Entradas con la Tag “afrodescendientes”

El poblamiento por parte de africanos y sus descendientes en las islas se desarrolla en los siglos XVII y XVIII debido a dos procesos primero la disputa que mantuvieron España e Inglaterra en cuanto al dominio sobre las Islas; segundo la actividad corsaria y contrabandista. Ambos procesos implicaron la introducción esclavizados que formaban parte de botín de guerra. En 1786 España y Gran Bretaña pusieron fin a estos conflictos suscribiendo un tratado afirmando la soberanía española. A principios de 1793 según la revista del archivo nacional, se informo de la existencia de unas 37 familias y 281 esclavos en la Isla de San Andrés dedicadas a la producción agrícola.

Para el siglo XIX en Providencia la población no pasó de 300 y la presencia de esclavizados no era numerosa pues los oficios de explotación de madera, la caza de tortuga para el comercio de carey no se precisaban de una extensa mano de obra esclava.

En San Andrés previendo que pronto el negocio algodonero y azucarero, cuya mano de obra provenía de los esclavizados afrodescendientes llegaría su fin, se comienza a sembrar coco cuya actividad demandaría menos mano de obra. Sin embargo, el fin de la esclavitud llega en 1853 cuando el pastor Livingston gestionó la visita de agentes del gobierno central.

En ese periodo se reemplaza definitivamente el cultivo del algodón por el coco; además los afrodescendientes llegaron a ser los que controlaban el comercio. Estados Unidos se convirtió en el principal mercado para el coco. Las exportaciones de ese producto a los Estados Unidos que comenzaron en 1855 se fueron incrementando de manera tal que en 1873 el despacho sobrepasaba los dos millones de nueces, una década más tarde fueron cuatro millones.

Al inicio del siglo XX la población se había asentado de manera lineal a lo largo de las vías públicas hasta entonces demarcadas y cerca de las zonas de cultivos y de actividades afines. En este orden, se dieron tres áreas definidas: North End, donde existían algunos almacenes de víveres y artículos importados, Gouph (San Luis), era la zona de embarque del Coco, centro comercial y administrativo y The Hill (o La Loma) era el núcleo cultural, religioso, económico y de mayor influencia bautista. Providencia en cambio, una vez abolida la esclavitud, los sectores de Bottom House (Casa Baja) y South West Bay (Bahía Suroeste) fueron asignados a los afrodescendientes, mientras los demás sectores quedaron en manos de los blancos y mulatos. La visita del presidente Rojas Pinilla en 1953 trajo una gran transformación en la isla: nuevas construcciones se iniciaron, el cementerio publico convertido en parque, cementerios familiares clausurados para construir sobre de ellos el primer hotel, son algunos de los casos que se dieron entre 1.953 y 1.957 periodo que antecedió a la sanción de la Ley 127 de 1959 declaratoria de puerto libre. Esta medida según el gobierno nacional, tenia como objetivo de una parte, promover el desarrollo económico del archipiélago mediante el libre comercio, el fomento de la industria turística. La carencia de un plan regulador y la ausencia de un control migratorio dio paso libre al desorden urbanístico, social, económico que se impuso en la isla.

La composición de la población cambió y entraron en escena dos grandes corrientes migratorias: colombianos de tierra firme, y otra de extranjeros, principalmente sirio libaneses, palestinos, judíos e hindúes muchos de los cuales en un principio llegaron de la costa colombiana y más adelante, del oriente medio. Consecuente con este estado de cosas, nació una clase social; eran los propietarios de los almacenes y la incipiente hotelería que apareció asociado al comercio. Esta clase desplazó a los antiguos amos exportadores del coco, propietarios de transporte marítimo y de grandes extensiones de terrenos.

