Desde su llegada a lo que hoy es Colombia, la gente africana humanizó los entornos naturales en donde vivió. El proceso de adaptación a los bosques tropicales colombianos dio como resultado que amplias franjas de manglares del Caribe y del Pacífico, fueran transformadas en un paisaje de asentamientos humanos que siguen el curso de ríos, caños, ciénagas, ensenadas y esteros. Este hábitat sinuoso y disperso de las áreas rurales selváticas se combina con ciudades populosas de los litorales cuya densidad de población es en su mayoría afrocolombiana. Cartagena de Indias, Buenaventura, Tumaco, Turbo, Barranquilla son apenas algunos ejemplos. Sin embargo, tanto en los poblados de la selva como en los barrios urbanos, la gente afrocolombiana recrea tipos de vivienda y sistemas de organización del espacio privado y público, semejantes. Esta permanencia de estrategias de apropiación y transformación de los espacios de vida atiende a las exigencias de la familia extensa y se apoya en las redes de solidaridad que aseguran la sobreviviencia de cada uno de los miembros de las parentelas. Por otra parte, el triunfo de la creatividad y de la capacidad de adaptación de estos pueblos deslumbra en su arquitectura y en la delicada ornamentación que la acompaña.
La arquitectura es una de las más preciadas expresiones de la cultura y de la historia de una comunidad. Es una referencia espacial de la memoria. Es por ello que el paisaje urbano y rural, sus parques, plazas, casas, calles encierran códigos muy especiales de la identidad cultural de los afrocolombianos. Su estudio también permite comprender que a lo largo de la costa pacífica o caribeña existen subregiones culturales cuyas diferencias también se escenifican en la forma de los poblados y en su arquitectura.
Cuando de llevar a cabo una obra se trata, la gente afrocolombiana conforma equipos comunales que, además de las faenas de la construcción, comparten alegría, comida y licor. Diferentes acciones y obras se logran en virtud de las relaciones laborales y sociales basadas en la solidaridad y el trabajo en común. La construcción de viviendas, de casas comunales y el arreglo de caminos se cuentan entre ellas.
En las aldeas típicas de pobladores afrocolombianos, las actividades domésticas se realizan en los espacios colectivos: la calle, las zonas comunales y el solar. En estos espacios apilan el arroz y el maíz, secan la ropa y el pescado. El río ha sido el lugar tradicional de encuentro de las mujeres lavando la ropa y la loza, oficios animados por largas y animadas conversaciones. No obstante estas semejanzas respecto a la vivencia del espacio, el hábitat y la arquitectura afrocolombianos son tan diversos como las regiones en las cuales se han desarrollado sus culturas. Así por ejemplo en el Archipiélago de San Andrés y Providencia las viviendas guardan claras similitudes con la arquitectura de las grandes Antillas anglófonas. Por su parte, en el Pacífico sur colombiano, la vivienda sobre palafitos asegura el hogar de las inclemencias de las grandes mareas.
El Litoral Caribe
Los sistemas rurales y urbanos del Caribe se han moldeado al ritmo de las crecientes y sequías en los valles fluviales y de los flujos y reflujos del mar. Las aldeas más antiguas y las ciudades más modernas se transforman atentas a las interacciones entre los ecosistemas marinos y fluviales. En el Archipiélago de San Andrés y Providencia, la fragilidad coralina, los tornados y la insularidad también tienen que ver con sus propios paisajes.
La vivienda afrocolombiana rural caribeña se realiza en madera con techos de palma. Estas casas tienen solares en donde se halla la cocina y están rodeadas de empalizadas. Esta misma estructura se conserva en las ciudades aun cuando la madera y la palma sea reemplazadas por ladrillos y tejas de zinc. Se sabe que a principios de siglo XX en Necoclí (Córdoba) las viviendas eran sencillas construcciones de palma amarga. El techo y la armazón eran en caña de flecha armada con bejucos. Las paredes se cubrían con caña de flecha y una mezcla de arena y estiércol de vaca. A partir de 1955 estos materiales fueron reemplazados por los ladrillos y cementos que llegaban de Cartagena, la piedra que provenía de Tortuguilla y Puerto Escondido y la gravilla procedente del poblado de Zapata.
Pero además de la relación entre naturaleza, hábitat y arquitectura, factores económicos y políticos han incidido en la configuración de los espacios de vida de la gente afrocaribeña.
El caso de la región caribeña del Urabá es bastante útil para comprender los impactos de las políticas económicas en la transformación de los paisajes. A principios del siglo XX, esta región recibió oleadas masivas de inmigrantes que precedían del departamento de Bolívar. Al mismo tiempo llegaban personas de los ríos del Chocó para instalarse en las zonas fronterizas con Panamá. Había comenzado la construcción del canal. Años más tarde hicieron su aparición los primeros enclaves económicos con capital extranjero. Se trataba de la agroindustria del banano, y de la caña de azúcar. Ésta última se procesaba en el ingenio de Sautatá (Chocó). Estas actividades económicas incentivaron flujos de población chocoana hacia la región y fueron surgiendo nuevos asentamientos en la toda la zona del golfo. A lo largo de todo el siglo XX, procesos de migración laboral de las comunidades afrocolombianas comparables al anterior han dejado huellas en la arquitectura de los lugares en donde habitan de manera permanente o temporal. El color y la ornamentación de sus viviendas decoran la zona bananera, los pueblos costeros de pescadores, la región algodonera y las grandes ciudades del Caribe colombiano. Estos atributos hacen parte constitutiva de su estética.
Y ésta no sería como es si no fuera por la omnipresencia del mar Caribe y sus diálogos con ríos caudalosos e islas coralinas. Estas antiguas relaciones del agua salada con el agua dulce han forjado manejos ambientales, espaciales y estéticos propios de culturas cuya identidad se define respecto al mar. Los hábitats y arquitecturas caribeños se ordenan en función de distancias que no se desenvuelven en tierra firme sino en el tiempo propio de la navegación. Este hecho particular hace que el poblamiento y las tipologías de asentamientos caribeños estén casi siempre definidos respecto al agua, a su cercanía o distanciamiento respecto al sitio de habitación.
El río Magdalena y el Canal del Dique son dos grandes protagonistas de la región. Desde finales del siglo XVII, el Canal del Dique representó una nueva vía para unir el mar Caribe con la tierra firme. La vía natural hasta entonces había sido la desembocadura del río Magadalena en las Bocas de Ceniza, que lamentablemente quedaban muy alejadas de Cartagena de Indias, principal puerto comercial del territorio de la Nueva Granada y del imperio español. Estas vías fluvial la una, natural la otra, fruto de la ingeniería española colonial, representan salidas directas desde la tierra adentro hacia el mar Caribe, que conecta a la región y al país con el mundo exterior.
A nivel regional, existen numerosas redes de intercambios de mercancías, productos agrícolas, animales y personas que se transportan entre los poblados fluviales ribereños. O entre éstos y las poblaciones costeras que se hallan al borde del mar. En ambos, el pescado, el arroz y el plátano se comparten por igual. Las culturas que se han desarrollado en estas regiones han sido llamadas anfibias porque la vida cotidiana de sus habitantes es un eterno vaivén entre el agua y la tierra. Las crecidas de los ríos Magdalena, Cauca, Sinú y San Jorge inundan las tierras sabaneras alejadas de los litorales.
Este hecho natural ha obligado a los moradores de las riberas a crear sistemas adecuados que les permitan salvaguardar sus vidas y patrimonios cuando el agua desborda sus límites. Las casas son construidas de tal modo que en su interior se pueda colocar una especie de balsa en el momento en que suben las aguas. En la balsa se colocan los enseres personales y las personas donde estarán a salvo hasta que los niveles del agua desciendan.
Por su parte, la gente de las costas ha aprendido a protegerse de los vientos fuertes o de los tornados que atacan pueblos y ciudades procedentes de alta mar. La solidez de sus sitios de habitación debe garantizar esta salvaguarda.
Tipos de asentamientos
Los asentamientos lineales costeros son pueblos antiguos dispuestos de forma lineal a las playas. En caso de estar situados en pequeñas bahías adquieren un carácter semicircular arropando así la pequeña ensenada que abriga el poblado. La playa y pequeñas plazoletas componen el espacio público que es tanto de uso familiar como colectivo. En algunos pueblos existe una pequeña capilla situada al final de la plazoleta. Los asentamientos mixtos son poblados construidos en la confluencia de ríos o quebradas y el mar. Fluviales y costeros, comparten la cercanía al agua dulce y al agua salada. Los estudiosos de este tipo de hábitat afirman que estos asentamientos surgieron como poblados fluviales situados casi siempre en las desembocaduras de ríos o quebradas. Y sólo poco a poco se expandieron hasta alcanzar la proximidad de la costa. La forma como esta distribuido el espacio en estos poblados deja ver la combinación de herencias españolas que se expresan en el damero rectangular con manejos de espacios privados de claro acento africano.
Muchos pueblos afrocaribeños están organizados siguiendo la cuadrícula española compuesta por las cuadras y las manzanas, en cuyo centro se halla una gran plaza, lugar de la alcaldía y la iglesia. Pueblos antiguos fundados desde el siglo XVII, como Barú, Santa Ana, Tolú, y otros como Puerto Escondido, San Bernardo del Viento, o los de gran tradición de pesca como Taganga presentan esta disposición del espacio público. Sin embargo, al entrar en la intimidad de una residencia el espacio se transforma. Los ámbitos de la vida familiar y social giran alrededor de la cocina situada en el solar de la casa. En las casas de la gente afrocaribeña en Colombia, la cocina es una edificación aparte del resto de la vivienda. Casi siempre se trata de una sólida enramada, con techo de palma sostenido por troncos de madera. Es el lugar de reunión por excelencia y centro de transmisión de valores e informaciones básicas sobre la identidad. Al igual que en el África occidental, los solares en donde se hallan las cocinas son lugares de sombra gracias a sus árboles. En los días calurosos del trópico, el solar representa un refugio de frescura y de encuentro. La presencia del árbol en los espacios privados de las familias afrocolombianas es de gran significación puesto que para sus ancestros africanos, el árbol es símbolo de la memoria familiar. Debajo de grandes ceibas, manzanillos u otras especies, las mujeres y los ancianos afrocolombianos han trasmitido a sus hijos todo cuanto saben sobre el mundo y sobre el más allá.
El Caribe no sólo es un espacio de confluencias entre los ríos y el mar. Allí también han convergido personas de muy diversos orígenes. La presencia de grandes zonas de interacción entre gente de origen africano e indígena es una de sus características más importantes. Córdoba, Sucre, César, La Guajira son departamentos cuya población es en gran parte afro-indígena. Ganaderos y agricultores, pescadores de agua dulce, la gente sabanera tiene una larga tradición arquitectónica que combina los conocimientos ancestrales de los indígenas y los africanos. Lamentablemente no existen estudios sistemáticos sobre estas tradiciones. Es evidente que sus contactos remontan a los tiempos de la Conquista. También es claro que las tradiciones culturales afro-indígenas poseen rasgos que las diferencian de los pueblos de ascendencia africana que se tuvieron mayores contactos con los europeos o entre ellos, como es caso de ciudades como Cartagena de Indias o numerosos pueblos de ganaderos, agricultores y pescadores afrocolombianos de la región.
Existe otro tipo de asentamiento costero que a diferencia del anterior se caracteriza por haber surgido a orillas del mar de donde sus habitantes obtienen los recursos necesarios para vivir. La vida cotidiana de estos pueblos costeros transcurre en la playa, espacio público por excelencia. Debido a los movimientos de población de las áreas rurales sabaneras hacia las costas, estos pueblos han crecido y sus estructuras urbanas originales se han ido transformando. Por eso se habla de ellos como asentamientos costeros complejos. Una de las mayores transformaciones de estos poblados consiste en la introducción de edificaciones institucionales como colegios, canchas, hospitales, alcaldías. Lamentablemente en muchos casos no se respeta la arquitectura tradicional.
El Palenque de San Basilio
El Palenque de San Basilio es un poblado fundado por cimarrones quienes al mando de Domingo Biohó huyeron al monte para recuperar su libertad. Estos hechos sucedieron en el siglo XVII, en lo que hoy es el municipio de Mahates (Bolívar). Los rebeldes se ubicaron en los pequeños valles de los Montes de María. Su elección estuvo relacionada con las abundantes lluvias que bañan la región nutriendo los caudales de los arroyos que proveían y aún proveen de agua a sus habitantes. El arroyo Caballito es un lugar de gran importancia para la cultura palenquera. Allí han encontrado la manera de satisfacer sus necesidades como el baño y el lavado de la ropa. Pero el agua que se utiliza para el hogar y la alimentación no se toma directamente de la corriente. En los playones del arroyo, las mujeres cavan pocitos llamados cacimbas. Gracias a la filtración se llenan de agua más cristalina que las mujeres transportan en unos cilindros de latón.
Las casas del Palenque se construyen hoy con palma amarga, lata y bejuco malibú. Antes de la Guerra de los Mil Días (1899-1902), las manzanas del lugar contaban con un mayor número de casas. Pero el paso de tropas del general Jaramillo incendió todo el poblado en represalia por la ayuda que sus moradores le habían prestado al general Robles, jefe de un batallón hostil al gobierno. Ese mismo día incendiaron a Plan Parejo, situado en la mitad del camino que conduce de Palenque a Malagana, donde existían alrededor de unas sesenta casas de pobladores afrocolombianos.
A raíz del título mundial de boxeo obtenido por Pambelé en 1974, el gobierno instaló el servicio de energía eléctrica en la población y en 1978 se inauguró el servicio de acueducto cuyo funcionamiento esporádico no ha cambiado las costumbres de ir al arroyo para lavar la ropa y conversar. La construcción del coliseo de boxeo fue otra de las obras que dejó el campeón mundial en San Basilio.
En 1979 el poblado tenía siete calles, dos de las cuales salen de una inmensa plaza, en cuyo cementerio se encuentra en la entrada de la población. Para esa fecha existían 308 viviendas construidas en bahareque.
La casa típica palenquera es de planta rectangular con techo a cuatro vertientes. Todo el material utilizado en la construcción lo suministra el entorno. El techo es de palma amarga y las paredes de lata, las cuales se colocan verticalmente, bien acopladas y sujetas con bejuco malibú a varas gruesas y dispuestas de manera horizontal. En términos generales recubren las paredes interiores y exteriores con una mezcla de estiércol con arena.
Es costumbre en el lugar que la construcción de la vivienda esté bajo la dirección de un maestro de obras y lo usual es que tal labor se lleve a cabo en forma comunal.
El Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina
En tiempos de los asaltos de los piratas a la isla, los africanos fugados de las plantaciones se ubicaron en las partes altas del lugar. Vivieron en casas que armaron con bejucos, ramas, hojas de palma de coco y mangle y madera.
Las viviendas típicas del archipiélago corresponden a un estilo de marcado acento afroanglo- caribeño. Estas construcciones se hacen en madera de pino machihembrado la cual es importada de Nicaragua o del sur de los Estados Unidos. Su montaje se hacía mediante trabajo compartido entre familiares y vecinos. Más de la mitad de las casas estaban pintadas de blanco, predominando los acabados en colores vivos, que imprimen un toque pintoresco al paisaje. La ornamentación es refinada y sus adornos llaman la atención por la delicada combinación de sus colores. Las casas se edifican casi siempre sobre pilotes o troncos de árboles, en soportes de concreto o en bloques de piedra basáltica como en Providencia. Levantar la casa permite aislarla de la humedad. Estos pilotes las levantan del suelo de 0.60 a1.2 metros. Se encuentran ubicadas entre las palmas de coco, a la vera de los caminos o en la orilla del mar. Los jardines y antejardines, en ocasiones encerrados con cercas vivas, están sembrados con flores ornamentales del trópico. También tienen árboles de mango o de naranjo que crecen silvestre. El balcón es el sitio de descanso, hecho para disfrutar de la brisa y de la sombra, ver pasar el día desde las hamacas y reunirse con los vecinos, son estas algunas de las razones por las cuales se continúa con la tradición de construir el balcón, que se ubica en la parte anterior o alrededor de las viviendas. Las residencias tradicionales han ido desapareciendo con la migración de gente del continente que llega atraída por el comercio del puerto libre.
