Una comunidad afrodescendiente que se formo en un comienzo de un núcleo de esclavizados africanos cimarrones que arribaron a estas tierras colombianas, han logrado que sus rasgos culturales de sus lugares de origen pervivan con mucha fuerza durante mucho tiempo. Un lugar donde las huellas de africanía conviven con los rasgos culturales provenientes de otras sociedades, comunidad que al igual que sus hermanas, están ubicadas a lo largo y ancho de las tierras costeras que van desde el Golfo de Urabá al nordeste de Antioquia y el norte hasta la península de la Guajira y al sur bordeando el pacifico hasta el departamento de Nariño, ha logrado terminar de raíz la problemática que la guerra había generado por grupos armados que acechaba la región.
Hoy en día, nuevas generaciones de habitantes nacen y proyectan nuevos aires de tranquilidad y proyección que genere esperanza y desarrollo en beneficio propio para la comunidad chocoana de Chigorodó, como responde Ángel Cerbelio Quinto cuando le preguntan los hechos más importantes de su pueblo, “Si me preguntan como describir a mi pueblo, simplemente diría, tranquilidad y paz”. Sin embargo es necesario destacar que su gente recibe a sus visitantes con amabilidad y calidad posible.
Chigorodó, es llamado en honor al río que limita con esta localidad, es un corregimiento del municipio de Istmina, Chocó. Su población es de mil habitantes y su principal actividad económica es la minería aurífera. Es un pueblo de contrastes por un lado no hay violencia, pero por el otro, aun carecen de vías optimas de acceso que limitan el progreso de la región.
Para llegar a este hermoso corregimiento es necesario viajar en una Panga (Canoa con motor) durante dos horas desde Boca de Raspadura del Río San Pablo hasta el Municipio de Istmina, y desde el municipio por carretera destapada tres horas de recorrido hasta llegar a Chigorodó, como lo afirma Luis Alfonso Quinto, “Estamos metidos en un frasco que en cualquier momento se puede quebrar, aquí no hay problemas de violencia, no hay policía, ni grupos insurgentes, ya que todos respetamos nuestras diferencias y las de los visitantes que vienen a conocer nuestra región. Por eso no hay un ente regulador que castigue las malas conductas ya que vivimos en armonía. A pesar de que en nuestro departamento haya violencia, siempre queda un pedacito de gente buena”.
La mayoría de sus pobladores se han dedicado a la minería ya que para ellos ha sido un oficio heredado de generación en generación, sin embargo, el oro cada día es más escaso, lo que ha hecho que sus pobladores replanteen sus actividades en el estudio o especializaciones que les generen mejores ingresos para ellos y la comunidad.
La educación en el corregimiento se realiza hasta undécimo grado, así que las posibilidades de seguir una carrera o tecnología profesional son reducidas, han sido muy pocos los estudiantes que pueden continuar sus estudios por motivos económicos. Sin embargo, el proyecto de vida de los jóvenes de Chigorodó es poder estudiar en una universidad y aplicar lo aprendido en su comunidad. “Todos los que vivimos aquí, somos afrocolombianos y no nos queremos ir y si nos vamos volvemos” dice Juan Guillermo Orejuela, mientras explica el arraigo por la tierra que tienen los habitantes.
La seguridad, tranquilidad y paz que se respira en el Corregimiento es inigualable y envidiable, son personas admirables que a pesar de que no tienen lujos y comodidades estrepitosas que dentro de esta sociedad es infaltable, viven felices con lo poco que tienen. Porque lo que tienen es necesario y no gastan su vida en prisas ni problemas.
Para las comunidades hermanas del departamento chocoano es un ejemplo a seguir para que mejoren su calidad de vida ya que si acabamos desde nuestras comunidades con las diferencias, Colombia será para nosotros como Chigorodó, un territorio sin sentido de maldad.
Una comunidad afrodescendiente que se formo en un comienzo de un núcleo de esclavizados africanos cimarrones que arribaron a estas tierras colombianas, han logrado que sus rasgos culturales de sus lugares de origen pervivan con mucha fuerza durante mucho tiempo. Un lugar donde las huellas de africanía conviven con los rasgos culturales provenientes de otras sociedades, comunidad que al igual que sus hermanas, están ubicadas a lo largo y ancho de las tierras costeras que van desde el Golfo de Urabá al nordeste de Antioquia y el norte hasta la península de la Guajira y al sur bordeando el pacifico hasta el departamento de Nariño, ha logrado terminar de raíz la problemática que la guerra había generado por grupos armados que acechaba la región.
Hoy en día, nuevas generaciones de habitantes nacen y proyectan nuevos aires de tranquilidad y proyección que genere esperanza y desarrollo en beneficio propio para la comunidad chocoana de Chigorodó, como responde Ángel Cerbelio Quinto cuando le preguntan los hechos más importantes de su pueblo, “Si me preguntan como describir a mi pueblo, simplemente diría, tranquilidad y paz”. Sin embargo es necesario destacar que su gente recibe a sus visitantes con amabilidad y calidad posible.
Chigorodó, es llamado en honor al río que limita con esta localidad, es un corregimiento del municipio de Istmina, Chocó. Su población es de mil habitantes y su principal actividad económica es la minería aurífera. Es un pueblo de contrastes por un lado no hay violencia, pero por el otro, aun carecen de vías optimas de acceso que limitan el progreso de la región.
Para llegar a este hermoso corregimiento es necesario viajar en una Panga (Canoa con motor) durante dos horas desde Boca de Raspadura del Río San Pablo hasta el Municipio de Istmina, y desde el municipio por carretera destapada tres horas de recorrido hasta llegar a Chigorodó, como lo afirma Luis Alfonso Quinto, “Estamos metidos en un frasco que en cualquier momento se puede quebrar, aquí no hay problemas de violencia, no hay policía, ni grupos insurgentes, ya que todos respetamos nuestras diferencias y las de los visitantes que vienen a conocer nuestra región. Por eso no hay un ente regulador que castigue las malas conductas ya que vivimos en armonía. A pesar de que en nuestro departamento haya violencia, siempre queda un pedacito de gente buena”.
La mayoría de sus pobladores se han dedicado a la minería ya que para ellos ha sido un oficio heredado de generación en generación, sin embargo, el oro cada día es más escaso, lo que ha hecho que sus pobladores replanteen sus actividades en el estudio o especializaciones que les generen mejores ingresos para ellos y la comunidad.
La educación en el corregimiento se realiza hasta undécimo grado, así que las posibilidades de seguir una carrera o tecnología profesional son reducidas, han sido muy pocos los estudiantes que pueden continuar sus estudios por motivos económicos. Sin embargo, el proyecto de vida de los jóvenes de Chigorodó es poder estudiar en una universidad y aplicar lo aprendido en su comunidad. “Todos los que vivimos aquí, somos afrocolombianos y no nos queremos ir y si nos vamos volvemos” dice Juan Guillermo Orejuela, mientras explica el arraigo por la tierra que tienen los habitantes.
La seguridad, tranquilidad y paz que se respira en el Corregimiento es inigualable y envidiable, son personas admirables que a pesar de que no tienen lujos y comodidades estrepitosas que dentro de esta sociedad es infaltable, viven felices con lo poco que tienen. Porque lo que tienen es necesario y no gastan su vida en prisas ni problemas.
Para las comunidades hermanas del departamento chocoano es un ejemplo a seguir para que mejoren su calidad de vida ya que si acabamos desde nuestras comunidades con las diferencias, Colombia será para nosotros como Chigorodó, un territorio sin sentido de maldad.