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CAREn el litoral Caribe la gente afrocolombiana ha hecho grandes aportes a la historia cultural de la región. En el periodo colonial fue esta población quien asumió la fuerza laboral de la sociedad desempeñándose como albañiles, empleados del servicio doméstico, bogas en el río Magdalena, fundidores de metales, artesanos y constructores de defensas y fortificaciones, pescadores de perlas, trabajadores mineros y labriegos en las haciendas agrícolas, ganaderas y de trapiche. Por otra parte fundaron poblados a partir del establecimiento de palenques. En la provincia de Santa Marta fueron reductos de resistencia La Ramada, Santacruz de Masinga y algunos poblados ubicados en cercanías de la sierra Nevada y en el valle de Upar. En Cartagena se conocieron los palenques de Betancour y Matutere, al norte; y los de San Miguel y Arenal, al centro, en la sierra de María.

 

Luego de la abolición hubo grandes desplazamientos de personas que buscaban de mejores condiciones de vida. En este periodo de la historia nacional los afrodescendientes también contribuyeron a la formación de las sociedades, es el caso de los braceros, quienes fueron la principal fuerza laboral en el negocio de las plantaciones de banano.

 

Hoy en día el litoral Caribe cuenta con un número significativo de población descendiente de africanos. El departamento del Magdalena ocupa el segundo lugar en cuanto al número de habitantes afrocolombianos, después del Chocó. Les sigue Bolívar, con aproximadamente 797.927 habitantes, cifra que representa el 66% de la población total. Córdoba cuenta con 801.324, lo cual significa el 59.2%. En Sucre hay 489.171 afrodescendientes, es decir, el 65.3%. El Cesar posee 421.749, que representan el 48.3% y La Guajira se reporta con 184.941 habitantes, que equivalen al 40.26%.

 

De igual manera, la población afrodescendiente en áreas urbanas es significativa; Barranquilla tiene 689.974 habitantes, en Cartagena habitan 598.307 y en Santa Marta suman 218.238.

 

En el departamento del Cesar se encuentran ubicadas aproximadamente setenta y cuatro localidades afrocolombianas, entre las que sobresalen por su alto número de habitantes El Paso, Astrea, Chimichagua, Chiriguana y Tamalameque. Asimismo, se destacan ciertas comunidades catalogadas como corregimientos, entre las que se pueden nombrar a Guacoche, Rincón Hondo, El Guaimaral, Vallito, La Loma, San Bernardo, La Aurora, Palenquillo, y Los Tupes. En Córdoba la presencia de estas comunidades es amplia. En primer lugar se deben destacar las localidades donde la población mayoritaria o total es afrodescendiente como Puerto Escondido, Puerto Libertador, Manitos, Canalete, San Bernardo del Viento, Sahagun y San Antero. También son de resaltar aquellas localidades en las que se nota un componente descendiente de africanos significativo como en Montería, Lorica, Cienaga de Oro, Chinu, Pueblo Nuevo, Purísima, San Pelayo, Tierra Alta y Valencia.

 

Las poblaciones afrocolombianas del departamento de La Guajira son: Riohacha, Barrancas, El Molino, Fonseca, San Juan del Cesar, Villanueva, Tabaco, Roche, Chancleta, Cañaverales, Camarones, Dibulla y El Hatico. En Sucre, la mayor parte de la población afro se concentra en San Onofre, Majagual, Buena Vista, Coloso, La Unión, Since, Los Palmitos, San Marcos, Sincelejo y Tolú.

 

En el departamento del Atlántico sobresalen Barranquilla, Baranoa, Galapa, Luruaco, Malambo, Puerto Colombia, Sabana Larga y Soleda. En Bolívar son de resaltar Cartagena, Barranca de Loba, Calamar, El Carmen de Bolívar, Magangue, Mahates, María La Baja, Mompós, Simiti, Turbaco y Turbana. Por último, en el departamento del Magdalena las comunidades afrodescendientes se concentran en Santa Marta, Aracataca, El Retén, Ariguaní, Ciénaga, El Banco, Fundación, Pivijay, Plato, Tenerife y Bahía Honda.

