Este periodo inició en 1991 con dos hechos significativos:
Primero, la expedición de la Constitución Política Nacional en 1991 y segundo, el despertar del movimiento social étnico afrocolombiano. Por primera vez en la historia jurídica de la República de Colombia se incluyó a las poblaciones afrocolombianas en la Constitución Nacional y sus leyes reglamentarias, reconociéndolas y protegiéndolas como “grupo étnico”, sujeto especial de derecho y con derechos étnicos, en especial, el derecho de diferenciación positiva considerado por la Corte Constitucional como un derecho fundamental.
La Constitución Política Nacional ha posibilitado el desarrollo de una legislación especial integrada por más de 12 leyes donde se establecen mandatos especiales a favor de la población afrocolombiana como grupo étnico. Ha faltado una campaña pedagógica de sensibilización tanto al interior como al exterior de las comunidades afros para que todo el país comprenda la pertinencia de los derechos afros y se solidarice exigiendo políticas publicas concretas para su realización. (más…)
Un grupo étnico es aquel que se diferencia en el conjunto de la sociedad nacional o hegemónica por sus prácticas socioculturales, las cuales pueden ser visibles a través de sus costumbres y tradiciones.
Estas últimas le permiten construir un sentido de pertenencia con comunidad de origen, pero tal autoreconocimiento, no es un obstáculo para que sean y se identifiquen como colombianos. De este modo, comparten dos sentires: uno étnico y otro nacional.
Los grupos étnicos en Colombia están conformados por los pueblos indígenas, los afrocolombianos o afrodescendientes, los raizales y los rom. La Dirección de Poblaciones y Proyectos Intersectoriales del Ministerio de Educación atiende a los grupos étnicos colombianos a través del programa de Etnoeducación.
A continuación les contamos cómo son las etnias colombianas:
Afrocolombiano o Afrodescendiente
Son descendientes de múltiples generaciones y procesos de mestizaje de los antiguos esclavos africanos. El término “afrodescendiente” denota a los descendientes de africanos que sobrevivieron a la trata esclavista en las Américas. Así mismo busca abarcar a todos los pueblos descendientes, directa o indirectamente, de la diáspora africana en el mundo.
Los términos afrocolombiano y afrodescendiente son equivalentes, ya que el primero se desprende del etnónimo afrodescendiente y denota una doble pertenencia: tanto a las raíces negro-africanas (“afro”) como a la nación colombiana.
La población afrocolombiana o afrodescendiente se construye como un grupo étnico en la medida en que autoreconozca su ascendencia negro-africana y reside en todo el territorio nacional, ya sea en las cabeceras o en las áreas dispersas. Se concentra principalmente en las grandes ciudades del país y en sus áreas metropolitanas, en las dos costas colombianas, en el valle geográfico del río Cauca y en el valle del Patía. Algunos ejemplos de poblaciones afrocolombianas o afrodescendientes en las dos costas son los asentamientos étnico-territoriales con título de propiedad colectiva denominados “comunidades negras” por la Ley 70 o Ley de Negritudes, especialmente en el Pacífico colombiano, y la comunidad de San Basilio de Palenque en el Caribe colombiano.
Pueblos indígenas
Personas que se autoreconocen como pertenecientes a pueblos y comunidades indígenas (amerindias), formando parte de un grupo específico, en la medida en que comparten su cosmovisión, sus costumbres, su lengua y sus códigos relacionales (socialización). Es indígena quien pertenece a una tradición cultural (de acuerdo a procesos de socialización, comunicación, trabajo, cosmovisión), descendiente de los pueblos originarios que habitaban América antes de la Conquista y colonización europea. Según el Departamento Nacional de Planeación, DNP, en Colombia se reconocen 90 pueblos distintos.
Raizales
Raizal del Archipiélago de San Andrés y Providencia. Grupo étnico afrocolombiano o afrodescendiente, cuyas raíces culturales son afro-anglo-antillanas y cuyos integrantes mantienen una fuerte identidad caribeña. Por lo mismo, presenta una serie de prácticas socioculturales diferenciadas de otros grupos de la población afrocolombiana del continente, particularmente a través del idioma y la religiosidad más de origen protestante. Utilizan el bandé como lengua propia.
Rom
Grupo étnico de tipo nómada, originario del norte de la India, establecido desde la conquista y colonización europea en lo que hoy en día es Colombia. Se autoreconocen al mantener rasgos culturales que los diferencian de otros sectores de la sociedad nacional como su idioma propio, llamado Romaní o Romanés, la ley gitana y descendencia patrilineal organizada alrededor de clanes y linajes. Se encuentran concentrados especialmente en las ciudades de Cúcuta, Girón, Itagüí, Bogotá, Envigado, Duitama, Santa Marta, Cali, Sampués y Cartagena.
Todos los pueblos crean símbolos, valores, actitudes, habilidades, conocimientos, formas de comunicación y bienes materiales. Este conjunto de saberes y prácticas es lo que la antropología define como cultura. Dentro de ella se hayan todas las expresiones del espíritu que comúnmente denominamos arte. Sin embargo, el arte visual producido por la gente afrocolombiana no ha sido honrado con el lugar que le corresponde, pues el significado corriente de las palabras “cultura” y “arte” aún designa de manera casi exclusiva las expresiones de las bellas artes producidas según lineamientos académicos. Esta postura supone que la cultura y el arte son privilegios exclusivos de las elites nacionales poseedoras de una educación especial y de destrezas sofisticadas indispensables para la comprensión y el disfrute de lo artístico.
No obstante, es necesario comprender que, a diferencia de los artistas académicos que han frecuentado las escuelas de bellas artes, muchos artistas afrocolombianos han creado su propio lenguaje plástico de manera autodidacta y muchas veces al margen de los cánones y las tendencias estilísticas del momento. El artista afrocolombiano, al igual que el artesano, guardan una estrecha relación con el contexto cultural tradicional. Mientras que la artesanía tiene un carácter utilitario, el arte afrocolombiano al que nos referiremos aquí representa universos simbólicos que se destacan por la intencionalidad estética y poética. Con intuición y reflexión estos artistas descubren sus propias técnicas para resolver los retos que les plantean el espacio, el color, las formas, las proporciones y demás aspectos inherentes a la realización de sus obras. Artistas integrales, los creadores afrocolombianos utilizan materiales tan variados como el oro, el latón, la madera, la arcilla y las fibras vegetales. Todos las obras que estos pueblos producen hacen parte no sólo de su propio patrimonio cultural, sino de el de toda la nación, pues ellas representan el sueño, la imaginación, el goce y la expresión de gran parte del pueblo colombiano.
La gente afrocolombiana ha creado objetos rituales y cotidianos, pinturas corporales, máscaras, vestuarios, tallas en madera que representan a sus santos patronos y muchas otras producciones artísticas. El estudio de este universo plástico nos sumerge en mundos de color y creatividad que nos aproximan a las transformaciones que estas sociedades han vivido a lo largo de su historia.
Los gente africana que fue traída a lo que hoy es Colombia era portadora de destrezas artísticas y artesanales muy importantes, entre las cuales vale la pena destacar la talla en madera y el conocimiento de la orfebrería, el trabajo en bronce y cobre, y la sabiduría sobre las fibras vegetales. Muchas personas africanas eran expertas en la metalurgia del hierro. Todos los oficios y artes gozaban en África de una categoría especial y casi siempre estaban ligados a lo sagrado. De ahí que el conocimiento de técnicas manuales otorgará al individuo un lugar de privilegio dentro de esas sociedades.
Desde la Colonia, los africanos y sus hijos e hijas mulatas se desempeñaron en amplios sectores de la actividad artesanal debido a que el trabajo manual era despreciado por la nobleza española. Por esta razón, la gente africana practicó múltiples oficios. En los quehaceres cotidianos que daban vida a las ciudades coloniales, fueron incorporando su propia visión del mundo y de la estética. En todas las ciudades coloniales, villas y villorios, los africanos y sus descendientes se encargaron de diversas actividades que exigían creatividad, destreza y conocimiento de técnicas sofisticadas. Tal es el caso de Cartagena de Indias, en donde trabajaron como talabarteros, plateros, herreros, albañiles, carpinteros, zapateros, sastres y pintores. También eran faroleros, confiteros, torneros, tabaqueros, panaderos, pulperos, músicos, calafateros y aserradores de madera.
Quienes sobrevivieron a las adversidades de la trata y del cautiverio lograron recrear sus culturas e impregnar las de los españoles y las de los indígenas, especialmente en los territorios de la estética. En la actualidad, la expresión artística afrocolombiana puede sorprendernos al observar una batea tallada de forma exquisita en madera de chachajillo por un minero del río Guelmambí (Nariño). La belleza de sus creaciones también puede aflorar en la joyería de filigrana de oro, realizada por orfebres de Quibdó, en el departamento del Chocó.