Comenzaremos diciendo que la cultura afroamericana ha surgido particularmente en el medio rural, lugar donde los esclavizados vivían desempeñado las actividades económicas indispensables para la sociedad colonial. Los asentamientos esclavistas se ubicaron básicamente en zonas geográficas en donde la economía de extracción necesitaba abundante mano de obra para acompañar los grupos indígenas, sujetos a trabajo forzado o a sustituirlos en los lugares en donde el exterminio de los Indígenas era significativo o, en donde la lucha armada o la fuga hacían difícil la explotación económica por ausencia de brazos. En Colombia los asentamientos se ubican en la periferia nacional; lugares de especial dificultad geográfica y ambiental, pero con grandes posibilidades económicas en cuanto a la extracción de minerales precisos: El Patía, el Cauca, Río San Juan, Tamaná, Andágueda, Condoto, Alto Atrato, Bajo Cauca; para la explotación de bosques: Bajo San Juan, Buenaventura, Medio y Bajo Atrato, Alto Sinú y San Jorge, y para la producción agrícola : la Sabana del Litoral Atlántico, Valle del Cauca, Urabá, Murrí, etc.En el contacto con las culturas americanas residentes, los descendientes de los Africanos, fueron incorporados nuevos elementos a sus tradiciones africanas, las que desarraigadas y lejos de su entorno natural, fueron siendo reelaboradas a partir de características fundamentales. El contacto con los esclavistas y su cultura europea, aportó además valiosos elementos a la nueva cultura. Resaltamos la linguística, la estética, la expresión religiosa y el aporte de técnica e instrumentos. Así nace la cultura Afroamericana, como una síntesis de valiosos elementos de tres culturas diversas, pero con un alma de inconfundible matriz africana que elabora los componentes hispanos o amerindios a partir de unas matrices espirituales propias.
LA SACRALIDAD DEL MUNDO:
Las fuerzas espirituales atraviesan toda la realidad natural, en donde el hombre, aunque ser privilegiado por su condición espiritual, no deja de ser una criatura también natural en el medio, por complejas fuerzas sobrenaturales.
LOS RITMOS DE LA NATURALEZA:
El hombre se adecúa a los ritmos de la naturaleza que marcan el desarrollo de la vida. La existencia observará los ciclos de las lluvias, el sol, los ríos y las plantas, para adecuarse y subsistir en un medio difícil. Esta rítmica se manifestará como símbolo de la musica, el cultivo de los sonidos y la magia de la palabra.
EL VALOR DE LA TRADIClON:
Probada en múltiples circunstancias, la tradición ha demostrado su valor y su dignidad. Es la fidelidad de una cultura que ha mostrado en el tiempo su sabiduría.
LA IRRUPCION DE LA MODERNIDAD:
Durante varios siglos, el pueblo Afrochocoano, vivió en pequeños poblados sobre la orilla de los ríos o en extensas zonas agrícolas o selváticas en donde el río se conservaba como canal vital de comunicación y subsistencia. La aparición de las primeras ciudadades, se registra entre nosotros muy avanzada del presente siglo, cuando la creciente urbanización de todo el país llamó a numerosa población campesina a integrarse a los procesos sociales y económicos. Podemos constatar sin embargo, que la urbanización se da en el Chocó, más como fenómeno social que como proceso económico o de industrialización.
Las características dominantes de la ciudad, tal como se desarrolló en occidente, indican un compromiso humano numeroso, que comparte el Hábitat, con administración central, producción de bienes y servicios básicos, estratificación social, creciente industrialización y especialización económica. Reconocer este modelo urbano en nuestros centros más poblados, no es todavía posible; esto puede indicar tanto lo reciente como lo dificultoso (marginal) del proceso. El fenómeno se presenta con tal fuerza en esta región que en el curso de una generación, gran parte de la población ha abandonado el medio rural para ubicarse en los grandes centros urbanos, abandonando rápidamente las expresiones que les eran propias.
Esta circunstancia nos obliga a estudiar de manera cuidadosa, el nuevo entorno en el que se mueve la población Afroamericana, reconociendo, sin embargo, que los pocos estudios realizados hasta el momento, nos permiten sólo una aproximación a la realidad.
EL CONTEXTO DEL CAMBIO:
Partamos de la realidad socioeconómica marginal de estas sociedades; se configura una sociedad dependiente del estado como único inversor, ente CAPITALISTA y empleador; el bajo nivel de ingresos permitirá a la mayoría sólo la subsistencia, sin posibilidades reales de desarrollo. La presencia inadecuada del Estado, causará crecimiento desmesurado de la estructura, y a la vez, inadecuada respuesta en cuanto a infraestructura y servicios básicos a la población.
A nivel social, comenzará a manifestarse una estratificación en clases sociales, inexistente hasta el momento; con la aparición de nuevos roles continuará el proceso de complejización de la sociedad. La educación tradicional cederá casi totalmente su lugar a la Escuela oficial; y la cultura de cambio sustituirá rápidamente el espíritu de tradición en sus manifestaciones sociales.
Otras características que consideramos importantes en esta situación, son el desarrollo de la dependencia, que se manifiesta en las mayores limitaciones reales del medio urbano; el crecimiento de la interrelación, manifestada en el contacto con las personas, abundantes en número, pero de baja densidad humana.
El peso creciente de la ciudad en la distribución de Población, va siendo cada vez mayor, las funciones comerciales y administrativas van centralizándose en los grandes núcleos de población, en una dinámica poderosa e irresistible. Consecuencia de esta activación socioeconómica de la ciudad, es la desactivación de la sociedad rural con todas sus manifestaciones y su contracción paulatina. Un papel importante en este proceso lo cumple la Educación, como instrumento de capacitación y ascenso social que pareciera instrumento fundamental del proceso urbanizador.
Los medios de comunicación social son además, pieza fundamental del cambio; la tecnología va poniendo al alcance de los ciudadanos, medios cada vez más sofisticados y perfectos para tener acceso a la implicación y la recreación. El espejismo de la publicidad y su mundo de fantasía, es a la vez que poderosos elementos de distracción, un fabricante de sueños y por lo tanto de mensajes alineantes.
LA VIOLENCIA CULTURAL:
La nueva sociedad presiona de manera violenta sobre los viejos esquemas y tradiciones campesinas, que se ven muy rápidamente desbordados por esquemas sociales y económicos efectistas y novedosos. Los medios de información con un atractivo poderoso, venden el modelo de nueva sociedad con su novedad cesante como cülmen de la evolución de la sociedad. Esta pretendida «Civilización» arrastra tras de sí tradiciones, valores, símbolos y credos concordes con la nueva situación social.
Para la Población Afroamericana, la urbanización repetirá de modo más eficaz, los mecanismos de exclusión que ya se hacían presente en la sociedad tradicional. Más aún, se fortalecen las manifestaciones descriminatorias y los medios masivos amplificarán las actitudes descriminativas de una sociedad que no alcanza a aceptar la diversidad.
La complejidad creciente de la vida socio-económica, se va manifestando en la estratificación social, que hace surgir clases sociales inexistentes en la cultura afrochocoana tradicional. El rol de las antiguas familias esclavistas o las familias mulatas, es ahora sustituido por clases sociales en ascenso, en donde profesionales, propietarios y comerciantes se van constituyendo en grupo separado, señalado por la posesión de medios de producción, o por el ejercicio de la administración del Estado. En estas clases, el mito de la «civilización», forma parte y se propone como meta.