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COAFROLa forma en que los afrodescendientes se han ubicado en una zona u otra del territorio colombiano ha dependido de estrategias de emancipación o huída, poblamiento y establecimiento de comunidades libres en gran parte de la geografía nacional. Aun hoy en día, la apropiación de espacios por parte de los afrocolombianos se hace de manera espontánea y creativa, y responde a destrezas para la supervivencia física y cultural.

En el Departamento del Atlantico, estas comunidades las podemos encontrar en los siguientes territorios como:
Puerto Colombia, Barranquilla, Soledad, Galapa, Tubará, Malambo, Juan de Acosta, Baranoa, Sabanagrande, Polonuevo, Santo Tomas, Usiacuri, Piojo, Cienaga del Totumo, Palmar de Varela, Ponedera, Sabanalarga, Luruaco, Repelón, Embalse Guójaro, Candelaria, Manatí, Campo de la Cruz, Suan y Santa Lucia.

Las localidades afrodescendientes en el litoral Caribe se formaron a partir de núcleos de esclavizados africanos cimarrones donde los rasgos culturales de sus lugares de origen perviven con mucha fuerza. Otros poblados de la región, se han formando de un intenso proceso de mulataje, donde las huellas de africanía conviven con rasgos culturales provenientes de otras sociedades. Estas comunidades, hoy día, están ubicadas lo largo y ancho de las tierras costeras que van desde el golfo de Urabá al noroeste de Antioquia, hasta la península de la Guajira, incluyendo los departamentos de Sucre, Córdoba, Bolívar, Atlántico, Magdalena y Cesar. El paisaje se caracteriza por el inmenso mar Caribe que rodea la región, en el cual confluyen ríos, caños, arroyos, ciénagas y extensas áreas de humedales. Los climas que la constituyen son variados y se caracterizan por la gran diversidad de flora y fauna.

Por su parte, el departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina esta compuesto por una vegetación exuberante de bosque tropical seco en su transición al bosque húmedo tropical. Las islas están pobladas por árboles maderables y mangles de varias especies. San Andrés, está cubierta por palmeras de coco y Providencia y Santa Catalina, por una flora variada y algunos sectores de bosques nativos. Además, hay plataformas, arrecifes de las Islas y Cayos, ricos en productividad biológica, aunque existe un área compuesta por aguas oceánicas desérticas y vacías.

La población afrodescendiente de las islas arribó en 1633 cuando un pequeño número de esclavizados fue conducido desde la Isla Tortuga, por los puritanos ingleses que se habían asentado con el propósito de crear una nueva sociedad de base religiosa calvinista dedicada a la producción agrícola; especialmente al cultivo del tabaco, caña de azúcar, índigo y algodón. Desde entonces su número creció en forma constante; traídos principalmente por piratas y contrabandistas. En la costa Pacífica, los afrodescendientes han poblado la mayoría de la región conocida como Chocó Biogeográfico. Allí, el proceso de mulataje ha sido menor que en el Caribe y el desarrollo de las vías de comunicación es aun hoy bastante precario. Estos rasgos han implicado que la región sea un lugar privilegiado para la manifestación y pervivencia de huellas de africanía. En cuanto al paisaje, la región comprende la franja costera, lluviosa y húmeda de los departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño. Desde el punto de vista de su configuración geográfica y cultural, podemos identificar dos áreas diferenciadas, cuya única frontera es el cauce del río San Juan. La zona centro-norte se caracteriza por tener costas en ambos océanos y grandes cuencas hidrográficas, en las que los afrodescendientes realizan actividades de laboreo minero y pesca. La centrosur es un área de selvas húmedas y llanuras, atravesadas por diversos ríos que forman esteros y manglares.

En cuanto a las áreas de migración reciente se pueden identificar núcleos de población afrodescendiente en sitios marginales de ciudades como Cali, Medellín y Bogotá. Esta población pertenece a sectores que en distintos momentos de la historia nacional han tenido que desplazarse hacia las grandes metrópolis, debido a la intensificación de los conflictos o en busca de mejores condiciones de vida. La mayoría de inmigrantes se han venido estableciendo en zonas de alto riesgo, por su geografía empinada y de difícil acceso para la cobertura de servicios públicos.

