo sagrado y de ruptura con lo cotidiano, de gran vitalismo y de recreación estética y ritual. En tanto que fiesta no sólo es un archivo de tradición, conocimiento y creencia, también desarrolla un drama folclórico que transmite toda una serie de elementos simbólicos (mensajes y significados) que combinan ideas morales y sentimientos religiosos. Es un teatro de evangelización en tanto que es usado como medio de comunicación social que sirve fundamentalmente para expresar y recrear el mensaje religioso (y la moralidad del grupo). Es una tradición que se renueva, que no permanece estática, que como toda fiesta comporta elementos tradicionales y modernos estos últimos tomando por momentos formas carnavalescas y al mismo tiempo, constituye una respuesta creativa estética, teológica y cultural de los cotejanos de Timbiquí frente a las condiciones concretas de su devenir histórico”.

En el Chocó, en los caseríos, es costumbre tener su propia virgen y la fiesta para ella. La sacan a pasear por el río juntando varias canoas formando “Balsadas”, o en balsas formadas por trozas de madera. Ejemplo de esto es la Virgen de la Pobreza de Boca de Pepé, río Baudó. 



Carnaval, política y religión. Fiestas en el Chocó

“El viejo Hegel decía que si la realidad nos parece irracional, para comprenderla necesitamos inventar conceptos irracionales. Senda difícil, con frecuencia inquietante. Pero la fiesta es inquietante..” 

“Con luna llena baila toda Africa”.

Por: William Villa

Es tiempo de carnaval; suena la tambora, el clarineteo no agota su melodía, las chirimías reclaman los cuerpos para la danza y en todos los pueblos la gran familia afrochocoana despierta para la fiesta. Es el mes de Agosto y la danza que ya se inicia no ha de terminar hasta octubre.

Las puertas de las iglesias se abren y los Santos engalanados con sus mejores joyas salen a recorrer poblados. Se les ve en la calle, en el barrio, en la vereda y en el río sobre la balsa cargada de flores y frutos. En Tadó a orillas del río San Juan la Virgen de la Pobreza instaura un nuevo orden donde todas las teatralizaciones pueden ocurrir; el escenario del teatro es la calle y el pueblo danzante se convierte en actor.

Miren que bonita la vienen bajando, es la Virgen de las Mercedes, ya llega por el río San Juan, balsas multicolores la acompañan y toda Istmina ha salido a esperarla.

Todo el San Juan de Santos se va llenando y la celebración no quiere acabar. En Nóvita, San Jerónimo invita a que los niños se pongan sus mejores trajes y a que las mujeres exhiban aquellos peinados africanos donde líneas de finas trenzas se combinan en infinitos trazos. En Condoto, como en todos los pueblos, las comparsas día tras día salen a representar su obra teatral; en el último día de fiesta sale Nuestra Señora del Rosario. La acompaña todo el pueblo y la danza da paso a la oración.
Los franciscanos querían hablar de San Francisco de Asís a los indígenas. En el año de 1648 fundan a Quibdó. Los indígenas que no querían conocer de esa extraña liturgia se resisten: toman el camino de la guerra. San Francisco finalmente se va quedando con los negros, luego le comienzan a llamar San Pacho, se va olvidando de Asís y es tan sólo de Quibdó.

Sale San Pacho a las calles de Quibdó, se le encuentra al frente de cualquier casa, a la vuelta de la esquina, en todos los barrios; ahí está exigiendo su cuota en dinero para la celebración. Pero San Pacho no sólo pide, el ha salido a contener el fuego que amenazaba con destruir a Quibdó, él no ha olvidado a su gente cuando la salud se quebrante, ni ha dejado de castigar cuando el pueblo así lo merece.

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A partir de las actividades económico productivas tradicionales rurales se configuran históricamente unas formas de organización social y familiar particulares, que también se encuentran en constante proceso de cambio. La configuración de las comunidades afrocolombianas se hace inicialmente en el marco de la esclavitud, bajo los parámetros de los dominadores, y es a partir de los procesos de resistencia, sincretismos, cimarronaje y configuración de palenques, compra de la libertad y finalización de la esclavitud que los afrocolombianos logran ir estructurando sus comunidades, sus familias y creando sus formas organizativas.

