Entradas con la Tag “Palenque de San Basilio”

caribe afroDesde su llegada a lo que hoy es Colombia, la gente africana humanizó los entornos naturales en donde vivió. El proceso de adaptación a los bosques tropicales colombianos dio como resultado que amplias franjas de manglares del Caribe y del Pacífico, fueran transformadas en un paisaje de asentamientos humanos que siguen el curso de ríos, caños, ciénagas, ensenadas y esteros. Este hábitat sinuoso y disperso de las áreas rurales selváticas se combina con ciudades populosas de los litorales cuya densidad de población es en su mayoría afrocolombiana. Cartagena de Indias, Buenaventura, Tumaco, Turbo, Barranquilla son apenas algunos ejemplos. Sin embargo, tanto en los poblados de la selva como en los barrios urbanos, la gente afrocolombiana recrea tipos de vivienda y sistemas de organización del espacio privado y público, semejantes. Esta permanencia de estrategias de apropiación y transformación de los espacios de vida atiende a las exigencias de la familia extensa y se apoya en las redes de solidaridad que aseguran la sobreviviencia de cada uno de los miembros de las parentelas. Por otra parte, el triunfo de la creatividad y de la capacidad de adaptación de estos pueblos deslumbra en su arquitectura y en la delicada ornamentación que la acompaña.

 

La arquitectura es una de las más preciadas expresiones de la cultura y de la historia de una comunidad. Es una referencia espacial de la memoria. Es por ello que el paisaje urbano y rural, sus parques, plazas, casas, calles encierran códigos muy especiales de la identidad cultural de los afrocolombianos. Su estudio también permite comprender que a lo largo de la costa pacífica o caribeña existen subregiones culturales cuyas diferencias también se escenifican en la forma de los poblados y en su arquitectura.

 

Cuando de llevar a cabo una obra se trata, la gente afrocolombiana conforma equipos comunales que, además de las faenas de la construcción, comparten alegría, comida y licor. Diferentes acciones y obras se logran en virtud de las relaciones laborales y sociales basadas en la solidaridad y el trabajo en común. La construcción de viviendas, de casas comunales y el arreglo de caminos se cuentan entre ellas.

 

En las aldeas típicas de pobladores afrocolombianos, las actividades domésticas se realizan en los espacios colectivos: la calle, las zonas comunales y el solar. En estos espacios apilan el arroz y el maíz, secan la ropa y el pescado. El río ha sido el lugar tradicional de encuentro de las mujeres lavando la ropa y la loza, oficios animados por largas y animadas conversaciones. No obstante estas semejanzas respecto a la vivencia del espacio, el hábitat y la arquitectura afrocolombianos son tan diversos como las regiones en las cuales se han desarrollado sus culturas. Así por ejemplo en el Archipiélago de San Andrés y Providencia las viviendas guardan claras similitudes con la arquitectura de las grandes Antillas anglófonas. Por su parte, en el Pacífico sur colombiano, la vivienda sobre palafitos asegura el hogar de las inclemencias de las grandes mareas.

 

El Litoral Caribe

 

Los sistemas rurales y urbanos del Caribe se han moldeado al ritmo de las crecientes y sequías en los valles fluviales y de los flujos y reflujos del mar. Las aldeas más antiguas y las ciudades más modernas se transforman atentas a las interacciones entre los ecosistemas marinos y fluviales. En el Archipiélago de San Andrés y Providencia, la fragilidad coralina, los tornados y la insularidad también tienen que ver con sus propios paisajes.

 

La vivienda afrocolombiana rural caribeña se realiza en madera con techos de palma. Estas casas tienen solares en donde se halla la cocina y están rodeadas de empalizadas. Esta misma estructura se conserva en las ciudades aun cuando la madera y la palma sea reemplazadas por ladrillos y tejas de zinc. Se sabe que a principios de siglo XX en Necoclí (Córdoba) las viviendas eran sencillas construcciones de palma amarga. El techo y la armazón eran en caña de flecha armada con bejucos. Las paredes se cubrían con caña de flecha y una mezcla de arena y estiércol de vaca. A partir de 1955 estos materiales fueron reemplazados por los ladrillos y cementos que llegaban de Cartagena, la piedra que provenía de Tortuguilla y Puerto Escondido y la gravilla procedente del poblado de Zapata.

 

Pero además de la relación entre naturaleza, hábitat y arquitectura, factores económicos y políticos han incidido en la configuración de los espacios de vida de la gente afrocaribeña.

 

El caso de la región caribeña del Urabá es bastante útil para comprender los impactos de las políticas económicas en la transformación de los paisajes. A principios del siglo XX, esta región recibió oleadas masivas de inmigrantes que precedían del departamento de Bolívar. Al mismo tiempo llegaban personas de los ríos del Chocó para instalarse en las zonas fronterizas con Panamá. Había comenzado la construcción del canal. Años más tarde hicieron su aparición los primeros enclaves económicos con capital extranjero. Se trataba de la agroindustria del banano, y de la caña de azúcar. Ésta última se procesaba en el ingenio de Sautatá (Chocó). Estas actividades económicas incentivaron flujos de población chocoana hacia la región y fueron surgiendo nuevos asentamientos en la toda la zona del golfo. A lo largo de todo el siglo XX, procesos de migración laboral de las comunidades afrocolombianas comparables al anterior han dejado huellas en la arquitectura de los lugares en donde habitan de manera permanente o temporal. El color y la ornamentación de sus viviendas decoran la zona bananera, los pueblos costeros de pescadores, la región algodonera y las grandes ciudades del Caribe colombiano. Estos atributos hacen parte constitutiva de su estética.

 

Y ésta no sería como es si no fuera por la omnipresencia del mar Caribe y sus diálogos con ríos caudalosos e islas coralinas. Estas antiguas relaciones del agua salada con el agua dulce han forjado manejos ambientales, espaciales y estéticos propios de culturas cuya identidad se define respecto al mar. Los hábitats y arquitecturas caribeños se ordenan en función de distancias que no se desenvuelven en tierra firme sino en el tiempo propio de la navegación. Este hecho particular hace que el poblamiento y las tipologías de asentamientos caribeños estén casi siempre definidos respecto al agua, a su cercanía o distanciamiento respecto al sitio de habitación.

 

El río Magdalena y el Canal del Dique son dos grandes protagonistas de la región. Desde finales del siglo XVII, el Canal del Dique representó una nueva vía para unir el mar Caribe con la tierra firme. La vía natural hasta entonces había sido la desembocadura del río Magadalena en las Bocas de Ceniza, que lamentablemente quedaban muy alejadas de Cartagena de Indias, principal puerto comercial del territorio de la Nueva Granada y del imperio español. Estas vías fluvial la una, natural la otra, fruto de la ingeniería española colonial, representan salidas directas desde la tierra adentro hacia el mar Caribe, que conecta a la región y al país con el mundo exterior.

 

A nivel regional, existen numerosas redes de intercambios de mercancías, productos agrícolas, animales y personas que se transportan entre los poblados fluviales ribereños. O entre éstos y las poblaciones costeras que se hallan al borde del mar. En ambos, el pescado, el arroz y el plátano se comparten por igual. Las culturas que se han desarrollado en estas regiones han sido llamadas anfibias porque la vida cotidiana de sus habitantes es un eterno vaivén entre el agua y la tierra. Las crecidas de los ríos Magdalena, Cauca, Sinú y San Jorge inundan las tierras sabaneras alejadas de los litorales.

 

Este hecho natural ha obligado a los moradores de las riberas a crear sistemas adecuados que les permitan salvaguardar sus vidas y patrimonios cuando el agua desborda sus límites. Las casas son construidas de tal modo que en su interior se pueda colocar una especie de balsa en el momento en que suben las aguas. En la balsa se colocan los enseres personales y las personas donde estarán a salvo hasta que los niveles del agua desciendan.

 

Por su parte, la gente de las costas ha aprendido a protegerse de los vientos fuertes o de los tornados que atacan pueblos y ciudades procedentes de alta mar. La solidez de sus sitios de habitación debe garantizar esta salvaguarda.