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Por: Melina Cueto Villaman y Emigdio Cuesta Pino.

1. EN LA BASE DE TODA VIDA RELIGIOSASe sugieren a continuación tres aspectos que se consideran fundantes o constitutivos de toda Vida Religiosa, posiblemente nos permita aclararnos y ver más en profundidad aquello que queremos proponer.

El seguimiento a Jesucristo:

No es otra cosa que seguir el Evangelio, que es el modo como Jesús se va identificando con Dios Padre en una propuesta de Reino que tiene unas opciones muy claras y es lo que debe mover a toda persona cristianamente bautizada. En este seguimiento intentamos con la persona de Jesús, su propuesta, su vida y misión dar sentido a nuestra vocación religiosa misionera.

Esta experiencia de Jesús en nuestras propias vidas consiste en caminar con Él, estar junto a Él, Identificarnos con su misión y proyecto. De esta manera se convierte nuestro seguimiento en experiencia de Dios, que tiene que ser desde la perspectiva cristian.

Vida en comunidad / Vida fraterna:

Un grupo de personas de distintas comunidades, culturas, naciones deciden libres y voluntariamente, movidos por el compromiso cristiano unirse para formar una comunidad. Con características muy particulares, ya que el sello de identidad viene dado por la compenetración con ese gran maestro de comunidades Jesús de Nazareth.

Esta comunidad sale de la gran comunidad, la Iglesia, se convierten en signos de esperanza y de testimonio, donde se sigue radicalmente a Jesús, sintiendo que es posible unirse, orar juntos, trabajar juntos, amarse, y en últimas ser comunidad de hermanos o comunidad de hermanas, aún cuando, el ideal sería ser comunidad fraterna de hermanos y hermanas.

Compromiso apostólico concreto, claro y definido

” Una acción sin proyección es un sueño, Una proyección sin acciones carece de sentido, una acción con proyección puede cambiar el mundo”

El compromiso apostólico concreto y definido conocido como carisma es parte fundamental de nuestro servicio misionero, aquí se concretiza nuestro seguimiento a Jesús y la razón de intentar vivir juntos. Esta acción/es en común plenifican el sentido de nuestras vidas. Esta es nuestra manera específica de seguir a Jesús ya que El nos desborda. Algunos prefieren la dimensión misionera de Jesús, otros la dimensión orante de Jesús, otros la dimensión solidaria, compasiva, curativa de ese mismo Jesús que todos intentamos seguir.

2. LA EXPERIENCIA DE VIDA RELIGIOSA DE JESÚS

Siendo el seguimiento a Jesús parte fundante de nuestro ser de religiosos y religiosas vale la pena dar una mirada a su experiencia constatada en la Biblia.

Crecimiento personal de Jesús:

Jesús a quien seguimos y nos compromete se convierte en el modelo de todo ser cristiano, con el bautismo nos hacemos parte de Él, su vida entonces, es para nosotros fuente de inspiración.

Los treinta años de Jesús de los que casi nadie da razón de su vida, son iluminadores para nosotros hombres y mujeres afro. Estos años son los que Jesús permanece en la insignificancia, al lado de María y de José, crece en dignidad y edad (Lc 2,39-40). Este tiempo es de encuentro consigo mismo, con su comunidad, con su cultura, con sus valores tiempo en que se es niño, adolescente y más tarde adulto y persona responsable y de preparación para el bautismo.

Su responsabilidad y misión:

En Jesús el Bautismo es un momento cumbre, definitivo, a partir de este se lanza, se siente llamado por Dios, para una misión muy concreta:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la buena nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”. Lc 4,18-19.