Los agentes tradicionales de Educación, tales como la Comunidad, la Mujer, los mayores, etc. pierden su sentido fuera del contexto tradicional y son sustituídos radicalmente por nuevos agentes, entre los que destacamos la televisión, la escuela oficial, las nuevas relaciones económicas y de poder.
El proceso suele ser tan irreversible, que la cultura tradicional no tarda en claudicar, arrinconada y avergonzada por la cultura de la modernidad. Muchas estructuras sociales y ricas tradiciones culturales, se pierden como consecuencia del choque entre culturas. Los medios de información, están con todo su poder, del lado de los vencedores.
La escuela oficial va penetrando en las comunidades con su propuesta innovadora al punto de convertirse en la avanzada de colonización de la sociedad tecno-capitalista. Se la encuentra en los lugares geográficos más remotos invadiendo el espacio de la cultura tradicional campesina. Su construcción no solo física, sino sobre todo sus mecanismos y contenidos son la expresión de un sistema ajeno pero poderoso. Predica los nuevos valores y los nuevos modelos.
Los medios de comunicación son elemento fundamental dentro del proceso de permeabilización de la cultura para transformarla desde dentro; su acción eficaz e inmediata crea la ilusión alienadora. La acción poderosa de la publicidad impone los falsos valores de la apariencia, la riqueza, la ostentación, y la estética de lo ajeno, de modo que la belleza de lo propio y la dignidad de la sencillez son desplazadas al ridículo. Elementos poderosos de cambio, pocas veces enriquecedores, pero realmente destructivos de los valores de una cultura.
El surgimiento de una clase media aburguesada que junto al manejo de bienes y de poder manifiesta su diferencia en la distanciación creciente con la cultura tradicional y en la asimilación de la cultura dominantes.
De este modo la aparición de nuevos agentes de educación y de poderosos mecanismos de comunicación sirva ahora a la marginación de modo renovado; se perpetúa la exclusión. La cultura afroamericana tradicional se reducirá a materia de estudio, expresión folclórica, curiosidad turística, rezago de primitivismo, al punto de hacer avergonzar a los propios que aceleradamente empiezan a olvidar su cultura para «adaptarse» cuanto antes a la cultura dominante. La meta: «Civilizarse».
El sentido de pertenencia:
Primero el origen campesino, y luego la condición étnica y social agrupando a las familias en los mismos sectores de la ciudad. Con que se tiende a conservar la homogeneidad y algunas estructuras campesinas en los sectores urbanos que tienen el mismo origen. Las familias continúan sus usos de construcciones similares y se seguirá urbanizando de modo lineal como se construía en la ribera del río. Es la resistencia cultural a la disgregación y a la pérdida de la identidad. Las familias conservan grandes lazos de comunicación y continuidad, aunque las nuevas situaciones socio-económicas no faciliten ni el trabajo común ni la habitación de la familia ampliada.
La emigración que por razones económicas obliga a muchos a desplazarse no rompe sin embargo el sentido de pertenencia. El llamado de la tierra y de la cultura continuará tanto en vida como en la muerte del Afroamericano.
La comunidad como referente:
Es la barrera al individualismo y es la señal plena de integración y existencia social; en las comunidades de reciente proveniencia campesina es el arraigo a lo tradicional y a la parentela; en los medios más urbanizados en vínculo de cohesión significativo; señal d~ identidad en medio del conglomerado urbano. Es el lugar privilegiado para la religiosidad. La posibilidad de nuevos grupos, de servicios especiales, acciones litúrgicas institucionales será útil al fortalecimiento de comunidades creyentes y grupos de devoción: manifestación recreada de la rica espiritualidad campesina.
La riqueza de la música:
La rica estética africana se conservó en América Latina sobre todo en la fuerza de los ritmos. Todo el mundo hoy danza al ritmo del pueblo negro. La riqueza de manifestaciones rítmicas y de posibilidades artísticas es inmensa. Esta es la avanzada de una colonización a la inversa. La tecnología es vehículo poderoso para esta creación cultural que busca conquistar el alma de los dominadores.
Crece también entre los jóvenes la afirmación de la estética propia, de la belleza negra, la moda diferente, la afirmación orgullosa de color y sus connotaciones culturales.
Concluimos afirmando la riqueza y la fuerza de una cultura que desde la negación ha sabido conservar sus valores y que en un medio diverso y sus sabe recrear su vida gracias a sus mecanismos de supervivencia. Con notables diferencias sobre la cultura tradicional, pero rica en manifestaciones, cada vez más consciente de sí y en diálogo constante con las otras culturas, la cultura afroamericana podrá afrontar con lucidez el reto de la sociedad urbana.
Por: Julio César Uribe Hermocillo
Comunicador Social, Diócesis de Quibdó
En una escuela de la zona media del río Atrato, en el Chocó, un grupo de niños memoriza antes de un examen de Historia que Cristóbal Colón descubrió a América, que salió del puerto de Palos de Moguer en tres carabelas: La Pinta, La Niña y la Santa María, para traernos, el 12 de octubre de 1492, la civilización, representada en costumbres de «buena educación», la religión oficial católica y una lengua preciosa: el Castellano, para reemplazar los arrevesados y salvajes dialectos de los indios. Los niños, entusiasmados con el cuento, aunque tensionados por la posibilidad de una mala calificación, repiten también que los conquistadores españoles fueron hombres valientes, decididos, que con arrojo vencieron la barbarie de los indios americanos, a quienes lograron someter para el bien de todos a sus leyes, costumbres, idioma y religión. En el cuaderno figura igualmente, y los niños deben memorizarlo, que los indios resultaron débiles para el trabajo y por eso hubo que reemplazarlos por esclavos africanos, negros, buenos para el trabajo, y que de allí vienen los negros que hoy habitan al país.No se necesita ser historiador profesional para saber que los niños están aprendiendo una mentira, contada desde el ámbito del poder ideológico del Estado, a través de su aparato educativo formal, que es vehículo privilegiado de comunicación del poder dominante con las comunidades marginadas del mismo.
Los niños de este ejemplo saldrán de la escuela sin saber que sus antepasados africanos se jugaron la vida por obtener su liberación. Tampoco sabrán que esos antepasados fueron violentamente arrancados de sus territorios, que portaban una cultura propia y válida como cualquiera otra, que entre ellos había príncipes, guerreros y sabios respetables. En fin, los niños abandonarán la escuela con la memoria repleta de datos inexactos, lo cual contribuirá a que cuando sean adultos reproduzcan la ideología de la dominación y le hagan el juego a la misma.
Estos niños nunca encontrarán en la escuela, a menos que ésta sea transformada radicalmente, el espacio para poner en juego la estrategia adaptativa de su cultura, sus destrezas de producción. Estas serán, por el contrario, cuestionadas por ineficaces, desde el punto de vista del modelo de acumulación capitalista, que ve en la diferencia no una diferencia sino una evidencia de atraso y primitivismo inaceptable dentro de su esquema productivo.
La identidad que la comunidad le está transmitiendo a los niños que protagonizan nuestra referencia será puesta en contradicción y en entredicho por la escuela. Mientras en sus casas y familias, en su comunidad, se les transmiten los componentes de un esquema simbólico colectivo producción cultural ancestral que refuerza su ser afroamericano, en la escuela la identidad transmitida estará hecha de materiales simbólicos ajenos, pertenecientes al mundo de la hegemonía de lo blanco, lo occidental.
