Entradas con la Tag “Lumbalú”
Publicado por: admin in Historia
Dentro de las dinámicas socioculturales de dicha comunidad la música ha jugado y sigue jugando un papel fundamental. Sin embargo, tenemos estereotipos muy marcados alrededor de las personas negras y la música. Generalmente hemos asociado a estas personas con la música el baile y la fiesta,7 pero, a su vez, hemos ignorado o subestimado muchas de sus capacidades, generalmente no se las ha relacionado con el trabajo o el estudio. Se creó un estereotipo en torno a ellos como personas ignorantes y perezosas cuya vida gira alrededor de la fiesta, sin tener en cuenta en realidad el papel tan importante que juega la música no solo en el contexto festivo como tal. La música en el contexto afrocolombiano va “más allá”, a través de ella se expresa el sentir de un grupo humano, esta llena de sentidos, es importante en todos los momentos de su vida, fundamental para ellos; se encuentra presente desde el nacimiento, pasando por la vida cotidiana, el disfrute, hasta la muerte. La interiorizan a tal punto que se llega a decir que la llevan en la sangre, dicha afirmación podemos escucharla tanto dentro de la comunidad palenquera como fuera de ella.
Para ellos se ha convertido en un referente importante incluso en el ámbito de la reivindicación políticas de sus identidades y derechos como grupo étnico. Al ser tan significativa en sus vidas, a la hora de mostrar quiénes son, cómo son e incluso de dónde vienen y cuáles son sus raíces, la música se ha convertido en un medio idóneo para hacerlo. Muchos de estos aires musicales hacen explícita su relación tanto con África como con Palenque en el caso de los palenqueros.
La música que construye identidad a través de construcción de colectividad, evocación de memoria y posibilidad de comunicación, que permite expresar y experimentar en común. Como nos dice Maffesolli, que los pequeños momentos de la vida cotidiana y festiva no pueden considerarse como elementos frívolos y carentes de importancia en la vida social “Tanto en cuanto expresan emociones colectivas, construyen una verdadera “centralidad subterranea”, una voluntad de vivir irreprimible que conviene analizar”.
Realizaré un recorrido por algunas de las expresiones musicales palenqueras y haré énfasis en la champeta o terapia, ya que en la actualidad, además de ser el ritmo de moda, ha tenido implicaciones importantes en las dinámicas socioculturales de esta comunidad y en su relación con el “otro”. Algunas de estas expresiones se presentan fundamentalmente en el Palenque de San Basilio; otras no se restringen a la comunidad palenquera sino que se pueden encontrar entre otras poblaciones de la Costa Caribe colombiana. Por otra parte, algunos de estos ritmos musicales, en la actualidad sólo se encuentran en determinados contextos como el carnaval y grupos de danza.
Ritmos “tradicionales”
Tenemos los ritmos que, generalmente, llamamos tradicionales. Son de origen africano y la mayoría de nosotros poseemos algún conocimiento sobretodo por nuestras experiencias en el carnaval. Estos son los ritmos que normalmente relacionamos con las personas negras. Sin embargo, estas expresiones son mucho más variadas y ricas de lo que pensamos.
- El Mapalé: en este, a través de movimientos ondulantes y rápidos del cuerpo se representan peces en el agua.
- El chandé: interpretado tanto en las sabanas de nuestra Costa Caribe como a lo largo de la rivera del río Magdalena, un ritmo que hemos conocido por cantadoras como Totó La Momposina, Irene Martínez, Petrona Martínez, Mata herrera, entre otras. Estas últimas, palenqueras. Algunas de las sus canciones más conocidas son: “Se va, se va” y Mambaco.
-También está el bullerengue, por las representaciones que vemos en época de carnaval lo relacionamos con un baile un tanto sensual, realizado por mujeres y relacionado con la fertilidad. De hecho, es un baile de iniciación anteriormente representado por las niñas cuando entraban a la pubertad, las mujeres embarazadas y las casadas. Sin embargo, en el Palenque de San Basilio este ritmo también forma parte del ritual funerario, se canta durante los velorios, para “llorar al difunto”.