La creatividad de los grupos afrocolombianos se expresa tanto en el campo del arte como en el de las artesanías. Su arte representa un proceso de creación anclado en lo colectivo, a diferencia del sentido individual que prima en las sociedad occidental. Lo colectivo del arte afrocolombiano no sólo fluye en la narración de lo propio, también relata las zonas de empalme e influencia con lo otro, expresando de este modo sus contactos con otros grupos o ideologías. Su aferramiento a lo tradicional no lo exime de su búsqueda de contemporaneidad. El arte afrocolombiano y el arte de construir artefactos poseen los elementos básicos de cualquier otro arte: un creador, que trabaja con diversos medios plásticos, sean arcillas, cortezas, fibras vegetales, maderas y metales, para expresar estéticamente un símbolo, un sentimiento, una emoción en el campo de la plástica. De este modo la materia prima utilizada, como los objetos que producen, son espejos del ámbito geográfico y de las condiciones históricas, sociales y culturales en que han vivido los pueblos afrocolombianos desde su llegada del África.
La artesanía aparece como una expresión estética que puede repetirse para cumplir una función utilitaria o decorativa; representa la tradición colectiva y al mismo tiempo es un universo de expresión individual, puesto que cada creador innova dentro de los cánones establecidos. Esta tendencia permanente hacia la innovación se explica por el impacto de los cambios originados en los diversos contactos culturales de los afrocolombianos con otros grupos humanos y culturas en todas las regiones del país.
Arte y artefactos afrocolombianos están presentes en los litorales colombianos, en los valles cálidos interandinos y, hoy en día, en todas las grandes ciudades del país. Además de la poética de estas creaciones, ellas encierran la memoria histórica y cultural de sus pueblos. En los poblados y caseríos, tanto como en las urbes colombianas habitadas por la gente afrocolombiana, su producción artística y artesanal acarrea significados que rememoran las enseñanzas de sus ancestros. En Colombia existen muy pocos estudios acerca del arte y de la artesanía afrocolombianos. Sin embargo, es tiempo de comenzar a realizar investigaciones al respecto para incorporarlos de manera digna en los repertorios del patrimonio cultural de la nación.
Es la situación de vulneración de derechos y libertades —que implica la restricción a la libre movilización así como al acceso a bienes indispensables para la supervivencia— a que se ve sometida la población civil como consecuencia de prácticas – explícitas o implícitas – de control militar, económico, político, cultural, social o ambiental que ejercen los grupos armados –legales o ilegales- en el marco del conflicto armado.
En muchas regiones se controla y restringe el consumo de alimentos básicos no sustituibles como sal, azúcar, aceite y lácteos. También es objeto de control la leche en polvo que afecta principalmente a los bebés. En muchos lugares la mala alimentación imposibilita a las madres para amamantar a sus hijos.
Cambian las costumbres porque ya no se puede comer como se comía antes, ya no se puede dormir como se dormía siempre, no se puede andar como se andaba libre. Por la temeridad, no se puede dormir porque mientras el bloqueo esté cerca, o por algún enfrentamiento, uno tiene que estar despierto o estar alerta para salir. Entonces se cambian todos los términos”.
ANTECEDENTES HISTORICOS
Los afrocolombianos, especialmente los asentados en áreas estratégicas como las del Pacifico, hemos venido sufriendo el desplazamiento forzado de los territorios por los actores armado que han llegado a raíz del conflicto, en donde en estos momentos mas del 60% de los desplazados de este país son afrocolombianos y varios lideres del proceso organizativos de los Consejo Comunitario han sido asesinado y otros se encuentran huyendo del territorio por haber sido declarados objetos militar de los grupos en conflicto, para los afrocolombianos esta expulsión sistemática del territorio significa el exterminio como grupo étnico, lo que esta ocasionando la ruptura de nuestro tejido social como grupo étnico afrocolombiano.
Pero este no es el primer desplazamiento masivo al que hemos sido sometido como grupo étnico, hace cinco siglos fuimos secuestrados masivamente por los europeos, iniciando en América y África el mayor desastre cultural y demográfico que tenga conocimiento la humanidad, lo que afecto a los pueblos africanos principalmente.
Una ves secuestrados de Africa, se expiden normas, denominadas “códigos negreros” para la importación de africanos a América, así fueron convertidos en esclavizados, ello tuvo efectos profundos sobre las actitudes subsiguientes de la sociedad colombiana hacia el individuo Afrocolombiano, debido a que la esclavitud negó el ser del Afrocolombiano, negó al individuo, a su cultura y a su colectividad, a sus lenguas y religiones, comenzando con el holocausto tras – Atlántico de los africanos a América y que el sistema de producción esclavista denominó a todos por igual como negros (en Africa no existían negros, existían kongos, yorubas, carabalíes, mandingas, zulúes, etc.) iniciándose así el despojo forzoso de nuestra identidad cultural y el irrespeto por nuestra dignidad humana.
Sin embargo, la diáspora africana ha dejado huellas y trazos profundos en la faz cultural, económica y social de Colombia y de América, los cuales se pueden encontrar en las diferentes manifestaciones de la gente afrocolombiana; el desarrollo de los países de América y Europa es inconcebible sin el aporte de los africanos y afrodescendientes que trabajadores de “sol a sol” durante más de 400
años más de cuarenta millones de africanos y afrodescendientes quienes trabajaron sin recibir salario alguno, ni prestaciones sociales, hoy a valor presente neto, seria una deuda calculable pero impagable que tiene la sociedad y el Estado colombiano con este pueblo y que decir de la deuda artística y deportiva en donde los afrocolombianos estamos dando hitos de figuración honrosa a nivel mundial, igual la deuda ambiental esta si, incalculable e impagable, pues hemos cuidado y
mantenido por más de 400 años los ecosistemas estratégicos del Pacífico La lucha contra el sistema colonial esclavista y por la abolición de la esclavitud creció y se constituyó en la principal estrategia para liberarse del sometimiento, fueron sucesivas las gestas libertarias emprendidas por los hijos de Africa esclavizados en Colombia. Los africanos y sus descendientes de aquella época, intensificaron la exigencia de abolición de la esclavitud, a tal punto de llegar a la construcción del el movimiento cimarrón que había alcanzado su forma de expresión organizativa en la conformación de los palenques como sociedades que confrontaron el sistema colonial esclavista, hasta lograr su primer
reconocimiento legal y su libertad con la firma de la Cédula Real de 1.619 suscrita por el Rey de España y Benko Biojó en representación del Palenque de San Basilio.
La crisis política vivida por las colonias americanas después de 1809 hizo que los africanos esclavizados se vieran involucrados en las confrontaciones que mantuvieron Realistas y Defensores de los Sistemas de Juntas y Gobiernos Autónomos.
Transcurrido un periodo de intensa confrontación entre esclavizados y esclavistas se alcanzó un nuevo reconocimiento legal, con la expedición de la Ley de Partos en 1821, según la cual, los hijos de los esclavizados ya no pertenecían a los “amos”, sino a sus padres pero a partir de los 21 años.
Esta legislación para los afrocolombianos se consideran como una traición a los aportes y participación de estas comunidades en las guerras de independencia y al compromiso con Alejandro Petion presidenta de Haití, con quien el libertador Simón Bolívar se había comprometido a otorgar la libertad general a los esclavizados a cambio de las ayudas que este le proporcionó para la guerra de independencia, esta burla indignó a los afrocolombianos que habían entregado a sus hijo e hijas a la causa de su independencia ya que en la practica se prolongaba la esclavitud por 21 años más, rebeldisó a altos mandos militares de ascendencia afro, como el Almirante Padilla, a los generales Paez y Piar, los que fueron declarados traidores a la patria degradados y luego asesinados.
Para los años de 1851 por las necesidades del desarrollo capitalista que requería una nueva fuerza laboral para el desarrollo de este modelo económico, se promulgó una nueva Ley, la Ley de abolición de la esclavitud en Colombia del 21 de mayo de 1851. Aquí se configura una nueva traición para las justas luchas de los afrocolombianos, ya que el estado indemnizar a los esclavistas por cada
esclavizado que liberaran, pero no se generó en esta ley una política para el reconocimiento de los derechos económicos, políticos y territoriales hacia los afrocolombianos. Pero a pesar de la miseria y la marginación en que quedaron los afrodescendientes, sobrevino un periodo histórico de gran trascendencia para las comunidades afrocolombianas, que les exigió adecuarse a las nuevas
condiciones, reproducirse como grupo étnico, formar sus troncos familiares, construir sus pueblos, recomponer su tejido cultural, reorganizar sus prácticas de producción, establecer una relación armónica en los territorios ocupados, extenderse por la geografía nacional y resolver pacíficamente sus problemas internos.
La ausencia de una política amplia e integral de tierras para este grupo étnico recién integrados a la vida civil en zonas competitivas, los obligo a concentrarse y compartir pacíficamente el territorio con las comunidades indígenas, principalmente en la cuenca del Pacifico sin ningún reconocimiento legal, en donde por más de 300 años desarrollaron una economía de supervivencia basada en sus practicas tradicionales de producción y en la conservación de la biodiversidad como su capital fundamental para su supervivencia.
No obstante, los territorios que ocupaban históricamente en la cuenca del Pacifico, nunca fueron reconocidos legalmente y no podían acceder a la propiedad colectiva de sus territorios tradicionales, por existir expresa prohibición legal contenida en la Ley 2ª de 1959, que declaró esta región como “Zona de Reserva Forestal” y los terrenos baldíos de la misma fueron destinados a la conservación y protección de los recursos naturales, limitando a las Comunidades Negras el acceso al dominio
individual y colectivo de sus tierras tradicionales, ya que la Ley expresamente dispuso que no se podrían adjudicar los terrenos baldíos de las áreas de reserva forestal.