 

Tipos de asentamientos

 

Los asentamientos lineales costeros son pueblos antiguos dispuestos de forma lineal a las playas. En caso de estar situados en pequeñas bahías adquieren un carácter semicircular arropando así la pequeña ensenada que abriga el poblado. La playa y pequeñas plazoletas componen el espacio público que es tanto de uso familiar como colectivo. En algunos pueblos existe una pequeña capilla situada al final de la plazoleta. Los asentamientos mixtos son poblados construidos en la confluencia de ríos o quebradas y el mar. Fluviales y costeros, comparten la cercanía al agua dulce y al agua salada. Los estudiosos de este tipo de hábitat afirman que estos asentamientos surgieron como poblados fluviales situados casi siempre en las desembocaduras de ríos o quebradas. Y sólo poco a poco se expandieron hasta alcanzar la proximidad de la costa. La forma como esta distribuido el espacio en estos poblados deja ver la combinación de herencias españolas que se expresan en el damero rectangular con manejos de espacios privados de claro acento africano.

 

 

Muchos pueblos afrocaribeños están organizados siguiendo la cuadrícula española compuesta por las cuadras y las manzanas, en cuyo centro se halla una gran plaza, lugar de la alcaldía y la iglesia. Pueblos antiguos fundados desde el siglo XVII, como Barú, Santa Ana, Tolú, y otros como Puerto Escondido, San Bernardo del Viento, o los de gran tradición de pesca como Taganga presentan esta disposición del espacio público. Sin embargo, al entrar en la intimidad de una residencia el espacio se transforma. Los ámbitos de la vida familiar y social giran alrededor de la cocina situada en el solar de la casa. En las casas de la gente afrocaribeña en Colombia, la cocina es una edificación aparte del resto de la vivienda. Casi siempre se trata de una sólida enramada, con techo de palma sostenido por troncos de madera. Es el lugar de reunión por excelencia y centro de transmisión de valores e informaciones básicas sobre la identidad. Al igual que en el África occidental, los solares en donde se hallan las cocinas son lugares de sombra gracias a sus árboles. En los días calurosos del trópico, el solar representa un refugio de frescura y de encuentro. La presencia del árbol en los espacios privados de las familias afrocolombianas es de gran significación puesto que para sus ancestros africanos, el árbol es símbolo de la memoria familiar. Debajo de grandes ceibas, manzanillos u otras especies, las mujeres y los ancianos afrocolombianos han trasmitido a sus hijos todo cuanto saben sobre el mundo y sobre el más allá.

 

El Caribe no sólo es un espacio de confluencias entre los ríos y el mar. Allí también han convergido personas de muy diversos orígenes. La presencia de grandes zonas de interacción entre gente de origen africano e indígena es una de sus características más importantes. Córdoba, Sucre, César, La Guajira son departamentos cuya población es en gran parte afro-indígena. Ganaderos y agricultores, pescadores de agua dulce, la gente sabanera tiene una larga tradición arquitectónica que combina los conocimientos ancestrales de los indígenas y los africanos. Lamentablemente no existen estudios sistemáticos sobre estas tradiciones. Es evidente que sus contactos remontan a los tiempos de la Conquista. También es claro que las tradiciones culturales afro-indígenas poseen rasgos que las diferencian de los pueblos de ascendencia africana que se tuvieron mayores contactos con los europeos o entre ellos, como es caso de ciudades como Cartagena de Indias o numerosos pueblos de ganaderos, agricultores y pescadores afrocolombianos de la región.

 

Existe otro tipo de asentamiento costero que a diferencia del anterior se caracteriza por haber surgido a orillas del mar de donde sus habitantes obtienen los recursos necesarios para vivir. La vida cotidiana de estos pueblos costeros transcurre en la playa, espacio público por excelencia. Debido a los movimientos de población de las áreas rurales sabaneras hacia las costas, estos pueblos han crecido y sus estructuras urbanas originales se han ido transformando. Por eso se habla de ellos como asentamientos costeros complejos. Una de las mayores transformaciones de estos poblados consiste en la introducción de edificaciones institucionales como colegios, canchas, hospitales, alcaldías. Lamentablemente en muchos casos no se respeta la arquitectura tradicional.

 

El Palenque de San Basilio

 

El Palenque de San Basilio es un poblado fundado por cimarrones quienes al mando de Domingo Biohó huyeron al monte para recuperar su libertad. Estos hechos sucedieron en el siglo XVII, en lo que hoy es el municipio de Mahates (Bolívar). Los rebeldes se ubicaron en los pequeños valles de los Montes de María. Su elección estuvo relacionada con las abundantes lluvias que bañan la región nutriendo los caudales de los arroyos que proveían y aún proveen de agua a sus habitantes. El arroyo Caballito es un lugar de gran importancia para la cultura palenquera. Allí han encontrado la manera de satisfacer sus necesidades como el baño y el lavado de la ropa. Pero el agua que se utiliza para el hogar y la alimentación no se toma directamente de la corriente. En los playones del arroyo, las mujeres cavan pocitos llamados cacimbas. Gracias a la filtración se llenan de agua más cristalina que las mujeres transportan en unos cilindros de latón.

 

Las casas del Palenque se construyen hoy con palma amarga, lata y bejuco malibú. Antes de la Guerra de los Mil Días (1899-1902), las manzanas del lugar contaban con un mayor número de casas. Pero el paso de tropas del general Jaramillo incendió todo el poblado en represalia por la ayuda que sus moradores le habían prestado al general Robles, jefe de un batallón hostil al gobierno. Ese mismo día incendiaron a Plan Parejo, situado en la mitad del camino que conduce de Palenque a Malagana, donde existían alrededor de unas sesenta casas de pobladores afrocolombianos.

 

A raíz del título mundial de boxeo obtenido por Pambelé en 1974, el gobierno instaló el servicio de energía eléctrica en la población y en 1978 se inauguró el servicio de acueducto cuyo funcionamiento esporádico no ha cambiado las costumbres de ir al arroyo para lavar la ropa y conversar. La construcción del coliseo de boxeo fue otra de las obras que dejó el campeón mundial en San Basilio.

 

En 1979 el poblado tenía siete calles, dos de las cuales salen de una inmensa plaza, en cuyo cementerio se encuentra en la entrada de la población. Para esa fecha existían 308 viviendas construidas en bahareque.

 

La casa típica palenquera es de planta rectangular con techo a cuatro vertientes. Todo el material utilizado en la construcción lo suministra el entorno. El techo es de palma amarga y las paredes de lata, las cuales se colocan verticalmente, bien acopladas y sujetas con bejuco malibú a varas gruesas y dispuestas de manera horizontal. En términos generales recubren las paredes interiores y exteriores con una mezcla de estiércol con arena.

 

Es costumbre en el lugar que la construcción de la vivienda esté bajo la dirección de un maestro de obras y lo usual es que tal labor se lleve a cabo en forma comunal.

 

El Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina

 

En tiempos de los asaltos de los piratas a la isla, los africanos fugados de las plantaciones se ubicaron en las partes altas del lugar. Vivieron en casas que armaron con bejucos, ramas, hojas de palma de coco y mangle y madera.

 

Las viviendas típicas del archipiélago corresponden a un estilo de marcado acento afroanglo- caribeño. Estas construcciones se hacen en madera de pino machihembrado la cual es importada de Nicaragua o del sur de los Estados Unidos. Su montaje se hacía mediante trabajo compartido entre familiares y vecinos. Más de la mitad de las casas estaban pintadas de blanco, predominando los acabados en colores vivos, que imprimen un toque pintoresco al paisaje. La ornamentación es refinada y sus adornos llaman la atención por la delicada combinación de sus colores. Las casas se edifican casi siempre sobre pilotes o troncos de árboles, en soportes de concreto o en bloques de piedra basáltica como en Providencia. Levantar la casa permite aislarla de la humedad. Estos pilotes las levantan del suelo de 0.60 a 1.2 metros. Se encuentran ubicadas entre las palmas de coco, a la vera de los caminos o en la orilla del mar. Los jardines y antejardines, en ocasiones encerrados con cercas vivas, están sembrados con flores ornamentales del trópico. También tienen árboles de mango o de naranjo que crecen silvestre. El balcón es el sitio de descanso, hecho para disfrutar de la brisa y de la sombra, ver pasar el día desde las hamacas y reunirse con los vecinos, son estas algunas de las razones por las cuales se continúa con la tradición de construir el balcón, que se ubica en la parte anterior o alrededor de las viviendas. Las residencias tradicionales han ido desapareciendo con la migración de gente del continente que llega atraída por el comercio del puerto libre.