La casa afrocaribeña de las islas
El equilibrio entre la arquitectura y la naturaleza resulta de la unión perfecta entre los colores de la vegetación y los tonos vivos de las fachadas. La vivienda típica afro-caribeña de San Andrés y Providencia responde a las exigencias de un clima húmedo y de altas temperaturas, que decolora las fachadas y que hace necesario pintarlas a menudo. Además, su solidez le permite salir bien librada de la acción de tormentas, brisas y fuertes lluvias tropicales.
El estilo de casa más popular es de planta rectangular, de madera machihembrada que se coloca de manera horizontal en las paredes. El espacio interior se divide en tres o cuatro compartimientos. Posee una puerta de entrada en el centro, con frente a la calle y grandes ventanas.. El eje de la cerca del techo va paralelo a la calle, de tal manera que las culatas quedan hacia los lados. Los techos de paja de otro tiempo, han sido reemplazados por tejas de zinc o eternit corrugadas y también por tejas de madera. Los canales que recogen las aguas lluvias del techo, descargan directo en cisternas, en su mayoría de concreto, pues también las hay de madera como barriles gigantes, localizadas en la mayoría de los patios frente a las culatas de las casas.
La adopción del concreto y bloques de cemento como materiales de construcción amenaza con desaparecer el llamativo estilo arquitectónico tradicional de las Islas. En estos materiales ya se han construido, numerosas casas para la atención de servicios públicos como escuelas, el hospital, el Instituto de Seguros Sociales y numerosas edificaciones para hoteles, teatros y almacenes de todo género.
La isla de San Andrés se encuentra bordeada por una carretera, llamada de circunvalación, que la recorre en medio de una arboleda de cocos. Hacia el norte se encuentra el aeropuerto, en la misma vía se encuentran los restaurantes típicos y la fábrica de grasas. Bordeando la costa oriental se llega a San Luis y después al Apostadero Naval.
El Litoral Pacífico
El poblamiento del Pacífico colombiano se realizó en múltiples oleadas que pueden catalogarse en dos grandes ciclos. El primero es el llevado a cabo por las culturas amerindias las cuales desde el siglo XVI comenzaron a decaer bajo el impacto de las operaciones militares españolas. El segundo, ciclo calificado como afroamericano, se inicia en el siglo XVII cuando los españoles dominan a los pueblos indígenas quienes les hicieron la guerra por más de un siglo para defender sus territorios. Vencidos son ubicados en las cabeceras los ríos principales y de sus afluentes, mientras que en las orillas de los ríos principales, los españoles levantan campamentos mineros con trabajadores africanos y sus descendientes. A partir del siglo XVIII, las familias esclavizadas comienzan a comprar sus cartas de libertad y sus amplias parentelas empiezan a migrar en busca de nuevas tierras en donde instalarse lejos de sus antiguos amos. Esta expansión territorial de los afrocolombianos de entonces los llevó a instalarse en regiones como el Alto Baudó en abandonaron sus prácticas mineras por la agricultura, la recolección de moluscos y la cacería. El siglo XVIII representa un periodo de gran expansión demográfica y territorial de las poblaciones afrocolombianas en todo el litoral. Durante el siglo XIX, las leyes de abolición propiciaron nuevas migraciones de libertos en toda la región. Con el inicio de la colonización agraria y de la minería independiente impulsada por cimarrones y luego por libertos y manumisos, el poblamiento alcanzó su pleno desarrollo a comienzos del siglo XX, todo ello gracias a diversas estrategias adaptativas que idearon sus moradores a lo largo del litoral.
Desde el siglo XVIII, cimarrones, libertos y manumisos se lanzaron a la conquista pacífica de las selvas. Fundaron numerosas estancias ribereñas para el cultivo de maíz, caña, coco, arroz, yuca y plátano. Poco a poco se agruparon en pequeños focos residenciales a lo largo de los ríos, creando así un hábitat longitudinal y de vecindad que le da fisonomía al actual sistema aldeano. La concentración en pequeños asentamientos es la característica predominante del poblamiento moderno del Pacífico, Chocó y las costas del Valle del Cauca, Cauca y Nariño. La malla urbana está estructurada a partir de un conjunto de centros menores con rasgos de aldea y miles de caseríos vinculados a las áreas productivas, adscritos a cabeceras rurales que están entre 2000 y 3000 habitantes.
La gente del Pacífico, está sometida a la acción permanente de las fuerzas de la naturaleza: maremotos y lluvias torrenciales que desencadenan incendios y aislamiento de las vías. Caseríos situados en áreas de mucha vulnerabilidad, viven una amenaza permanente que cumplían funciones protectoras y de alimentación básica. Los desastres naturales generan migraciones de poblaciones enteras que se reconforman alrededor de nuevas circunstancias generalmente urbanas. El abandono de sus pueblos y tierras también llega por el declive o la quiebra de empresas nacionales o extranjeras explotadoras de los recursos naturales. Cuando se cesa la producción extractiva la gente empobrecida va a buscar nuevas posibilidades en otros lugares. Tal es el caso de Barbacoas y Lloró con sus casas de balcón y su rica arquitectura de madera símbolos de una pasado de riqueza minera hoy en ruinas. Esta misma situación vivieron los complejos mineros de Andagoya y Condoto. Sus calles y sus casas, hoy sólo son huellas de una prosperidad fugaz basada en los ciclos de bonanza y crisis de las economías extractivas.
Las políticas económicas y los ciclos de producción extractiva hacen que la tipología espacial de los asentamientos afrocolombianos del Pacífico cambien de manera constante, sufriendo en ocasiones serias rupturas que llevan a desaparecer los modelos urbanísticos autóctonos tradicionales. No obstante, sus tradiciones culturales de raíces africanas, han consolidado estos pueblos gracias a los sentimientos de identidad y de pertenencia territorial de sus habitantes.
Los asentamientos fluviales
Los asentamientos fluviales son característicos del poblamiento afro del Pacífico. La mayoría de estos pueblos se originaron como resultado del ordenamiento territorial impuesto por la economía minera colonial. A lo largo de la Colonia y durante toda la República las tasas de natalidad de estos pueblos permitieron que llegaran a ser hoy la población predominante a lo largo de ríos y quebradas. El pacífico colombiano es una región irrigada por ríos que configuran extensos deltas y una trama de circuitos acuáticos por donde es posible navegar y desarrollar múltiples actividades de intercambio social y comercial. Este paisaje permite rememorar las costas occidentales africanas, de manera especial, las costas del golfo de Guinea de donde llegaron Ararás, Carabalíes y Minas a trabajar en las minas del pacífico colombiano. Es muy posible que su memoria botánica y zoológica del mismo modo que los manejos de ecosistemas fluviales y marítimos les hubiera permitido reconstruir la cultura del agua de la cual eran portadores. De ahí que sus poblados se presenten al observador como una sinuosa trama lineal paralela a los ríos.
Esta dinámica de poblamiento afrocolombiano se conoce como sistema aldeano fluvial. Además, de su linealidad respecto al río, se caracteriza por el manejo de espacios colectivos que representan el 75% del área ocupada por las aldeas. Las viviendas son separadas entre sí. La cercanía al agua de río o quebradas o al agua del mar, las viviendas están siempre expuestas a las inundaciones. De ahí que la vivienda sea palafítica, es decir, alzada en pilotes a alturas que pueden variar de 0.60 a3.5 metros. Las casas elevadas están comunicadas por medio de puentes de madera. En la calle principal contigua al puerto sobre el río, se desarrollan las actividades cotidianas de la comunidad: el mercado, el lavado de ropa, los servicios sanitarios flotantes y el servicio de transporte. En estos poblados el río es el sitio de referencia y la vía de comunicación natural de los habitantes del lugar.
Muchos de los poblados fluviales asentados sobre los ríos Atrato, San Juan, Baudó, Telembí o Güelmambi tienen viviendas palafíticas para protegerse de la humedad, de los bichos y de las permanentes inundaciones. Las casas se comunican mediante una red de puentes que unen las terrazas. Estos puente son una prolongación de las áreas comunes de las viviendas. En ellos se realizan actividades familiares y sociales. Riosucio (Chocó), presenta un tipo más elaborado de asentamiento fluvial. Su desarrollo urbanístico lo ha convertido en centro regional. Su crecimiento se hizo por calles paralelas a la principal sobre el río hasta llegar a la parte posterior del poblado en donde se hallan las ciénagas.
El caso de los asentamientos fluviales modernos es bastante común en todo el litoral. En general la vivienda de estas pequeñas ciudades en la selva corresponde al ancho de la manzana que conforman las viviendas apareándose o dejando una especie de zaguán. Es decir que las manzanas sólo se encuentran separadas por pequeños callejones.
Los edificios institucionales de arquitectura similar a las de las viviendas, sólo se diferencian en el tamaño y son casi siempre construcciones de dos niveles. En el Bajo Baudó también se configuran los caseríos alineados a lo largo de las orillas de los ríos. Lo que es una constante en el Pacífico Colombiano.
El espacio público: lugar del encuentro
La noción y el manejo del espacio público en los poblados del Pacífico es muy intensa pues representa una extensión del espacio privado familiar. Esta apropiación social del espacio público marca de manera notable las relaciones que los particulares hacen de ese espacio. Algunos rasgos característicos de esta socialización del espacio público se refleja en la carencia de linderos, y en la ausencia de una separación clara o determinante entre unas áreas y otras.
El solar de la casa se constituye en el primer nivel del espacio social caracterizado por ser el centro de actividades de la vivienda, donde se concentran sus moradores para el desarrollo de varios oficios. Este ámbito privado e íntimo en la cual se desenvuelve la vida cotidiana de la gente afrocolombiana del Pacífico, se extiende hacia los espacios catalogados como exteriores: la terraza, la acerca y el corredor se llenan de sillas al atardecer para ver pasar a los conocidos, jugar a las cartas y comentar los sucesos más importantes del lugar. Al igual que en los solares, las casas tienen árboles de sombra sembrados para dar sombra.
De esta forma, el núcleo de habitación de la vivienda afrocolombiana es relegado a un plano funcional destinados sólo para las actividades diarias como dormir y asearse. La cocina en el solar y la terraza delantera o corredor son los espacios en donde se desarrolla la vida en sociedad.
En el caso del Chocó existe una variante de estos espacios sociales que se conoce como la paliadera. Se trata de una terraza elevada situada en la parte posterior de la casa, donde se realizan las actividades relacionadas con el agua y que antes tenían lugar en el río. Ese mismo lugar cumple la función de huerta casera. allí se encuentran sembradas las plantas y hierbas medicinales. También se extiende la ropa y se desarrollan algunas actividades de socialización. En dichos espacios se da continuidad a las actividades que se desarrollan en el río como el baño y el lavado de las ropas. Las paliaderas son espacios que se hayan en la frontera entre lo público y lo privado, dando así un toque particular a la vida en las aldeas del Pacífico colombiano.
El hábitat de esta región se articula sobre un vecindario residencial multifamiliar, embrión de un pueblo. Su subsistencia depende del cultivo en huertos caseros conocidos como azoteas situados alrededor de la vivienda. También cultivan sus colinos familiares. Allí siembran plátano, el principal alimento, cocotero, papachina, caña de azúcar, yuca ñame y frutales. Complementan su alimentación con lo obtenido durante las actividades de pesca, caza y recolección de frutos del bosque. Esta relación con el entorno describe un orden que va de los espacios domésticos a los de la vida silvestre.
Los caseríos en hilera continua ó discontinua, con solares y huertas serpentean los ríos y las costas del Pacífico colombiano. El desarrollo del comercio y las actividades administrativas se diversifican y se empieza a dar la división social del trabajo, favoreciendo la conformación de un centro comarcal que tal vez sea elevado a la categoría de nuevo municipio.
Vivienda, tecnología y medio ambiente
Las construcciones del Pacífico actuales manifiestan aportes de otros pobladores de la región. Se distinguen, los tambos de la gente embera, la casa campesina anfibia ubicada en las márgenes del Atrato y el San Juan, la vivienda de tenderos antioqueños radicados en las cabeceras municipales, las casas vacacionales de la gente del centro del país y la casa campamento originada con la presencia de empresas como la Chocó-Pacífico y la United Fruit Company. En estas construcciones tanto como en las llevadas a cabo por la gente afrocolombiana de la selva. se reconocen básicamente tres tipos de materiales de construcción: Los primeros, son catalogados como autóctonos, es decir, los materiales que se aprovechan luego del desmonte o que son extraídos del entorno inmediato. Se emplean mayor transformación o en algunos casos se utilizan con una adecuación realizada en función de la obra. Así la madera se combina con hojas y esterillas de palma, bambú o chonta, horquetas, palos redondos, cintas y varetas de cañabrava, guadua y latas de la misma.
Los materiales llamados tradicionales son aquellos obtenidos en la selva. A diferencia de los llamados autóctonos, los tradicionales son pulidos y transformados de manera en talleres familiares artesanales. Las maderas son labradas con hacha. Son de uso tradicional en la región las maderas rollizas bien cortadas y con recubrimientos de esterilla de barro. Entre las maderas más usadas se encuentran el guayacán, huino, abarco, cedro, alisal, aporrejado, aceite, corcho y también se utiliza la madera de mangle para la construcción de viviendas que levantan sobre pilotes.
Los otros materiales se conocen como industriales o modernos. Entre ellos se destacan el cemento, las tejas de asbesto y las láminas de zinc. Entre 1910-1915 las compañías extrajeras de minería como la Chocó-Pacífico difundieron su uso en la zona del Atrato. A partir de 1971, en este modelo se prolonga la cocina con la paliadera donde está instalada la llave del acueducto domiciliario recién inaugurado, y se cambia paulatinamente el techo pajizo por la cubierta en tejas asfálticas corrugadas o en asbesto-cemento de eternit.
Sistemas utilizados en la construcción
En esta región los carpinteros quienes en muchos casos se desempeñan como maestros de obra emplean maderas finas. Utilizan dos sistemas estructurales: el de estructura apoyada en el piso y el de estructura independiente del piso. De aquí parten para resolver las distintas situaciones que les plantea el oficio de la construcción.
La casa chocoana rural se distingue por el uso de horcones, plataforma en palma, lo mismo que el cerramiento, cubierta en palma. A diferencia del indígena, la gente afrocolombiana cierra completamente sus viviendas y abre ventanas laterales y una puerta central. Por lo general la estructura es de madera rolliza. Las divisiones son en madera se realiza con listones de 2 x 2 pulgadas. En un mismo poblado y aún en una misma casa, es posible encontrar mezclas de formas y materiales autóctonos, tradicionales e industriales.