Segun Silvio Garces funcionario del INCIDEO, al momento de expedirse la Constitución Política de 1991, la situación de tenencia de tierras en el Pacífico Colombiano mostraba el siguiente panorama:
Área de Sustracción y Propiedad Privada 1.426.844 Has
Área de Resguardos Indígenas Constituidos 1.681.963 Has
Área de Resguardos Indígenas en Tramite 824.288 Has
Área de Parques Nacionales Naturales 580.500 Has
Áreas de Reservas Especiales 346.200 Has
Áreas de Perímetros Urbanos de los Municipios 140.205 Has
Áreas Tituladas Colectivamente a las Comunidades Negras 0.0 Has
Área Susceptible de Titulación Colectiva a Comunidades
Negras 5.000.000 Has
Área Total de la Cuenca es de 10.000.000 Has
Para resolver esta situación de inequidad, las organizaciones de las comunidades negras de origen campesino y de río se movilizaron frente al constituyente de 1991, obteniendo una importante conquista constitucional, traducida en el artículo 55 transitorio, que consagró derechos especiales en materia étnica, social, cultural, económica y política y ordenó mediante la expedición de una Ley especial el reconocimiento definitivo de los derechos territoriales de estas comunidades.
En desarrollo de este mandato constitucional, el Congreso de la República expidió la Ley 70 del 27 de agosto de 1993, por medio de la cual reconoció a las comunidades negras del país el derecho a la propiedad colectiva sobre los territorios que han venido ocupando ancestral e históricamente en el Pacífico Colombiano y en otras regiones del país con condiciones similares.
En este contexto histórico y jurídico se explica la titulación colectiva de las tierras de las Comunidades Negras agrupadas en los Consejos Comunitarios del Pacifico, Y que el constituyente de 1991 y el legislador de 1993, ordenaron una protección jurídica especial para estos territorios, sustrayéndolos del mercado de tierras, dándoles el carácter de tierras comunales de grupos étnicos
inembargables, imprescriptibles e inajenables y reservando su administración y manejo en los Consejos Comunitarios como autoridades de administración interna, para evitar que cada individuo o familia miembro del mismo, pudiera disponer o transferir su dominio.
LOS AFROCOLOMBIANOS HOY ¿QUIENES SOMOS?
Aun cuando no existe en el país estadística oficial confiable sobre los afrocolombianos, se calcula que podrían llegar a representar el 30% el total de la población nacional es decir 12’000.000, en el Pacifico somos el 90 %, en la costa del Caribe el 60%, en el sur del Valle, norte y sur del Cauca el 60%, el 30% del Magdalena Medio y el 65% del Urabá, además de estos sitio tenemos presencia
significativa en las grandes Ciudades como: Bogotá, Medellín y Cali.
ASPECTOS SOCIALES Y ETNICOTERRITORIALES.
Vamos a analizar un poco la situación del sector más vulnerable del país los afrocolombianos que habitan en el Chocó Biogeográfico. El Chocó Biogeográfico es una región que no solo posee características medioambientales excepcionales, si no que también en él se encuentra una gran diversidad étnica y cultural que de acuerdo con el censa de 1993, esta poblado por 2`082.022 personas que representan el 6 % de la población colombiana aproximadamente, con una población rural de 1`300.000 personas que representan el 12% de la población rural de Colombia.
Una característica fundamental de los afrocolombianos del Pacífico, son las formas de resolución pacífica de sus conflictos políticos, sociales, territoriales e inter-étnicos, Ya que son un grupo étnico que privilegian las formas dialógales de resolver sus conflictos, lo que hasta hace poco los
había constituido en un laboratorio de paz y convivencia pacífica, a diferencia con las culturas mayoritaria de Colombia que día a día los contradictores privilegian la amenaza, el terrorismo y el asesinato como medio de resolver sus diferencias.
No obstante esta trayectoria de convivencia pacífica, en los últimos años han penetrado a la zona agentes externos que están acabando con sus formas dialógales y culturales de resolver las diferencias, poniendo en peligro su identidad cultural y la permanencia en el territorio.
Durante toda la historia de Colombia, los afrocolombianos hemos sufrido los múltiples efectos de los conflictos sociales, desde el secuestro de nuestro antepasado de África a América y la posterior exclavización tanto de los africanos como de sus descendientes hasta los políticAs, territoriales, y económicos de hoy.
En el actual conflicto, uno de los elementos más violatorio de los derechos humanos de lo afrocolombianos es el confinamiento1, entendido este como “la situación de vulneración de derechos y libertades que implica la restricción a la libre movilización, así como el acceso a bienes indispensables para la supervivencia a la que se ve sometida la población civil como consecuencias de practicas explícitas e implícitas de control militar, económica, política, social o ambiental que ejercen los grupos armados legales o ilegales en el marco del conflicto armado” (CODHES,
2.004 Consejería de Proyectos.) Los efectos del confinamiento Armado en Colombia son cada vez más críticos, en los años reciente las comunidades afrocolombianas afectadas por el conflicto
armado son las rurales, no solo afrontan el desarraigo de sus tierras, si no lo que se ha denominado el confinamiento2 y la ruptura de su tejido sociocultural en sus propios territorios, ya que en muchos casos las comunidades no tienen posibilidad de huir del territorio para proteger su vida, y les toca resistir apelando a formas ancestrales de resistencia pacifica basadas en sus formas tradicionales de
producción, terminando estas comunidades no solo confinadas si no que además este confinamiento va acompañado de bloqueos económico en donde no se permite la entrada o salida de alimentos y productos de ninguna clase, son comunidades que pueden permanecer en confinamiento con bloqueo económico por más de ocho meses, en donde por ejemplo en zonas del Pacífico como el Baudó, no se les permite la entrada ni de la sal, elemento fundamental para la preservación de alimentos como el pescado y la carne ya que en la mayoría de las zonas rurales del Pacífico no se cuenta con suministro de energía eléctrica.
Para el afroamericano el mundo religioso se expresa continuamente en la vida a través de manifestaciones de fe y acción. Estas manifestaciones son: devoción a los santos, múltiples oraciones, leyendas, imágenes, símbolos, ritos, valores, costumbres, ceremonias, mitos y rituales con enseñanzas morales de gran valor y vigencia que tienen unas repercusiones de tipo económico y ético.
En la Costa Pacífica hay dos acontecimientos transcendentales: el nacimiento y la muerte.
EL NACIMIENTO
El nacimiento es un acontecimiento en el cual se celebra la vida como regalo de Dios. El niño que nace va enriqueciendo paulatinamente la cultura. El nacimiento se convierte en un hecho de gozo, se celebra con una copa de viche, guarapo o aguardiente, se celebra la vida en compañía de la familia, los amigos y los vecinos.
Si el recién nacido es varón, se piensa que es la continuación de la descendencia y del apellido. Se ve en él un respaldo para la familia, especialmente para el padre. Si es mujer es el reemplazo de la madre y es quien va a colaborarle en los quehaceres de la casa. Impacta más la llegada de un varón a la familia que la de una niña.
LA MUERTE
El otro momento importante es la muerte. Realidad ineludible que hace parte de la historia misma del hombre. La muerte es un acontecimiento que el hombre del Pacífico vive con mucha aceptación y esperanza; lo que celebra no es la muerte, sino la vida misma. Es la muerte donde las relaciones que se habían perdido se hace nuevamente vínculos de amistad. El luto une a todos los vecinos, todos colaboran en este momento, todo es estimación y solidaridad.
La persona muerta vive y participa de todo lo que está sucediendo a su alrededor, no es una persona que se ha ido, sino un hermano o un amigo que está participando de la vida del grupo, por eso el profundo respeto que se profesa al cadáver y el carácter sagrado de la tumba.
Los signos que utiliza el hombre del Pacífico no significa fatalismo, magia u oscurantismo, significan que la muerte está relacionada con este mundo y con la vida del más allá. El difunto comparte con su familia y con sus allegados; es por esto, que los lunes, día de los difuntos, los templos se llenan y se celebra la Eucaristía por el alma de las personas fallecidas.
El hombre del pacífico sabe que al morir se vive para el Señor y asimila la dimensión trascendental. En la muerte hay un sin número de signos que expresan la pluralidad del significado y contenido de cada uno de ellas que manifiesta la cultura del Pacífico y que puede enriquecer la teología y la praxis católica. Abordamos algunos elementos que hacen parte del novenario del pacífico y poderlos iluminar desde la sagrada escritura.
VELORIO AFROAMERICANO
En el velorio se organiza una tumba que hace las veces de un altar, con sábanas blancas colgadas alrededor, en la parte superior central un moño negro que hace alusión a una mariposa. Debajo de este moño va un crucifijo, esto significa luto, es decir que ha fallecido alguien de la casa. También se encuentra en la sala del velorio una cinta con el nombre del difunto, a los lados del ataúd se colocan cuatro cirios, dos adelante y dos atrás.