 

La casa afrocaribeña de las islas

 

El equilibrio entre la arquitectura y la naturaleza resulta de la unión perfecta entre los colores de la vegetación y los tonos vivos de las fachadas. La vivienda típica afro-caribeña de San Andrés y Providencia responde a las exigencias de un clima húmedo y de altas temperaturas, que decolora las fachadas y que hace necesario pintarlas a menudo. Además, su solidez le permite salir bien librada de la acción de tormentas, brisas y fuertes lluvias tropicales.

 

El estilo de casa más popular es de planta rectangular, de madera machihembrada que se coloca de manera horizontal en las paredes. El espacio interior se divide en tres o cuatro compartimientos. Posee una puerta de entrada en el centro, con frente a la calle y grandes ventanas.. El eje de la cerca del techo va paralelo a la calle, de tal manera que las culatas quedan hacia los lados. Los techos de paja de otro tiempo, han sido reemplazados por tejas de zinc o eternit corrugadas y también por tejas de madera. Los canales que recogen las aguas lluvias del techo, descargan directo en cisternas, en su mayoría de concreto, pues también las hay de madera como barriles gigantes, localizadas en la mayoría de los patios frente a las culatas de las casas.

 

La adopción del concreto y bloques de cemento como materiales de construcción amenaza con desaparecer el llamativo estilo arquitectónico tradicional de las Islas. En estos materiales ya se han construido, numerosas casas para la atención de servicios públicos como escuelas, el hospital, el Instituto de Seguros Sociales y numerosas edificaciones para hoteles, teatros y almacenes de todo género.

 

La isla de San Andrés se encuentra bordeada por una carretera, llamada de circunvalación, que la recorre en medio de una arboleda de cocos. Hacia el norte se encuentra el aeropuerto, en la misma vía se encuentran los restaurantes típicos y la fábrica de grasas. Bordeando la costa oriental se llega a San Luis y después al Apostadero Naval.

 

El Litoral Pacífico

 

El poblamiento del Pacífico colombiano se realizó en múltiples oleadas que pueden catalogarse en dos grandes ciclos. El primero es el llevado a cabo por las culturas amerindias las cuales desde el siglo XVI comenzaron a decaer bajo el impacto de las operaciones militares españolas. El segundo, ciclo calificado como afroamericano, se inicia en el siglo XVII cuando los españoles dominan a los pueblos indígenas quienes les hicieron la guerra por más de un siglo para defender sus territorios. Vencidos son ubicados en las cabeceras los ríos principales y de sus afluentes, mientras que en las orillas de los ríos principales, los españoles levantan campamentos mineros con trabajadores africanos y sus descendientes. A partir del siglo XVIII, las familias esclavizadas comienzan a comprar sus cartas de libertad y sus amplias parentelas empiezan a migrar en busca de nuevas tierras en donde instalarse lejos de sus antiguos amos. Esta expansión territorial de los afrocolombianos de entonces los llevó a instalarse en regiones como el Alto Baudó en abandonaron sus prácticas mineras por la agricultura, la recolección de moluscos y la cacería. El siglo XVIII representa un periodo de gran expansión demográfica y territorial de las poblaciones afrocolombianas en todo el litoral. Durante el siglo XIX, las leyes de abolición propiciaron nuevas migraciones de libertos en toda la región. Con el inicio de la colonización agraria y de la minería independiente impulsada por cimarrones y luego por libertos y manumisos, el poblamiento alcanzó su pleno desarrollo a comienzos del siglo XX, todo ello gracias a diversas estrategias adaptativas que idearon sus moradores a lo largo del litoral.

 

Desde el siglo XVIII, cimarrones, libertos y manumisos se lanzaron a la conquista pacífica de las selvas. Fundaron numerosas estancias ribereñas para el cultivo de maíz, caña, coco, arroz, yuca y plátano. Poco a poco se agruparon en pequeños focos residenciales a lo largo de los ríos, creando así un hábitat longitudinal y de vecindad que le da fisonomía al actual sistema aldeano. La concentración en pequeños asentamientos es la característica predominante del poblamiento moderno del Pacífico, Chocó y las costas del Valle del Cauca, Cauca y Nariño. La malla urbana está estructurada a partir de un conjunto de centros menores con rasgos de aldea y miles de caseríos vinculados a las áreas productivas, adscritos a cabeceras rurales que están entre 2000 y 3000 habitantes.

 

La gente del Pacífico, está sometida a la acción permanente de las fuerzas de la naturaleza: maremotos y lluvias torrenciales que desencadenan incendios y aislamiento de las vías. Caseríos situados en áreas de mucha vulnerabilidad, viven una amenaza permanente que cumplían funciones protectoras y de alimentación básica. Los desastres naturales generan migraciones de poblaciones enteras que se reconforman alrededor de nuevas circunstancias generalmente urbanas. El abandono de sus pueblos y tierras también llega por el declive o la quiebra de empresas nacionales o extranjeras explotadoras de los recursos naturales. Cuando se cesa la producción extractiva la gente empobrecida va a buscar nuevas posibilidades en otros lugares. Tal es el caso de Barbacoas y Lloró con sus casas de balcón y su rica arquitectura de madera símbolos de una pasado de riqueza minera hoy en ruinas. Esta misma situación vivieron los complejos mineros de Andagoya y Condoto. Sus calles y sus casas, hoy sólo son huellas de una prosperidad fugaz basada en los ciclos de bonanza y crisis de las economías extractivas.

 

Las políticas económicas y los ciclos de producción extractiva hacen que la tipología espacial de los asentamientos afrocolombianos del Pacífico cambien de manera constante, sufriendo en ocasiones serias rupturas que llevan a desaparecer los modelos urbanísticos autóctonos tradicionales. No obstante, sus tradiciones culturales de raíces africanas, han consolidado estos pueblos gracias a los sentimientos de identidad y de pertenencia territorial de sus habitantes.

 

Los asentamientos fluviales

 

Los asentamientos fluviales son característicos del poblamiento afro del Pacífico. La mayoría de estos pueblos se originaron como resultado del ordenamiento territorial impuesto por la economía minera colonial. A lo largo de la Colonia y durante toda la República las tasas de natalidad de estos pueblos permitieron que llegaran a ser hoy la población predominante a lo largo de ríos y quebradas. El pacífico colombiano es una región irrigada por ríos que configuran extensos deltas y una trama de circuitos acuáticos por donde es posible navegar y desarrollar múltiples actividades de intercambio social y comercial. Este paisaje permite rememorar las costas occidentales africanas, de manera especial, las costas del golfo de Guinea de donde llegaron Ararás, Carabalíes y Minas a trabajar en las minas del pacífico colombiano. Es muy posible que su memoria botánica y zoológica del mismo modo que los manejos de ecosistemas fluviales y marítimos les hubiera permitido reconstruir la cultura del agua de la cual eran portadores. De ahí que sus poblados se presenten al observador como una sinuosa trama lineal paralela a los ríos.

 

Esta dinámica de poblamiento afrocolombiano se conoce como sistema aldeano fluvial. Además, de su linealidad respecto al río, se caracteriza por el manejo de espacios colectivos que representan el 75% del área ocupada por las aldeas. Las viviendas son separadas entre sí. La cercanía al agua de río o quebradas o al agua del mar, las viviendas están siempre expuestas a las inundaciones. De ahí que la vivienda sea palafítica, es decir, alzada en pilotes a alturas que pueden variar de 0.60 a 3.5 metros. Las casas elevadas están comunicadas por medio de puentes de madera. En la calle principal contigua al puerto sobre el río, se desarrollan las actividades cotidianas de la comunidad: el mercado, el lavado de ropa, los servicios sanitarios flotantes y el servicio de transporte. En estos poblados el río es el sitio de referencia y la vía de comunicación natural de los habitantes del lugar.