De esta manera, en la citada escuela del Medio Atrato chocoano, se consuma cada día, de manera sutil pero efectiva, un proceso de deculturación alienante, que niega la alteridad, que no acepta la diferencia, que busca la homogenización, que pretende unificar con base en el modelo del opresor. De esta manera se refuerza la invisibilización y se impone el tránsito de una cultura de la oralidad – que sustenta en este mecanismo ancestral sus procesos endoculturales – a un proceso de institucionalización de la socialización.
Este proceso es delineado desde la perspectiva de los «técnicos» de las instancias oficiales encargadas del manejo de la educación, ámbito en el cual la cultura de los grupos étnicos ni siquiera se conoce la mayoría de las veces, cuando no es que se la minusvalora hasta el extremo del desprecio.
Enajenación cultura, práctica hegemónica, ruptura con lo propio, invisibilización, negación de la diferencia, son los resultados finales, tangibles y evidentes, del proceso educativo formal, tal y como ocurre hoy, descontextualizado entre los pueblos negros, que conforman la comunidad afroamericana. Así se sigue fortaleciendo las bases del etnocidio, que hoy alcanza puntos de máximo peligro en países como Colombia, donde la orientación estatal del desarrollo está viendo en el Litoral Pacifico poblado por afrocolombianos e indígenas – una presa económica a la que no puede dejar escapar el voraz capital nacional e internacional.
En síntesis, la perspectiva que aquí le estamos dando a la Escuela la ubica desde cuatro aspectos:
La Escuela es vehículo de comunicación de la ideología del poder dominante, en tanto es dispositivo ideológico del Estado.
Por definición, objetivos, contenidos, metodología y práctica pedagógica en general, la Escuela viene ejerciendo un trabajo de deculturación alarmante e inadmisible en las comunidades negras de Afroamérica.
La estrategia adaptativa de los grupos étnicos afroamericanos encuentra en la Escuela un factor de contradicción, pues desde la Escuela se desconoce y se minusvalora todo el acervo de destrezas de producción comunicadas desde la cultura.
La Escuela, tal y como hoy se presenta entre los afroamericanos, hace a estos pueblos objetos de negación de su propia identidad y de introyección de la identidad uniformante de lo occidental.
Veamos en detalle cada uno de estos cuatro aspectos, teniendo presente que ésta no es la palabra final del necesario juicio histórico que estamos en el deber de hacerle a la Escuela quienes creemos en la diferencia, la respetamos, la vivimos, y estamos conscientes del presupuesto que Occidente concibió pero que no cumple: la unidad se hace desde la diversidad, lo nacional está conformado por lo pluricultural, por lo multiétnico, por lo regional, por el aporte que cada mundo simbólico componente de dicha nacionalidad le haga al conjunto.
EL PAPA GOBIERNO
Como vehículo de comunicación puesto en marcha desde el Estado hacia las comunidades afroamericanas, la Escuela ha sido históricamente un dispositivo táctico del poder dominante en su estrategia de nacionalización e integracionismo forzados. La eficacia del dispositivo escolar está garantizada por una labor de introyección que se realiza en las comunidades, mediante la cual se muestra – desde lo formalizado, lo predeterminado, lo sujeto a control – el saber que transmite la Escuela como único saber válido y socialmente aceptado, y como saber de menos valor, de condición inferior, el saber propio de las comunidades. De esta manera, la Educación Formal ha calado en el esquema simbólico de las culturas afroamericanas, erigiéndose en valor que condiciona el progreso y comunica significado social a la vez que relevancia y prestigio. Por eso, hasta el más remoto pueblo de nuestra Afroamérica marginada sueña con la llegada de la Escuela como expresión simbólica de la aceptación social, como oportunidad para salir del atraso.
Este sueño de papel y lápiz, en realidad, jamás pasará de ser una ilusión de nube pasajera. Desde la Escuela, el Estado comunicará otra identidad a los afroamericanos, les negará la propia identidad y buscará integrarlos a la dinámica social que exige el modo de producción capitalista para su funcionamiento: la dinámica individual. Se rompe así con los lazos de lo comunitario, centro simbólico del esquema de estas sociedades tradicionales.
El juego de ganadores y perdedores, donde según la Escuela los que se esfuerzan son los que ganan, los hábiles en el proceso mercantil son los llamados al poder y a los buenos niveles de vida, es transmitido como explicación para la conflictiva realidad social. El Estado se presenta allí como el simple, neutral e inocente árbitro del conflicto social, político, económico e ideológico que caracteriza a nuestras sociedades latinoamericanas. Su carácter de lugar y espacio de tensión entre clases sociales y entre culturas hegemónicas y subalternas es ocultado por la Escuela, es matizado y reemplazado por una imagen del Estado como un padre bonachón que a veces tiene olvidos con algunos de sus hijos; pero que, al igual que la justicia, tarda pero llega.
Las comunidades afroamericanas consumen, entonces, ideología, en tanto enmascaramiento o falseamiento de la realidad: la ideología, del «Estado Papá», del «Papá Gobierno», al cual deben pedirle que las tenga en cuenta. En esta lógica, el cumplimiento de los deberes constitucionales se convierte en benevolencia de las clases dominantes; el reclamo justo se torna petición de ayuda…. El orden social vigente, excluyente en todos sus ámbitos, etnocentrista, discriminador, racista, queda – de ésta y mil maneras más – justificado desde la Escuela, sin ningún cuestionamiento a sus prácticas de muerte económica, política ideológica y cultural. Al fin y al cabo es el papá y al papá se le respeta, se le sigue y se le obedece en razón de su mayoría de edad y en respeto a su condición de progenitor. Las comunidades afroamericanas consumen, pues, en este proceso, la ideología de la obediencia civil ciega, la ideología del respeto a las leyes de un Estado que les resulta ajeno, la ideología de la aceptación pasiva de un modelo de desarrollo impuesto, vertical, ajeno, excluyente… todo lo cual lleva a estas comunidades a que terminen buscando la calentura de su muerte cotidiana en las sábanas de su supuesta incapacidad y su proverbial pereza, o sea, dándose explicaciones mágicas sobre el conflicto social, cayendo en niveles bajos de autorreconocimiento y autoestima, que conllevan la introyección de la desesperanza, la resignación, la pasividad. De este modo, las comunidades afroamericanas reproducen la ideología del opresor y llegan, finalmente, al llamado «blanqueamiento», al desgaste de la identidad, a la dispersión cultural, a la pérdida del norte étnico y cultural.
El Estado, triunfante desde el dispositivo táctico de la Escuela, rediseña el modelo cultural afroamericano, destruyendo el ser cultural afroamericano, en una sutil pero eficaz labor de ideologización que borra todo vestigio de resistencia, gracias al desgaste paulatino de las defensas del cuerpo cultural negro.
EL FANTASMA DE LA CIVILIZACION
Es tal el proceso deculturador ejercido desde la Escuela, que afroamericano producto de ella, por decirlo así, un ilustrado, un «estudiado», un doctor – desde esta condición de producto del sistema escolar, la mayoría de las veces entra inmediatamente en contradicción y en relaciones conflictivas con la comunidad que lo vio nacer, lo acogió a la vida, lo hizo miembro de su cultura.