- El baile de negro, que se encuentra en todos los pueblos a la orilla del Canal del Dique. En torno a este cada año se celebra un festival en Santa Lucia (Atlántico), un pueblito orillas de Canal del Dique. La coreografía es una alegoría de burla hacia los amos y, en un principio, era bailado sólo por hombres (algunos disfrazados de mujeres) en vísperas de las fiestas de sus amos. Mientras se baila se entonan coplas alrededor de cualquier tema específico seleccionado por los participantes. Juan Piña hizo famoso uno de los temas más populares en el baile de negro: “La rama del tamarindo”.
Lumbalú
Por otra parte, algo considerado tradicional en el palenque de San Basilio, pero desconocido para muchos de nosotros es el Lumbalú o cantos de velorio; son lamentos expresados en forma de canto que entonan las mujeres palenqueras ancianas durante los velorios, para recordar la vida del difunto y honrarlo. Estos se entonan en lengua palenquera, algunos de ellos son predeterminados, otros son creados en el momento a la memoria del difunto. No son cantos de alegría, como algunas personas podrían pensar, el cantar y bailar no implica siempre sentimientos de alegría; el canto y el baile son construcciones sociales cargadas de sentidos elaborados por la comunidad, por el complejo social.
Rondas
Son juegos infantiles de carácter musical, cuyas letras hacen referencia a la vida cotidiana y a través de las cuales, en ocasiones, representan las actividades de los adultos. Cada juego tiene su propia dinámica y reglas. Para los niños son un medio de aprendizaje de algunas dinámicas y normas sociales. Algunas de estas rondas también las podemos observar en otras poblaciones de la Costa Caribe colombiana. Una de las más conocidas en estos momento es la de “Francisco el Matemático”.
Sexteto palenquero
Es un ritmo de origen afrocubano. Al parecer, durante los años 20 y 30s llegaron al ingenio del Batei en Sincerín (Bolívar) -cerca al Palenque de San Basilio- algunos hombres provenientes de Cuba, trayendo consigo la música cubana de sexteto. En este ingenio trabajaban personas del Palenque de San Basilio quienes aprendieron y aprehendieron este ritmo de los cubanos. Se apropiaron de él de tal forma que, en la actualidad, es uno de los ritmos tradicionales y más significativos para los palenqueros, bailado y conocido por personas de todas las edades. A pesar de que en Cuba el nombre sexteto está vinculado al número de integrantes del grupo musical, en Palenque se relaciona más con el ritmo musical en si, sin importar tanto el número de integrantes. Es un ritmo que se escuchaba en las fiestas, pero posteriormente se comenzó a tocar también en los velorios, para despedir al difunto, sobretodo si era músico. Sus letras cuentan historias de la vida cotidiana de la comunidad y, en el caso de los velorios, es el adiós para el que muere. El grupo de sexteto palenquero más conocido es el Sexteto Tabalá, integrado en gran parte por miembros de una misma familia y pasando el legado de generación en generación. Se baila en parejas como un baile de salón.
Champeta o terapia
La champeta criolla es un ritmo que nace en la Costa Caribe colombiana en los años 80, ella relata a través de sus letras historias de todo tipo, historias que hablan sobre la cotidianidad, las alegrías, tristezas y problemas de la gente común; aborda temas como el trabajo, el amor, y los sabores y sin sabores de la vida cotidiana. Su pionero fue Viviano Torres, ex integrante del grupo Son Palenque del Palenque de San Basilio, quien fusionó ritmos africanos con ritmos palenqueros, dando como resultado la champeta criolla o terapia y grabando por primera vez en 1982.
Estos ritmos africanos comenzaron a llegar a nuestra Costa Caribe entre los años 30 y 50 y empezaron a escucharse y difundirse a través de los picó, quienes competían por tener las mejores canciones exclusivas de estos ritmos llegados del otro lado del Atlántico, lo que lograban rayándole los sellos a las carátulas de los discos para que la competencia no pudiera conseguirlos. Ritmos como el Juju, Waka, Fuji, Higlife y Afrobeat de Nigeria; Makossa de Camerín; Chimirenga de Zimbawe; Lemba y Likemba de Congo; Mbaganga de Surafrica; Rai del norte de África. Muchas de estas canciones tenían un alto contenido político y social, hablaban sobre la situación que vivían los países africanos como colonias europeas y los anhelos de libertad.