Se encuentra en el texto todo el proyecto de vida de Jesús, que puede ser también nuestro proyecto en la medida en que nos consagramos en el seguimiento a Jesús y asumimos todas las implicaciones de tal donación, de esta entrega.

En la construcción del Reino:

Más que construirlo es manifestarlo para lo cual Jesús llama a unas personas muy concretas les llama para formar una comunidad, les llama para que se unan en la realización de ese gran proyecto. Esta comunidad que forma Jesús tiene características muy particulares.

Mt 4,18-22; Mc 1,16-20; Lc 5,1-11; Mt 9,9; Mc 2,13-14; Lc 5,27-28. Es la llamada de los cinco primeros discípulos de Jesús y se puede notar como hay una llamada explícita de Jesús “vengan conmigo”, “Sígueme” (Mt 1,19).21.9,9; Mc 1,17.19; 2,14) por otro lado, hay una propuesta concreta ” los haré pescadores de hombres” (Mt 4,19; Mc 1,17; Lc 5,10b). De igual modo hay una respuesta radical de los Llamados, “dejándolo todo lo siguieron” (Mt 1,20). 22. 9, 9b; Mc 1,18.20. 2, 14b).

Entre la llamada de los primeros cuatro discípulos y la de Levi y antes de la institución de los doce aparecen una serie de relatos: curaciones, milagros y enseñanzas con los cuales también Jesús iba convenciendo a mucha gente o después de tales beneficios o escuchas la gente seguía a Jesús; de estos quisiera destacar Mt 8,14-15; Mc 1, 29-31; Lc 4, 38-39. Se tratas de la curación de la suegra de Pedro, a quien la fiebre la dejó y ella se puso a servirle y así muchos otros casos, este servirle es una forma de seguirle.

De toda esta gente es que Jesús entonces, elige los doce (Mt 10,1-4; Mc 3,13-19; Lc 6,12-16) se puede notar como Jesús los llama para que estén con él y para ser enviados a predicar con poder de expulsar los demonios, sanar toda enfermedad y toda dolencia.

Dimensión contemplativa de Jesús:

Según el testimonio que encontramos en la Biblia, Palabra de Dios, los momentos fuertes y decisivos de la Vida y obra de Jesús, están precedidos de un fuerte momento de reflexión solo o acompañado con esos amigos-as que había escogido para que conocieran su proyecto y estuvieran más cerca de Él., esto era un alto en el camino, una confrontación consigo mismo y con el ser supremo a quien nos va a enseñar a llamar Papá ( Rm 8,15; Gal 4,6) Al respecto puede verse Mt 4,1ss, es el tiempo de Jesús en el desierto como un tiempo en el cual Jesús decide sobre lo que será su anuncio del Reino; el gesto de invitar a sus amigos-as a un lugar aparte (Mt 20,17; Mc 10,32ss; Lc 18, 31), subir al monte solo o acompañado de sus amigos y amigas fue otro de esos momentos de Jesús que para nosotros hoy son bastante significativo (Mt 14,23; Mt 17,1; Mc 9,2; Lc 9,28).

UN BREVE COMENTARIO

En primer lugar es de notar que estos a quien Jesús llama y después escoge, es con ellos con quienes forma su comunidad primitiva, llamada la comunidad apostólica y que para nosotros puede ilustrar mucho cuando queremos hablar de la VR. Encontramos en esta primera comunidad el paradigma de toda comunidad cristiana, se necesita ser llamado/a, compenetrarse con Jesús y ser enviados a tareas muy concretas, entre ellas proclamar que el Reino de los cielos está cerca. De manera más concreta le encontramos expresada en los Hechos de los Apóstoles. (Hch 2,42-47. 4,32-35).

En segundo lugar, es de notar que Jesús llama a distintas personas de distintas posiciones dentro de la sociedad; pescadores, cobradores de impuestos, enfermos, amas de casa, hermanos, publicanos. En pocas palabras, la comunidad de Jesús está formada por hombres y mujeres de distintas condiciones sociales, distintos pueblos y culturas pero con una sola misión: “anunciar que el Reino de Dios está cerca”, con acciones y testimonios muy precisos.