Entre los problemas más frecuentes que hacen optar por nuevos materiales se ha identificado, por ejemplo, que la esterilla deja pasar el aire a través de las paredes, mientras que las tablas ofrecen más protección contra la intemperie aunque aumentan la temperatura interior de la vivienda. La cubierta vegetal refresca los interiores, pero requiere mantenimiento y arreglos continuos costosos. La cubierta metálica, es mucho más durable pero es caliente y costosa y aumenta las necesidades de ventilación y aislamiento térmico por medio de cielorraso, ventanas y celosías frontales y laterales. Sin embargo, en las áreas urbanas de población afrocolombiana de bajos recursos económicos, estas últimas se eliminan a menudo quedando las viviendas cerradas en tabla y techadas en zinc o aluminio con poca ventilación.
Así tratando de resolver algunos problemas se crea uno nuevo, el del calor excesivo en las alcobas y en la cocina, producido por el uso de zinc, además, de la falta de cielo, carencia de rejillas de ventilación y de ventanas e insuficiencia del espacio. Puede anotarse también que la prolongación de las paredes interiores y exteriores hasta la altura del cielo y de las vigas que soportan el techo, impide la circulación transversal del aire, también los cielorrasos horizontales en peine mono, muy bajos, aíslan el calor, pero reducen el volumen de aire.
De las vigas mamas a la vivienda moderna en el Pacífico
Igual que sucede en la cuenca del río Güelnambí afluente del Telembí en Nariño, en el Chocó existen unas piezas enormes de madera que se legan de generación en generación para la construcción de las viviendas. Son una vigas patrimoniales y son las primeras en rescatar en caso de incendio. Estos horcones de trúntago (variedad del guayacán) de cientos de años de edad son indicadores de oleadas de poblamiento que se originaron en el río Quitó afluente del Atrato hacia el Baudó a principios del siglo XVIII.
Sin embargo, los procesos de modernización hacen que la permanencia de la tradición se combine con los retos de la modernidad. De este modo paso de la vivienda rural a la semiurbana y la urbana se caracteriza por un proceso de transformación del predio, donde el esquema funcional y espacial cambia de acuerdo a las necesidades de la familia. La relación entre el núcleo construido de vivienda y el espacio libre que alberga las actividades de producción o interrelación de sus habitantes permite identificar etapas de mutaciones en la vivienda del Pacífico chocoano.
Con el producto de una cosecha de arroz, plátano o con el de una pesca extraordinaria, se amplían las casas. Se empieza por cambiar techo de palma por láminas de zinc o asbesto-cemento, se cierran salas o cocinas con tablas aserradas y arregla el piso.
La casa crece con agregados posteriores, laterales o frontales y con cobertizos separados, a medida que la familia o las cosechas exigen nuevos espacios de vida y producción. Levantan los aleros para tener unas áreas cubiertas para el almacenamiento de maíz, el plátano o arroz. La cocina se cierra o se construye una nueva para cambiar la destinación de viejo espacio; la cubierta se extiende hacia los lados para disponer de depósitos o más cuartos; el interior se prolonga hasta la marranera y el gallinero, el trapiche, el secadero de arroz, cacao o pescado, el embarcadero-lavadero y los cobertizos para los productos agrícolas. De esta manera cambia la vivienda de forma y volumen y se van diferenciando poco a poco las actividades y funciones residenciales y productivas.
El trabajo ornamental
La capacidad creativa de la gente afrocolombiana del pacífico se manifiesta cuando busca soluciones a los retos que le impone el clima. Su sensibilidad estética y su conocimiento de los materiales afloran de manera especial cuando se trata de proteger su vivienda. Soluciones tecnológicas y de diseño permiten la adecuación de elementos arquitectónicos a las características propias del medio. Creando así objetos de gran estética que engalanan balcones y ventanas mediante el uso de un amplio repertorio formal y cromático.
La ornamentación se trabaja a partir de formas geométricas, partiendo de variaciones en los listones de las maderas utilizadas. En las barandas aparecen composiciones que se repiten en pequeños módulos copiados, de la casa campamento. La fachada principal de las viviendas recibe la mayor decoración, los laterales no se decoran, ni se pintan, se utilizan para ventilar y abrir pequeñas ventanas. Vanos, ventanas, puertas, tragaluces y celosías conforman las fachadas compuestas a partir de juegos de figuras que evocan los calados sofisticados de la filigrana del oro. El martillo, la caladora manual, el berbiquí, el serrucho, la hachuela y el machete son suficientes para hacer gala de destreza e imaginación.
La ornamentación de las fachadas se viste de colores vivos que se utilizan en vanos, rejillas y detalles de ventilación que contrastan con las paredes claras y alimentan la apariencia simple de estas viviendas. Así, la solución a las necesidades de ventilación e iluminación se convierten en una posibilidad figurativa y creadora donde cada habitante recrea la búsqueda estética en su fachada. El entorno urbano se convierte entonces en una paleta cromática donde las viviendas se mezclan con la rica vegetación del paisaje.
Estos decorados en madera, comúnmente conocidos como calados manifiestan y expresan el proceso de diversificación laboral que en los caseríos marca las diferencias individuales o familiares de las actividades económicas. La ornamentación de las fachadas sirven de propaganda para los establecimientos comerciales y expresan distinción social.
Vivienda aldeana afrochocoana
La vivienda aldeana afrochocoana es una unidad compacta de uno o dos niveles, que alberga los sitios de descanso, relación y trabajo. En el primer nivel se halla un gran salón que se utiliza tanto para secar el arroz como para los velorios. A veces existe una terraza de oficios, o depósito para la producción agrícola y un local comercial. La distribución interna es muy sencilla, los cuartos ocupan el área central, se ubican a un costado o en el segundo nivel en caso de que exista. La cocina está localizada en la parte posterior de la casa y tiene un techo independiente. El hábitat rural está compuesto por una parcela de una o varias hectáreas. Concentra la totalidad de las actividades de la vida doméstica. Incluye algunos espacios para el almacenamiento de productos.
En las aldeas el espacio familiar se extiende hasta el solar con el gallinero, el tendedero de ropa y la zotea para el cultivo doméstico de hierbas aromáticas o medicinales. También se beneficia de la calle y de los lugares públicos, donde se seca el pescado, el arroz, el cacao o el maíz y se realizan actividades como el pilado.
Los elementos que tienen las familias dentro de las viviendas, son una evidencia de la distribución de las actividades económicas de acuerdo al sexo. Es así, como en las afueras de los ranchos, a manera de “colgaderos”, se encuentran las redes de pesca colocadas sobre travesaños de madera al término de las faenas o extendidas para su reparación. En las horas de la tarde, los pescadores reconstruyen sus mallas usando agujas fabricadas en madera, revisan las boyas y los plomos para las nuevas jornadas, construyen faros y canaletes, e impermeabilizan o calafatean sus embarcaciones recubriendo con brea el cuerpo y las junturas de madera de las mismas. Pequeños tibungos o neveras de icopor se mantienen en algunas viviendas para la conservación temporal del pescado.
El municipio costero de Nuquí del Pacífico chocoano (Golfo de Tribugá), se encuentra poblado en su mayoría por afrocolombianos, que habitan en casas de madera levantadas sobre pilotes. Las viviendas siguen el curso de los esteros que casi rodean el poblado. El corte indiscriminado del manglar ha debilitado los barrancos y su constante erosión ha obligado a los habitantes a construir muros de contención.
Este poblado costero está compuesto por casas organizadas y alineadas que forman cuadras. Las nuevas casas de material le da un acento urbano aunque el uso del espacio sigue siendo bastante tradicional. Predominan las casas que suelen intercalarse en medio de un paisaje de palmeras, árboles frutales y ornamentales que le regalan sombrío a sus habitantes.
Como en algunas otras localidades de la costa Pacífica, Nuquí cuenta con un pequeño aeropuerto. En ese mismo sector de la localidad se encuentra la sede de la alcaldía, el juzgado, el hospital, las oficinas de las empresas aéreas y algunos restaurantes.
El sur del Pacífico
El Pacífico vallecaucano
Los cursos de los ríos Anchicayá y el Raposo fueron los sitios donde los españoles sometieron indígenas y africanos esclavizados para la explotación del oro. Estos territorios después se convertirían en el lugar de asentamiento de población afrocolombiana. El poblamiento en la región costera del Pacifico sur se concentra en la cabecera municipal de Buenaventura. La población rural se distribuye a lo largo de los ríos o sobre las playas y las bocanas. Su distribución es longitudinal configurando una red de caseríos dispersos y unos cuantos nucleados con bajas densidades poblacionales.
La colonización de la llanura del Pacífico, ha sido propiciada por diferentes condiciones en épocas diferentes, y esto ha hecho que en los ríos Yurumanguí y Naya se hayan registrado olas de inmigrantes dispuestos a poblar áreas de difícil acceso. Puerto Merizalde, La Bocana, Málaga, Juanchaco y Ladrilleros figuran como algunos de los pueblos más representativos de la región.
El Pacífico caucano
Sus habitantes han sido actores de un proceso de poblamiento registrado desde finales del siglo XVIII generado por el auge de la explotación de las minas y el aniquilamiento de las poblaciones indígenas con presencia en la región desde tiempos prehispánicos.
La actividad social y económica de los afrocolombianos de esta región se desarrolla a lo largo de una intrincada red que conforman los ríos, los esteros y el mar, principales canales de comunicación y rutas para el intercambio comercial y de relaciones sociales. Habitan en caseríos ribereños, alineados sobre las orillas de los ríos o del mar.
Sobre el río Guapi, hacia la desembocadura se ubica el municipio de su mismo nombre y sobre sus márgenes hacia arriba, los corregimientos de Belén Calle Larga, Choare, El Atajo y la cabecera municipal de Guapi. El río Micay, en el municipio de López desemboca en el Pacífico y la vía de comunicación que conecta once corregimientos: Dos Ríos, San Isidro, Santa Rosa, Taporal, Zaragoza, Guayabal, Santa Ana, Noanamito, San José Candelaria y el Coco. Entre sus afluentes el Napi, San Francisco de la Vuelta, Juan Cobo, Capilla y Guacarí, permitieron el asentamiento de comunidades costeras. Sobre el río Timbiquí se encuentran los caseríos de Santa María, San José, Coteje, Cheté, el Charco Cuerval y la cabecera municipal de Timbiquí.
El Pacífico nariñense
El hábitat de los afrodescendientes en esta región está conformado por los ríos que desembocan en la costa nariñense: Patía, Mira, Satinga, Sanquianga y el Iscuandé, sobre los cuales se ha desenvuelto la historia económica y social de sus habitantes. Allí mismo establecieron poblados y caseríos dispersos de diversa magnitud, construidos sobre las márgenes de los ríos o en las áreas de manglar. Estos lugares habitados desde la antigüedad por grupos indígenas, pasaron a ser poblados por los africanos y sus descendientes quienes idearon sistemas sociales en concordancia con las condiciones ambientales que debían afrontar.
Sus vivienda están construidas en madera sobre pilotes y con techos de palma de jícara, chalar, cortadera, naidí o corozo.
Tumaco es el centro urbano más importante de la zona. Fue establecido en 1640. Cuando los centros mineros coloniales de Barbacoas e Iscuandé declinaron, Tumaco adquirió relevancia como puerto y ciudad de importancia en el Pacífico, en un proceso que se aceleró hacia la segunda mitad del siglo XIX, con el despegue de las explotaciones de tagua, el caucho negro y la balata.
En el plano aluvial que forma el río Mira, se ha desarrollado un poblamiento lineal a lo largo de la carretera donde se encuentran inmigrantes provenientes de Antioquia y Nariño. En esta zona se encuentran miles de hectáreas plantadas en palma africana lo cual ha causado una fuerte concentración de población en las inmediaciones de la carretera.
De acuerdo a las cercanía del mar y en respuesta al régimen de mareas, construyen sus casas sobre pilotes de 1 a4 metros, las paredes de tabla (tulapuesta), los pisos de listón y los techos de zinc o de tela asfáltica resisten las intensas lluvias de todo el año.
Los ríos Satinga y Sanaquianga presentan asentamientos poblacionales determinados en gran medida por los lazos familiares y deparentesco. Sus habitantes conservaron y adaptaron elementos culturales de la memoria africana a las condiciones de la vida republicana. Las veredas La Victoria, Barbacoitas y Gembao, a orillas del río Satinga, y Naidizales y Guavillales a orillas del río Sanquianga, poseen asentamientos en grupos donde, a partir de una matriz principal, el proceso hereditario y la repartición de la tierra permiten que los hijos construyan sus viviendas cerca del grupo familiar inicial. Este asentamiento gregario determinado por el parentesco tiene otra connotación de mayor trascendencia: la contribución mutua con fuerza de trabajo sin mediación de dinero, donación de alimentos entre las unidades familiares, apoyo en caso de enfermedad y captación de recursos del Estado en obras como escuela, hogar comunitario y dispensario.
Existe otro tipo de asentamiento familiar más amplio en términos espaciales; las viviendas se ubican a lado y lado del río, bastante distanciadas entre sí, y llegan a ocupar toda una vereda, incluyendo habitaciones aisladas no pertenecientes al mismo tronco familiar. Estas comunidades viven de la práctica de patrones tradicionales que han sobrevivido a través de los años. Se transportan en canoas y motores fuera de borda; sus ingresos en dinero se obtienen de la minería del oro, actividad que realizan mediante el lavado de las arenas de los ríos y de los aluviones auríferos.
Nació en Lorica, Córdoba, 17 de marzo de 1920 y murió en la Ciudad de Bogotá en el año 2004. Escritor, novelista, antropólogo, investigador y científico social.
Siendo niño Manuel Zapata Olivella, su padre, el profesor Antonio María Zapata Vásquez, se trasladó con su familia a Cartagena de Indias, en donde refundo el Colegio “La Fraternidad” donde el ser humano y su entorno, eran los ejes fundamentales de estudio desde una óptica científica y humanista, que reñía con la cátedra religiosa imperante para la época.
Estudió Medicina en la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá. De 1943 a 1947 viajó por América Central y México ejerciendo los más diversos oficios. En la ciudad de México trabajó en el Sanatorio Psiquiátrico del Dr. Ramírez y después en el Hospital Ortopédico del Dr. cantante Alfonso Ortiz Tirado, para la revista Time y para la revista Sucesos para Todos. Discutía contra su hermano Virgilio defendiendo a los Estados Unidos, cambiando de manera de pensar después de un viaje a este país donde sufrió discriminación racial.
Escritor, novelista, antropólogo, investigador y científico social. Manuel Zapata Olivella, fue uno de los afrocolombianos más destacados del siglo XX. viajó por América Central y México ejerciendo los más diversos oficios, durante su estancia en México, escribió la novela no publicada “Arroz Amargo”. Como etnógrafo, publicó varios estudios sobre las culturas de los negros de Colombia.
Manuel Zapata Olivella es un médico, antropólogo y literato de prestigio, comprometido con la causa de la valoración de la cultura afrocolombiana.
Producto de su dedicación, en años recientes ha realizado numerosos trabajos y ensayos relacionados con aspectos artísticos, literarios, culturales y sociopolíticos de las comunidades afrocolombianas. Entre ellos sobresale Las claves mágicas de América (raza, clase, cultura), publicado en 1989, en el que sostiene que existen formas veladas de discriminación y que hay una cierta coincidencia entre el dominio de clase y el étnico.
Los ensayos y trabajos de Zapata Olivella tienen el mérito de hacer un constante llamado al reconocimiento de los aportes de las comunidades afrocolombianas a la identidad cultural de la nación, con el fin de que cada uno de los colombianos considere suya la raíz africana que hace parte de nuestra identidad.
Su producción literaria ha tenido éxitos continuos, como lo atestiguan dos de sus reconocidas novelas: Chambacú, corral de negros y Changó, el gran putas.