Los palenques constituyen una de estas formas organizativas. Como señala Aquiles Escalante, el palenque sintetiza la insurgencia anticolonial, desde los palenques el afro colombiano empezó a crear condiciones para arraigarse en un territorio y desde ellos empieza a organizar su nueva manera de vivir, a crear sus propias formas de gobierno y de organización social. Éstos constituyeron espacios para la construcción de identidad y según Jaime Jaramillo fueron “la célula social en la que el negro trató de dar cauce a su tendencia a la vida libre y necesidades de sociabilidad, … en el palenque elegían sus autoridades, realizaban sus fiestas, organizaban el culto religioso y tenían sus cabildos. De hecho no hay que olvidar que el palenque tiene un carácter militar, sitio de atrincheramientos estratégicos, protegidos con trampas, fosas, empalizadas, lugares de entrenamiento, provisión y descanso y refugio de los cimarrones” . Muchos de estos palenques lograron permanencia y estabilizaron formas de asociación y organización de la producción. A partir de estos palenques fue posible sentar parte las bases para la configuración de las comunidades afrocolombianas, configuración y estructuración que ha significado todo un proceso contradictorio de resistencia , sincretismo y también asimilación.


Palenques en Colombia
: El de Uré sur de Córdoba, a orillas de un afluente del río San Jorge, reportado desde 1598 por el investigador Parsons. Allí la religiosidad jugó un rol importante de cohesión y supervisión. ( Rafael Perea Chalá)

Palenques que superviven actualmente: Guayabal – Quibdó. Tiene un sistema religioso en construcción y un panteón en crecimiento.

San Rafael de Raspadura: vive y se articula en torno al milagroso “Hecce Homo”.

Viroviro: Se congrega ante su milagroso “Señor de Iró”.


Los cabildos también han sido formas de organización de comunidades afro. Estos se constituían como espacios de reunión de los esclavizados africanos, según su procedencia. Eran espacios de carácter cultural, lúdico y religioso, pero también de comunicación y de organización de estrategias de liberación.

Los ramajes son formas de organización en las áreas mineras que han permitido la comunicación y el desarrollo de la solidaridad y formas asociativas de trabajo. Cada ramaje está compuesto por un conjunto de individuos y familias que se remiten a un ancestro común que generalmente coincide con el primer dueño libre del terreno de la mina que allí se encuentra. La descendencia común del fundador identifica a los miembros de cada ramaje con su apellido y reglamenta los derechos de posesión y de explotación de los recursos del suelo y subsuelo. En las áreas de explotación minera cada ramaje posee un territorio y en él cada uno de sus miembros posee una casa con los cultivos de pan coger llamada Chacra. (Nina de Friedemann.).

La cuadrilla fue otra forma de organización impuesta por los españoles para el trabajo en la mina, y se componía por 8 o 10 esclavos. Dentro de esta cuadrilla llegó a generarse la necesidad de la división del trabajo, teniendo unos que dedicarse a la minería y otros a las actividades agrícolas de pan coger, la caza y la pesca.

En las áreas urbanas, hoy en día, se vienen implementando y desarrollando formas organizativas, algunas de las cuales recogen elementos de las anteriores formas tradicionales de organización y de solidaridad. Por ejemplo, en ciudades como Quibdó vemos las sociedades entre mineros poseedores de motobomba, agrupaciones de mujeres según actividad económica: lavanderas, vendedoras de plátano, pescado, agrupaciones para presionar por tierra y vivienda, formas de trabajo colectivo tradicional como la minga y el cambio de mano.

También a nivel nacional y en cada región se viene implementando un proceso organizativo de las comunidades, estimulado entre otras cosas por la ley 70 de 1993.

La lengua es un elemento importante a través del cual los pueblos colonizadores han ejercido su dominación sobre los pueblos colonizados. Pero también ha sido un elemento importante de resistencia cultural. Los efectos devastadores de la dominación ejercida sobre los africanos traídos a las colonias como esclavos, llevaron a que prácticamente se perdieran las raíces de sus propias lenguas o lenguas nativas. Los descendientes africanos se vieron obligados a aprender las lenguas de sus amos y de los sitios en donde desarrollaron su vida, e introdujeron en éstas sus propias modificaciones o adicionaron vocablos que pervivieron de sus lenguas ancestrales.