 

Muchos de los poblados fluviales asentados sobre los ríos Atrato, San Juan, Baudó, Telembí o Güelmambi tienen viviendas palafíticas para protegerse de la humedad, de los bichos y de las permanentes inundaciones. Las casas se comunican mediante una red de puentes que unen las terrazas. Estos puente son una prolongación de las áreas comunes de las viviendas. En ellos se realizan actividades familiares y sociales. Riosucio (Chocó), presenta un tipo más elaborado de asentamiento fluvial. Su desarrollo urbanístico lo ha convertido en centro regional. Su crecimiento se hizo por calles paralelas a la principal sobre el río hasta llegar a la parte posterior del poblado en donde se hallan las ciénagas.

 

El caso de los asentamientos fluviales modernos es bastante común en todo el litoral. En general la vivienda de estas pequeñas ciudades en la selva corresponde al ancho de la manzana que conforman las viviendas apareándose o dejando una especie de zaguán. Es decir que las manzanas sólo se encuentran separadas por pequeños callejones.

 

Los edificios institucionales de arquitectura similar a las de las viviendas, sólo se diferencian en el tamaño y son casi siempre construcciones de dos niveles. En el Bajo Baudó también se configuran los caseríos alineados a lo largo de las orillas de los ríos. Lo que es una constante en el Pacífico Colombiano.

 

El espacio público: lugar del encuentro

 

La noción y el manejo del espacio público en los poblados del Pacífico es muy intensa pues representa una extensión del espacio privado familiar. Esta apropiación social del espacio público marca de manera notable las relaciones que los particulares hacen de ese espacio. Algunos rasgos característicos de esta socialización del espacio público se refleja en la carencia de linderos, y en la ausencia de una separación clara o determinante entre unas áreas y otras.

 

El solar de la casa se constituye en el primer nivel del espacio social caracterizado por ser el centro de actividades de la vivienda, donde se concentran sus moradores para el desarrollo de varios oficios. Este ámbito privado e íntimo en la cual se desenvuelve la vida cotidiana de la gente afrocolombiana del Pacífico, se extiende hacia los espacios catalogados como exteriores: la terraza, la acerca y el corredor se llenan de sillas al atardecer para ver pasar a los conocidos, jugar a las cartas y comentar los sucesos más importantes del lugar. Al igual que en los solares, las casas tienen árboles de sombra sembrados para dar sombra.

 

De esta forma, el núcleo de habitación de la vivienda afrocolombiana es relegado a un plano funcional destinados sólo para las actividades diarias como dormir y asearse. La cocina en el solar y la terraza delantera o corredor son los espacios en donde se desarrolla la vida en sociedad.

 

En el caso del Chocó existe una variante de estos espacios sociales que se conoce como la paliadera. Se trata de una terraza elevada situada en la parte posterior de la casa, donde se realizan las actividades relacionadas con el agua y que antes tenían lugar en el río. Ese mismo lugar cumple la función de huerta casera. allí se encuentran sembradas las plantas y hierbas medicinales. También se extiende la ropa y se desarrollan algunas actividades de socialización. En dichos espacios se da continuidad a las actividades que se desarrollan en el río como el baño y el lavado de las ropas. Las paliaderas son espacios que se hayan en la frontera entre lo público y lo privado, dando así un toque particular a la vida en las aldeas del Pacífico colombiano.

 

El hábitat de esta región se articula sobre un vecindario residencial multifamiliar, embrión de un pueblo. Su subsistencia depende del cultivo en huertos caseros conocidos como azoteas situados alrededor de la vivienda. También cultivan sus colinos familiares. Allí siembran plátano, el principal alimento, cocotero, papachina, caña de azúcar, yuca ñame y frutales. Complementan su alimentación con lo obtenido durante las actividades de pesca, caza y recolección de frutos del bosque. Esta relación con el entorno describe un orden que va de los espacios domésticos a los de la vida silvestre.

 

Los caseríos en hilera continua ó discontinua, con solares y huertas serpentean los ríos y las costas del Pacífico colombiano. El desarrollo del comercio y las actividades administrativas se diversifican y se empieza a dar la división social del trabajo, favoreciendo la conformación de un centro comarcal que tal vez sea elevado a la categoría de nuevo municipio.

 

Vivienda, tecnología y medio ambiente

 

Las construcciones del Pacífico actuales manifiestan aportes de otros pobladores de la región. Se distinguen, los tambos de la gente embera, la casa campesina anfibia ubicada en las márgenes del Atrato y el San Juan, la vivienda de tenderos antioqueños radicados en las cabeceras municipales, las casas vacacionales de la gente del centro del país y la casa campamento originada con la presencia de empresas como la Chocó-Pacífico y la United Fruit Company. En estas construcciones tanto como en las llevadas a cabo por la gente afrocolombiana de la selva. se reconocen básicamente tres tipos de materiales de construcción: Los primeros, son catalogados como autóctonos, es decir, los materiales que se aprovechan luego del desmonte o que son extraídos del entorno inmediato. Se emplean mayor transformación o en algunos casos se utilizan con una adecuación realizada en función de la obra. Así la madera se combina con hojas y esterillas de palma, bambú o chonta, horquetas, palos redondos, cintas y varetas de cañabrava, guadua y latas de la misma.

 

Los materiales llamados tradicionales son aquellos obtenidos en la selva. A diferencia de los llamados autóctonos, los tradicionales son pulidos y transformados de manera en talleres familiares artesanales. Las maderas son labradas con hacha. Son de uso tradicional en la región las maderas rollizas bien cortadas y con recubrimientos de esterilla de barro. Entre las maderas más usadas se encuentran el guayacán, huino, abarco, cedro, alisal, aporrejado, aceite, corcho y también se utiliza la madera de mangle para la construcción de viviendas que levantan sobre pilotes.

 

Los otros materiales se conocen como industriales o modernos. Entre ellos se destacan el cemento, las tejas de asbesto y las láminas de zinc. Entre 1910-1915 las compañías extrajeras de minería como la Chocó-Pacífico difundieron su uso en la zona del Atrato. A partir de 1971, en este modelo se prolonga la cocina con la paliadera donde está instalada la llave del acueducto domiciliario recién inaugurado, y se cambia paulatinamente el techo pajizo por la cubierta en tejas asfálticas corrugadas o en asbesto-cemento de eternit.

 

Sistemas utilizados en la construcción

 

En esta región los carpinteros quienes en muchos casos se desempeñan como maestros de obra emplean maderas finas. Utilizan dos sistemas estructurales: el de estructura apoyada en el piso y el de estructura independiente del piso. De aquí parten para resolver las distintas situaciones que les plantea el oficio de la construcción.

 

La casa chocoana rural se distingue por el uso de horcones, plataforma en palma, lo mismo que el cerramiento, cubierta en palma. A diferencia del indígena, la gente afrocolombiana cierra completamente sus viviendas y abre ventanas laterales y una puerta central. Por lo general la estructura es de madera rolliza. Las divisiones son en madera se realiza con listones de 2 x 2 pulgadas. En un mismo poblado y aún en una misma casa, es posible encontrar mezclas de formas y materiales autóctonos, tradicionales e industriales.

 

Entre los problemas más frecuentes que hacen optar por nuevos materiales se ha identificado, por ejemplo, que la esterilla deja pasar el aire a través de las paredes, mientras que las tablas ofrecen más protección contra la intemperie aunque aumentan la temperatura interior de la vivienda. La cubierta vegetal refresca los interiores, pero requiere mantenimiento y arreglos continuos costosos. La cubierta metálica, es mucho más durable pero es caliente y costosa y aumenta las necesidades de ventilación y aislamiento térmico por medio de cielorraso, ventanas y celosías frontales y laterales. Sin embargo, en las áreas urbanas de población afrocolombiana de bajos recursos económicos, estas últimas se eliminan a menudo quedando las viviendas cerradas en tabla y techadas en zinc o aluminio con poca ventilación.