La palabra champeta en lengua palenquera significa pedazo viejo: cha= viejo – mpeta= pedazo; y se utiliza para denominar el pedazo de machete viejo que ya está muy desgastado. Se le reconoce con este nombre tanto a la música africana como a la criolla, ya que en un principio estos ritmos sólo se escuchaban en las KZs, las que eran organizadas en sitios estratégicos de ciudades como Barranquilla y Cartagena; a una KZ asistían personas de un gran sector de la ciudad. Estas personas debía volver después de la fiesta tarde en la noche as sus casas y necesitaban algo con que protegerse, para eso llevaban las champetas. Pero mientras bailaban al ritmo de la música africana realizaban movimientos con sus cuerpos como si estuvieran blandiéndola, practicando de esta forma para un posible enfrentamiento de protección.
Terapia y champeta son lo mismo. En los ochenta cuando Viviano Torres con su grupo Ane Swing comienza a comercializar la champeta criolla, y cuando las emisoras empiezan a incluir música africana en su programación, deciden cambiarle el nombre a terapia, ya que muchos relacionaban la palabra champeta con malandros y personas marginadas, en parte por la imagen que tiene cierto sector de la sociedad sobre los barrios populares. Era una palabra estigmatizada y con implicaciones sociales negativas. Se escoge el nombre terapia por lo dinámico de los movimientos de su baile, que de hecho semejan al de los champetuos de las KZs.
El baile de la champeta ha cambiado a través del tiempo, y varía de acuerdo al lugar donde se lleve a cabo, por ejemplo, en Cartagena se baila más lento que en Barranquilla. La champeta ha ido apropiando pases de otros ritmos como la salsa y el break dance, entre otros. El baile individual puede decir muchas cosas, incluso retar a otros bailadores como en el caso de los piques o duelos. El baile en parejas, sexo contra sexo, es sumamente sensual.
La champeta ha sido discriminada durante mucho tiempo por parte de las clases sociales altas e incluso del gobierno, que la consideran vulgar e incitadora de violencia; como, en parte, durante un tiempo ocurrió con la cumbia y el porro. En ocasiones, ha sido discriminada sólo por su origen popular; en otra por un imaginario equivocado que se tiene en torno a ella.
Con respecto a las letras de las canciones, en generalmente lo que nos muestran las emisoras es lo que ellas piensan que puede sea más comercial, no necesariamente el producto de mayor calidad. Para las personas de Palenque la champeta es una forma de expresarse, sus letras, como ya habíamos mencionado, hablan de experiencias de la vida cotidiana, de los valores de la comunidad, de igual forma se abordan temas románticos y picarescos. En el caso de la comunidad palenquera esta música le ha permitido expresarse, utilizarla como medio de comunicación en un contexto de segregación social.
Como vemos, la música juega un papel muy importante dentro de esta comunidad en todo momento de su vida, a través de ella podemos vislumbrar dinámicas históricas, políticas y socioculturales dentro del grupo y con los “otros”. En nuestra ciudad encontramos miembros de esta comunidad palenquera y es importante que conozcamos sobre las expresiones culturales, las costumbre, formas de sentir, de pensar y de ver el mundo de las personas que constituyen parte integral de Barranquilla, para así mejorar cada día la convivencia y la calidad de vida en nuestro contexto urbano, pues la comprensión y aceptación del “otro” es fundamental para las relaciones sociales armoniosas.
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Publicado por: admin in Historia, general
Las comunidades afrocolombianas no son culturalmente homogéneas y podemos hablar de una gran diversidad, de diferencias culturales importantes a nivel regional. Así, los afro colombianos de San Andrés y providencia presentan diferencias importantes con respecto a los afro colombianos del Pacífico, dentro de la misma región del pacífico se ven grandes diferencias culturales entre el norte y el sur.
Sus comunidades tradicionales presentan ciertas características comunes: son comunidades agrarias ubicadas generalmente en las partes bajas de los ríos y en las costas de zonas cálidas y/o selváticas, cuyas actividades productivas tradicionales han sido la minería, la pesca, la caza, la recolección y la siembra de productos de pan coger (maíz, plátano, yuca, frutas) en pequeñas parcelas. Han desarrollado unas prácticas culturales particulares que las distinguen como un grupo étnico “diferenciado”, con sus rasgos propios de identidad, etnohistoria, organización social, estructura de parentesco, modos y prácticas tradicionales de producción, de ejercicio de una territorialidad y apropiación de instituciones políticas, además de una cosmovisión, espiritualidad y pensamiento propios que redefinen la complejidad del mundo afro.