Discutía contra su hermano Virgilio defendiendo a los Estados Unidos, cambiando de manera de pensar después de un viaje a este país donde sufrió discriminación racial. Durante su estancia en México, escribió la novela no publicada “Arroz Amargo”. Como etnógrafo, publicó varios estudios sobre las culturas de los negros de Colombia. Enseñó en varias universidades de Estados Unidos, Canadá, Centroamérica, y África. Fundó y dirigió la revista de literatura Letras Nacionales.
El tema principal de la narrativa de Zapata Olivella es la historia y la cultura de los habitantes del caribe colombiano, en especial la vivencia de los negros e indigenas. Su obra más importante es la novela Changó, el Gran Putas (1983), una extensa obra que se propone como la epopeya de los afroamericanos, narrando sus orígenes en África, las historias de los negros cimarrones en Cartagena y la independencia de Haití, hasta llegar a la lucha contra la segregación en Estados Unidos. Su novela anterior En Chimá nace un santo (1964) fue finalista en dos concursos legendarios, el Esso de 1963, en que fue derrotada por Gabriel García Márquez con La mala hora y el Premio de Novela Breve Seix Barral, cuyo primer puesto fue para La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa.
Nació en el Corregimiento de Chuare Napi, en Guapi, Cauca, sobre la rivera del río en noche de chirimías, marimba y guasá. Por el estero cercano arrastraba la marea pianguas raiceras, sierras, cangrejos y jaibas y las dejó a su puerta para saludar a quien en su vida no haría otra cosa que hablar de mar y negro carbón.
Mary Grueso Romero es una mujer de pulpa de cununo y calamar. Lleva en sus venas una cascada de alabaos tristes, ojos de negritos que corren por el litoral y cocos que se baten como maracas en la palma junto a la mar.
Wilfredo Grueso y Eustaquia Romero, sus padres, la arrullaron en su tierra, junto al abuelo Martín Romero, y luego emigraron a un ingenio en Zarzal. Fiel a su tierra y a sus ancestros creció hasta los 20 años entre mimos y como una princesa, despreocupada de los afanes de la ciudad. Se casó a los 23 y con el apoyo de su marido estudió en la Normal Nacional la Inmaculada Concepción de Guapi de las Hermanas de la Providencia. Entrada a los 28 años se graduó de maestra bajo el titulo de Maestra Bachiller en el año de 1980, de ahi en adelante empezó su ascenso en la literatura y la poesía en las universidades como en el Quindío donde optuvo el titulo de licenciada en español y literatura en el año de 1999, además de un postgrado especializado en la enseñanza en la literatura en la Universidad del Quindio en el año 2000, Bajo un convenio interinstitucional de la Escuela de Bellas Artes en la Universidad del Pacifico, logra su Diplomado de Gestión de Proyectos Culturales en el año 2001. La especialización en lúdica y recreación para el desarrollo social y cultural logro su titulo en el año 2003 en la Universidad los Libertadores de Bogotá y su segundo Diplomado lo logra en el año 2004 en la Universidad del Valle bajo la Cátedra de la UNESCO llamada Didáctica de la Comprención y Producción de Textos Escritos.
Durante los años 2005 al 2007 se desempeñó como catedrática de Literatura en la Universidad del Valle - Sede Pacífico, en Buenaventura. En el año 2008 dictó talleres de oralidad, en la Universidad Libre de la ciudad de Cali. Ha sido presidenta y Vicepresidenta del Consejo de Literatura del Departamento del Valle del Cauca. Desde 1995 asiste al Encuentro de Poetas de Colombianas, en el Museo Rayo, Roldanillo, Valle del Cauca. Desde hace 5 años viene desarrollando talleres de promoción de lectura, conferencias y conversatorios, en la Biblioteca del Banco de la República, en la Universidad del Valle y en la Universidad del Pacífico.
Por muchas personas que la conocen al reflejar en sus textos el gran amor a su raza afrodecendiente, por consiguiente es considerada una de las voces más fuertes del Pacífico Colombiano.
Mary Grueso es una mole negra nacida del vientre del mar. Alta, gruesa, se mueve como las olas violentas en noche de leva. Su cara sonríe con labios pintados de negro y carmín. De carnes firmes y voz de barco que saluda cuando llega al puerto. Su palabra es ola sonora y a veces grito de alerta, es marisco, es pájaro, es chonta de selva, es fúnebre chigualo de niño muerto. Todo en ella huele y tiene sabor a niebla marina, a sal de ambiente, a sol y cielo abierto, a sudor y cansancio de muelle, a risa franca y mano de mujer amiga.
La hemos visto mirar ansiosa como gaviota que busca en el confín lejano la roca de coral para sosegar su viaje. Lleva en su alma una queja honda que aprendió desde que bebió la sangre en su madre. Es la marca de ser negra y sentir que sus congéneres no han aprendido a ver su rostro en el color que deja el fuego y que esconde un diamante sin talla.
Hija de abuelos esclavos que trabajaban en minas sureñas, es heredera ahora de apellidos de negreros amos blancos. No esconde su triste pasado ni rumia odios ancestrales. Con la serenidad que da el trabajo y el arte y el calor de la familia pasa sus horas escribiendo y llevando un mensaje libertario.
Ella sigue por el sendero que le enseñó la vida dura y la historia infame de sus ancestros. Pudo más en ella la paciencia y el ejemplo de los aborígenes que jamás se rindieron ante el infortunio que las cicatrices que dejaron en las espaldas los señores de abolengo que le dieron sus apellidos. Murieron para ellos sus baúles de morrocotas y el orgullo de sus títulos.
Ama el ancho del agua verde, con su hondo misterio que sube y baja en su masa de agua. Quiere ser poeta de pueblo, ama a su gente, conversa con la ventera, el taxista y la peluquera. Allí la llaman, se unta de calle y de olor a gente común y recorre a pie en el mediodía entre el sol y los colectivos las cuadras de Brisas del Mar en Buenaventura donde habita hace nueve años y enseña en el Colegio Juan José Rondón a cientos de negritos a contar y cantar.
En Mary Grueso pierde sentido el viejo aforismo de que el poeta nace y no se hace. Antes de casarse con quien la instó a estudiar y a escribir, Moisés Zúñiga, el esposo que ya cumplió su misión con ella y se fue, jamás pasó por su mente que su amor y el dolor de su partida llegarían a convertirla en la poetisa que haría resonar por el mundo su amor por la arena negra del Pacífico y el paisaje de su tierra natal. Su libro El mar y tú guarda en su título y en gran parte de su cuerpo la efigie grata de quien fuera la raíz de ese árbol frondoso que es hoy esta mujer, madre y escritora.
A Mary Grueso la coronó como “Almanegra” hace dos años la maestra de maestras, Águeda Pizarro, ante doscientas mujeres absortas, en una sesión de triunfo y baile. En la rotonda del Museo Rayo, la escuela más grande de poesía de América, Mary tronó y nadó en ese río de pianguas y calamares y cantó con los resoplidos de una garganta de ballena azul en la mar de la Gorgonia. Quienes la conocen ven en ella a una diosa colombiana, de piel y palabra negra. Su cuerpo es una mina de coral negro, por sus muslos corren versos negros y de sus dos cununos han tomado leche negra sus tres hijos y los negritos del Puerto que oyen sus clases con su voz de alegre látigo negro.
La poesía de Mary Grueso cada día es más del mundo, como lo adivinó en el epígrafe que tomó de León Tolstoi para su segundo libro: “Aprende a describir tu aldea y entonces serás universal”.3 La riqueza idiomática, el rescate de la oralidad de sus raíces negras, la novedad de las imágenes y la naturalidad con que usa el lenguaje hacen de su poesía un canto propio y la colocan en el mismo Olimpo al lado de Candelario Obeso, Helcías Martán Góngora, Lino Antonio Sevillano Quiñones y, por supuesto, junto a María Teresa Ramírez y María Elcina Valencia Córdoba.
Las calles, ríos, palafitos y gaviotas de su pueblo, Nariño, Cauca, el Valle del Cauca han detenido su paso para escuchar su bello canto. Risaralda, Santander, la sabana de los muiscas en Bogotá y Cartagena con su Bahía la han visto triunfar y han aplaudido sus versos. Las ovaciones han sido su premio y su voz ha llegado hasta universidades lejanas que han pregonado su ingenio.
Sus libros publicados son El otro yo que sí soy yo, poemas de amor y mar (1997), El mar y tú, poesía afrocolombiana (2003), Del baúl a la escuela, antología literaria infantil (2003), Negra soy (2008), publicada por Ediciones Embalaje del Museo Rayo, y los dos que tiene en imprenta, Cuando los ancestros llaman, con Univalle, y Tómame antes que la noche llegue, con Hoteles Estelar, son testimonio de su producción y sensibilidad por el paisaje del litoral pacífico, su colorido, amores y dolores.
La poetisa Mary Grueso ha logrado alzar el vuelo como los enormes alcatraces en busca del mar y el cielo, del palmar y el manglar. Ha experimentado la velocidad del viento, la suavidad de la brisa, la inclemencia de las tempestades y ha gozado de los arreboles en el atardecer del Puerto. Su alma negra está llena de noche, de estrellas, de la sabiduría del búho y su palabra llega como refulgente rayo. Estamos de fiesta porque su presencia alegra y brilla como torso de palmera en medio de la tormenta.
OBRA:
Entre sus obras publicadas tenemos:
1. ‘El Otro Yo Que Si Soy Yo - Poemas de Amor y Mar’
Ediciones Marimar-1997
2. ‘El Mar y Tú - Poesía Afrocolombiana-’
Impresora Feriva 2.006
3. ‘Del Baúl a la Escuela - Antología Literaria Infantil-’
Impresora Feriva 2.006
4. ‘Mi Gente, Mi Tierra y Mi Mar’
C´D-; En la voz de la autora
Hoyos Editores
5. Metáfora del Tambor o Negra Soy
Ediciones Embalaje - Museo Rayo 2.008
Entre su Obra Inédita Tenemos:
1. ‘Entre Natos y Manglares’
2. ‘Para que los Recuerdos Perduren’
3. ‘Cuentos, Poemas y Rondas Infantiles’
4. ‘Buscando el Amor’
5. ‘ Tómame Antes que la Noche Llegue’
6. Yo conozco a Buenaventura
Su Obra Se Encuentra Antologada En:
§ Memorias del Encuentro de Escritoras Colombianas ‘Ellas Cuentan’
Homenaje a Marvel Moreno- Pág. 122-126.
Presidencia de la República 2.006
§ Memoria Cultural del Pacífico
Edición Conmemorativa 50 años de servicio a la comunidad, Club de Leones de Buenaventura Monarca XII-1952 al XII 2.002
Pág. 77, 89
§ La Palabra Poética del Afrocolombiano- Hortensia Alaíx de Valencia
Pág. 183
§ Colombia, Tiempos de Imaginación y Desafío
Memorias del XIV Congreso de Colombianistas,
Celebrado en Denison University en Granville, Ohio,
Entre el 3 y 6 de agosto de 2.005
§ ‘Chambacú, la historia la escribes Tú’
Ensayos sobre la cultura Afrocolombiana.
Lucía Ortiz [ed]
Pág. 183, 197,217
Editorial Iberoamericana
§ Voz del Mar, Tambor y Verbo Julio 1.997
‘Tradición oral del Pacífico’
Águeda Pizarro de Rayo [ed]
Pág. 70-78
Ediciones Embalaje 2.007
Museo Rayo
§ UNIVERSOS IX, X.XXIII
Águeda Pizarro de Rayo [ed]
Ediciones Embalaje
Museo Rayo
§ Susurros de Pasión I, II, III, IV
Memorias, Encuentro de Poesía Erótica de Buenaventura
Jeferson Torres Guerrero [ed]
Periódicos y Revistas
§ Ultima Hora de Santo domingo
Noviembre 22 de 1.999
§ Prensa Cultural Nueva
Edición No. 148 [Ibagué- Julio de 1.996]
Reconocimientos
§ Universidad Santiago de Cali - 2.007
Mujer del Año, en el Aspecto Literario
§ Proyecto Etnoeducativo, Secretaria de Educación del Valle del Cauca - 2.007
Mejor Maestra
§ Cadena de Televisión Señal Colombia - 2.007
Documentales de su vida y obra, en los programas: ‘Vocación Maestra y Cimarrones’
§ ‘Porqué Creer en Colombia’
La incluyó como uno de los personajes con mayor reconocimiento en el país.
§ Universidad Santiago de Cali - Vicerrectoría de Bienestar Universitario- Marzo 20 de 2.000
Por su participación en el II Encuentro Nacional de Narradoras Orales ‘Vivan los hombres ellas cuentan’
§ Corporación COOMEVA-BANCO DE LA REPÚBLICA
Por su participación y apoyo en la Organización en el I Festival Internacional de Poesía ‘Buenaventura Tiene La Palabra’ Junio 4, 5,6 de 2.001
§ Normal Nacional de Guapi- Julio 07 de 1.997
Por sus méritos literarios; por el amor que profesa a la institución, y por la divulgación cultural, étnicoregional.
§ Universidad Santiago de Cali - Vicerrectoría de Bienestar Universitario- Marzo 15 al 20 de 2.004
Exalta a Mary Grueso Romero, por su participación en el II Encuentro Nacional de Narradoras Orales ‘Vivan los hombres ellas cuentan’
§ Alcaldía Municipal de Buenaventura Marzo 31 de 2.005
Felicitan a Mary Grueso Romero, en reconocimiento a la Mujer Bonaverernse, por su invaluable aporte a la comunidad
§ Instituto Miguel de Cervantes Saavedra - Gratitud al Impulso Cultural- julio 6 de 2.001
En reconocimiento al apoyo a esta institución
§ Universidad del Valle - Sede Pacífico - ‘Buenaventura Pacífico’ Mayo 15 al 18 de 2.003
I Encuentro Universitario de la Cultura ‘Buenaventura Pacífico’
‘Su vida Ejemplar es riqueza de nuestra historia en Buenaventura
§ Alcaldía Municipal de Buenaventura, Secretaría de Educación- Junio de 2.000
‘Reconocimiento y gratitud por sus aportes a las comunidades y cultura de Buenaventura’
§ XXIV Festival Folclórico Peregoyo de Oro, Primer Concurso de Marimba de Chonta- agosto 26 de 2.005.
‘A través de la palabra, su valioso trabajo ha permitido afianzar nuestra identidad cultural y despertar sentido de pertenencia por la región’, ‘Todo un legado ancestral’
§ Diócesis de Buenaventura, Centro Pastoral Afro americano [CEPA] Marzo 04 de 2.003
Exaltación al mérito cultural ‘Doris Delfina Ruiz de Payán’
‘Por sus aportes al sostenimiento de la cultura que identifica al hombre y la mujer del Pacífico Colombiano.’