 

Así tratando de resolver algunos problemas se crea uno nuevo, el del calor excesivo en las alcobas y en la cocina, producido por el uso de zinc, además, de la falta de cielo, carencia de rejillas de ventilación y de ventanas e insuficiencia del espacio. Puede anotarse también que la prolongación de las paredes interiores y exteriores hasta la altura del cielo y de las vigas que soportan el techo, impide la circulación transversal del aire, también los cielorrasos horizontales en peine mono, muy bajos, aíslan el calor, pero reducen el volumen de aire.

 

De las vigas mamas a la vivienda moderna en el Pacífico

 

Igual que sucede en la cuenca del río Güelnambí afluente del Telembí en Nariño, en el Chocó existen unas piezas enormes de madera que se legan de generación en generación para la construcción de las viviendas. Son una vigas patrimoniales y son las primeras en rescatar en caso de incendio. Estos horcones de trúntago (variedad del guayacán) de cientos de años de edad son indicadores de oleadas de poblamiento que se originaron en el río Quitó afluente del Atrato hacia el Baudó a principios del siglo XVIII.

 

Sin embargo, los procesos de modernización hacen que la permanencia de la tradición se combine con los retos de la modernidad. De este modo paso de la vivienda rural a la semiurbana y la urbana se caracteriza por un proceso de transformación del predio, donde el esquema funcional y espacial cambia de acuerdo a las necesidades de la familia. La relación entre el núcleo construido de vivienda y el espacio libre que alberga las actividades de producción o interrelación de sus habitantes permite identificar etapas de mutaciones en la vivienda del Pacífico chocoano.

 

Con el producto de una cosecha de arroz, plátano o con el de una pesca extraordinaria, se amplían las casas. Se empieza por cambiar techo de palma por láminas de zinc o asbesto-cemento, se cierran salas o cocinas con tablas aserradas y arregla el piso.

 

La casa crece con agregados posteriores, laterales o frontales y con cobertizos separados, a medida que la familia o las cosechas exigen nuevos espacios de vida y producción. Levantan los aleros para tener unas áreas cubiertas para el almacenamiento de maíz, el plátano o arroz. La cocina se cierra o se construye una nueva para cambiar la destinación de viejo espacio; la cubierta se extiende hacia los lados para disponer de depósitos o más cuartos; el interior se prolonga hasta la marranera y el gallinero, el trapiche, el secadero de arroz, cacao o pescado, el embarcadero-lavadero y los cobertizos para los productos agrícolas. De esta manera cambia la vivienda de forma y volumen y se van diferenciando poco a poco las actividades y funciones residenciales y productivas.

 

El trabajo ornamental

 

La capacidad creativa de la gente afrocolombiana del pacífico se manifiesta cuando busca soluciones a los retos que le impone el clima. Su sensibilidad estética y su conocimiento de los materiales afloran de manera especial cuando se trata de proteger su vivienda. Soluciones tecnológicas y de diseño permiten la adecuación de elementos arquitectónicos a las características propias del medio. Creando así objetos de gran estética que engalanan balcones y ventanas mediante el uso de un amplio repertorio formal y cromático.

 

La ornamentación se trabaja a partir de formas geométricas, partiendo de variaciones en los listones de las maderas utilizadas. En las barandas aparecen composiciones que se repiten en pequeños módulos copiados, de la casa campamento. La fachada principal de las viviendas recibe la mayor decoración, los laterales no se decoran, ni se pintan, se utilizan para ventilar y abrir pequeñas ventanas. Vanos, ventanas, puertas, tragaluces y celosías conforman las fachadas compuestas a partir de juegos de figuras que evocan los calados sofisticados de la filigrana del oro. El martillo, la caladora manual, el berbiquí, el serrucho, la hachuela y el machete son suficientes para hacer gala de destreza e imaginación.

 

La ornamentación de las fachadas se viste de colores vivos que se utilizan en vanos, rejillas y detalles de ventilación que contrastan con las paredes claras y alimentan la apariencia simple de estas viviendas. Así, la solución a las necesidades de ventilación e iluminación se convierten en una posibilidad figurativa y creadora donde cada habitante recrea la búsqueda estética en su fachada. El entorno urbano se convierte entonces en una paleta cromática donde las viviendas se mezclan con la rica vegetación del paisaje.

 

Estos decorados en madera, comúnmente conocidos como calados manifiestan y expresan el proceso de diversificación laboral que en los caseríos marca las diferencias individuales o familiares de las actividades económicas. La ornamentación de las fachadas sirven de propaganda para los establecimientos comerciales y expresan distinción social.

 

Vivienda aldeana afrochocoana

 

La vivienda aldeana afrochocoana es una unidad compacta de uno o dos niveles, que alberga los sitios de descanso, relación y trabajo. En el primer nivel se halla un gran salón que se utiliza tanto para secar el arroz como para los velorios. A veces existe una terraza de oficios, o depósito para la producción agrícola y un local comercial. La distribución interna es muy sencilla, los cuartos ocupan el área central, se ubican a un costado o en el segundo nivel en caso de que exista. La cocina está localizada en la parte posterior de la casa y tiene un techo independiente. El hábitat rural está compuesto por una parcela de una o varias hectáreas. Concentra la totalidad de las actividades de la vida doméstica. Incluye algunos espacios para el almacenamiento de productos.

 

En las aldeas el espacio familiar se extiende hasta el solar con el gallinero, el tendedero de ropa y la zotea para el cultivo doméstico de hierbas aromáticas o medicinales. También se beneficia de la calle y de los lugares públicos, donde se seca el pescado, el arroz, el cacao o el maíz y se realizan actividades como el pilado.

 

Los elementos que tienen las familias dentro de las viviendas, son una evidencia de la distribución de las actividades económicas de acuerdo al sexo. Es así, como en las afueras de los ranchos, a manera de “colgaderos”, se encuentran las redes de pesca colocadas sobre travesaños de madera al término de las faenas o extendidas para su reparación. En las horas de la tarde, los pescadores reconstruyen sus mallas usando agujas fabricadas en madera, revisan las boyas y los plomos para las nuevas jornadas, construyen faros y canaletes, e impermeabilizan o calafatean sus embarcaciones recubriendo con brea el cuerpo y las junturas de madera de las mismas. Pequeños tibungos o neveras de icopor se mantienen en algunas viviendas para la conservación temporal del pescado.

 

El municipio costero de Nuquí del Pacífico chocoano (Golfo de Tribugá), se encuentra poblado en su mayoría por afrocolombianos, que habitan en casas de madera levantadas sobre pilotes. Las viviendas siguen el curso de los esteros que casi rodean el poblado. El corte indiscriminado del manglar ha debilitado los barrancos y su constante erosión ha obligado a los habitantes a construir muros de contención.

 

Este poblado costero está compuesto por casas organizadas y alineadas que forman cuadras. Las nuevas casas de material le da un acento urbano aunque el uso del espacio sigue siendo bastante tradicional. Predominan las casas que suelen intercalarse en medio de un paisaje de palmeras, árboles frutales y ornamentales que le regalan sombrío a sus habitantes.

 

Como en algunas otras localidades de la costa Pacífica, Nuquí cuenta con un pequeño aeropuerto. En ese mismo sector de la localidad se encuentra la sede de la alcaldía, el juzgado, el hospital, las oficinas de las empresas aéreas y algunos restaurantes.

 

El sur del Pacífico

 

El Pacífico vallecaucano

 

Los cursos de los ríos Anchicayá y el Raposo fueron los sitios donde los españoles sometieron indígenas y africanos esclavizados para la explotación del oro. Estos territorios después se convertirían en el lugar de asentamiento de población afrocolombiana. El poblamiento en la región costera del Pacifico sur se concentra en la cabecera municipal de Buenaventura. La población rural se distribuye a lo largo de los ríos o sobre las playas y las bocanas. Su distribución es longitudinal configurando una red de caseríos dispersos y unos cuantos nucleados con bajas densidades poblacionales.

 

La colonización de la llanura del Pacífico, ha sido propiciada por diferentes condiciones en épocas diferentes, y esto ha hecho que en los ríos Yurumanguí y Naya se hayan registrado olas de inmigrantes dispuestos a poblar áreas de difícil acceso. Puerto Merizalde, La Bocana, Málaga, Juanchaco y Ladrilleros figuran como algunos de los pueblos más representativos de la región.