El color negro expresa tristeza y luto, esta interpretación no nace de la cultura afroamericana, sino que aparece posteriormente tomada del cristianismo. Lo negro se asocia con lo infernal, lo ignorante, lo primitivo, la mala suerte, el pasar apuros; mientras que lo blanco, se relaciona con Dios, la pureza, la transparencia, la belleza, la limpieza, la persona laboriosa, educada, inteligente y civilizada.
El velorio comienza poco después que fallece la persona hasta el día siguiente. En el transcurso del mismo se recitan oraciones pidiendo el perdón de los pecados con el objeto de que el alma llegue al Padre; se cantan alabaos, se juega dominó, se reparten bananas, se brinda alguna comida y algunas bebidas, para mantener en pie a las personas que acompañan el velorio durante la noche. Con esta práctica se ha catalogado mal a los negros como borrachines, fiesteros y parranderos.
EL VASO CON AGUA
Debajo del ataúd se coloca un vaso con agua que permanece nueve noches sin cambiarla, para indicar que si al momento de fallecer la persona murió con sed viene a tomar agua de allí. El agua va disminuyendo a medida que pasan los días. La que queda en el vaso, después de las nueve noches tiene una connotación medicinal y se ofrece a las personas que sufren de asma, del corazón y de los nervios.
Los científicos hablan de una evaporación durante este tiempo, mientras que los afroamericanos conciben que la disminución del agua se debe a que el difunto se hizo presente allí para beberla. Esta concepción viene desde nuestros ancestros y se ha asumido hasta nuestros días.
VESTIDO DEL DIFUNTO
Las personas en vida piden cómo quieren ser vestidas en el momento de su muerte , algunos solicitan vestir el hábito de la Virgen del Carmen o de algún santo de su devoción, o simplemente una túnica blanca. Otros prefieren un traje elegante , el vestido de su matrimonio, se les colocan medias pero sin zapatos refiriéndose al pasaje del éxodo «Quítate las sandalias, porque el lugar que pisas es santo» (Ex. 3,5), significa que el difunto va a un lugar sagrado. Llevar la ropa nueva significa que el difunto no debe llevar el olor de esta vida, porque el encuentro con Dios debe ser muy digno.
EL CORDÓN
Al difunto se le coloca un cordón en la cintura con siete nudos. Estos son para sostenerse y no se deslice para llegar al cielo. Así como los sacramentos que son siete y significa el camino que se va dando progresivamente es hacia la salvación, el difunto con el cordón va escalando el camino salvífico al encuentro con Dios.
LAS JOYAS
Inmediatamente muere, el difunto es despojado de todas sus joyas y de las prótesis dentales, porque para llegar a Dios no se necesita de todas estas vanidades.
NO BARRER LA CASA
Cuando el difunto se encuentra todavía en la casa, ésta no se puede barrer, se debe hacer antes de traerlo a la casa. El difunto es un invitado especial y la persona más importante, todo gira alrededor suyo. Esto significa que cuando se invita a una persona a casa, no se barre en presencia de ella porque sería una falta de respeto. El alma del difunto se encuentra en la casa hasta el último día del novenario. Existe otra creencia sobre esta acción de barrer, si se hace, los familiares van muriendo en cadena.
CABO DEL AÑO
Práctica muy difundida en todo el Pacífico Colombiano, en la ceremonia se representaba al difunto con un ataúd el cual se le cubría con una sabana negra en señal de duelo o luto; y se le coloca los cuatros cirios encendidos. El Celebrante repite la ceremonia en cuerpo presente y al final se prodigan los responsos acostumbrados. Si bien esta tradición se ha ido perdiendo, su ritual se conserva cuando se dicen los responsos al final de la Eucaristía.
Hoy con frecuencia ha incursionado en nuestro medio la Celebración de la Palabra al pie de la tumba en el Campo Santo o en la casa del difunto con la intención de pedir la intercesión de ellos, conmemorar aniversarios, (cumpleaños, de la madre, fin de año, etc) También es una actitud que manifiesta el deseo de estar cerca con el difunto y compartir al pie de la tumba aquellas canciones, rezos que ellos normalmente cantaban en Vida. Con lo anterior se quieren fortalecer aquellos recuerdos vividos.
EL CHIGUALO
Cuando un niño de tierna edad (menor de 7 años) muere, se vuelve un angelito y se va derechito al cielo. El Cadáver del niño es vestido de blanco o rosado. A veces se le coloca un ramo de flores en la mano derecha y una corona de papel en la cabeza. Aquí la madrina juega un papel preponderante. Ella es la responsable de los gastos de la fiesta. Ayuda en la preparación del cadáver y es la encargada de bailar al niño. Se le coloca en una silla especial durante toda la noche y una mesa con velas y flores preparada en forma de altar. Todo esto hasta que se hace el ataúd.
Durante la noche no se reza por el niño muerto, sino que se baila el «Chigualo» y se le canta arrullos o Salves, acompañados del bombo, cununo, guasa y marimba. En el baile las mujeres forman un semicírculo alrededor de la mesa y del altar, La Madrina o una persona que ella delegue coge al niño y mientras cantan lo van ofreciendo a los presentes. En algunos lugares interviene el padrino acompañando a la madrina en la danza. La madrina entrega el cadáver a una de las mujeres que están en el semicírculo. Este rito dura toda la oche. Se acompaña la ceremonia con bebidas típicas de la región.
La madre del niño acompaña el acto sin participar en el semicírculo. Al día siguiente llevan al niño al cementerio. La procesión es acompañada por muchos cantos que expresan la alegría del nuevo miembro del coro de los ángeles. Al niño no se le hace novenario, su alma no está penando.
Finalmente, es bueno seguir iluminando estas expresiones culturales desde el espíritu del documento de Santo Domingo «comprometiéndonos a dedicar especial atención a la causa de las comunidades afroamericanas en el campo de la pastoral, favoreciendo las manifestaciones de las expresiones religiosas propias de la cultura» S.D. 69.
Desde la llegada del africano a Colombia en condición de esclavo, los hombres y mujeres han buscado de forma individual y colectiva la libertad. Ante la cruel estructura esclavista, en los puertos de embarque se lanzaban al mar desde las galeras de los barcos, escapaban de los mercaderes y compradores, muchas veces las mujeres acudían al aborto provocado para que sus hijos no nacieran esclavos, pero las mayores formas de rebeldía son el cimarronismo y la constitución de los palenques.
CIMARRONES Y PALENQUES
Se le llama cimarrón a toda persona que rechazando la esclavitud escapa de sus amos y se interna en la selva, en las montañas en busca de libertad. Los cimarrones fueron perseguidos con jaurías de perros amaestrados para tal efecto, y si los capturaban los castigaban con mutilaciones o los condenaban a muerte como escarmiento para todos.
Los palenques son lugares, escogidos de acuerdo a la topografía del terreno y bien defendido por fosos, trampas y empalizadas, ellos sirvieron no sólo como lugar de entrenamiento, provisión y descanso para la acción de lucha de los cimarrones sino; como lugar de refugio para cuantos deseaban unirse a la causa de libertad. Eran sitios estratégicamente ubicados para la defensa, seguros y con terrenos cultivables. Se llamaban así por estar rodeados de empalizadas, púas envenenadas, fosas y trampas.
Los palenques se convirtieron en la realización del proyecto histórico de libertad. A partir de ellos los cimarrones se organizaron creando una nueva forma de vida, una verdadera república independiente desde donde se hacen fuertes con autoridades, organización propia, y trabajan por la conservación de la lengua, religión, música, bailes, costumbres que poco a poco mezclaron con la de los indígenas y blancos según el lugar donde se diera su presencia.
El cultivo de la tierra era colectivo, primaba la solidaridad, la herencia cultural y estaban gobernados por autoridades elegidas por las mismas comunidades. Eran estas últimas quienes tomaban las decisiones políticas y militares. Desde allí los cimarrones liberados y armados con herramientas elaboradas por ellos mismos, hachas, machetes, palos y piedras, organizaban ataques contra los esclavistas y autoridades para liberar a sus hermanos y conseguir comida y armas. Sus mujeres los acompañaban y, al preparar la huída, escondían semillas en sus cabellos para la nueva siembra en el palenque.
A estos palenques no entraba quien quería, sólo los doctrineros y personas aliadas. Si era invadido y arrasado por las tropas, los que lograban sobrevivir en el enfrentamiento, volvían a agruparse y, mientras las autoridades entraban triunfantes en la ciudad con los prisioneros llevando en alto la cabeza de los jefes rebeldes, estos ya se habían reorganizado en las montañas en un nuevo palenque. Así mantenían la lucha por la libertad.
EL PALENQUE DE SAN BASILIO
Entre los palenques de Colombia, el más significativo es el de San Basilio por haber sido el primer lugar libre de Colombia y de América Latina reconocido por la corona española, se considera heredero de la lucha iniciada por Benkos Biojó en el palenque de la Matuna.
Se encuentran referencias históricas de la capacidad guerrera y el liderazgo de Benkos Biojó; atacaba las haciendas dejando libres a los esclavizados, por eso hombres y mujeres se unían con entusiasmo a su ejército. La rebelión se extendió por una amplia zona y Biojó en ruta de guerra se pasea por Cartagena desafiando a los españoles. Los peninsulares le reconocen su poderío militar y buscan una negociación pacífica. Se suspende la guerra y aceptan a los cimarrones libres con la condición de que no reciban más esclavos fugados. El gran Rey Benkos Biojó logra ser reconocido y respetado por los propios cimarrones y los españoles. Mientras era terrible con los soldados esclavistas, en el palenque se transformaba en un gran padre, conciliador, que con inteligencia solucionaba los conflictos internos.