§ Museo Rayo Junio de 1.997
Mención Honorífica del Concurso Ediciones Embalaje, con la obra ‘El otro Yo que Si Soy Yo’
§ Colegio Comercial Gabriela Mistral 2.006
‘Reconocimiento por su apoyo incondicional en todo momento a la institución’
§ VII Encuentro Internacional de Narradores Orales ‘Vivan los hombre ellas cuentan’ 2.007
‘En Reconocimiento a su labor literaria’
Ha Participado en:
§ XI Festival Iberoamericano de Teatro
Narradora Oral
§ Festival Internacional de Poesía
‘Buenaventura Tiene la palabra’ [I.V]
§ Casa de la Cultura ‘Raúl Gómez Jattin’ 2.006
Encuentro de Poetas
§ Encuentro de poesía erótica de Buenaventura
‘Susurros de Pasión’ [I.IV]
§ X Encuentro Nacional y III Internacional
Contadores de Historia y Leyendas
Buga - Valle 1.996
§ Feria Internacional del Libro en Bogotá
2.003, 2.004
§ Feria de las Flores Medellín
2.006
§ Feria Artesanal Bogotá
2.006
§ Presidencia de la República-2.006
Consejería Presidencial para la mujer
Encuentro de Escritoras Colombianas en Cartagena de Indias
Cartagena de Indias
Se ha presentado como Conferencista, Poeta y Narradora Oral en:
§ Universidad del Valle
§ ICESI
§ Universidad Javeriana - Cali
§ Universidad Javeriana - Bogotá
§ Universidad Jorge Tadeo Lozano
§ Banco de la República
INVESTIGACIONES DE SU OBRA
§ Rescate Cultural de la Producción Poética Escrita de las mujeres del Pacífico Colombiano en la década de los 90´
Francisca Mosquera- Clementina Múnera. María Melva Martínez de Peña
1.999
Especialización en la Enseñanza de la Literatura
Universidad del Quindío
§ Rasgos de identidad y Fenómenos Lingüísticos presentes en los poemas negros de la escritora Mary Grueso Romero
María Ángela Grueso, Esther Julia Valencia, Olga Guerrero Grueso
2.000
Universidad del Quindío
§ Literatura Infantil, en la obra poética de Mary Grueso Romero
Maritza Torres
Universidad del Quindío
2.005
§ Trabajo de Investigación sobre la poeta Mary Grueso Romero
Universidad del Pacífico
INVESTIGACIONES
§ El agua, como símbolo poético en la obra literaria de Helcias Martán Góngora y Pablo Neruda.
§ Procesos Escriturales y Rasgos de Identidad en la Poesía de Helcias Martán Góngora
§ Personajes que han contribuido con el crecimiento del Pacífico Colombiano.
En la última década los gobiernos y la sociedad dominante han mantenido inmodificable el histórico principio de supremacía y dominación blanca y mestiza en la administración pública y privada. Hoy por hoy los(as) profesionales afrocolombianos(as) siguen siendo excluidos(as) de los cargos altos e intermedios del Estado. No hay afrocolombianos(as) en cargos importantes de la Presidencia de la República. No hay magistrados(as) afrocolombianos(as) en las altas Cortes del país. No hay ministros(as) ni viceministros(as) afrocolombianos(as). Tampoco hay afrocolombianos(as) embajadores(as); y en las Fuerzas Armadas de Colombia no hay oficiales de alta graduación afrocolombianos(as).
Los últimos tres gobiernos han sido cómplices de la discriminación racial que también se ve en el sector privado, donde la persona afrocolombiana es totalmente “invisible” en los cargos directivos y de altos ingresos. Las personas afrocolombianas suelen ser excluidas de los créditos privados y las becas para realizar estudios de formación superior. De hecho, en las universidades más prestigiosas del país el porcentaje de estudiantes afrocolombianos(as) se ubica por debajo del O.1% del total de estudiantes. Estos centros educativos, así en sus estatutos establezcan lo contrario, promueven la discriminación racial al no tener programas de acción afirmativa para afrocolombianos(as). Es decir, tienen los recursos para promover la formación de población afro a ese nivel, pero no lo hacen porque el sistema sigue siendo discriminatorio y eurocentrista.
En ese orden de ideas, la historia y los valores de la afrocolombianidad como patrimonio nacional son ignorados en los textos escolares y los currículos, contribuyendo de esta manera a la reproducción de estereotipos racistas contra los(as) afrocolombianos(as). Vale la pena agregar que los programas educativos no han abordado el tema del racismo y la discriminación racial, tal como lo exige la citada Ley General de Educación y el Decreto 122 de 1998, por medio del cual se exige la inclusión de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos en todos los colegios del país.
Las nuevas generaciones siguen siendo “educadas”, a pesar de las leyes, bajo un sistema que excluye, invisibiliza, discrimina y prepara para el autorechazo y la subvaloración. Existen numerosos casos de niños(as) que han sido víctimas de discriminación racial en sus escuelas y colegios. Sus propios(as) compañeros(as) e incluso los maestros los(as) insultan verbalmente, lo cual genera fuertes problemas de autoestima.
Dicha ideología racista proviene, en casi todos los casos, del propio núcleo familiar y se multiplica en todos los ámbitos y espacios de la vida cotidiana. Lo grave es que no se reconoce como un problema y mucho menos como una violación de derechos humanos, cuando es quizás la peor de las violaciones de derechos humanos que se ven en Colombia; considerando que los niños(as) afrocolombianos(as) son víctimas de humillaciones, exclusión y discriminación, sólo por el hecho de ser afrocolombianos(as), sin siquiera entender el porqué de las mismas.
Mientras en el sistema educativo no se aplique lo que exigen las normas mencionadas, se perpetuarán los estereotipos racistas y se seguirá fortaleciendo el racismo institucional a nivel público y privado. Se seguirán formando futuros padres que terminarán diciendo una frase muy común en todas las regiones del país: “Yo no soy racista, pero no me gustaría que una de mis hijas se casara con un negro…”.
Catalogar tal frase con una violación de derechos humanos para algunos sería exagerado. Sin embargo, no lo es si se considera que exactamente algo similar ocurre, aunque a veces no se exprese verbalmente, cuando una persona afro busca cualquier trabajo y no se lo dan porque sus características físicas están ligadas a estereotipos racistas. La discriminación racial es una grave violación de derechos humanos y el primer paso para eliminarla es reconocerla como tal.
Los medios de comunicación
Los medios de comunicación se han convertido en los principales difusores del racismo y la discriminación racial en Colombia. Esto ocurre desde el siglo XIX y en la actualidad no ha cambiado la situación. En los periódicos nacionales y canales de televisión (privados y públicos) con frecuencia se usa un lenguaje ofensivo y humillante al momento de nombrar y/o caracterizar a la gente afrocolombiana, hecho que fortalece la discriminación racial a través del lenguaje. De allí que sea normal que los(as) colombianos(as), comenzando por los(as) niños(as), reproduzcanel léxico racista de los comerciales de televisión, las telenovelas y los artículos de prensa.
A los(as) afrocolombianos(as) se les dice morochos(as), negritos(as), niches, negros(as), etc., en los medios de comunicación. Estos, en especial los canales privados de televisión, rara vez contratan afrocolombianos(as) y cuando lo hacen tienden a mostrarlos(as) como personas destinadas a trabajar en la servidumbre - simplemente por el hecho de ser personas afro - lo cual alimenta la discriminación racial, precisamente ligada a estereotipos racistas. Tales estereotipos también se presentan en el uso del adjetivo “negro” para referirse a lo malo, sucio, ilegal o feo, algo que históricamente ha generado rechazo hacia el color negro y la gente negra. El Tiempo, principal diario del país, nos da un lamentable ejemplo de este tipo de discriminación racial, al destacar así la eliminación de la selección olímpica de fútbol del Brasil a manos de Sudáfrica:
Brasil la vio muy negra… Cuba y Costa Rica dieron alegrías el domingo a América Latina al conquistar una medalla de oro y una de bronce en la Olimpiada de Sydney, mientras la selección de fútbol de Brasil, gran favorita para ganar el oro, perdió 3-1 con Sudáfrica.” Nadie puede negar que la irónica expresión “la vio muy negra…” se utilizó en este caso para ofender a un grupo de jugadores negros que ganó un partido de fútbol contra un equipo conformado en su mayoría por jugadores negros también.
En resumidas cuentas, los medios de comunicación en Colombia son promotores del uso de un lenguaje racista contra la gente afro, hecho que los convierte en cómplices de esta grave violación de derechos humanos. Y aunque las normas nacionales prohíben dicha discriminación a través del lenguaje, los medios la siguen practicando porque no la perciben como tal.
En el conflicto armado y desplazamiento
En los últimos años el conflicto armado interno ha contribuido a agravar la situación de las comunidades afrocolombianas. Se ha registrado un incremento de la violencia selectiva en contra de activistas de las comunidades, con homicidios, amenazas de muerte y desplazamientos forzados, así como un mayor confinamiento de éstas por parte de los grupos armados ilegales, que las ven como un obstáculo al ocupar territorios estratégicos, como la Costa Pacífica, que son ricos en materia de recursos naturales y comercio (legal e ilegal). Ese control que pretenden ejercer los grupos armados ilegales sobre los territorios de las comunidades afrocolombianas también agrava las violaciones a los derechos civiles y políticos de éstas, ya que frecuentemente son víctimas de la imposición de bloqueos económicos, el control de alimentos y medicinas, y las restricciones a la circulación de personas, empeorando así las ya precarias condiciones de vida en las que éstas habitan.
En términos del desplazamiento forzado del que las comunidades afrocolombianas son víctimas en el marco del conflicto armado, cabe resaltar que al menos el 50% de la población desplazada en Colombia es afrocolombiana. En otras palabras, más de un millón de personas afrocolombianas han sido víctimas de esta violación de los derechos humanos, que además, por tratarse en muchos casos de territorios (ancestrales) colectivos, también se ha convertido en una violación a los derechos económicos, sociales y culturales.
Otro factor preocupante para las comunidades afrocolombianas es el hecho de que en los últimos años grupos guerrilleros como las FARC, se han puesto en la tarea de “reivindicar” a algunos líderes (como Benkos Biohó) y aspectos históricos (como el cimarronaje), relacionados con la población afrocolombiana, para nombrar sus grupos de combate o acciones, hecho quehace más vulnerable y peligrosa la labor de los(as) activistas afrocolombianos(as) en el país.
Se reitera que las principales víctimas del conflicto son las personas afrocolombianas. Si bien no hay estudios que contengan la variable étnica, las imágenes de los noticieros confirman que los grupos armados ilegales nutren sus filas con personas afrocolombianas que se integran a los mismos para superar sus dramáticas condiciones de vida o lo hacen bajo presión y amenazas.
Un hecho lamentable que reconfirma que los(as) afrocolombianos(as) son las principales víctimas del conflicto armado interno, ocurrió el 2 de mayo de 2002, día en que se presentó la peor masacre ocurrida en la historia de Colombia, la masacre de Bojayá (Chocó), perpetrada por el grupo guerrillero FARC en el marco de un combate contra las autodefensas ilegales, y en la que fueron asesinadas 119 personas, incluyendo mujeres embarazadas y niños(as), todos(as) afrocolombianos(as); convirtiendo el hecho además en una grave infracción a las normas del derecho internacional humanitario, también ratificadas por el gobierno colombiano.
Respuestas de los gobiernos
A pesar de la amplia legislación en materia de derechos humanos, los últimos gobiernos no han hecho efectivos ni los tratados internacionales ratificados ni las recomendaciones de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que buscan proteger las comunidades afrocolombianas de todo tipo de violaciones de derechos humanos, en especial de la discriminación racial de la que son víctimas, misma que tiene un impacto negativo en todas las esferas de la vida nacional.
En Colombia históricamente se ha presentado un racismo institucional fuerte que impide el desarrollo social y económico de la población afrocolombiana. El actual gobierno también ha reconocido la existencia de esta grave violación de derechos humanos, pero poco ha hecho para eliminarla en la práctica. De hecho, y a pesar de la ausencia de estudios al respecto, es fácil ver, por ejemplo, que la mayoría de los soldados que enfrentan la posibilidad de morir víctimas del conflicto son afrocolombianos, mientras se impide la promoción de oficiales afrocolombianos a los grados superiores de las Fuerzas Armadas. El actual gobierno tampoco ha creado programas de acción afirmativa y en la contratación de personal se sigue presentando discriminación racial, lo cual se refleja en la ausencia de afrocolombianos(as) en las instituciones gubernamentales.
El gobierno no pone en evidencia que en materia carcelaria, los(as) afrocolombianos(as) recluidos(as) en las cárceles son víctimas de invisibilidad (forma de discriminación racial) y no reciben defensa profesional idónea. Además, las autoridades violan sus derechos humanos, y ni el gobierno ni la administración de justicia impiden la eliminación de tales prácticas.
De otra parte, no deja de sorprender que el gobierno actual, declarado defensor de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, y conociendo bien la problemática afrocolombiana, haya dedicado menos de media página a la misma en su Informe Anual de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. Dicho informe se compone de 166 páginas, en las que por ejemplo sí se analiza la situación de derechos humanos de la población indígena. En pocas palabras, al gobierno poco o nada le interesa lo que pueda ocurrir en materia de derechos humanos con la población afrocolombiana, y no se ha detenido a pensar que en la medida en que se eliminen las prácticas de discriminación racial, el crecimiento económico y desarrollo social del país serán más viables.
Otro elemento que confirma el desinterés del gobierno actual hacia la problemática de la población afro del país, es el hecho de haber eliminado la única oficina creada específicamente para atender la problemática de dicha población. Nos referimos a la Dirección de Comunidades Negras del Ministerio del Interior, ente creado en el marco de la implementación de la Ley 70 de 1993. Esta oficina fue eliminada para crear la llamada Dirección de Etnias, la cual curiosamente tiene un director mestizo que no está comprometido con la población en cuestión. Además, esta oficina tiene limitaciones en materia de recursos y pretende minimizar el complejo problema de la discriminación racial institucional en Colombia. En pocas palabras, la decisión del gobierno de eliminar la Dirección de Comunidades Negras tal como venía funcionando, ha generado no sólo un estancamiento del proceso organizativo afrocolombiano, sino el agravamiento mismo de la problemática afrocolombiana. Situación que sólo será resuelta en la medida en que se apruebe una Ley que establezca la creación de mecanismos efectivos para enfrentar la discriminación racial y una institución gubernamental que maneje la problemática afrocolombiana.
El gobierno actual tampoco muestra interés por las cifras en materia de prostitución de los(as) jóvenes afrocolombianos(as), quienes terminan en este negocio principalmente debido a sus dramáticas condiciones de vida. La pobreza y la ausencia de oportunidades originadas por la discriminación racial impulsan a los(as) jóvenes afro a prostituirse en las grandes ciudades como Barranquilla, Bogotá, Medellín, Cali y Cartagena. Lamentablemente no existen estudios en este sentido y la mencionada ausencia de una institución que analice la problemática afrocolombiana permite afirmar que la posibilidad de llevar a cabo los mismos sigue siendo muy lejana.
Por último, el gobierno colombiano sigue empeñado en no reconocer la competencia del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial, para que éste examine comunicaciones de personas sobre prácticas de discriminación racial, en virtud del Artículo 14º de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Racial; que obliga a que los gobiernos, en representación de los Estados, respondan y/o asuman la responsabilidad de rectificar la práctica violatoria de la Convención. En ese orden de ideas, surge una pregunta para la reflexión: ¿Si en Colombia no hay racismo institucional ni prácticas de discriminación racial, cuál es el temor del gobierno de ratificar dicha competencia expresada en el Artículo 14º?
Recomendaciones y conclusiones
Con base en el Informe sobre Colombia del Sr. Doudou Diene, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre Racismo, Discriminación Racial, Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, quien realizó una Misión al país de septiembre a octubre de 2003, el Movimiento Nacional Afrocolombiano CIMARRON plantea las siguientes recomendaciones y conclusiones, en aras de mejorar la situación de derechos humanos de las comunidades afrocolombianas:
Diez años después del reconocimiento a la diversidad étnica y cultural de la nación, y a pesar de la existencia de una amplia legislación que protege y defiende los derechos humanos de la población afrocolombiana, la situación socio-económica de la misma sigue siendo precaria y tiende a empeorar cada día más.