Según el Sacerdote Jesuita Alonso de Sandoval, escritor de tratado sobre la esclavitud en América, a comienzos del siglo XVII se hablaban en Cartagena de Indias cerca de 70 lenguas africanas. Hoy sólo perviven dos lenguas propias con estas raíces en Colombia: el palenquero y el criollo sanandresano. Lo demás, son variaciones dialectales hechas al castellano, que se encuentran en algunas zonas de las costas atlántica y pacífica.

Actualmente dichas lenguas pueden tener desarrollos o recuperaciones importantes, al amparo de la legislación sobre grupos étnicos vigente, que ampara el desarrollo de las lenguas propias y establece la enseñanza bilingüe en territorios afrocolombianos e indígenas. (Ver legislación y más información en nuestro Centro de Documentación).

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Afrocolombianidad Los afrocolombianos celebraron este 21 de mayo y por septima vez en la historia el “Día de la afrocolombianidad”, conforme a lo establecido en la Ley 725 de 2001, proclamada para conmemorar los 155 años de la abolición de la esclavitud y para reconocer la plurietnicidad y multiculturalidad existentes en Colombia.

La población afrocolombiana representa aproximadamente el 26% del total nacional, con más de 10.5 millones de habitantes. Después de Brasil, Colombia es el País de América Latina con mayor número de población negra. Las zonas tradicionales de asentamiento de estas comunidades en nuestro país han sido la región Pacífica y Atlántica, aunque no hay rincón de Colombia donde no haya un afro. Esta diversidad étnica contribuye a darle a Colombia una extraordinaria riqueza en manifestaciones folclóricas, culturales y sociales.

Los grupos étnicos representan aproximadamente el 40% de la población total del país, sin embargo sus condiciones de vida son cada vez más precarias, en medio de una conflicto armado que nos ha desangrado por más de 50 años. A pesar de los logros alcanzados para estos grupos en la Constitución Nacional de 1991(Artículos. 7-10 y 70), donde se reconoce al país como una nación pluriétnica y multicultural, han sido significativos, muchas de estas leyes no han operado de manera coherente y continua en el reconocimiento de las garantías y derechos que finalmente continúan en el papel.

Actualidad Étnica entrevistó a Juan de Dios Mosquera, director nacional del Movimiento Nacional por los Derechos Humanos de las Comunidad Afro-Colombianas (CIMARRON), quien destacó la necesidad de reconocer y asumir la afrocolombianidad como cultura, como folclor, como tradición fusionada en la sangre y en la mente de todos los colombianos y colombianas, además de lamentar que, después de más de 500 años transcurridos de la invasión española, en este país siguen marcados el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la formas conexas de intolerancia, visibles en todos sectores sociales, económicos y políticos de la nación.

A su modo de ver, ¿cuál es la importancia de celebrar el día de la afrocolombianidad, tanto para las comunidades afro como para la sociedad en general?

Lo primero que debemos entender es que Colombia y su población, es una nación mestiza porque es la síntesis de tres grandes etnicidades. Primero la africanidad, segundo la indigenidad y tercero, la hispanidad. De la africanidad la nación colombiana heredó, de un lado, el pueblo afrocolombiano, afro-criollo, afro-mestizo, afro-indígena, y heredó la afrocolombianidad, un conjunto de valores integrales en todas las esferas de la sociedad colombiana como aportes, como contribución de los africanos y los afro colombianos a la construcción de la Nación y de la sociedad nacional. Esos valores son genéticos, son valores económicos, la riqueza, son valores sociales, culturales, democráticos, políticos, militares, deportivos, en todos los campos. La afrocolombianidad no es un patrimonio exclusivo de las personas afros, es un patrimonio de toda la nación y de cada colombiano y colombiana. Quiero dar un ejemplo, cuando vamos a bailar, bailamos la salsa, el merengue, la cumbia, bailamos el Reggae, la africanidad está en todo, en la música y el baile, y la baila toda la nación, entonces, la afrocolombianidad no depende del color de la piel, ni depende de la región donde hayamos nacido, sino que son un conjunto de valores que están en la cultura de la nación, en la identidad nacional. Tradicionalmente la gente, en la ignorancia sobre la etnicidad, considera que la afrocolombianidad o la identidad afrocolombiana se da por el color negro de la piel, y esa es una total equivocación. Hoy, día nacional de la afrocolombianidad, tenemos que aprender a conocer, a comprender, asumir y a enaltecer la afrocolombianidad como patrimonio de cada colombiano y colombiana y de toda la nación.