En su lucha por la conquista de la tierra, los cimarrones contaron con el apoyo de algunos “doctrineros” como el Padre Baltasar de la Fuente de Turbaco y Tesorero de Cartagena a quien los cimarrones de Sierra María encargan de negociar por ellos ante las autoridades, y viaja a España para presentar su detallado memorial, regresa a la ciudad heroica en 1.692 portando la real cédula, llamada también cédula del perdón, con instrucciones detalladas a favor de las peticiones de los cimarrones.
Otro padre fue Miguel del Toro de Tenerife (Magdalena), quien ante la situación en que se encontraban los cimarrones a quienes atendía espiritualmente, entre los años 1780 y 1788, acudió a la audiencia de Santa Fe y por su medio consiguieron libertad y tierra para cultivar junto a la Ciénaga de Santa Marta.
En uno de los tantos combates de los cimarrones con el ejército español, los primeros tomaron como rehén a Francisco de Campo, segundo hombre de la expedición española. Las autoridades españolas se vieron forzadas a buscar un arreglo amistoso y se firmó la famosa CÉDULA DE PERDON en el año 1.713. El rey de España les concede la libertad absoluta y la propiedad sobre un determinado territorio donde desarrollar su propia cultura, economía, política, lengua, y religión. Este palenque subsiste hasta hoy.
La resistencia de los esclavizados no cesó de manifestarse durante cuatro siglos con levantamientos, rebeldías, inteligencia y organización. En todos los sitios de explotación esclavista se vivieron levantamientos que muchas veces obedecieron a planes que implicaban la acción conjunta y alianzas con los indígenas con el fin de vencer a los blancos explotadores.
Otros palenques dirigidos por líderes cimarrones se dieron en:
Zaragoza en 1.598, 1.626 y 1.659
Cartagena en 1.600, 1.619, 1.650, 1.663, 1.696 y 1.799
Montañas de María dirigido por la Negra Leonor en 1.633
Sierras de María por Domingo Criollo y Pedro Mina en 1694
Norosí y Serranía de San Lucas dirigidos por Juan Brun y Cunaba en 1.694
Sierras de Luruaco dirigido por Domingo Padilla y Francisco Arará en 1.693
Montañas de Coloso y Tibú por Domingo Criollo en 1.684
Marinilla, Rionegro (Antioquia) y Giradora en 1.706
Tadó (Chocó) en1.728
Guayabal de Síquima (Cundinamarca) en 1.731
Tocaima (Cundinamarca) en 1.758
Río Yurumangui y Cali por Pablo en 1.772
Cartago y Cerritos por el Negro Prudencio, en 1.785
Río Saija (Valle) en 1.819.
Santa Marta fue quemada por los cimarrones de la Ramada en 1.554, en Cartagena intentaron algo similar en 1.621. También se tiene noticia de una revuelta de serias proporciones que tuvo lugar en el río Saija, en 1821: Los esclavos quemaron los campos mineros y huyeron al litoral.
EL PUEBLO AFRO EN LA INDEPENDENCIA DE COLOMBIA
La lucha de los cimarrones señaló el camino de independencia a Colombia. Hoy no podemos entender la revolución de los comuneros y el movimiento de independencia dirigido por Bolívar si no los alimentamos con la historia de los palenques.
Cimarrones, libres y libertos dieron un vivo apoyo al movimiento insurreccional de los comuneros. Una vez firmadas las capitulaciones de Zipaquirá que desmovilizaron el levantamiento, José Antonio Galán inició una intensa campaña por el Cauca, Magdalena y Antioquia ocupando haciendas, liberando esclavos e instigando su rebeldía. En la hacienda La Niña, los comuneros de Tumaco liderados por el negro Vicente de la Cruz siguieron este ejemplo y se levantaron el 7 de noviembre de 1.781. Sofocada la rebelión comunera de Túquerres y otros pueblos del sur de Nariño, el liberto de Barbacoas, Eusebio Quiñones, huyó y se escondió en los montes. Años después salió a combatir con las fuerzas libertadoras cayó en medio de sus filas en la batalla de Genoy.
El libertador Simón Bolívar firmó en Trujillo el decreto de “guerra o muerte” entre españoles y americanos el 15 de diciembre de 1813. Poco tiempo después, para atraer a esclavos y libertos, les ofreció la libertad absoluta si se sumaban al ejército de la independencia. Muchos hombres confiaron en esta promesa y se sumaron al ejército del libertador.
En la lucha por la independencia sobresale el afrocolombiano José Prudencio Padilla gran estratega de guerra, conocedor del manejo de los vientos. Su aporte fue valioso para el triunfo del ejército libertador en varias batallas. Esperaba, como todos los afrocolombianos, que al ganar la guerra conseguirían la libertad para todos los esclavizados.
En un momento de crisis del ejército por falta de recursos económicos y de personal, Simón Bolívar busca ayuda en Haití, primer país afroamericano libre. El entonces Presidente Alejandro Petion le responde positivamente, le facilita personal y pertrecho; a cambio, le pide a Bolívar abolir la esclavitud en Colombia si logra la independencia.
El libertador se comprometió con Petion pero no cumplió su promesa. Su traición se hizo visible en el congreso de Cúcuta donde Antonio Nariño, vicepresidente interino de la república y representante del Presidente, hace conocer su propuesta de Manumisión de los esclavos. Puede asegurarse que no hizo mayor esfuerzo para que el congreso aboliera la esclavitud, cambió la libertad absoluta prometida por la ” LIBERTAD DE VIENTRE”: Los hijos de esclava que naciesen a partir de 1821 alcanzarían la libertad y sólo después de cumplir 18 años y pagar los gastos de su manutención. Además, se estableció que todos los recién liberados debían someterse a la tutela de un blanco que les diera trabajo.
Luego de la ley de libertad de vientre, los esclavistas se idearon otra contra la vagancia, para obligar al liberto a trabajarles. Cualquier persona blanca que encontrara un negro en la calle, podía acusarlo de vago y llevarlo a la cárcel. Ahí cualquier rico pagaba por su excarcelación y el supuesto liberto era forzado a trabajar en las haciendas o minas en las mismas condiciones de esclavitud.
No es ningún secreto reconocer la falta de atención evangelizadora de la Iglesia con respecto a los “afroamericanos, tantas veces olvidados” (Puebla, 365) a lo largo de los siglos. En el Documento de Puebla (8, nota) se reconoce que “el problema de los esclavos africanos no mereció, lamentablemente, la suficiente atención evangelizadora de la Iglesia”. Este tema, que se ha venido debatiendo y aclarando a lo largo de estos últimos 25 años, encontró resonancia en la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que se celebró en Santo Domingo la cual dio amplio espacio al desafío pastoral misionero que presenta la realidad pastoral afroamericana.
En este sentido es muy significativa y no puede pasar desapercibida la recomendación del Papa Juan Pablo II: “…particular atención habréis de prestar a las culturas indígenas y afroamericanas, asimilando y poniendo de relieve todo lo que en ellas hay de profundamente humano y humanizante” (22) (Discurso Inaugural a la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 1992).
2. “Baldón escandaloso para la historia de la humanidad”
En el Mensaje a los Afroamericanos, el 13 de Octubre de 1992, el Papa Juan Pablo II afirma: “De todos es conocida la gravísima injusticia cometida contra aquellas poblaciones negras del continente africano, que fueron arrancadas con violencia de sus tierras, de sus culturas y de sus tradiciones, y traídos como esclavos a América. En mi reciente viaje apostólico a Senegal no quise dejar de visitar la isla de Gorea, donde se desarrolló parte de aquel ignominioso comercio, y quise dejar constancia del firme repudio de la Iglesia con las palabras que ahora deseo recordar nuevamente: «la visita a la Casa de los Esclavos nos trae a la memoria esa trata de negros que Pío II, en una carta dirigida a un misionero que partía hacia Guinea califica de “crimen enorme”. Durante todo un período de la historia del continente africano, hombres, mujeres y niños fueron traídos aquí, arrancados de su tierra y separados de sus familias para ser vendidos como mercancías. Estos hombres y mujeres han sido víctimas de un vergonzoso comercio en el que han tomado parte personas bautizadas que no han vivido su fe» (Discurso en la Isla de Gorea. 21 de Febrero de 1992).