La contradicción, con rol de perdedor para la cultura afroamericana, se plantea desde que se inicia el proceso de escolarización. Ya la socialización entra a ser reglamentada en torno al recinto cerrado, omnisciente e incontrovertible de la Escuela. Las rutinas de vida cultural se ven interrumpidas por la Escuela y se ven forzadas a plegar su ritmo y su tiempo al ritmo y al tiempo impuestos verticalmente desde la Escuela. Un ejemplo nada más: la sabiduría de la estrategia adaptativa afroamericana reserva para la recreación y el descanso aquellos tiempos de mayor inclemencia climática. Mientras tanto, la Escuela, con sus únicas, dobles y hasta triples jornadas de trabajo, dedica horas de inclemente sol, de literal letargo biológico a la enseñanza de conceptos de abstracta aritmética, como la raíz cuadrada.
La dinámica familiar, el concepto mental simbólico de familia, que el ser cultural afroamericano porta, es relegado por la Escuela, donde su espectro amplio de parentesco le es cambiado por la cerrazón occidental de papá, mamá e hijos como el modelo de familia. Igualmente, la separación tajante que hace la Escuela entre el mundo adulto y el mundo infantil, le pone cortapisas a las potencialidades que en el renaciente ve el mundo afroamericano, las cuales hacen que desde que nace comparta todos los espacios sociales.
En lo relacionado con la producción, eficacia de la subsistencia y las formas colectivas y familiares de trabajo, de posesión, herencia y uso de la tierra, son elementos desconocidos por la Escuela, cuando presenta el mundo del trabajo asociado al que para el Estado es el único modo de producción posible: el Capitalismo. Siendo la Territorialidad un factor de identidad de tanta importancia para el mundo afroamericano, esta noción no aparece en los contenidos que la Escuela transmite. Desde la lógica estatal, la tierra es una mercancía más. Para la lógica simbólica afroamericana, el territorio es espacio multisignificante donde cobra vida y se ejerce el ser—cultural, comprendiendo en esta noción una integralidad que va más allá de una parcela de cultivo y que abarca el conjunto global de la naturaleza como acumulación de fuerzas elementales y mágicas que explican la vida y garantizan su continuidad.
El ámbito familiar, de relaciones sociales de producción, de socialización, y la noción simbólica de territorialidad, son, pues, algunos de los elementos negados desde la Escuela o cuya significación cultural se tergiversa, en abierta y evidente contradicción con los patrones culturales afroamericanos. En consecuencia, los sujetos deculturados por la Escuela terminan su ciclo con la conciencia permeada por la contradicción, que los lleva a pensar que el mundo simbólico de los sectores dominantes en el poder es el mundo simbólico válido, y que el propio mundo simbólico es atrasado, vacío de significación, sin peso social, primitivo y precario. Por este camino se llega a conductas sociales de autonegación, en virtud de las cuales se promueve la «civilización» es decir, la occidentalización, como proyecto válido para el grupo. El individuo, en principio y por origen y ancestros, ser cultural afroamericano, entra en choque y conflicto con la comunidad, debido a dos visiones contrapuestas del mundo, que provocan la mutua enajenación y el mutuo desconocimiento y la falta de identidad y sentido de pertenencia, entre el individuo y la comunidad.
DE LA SUBSISTENCIA AL SALARIO DE HAMBRE
En concordancia con los dos aspectos anteriores, desde la Escuela se presenta el mundo del trabajo, de las relaciones sociales de producción, como un mundo que sólo es válido rentable y productivo, en la medida en que dé como resultado la acumulación de capital. Impelido por el deseo de superación de su marginación socio-económica, el afroamericano acepta paulatinamente esta nueva lógica de producción. Se zambulle en ella, pero no logra los resultados que idealmente esperaba: sólo cuenta con su fuerza de trabajo, en la mayoría de los casos, pues su condición étnica es factor que el sistema dominante asimila a la falta de calificación para el manejo de tecnologías capitalistas. Termina, entonces, siendo peón, siervo o asalariado de hambre; cuando antes, dentro del ciclo de subsistencia, era dueño de la tierra y las herramientas de trabajo, así no poseyera capital.
Las dos lógicas contrapuestas aumentan la marginalidad que supuestamente se superaría con la inserción en el modelo capitalista. Como resultado, el afroamericano entra a engrosar el ejército industrial de reserva, la mano de obra barata y siempre disponible para ser explotada. En el mejor de los casos, reproduce su ciclo de subsistencia, pero ya dentro de la lógica del capitalismo, a través de la llamada Economía del Rebusque, conjunto de prácticas marginales que contribuyen no a su liberación económica sino a su esclavitud laboral y a su sojuzgamiento, por condiciones de dependencia aún mayores que las originales.
Este caso se evidencia con mayor fuerza frente a los planes de desarrollo promovidos desde el Estado y el capital nacional y transnacional. Dichos planes desplazan al afroamericano de su ámbito cultural de producción, de su territorio y de su mundo simbólico, dispersando el ser cultural colectivo. Todo ello garantizado desde los dispositivos ideológicos escolares, de propaganda masiva y de supuestos mecanismos de participación comunitaria, bajo el control del poder dominante.
EL NEGRO DE HUMO ES TAN INVISIBLE QUE NO SE VE NI EN LAS CARTILLAS
Puntualmente, otro aspecto – frecuentemente analizado – con el cual la Escuela se convierte en agente deculturador de los afroamericanos, es el relacionado con la reproducción de la identidad cultural. Nuevamente la escuela entra en contradicción con el pueblo afroamericano. Mientras la comunidad en su vida cotidiana garantiza en sus miembros la reproducción de la identidad cultural, a través de múltiples y ricos mecanismos sociales, familiares, políticos y productivos; en el ámbito escolar la identidad no aparece o aparece tergiversada. Con historias mentirosas como la de Cristóbal Colón, la de la esclavitud mal contada, la de los héroes blancos como fundadores de las nacionalidades latinoamericanas, etc., ilustradas con iconografías blancas y con signos gráficos ajenos al mundo afroamericano, la Escuela oculta la identidad afroamericana, escindiéndola por reacción, ya que también en la cultura «ojos que no ven corazón que no siente». El afroamericano no encuentra en la Escuela referentes para su identidad, sino la propuesta de otra identidad, la blanca, la occidental. Esta situación genera un proceso de no identificación con lo propio y asunción de lo ajeno.
En síntesis, la identidad étnico-cultural afroamericana, su historia y su mundo simbólico, no son tenidas en cuenta por la Escuela en sus contenidos, como parte integral de la formación social latinoamericana.
Peor aún: el conjunto multideterminado, dinámico y rico de la cultura afroamericana cuando es tenido en cuenta en los programas escolares, debe soportar la «folclorización», ya que desde la Escuela se entiende al canto y al baile como las únicas prácticas de cultura afroamericana. Se refuerza así el estereotipo de que los negros son solamente rumba y pereza, cuando no están descansando están bailando, cuando no están bailando están descansando… Estereotipo desde el cual la Escuela, como agente ideológico de la cultura hegemónica, explica y justifica la marginación y la exclusión.
El negro de humo es, pues, invisible, se diluye en la falsedad de una conciencia supuestamente nacional; no se ve ni en las cartillas ni en los libros de textos. Cuando aparece es un baile y un canto que demuestran la pereza que no da cabida al progreso.