Ustedes han designado a mayo como el mes de la afrocolombianidad. En este sentido, ¿qué actividades se han desarrollado y cuáles se realizarán a lo largo de los 31 días?

Nosotros no solo hemos tenido el día de hoy (21 de mayo) sino mayo como mes de la afrocolombianidad. Porque en mayo existen un conjunto de fechas que enaltecen y nos permiten reflexionar sobre diversas realidades que comprometen al pueblo afrocolombiano. El primero de mayo fue el aniversario de Diego Luis Córdoba, fundador del departamento del Chocó. El dos de mayo fue la masacre de Bojayá, donde murieron más de 119 personas; el día once de mayo fue el aniversario de Bob Marley; el 19 de mayo, el natalicio de Malcom X (líder negro norteamericano); el 21 de mayo, día de la afrocolombianidad y el 25 de mayo es el día de África. Para nosotros, todas estas fechas son una oportunidad para reflexionar y desarrollar procesos educativos en las instituciones docentes, con los estudiantes y los educadores, para enaltecer en su conjunto la afrocolombianidad. Hemos estado realizando durante todo el mes diversas actividades fundamentalmente educativas en los colegios y las universidades donde debemos sembrar una nueva mentalidad en la población sobre lo que significa la afrocolombianidad como patrimonio individual y nacional.

¿Cuál es el balance que hacen para este año en materia de derechos humanos y situación humanitaria de las comunidades afrocolombianas?

La situación de la comunidad afrocolombiana se caracteriza históricamente por el problema del racismo, la discriminación racial y en los últimos años, la violencia que han llevado los grupos guerrilleros y paramilitares. En estas condiciones de racismo, debemos continuar educando a la población para eliminarlo de la conciencia de todos los colombianos y colombianas, incluyendo el endoracismo que afecta al pueblo afro. Necesitamos promover acciones para eliminar la discriminación racial de los Bancos, de los aeropuertos y los aviones, de los almacenes de cadena como: Existo, Ley, Carrefour, Makro y otros. Necesitamos que exista en Colombia un mecanismo real que establezca unas oportunidades, acciones afirmativas a favor de la comunidad afro en el empleo, tanto en el nivel del Estado, como en el nivel de la empresa privada para que podamos entender que los colombianos debemos vernos en todas partes y a todos los niveles, tanto indígenas como afros y mestizos. La situación de violencia es un problema que nos está generando asesinatos, masacres, nos está generando amenazas, desplazamiento forzado masivo, y ante esta realidad debemos seguir reclamando una salida política al conflicto armado que vive la nación, exigir responsabilidad de los movimientos guerrilleros, porque no pueden estar durante tantos años sometiendo a los pueblos campesinos, afros, indígenas a un sacrificio tan grande, y a que entendamos que solo políticamente podemos transformar la nación, y exigirle al Estado colombiano que no es solo con la guerra como podemos solucionar los problemas sociales y políticos, y que todos debemos sentarnos en la mesa de diálogo para buscar una Colombia más digna, más justa, sin discriminaciones ni exclusiones.

A un año largo de la masacre en Bojayá, ¿usted cree que estas comunidades han recuperado su proyecto de vida? ¿La ayuda suministrada por los organismos del Estado ha sido suficiente?

Bojayá es solamente una de las tantas comunidades marginalizadas que hay en Pacífico colombiano y en el resto del país. La masacre lo que hizo fue demostrar la situación grave de marginalidad que viven nuestros pueblos y de violencia. Hoy día, Bojayá, aunque se han hecho muchas cosas, sigue esperando soluciones reales porque las soluciones no son solo construir casas, o calles, o de la Iglesia, el problema es el conjunto de las condiciones de vida y que los niños tengan seguridad en su futuro, tengan esperanza para poder viver, entonces no solo se tendría que hablar de Bojayá, sino también de Vigía del Fuerte, Río Sucio, Tagachí, de todas las comunidades del Atrato.