La discriminación racial es una grave violación de derechos humanos. Sin embargo, en Colombia las personas mestizas, que en su mayoría se autodenominan “blancas”, no sólo no la perciben como tal, sino que promueven la exclusión de la población afrocolombiana de todas las esferas y espacios socio-económicos relevantes; en especial de aquellos empleos que requieren atención al público, de los medios de comunicación y de los cargos de mando del sector público y privado. Esta discriminación de carácter segregacionista limita las posibilidades de desarrollo socio-económico tanto de las comunidades afrocolombianas como de la sociedad colombiana en su conjunto.
Es necesario generar un marco normativo que defina claramente y ayude a reconocer la existencia de la discriminación racial cuando esta se produce. Como lo expresa la OIT se deben establecer directrices que garanticen la eliminación de este tipo de discriminación, que además genera y refuerza la pobreza y exclusión socio-económica de las comunidades discriminadas, en este caso las afrocolombianas. Este marco debe partir de la aprobación de una ley general contra la discriminación racial que genere la creación de una comisión contra la discriminación racial que interactúe con la Presidencia, los ministerios y el sector privado, y que impulse al gobierno nacional a reconocer la competencia del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial para examinar comunicaciones de personas sobre casos de discriminación racial en el país, en virtud del Artículo 14º de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación Racial.
Se invita al gobierno a poner en efecto una estrategia intelectual y ética para acabar con el arraigamiento del racismo y la discriminación racial, en aras de construir un multiculturalismo solidario, democrático e interactivo, que haga efectiva la diversidad étnica y cultural proclamada en el Artículo 7º de la Constitución. Para ello, el gobierno debe exigir a las escuelas y colegios el establecimiento de la etnoeducación y la Cátedra de Estudios Afrocolombianos por un lado, y la prohibición del lenguaje discriminatorio contra la población afrocolombiana en los medios de comunicación por otro. Así mismo, debe promover políticas de acción afirmativa que garanticen la participación afrocolombiana en todas las esferas políticas y socio-económicas.
En resumidas cuentas, el gobierno actual debe promover el establecimiento de una Ley que cree una estrategia de inclusión racial en aras de generar una mayor inversión en capital humano afrocolombiano y elimine la discriminación racial ocupacional, para generar un impacto positivo y constante en la calidad de vida no sólo de las comunidades afrocolombianas, sino de todos(as) los(as) colombianos(as). La misma Ley debe impulsar la creación de una institución estatal dedicada a estudiar y encontrar soluciones a la problemática afrocolombiana. Dicho ente debe ser liderado, contrario a lo que ha hecho el gobierno actual con la Dirección de Etnias del Ministerio del Interior, por investigadores(as) afrocolombianos(as) que estén comprometidos(as) con el respeto a los derechos humanos y el desarrollo de la población afrocolombiana.
En el litoral Caribe los índices de analfabetismo son considerablemente altos. En los departamentos de Cesar, Córdoba, Guajira y Sucre alcanzan el 25.4, 31, 20 y 33%, respectivamente. En Guajira la cifra está por encima de la media nacional y la de Sucre representa la más alta del país. Esta situación de analfabetismo generalizado es mayor entre los habitantes pobres de los municipios afrocaribeños en los que llega a niveles insospechados, como en el Cesar donde es del 45%.
La cobertura educativa en los distintos niveles del sistema educativo de los departamentos del litoral Caribe no es del todo aceptable. En Cesar, por ejemplo, el acceso a la educación primaria es del 79.9% y del 45% en secundaria. Córdoba presenta bajo acceso en todos los niveles de escolaridad, los adultos que terminaron básica primaria significan un 35% y un 47% los que no, los jóvenes que entran a la básica secundaria son el 28% y a la media vocacional el 5.9%. En La Guajira, el ingreso a la básica primaria es del 77% y del 60.5% a la básica secundaria. El ingreso a básica primaria en sectores urbanos del departamento de Sucre es del 77.8 y del 28% en zonas rulares. Bolívar tiene en básica primaria una cobertura relativamente alta; no sucede lo mismo con básica secundaria ni con media vocacional, generándose, por tanto, grandes niveles de deserción estudiantil. La situación educativa en las pequeñas localidades de afrodescendientes del litoral Caribe no es mejor que la del resto de la población de la región. El sistema se caracteriza por altas tasas de deserción y repitencia, poca cobertura en los dos niveles básicos y por la fragilidad del conjunto en la formación integral de los jóvenes. Entre las comunidades del Cesar, por ejemplo, la cobertura es tan sólo del 5%. En Bolívar, localidades como María la Baja presentan altos niveles de deserción educativa.
Los problemas del sistema educativo de la costa Caribe colombiana, que afectan la calidad y el rendimiento académico de los estudiantes, dependen en gran medida de la confluencia de variables tan diversas como la disposición de infraestructura, dificultades logísticas, capacitación de docentes y pertinencia de los contenidos. Esta condición de inestabilidad se incrementa en los municipios con población afrodescendiente donde el desempeño académico es preocupante. Con miras a dar solución a esa situación el departamento del Magdalena implementó diferentes actividades para la formación de docentes, tendientes al mejoramiento de la calidad. De igual manera, se habilitaron espacios de reflexión para directivos docentes y se diseñaron algunas herramientas pedagógicas.
Las Secretarías de Educación de los departamentos de Atlántico, La Guajira y Magdalena cuentan con instancias encargadas de dinamizar los programas de etnoeducación en municipios con población afrodescendiente. En Bolívar, existe una experiencia pionera de innovación en este campo, adelantada por iniciativa comunitaria en San Basilio de Palenque. A través de la creación de un método particular denominado consulta a la memoria colectiva la comunidad ha logrado la reproducción y proyección de la cultura propia, apoyándose en la reconstrucción de la historia general y local, en el rescate de la lengua palenquera y en el fortalecimiento de las relaciones internas y externas. Esta tentativa abrió las puertas para dar inicio a un proceso educativo innovador en otras localidades rulares del departamento, entre las que sobresalen el trabajo de recuperación histórica y cultural en Arroyo Hondo, Hato Viejo, María La Baja, Río Viejo y en varias escuelas y colegios de Cartagena.
En Magdalena y Sucre, concretamente en la localidad de San Onofre, existen colegios que adelantan programas etnoeducativos. Contextos urbanos como Barranquilla, Cartagena y Santa Marta, también cuentan con este tipo de experiencias.
El acceso de afrocaribeños a las instituciones de educación superior existentes en el litoral Caribe es en extremo reducido. En Córdoba, por ejemplo, solamente ingresa el 16% de la población que está en condición de hacerlo, aunque el departamento cuenta con 15 universidades. En Cesar, de las trece universidades presentes, sólo la Universidad Popular hace presencia en las comunidades afrodescendientes, concretamente en la población de Tamalameque. En Sucre y Bolívar el ingreso de jóvenes descendientes de africanos a la formación universitaria es relativamente bajo; a la Universidad de Cartagena en el año 2001 entraron 124 estudiantes de los municipios que tienen población afrocolombiana. Por otra parte, en las universidades radicadas en La Guajira, Atlántico y Magdalena no se ha dado impulso a los programas de etnoeducación, con énfasis en la problemática de esta población. En el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina la educación ha sido una fortaleza que ha caracterizado a la comunidad. De acuerdo con los datos de la oficina de planeamiento de la Secretaría de Educación de San Andrés, existen en el departamento 48 establecimientos educativos de básica y media. El censo piloto encontró que en la población de cinco y más años el analfabetismo era de 2.5% y para los de 18 y más del 1%, porcentajes bastante inferiores a los del resto del país. Se estableció además que de la población entre 3 y 18 años, el 80% asiste a algún establecimiento educativo, el 14% no asiste y el 8% no informó. Si analizamos detenidamente los indicadores contemplados en este punto, se esperaría que la situación de la educación en ese departamento en relación con el resto del país fuera privilegiada.
Sin embargo, al comparar los resultados de los alumnos tanto los egresados del 11º grado como los resultados de las pruebas “Saber”, se evidencia que el Departamento se ubica en los niveles más bajos. Por tanto, el problema no es el cubrimiento sino la calidad de la educación. En el litoral Pacífico colombiano la educación presenta diferentes indicadores que dependen de la zona de la cual se esté tratando. En el Chocó, por ejemplo, en el año 2001, había una población en edad escolar de 160.999 habitantes, de los cuales el 52% vivían en áreas urbanas y el 48% en rurales. De ellos, el 25% estaban por fuera del sistema educativo. La matricula en básica primaria era de 78.680 niños; el 41.7% pertenecientes al sector urbano y el 58.3% al rural. En básica secundaria y media vocacional la cantidad de estudiantes matriculados disminuye en ambos sectores; en 34.6% para el urbano y en 92.9% para el rural, lo cual significa que hay una alta deserción escolar en la transición entre los diferentes niveles de escolaridad. En el ámbito departamental, existían 945 planteles de básica primaria, de estos el 16.2% estaban en zonas urbanas y el 83.8% en rurales. Había 113 establecimientos de básica secundaria y media vocacional; el 72.6% urbanos y 27.4% rurales. Por otra parte, el sector oficial atendía el 92% de la población matriculada.
En poblaciones de la zona centro-sur de la costa Pacífica como Barbacoas, El Charco, La Tola, Magui, Mosquera, Olaya Herrera, Francisco Pizarro, Roberto Payan, Santa Bárbara, Tumaco, Guapi, López, Timbiquí y Buenaventura, el total de analfabetas representan el 42.2, 48, 39.9, 40.8, 37.9, 39.8, 36.4, 60.5, 41.6, 30.9, 33.6, 40.6, 36.4 y 17%, respectivamente. En esta zona existen hogares infantiles del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar que intentan tener cubrimiento sobre el área urbana y rural. Sin embargo, estas instituciones no cumplen con funciones educativas en el sentido estricto de la palabra. Las escuelas de básica primaria del sector rural funcionan con muchas dificultades por falta de locaciones, infraestructura en servicios sanitarios y material didáctico. La educación media se imparte, específicamente, en las zonas urbanas, lo cual afecta a los jóvenes estudiantes de sectores rurales que deben realizar largos recorridos hasta los centros urbanos. Además, el nivel de básica secundaria y media vocacional presenta déficit en la planta profesoral. Por otra parte, los Ministerios del Medio Ambiente y Educación han colaborado en la consolidación de programas de etnoeducación que venían adelantando diversas organizaciones comunitarias afrodescendientes, tales como la Asociación de Comadronas de El Charco en Nariño, el Colegio Etnoeducativo de Puerto Saija en el Cauca, el Colegio San José de Guapi y el Instituto Matia Mulamba en Buenaventura.Asimismo, diversas universidades del sector público y privado hacen presencia en Buenaventura, Tumaco, Guapi y Bahía Solano con programas profesionales y tecnológicos. Cali cuenta con una población escolar de 533.888 habitantes entre los 3 y 17 años de edad.
La cobertura en básica primaria significa el 44.4% y la de secundaria el 41.1%. Del total de población en edad de escolaridad, el 24.1% no está inmerso en el sistema educativo. Se presume que los excluidos están concentrados en las comunas periféricas de estratificación baja, donde hay un predominio del sector privado en la prestación del servicio. El porcentaje de jóvenes afrocolombianos que están por fuera del sistema educativo no se ha podido determinar, pero se sospecha que es significativo. Por otra parte, en el nivel superior de educación se observa un aumento notorio de gente afrocolombiana en las universidades públicas y privadas, que hoy día albergan organizaciones estudiantiles de esa población.
La situación educativa en Medellín es preocupante; hay un 13.3% de analfabetismo. El 49.7% del total de la población ha cursado la básica primaria. Los estudiantes que acceden a la educación superior sólo representan el 1.5%. Existen 510 estudiantes afro antioqueños matriculados en las universidades públicas y privadas de la ciudad. El Icetex asignó créditos educativos a 261 personas pertenecientes a esas comunidades; esos prestamos son condonables siempre y cuando los beneficiarios ejecuten proyectos de investigación que incluya a la población afrodescendiente de la ciudad. El analfabetismo entre los habitantes afrobogotanos es más bien reducido. De una muestra de 533 personas, el 94% sabían leer y escribir. De éstos, el 30% habían iniciado la básica primaria, el 44.3% la secundaria y el 14.3% la educación superior. El 28.2%, adelantaron cursos de capacitación o aprendizaje.
Hoy día, el 35.4% asisten a un centro educativo. Sin embargo, si se compara el nivel educativo de los bogotanos en su totalidad con aquel de los afrodescendientes se observa que mientras el nivel de escolaridad en los primeros llega a 10.2 años, en los segundos sólo alcanza a 6.4%.
población bogotana no completó la educación secundaria, al 60% de los afrocolombianos les sucedió lo mismo. Estas dos diferencias podrían estar indicando una exclusión escolar que refleja patrones de discriminación.
Una comunidad afrodescendiente que se formo en un comienzo de un núcleo de esclavizados africanos cimarrones que arribaron a estas tierras colombianas, han logrado que sus rasgos culturales de sus lugares de origen pervivan con mucha fuerza durante mucho tiempo. Un lugar donde las huellas de africanía conviven con los rasgos culturales provenientes de otras sociedades, comunidad que al igual que sus hermanas, están ubicadas a lo largo y ancho de las tierras costeras que van desde el Golfo de Urabá al nordeste de Antioquia y el norte hasta la península de la Guajira y al sur bordeando el pacifico hasta el departamento de Nariño, ha logrado terminar de raíz la problemática que la guerra había generado por grupos armados que acechaba la región.
Hoy en día, nuevas generaciones de habitantes nacen y proyectan nuevos aires de tranquilidad y proyección que genere esperanza y desarrollo en beneficio propio para la comunidad chocoana de Chigorodó, como responde Ángel Cerbelio Quinto cuando le preguntan los hechos más importantes de su pueblo, “Si me preguntan como describir a mi pueblo, simplemente diría, tranquilidad y paz”. Sin embargo es necesario destacar que su gente recibe a sus visitantes con amabilidad y calidad posible.
Chigorodó, es llamado en honor al río que limita con esta localidad, es un corregimiento del municipio de Istmina, Chocó. Su población es de mil habitantes y su principal actividad económica es la minería aurífera. Es un pueblo de contrastes por un lado no hay violencia, pero por el otro, aun carecen de vías optimas de acceso que limitan el progreso de la región.
Para llegar a este hermoso corregimiento es necesario viajar en una Panga (Canoa con motor) durante dos horas desde Boca de Raspadura del Río San Pablo hasta el Municipio de Istmina, y desde el municipio por carretera destapada tres horas de recorrido hasta llegar a Chigorodó, como lo afirma Luis Alfonso Quinto, “Estamos metidos en un frasco que en cualquier momento se puede quebrar, aquí no hay problemas de violencia, no hay policía, ni grupos insurgentes, ya que todos respetamos nuestras diferencias y las de los visitantes que vienen a conocer nuestra región. Por eso no hay un ente regulador que castigue las malas conductas ya que vivimos en armonía. A pesar de que en nuestro departamento haya violencia, siempre queda un pedacito de gente buena”.
La mayoría de sus pobladores se han dedicado a la minería ya que para ellos ha sido un oficio heredado de generación en generación, sin embargo, el oro cada día es más escaso, lo que ha hecho que sus pobladores replanteen sus actividades en el estudio o especializaciones que les generen mejores ingresos para ellos y la comunidad.
La educación en el corregimiento se realiza hasta undécimo grado, así que las posibilidades de seguir una carrera o tecnología profesional son reducidas, han sido muy pocos los estudiantes que pueden continuar sus estudios por motivos económicos. Sin embargo, el proyecto de vida de los jóvenes de Chigorodó es poder estudiar en una universidad y aplicar lo aprendido en su comunidad. “Todos los que vivimos aquí, somos afrocolombianos y no nos queremos ir y si nos vamos volvemos” dice Juan Guillermo Orejuela, mientras explica el arraigo por la tierra que tienen los habitantes.