Una de las manifestaciones claras de identidad cultural de las comunidades negras del Pacífico es su particular visión y concepción mágico-religiosa, presente en sus relaciones sociales, en sus relaciones con la naturaleza, con el universo, con los espíritus y lo sobrenatural. Su visión religiosa es la resultante de un proceso profundo de de-construcción de sus paradigmas autóctonos de identidad como africanos y la recreación de una nueva visión cultural que exigió la adaptación de otras costumbres, de otras condiciones de vida, mediante procesos de sincretismo, reinterpretación y transculturación.
Esta particular visión mágico-religiosa, hereda de la tradición africana muchos aspectos referentes a la salud y la enfermedad y recoge los conocimientos indígenas sobre el poder curativo de las plantas y los métodos para combatir la enfermedad. Integra, además, el aporte cristiano con sus santos y todo su imaginario, así como las prácticas mágicas de las brujas castellanas en sus series de oraciones y conjuros, contribuyendo a la ampliación del sistema simbólico curativo y del sistema simbólico general. Encontramos así, en la curandería de los negros del Pacífico, una influencia africana, indígena y también europea.
En el marco de esta visión mágico religiosa, la naturaleza, el territorio es un escenario ritual con connotaciones no sólo naturales sino también culturales. La selva, el monte, el río son espacios habitados por los espíritus, las divinidades y los ancestros. Allí están presentes las fuerzas naturales y sobrenaturales con quienes es preciso mantener un diálogo, a quienes hay que tener en cuenta y pedir su permiso a la hora de intervenir.
“Entre los negros existe una relación fundamental entre la vida de los seres de la naturaleza y los seres sobrenaturales que viven en la misma naturaleza, es decir una relación entre un mundo mítico espiritual y un mundo natural y cultural, que es mediado por un curandero de la comunidad, que a través de sus actos mágicos que manipulan las plantas y los animales para fines curativos y maléficos, crea todo un ambiente de representaciones simbólicas y metafóricas ritualizadas a fin de ejercer un puente de comunicación y diálogo entre los afrocolombianos, su entorno y su cosmogónica” (Sánchez, 1997). Así, el territorio para el afro colombiano es un espacio básico para el ejercicio del ser, de la esencia vital que configura el desarrollo de los hombres y mujeres negras en un hábitat que ancestralmente ha sido apropiado y donde se ha desarrollado un proyecto de vida cultural, social, ambiental, político, demográfico, económico y sobre todo espiritual desde una perspectiva particularmente étnica, y dentro de una lógica completamente opuesta a la occidental que basa relación con la naturaleza en la explotación y el dominio de la misma.
Existe una forma de conciencia religiosa-ambiental, dada milenariamente entre los indígenas y comportada también por los negros del Pacífico, que ha permitido la conservación del ecosistema a partir del desarrollo de una serie de técnicas, saberes y manejos que combinados con las simbolizaciones y las concepciones mágico- religiosas producen una sui géneris práctica de explotación, determinada por la combinación pensamiento religioso-pensamiento ecológico. Es decir que, mas allá de una serie de conocimientos técnicos, botánicos y agrológicos, lo importante es el conjunto global de concepciones ecológicas mediadas por una cosmovisión y un entramado religioso que le permite explotar sosteniblemente los recursos naturales y socializar la selva” (Sánchez, 1997).

“La religiosidad y la música fueron dos armas eficaces para sobrevivir a la tragedia de la esclavización, la trata, la colonización, el racismo, la segregación y el prejuicio racial.” La música, el baile y el canto fueron importantes como elementos de catarsis, de unidad, de identidad y de resistencia. Música y religiosidad están íntimamente relacionados. En el ámbito americano, el descendiente africano recreó y transformó distintas religiosidades europeas y de este continente, con esta táctica encontró los soportes emocionales que le permitieron hacer más llevadera la sujeción o sirvieron como fuente de inspiración en la causa rebelde. Tal es el caso de Haití, donde el vudú jugo un rol vital en el triunfo de la guerra de independencia.