Los Obispos haciendo eco a las palabras del Papa complementan: «…Uno de los episodios más tristes de la historia latinoamericana y del Caribe fue el traslado forzoso, como esclavos, de un enorme número de africanos. En la trata de los negros participaron entidades gubernamentales y particulares de casi todos los países de Europa atlántica y de las Américas. El inhumano tráfico esclavista, las falta de respeto a la vida, a la identidad personal y familiar y a las etnias son un baldón escandaloso para la historia de la humanidad. Queremos con Juan Pablo II pedir perdón a Dios por este “holocausto desconocido” en el que “han tomado parte personas bautizadas que no han vivido según su fe”» (SD. 20)
3. Los Encuentros de Pastoral Afroamericana
Las pocas pero significativas alusiones del Documento de Puebla referente a los afroamericanos, “tantas veces olvidados” (nros. 8, 34, 365, 410, 415, 441, 711), inquietaron y motivaron a varios pastores sobre esta realidad desafiante. A partir del año de 1980 por iniciativa de algunas Iglesia particulares del litoral pacífico colombiano y ecuatoriano (los Vicariatos Apostólicos de Buenaventura y Esmeraldas) se promovió una reflexión sobre la realidad pastoral y misionera de las comunidades afroamericanas. Desde entonces se siguió un camino de reflexión que se ha ido consolidando involucrando gradualmente a otras Iglesias particulares y que ha logrado realizar siete Encuentros de Pastoral Afroamericana (EPA) en diferentes lugares y sobre varios temas:
“La religiosidad popular y la cultura negra”. Buenaventura (Colombia), 1980.
“Los afroamericanos en su situación rural y urbana. Sugerencias pastorales”. Esmeraldas (Ecuador), 1983.
“Identidad e historia del afroamericano a la luz de la historia de la salvación” Portobelo (Panamá), 1986.
“La familia afroamericana”. Puerto Limón (Costa Rica), 1989.
“Hacia un proyecto afroamericano de educación liberadora”. Quibdó (Colombia), 1991.
“Espiritualidad y expresiones religiosas afroamericanas”. Esmeraldas (Ecuador), 1994.
“Jesús, luz y liberador del pueblo afroamericano”. Trujillo, (Honduras), 1997.
Los EPAs no han tenido una pretensión normativa ni vinculante sino que se han limitado a favorecer un espacio de reflexión pastoral, ofreciendo orientaciones y recomendaciones más no propiamente con un carácter orgánico. La reflexión pastoral sobre la realidad afroamericana y el reconocimiento de su pasado histórico han permitido orientar un camino evangelizador con el pueblo afro pasando desde una “presencia invisible” y un “desconocimiento social y cultural” hacia una “vida en plenitud”.
En síntesis las principales líneas de acción y orientaciones pastorales señaladas por los EPAs han sido el reconocimiento de la creciente reafirmación del pueblo Afroamericano con riquezas de valores humanos y cristianos que requiere de una Pastoral especifica, esta pastoral debe partir de la cultura Afro y debe tener como sujeto propio al Afro, esta pastoral debe estar contextualizada en la dinámica de los cambios socio-culturales, debe potenciar y fortalecer la identidad de las comunidades Afros.
4. Los afrocolombianos
La llegada de un buque cargado de esclavos en la Bahía de Cartagena en 1518 marca oficialmente la trata de esclavos africanos a Colombia, iniciando así el traslado forzoso de hombres y mujeres africanos en tierras americanas.
El término población afrocolombiana, o comunidades negras en Colombia, se refiere a los actuales descendientes de los negros africanos que fueron arrancados de sus territorios de origen para traerlos a este país en calidad de esclavos.
Sin olvidar o negar el “triste” pasado de su descendencia africana y su nacimiento en América, cuando se habla de afrocolombianos se quiere enfatizar el resultado de la recreación de tradiciones culturales que provienen de ancestros africanos con el intercambio de usos y costumbres indígenas y españoles que está a la base de la actual denominación y que acentúa el matriz socio-cultural.
En Colombia los principales lugares en los que se realizaron las mayores transacciones de esclavos fueron, al norte, Cartagena (puerto negrero del país), y, al sur, Popayán (provincia desde la cual se realizaba la distribución para el Pacífico y una parte del actual nordeste antioqueño).
El poblamiento autónomo afro en Colombia se vincula a la expedición de la Ley de abolición de la esclavitud, del 21 de mayo de 1851, sin desconocer la presencia de población libre desde la primera mitad del siglo XVI a través del cimarronismo o fuga de esclavos, actividad que se consolidó a lo largo del siglo XVIII, dando lugar al surgimiento de palenques que se constituyeron en sociedades de negros libres (1). En la actualidad subsisten todavía varios poblados de extracción palenquera, como por ejemplo San Basilio de Palenque en Bolívar, San José de Uré en Córdoba y otros lugares del Atlántico y del Pacífico.
Actualmente la población afrocolombiana tiene corno asentamiento significativo la costa del Pacífico, donde se conservan con mayor persistencia las tradiciones culturales y el consiguiente autorreconocimiento como negros. Las riberas de los ríos Patía y Mira, en el Cauca del río Magdalena Medio santandereano y antioqueño, así como en el nordeste de este último departamento y lugares aledaños a los ingenios azucareros del Valle del Cauca, en donde se emplean como obreros generalizados son sitios de la geografía nacional poblados por estas comunidades. De igual manera han emigrado del Pacífico nariñense y chocoano hacia el sur en los Departamentos del Caquetá y del Putumayo.
Numerosas comunidades afro se encuentran a su vez en la Costa Atlántica, en donde, de manera generalizada, no se auto identifican completamente como tales, sino que se diluyen en el regionalismo costeño o caribeño por haberse gestado entre ellos un mestizaje biológico y cultural de gran significación con elementos del interior del país.
Concentraciones significativas de afrocolombianos se encuentran también en las grandes ciudades corno Cali (aproximadamente 600.000 personas), Medellín, y Bogotá a donde han salido en búsqueda de mejores condiciones laborales y oportunidades de estudios.
Hoy, todavía, no se tiene un dato exacto de la población afrocolombiana, solo se confía en dato aproximados. Mientras algunas organizaciones de afrocolombianos hablan del ,0 % de la población total del país (2), otras por su parte afirman que integran el 10%. No obstante esta dificultad estadística se puede afirmar que los afrocolombianos constituyen una porción significativa en el conjunto colombiano, aproximadamente 3.600.000 personas. Como ejemplo baste tener presente que tan sólo en el litoral Pacífico con 800.000 personas constituyen el 80% del conjunto poblacional del mencionado litoral.
4.1.- Realidad socio-cultural de las comunidades afrocolombianas
Una buena parte de la población afrocolombiana entre la cual está presente la Iglesia se caracteriza por las condiciones de marginalidad social, económica y cultural-al marcadas por una elevada tasa de mortalidad infantil, 110 por cada mil nacidos vivos (3), y por el paludismo y la tuberculosis pulmonar como las principales causas de muerte Las enfermedades más frecuentes-están asociadas a las infecciones intestinales y a las afecciones respiratorias originadas por causa de las deficientes condiciones sanitarias y la baja cobertura de los servicios de salud (4).
En el campo de la educación formal el analfabetismo de la población rural es muy elevado (5), en el área de los servicios públicos las condiciones sanitarias en general son criticas y las coberturas de los servicios de acueducto en las cabecera., municipales y alcantarillado se encuentran muy por debajo de los promedios nacionales 6).
4.2.- Proceso Organizativo
La organización social de las comunidades afrocolombianas se remonta a la acción del cimarronismo y la constitución de palenques, como expresión de resistencia ante la esclavitud.
Así mismo se debe añadir su carácter de luchadores al participar en las guerras de independencia, en donde se les prometió la manumisión inmediata una vez conseguido este propósito. Sin embargo no se les cumplió lo prometido, pues tan sólo se decretó la llamada “libertad de vientres”, y los negros debieron esperar alrededor de treinta años para que se decretara la ya nombrada ley de abolición de esclavitud. No obstante esta tradición de resistencia, las comunidades negras no siguieron generando movimientos sociales de rebeldía o de asociación cívica, pues se dedicaron a fortalecer sus procesos de organización social tradicional basados en las relaciones de parentesco, a través de la “familia extensa”.
Hacia finales de la década de 1970 (en la región del Pacífico) surgió un grupo de estudiantes, profesores y otros profesionales afros que empezaron a formar círculos de estudio sobre la identidad del negro, la situación de racismo tácito presente en la sociedad colombiana, sus derechos ciudadanos, la historia de los movimientos sociales de los negros en América y en el mundo en general, dando ocasión a la conformación del “Movimiento Cimarrón”. Este movimiento empezó a extenderse en las ciudades como Pereira, Cartagena, Bogotá y otras.” pero siempre entre el círculo de los intelectuales.
La Iglesia Católica, hacia mediados de la década de los ochenta, empezó a promover en algunas zonas del litoral Pacífico, y de manera particular en la región del Atrato, del San Juan y del Baudó Chocoano, la organización de sectores campesinos afro, teniendo como objetivo principal la titulación de sus tierras.
En la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, por la acción de la Iglesia Católica y por vocería de uno de los constituyentes indígenas, el pueblo Afrocolombiano logró que en la Carta Magna se aprobara, a través del At1ículo 55 Transitorio (AT. 55), el reconocimiento de unos derechos territoriales y culturales.
4.3.- Nuevo Orden Jurídico
A lo largo de la historia de Colombia no se le reconoció al Afro ningún derecho como grupo étnico, dado que el decreto de libertad de 1851 simplemente lo igualó sin más al conjunto de la naciente ciudadanía colombiana pasando así a formar parte del país como una “presencia invisible”.