SINTETIZANDO
Tal es, pues, el tipo de identidad reproducida a partir de los contenidos escolares, los cuales garantizan la eficacia de su proceso deculturación, mediante un esquema dirigista y vertical de comunicación. Un emisor omnipotente y omnisciente, depositario de «la verdad», es decir, el autodenominado«educador», bombardea con mensajes que concentran el cúmulo de la supuesta verdad del sistema, a un receptor al que se coloca en posición de casi inválido mental, atrasado cultural y ente incivilizado, ignorante de todo, pues su saber no es válido ni reconocido por la Escuela.
Allí los códigos son inquebrantables, están cifrados en lenguaje occidental e informados por el mundo simbólico blanco, hegemónico. Mediante ellos se estructuran mensajes dogmáticos descontextualizados del mundo afroamericano. Y, finalmente, se exige como retroalimentación del esquema la repetición de los contenidos transmitidos.
El resultado de todo el proceso – si bien los mensajes son resemantizados por el receptor supuestamente pasivo es el conjunto de incidencias anotadas a lo largo de esta exposición. Estas confluyen en el desgaste y la negación de la identidad afroamericana, en la alienación y en la enajenación de los valores étnicos y culturales de los pueblos negros que conforman Afroamérica, en cuyo nombre, que es nombre de justicia, estamos obligados a repensar la escuela, a no transigir más con su prepotencia, a no tragarnos enteros los adornos falseados de pretendidas innovaciones curriculares que a lo único que apuntan – en la mayoría de los casos – es a seguirle garantizando al dispositivo ideológico escolar cada vez mayor eficacia en su proceso de deculturación y de negación del mundo afroamericano.
Agustina fue esclava del en el sector de Tadó, Chocó (1795), poseedora de una gran belleza corporal que enloquecía a cualquier admirador. La permanente codicia machista y lujuriosa del esclavista Miguel Gómez logra seducirla coercitivamente, finalmente queda embarazada. Para un esclavista tener un hijo con una esclava y reconocerlo constituía un escándalo. El amo quiere obligar a la esclava a abortar, pero esta mujer negra rebelde se niega y es torturada por su amo. Agustina procede a demandar al amo ante el juez Álvarez Pino y el gobernador de ese entonces José Michaeli. Estas autoridades, protectoras de los esclavistas, fallaron a favor de Miguel Gómez quien sólo fue amonestado. La negra Agustina en respuesta a la injusticia procedió a quemar varias haciendas y factorías de Pueblo Viejo, hoy Tadó.
AMIR SMITH CORDOBA
Amir Smith Córdoba, nació en Cértegui, antiguo corregimiento del municipio de Tadó, hoy cabecera municipal de Unión Panamericana, en el departamento del Chocó, el 19 de julio de 1948. Sociólogo y Periodista, colaborador de algunas publicaciones nacionales y extranjeras, conferencista nacional e internacional, fundador y director del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Cultura Negra en Colombia, creador y director del periódico “Presencia Negra”. Fue uno de los pioneros en esta etapa moderna de la lucha por los derechos civiles y políticos de las comunidades afrocolombianas.
Amir, con su desaparición el pasado 13 de agosto de 2003, nos deja un gran vacío, pero también un gran legado en su incansable lucha por los derechos humanos, pero sobre todo, el respeto a la dignidad del pueblo afro en Colombia. Nunca descansó en su tarea incesante de generar conciencia étnica, identidad y compromiso con su pueblo, en combatir el racismo soterrado y anquilosado en el inconsciente, subconsciente y consciente colectivo de la sociedad mestiza, autodenominada blanca, que domina, reproduce y recrea preconceptos racistas de la herencia colonial esclavista que aún subsisten en nuestro país.
En los últimos tiempos, un poco solitario, con el premio de la ingratitud, desconocimiento e intolerancia de sus corraciales lo llevó a una situación de extrema pobreza, pero jamás dejó de conceptuar, analizar, educar y generar conciencia entre propios y extraños. Se le rechazó por aquella herencia de la esclavización doméstica, que no permite que alguien se atreva a remover esquemas mentales de sometimiento, y aún más, que hace que la mayor rivalidad posible sea entre nosotros mismos.
Autor, productor y compilador de varias publicaciones, entre las cuales, podemos destacar: Visión Sociocultural del Negro en Colombia, Cultura Negra y Avasallamiento Cultural -Vida y Obra de Candelario Obeso y el Negro Robles, entre otras.
Hoy, que Amir ha partido antes que nosotros hacia el panteón de los ancestros, no sólo las comunidades afrocolombianas sino el país en general, le debemos un reconocimiento terrenal, por su aporte a la paz y a la construcción y el pensamiento de este país.
BARULE
Esclavo negro que lideró las más grandes insurrecciones en el Chocó durante la colonia (1728), junto a los hermanos Antonio y Mateo Mina. Barule fue proclamado soberano y rey del Palenque de Tadó con más de 120 cimarrones. Logró confederar ahí mismo cerca de 2000 esclavizados procedentes de la zona de los ríos Nóvita y San Juan. Sobre fecha y lugar de nacimiento no se tienen datos,sólo aparece en el censo de esclavos de la provincia del Chocó de 1759.
Sobre la ascendencia africana de Barule existen varias hipótesis: chamba, mandinga, mina, o carabalí, esto por la integración y comunicación que mantuvo con los minas y su tendencia a la rebeldía, propia de estos grupos.
Entre las causas de la insurrección de los esclavos se tuvo que el Estado Libre de Tadó (1715) incrementó el trabajo esclavo, ya de por sí sometido al régimen de hambre y de castigos infrahumanos, violación de las mujeres y desmembramiento familiar. A finales del 1727 los esclavos de una hacienda al frente de Barule, Antonia y Mateo Mina, organizan su cabildo y un día inesperado del mes de noviembre, se inició la acción de guerra. Matan al esclavista y catorce españoles más. Dominado el territorio por los Cimarrones tadoseños, Barule es proclamado REY, el palenque estructuró su propio gobierno y organización militar.
El 18 de Febrero de 1728, se da la batalla entre los cimarrones y el ejército español por la recuperación del territorio, la deficiencia logística y la falta de comunicación entre los cimarrones originó una desventaja, salieron triunfantes los españoles. El diecinueve de Febrero de 1728 Barule y los hermanos Mina son delatados y fusilados por el teniente Tres Palacios Mier. El movimiento de Barule constituyó su pensamiento en el principio de libertad y de dignidad de la comunidad negra.
BENKOS BIOHO Según la historia, nace en la región de Biohó, Guinea Bissau, Africa Occidental. Fue un monarca muy hábil, conocido como el Rey del Arcabuco. Es capturado por el asentista Portugués Pedro Gómez Reynel y vendido como esclavo al Español Alonso del Campo en 1.596 en Cartagena. Es colocado como boga en el río Magdalena, la embarcación donde viaja se hunde y huye. Lo re- capturan vuelve a la boga. Hacia 1.599 escapa nuevamente y se interna en los terrenos cenagosos alejado de Cartagena y organiza un gran ejército, logra dominar todas las montañas de Sierra María en el Departamento de Bolívar. Su sueño era tomarse Cartagena y desde allí regresar al África.
Según testimonios históricos, jamás pudieron dominarlo ni vencerlo. En 1605 Benkos Biohó y el Gobernador de Cartagena, Suazo, establecen un tratado de paz que reconoce la autonomía del Palenque de la Matuna. Una noche de descuido, Benkos es sorprendido por la guardia de la muralla, queda preso y lo descuartizan el 16 de marzo de 1621 en el puerto de Cartagena.