La seguridad, tranquilidad y paz que se respira en el Corregimiento es inigualable y envidiable, son personas admirables que a pesar de que no tienen lujos y comodidades estrepitosas que dentro de esta sociedad es infaltable, viven felices con lo poco que tienen. Porque lo que tienen es necesario y no gastan su vida en prisas ni problemas.
Para las comunidades hermanas del departamento chocoano es un ejemplo a seguir para que mejoren su calidad de vida ya que si acabamos desde nuestras comunidades con las diferencias, Colombia será para nosotros como Chigorodó, un territorio sin sentido de maldad.
Todos los pueblos crean símbolos, valores, actitudes, habilidades, conocimientos, formas de comunicación y bienes materiales. Este conjunto de saberes y prácticas es lo que la antropología define como cultura. Dentro de ella se hayan todas las expresiones del espíritu que comúnmente denominamos arte. Sin embargo, el arte visual producido por la gente afrocolombiana no ha sido honrado con el lugar que le corresponde, pues el significado corriente de las palabras “cultura” y “arte” aún designa de manera casi exclusiva las expresiones de las bellas artes producidas según lineamientos académicos. Esta postura supone que la cultura y el arte son privilegios exclusivos de las elites nacionales poseedoras de una educación especial y de destrezas sofisticadas indispensables para la comprensión y el disfrute de lo artístico.
No obstante, es necesario comprender que, a diferencia de los artistas académicos que han frecuentado las escuelas de bellas artes, muchos artistas afrocolombianos han creado su propio lenguaje plástico de manera autodidacta y muchas veces al margen de los cánones y las tendencias estilísticas del momento. El artista afrocolombiano, al igual que el artesano, guardan una estrecha relación con el contexto cultural tradicional. Mientras que la artesanía tiene un carácter utilitario, el arte afrocolombiano al que nos referiremos aquí representa universos simbólicos que se destacan por la intencionalidad estética y poética. Con intuición y reflexión estos artistas descubren sus propias técnicas para resolver los retos que les plantean el espacio, el color, las formas, las proporciones y demás aspectos inherentes a la realización de sus obras. Artistas integrales, los creadores afrocolombianos utilizan materiales tan variados como el oro, el latón, la madera, la arcilla y las fibras vegetales. Todos las obras que estos pueblos producen hacen parte no sólo de su propio patrimonio cultural, sino de el de toda la nación, pues ellas representan el sueño, la imaginación, el goce y la expresión de gran parte del pueblo colombiano.
La gente afrocolombiana ha creado objetos rituales y cotidianos, pinturas corporales, máscaras, vestuarios, tallas en madera que representan a sus santos patronos y muchas otras producciones artísticas. El estudio de este universo plástico nos sumerge en mundos de color y creatividad que nos aproximan a las transformaciones que estas sociedades han vivido a lo largo de su historia.
Los gente africana que fue traída a lo que hoy es Colombia era portadora de destrezas artísticas y artesanales muy importantes, entre las cuales vale la pena destacar la talla en madera y el conocimiento de la orfebrería, el trabajo en bronce y cobre, y la sabiduría sobre las fibras vegetales. Muchas personas africanas eran expertas en la metalurgia del hierro. Todos los oficios y artes gozaban en África de una categoría especial y casi siempre estaban ligados a lo sagrado. De ahí que el conocimiento de técnicas manuales otorgará al individuo un lugar de privilegio dentro de esas sociedades.
Desde la Colonia, los africanos y sus hijos e hijas mulatas se desempeñaron en amplios sectores de la actividad artesanal debido a que el trabajo manual era despreciado por la nobleza española. Por esta razón, la gente africana practicó múltiples oficios. En los quehaceres cotidianos que daban vida a las ciudades coloniales, fueron incorporando su propia visión del mundo y de la estética. En todas las ciudades coloniales, villas y villorios, los africanos y sus descendientes se encargaron de diversas actividades que exigían creatividad, destreza y conocimiento de técnicas sofisticadas. Tal es el caso de Cartagena de Indias, en donde trabajaron como talabarteros, plateros, herreros, albañiles, carpinteros, zapateros, sastres y pintores. También eran faroleros, confiteros, torneros, tabaqueros, panaderos, pulperos, músicos, calafateros y aserradores de madera.
Quienes sobrevivieron a las adversidades de la trata y del cautiverio lograron recrear sus culturas e impregnar las de los españoles y las de los indígenas, especialmente en los territorios de la estética. En la actualidad, la expresión artística afrocolombiana puede sorprendernos al observar una batea tallada de forma exquisita en madera de chachajillo por un minero del río Guelmambí (Nariño). La belleza de sus creaciones también puede aflorar en la joyería de filigrana de oro, realizada por orfebres de Quibdó, en el departamento del Chocó.
La creatividad de los grupos afrocolombianos se expresa tanto en el campo del arte como en el de las artesanías. Su arte representa un proceso de creación anclado en lo colectivo, a diferencia del sentido individual que prima en las sociedad occidental. Lo colectivo del arte afrocolombiano no sólo fluye en la narración de lo propio, también relata las zonas de empalme e influencia con lo otro, expresando de este modo sus contactos con otros grupos o ideologías. Su aferramiento a lo tradicional no lo exime de su búsqueda de contemporaneidad. El arte afrocolombiano y el arte de construir artefactos poseen los elementos básicos de cualquier otro arte: un creador, que trabaja con diversos medios plásticos, sean arcillas, cortezas, fibras vegetales, maderas y metales, para expresar estéticamente un símbolo, un sentimiento, una emoción en el campo de la plástica. De este modo la materia prima utilizada, como los objetos que producen, son espejos del ámbito geográfico y de las condiciones históricas, sociales y culturales en que han vivido los pueblos afrocolombianos desde su llegada del África.
La artesanía aparece como una expresión estética que puede repetirse para cumplir una función utilitaria o decorativa; representa la tradición colectiva y al mismo tiempo es un universo de expresión individual, puesto que cada creador innova dentro de los cánones establecidos. Esta tendencia permanente hacia la innovación se explica por el impacto de los cambios originados en los diversos contactos culturales de los afrocolombianos con otros grupos humanos y culturas en todas las regiones del país.
Arte y artefactos afrocolombianos están presentes en los litorales colombianos, en los valles cálidos interandinos y, hoy en día, en todas las grandes ciudades del país. Además de la poética de estas creaciones, ellas encierran la memoria histórica y cultural de sus pueblos. En los poblados y caseríos, tanto como en las urbes colombianas habitadas por la gente afrocolombiana, su producción artística y artesanal acarrea significados que rememoran las enseñanzas de sus ancestros. En Colombia existen muy pocos estudios acerca del arte y de la artesanía afrocolombianos. Sin embargo, es tiempo de comenzar a realizar investigaciones al respecto para incorporarlos de manera digna en los repertorios del patrimonio cultural de la nación.
Es la situación de vulneración de derechos y libertades —que implica la restricción a la libre movilización así como al acceso a bienes indispensables para la supervivencia— a que se ve sometida la población civil como consecuencia de prácticas – explícitas o implícitas – de control militar, económico, político, cultural, social o ambiental que ejercen los grupos armados –legales o ilegales- en el marco del conflicto armado.
En muchas regiones se controla y restringe el consumo de alimentos básicos no sustituibles como sal, azúcar, aceite y lácteos. También es objeto de control la leche en polvo que afecta principalmente a los bebés. En muchos lugares la mala alimentación imposibilita a las madres para amamantar a sus hijos.
Cambian las costumbres porque ya no se puede comer como se comía antes, ya no se puede dormir como se dormía siempre, no se puede andar como se andaba libre. Por la temeridad, no se puede dormir porque mientras el bloqueo esté cerca, o por algún enfrentamiento, uno tiene que estar despierto o estar alerta para salir. Entonces se cambian todos los términos”.
ANTECEDENTES HISTORICOS
Los afrocolombianos, especialmente los asentados en áreas estratégicas como las del Pacifico, hemos venido sufriendo el desplazamiento forzado de los territorios por los actores armado que han llegado a raíz del conflicto, en donde en estos momentos mas del 60% de los desplazados de este país son afrocolombianos y varios lideres del proceso organizativos de los Consejo Comunitario han sido asesinado y otros se encuentran huyendo del territorio por haber sido declarados objetos militar de los grupos en conflicto, para los afrocolombianos esta expulsión sistemática del territorio significa el exterminio como grupo étnico, lo que esta ocasionando la ruptura de nuestro tejido social como grupo étnico afrocolombiano.
Pero este no es el primer desplazamiento masivo al que hemos sido sometido como grupo étnico, hace cinco siglos fuimos secuestrados masivamente por los europeos, iniciando en América y África el mayor desastre cultural y demográfico que tenga conocimiento la humanidad, lo que afecto a los pueblos africanos principalmente.
Una ves secuestrados de Africa, se expiden normas, denominadas “códigos negreros” para la importación de africanos a América, así fueron convertidos en esclavizados, ello tuvo efectos profundos sobre las actitudes subsiguientes de la sociedad colombiana hacia el individuo Afrocolombiano, debido a que la esclavitud negó el ser del Afrocolombiano, negó al individuo, a su cultura y a su colectividad, a sus lenguas y religiones, comenzando con el holocausto tras - Atlántico de los africanos a América y que el sistema de producción esclavista denominó a todos por igual como negros (en Africa no existían negros, existían kongos, yorubas, carabalíes, mandingas, zulúes, etc.) iniciándose así el despojo forzoso de nuestra identidad cultural y el irrespeto por nuestra dignidad humana.
Sin embargo, la diáspora africana ha dejado huellas y trazos profundos en la faz cultural, económica y social de Colombia y de América, los cuales se pueden encontrar en las diferentes manifestaciones de la gente afrocolombiana; el desarrollo de los países de América y Europa es inconcebible sin el aporte de los africanos y afrodescendientes que trabajadores de “sol a sol” durante más de 400
años más de cuarenta millones de africanos y afrodescendientes quienes trabajaron sin recibir salario alguno, ni prestaciones sociales, hoy a valor presente neto, seria una deuda calculable pero impagable que tiene la sociedad y el Estado colombiano con este pueblo y que decir de la deuda artística y deportiva en donde los afrocolombianos estamos dando hitos de figuración honrosa a nivel mundial, igual la deuda ambiental esta si, incalculable e impagable, pues hemos cuidado y
mantenido por más de 400 años los ecosistemas estratégicos del Pacífico La lucha contra el sistema colonial esclavista y por la abolición de la esclavitud creció y se constituyó en la principal estrategia para liberarse del sometimiento, fueron sucesivas las gestas libertarias emprendidas por los hijos de Africa esclavizados en Colombia. Los africanos y sus descendientes de aquella época, intensificaron la exigencia de abolición de la esclavitud, a tal punto de llegar a la construcción del el movimiento cimarrón que había alcanzado su forma de expresión organizativa en la conformación de los palenques como sociedades que confrontaron el sistema colonial esclavista, hasta lograr su primer
reconocimiento legal y su libertad con la firma de la Cédula Real de 1.619 suscrita por el Rey de España y Benko Biojó en representación del Palenque de San Basilio.
La crisis política vivida por las colonias americanas después de 1809 hizo que los africanos esclavizados se vieran involucrados en las confrontaciones que mantuvieron Realistas y Defensores de los Sistemas de Juntas y Gobiernos Autónomos.
Transcurrido un periodo de intensa confrontación entre esclavizados y esclavistas se alcanzó un nuevo reconocimiento legal, con la expedición de la Ley de Partos en 1821, según la cual, los hijos de los esclavizados ya no pertenecían a los “amos”, sino a sus padres pero a partir de los 21 años.
Esta legislación para los afrocolombianos se consideran como una traición a los aportes y participación de estas comunidades en las guerras de independencia y al compromiso con Alejandro Petion presidenta de Haití, con quien el libertador Simón Bolívar se había comprometido a otorgar la libertad general a los esclavizados a cambio de las ayudas que este le proporcionó para la guerra de independencia, esta burla indignó a los afrocolombianos que habían entregado a sus hijo e hijas a la causa de su independencia ya que en la practica se prolongaba la esclavitud por 21 años más, rebeldisó a altos mandos militares de ascendencia afro, como el Almirante Padilla, a los generales Paez y Piar, los que fueron declarados traidores a la patria degradados y luego asesinados.
Para los años de 1851 por las necesidades del desarrollo capitalista que requería una nueva fuerza laboral para el desarrollo de este modelo económico, se promulgó una nueva Ley, la Ley de abolición de la esclavitud en Colombia del 21 de mayo de 1851. Aquí se configura una nueva traición para las justas luchas de los afrocolombianos, ya que el estado indemnizar a los esclavistas por cada
esclavizado que liberaran, pero no se generó en esta ley una política para el reconocimiento de los derechos económicos, políticos y territoriales hacia los afrocolombianos. Pero a pesar de la miseria y la marginación en que quedaron los afrodescendientes, sobrevino un periodo histórico de gran trascendencia para las comunidades afrocolombianas, que les exigió adecuarse a las nuevas
condiciones, reproducirse como grupo étnico, formar sus troncos familiares, construir sus pueblos, recomponer su tejido cultural, reorganizar sus prácticas de producción, establecer una relación armónica en los territorios ocupados, extenderse por la geografía nacional y resolver pacíficamente sus problemas internos.
La ausencia de una política amplia e integral de tierras para este grupo étnico recién integrados a la vida civil en zonas competitivas, los obligo a concentrarse y compartir pacíficamente el territorio con las comunidades indígenas, principalmente en la cuenca del Pacifico sin ningún reconocimiento legal, en donde por más de 300 años desarrollaron una economía de supervivencia basada en sus practicas tradicionales de producción y en la conservación de la biodiversidad como su capital fundamental para su supervivencia.
No obstante, los territorios que ocupaban históricamente en la cuenca del Pacifico, nunca fueron reconocidos legalmente y no podían acceder a la propiedad colectiva de sus territorios tradicionales, por existir expresa prohibición legal contenida en la Ley 2ª de 1959, que declaró esta región como “Zona de Reserva Forestal” y los terrenos baldíos de la misma fueron destinados a la conservación y protección de los recursos naturales, limitando a las Comunidades Negras el acceso al dominio
individual y colectivo de sus tierras tradicionales, ya que la Ley expresamente dispuso que no se podrían adjudicar los terrenos baldíos de las áreas de reserva forestal.
Segun Silvio Garces funcionario del INCIDEO, al momento de expedirse la Constitución Política de 1991, la situación de tenencia de tierras en el Pacífico Colombiano mostraba el siguiente panorama:
Área de Sustracción y Propiedad Privada 1.426.844 Has
Área de Resguardos Indígenas Constituidos 1.681.963 Has
Área de Resguardos Indígenas en Tramite 824.288 Has
Área de Parques Nacionales Naturales 580.500 Has
Áreas de Reservas Especiales 346.200 Has
Áreas de Perímetros Urbanos de los Municipios 140.205 Has
Áreas Tituladas Colectivamente a las Comunidades Negras 0.0 Has
Área Susceptible de Titulación Colectiva a Comunidades
Negras 5.000.000 Has
Área Total de la Cuenca es de 10.000.000 Has
Para resolver esta situación de inequidad, las organizaciones de las comunidades negras de origen campesino y de río se movilizaron frente al constituyente de 1991, obteniendo una importante conquista constitucional, traducida en el artículo 55 transitorio, que consagró derechos especiales en materia étnica, social, cultural, económica y política y ordenó mediante la expedición de una Ley especial el reconocimiento definitivo de los derechos territoriales de estas comunidades.