La Constitución Nacional de 1991 reconoció jurídicamente la existencia de las comunidades afrocolombianas como sujetos con particularidades culturales que los diferencian del conjunto de la sociedad nacional. Luego de año y medio de consulta a las comunidades locales y de concertación con el Gobierno Nacional el Congreso de la República expidió el 27 de agosto de 1993, la Ley 70 por medio de la cual se otorgan a los afrocolombianos los derechos constitucionales establecidos en favor de los grupos étnicos del país en materia de educación, protección de la identidad cultural y desarrollo propio.
4.4.- Acción de la Iglesia
La Iglesia en Colombia, por medio de sus misioneros religiosos y religiosas, ha estado presente entre las comunidades Afros con una acción pastoral caracterizada por la evangelización y por la promoción humana atendiendo principalmente los campos de la educación y de la salud cumpliendo, la mayor parte de las veces, con un papel de suplencia en situaciones de marginalidad, como ha sido anteriormente descrita.
A pesar de esta encomiable labor se debe señalar la falta de preparación especifica en muchos agentes de pastoral y, con frecuencia, demasiada movilidad del personal religioso misionero, hechos estos que unidos a las dificultades ambientales y a la falta de medios han dificultado el camino de una pastoral específica.
La Conferencia Episcopal de Colombia, como respuesta a una sensibilidad particular por esta problemática, en 1987 constituyó en el seno de su organización una Sección de pastoral exclusivamente para las etnias afrocolombiana e indígenas. Inspirándose en Santo Domingo (SD. 248, 249, 251), propone a todas las Iglesias particulares con población afro, (24 jurisdicciones), la promoción de una pastoral específica con base en la evangelización de la cultura y la inculturación del Evangelio, el diálogo intercultural e interreligioso, la promoción y la formación específica de los agentes de pastoral, la propuesta de investigaciones sobre la cultura con especial énfasis en los valores, el acompañamiento a las aspiraciones de las comunidades afros y el fortalecimiento de la afirmación de su identidad.
La resurrección de Cristo es la fuerza y la vida que inspira y orienta el camino pastoral con el pueblo afrocolombiano para pasar desde una “presencia invisible”, de un “anonimato social y cultural” hacia una “vida en plenitud” como pueblo con identidad propia, poseedor de riquezas humanas, base de la identidad latinoamericana, portador de valores, que ha inculturado la fe, protagonista en la promoción humana y en la inculturación del evangelio (Mensaje del Papa Juan Pablo II a los Afroamericanos. Octubre 13 de 1992).
4.5.- La religiosidad afrocolombiana
El camino para la realización del propósito de 1ma “evangelización inculturada que se encarne en las culturas afroamericanas» (SD 302) no está exento de dificultades sobre todo con aquellas que se relacionan con el pasado triste y doloroso de su historia que, muchas veces, los hace replegar en actitudes de resentimiento, de dependencia, actitudes que con frecuencia se reflejan en la practica de su religiosidad.
Valores y debilidades
El pueblo afro-colombiano aunque pueda tener muchos y grandes vacíos en su religiosidad, ha llegado a asimilar rasgos fundamentales del cristianismo: el sentido de amor filial, de la dependencia amorosa y serena de Dios, del abandono hasta el heroísmo a la voluntad de Dios, la compasión (en el sentido pleno original de la palabra «compadecer», es decir, “padecer con” Cristo Crucificado y con la Madre de los Dolores), aceptación del otro, acogida y benevolencia hacia el hermano sobre todo el más pequeño y débil, solidaridad con el sufrido y el oprimido, libertad interior de la codicia del tener y de la tentación de acumular bienes materiales (7).
Son también valores que, considerados a la luz del Evangelio, están presentes en la cultura afrocolombiana: el sentido sagrado de la vida y de la existencia, el sentido positivo y optimista de la vida, el sentido de la dignidad y de la libertad, la com1micación, la comunidad y la solidaridad, y el sentido celebrativo.
Estos valores con frecuencia son minimizados por otros aspectos débiles de su cultura. El afrocolombiano en general tiene facilidad para la comunicación, pero menos para la reflexión sobre las causas y los efectos de los eventos para preverlos y prevenidos. Evita el esfuerzo de reflexionar, de buscar los orígenes de las cosas y de los hechos, prefiere quedarse en la superficie de los fenómenos. La comunidad ampara y absorbe, no deja mucho margen a la responsabilidad personal. El sentido fuerte y profundo de lo comunitario a veces ofrece un pretexto para evitar compromisos personales. El comunitarismo puede favorecer el parasitarismo.
El afrocolombiano por lo general se opone con una resistencia casi instintiva a todo lo que es estructura, disciplina, institución, horario… El interés, la ventaja inmediata o la tradición determinan su conducta y lo mueven a la acción. El sentido de libertad muy arraigado raya a veces con el libertinaje. La independencia, que en sí es un valor, a veces se vuelve insubordinación fácil e injustificada. Prevalece la emocionalidad sobre la racionalidad, lo exterior sobre lo interior, la palabra sobre el silencio, la discusión sobre la meditación (8).
Relación con Dios y experiencia celebrativa.
La relación con Dios entre los afrocolombianos se manifiesta a través de mediadores y de mediaciones. La Virgen, los santos, los difuntos convocan a la comunidad y a través de la experiencia celebrativa el hombre y la mujer afro se relacionan con Dios y con la esfera sobrenatural. La celebración es el lugar privilegiado donde se realiza la experiencia de Dios. En ella se unen el ritmo, la música, la danza y la alegría. El cuerpo y el sentimiento son lenguajes que expresan la comunión con Dios. Es una herencia espiritual que caracteriza la identidad afro.
Devociones y fiestas.
Las fiestas, las devociones y las imágenes son motivos para el afrocolombiano de expresar su fe y su relación con Dios, con la Virgen María y los Santos y a través de las cuales se puede percibir y captar los contenidos de su fe y de su orientación religiosa.
En la Costa Pacífica y en la Costa Atlántica Cristo es venerado en las expresiones de Santo Ecce Homo, Jesús Crucificado, Cristo Milagroso de Buga (Crucificado), Divino Niño. La Virgen María es venerada como patrona bajo los títulos del Carmen, de las Mercedes, la Inmaculada, la Candelaria, la Niña María y Nuestra Señora de las Victorias. Los santos más venerados como patronos o santos de devoción son San Antonio de Padua, San Francisco de Asís, San Roque, San Pedro, San Buenaventura, San José, San Isidro, San Bernardo Abad, San Juan Bautista, San Miguel, San Rafael, Santa Bárbara, Santa Rita Las devociones a los santos es muy abundante y varía según las comunidades.
Las fiestas patronales pueden hacerse alrededor de cualquier patrono: desde el Cristo, la Virgen hasta cualquier santo del almanaque sin que se encuentre en la devoción ninguna jeraquización positiva. Lo importante es el santo de devoción. Aunque hay patrones principales todos los santos pueden ser patrones de una comunidad, siempre que tengan su “patrón familiar” es decir un devoto responsable de convocar la celebración. La fiesta patronal es el momento religioso (tiempo fuerte) más importante de la comunidad a veces superior a la Semana Santa y a la Navidad. Convoca en la alegría a toda la comunidad y a los ausentes. Debe ser siempre presidida por el sacerdote, sin tener ningún protagonismo. La celebración suele incluir procesiones, misas, pasacalles, bailes de tambora, obras teatrales, alboradas, rosarios de aurora y celebración de sacramentos especialmente bautismos.
Las prácticas de las devociones tienen como finalidad asegurar la protección del santo patrono, agradecerle favores concedidos o pedirle otros nuevos. Estas devociones tienen dimensiones rituales: llevar su símbolo consigo (la imagen, medalla…), recitar con regularidad una plegaria o visitar un santuario; culturales: el devoto tiene el deber de celebrar la fiesta del santo, bien sea organizándola o participando de ella en su santuario. Muchos devotos tienen en su propia casa un altar o una imagen del santo; y de compromisos: la devoción obliga a un compromiso existencial que puede ser de caridad, de beneficencia, etc. y entre los compromisos más frecuentes hay promesa”, peregrinaciones, ofrendas de misas, rezo de oraciones, de novenas, de rosarios, “alumbrados” y la celebración de la fiesta.
En la Costa Atlántica la persona y la figura de Cristo está asociada a los difuntos más no como centro de fe y devoción y la Semana Santa tiene poco sentido. Esto se explica por el hecho que el esclavo se catequizaba, se bautizaba y automáticamente era inscrito como cristiano católico. Además en el periodo de la esclavitud los amos durante la Semana Santa se ausentaban de sus casas y fincas para participar a los oficios religiosos en las varias iglesias de las ciudades dejando a los esclavos libres de sus faenas cotidianas; la semana santa significó para los esclavos un periodo de vacaciones y de esparcimiento.
El Cristo de la devoción afroamericana es un Cristo venerado como niño y pobre en los brazos de la madre en su nacimiento (Navidad), identificado con sentimientos de amor, ternura, solidaridad y acogida. En el Cristo golpeado y crucificado muchos afrocolombianos se ven reflejados. Es Jesús que se humana y se hace presente sobre todo como doliente, crucificado y muerto que ama, perdona y salva. Es una devoción afectiva de una religiosidad que se queda a la imagen del Cristo paciente, del Cristo que sangra, que conmueve, que llora, que llama más al sentimiento que a la razón, que enseña a rezar con la vida más que con la teología. La gente encuentra difícil identificarse con el Cristo de la gloria y parece que éticamente Cristo no tenga mucho significado.