 

El Pacífico caucano

 

Sus habitantes han sido actores de un proceso de poblamiento registrado desde finales del siglo XVIII generado por el auge de la explotación de las minas y el aniquilamiento de las poblaciones indígenas con presencia en la región desde tiempos prehispánicos.

 

La actividad social y económica de los afrocolombianos de esta región se desarrolla a lo largo de una intrincada red que conforman los ríos, los esteros y el mar, principales canales de comunicación y rutas para el intercambio comercial y de relaciones sociales. Habitan en caseríos ribereños, alineados sobre las orillas de los ríos o del mar.

 

Sobre el río Guapi, hacia la desembocadura se ubica el municipio de su mismo nombre y sobre sus márgenes hacia arriba, los corregimientos de Belén Calle Larga, Choare, El Atajo y la cabecera municipal de Guapi. El río Micay, en el municipio de López desemboca en el Pacífico y la vía de comunicación que conecta once corregimientos: Dos Ríos, San Isidro, Santa Rosa, Taporal, Zaragoza, Guayabal, Santa Ana, Noanamito, San José Candelaria y el Coco. Entre sus afluentes el Napi, San Francisco de la Vuelta, Juan Cobo, Capilla y Guacarí, permitieron el asentamiento de comunidades costeras. Sobre el río Timbiquí se encuentran los caseríos de Santa María, San José, Coteje, Cheté, el Charco Cuerval y la cabecera municipal de Timbiquí.

 

El Pacífico nariñense

 

El hábitat de los afrodescendientes en esta región está conformado por los ríos que desembocan en la costa nariñense: Patía, Mira, Satinga, Sanquianga y el Iscuandé, sobre los cuales se ha desenvuelto la historia económica y social de sus habitantes. Allí mismo establecieron poblados y caseríos dispersos de diversa magnitud, construidos sobre las márgenes de los ríos o en las áreas de manglar. Estos lugares habitados desde la antigüedad por grupos indígenas, pasaron a ser poblados por los africanos y sus descendientes quienes idearon sistemas sociales en concordancia con las condiciones ambientales que debían afrontar.

 

Sus vivienda están construidas en madera sobre pilotes y con techos de palma de jícara, chalar, cortadera, naidí o corozo.

 

Tumaco es el centro urbano más importante de la zona. Fue establecido en 1640. Cuando los centros mineros coloniales de Barbacoas e Iscuandé declinaron, Tumaco adquirió relevancia como puerto y ciudad de importancia en el Pacífico, en un proceso que se aceleró hacia la segunda mitad del siglo XIX, con el despegue de las explotaciones de tagua, el caucho negro y la balata.

 

En el plano aluvial que forma el río Mira, se ha desarrollado un poblamiento lineal a lo largo de la carretera donde se encuentran inmigrantes provenientes de Antioquia y Nariño. En esta zona se encuentran miles de hectáreas plantadas en palma africana lo cual ha causado una fuerte concentración de población en las inmediaciones de la carretera.

 

De acuerdo a las cercanía del mar y en respuesta al régimen de mareas, construyen sus casas sobre pilotes de 1 a 4 metros, las paredes de tabla (tulapuesta), los pisos de listón y los techos de zinc o de tela asfáltica resisten las intensas lluvias de todo el año.

 

Los ríos Satinga y Sanaquianga presentan asentamientos poblacionales determinados en gran medida por los lazos familiares y deparentesco. Sus habitantes conservaron y adaptaron elementos culturales de la memoria africana a las condiciones de la vida republicana. Las veredas La Victoria, Barbacoitas y Gembao, a orillas del río Satinga, y Naidizales y Guavillales a orillas del río Sanquianga, poseen asentamientos en grupos donde, a partir de una matriz principal, el proceso hereditario y la repartición de la tierra permiten que los hijos construyan sus viviendas cerca del grupo familiar inicial. Este asentamiento gregario determinado por el parentesco tiene otra connotación de mayor trascendencia: la contribución mutua con fuerza de trabajo sin mediación de dinero, donación de alimentos entre las unidades familiares, apoyo en caso de enfermedad y captación de recursos del Estado en obras como escuela, hogar comunitario y dispensario.

 

Existe otro tipo de asentamiento familiar más amplio en términos espaciales; las viviendas se ubican a lado y lado del río, bastante distanciadas entre sí, y llegan a ocupar toda una vereda, incluyendo habitaciones aisladas no pertenecientes al mismo tronco familiar. Estas comunidades viven de la práctica de patrones tradicionales que han sobrevivido a través de los años. Se transportan en canoas y motores fuera de borda; sus ingresos en dinero se obtienen de la minería del oro, actividad que realizan mediante el lavado de las arenas de los ríos y de los aluviones auríferos.

 

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Por: Rudecindo Castro Hinestroza
Comisionado Especial Derechos Etnicos Afrocolombianos.

QUÉ SE ENTIENDE POR CONFINAMIENTO

Es la situación de vulneración de derechos y libertades —que implica la restricción a la libre movilización así como al acceso a bienes indispensables para la supervivencia— a que se ve sometida la población civil como consecuencia de prácticas – explícitas o implícitas – de control militar, económico, político, cultural, social o ambiental que ejercen los grupos armados –legales o ilegales- en el marco del conflicto armado.
En muchas regiones se controla y restringe el consumo de alimentos básicos no sustituibles como sal, azúcar, aceite y lácteos. También es objeto de control la leche en polvo que afecta principalmente a los bebés. En muchos lugares la mala alimentación imposibilita a las madres para amamantar a sus hijos.

Cambian las costumbres porque ya no se puede comer como se comía antes, ya no se puede dormir como se dormía siempre, no se puede andar como se andaba libre. Por la temeridad, no se puede dormir porque mientras el bloqueo esté cerca, o por algún enfrentamiento, uno tiene que estar despierto o estar alerta para salir. Entonces se cambian todos los términos”.

ANTECEDENTES HISTORICOS

Los afrocolombianos, especialmente los asentados en áreas estratégicas como las del Pacifico, hemos venido sufriendo el desplazamiento forzado de los territorios por los actores armado que han llegado a raíz del conflicto, en donde en estos momentos mas del 60% de los desplazados de este país son afrocolombianos y varios lideres del proceso organizativos de los Consejo Comunitario han sido asesinado y otros se encuentran huyendo del territorio por haber sido declarados objetos militar de los grupos en conflicto, para los afrocolombianos esta expulsión sistemática del territorio significa el exterminio como grupo étnico, lo que esta ocasionando la ruptura de nuestro tejido social como grupo étnico afrocolombiano.

Pero este no es el primer desplazamiento masivo al que hemos sido sometido como grupo étnico, hace cinco siglos fuimos secuestrados masivamente por los europeos, iniciando en América y África el mayor desastre cultural y demográfico que tenga conocimiento la humanidad, lo que afecto a los pueblos africanos principalmente.

Una ves secuestrados de Africa, se expiden normas, denominadas “códigos negreros” para la importación de africanos a América, así fueron convertidos en esclavizados, ello tuvo efectos profundos sobre las actitudes subsiguientes de la sociedad colombiana hacia el individuo Afrocolombiano, debido a que la esclavitud negó el ser del Afrocolombiano, negó al individuo, a su cultura y a su colectividad, a sus lenguas y religiones, comenzando con el holocausto tras - Atlántico de los africanos a América y que el sistema de producción esclavista denominó a todos por igual como negros (en Africa no existían negros, existían kongos, yorubas, carabalíes, mandingas, zulúes, etc.) iniciándose así el despojo forzoso de nuestra identidad cultural y el irrespeto por nuestra dignidad humana.