Siendo nuestra tarea seguir a Jesús es de vital importancia para negros-as hoy acercarnos cada vez más a su practica, que en últimas es la que pueden dar calidad a nuestro ser religiosos-as afroamericanos-as. El acercarnos a la persona de Jesús, su propuesta, su vida, su resurrección, nos inspira como hombres y mujeres negros-as religiosos-as a estar más con nuestras comunidades e ir creando nuevas formas de vida. Esto implica conocernos y acercarnos más entre nosotros mismos e ir descubriendo aquello que en profundidad somos y tenemos, nuestra identidad, nuestra propia cultura, nuestras tradiciones matizadas por nuestra espiritualidad de pueblos afrodescendientes.

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En Colombia, país multi-étnico, vivimos aproximadamente 10 millones de hombres y mujeres afrodescendientes. Existen regiones donde la mayoría de su población es negra. Esto nos lleva a preguntarnos por la historia de nuestro pueblo afrocolombiano, para conocer, amar nuestras raíces y luchar por el fortalecimiento de nuestra identidad.

CENTRO DE ABASTECIMIENTO Y DISTRIBUCION

Los historiadores señalan que entre 150 mil y 200 mil esclavizados entraron por Cartagena y fueron distribuidos hacia Ecuador, Venezuela, Panamá y Perú. De estos más o menos 80 mil quedaron en Colombia.

Comprados en Cartagena y Mompox eran conducidos hacia los mercados del interior, a través de los ríos Cauca y Magdalena. Como centro secundario de comercio se constituyeron: Popayán, Santa fe de Antioquia, Honda (Tolima), Anserma (Caldas), Zaragoza y Cali.

En los primeros años, de cada 100 esclavos 30 eran mujeres y los otros 70 eran hombres pues los esclavistas preferían a los hombres, para trabajar en las minas y haciendas, se despreciaban a los ancianos y a los niños. Posteriormente, cambian de estrategia y empiezan a traer más mujeres para garantizar el nacimiento de más esclavos.

Actualmente el pueblo afrocolombiano está presente en 800 municipios del territorio nacional, incluyendo las regiones oriental y amazónicas. Los principales territorios afrocolombianos son: las llanuras del Atlántico y del Pacífico, los valles medio y bajo de los ríos Magdalena y Cauca, Urabá y Norte del Cauca. Las concentraciones urbanas más importantes están el las ciudades de: Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Santa Marta, Riohacha, Montería, Sincelejo, Buenaventura, Quibdó, Tumaco, Turbo y Guapi.

TRABAJOS DE HOMBRES Y MUJERES ESCLAVIZADOS

El pueblo afrocolombiano fue esclavo en las minas de Zaragoza, Cartago, Santafé de Antioquia, Valle del Cauca, Cauca, Chocó y Nariño. En el servicio doméstico en Santa Marta, Santafé de Bogotá, Cali, Popayán y Santafé de Antioquia; como agricultor y ganadero en la costa Atlántica, Valle del Cauca, Huila, Tolima y los Llanos Orientales; como boga por el río Magdalena; cargueros y cargueras por trochas y caminos. En lugares varios fueron forzados a trabajar como artesanos.

Gracia al trabajo de los africanos y sus descendientes fue posible el desarrollo del país y el crecimiento del capitalismo. Las ganancias de la producción generada por el trabajo esclavo llevaron al proceso de industrialización de Europa, mediante el cual se avanzó hacia el modo de producción capitalista que luego se desarrolló en Colombia.

Una variedad en el servicio doméstico en el ámbito urbano lo constituyó el esclavo convertido en fuente inmediata de ingreso para sus dueños; niños de 10 años, (hombre y mujeres) eran despachados por la mañana a buscar la vida, y debían regresar en la noche con dinero para sus amos; los hombres buscaban ganarse un jornal y las mujeres se dedicaban a la venta de frutas y dulces. La exigencia de algunos amos frente a la renta diaria dio origen a que algunas esclavas se dedicaran a la prostitución.