En el cristianismo afrocolombiano sorprende la ausencia de la historia, los dichos y los hechos, de la vida de Cristo. Se venera a Cristo en su nacimiento y muerto, y nunca resucitado. El grande periodo formativo y decisivo de la vida de Cristo, entre la infancia y la madurez de sus actuaciones y de sus enseñanzas, está extrañamente ausente. La humanidad y la divinidad de Cristo parecen tener poco resalte en las manifestaciones religiosas de los afrocolombianos. Aún porque no se conoció otro Cristo, sino el que ellos podían “compartir” como niño o como víctima sufriente.
El afro se ve reflejado más fácilmente en el crucificado o en el “niño” porque se siente pequeño y siente el sufrimiento en su propia piel. El divino niño ahorra un poco el trabajo de ser adulto, de asumir responsabilidades de trasformar el mundo en el cual se vive. Se prefiere la tradición, lo que siempre se ha hecho, por seguridad. En la religiosidad afrocolombiana se constatan los vacíos del Cristo de la Eucaristía, y sobre todo del Cristo resucitado. El sacramento de la imagen sustituyó el sacramento de la eucaristía, de la confesión y del matrimonio.
Muerte y difuntos.
En la cultura afrocolombiana la muerte es otro momento fuerte y decisivo de la experiencia de Dios. El acontecimiento de la muerte despierta la solidaridad comunitaria convocándola para el entierro, el novenario y el aniversario.
La celebración para los difuntos son los ceremoniales más elaborados de la liturgia afrocolombiana. Cuando una persona muere los familiares procuran cumplir con el muerto todos los requisitos necesarios para garantizar su descanso eterno. Se deben observar minuciosamente los pasos del velorio, entierro, misas, novenario y aniversarios. Es importante el luto como expresión de dolor. La solidaridad de la comunidad se manifiesta en las condolencias, el acompañamiento y en la ayuda material en los gastos de la mortuoria.
El velorio se realiza generalmente acompañado con juegos de azar y otras expresiones que manifiestan la importancia de la convocatoria social. La bebida y el alimento son indispensables para estas reuniones. Practicas estas que tienen por objeto afirmar la solidaridad social y el respeto a la memoria de los difuntos.
Los velorios de niños son llamados en litoral pacífico “Gualíes” o “Chigualos”. Se distinguen de los velorios de los adultos por no ser caracterizados por el duelo sino por un ambiente de alegre solidaridad acompañado por la creencia de que el niño muerto es un “angelito” que se escapó del sufrimiento del mundo y alcanzó la gloria de Dios.
El mundo simbólico afroamericano
La religiosidad afrocolombiana es sumamente rica en simbología. Los objetos naturales pueden ser medios poderosos para manifestar la acción de lo espiritual. El poder simbólico es muy importante para el afro y por esta razón las prácticas culturales y las acciones sociales están cargadas de múltiples simbolismos. Se pueden considerar básicamente tres clases de símbolos.
Símbolos naturales. El agua es símbolo de vida y de purificación. La tierra simboliza la fertilidad. El bosque es el lugar donde habitan los espíritus. El río es un ser impersonal formado por numerosas fuerzas y seres míticos. Las plantas son dotadas de poderes naturales para defender y beneficiar la vida o para provocar la muerte, conocer su variedad y potencialidad requiere capacidad y sabiduría y es tarea de especialistas (los curanderos). A estos símbolos se pueden añadir los animales, portadores de vida, salud o infortunio, los colores y otros objetos de variada utilización y significación.
Símbolos humanos. Las palabras son signos eficaces que transforman y actúan sobre la realidad y sobre las personas. La música es utilizada para comunicarse y para manifestar el estado de ánimo, generalmente una manifestación de celebración.
Símbolos divinos. Son elementos humanos cargados de significación religiosa. La Cruz que simboliza el poder divino (“el poder de la cruz”) divinizada por la muerte de Cristo mismo. Los objetos litúrgicos del culto católico que por su proximidad con la celebración de los misterios de Cristo (Eucaristía y Sacramentos) adquieren propiedades divinas. La persona del sacerdote que es sagrada por el contacto con el Misterio Divino. Las oraciones.
Cosmovisión afrocolombiana
En la concepción religiosa afroamericana se destaca la creencia en Dios como Ser supremo, creador y trascendente y cuya relación con los humanos se realiza a través de mediaciones y mediadores.
La naturaleza es un espacio privilegiado donde se manifiesta Dios. Se materializa en los esteros, en los manglares, bocanas, resacas, mar, ríos, quebradas, cerros, cementerios, templos a los cuales confiere un particular significado en relación con la acción benéfica de Dios en contraposición con el maleficio de algunos espíritus malos.
El tiempo. El futuro para el afroamericano no existe, pertenece a Dios que habita en el más allá. Se vive pendiente del pasado como referencia permanente. Esto hace aparecer al pueblo afrocolombiano, dependiente de la tradición. Lo hecho en el pasado debe hacerse en el presente. No hay que romper con el pasado. Esto condiciona la apertura a los cambios socio- culturales y se refleja sobre todo en el aspecto económico.
Los afrocolombianos ante el impacto de los acontecimientos del presente, una enfermedad, una fiesta, un muerto, un velorio etc., afianzados en las tradiciones del pasado, paralizan el ritmo ordinario de la vida para atender a dicho acontecimiento.
Los espíritus. En la cosmovisión de los pueblos afrocolombianos existe la concepción y la creencia que espíritus buenos y malos pueden tener influjo en la vida del hombre. Las ánimas, los antepasados e incluso los santos son considerados como protectores y mediadores ante Dios. El “duende”, la “tunda” y otros espíritus que habitan en las aguas, o en los bosques son considerados generalmente nocivos y a través de relatos mitológicos sirven para la enseñanza moral y para intentar a plasmar acontecimientos que, de otro modo, no se podrían entender ni expresar.
La religiosidad y la cosmovisión afrocolombiana se relacionan con el pasado africano que subyace en su cultura, de la misma manera queda imposible entender el fenómeno religioso afroamericano en general como la santería, macumba, vudú y las otras manifestaciones sin tener en cuenta el esquema de las religiones tradicionales de Africa.
Conclusión
La creciente reafirmación de la identidad étnica afrocolombiana, el protagonismo en su propio desarrollo, una mayor toma de conciencia por parte de la sociedad nacional sobre la importancia del lugar ocupado en la vida civil por los afros y un creciente reconocimiento por parte de la Iglesia colombiana de las riquezas humanas y cristianas que inspiran y orientan la cultura afrocolombiana. son motivos más que suficientes para justificar una pastoral específica que tenga como objetivo la formación de Iglesias particulares con “rostro propio” Es un reto misionero.
La evangelización en general está llamada a llevar la fuerza. del evangelio al corazón de la cultura y de las culturas nos señala Juan Pablo II en Catechesi tradendae. Para eso se deben conocer las culturas y sus componentes esenciales; aprender sus expresiones más significativas, respetar sus valores y riquezas peculiares. Sólo así se podrá proponer a tales culturas el conocimiento del misterio escondido de Dios y ayudarles a hacer surgir, de su propia tradición viva, expresiones originales de vida, de celebración y de pensamiento cristianos. Estas palabras y orientaciones son todo un programa de Nueva Evangelización entre las comunidades afrocolombianas, tantas veces olvidados (9).
Resultan muy positivas algunas incipientes experiencias “de Iglesias hermanas” con el envío de misioneros y misioneras africanos a las comunidades afrocolombianas las cuales acogen con aprecio y alegría la presencia de estos misioneros y miran con simpatía a Africa encontrando en ella la raíz de su identidad.
Se podría afirmar que para la Iglesia africana “llegó la hora de dar desde tu pobreza”, de aportar su contribución constructiva a la Iglesia latinoamericana enviando Sacerdotes, Misioneros, Religiosos y Religiosas para una labor pastoral misionera entre los afroamericanos y con una misión bien específica: ser testigos de identidad cultural, de identidad cristiana y de identidad sacerdotal y religiosa.
Notas.
(1)
Restrepo Mónica Poblamiento y Estmctura Social de las Comunidades Negras del Medio Atrato. Universidad Nacional de Colombia Fondo de Ciencias Humanas, Departamento de Sociología Tesis de Grado, Santafé de Bogotá, 1992.
(2)
Datos reportados por varias organizaciones de comunidades negras.
(3)
Presidencia de la República, Departamento de Planeación nacional. Plan Pacifico. Santafé de Bogotá, 1992.
(4)
Íbidem.
(5)
Ibidem.
(6)
Íbidem.
(7)
Bartolucci Enrique. “Las culturas negras y sus vinculos con el Evangelio”. Pago 325. En Grandes Temas de Santo Domingo. Colección Documentos CELAM, 132. Bogotá, 1994.
(8)
Íbidem, pp. 333-335.
(9)
Comité Central del Gran Jubileo. Jesucristo, Salvador del Mundo. CELAM, 142. Santafé de Bogotá, 1996. Pag. 51.