Sin embargo, la diáspora africana ha dejado huellas y trazos profundos en la faz cultural, económica y social de Colombia y de América, los cuales se pueden encontrar en las diferentes manifestaciones de la gente afrocolombiana; el desarrollo de los países de América y Europa es inconcebible sin el aporte de los africanos y afrodescendientes que trabajadores de “sol a sol” durante más de 400
años más de cuarenta millones de africanos y afrodescendientes quienes trabajaron sin recibir salario alguno, ni prestaciones sociales, hoy a valor presente neto, seria una deuda calculable pero impagable que tiene la sociedad y el Estado colombiano con este pueblo y que decir de la deuda artística y deportiva en donde los afrocolombianos estamos dando hitos de figuración honrosa a nivel mundial, igual la deuda ambiental esta si, incalculable e impagable, pues hemos cuidado y
mantenido por más de 400 años los ecosistemas estratégicos del Pacífico La lucha contra el sistema colonial esclavista y por la abolición de la esclavitud creció y se constituyó en la principal estrategia para liberarse del sometimiento, fueron sucesivas las gestas libertarias emprendidas por los hijos de Africa esclavizados en Colombia. Los africanos y sus descendientes de aquella época, intensificaron la exigencia de abolición de la esclavitud, a tal punto de llegar a la construcción del el movimiento cimarrón que había alcanzado su forma de expresión organizativa en la conformación de los palenques como sociedades que confrontaron el sistema colonial esclavista, hasta lograr su primer
reconocimiento legal y su libertad con la firma de la Cédula Real de 1.619 suscrita por el Rey de España y Benko Biojó en representación del Palenque de San Basilio.

La crisis política vivida por las colonias americanas después de 1809 hizo que los africanos esclavizados se vieran involucrados en las confrontaciones que mantuvieron Realistas y Defensores de los Sistemas de Juntas y Gobiernos Autónomos.

Transcurrido un periodo de intensa confrontación entre esclavizados y esclavistas se alcanzó un nuevo reconocimiento legal, con la expedición de la Ley de Partos en 1821, según la cual, los hijos de los esclavizados ya no pertenecían a los “amos”, sino a sus padres pero a partir de los 21 años.
Esta legislación para los afrocolombianos se consideran como una traición a los aportes y participación de estas comunidades en las guerras de independencia y al compromiso con Alejandro Petion presidenta de Haití, con quien el libertador Simón Bolívar se había comprometido a otorgar la libertad general a los esclavizados a cambio de las ayudas que este le proporcionó para la guerra de independencia, esta burla indignó a los afrocolombianos que habían entregado a sus hijo e hijas a la causa de su independencia ya que en la practica se prolongaba la esclavitud por 21 años más, rebeldisó a altos mandos militares de ascendencia afro, como el Almirante Padilla, a los generales Paez y Piar, los que fueron declarados traidores a la patria degradados y luego asesinados.
Para los años de 1851 por las necesidades del desarrollo capitalista que requería una nueva fuerza laboral para el desarrollo de este modelo económico, se promulgó una nueva Ley, la Ley de abolición de la esclavitud en Colombia del 21 de mayo de 1851. Aquí se configura una nueva traición para las justas luchas de los afrocolombianos, ya que el estado indemnizar a los esclavistas por cada
esclavizado que liberaran, pero no se generó en esta ley una política para el reconocimiento de los derechos económicos, políticos y territoriales hacia los afrocolombianos. Pero a pesar de la miseria y la marginación en que quedaron los afrodescendientes, sobrevino un periodo histórico de gran trascendencia para las comunidades afrocolombianas, que les exigió adecuarse a las nuevas
condiciones, reproducirse como grupo étnico, formar sus troncos familiares, construir sus pueblos, recomponer su tejido cultural, reorganizar sus prácticas de producción, establecer una relación armónica en los territorios ocupados, extenderse por la geografía nacional y resolver pacíficamente sus problemas internos.

La ausencia de una política amplia e integral de tierras para este grupo étnico recién integrados a la vida civil en zonas competitivas, los obligo a concentrarse y compartir pacíficamente el territorio con las comunidades indígenas, principalmente en la cuenca del Pacifico sin ningún reconocimiento legal, en donde por más de 300 años desarrollaron una economía de supervivencia basada en sus practicas tradicionales de producción y en la conservación de la biodiversidad como su capital fundamental para su supervivencia.

No obstante, los territorios que ocupaban históricamente en la cuenca del Pacifico, nunca fueron reconocidos legalmente y no podían acceder a la propiedad colectiva de sus territorios tradicionales, por existir expresa prohibición legal contenida en la Ley 2ª de 1959, que declaró esta región como “Zona de Reserva Forestal” y los terrenos baldíos de la misma fueron destinados a la conservación y protección de los recursos naturales, limitando a las Comunidades Negras el acceso al dominio
individual y colectivo de sus tierras tradicionales, ya que la Ley expresamente dispuso que no se podrían adjudicar los terrenos baldíos de las áreas de reserva forestal.

Segun Silvio Garces funcionario del INCIDEO, al momento de expedirse la Constitución Política de 1991, la situación de tenencia de tierras en el Pacífico Colombiano mostraba el siguiente panorama:

Área de Sustracción y Propiedad Privada 1.426.844 Has
Área de Resguardos Indígenas Constituidos 1.681.963 Has
Área de Resguardos Indígenas en Tramite 824.288 Has
Área de Parques Nacionales Naturales 580.500 Has
Áreas de Reservas Especiales 346.200 Has
Áreas de Perímetros Urbanos de los Municipios 140.205 Has
Áreas Tituladas Colectivamente a las Comunidades Negras 0.0 Has
Área Susceptible de Titulación Colectiva a Comunidades
Negras 5.000.000 Has
Área Total de la Cuenca es de 10.000.000 Has

Para resolver esta situación de inequidad, las organizaciones de las comunidades negras de origen campesino y de río se movilizaron frente al constituyente de 1991, obteniendo una importante conquista constitucional, traducida en el artículo 55 transitorio, que consagró derechos especiales en materia étnica, social, cultural, económica y política y ordenó mediante la expedición de una Ley especial el reconocimiento definitivo de los derechos territoriales de estas comunidades.

En desarrollo de este mandato constitucional, el Congreso de la República expidió la Ley 70 del 27 de agosto de 1993, por medio de la cual reconoció a las comunidades negras del país el derecho a la propiedad colectiva sobre los territorios que han venido ocupando ancestral e históricamente en el Pacífico Colombiano y en otras regiones del país con condiciones similares.

En este contexto histórico y jurídico se explica la titulación colectiva de las tierras de las Comunidades Negras agrupadas en los Consejos Comunitarios del Pacifico, Y que el constituyente de 1991 y el legislador de 1993, ordenaron una protección jurídica especial para estos territorios, sustrayéndolos del mercado de tierras, dándoles el carácter de tierras comunales de grupos étnicos
inembargables, imprescriptibles e inajenables y reservando su administración y manejo en los Consejos Comunitarios como autoridades de administración interna, para evitar que cada individuo o familia miembro del mismo, pudiera disponer o transferir su dominio.

LOS AFROCOLOMBIANOS HOY ¿QUIENES SOMOS?

Aun cuando no existe en el país estadística oficial confiable sobre los afrocolombianos, se calcula que podrían llegar a representar el 30% el total de la población nacional es decir 12’000.000, en el Pacifico somos el 90 %, en la costa del Caribe el 60%, en el sur del Valle, norte y sur del Cauca el 60%, el 30% del Magdalena Medio y el 65% del Urabá, además de estos sitio tenemos presencia
significativa en las grandes Ciudades como: Bogotá, Medellín y Cali.

ASPECTOS SOCIALES Y ETNICOTERRITORIALES.

Vamos a analizar un poco la situación del sector más vulnerable del país los afrocolombianos que habitan en el Chocó Biogeográfico. El Chocó Biogeográfico es una región que no solo posee características medioambientales excepcionales, si no que también en él se encuentra una gran diversidad étnica y cultural que de acuerdo con el censa de 1993, esta poblado por 2`082.022 personas que representan el 6 % de la población colombiana aproximadamente, con una población rural de 1`300.000 personas que representan el 12% de la población rural de Colombia.

Una característica fundamental de los afrocolombianos del Pacífico, son las formas de resolución pacífica de sus conflictos políticos, sociales, territoriales e inter-étnicos, Ya que son un grupo étnico que privilegian las formas dialógales de resolver sus conflictos, lo que hasta hace poco los
había constituido en un laboratorio de paz y convivencia pacífica, a diferencia con las culturas mayoritaria de Colombia que día a día los contradictores privilegian la amenaza, el terrorismo y el asesinato como medio de resolver sus diferencias.