El pueblo habla de los poderes mágicos que utilizó para provecho personal y del pueblo. No daba descanso a su cuerpo, iba y venía por campos y caminos en su activa campaña libertadora, luchaba por el derecho de los africanos y sus descendientes a la vida, la tierra, la cultura, la libertad y la paz.
En los Palenques que gobernaba era maestro de la guerra y de la paz, de la justicia y del trabajo. No descuidó el gobierno ni se dejó arrastrar por propuestas de los gobernantes coloniales que pretendían que dejase las armas contra ellos y las dirigiera contra otros líderes del propio pueblo, traicionando la lucha cimarrona.
CATALINA LUANGO
Mujer Cimarrona del palenque de San Basilio, constituida en un personaje mitológico, cuenta la tradición oral que era una mujer luchadora y protectora de la población. Su obra humanitaria la dedicó a curar los prisioneros africanos. Después de su muerte, comenzó a aparecer en la laguna del Palenque, siendo idolatrada por los palenqueros.
DIEGO LUIS CORDOBA
Nació en Negua, comunidad negra del chocó el 21 de julio de 1.907, y murió en ciudad de México, el 1º de mayo de 1.964. Aprendió las primeras letras en su pueblo natal, continúo hasta el 4º de bachillerato en el Colegio Carrasquilla de Quibdó y se graduó de bachiller en el Colegio San José de los Hermanos Cristianos en Medellín. En la universidad de Antioquia inició sus estudios de Derecho, los concluyó en la Universidad Nacional de Bogotá. Recibió el título de Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, el 30 de noviembre de 1932 y se especializó en Ciencias Económicas.
Tuvo el honor de ser el primer abogado chocoano; era estudiante universitario cuando abrazó las ideas socialistas, se vinculó al partido Liberal porque no existía un partido Socialista. En poco tiempo, comenzó a destacarse como líder, orador y defensor de los derechos de los sectores populares y marginados, en especial, de las comunidades negras, las clases obreras y los campesinos.
En 1930 organizó la Juventud Liberal Universitaria, y en 1937 ya era elegido diputado suplente del Doctor Carlos Lleras Restrepo en la Asamblea de Cundinamarca. Fue uno de los socialistas más reconocidos y amados por el pueblo colombiano en su tiempo por su capacidad de liderazgo y su inteligencia.
Entre 1943 y 1947 fue representante a la Cámara, primero por Antioquia, y luego por el Chocó. Fue senador por el Chocó desde la fundación del Departamento en 1947 hasta su muerte.
Diego Luis Córdoba durante toda su vida actuó con grandeza y honradez y concib&ioacute; la política como servicio y entrega en beneficio de la comunidad. Actuó como representante político del Chocó, se convirtió en el más digno vocero y representante de las Comunidades Afrocolombianas, y puso la identidad negra, la de su etnia, como emblema y fuerza en todas sus luchas.
Una de sus grandes preocupaciones fue la conquista del respeto, la independencia y la igualdad política de la persona negra dentro del Chocó y en el país. No aceptaba que el Chocó fuese considerado intendencia y tratado con desprecio por el Gobierno y la población blanca. Concibió un proyecto de vida con dignidad para el pueblo negro, proclamó sus derechos humanos contra el racismo e hizo temblar con su voz y su verdad el Capitolio Nacional. Luchó hasta conquistar una reforma de la Constitución Nacional para crear el Departamento del Chocó y lograr la independencia política frente el colonialismo antioqueño. Uno de los discursos más importantes pronunciados en el Congreso de la República por el Doctor Diego Luis Córdoba fue “Elogio a La Raza Negra”.
Nunca se limitó a una sola rama del saber y vivió estudiando cada día. Su gran personalidad y brillantez intelectual fue resultado de sus estudios como abogado, economista, político, filósofo y lingüista; además del español, su lengua materna, aprendió griego, latín, francés, inglés y alemán; cuando fue sorprendido por la muerte estudiaba el ruso.
En su lucha por un proyecto de vida para el pueblo negro se destaca lo que podrían ser tres de sus mayores realizaciones:
La creación del Departamento del Chocó y su independencia política de Antioquia. Quiso hacer del Chocó la patria libre del pueblo negro dentro del territorio nacional.
El reconocimiento real del derecho a la educación para las personas y las comunidades negras. La educación es la base para la lucha del pueblo negro, para la eliminación del racismo y la conquista de los derechos. Su frase magistral es “por la ignorancia se descienda a la servidumbre; por la educación se asciende a la libertad.
El respeto y enaltecimiento que logró a la presencia, protagonismo, inteligencia y valores de la persona negra y las comunidades afrocolombianas.
JOSE CINECIO MINA
Negro liberto del Cauca, coronel de la guerra de los mil días. Reconocido como hechicero por ser inmune a las balas, llegó a tener cien hombres bajo su mando, organizó y defendió a los terrajeros y campesinos negros de Barragán, Obando, Quintero, Guengue, Sabanetas y otras veredas del Norte del Cauca. Los hombres de Cinecio Mina luchaban movidos por el terror de volver a ser esclavizados y por el dominio de la tierra. Cinecio murió envenenado por el terrateniente Jaime Gómez, después de compartir unas copas para celebrar un nuevo pacto. Tras la muerte de Cinecio, los campesinos continuaron organizándose y crearon la Unión Sindical del Cauca como todo un movimiento agrario.
JOSE PRUDENCIO PADILLA
Militar mulato nacido en Riohacha, departamento de La Guajira (1788-1828). A su regreso de España fue nombrado como mozo de cámara de la Marina Real, y posteriormente Almirante de la Gran Colombia. En la guerra en Trafalgar contra los ingleses fue prisionero durante tres años. En 1811 participó en la revolución de Cartagena. Por su proeza en el combate marino, fue premiado con el grado de Gran Alférez de Fragata de la Marina de la República. El General Simón Bolívar le otorga el grado de Teniente de Navío. El 24 de junio de 1821, Padilla ataca el fuerte de San Felipe de Cartagena y derrota al ejército español. Posteriormente se desplaza a Venezuela y participa en su liberación en la batalla de Maracaibo.
Las contradicciones con el General O’Leary por problemas raciales le ocasionan la cárcel. El 25 de septiembre de 1828 es fusilado en la Plaza Mayor de Bogotá por negarse a apoyar a los bolivarianos. Como contradicción social, el nombre del Almirante José Prudencio Padilla quedó vinculado a una Institución militar que no da oportunidad de participación a las personas negras, una de las instituciones mas racistas del país. Padilla fue uno de los jefes de la sublevación de militares negros contra Bolívar por el incumplir el pacto de liberación de esclavos.
MANUEL SATURIO VALENCIA (1.867-1.907)
Poeta, pedagogo y dirigente popular chocoano, fue el último hombre oficialmente sentenciado a la pena de muerte en Colombia, acusado de incendiario contra los intereses de la sociedad blanca chocoana. Saturio fue autodidacta, profesor de música y cantos en las escuelas; juez y personero municipal considerado como el primer literato negro del Chocó. Por la misma opresión racial, sus obras quedaron inéditas. El fusilamiento de Saturio se efectuó en Quibdó el seis de Mayo de 1907 comandada por la aristocracia blanca de Quibdó.
POLONIA
Cimarrona del ejército de Benkos Biohó. En 1581 organizó en la región de Malambo, cerca de Cartagena, un grupo armado de palenqueras que derrotó al Capitán Pedro Ordóñez Ceballos; le obligaron a pactar la entrega de tierra y la libertad del grupo, integrado por 150 mujeres. Pedro Ordoñez violó el pacto y en la primera oportunidad emboscó a Polonia. Esta mujer cimarrona es el símbolo patrio de la mujer afrodescendiente en la lucha popular.