En América encontramos sistemas religiosos provenientes de África como el Dahomeyano, Congo, Angola, Yorubano, los cuales también tienen la influencia del Islam. Posteriormente se incorpora también la influencia del cristianismo y de la religiosidades indígenas. En Cuba, Brasil, Haití y las Antillas se lograron desarrollar sistemas religiosos con una notable transferencia de las características religiosas propias de grupos africanos, constituyendo religiones muy populares como la Santería o Regla de Ocha, la Regla de Palo Monte, la Sociedad Secreta de los Abakúa o de los Gnagnigos, el rastafarismo, el Vudu, el Candomblé, la Umbanda. Entre los negros colombianos en cambio, el proceso de adaptación no exigió muchas retenciones sino mas bien una remodelación institucional de aportes de varias religiones, tanto católicas como africanas e indígenas, a excepción del palenque de San Basilio donde se fortalecieron ceremonias africanas de corte fúnebre como el Lumbalú, lo que evidencia un fuerte sincretismo.
La religión de las comunidades negras de las tierras bajas del Pacifico está básicamente constituida por un conjunto de creencias ligadas a la práctica católica. Los fieles solicitan principalmente protección frente a la enfermedad y las desgracias que aparecen como castigos sobrenaturales que deben ser conjurados con sacrificios y ofrendas, a los santos católicos o a las divinidades ancestrales mimetizadas por el sincretismo religioso africano-católico. En la mayoría de los temas y cantos religiosos (arrullos, alabaos, fórmulas de hechicería y magia) aparece la intervención de los santos a favor de sus fieles adeptos o el castigo de las divinidades para los que las olvidan (Sánchez, 1997). En realidad resulta difícil construir una teología sobre las representaciones a la vez variadas, fragmentadas y contradictorias que los pobladores del Pacífico se hacen del mundo sobrenatural, del otro mundo y sus relaciones con la vida cotidiana y, mas aún, no se pueden conciliar las enseñanzas de la iglesia católica misionera adoptadas por los creyentes con las tradiciones sobre dioses y espíritus, referidas a un contenido típicamente africano o indígena.
Según el pensamiento tradicional los fenómenos naturales y los objetos están íntimamente asociados con Dios y los espíritus ancestrales. Por ello, lo físico y lo espiritual son dos dimensiones del mismo universo. La práctica médica tradicional de los curanderos y de los herbolarios negros del Pacífico colombiano han participado desde sus comienzos de esta naturaleza. Las imágenes del mundo sobre causalidad de las enfermedades y salud de estas comunidades del Pacífico se relacionan con: la mala alimentación, el agua (la frialdad hace que las personas se enfermen), el aire (el cuerpo también puede coger frialdad del aire), Colino (Platanal y cultivo de árboles frutales) el colino es frío, el cuerpo puede allí coger frío; el jai, es un maleficio que le mandan a las personas, son espíritus malignos en forma de animales o dolores, que también se pone en las comidas o vestidos.
Otras causas de enfermedad son las condiciones de trabajo, el mal humor de algunas personas (mal de ojo). La ira de Dios, el rebote de los siete humores (sangre, orina, bilis, sudor, resuello, evacuación y saliva). La influencia de un enemigo poderoso. Hoy los afros del Pacífico enfrentan la enfermedad con la medicina de occidente, pero si ésta no cede recurren a sus fórmulas tradicionales de etno botánica (baños, tomas, pócimas, baos) empleadas por abuelos y abuelas. Y si esto no es suficiente recurrirán también al curandero o hierbatero, quien mediante oráculos como la Vista de Orina y la lectura del tabaco, entre otros procedimientos adivinatorios, buscará predecir la causa del maleficio para lograr “destramarlo”. En el Pacífico se dan muchas formas de prácticas mágicas: mediante rezos, oraciones se pueden enviar maleficios a las personas y causarles mal, dolores, locuras, mala suerte (salar), ruina y enfermedad. La magia también se usa para el enamoramiento, para el sometimiento del cónyuge, para la buena suerte, para el enriquecimiento, etc.
Las comunidades negras manejan abundante información y conocimientos sobre el ambiente de la selva tropical húmeda del Pacífico, sobre su fauna y flora, sobre técnicas apropiadas al ambiente selvático y ribereño, sobre las complejas estructuras de parentesco, las relaciones de reciprocidad entre los miembros de la familia extensa, de los co-residentes y de las formas de cooperación doméstica en las labores de producción, sobre los ritos mágico-religiosos, prácticas curativas y de prevención de las enfermedades.