CASTIGOS MAS COMUNES

 

Mientras los esclavizados trabajaban eran vigilados por los capataces y, a un intento de descanso, eran castigados con el látigo. Si una persona africana o sus descendientes trataban de huir o en efecto huían y eran capturados los colgaban de una viga, se les daban 50 latigazos y más. Si el que huía era un capataz, o líder era cortado en pedacitos colocando parte de sus miembros en las plazas, para que los demás cogieran escarmiento. Si una mujer embarazada cometía un delito se hacía un hueco en la tierra donde se le metía la barriga y en la espalda le daban rejo; a los que huían al monte los perseguían con perros y si lograban cogerlo, como castigo le rompían el tendón del pie y le hacían cargar un hierro, en otros lugares les cortaban el pie o lo peor, los condenaban a muerte. Otros castigos eran:

  • El corte de la lengua, cuando hablaban su idioma nativo.
  • El vaciamiento de un ojo.
  • La castración.
  • El baño en aceite hirviendo. Todo esto reglamentado en las leyes.

UNA SOLA LENGUA, UNA SOLA RELIGION

Los dos grupos lingüísticos dominantes entre los africanos llegados a Colombia son: El bantú y el sudanés, los esclavizados generalmente estaban en condiciones de comunicarse con grupos tribales vecinos mediante el conocimiento de dos o tres lenguas o dialectos cosa que no le convenía al esclavizador. Por eso, para obligarlos a olvidar su lengua nativa, se les separaba de su grupo tribal y vecino; se les mezclaba con personas de otras tribus. La necesidad de comunicación se impuso y la lengua castellana pasó a ser la lengua usada, con la excepción del Palenque de San Basilio, donde quedó la lengua palenquera y San Andrés y Providencia donde se construyó una lengua criolla con expresiones del inglés, castellano y lenguas africanas.

Por otro lado los doctrineros debían instruir en la fe católica a todos los esclavizados buscando alejarlos de sus practicas religiosas (ritos, mitos, cantos, dioses y visión de mundo) aludiendo que eran practicas diabólicas. Para ser reconocido en la nueva sociedad tenían que pertenecer a la religión católica. Recibir el sacramento del bautismo era una condición indispensable para entrar a la América hispánica, según las normas de la corona española, que prohibía la entrada a judíos, herejes y paganos.

La mayor referencia a la metodología de adoctrinamiento a los esclavos en Colombia es la de los jesuitas Alonso de Sandoval y Pedro Claver. Sobre todo de este último, quien tuvo como principal ocupación la acogida de los africanos y su bautismo a través de una catequesis que tenía como característica propia el amor y la caridad. La utilización de la cruz les permitió entrar al alma del pueblo negro, pues identificaban el sufrimiento de Cristo con el propio sufrimiento, además para el grupo bantú existía la referencia de la cruz Elegua.

A pesar de ser una religión impuesta, pronto encontró muchos elementos comunes en la espiritualidad de las diferentes tribus de origen y se empezaron a recrear las tradiciones religiosas que llegan hasta nuestros días, en el ritual mortuorio, el agua del socorro, los alumbraos a los Santos, los alabaos y arrullos, lo mismo que las fiestas patronales.

En Colombia, como en los países que fueron colonias españolas e inglesas, se conservaron elementos dispersos de la espiritualidad africana debido al adoctrinamiento cristiano intenso de españoles e ingleses, en cambio en las colonias portuguesas y en las islas del Caribe fue posible la conservación de estructuras y elaboración de nuevas síntesis que hoy conocemos como religiones afroamericanas. Es el caso del Candomblé y la Macumba en Brasil, el Vudú en Haití, la Santería en Cuba y República Dominicana y la filosofía religiosa Rastafari, practicada especialmente en Jamaica, entre otras.

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