WIWA
Mujer de Benkos Biohó, reina del palenque de Sierra María, madre de Orika y de Sando. Después de la muerte de Benkos Biohó, sus hijos continuaron los proyectos de libertad y crearon los palenques de San Miguel, Sierra María y San Basilio en el departamento de Bolívar.
En Colombia, país multi-étnico, vivimos aproximadamente 10 millones de hombres y mujeres afrodescendientes. Existen regiones donde la mayoría de su población es negra. Esto nos lleva a preguntarnos por la historia de nuestro pueblo afrocolombiano, para conocer, amar nuestras raíces y luchar por el fortalecimiento de nuestra identidad.
CENTRO DE ABASTECIMIENTO Y DISTRIBUCION
Los historiadores señalan que entre 150 mil y 200 mil esclavizados entraron por Cartagena y fueron distribuidos hacia Ecuador, Venezuela, Panamá y Perú. De estos más o menos 80 mil quedaron en Colombia.
Comprados en Cartagena y Mompox eran conducidos hacia los mercados del interior, a través de los ríos Cauca y Magdalena. Como centro secundario de comercio se constituyeron: Popayán, Santa fe de Antioquia, Honda (Tolima), Anserma (Caldas), Zaragoza y Cali.
En los primeros años, de cada 100 esclavos 30 eran mujeres y los otros 70 eran hombres pues los esclavistas preferían a los hombres, para trabajar en las minas y haciendas, se despreciaban a los ancianos y a los niños. Posteriormente, cambian de estrategia y empiezan a traer más mujeres para garantizar el nacimiento de más esclavos.
Actualmente el pueblo afrocolombiano está presente en 800 municipios del territorio nacional, incluyendo las regiones oriental y amazónicas. Los principales territorios afrocolombianos son: las llanuras del Atlántico y del Pacífico, los valles medio y bajo de los ríos Magdalena y Cauca, Urabá y Norte del Cauca. Las concentraciones urbanas más importantes están el las ciudades de: Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Santa Marta, Riohacha, Montería, Sincelejo, Buenaventura, Quibdó, Tumaco, Turbo y Guapi.
TRABAJOS DE HOMBRES Y MUJERES ESCLAVIZADOS
El pueblo afrocolombiano fue esclavo en las minas de Zaragoza, Cartago, Santafé de Antioquia, Valle del Cauca, Cauca, Chocó y Nariño. En el servicio doméstico en Santa Marta, Santafé de Bogotá, Cali, Popayán y Santafé de Antioquia; como agricultor y ganadero en la costa Atlántica, Valle del Cauca, Huila, Tolima y los Llanos Orientales; como boga por el río Magdalena; cargueros y cargueras por trochas y caminos. En lugares varios fueron forzados a trabajar como artesanos.
Gracia al trabajo de los africanos y sus descendientes fue posible el desarrollo del país y el crecimiento del capitalismo. Las ganancias de la producción generada por el trabajo esclavo llevaron al proceso de industrialización de Europa, mediante el cual se avanzó hacia el modo de producción capitalista que luego se desarrolló en Colombia.
Una variedad en el servicio doméstico en el ámbito urbano lo constituyó el esclavo convertido en fuente inmediata de ingreso para sus dueños; niños de 10 años, (hombre y mujeres) eran despachados por la mañana a buscar la vida, y debían regresar en la noche con dinero para sus amos; los hombres buscaban ganarse un jornal y las mujeres se dedicaban a la venta de frutas y dulces. La exigencia de algunos amos frente a la renta diaria dio origen a que algunas esclavas se dedicaran a la prostitución.
CASTIGOS MAS COMUNES
Mientras los esclavizados trabajaban eran vigilados por los capataces y, a un intento de descanso, eran castigados con el látigo. Si una persona africana o sus descendientes trataban de huir o en efecto huían y eran capturados los colgaban de una viga, se les daban 50 latigazos y más. Si el que huía era un capataz, o líder era cortado en pedacitos colocando parte de sus miembros en las plazas, para que los demás cogieran escarmiento. Si una mujer embarazada cometía un delito se hacía un hueco en la tierra donde se le metía la barriga y en la espalda le daban rejo; a los que huían al monte los perseguían con perros y si lograban cogerlo, como castigo le rompían el tendón del pie y le hacían cargar un hierro, en otros lugares les cortaban el pie o lo peor, los condenaban a muerte. Otros castigos eran:
El corte de la lengua, cuando hablaban su idioma nativo.
El vaciamiento de un ojo.
La castración.
El baño en aceite hirviendo. Todo esto reglamentado en las leyes.
UNA SOLA LENGUA, UNA SOLA RELIGION
Los dos grupos lingüísticos dominantes entre los africanos llegados a Colombia son: El bantú y el sudanés, los esclavizados generalmente estaban en condiciones de comunicarse con grupos tribales vecinos mediante el conocimiento de dos o tres lenguas o dialectos cosa que no le convenía al esclavizador. Por eso, para obligarlos a olvidar su lengua nativa, se les separaba de su grupo tribal y vecino; se les mezclaba con personas de otras tribus. La necesidad de comunicación se impuso y la lengua castellana pasó a ser la lengua usada, con la excepción del Palenque de San Basilio, donde quedó la lengua palenquera y San Andrés y Providencia donde se construyó una lengua criolla con expresiones del inglés, castellano y lenguas africanas.
Por otro lado los doctrineros debían instruir en la fe católica a todos los esclavizados buscando alejarlos de sus practicas religiosas (ritos, mitos, cantos, dioses y visión de mundo) aludiendo que eran practicas diabólicas. Para ser reconocido en la nueva sociedad tenían que pertenecer a la religión católica. Recibir el sacramento del bautismo era una condición indispensable para entrar a la América hispánica, según las normas de la corona española, que prohibía la entrada a judíos, herejes y paganos.
La mayor referencia a la metodología de adoctrinamiento a los esclavos en Colombia es la de los jesuitas Alonso de Sandoval y Pedro Claver. Sobre todo de este último, quien tuvo como principal ocupación la acogida de los africanos y su bautismo a través de una catequesis que tenía como característica propia el amor y la caridad. La utilización de la cruz les permitió entrar al alma del pueblo negro, pues identificaban el sufrimiento de Cristo con el propio sufrimiento, además para el grupo bantú existía la referencia de la cruz Elegua.
A pesar de ser una religión impuesta, pronto encontró muchos elementos comunes en la espiritualidad de las diferentes tribus de origen y se empezaron a recrear las tradiciones religiosas que llegan hasta nuestros días, en el ritual mortuorio, el agua del socorro, los alumbraos a los Santos, los alabaos y arrullos, lo mismo que las fiestas patronales.
En Colombia, como en los países que fueron colonias españolas e inglesas, se conservaron elementos dispersos de la espiritualidad africana debido al adoctrinamiento cristiano intenso de españoles e ingleses, en cambio en las colonias portuguesas y en las islas del Caribe fue posible la conservación de estructuras y elaboración de nuevas síntesis que hoy conocemos como religiones afroamericanas. Es el caso del Candomblé y la Macumba en Brasil, el Vudú en Haití, la Santería en Cuba y República Dominicana y la filosofía religiosa Rastafari, practicada especialmente en Jamaica, entre otras.