El curandero tradicional tiene una función de utilidad en el estado actual de la organización social de las comunidades afro del Pacífico: Es la persona reconocida por la comunidad como competente para atender la salud mediante el empleo de productos vegetales, animales y minerales o el uso de otros métodos de origen social, cultural y religioso basados en los conocimientos y creencias de la comunidad sobre el bienestar físico, mental y social, el origen de la enfermedad y la causalidad inmersos en distintas dimensiones del mundo. La medicina tradicional está compuesta sólo por técnicas y prácticas, sino también por un sistema de creencias y valores. Existe una amplia y tradicional práctica de curandería por parte de los afrocolombianos del Pacífico con una notable huella africana y aborigen. Dentro de estas prácticas de curandería están tanto la habilidad de curar como la de enfermar, embrujar o causar el mal, por lo que resulta una amplia gama de prácticos: curanderos, brujos hierbateros, sobanderos, adivinadores, curadores de culebra, exorcistas.
El curandero en el Pacífico conoce a la perfección los entramados de la geografía natural en medio de la cual conviven, transforman y desarrollan todo un tejido social y cultural que históricamente han establecido a manera de estrategia de adaptación, donde crean una serie de sistemas, instituciones, imaginarios, relaciones sociales, de producción y una complejidad de rituales y esencias simbólicas que permiten determinar las características culturales y étnicas de los grupos negros del Pacífico (Sánchez, 1997).
En 1610 la bruja y el curandero negro sufrieron la persecución de la Santa Inquisición en Cartagena. El curandero era un peligro para la empresa de la dominación, atentaba contra la hegemonía colonial blanca que encontraba en la curandería un poder no sólo espiritual sino político y económico; el curandero representaba la posibilidad de la liberación del yugo y la retoma de un liderazgo ancestral que podría encaminar a los esclavizados hacia proyectos de cimarronismo y palenques (Sánchez, 1997).
En comunidades cercanas a Guapi, rezar no parece ser algo que convoque mucho a la comunidad, en cambio el canto sí es un elemento clave en su forma de relacionarse con Dios. Toda su cotidianidad está llena de canciones, cantan en todas partes y a cualquier hora, solos y acompañados y en sus cantos hay de todo: amor, pasión, alabanza a Dios, despecho, protesta, como expresión de que se existe, se está vivo y hay que manifestarlo. “Aunque pareciera ser un dato elemental me parece que a las labores normalmente duras de la vida las va acompañando un ingrediente lúdico que va haciendo mas sencillos y manejables estos trajines. Entre risa y risa, canto y canto se hace un proceso de adaptación que le ha permitido al negro del Pacífico sobrevivir en las circunstancias más adversas. La música, el baile y el canto son un elemento fundamental dentro del mundo religioso ribereño.
El investigador Marulanda plantea como una característica particular de los afro la relación entre juego, cotidianidad y religiosidad: el juego en un contexto religioso, tal como la costumbre de jugar Bingo o Dominó en días de semana Santa como el Viernes Santo; el juego como ritual. “Así el mundo religioso aparece como un conjunto sistemático que no sólo regula las relaciones con lo trascendente, sino que la religión además se juega y debate en la vida cotidiana y se expresa a través de ritos, cultos, oraciones, códigos ético morales y sacrificios, todos estos con un sentido común de identidad y comunidad. En este sentido el mundo de lo religioso se ubica en el terreno de las relaciones sociales cotidianas, está inmerso en las realidades cotidianas, de tal modo que se hace imposible pensarlas sin él, y se presenta como una práctica concreta, que no pretende establecer relaciones con el otro mundo, sino que actúa y ejerce su influencia en el terreno de lo cotidiano, consolidando acciones encaminadas a la estructuración de una “utopía terrenal” que pretende variar el ritmo de las relaciones existentes”.