¿Hay voluntad por parte del Estado para con las comunidades afrocolombianas?

En este momento no hay voluntad política, ni hay una actitud solidaria hacia la situación histórica de las comunidades afrocolombianas. Estamos viviendo en esas regiones como se vivió después de la abolición de la esclavización. Se necesita un Plan de Desarrollo especial, como política de Estado a mediano plazo, que permita establecer metas de desarrollo y resultados concretos a favor de la población afrocolombiana tanto en las zonas rurales, selváticas, como en los grandes getos que existen en las ciudades del país.

¿Qué opina usted del Plan de Desarrollo propuesto por el Presidente Uribe para las comunidades étnicas del país?

En este momento, las comunidades afrocolombianas carecen de un Plan de Desarrollo real. Nuestros pueblos viven en todo el país, hacen presencia en todos los departamentos, especialmente en la Costa Atlántica, en el Pacífico y las grandes ciudades como Medellín, Cali, Bogotá. En menor escala, en las ciudades del Litoral Atlántico, están también en la Amazonía, son la mitad de la población del Putumayo, son un 30% en Caquetá y también han vivido históricamente en los Llanos Orientales. El problema es que no existe voluntad política en el Estado, alternativas, programas de desarrollo reales para las comunidades afro. Están mencionadas en el Plan de Desarrollo Nacional, pero no están inmersos en el presupuesto nacional, entonces, esto significa palabras muy bonitas en el papel, pero en la realidad significa pobreza crítica.

¿Qué relación existe entre las comunidades afrocolombianas y el medio ambiente, la naturaleza?

Para nuestro pueblo significa la vida, porque han estado ahí desde que llegaron de África secuestradas, y la selva les ha permitido sobrevivir, en medio de las condiciones de la selva han podido desarrollar una existencia, que aunque no es lo que existe en el interior del país, les ha permitido comer, les ha permitido desarrollar su cultura, les ha permitido conquistar una territorialidad dentro del país.

En este sentido, ¿cómo los han afectado las políticas antinarcóticos del gobierno, en especial todo lo que tiene que ver con el tema de las fumigaciones?

La fumigación sabemos que es un veneno que todo lo que toca lo afecta, en estas condiciones, las comunidades a las que metieron en la producción de coca, las guerrillas y los paramilitares, en el caso de Nariño, Cauca, Putumayo, Caquetá y Amazonas, las comunidades afros que están metidas por obligación en este tema, ellas se han visto profundamente afectadas por las fumigaciones. Este es un problema, tanto de la violencia que chantajea a los campesinos que no se meten en el negocio, como de las condiciones marginales de vida en el que están las comunidades.

¿Cómo pueden afectar las nuevas políticas económicas e intervencionístas impuestas por el gobierno norteamericano, caso ALCA?

Nuestras comunidades se afectan por el tema de la biodiversidad, por el tema del agua, por el tema de los recursos marinos en la frontera de los territorios afro, y se afectan también por el tema de la identidad cultural. En ese sentido, el ALCA va ha generar intereses de desarrollo para las comunidades, en los sectores sociales que están interesados en vender sus productos o en traer muchos productos para remplazar los productos colombianos, pero a las comunidades marginadas de nuestras selvas le genera incertidumbre por el problema de los patentes, de los convenios que se hacen en torno a la biodiversidad, a los recursos marinos, a los recursos hídricos, vegetales, y en esas condiciones nuestras comunidades son vulnerables. Los grandes proyectos, los megaproyectos que se piensa implementar también especialmente en el Pacífico, en torno a la minería, en torno a la hidráulica, en torno a los transportes, esos proyectos también nos afectan directamente en las condiciones de vida en el Pacífico colombiano.

¿Qué mensaje irradia usted a los pueblos afrocolombianos, y a la nación en general?

Aprendamos a conocer, a comprender y asumir nuestra etnicidad. Nuestros pueblos son la síntesis de África con América y con Europa, y de África heredamos la afrocolombianidad, asumámosla, porque no tiene que ver con el color de la piel, ya que está inmersa en la cotidianidad de los colombianos y las colombianas, en la cultura, en los ritmos musicales, en el baile y el deporte, solo así podremos derrotar el racismo y la discriminación racial. Hagamos de nuestro país un país más lindo y más digno para vivir.

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