En desarrollo de este mandato constitucional, el Congreso de la República expidió la Ley 70 del 27 de agosto de 1993, por medio de la cual reconoció a las comunidades negras del país el derecho a la propiedad colectiva sobre los territorios que han venido ocupando ancestral e históricamente en el Pacífico Colombiano y en otras regiones del país con condiciones similares.
En este contexto histórico y jurídico se explica la titulación colectiva de las tierras de las Comunidades Negras agrupadas en los Consejos Comunitarios del Pacifico, Y que el constituyente de 1991 y el legislador de 1993, ordenaron una protección jurídica especial para estos territorios, sustrayéndolos del mercado de tierras, dándoles el carácter de tierras comunales de grupos étnicos
inembargables, imprescriptibles e inajenables y reservando su administración y manejo en los Consejos Comunitarios como autoridades de administración interna, para evitar que cada individuo o familia miembro del mismo, pudiera disponer o transferir su dominio.
LOS AFROCOLOMBIANOS HOY ¿QUIENES SOMOS?
Aun cuando no existe en el país estadística oficial confiable sobre los afrocolombianos, se calcula que podrían llegar a representar el 30% el total de la población nacional es decir 12’000.000, en el Pacifico somos el 90 %, en la costa del Caribe el 60%, en el sur del Valle, norte y sur del Cauca el 60%, el 30% del Magdalena Medio y el 65% del Urabá, además de estos sitio tenemos presencia
significativa en las grandes Ciudades como: Bogotá, Medellín y Cali.
ASPECTOS SOCIALES Y ETNICOTERRITORIALES.
Vamos a analizar un poco la situación del sector más vulnerable del país los afrocolombianos que habitan en el Chocó Biogeográfico. El Chocó Biogeográfico es una región que no solo posee características medioambientales excepcionales, si no que también en él se encuentra una gran diversidad étnica y cultural que de acuerdo con el censa de 1993, esta poblado por 2`082.022 personas que representan el 6 % de la población colombiana aproximadamente, con una población rural de 1`300.000 personas que representan el 12% de la población rural de Colombia.
Una característica fundamental de los afrocolombianos del Pacífico, son las formas de resolución pacífica de sus conflictos políticos, sociales, territoriales e inter-étnicos, Ya que son un grupo étnico que privilegian las formas dialógales de resolver sus conflictos, lo que hasta hace poco los
había constituido en un laboratorio de paz y convivencia pacífica, a diferencia con las culturas mayoritaria de Colombia que día a día los contradictores privilegian la amenaza, el terrorismo y el asesinato como medio de resolver sus diferencias.
No obstante esta trayectoria de convivencia pacífica, en los últimos años han penetrado a la zona agentes externos que están acabando con sus formas dialógales y culturales de resolver las diferencias, poniendo en peligro su identidad cultural y la permanencia en el territorio.
Durante toda la historia de Colombia, los afrocolombianos hemos sufrido los múltiples efectos de los conflictos sociales, desde el secuestro de nuestro antepasado de África a América y la posterior exclavización tanto de los africanos como de sus descendientes hasta los políticAs, territoriales, y económicos de hoy.
En el actual conflicto, uno de los elementos más violatorio de los derechos humanos de lo afrocolombianos es el confinamiento1, entendido este como “la situación de vulneración de derechos y libertades que implica la restricción a la libre movilización, así como el acceso a bienes indispensables para la supervivencia a la que se ve sometida la población civil como consecuencias de practicas explícitas e implícitas de control militar, económica, política, social o ambiental que ejercen los grupos armados legales o ilegales en el marco del conflicto armado” (CODHES,
2.004 Consejería de Proyectos.) Los efectos del confinamiento Armado en Colombia son cada vez más críticos, en los años reciente las comunidades afrocolombianas afectadas por el conflicto
armado son las rurales, no solo afrontan el desarraigo de sus tierras, si no lo que se ha denominado el confinamiento2 y la ruptura de su tejido sociocultural en sus propios territorios, ya que en muchos casos las comunidades no tienen posibilidad de huir del territorio para proteger su vida, y les toca resistir apelando a formas ancestrales de resistencia pacifica basadas en sus formas tradicionales de
producción, terminando estas comunidades no solo confinadas si no que además este confinamiento va acompañado de bloqueos económico en donde no se permite la entrada o salida de alimentos y productos de ninguna clase, son comunidades que pueden permanecer en confinamiento con bloqueo económico por más de ocho meses, en donde por ejemplo en zonas del Pacífico como el Baudó, no se les permite la entrada ni de la sal, elemento fundamental para la preservación de alimentos como el pescado y la carne ya que en la mayoría de las zonas rurales del Pacífico no se cuenta con suministro de energía eléctrica.
el director de Poblaciones del Ministerio de Cultura, Moisés Medrano, ha puesto en conocimiento la realización de su documento ‘Los afrocolombianos: recuperación y re significación histórica de su papel en la construcción de la nación colombiana’.
Según Medrano, el objetivo de esta propuesta es crear un compromiso social que reconozca el papel de la población afrodescendiente en el desarrollo del país, visto desde el campo político, económico, social y cultural. “En el mundo se están formulando acciones que buscan reconocer las desventajas históricas, a través de la formulación de proyectos encaminados a fortalecer y destacar el papel de la población negra”.
En la actualidad, el Ministerio de Cultura adelanta proyectos como la consolidación de ‘Centros de Memoria Afrocolombiana’ en diferentes regiones, con motivo de la conmemoración del Bicentenario de las Independencias; el fortalecimiento de la campaña ‘Colombia, Colombias’, a través de los medios de comunicación, que tiene como propósito que los colombianos valoren la diversidad del país y respeten las diferencias.
La propuesta de reescritura de la historia afrocolombiana incluye la realización de ensambles teatrales sobre la historia afro, la reedición de una colección de autores afrocolombianos, la puesta en funcionamiento de museos comunitarios afrocolombianos, raizales y palenqueros, la realización del Seminario Internacional de historia afro, la producción y circulación de una serie de narrativas afro para televisión nacional y regional, el fortalecimiento de una línea doctoral sobre historia y cultura afro, la realización de intercambios con Brasil y un fortalecimiento de las relaciones culturales de Colombia con países africanos para potenciar el conocimiento de la diáspora africana en las Américas.
Las personas que están a cargo de este proyecto son: Darío Henao, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle; Alfonso Múnera, historiador de la Universidad de Cartagena; Rafael Díaz, docente de la Universidad Javeriana y los escritores Roberto Burgos Cantor y Alfredo Vanín Romero. Ellos contarán con el acompañamiento permanente del Ministerio de Cultura, a través de un equipo de profesionales de las direcciones de Poblaciones, Artes y Patrimonio.
La construcción de este documento, que se distribuirá en todo el país a mediados de 2010, se empezó a gestar en el 2008, durante el Encuentro Iberoamericano “Agenda Afrodescendiente en las Américas”, organizado por el Ministerio de Cultura en Cartagena de Indias.
De igual manera, atiende las recomendaciones planteadas por la Comisión Intersectorial para el avance de la población afrocolombiana, palenquera y raizal, basadas en las nueve barreras ‘invisibles’ presentadas ante la opinión pública el pasado mes de mayo, en la capital del Valle del Cauca. Estas son:
1. Racismo y discriminación racial
2. Baja participación y representación de la población afro colombiana, palenquera y raizal en espacios políticos e institucionales de decisión.
3. Débil capacidad institucional de los procesos organizativos de la población afrocolombiana, palenquera y raizal.
4. Mayores dificultades para el acceso, permanencia y calidad en el ciclo educativo, lo cual limita el acceso a empleos de calidad y el emprendimiento, dificultando la superación de la pobreza.
5. Desigualdad en el acceso al mercado laboral y vinculación a trabajos de baja especialización y remuneración (empleos de baja calidad).
6. Escaso reconocimiento y valoración social de la diversidad étnica y cultural como uno de los factores que definen la identidad nacional.
7. Deficiencias en materia de seguridad jurídica, de los derechos de propiedad de los territorios colectivos.
8. Baja disponibilidad de información sobre población afro, que limita la cuantificación y focalización de beneficiarios, así como la definición de una política pública ajustada a las particularidades étnicas y territoriales.
9. Acceso limitado a programas de subsidio.
Sobre la población afrocolombiana
• Según datos del Censo de 2005, a junio 30 de ese año se reconocieron como afrocolombianos, negros-mulatos, raizales y palenqueros un total de 4.533.951 personas en el país.
• De acuerdo con ese mismo Censo, de los 41.468.384 habitantes registrados en Colombia, el 10% se auto reconoció como negro, afrocolombiano, palenquero o raizal.
• Actualmente, once departamentos concentran el 90% de la población afrodescendiente del país.
• Muchos de los palenques en Colombia se han convertido en territorios colectivos y Consejos comunitarios de comunidades negras reconocidos legalmente por el Estado, a través de la Ley 70 de 1993.
Desde hoy se inicia la Décima segunda versión del Festival MÍMAME 2009, a partir de las 6:30 pm en el Auditorio de Comfama de San Ignacio podrás disfrutar de la obra EL NIÑO DEL RETRETE, del Argentino Toylette, la inaguración oficial se realizará este Sábado 14 de Noviembre a las 7:00 pm en el Teatro Lido con entrada libre para toda la ciudadanía.
Este año el festival tendrá la participación de mimos de Cuba, Inglaterra, Escocia, Alemania, España, Francia, México, Argentina, Chile y Colombia.
MÍMAME 2009 tendrá casi toda su programación en espacios abiertos como plazas, calles y parques, lo que permitirá que los y las habitante de la ciudad puedan acceder sin costo alguno a las diferentes actividades programadas.
Hace 12 años comenzamos a llenar a Medellín de alegría, risas, gestos, caras blancas y de colores, de mimos, clowns, malabaristas, todo con el propósito de continuar la perseverante tarea de “hacerle un huequito a la tristeza” iniciada por La Corporación La Polilla sede Socio Cultural desde hace más de 22 años.
En 1998 iniciaron la ilusión del MÍMAME unos pocos mimos locales y hoy, a este sueño, se suman una larga lista de invitados de diversos países del mundo que han creído en el evento, y han participado en las diferentes versiones. En este 2009 tendremos la participación de Cuba, Inglaterra, Escocia, Alemania, España, Francia, México, Argentina, Chile y Colombia.
A este sueño hecho realidad, se unió en 2008 el Concejo de Medellín que, por acuerdo unánime, declaró al Festival MÍMAME como un evento de ciudad, lo que significó reconocer su trayectoria de trabajo en la transformación cultural y en su impacto con la imagen internacional de Medellín, dejando la ciudad como muestra de una urbe que gusta de los placeres estéticos que nos producen los diferentes artistas que participan en nuestro evento.
ESTE AÑO ESTARÁN CON NOSOTROS…
Este año tendemos en el Festival MÍmame un excelente grupo de artistas que llegan desde diferentes países y, por supuesto, de Medellín. Todos ellos se encargarán de llenar nuestra ciudad de gestos y sonrisas, todo con el propósito de que Medellín sea la ciudad más mimada en estas dos semanas de Festival.
Invitados Internacionales
Ha sido un deleite para el espíritu poder apreciar las diferentes tendencias del mimo y el clown mundiales desde la mima francesa del siglo XX con todos sus matices, hasta la danza Butoh del Japón o danzas rituales indígenas.
Los Maestros Escobar y Lerchundi que no venían a nuestra ciudad desde hace 32 años, las personas que tuvieron la oportunidad de verlos en esa oportunidad aun ansían verlos en acción, con todo su arte.
Este 2009 estará con nosotros unas mimas tan polifacéticas como Ingrid Irrlicht de Alemania, que además hace parte de nuestra historia, ya que sus giras permanentes por Colombia entre 1981 y 1987 dejó una huella en nosotros, hacedores o espectadores del arte de la pantomima y en nuestro país con su obra: La Triste e increíble historia de María y José, que nos rememora los fatales acontecimientos de la toma y la contra toma del palacio de Justicia en 1985.
Y también Ana Vásquez de Castro, toda una maestra que estuvo en la cuarta versión de MÍMAME y ahora regresa con sus conocimientos teóricos y prácticos con un taller de Bufón y con el espectáculo pedagógico: La Historia del actor y la Máscara.
Jhony Melville, ícono del clown mundial que se ha caracterizado con trabajos para diferentes espacios y diferentes públicos.
Jacka Maré, que vive en Francia hace 27 años y que ha trabajado al lado del maestro Jean Marie Binoche y también ha convertido la calle como escenario para su trabajo de mimo. En Europa es reconocido como uno de los grandes maestros del género.
Tuga un joven chileno, alumno de Escobar y Lerchundi que se sabe desenvolver muy bien en la calle y en escenarios convencionales.
Finalmente desde Inglaterra nos visita Barnaby King, de México la compañía Frederick, de Argentina llega el niño del retrete y Daniel Quiroga… todos con una larga trayectoria, y desde de Colombia La Compañía de la Casa del Silencio de Bogotá.
En el Festival
Este año el Bulevar de los mimos, una de las actividades tradicionales del Festival MÍMAME, recorrerá todo el pasaje peatonal Carabobo hasta llegar a la Plaza Botero donde habrá una tarima central que servirá para que los pies de los mimos se deslicen, como el dios Argos, por el aire; donde la manos dibujarán mundos de cristal y las emociones cambiarán a sonrisas nuestros rostros y nuestras sensibilidades.
MÍMAME 2009 tendrá casi toda su programación en espacios abiertos como plazas, calles y parques, lo que permitirá que los y las habitante de la ciudad puedan acceder sin costo alguno a las diferentes actividades programadas. También habrá funciones en espacios cerrados y salas de teatro, que funcionarán con boletería de entrada libre con aporte voluntario y en otras con precio fijo que será accesible para los espectadores.
Asociado a las presentaciones, habrá actividades adicionales de carácter académico como talleres, conferencias, demostraciones del arte y conversatorios con todos nuestros invitados. A esto, le sumamos que el movimiento escénico se ha vinculado con mayor fuerza al Festival y se refuerza al arte del mimo y del clown desde lo académico. Ejemplo de ello, el Diplomado de Clown en la U. de A., o la escuela de formación de grupos como es nuestra tradición en Colombia. Una actividad adicional que nadie se puede perder.
Ya son 12 versiones de MÍMAME con las que hemos ganando experiencia organizativa, y se ha logrado conformar un gran capital humano y un excelente equipo de trabajo que hará más fácil el trabajo, más alegre y fraterna la vida, y todo para ofrecerle a usted la mejor experiencia en cada una de las actividades programadas para el Festival.
La vinculación del Estado, la empresa privada, y los artistas de la ciudad es cada vez mayor. Resaltamos la fidelidad de empresas como CONFIAR y COMFAMA que siempre han apoyo cada una de las versiones, La Alcaldía de Medellín – Secretaría de Cultura Ciudadana , y en especial al movimiento de mimos, clowns y artistas de las artes circense y del teatro de la ciudad, que han otorgado un aporte incalculable con su disponibilidad, ánimo, entusiasmo, y con sus salas teatrales e infraestructuras a disposición de los espectáculos, que cuantificados equivalen a uno de los mayores aportes para que el Festival sea posible.
En medio de la organización de MÍMAME 2009, estamos pensando desde ya en el Festival de 2010, las llamadas y peticiones de los artistas es larga y la calidad de los mismos garantizará que el otro año también tengamos un evento de excelente calidad para seguir ofreciendo a todo el público que disfruta de los mimos y clowns.