En esta religiosidad de los afrocolombianos hay que mencionar también la unidad entre religiosidad-fiestas religiosas y paganas. Una fiesta como la Semana Santa determina todo el ritmo de vida de muchas de las localidades que la celebran; es el caso de Coteje, poblado sobre el río Timbiquí en el Cauca. “El significado y uso social de la Semana Santa para los cotejanos es múltiple: Semana Santa es historia, es ayuno, recogimiento, es compartir. Es un acontecimiento que facilita la comunicación al interior del grupo, contribuye a que se reafirmen los vínculos sociales, al mantenimiento de la solidaridad del grupo, a que se solucionen los conflictos latentes y a dinamizar la economía ribereña. Ayuda además al fortalecimiento de su identidad y fortalece su autoestima. También se podría decir que la fiesta cumple una función catártica en los emigrantes, ellos se sienten bien. Es un tiempo espacio de vivencia de lo sagrado y de ruptura con lo cotidiano, de gran vitalismo y de recreación estética y ritual. En tanto que fiesta no sólo es un archivo de tradición, conocimiento y creencia, también desarrolla un drama folclórico que transmite toda una serie de elementos simbólicos (mensajes y significados) que combinan ideas morales y sentimientos religiosos. Es un teatro de evangelización en tanto que es usado como medio de comunicación social que sirve fundamentalmente para expresar y recrear el mensaje religioso (y la moralidad del grupo). Es una tradición que se renueva, que no permanece estática, que como toda fiesta comporta elementos tradicionales y modernos estos últimos tomando por momentos formas carnavalescas y al mismo tiempo, constituye una respuesta creativa estética, teológica y cultural de los cotejanos de Timbiquí frente a las condiciones concretas de su devenir histórico”.
En el Chocó, en los caseríos, es costumbre tener su propia virgen y la fiesta para ella. La sacan a pasear por el río juntando varias canoas formando “Balsadas”, o en balsas formadas por trozas de madera. Ejemplo de esto es la Virgen de la Pobreza de Boca de Pepé, río Baudó.
Carnaval, política y religión. Fiestas en el Chocó
“El viejo Hegel decía que si la realidad nos parece irracional, para comprenderla necesitamos inventar conceptos irracionales. Senda difícil, con frecuencia inquietante. Pero la fiesta es inquietante..”
“Con luna llena baila toda Africa”.
Por: William Villa
Es tiempo de carnaval; suena la tambora, el clarineteo no agota su melodía, las chirimías reclaman los cuerpos para la danza y en todos los pueblos la gran familia afrochocoana despierta para la fiesta. Es el mes de Agosto y la danza que ya se inicia no ha de terminar hasta octubre.
Las puertas de las iglesias se abren y los Santos engalanados con sus mejores joyas salen a recorrer poblados. Se les ve en la calle, en el barrio, en la vereda y en el río sobre la balsa cargada de flores y frutos. En Tadó a orillas del río San Juan la Virgen de la Pobreza instaura un nuevo orden donde todas las teatralizaciones pueden ocurrir; el escenario del teatro es la calle y el pueblo danzante se convierte en actor.
Miren que bonita la vienen bajando, es la Virgen de las Mercedes, ya llega por el río San Juan, balsas multicolores la acompañan y toda Istmina ha salido a esperarla.
Todo el San Juan de Santos se va llenando y la celebración no quiere acabar. En Nóvita, San Jerónimo invita a que los niños se pongan sus mejores trajes y a que las mujeres exhiban aquellos peinados africanos donde líneas de finas trenzas se combinan en infinitos trazos. En Condoto, como en todos los pueblos, las comparsas día tras día salen a representar su obra teatral; en el último día de fiesta sale Nuestra Señora del Rosario. La acompaña todo el pueblo y la danza da paso a la oración.
Los franciscanos querían hablar de San Francisco de Asís a los indígenas. En el año de 1648 fundan a Quibdó. Los indígenas que no querían conocer de esa extraña liturgia se resisten: toman el camino de la guerra. San Francisco finalmente se va quedando con los negros, luego le comienzan a llamar San Pacho, se va olvidando de Asís y es tan sólo de Quibdó.
Sale San Pacho a las calles de Quibdó, se le encuentra al frente de cualquier casa, a la vuelta de la esquina, en todos los barrios; ahí está exigiendo su cuota en dinero para la celebración. Pero San Pacho no sólo pide, el ha salido a contener el fuego que amenazaba con destruir a Quibdó, él no ha olvidado a su gente cuando la salud se quebrante, ni ha dejado de castigar cuando el pueblo así lo merece.
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