No obstante esta trayectoria de convivencia pacífica, en los últimos años han penetrado a la zona agentes externos que están acabando con sus formas dialógales y culturales de resolver las diferencias, poniendo en peligro su identidad cultural y la permanencia en el territorio.
Durante toda la historia de Colombia, los afrocolombianos hemos sufrido los múltiples efectos de los conflictos sociales, desde el secuestro de nuestro antepasado de África a América y la posterior exclavización tanto de los africanos como de sus descendientes hasta los políticAs, territoriales, y económicos de hoy.

En el actual conflicto, uno de los elementos más violatorio de los derechos humanos de lo afrocolombianos es el confinamiento1, entendido este como “la situación de vulneración de derechos y libertades que implica la restricción a la libre movilización, así como el acceso a bienes indispensables para la supervivencia a la que se ve sometida la población civil como consecuencias de practicas explícitas e implícitas de control militar, económica, política, social o ambiental que ejercen los grupos armados legales o ilegales en el marco del conflicto armado” (CODHES,
2.004 Consejería de Proyectos.) Los efectos del confinamiento Armado en Colombia son cada vez más críticos, en los años reciente las comunidades afrocolombianas afectadas por el conflicto
armado son las rurales, no solo afrontan el desarraigo de sus tierras, si no lo que se ha denominado el confinamiento2 y la ruptura de su tejido sociocultural en sus propios territorios, ya que en muchos casos las comunidades no tienen posibilidad de huir del territorio para proteger su vida, y les toca resistir apelando a formas ancestrales de resistencia pacifica basadas en sus formas tradicionales de
producción, terminando estas comunidades no solo confinadas si no que además este confinamiento va acompañado de bloqueos económico en donde no se permite la entrada o salida de alimentos y productos de ninguna clase, son comunidades que pueden permanecer en confinamiento con bloqueo económico por más de ocho meses, en donde por ejemplo en zonas del Pacífico como el Baudó, no se les permite la entrada ni de la sal, elemento fundamental para la preservación de alimentos como el pescado y la carne ya que en la mayoría de las zonas rurales del Pacífico no se cuenta con suministro de energía eléctrica.

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AGUSTINA

Agustina fue esclava del en el sector de Tadó, Chocó (1795), poseedora de una gran belleza corporal que enloquecía a cualquier admirador. La permanente codicia machista y lujuriosa del esclavista Miguel Gómez logra seducirla coercitivamente, finalmente queda embarazada. Para un esclavista tener un hijo con una esclava y reconocerlo constituía un escándalo. El amo quiere obligar a la esclava a abortar, pero esta mujer negra rebelde se niega y es torturada por su amo. Agustina procede a demandar al amo ante el juez Álvarez Pino y el gobernador de ese entonces José Michaeli. Estas autoridades, protectoras de los esclavistas, fallaron a favor de Miguel Gómez quien sólo fue amonestado. La negra Agustina en respuesta a la injusticia procedió a quemar varias haciendas y factorías de Pueblo Viejo, hoy Tadó.

AMIR SMITH CORDOBA

Amir Smith Córdoba, nació en Cértegui, antiguo corregimiento del municipio de Tadó, hoy cabecera municipal de Unión Panamericana, en el departamento del Chocó, el 19 de julio de 1948. Sociólogo y Periodista, colaborador de algunas publicaciones nacionales y extranjeras, conferencista nacional e internacional, fundador y director del Centro de Investigaciones para el Desarrollo de la Cultura Negra en Colombia, creador y director del periódico “Presencia Negra”. Fue uno de los pioneros en esta etapa moderna de la lucha por los derechos civiles y políticos de las comunidades afrocolombianas.

Amir, con su desaparición el pasado 13 de agosto de 2003, nos deja un gran vacío, pero también un gran legado en su incansable lucha por los derechos humanos, pero sobre todo, el respeto a la dignidad del pueblo afro en Colombia. Nunca descansó en su tarea incesante de generar conciencia étnica, identidad y compromiso con su pueblo, en combatir el racismo soterrado y anquilosado en el inconsciente, subconsciente y consciente colectivo de la sociedad mestiza, autodenominada blanca, que domina, reproduce y recrea preconceptos racistas de la herencia colonial esclavista que aún subsisten en nuestro país.

En los últimos tiempos, un poco solitario, con el premio de la ingratitud, desconocimiento e intolerancia de sus corraciales lo llevó a una situación de extrema pobreza, pero jamás dejó de conceptuar, analizar, educar y generar conciencia entre propios y extraños. Se le rechazó por aquella herencia de la esclavización doméstica, que no permite que alguien se atreva a remover esquemas mentales de sometimiento, y aún más, que hace que la mayor rivalidad posible sea entre nosotros mismos.

Autor, productor y compilador de varias publicaciones, entre las cuales, podemos destacar: Visión Sociocultural del Negro en Colombia, Cultura Negra y Avasallamiento Cultural -Vida y Obra de Candelario Obeso y el Negro Robles, entre otras.

Hoy, que Amir ha partido antes que nosotros hacia el panteón de los ancestros, no sólo las comunidades afrocolombianas sino el país en general, le debemos un reconocimiento terrenal, por su aporte a la paz y a la construcción y el pensamiento de este país.

BARULE

Esclavo negro que lideró las más grandes insurrecciones en el Chocó durante la colonia (1728), junto a los hermanos Antonio y Mateo Mina. Barule fue proclamado soberano y rey del Palenque de Tadó con más de 120 cimarrones. Logró confederar ahí mismo cerca de 2000 esclavizados procedentes de la zona de los ríos Nóvita y San Juan. Sobre fecha y lugar de nacimiento no se tienen datos,sólo aparece en el censo de esclavos de la provincia del Chocó de 1759.

Sobre la ascendencia africana de Barule existen varias hipótesis: chamba, mandinga, mina, o carabalí, esto por la integración y comunicación que mantuvo con los minas y su tendencia a la rebeldía, propia de estos grupos.

Entre las causas de la insurrección de los esclavos se tuvo que el Estado Libre de Tadó (1715) incrementó el trabajo esclavo, ya de por sí sometido al régimen de hambre y de castigos infrahumanos, violación de las mujeres y desmembramiento familiar. A finales del 1727 los esclavos de una hacienda al frente de Barule, Antonia y Mateo Mina, organizan su cabildo y un día inesperado del mes de noviembre, se inició la acción de guerra. Matan al esclavista y catorce españoles más. Dominado el territorio por los Cimarrones tadoseños, Barule es proclamado REY, el palenque estructuró su propio gobierno y organización militar.

El 18 de Febrero de 1728, se da la batalla entre los cimarrones y el ejército español por la recuperación del territorio, la deficiencia logística y la falta de comunicación entre los cimarrones originó una desventaja, salieron triunfantes los españoles. El diecinueve de Febrero de 1728 Barule y los hermanos Mina son delatados y fusilados por el teniente Tres Palacios Mier. El movimiento de Barule constituyó su pensamiento en el principio de libertad y de dignidad de la comunidad negra.

BENKOS BIOHO
Según la historia, nace en la región de Biohó, Guinea Bissau, Africa Occidental. Fue un monarca muy hábil, conocido como el Rey del Arcabuco. Es capturado por el asentista Portugués Pedro Gómez Reynel y vendido como esclavo al Español Alonso del Campo en 1.596 en Cartagena. Es colocado como boga en el río Magdalena, la embarcación donde viaja se hunde y huye. Lo re- capturan vuelve a la boga. Hacia 1.599 escapa nuevamente y se interna en los terrenos cenagosos alejado de Cartagena y organiza un gran ejército, logra dominar todas las montañas de Sierra María en el Departamento de Bolívar. Su sueño era tomarse Cartagena y desde allí regresar al África.

Según testimonios históricos, jamás pudieron dominarlo ni vencerlo. En 1605 Benkos Biohó y el Gobernador de Cartagena, Suazo, establecen un tratado de paz que reconoce la autonomía del Palenque de la Matuna. Una noche de descuido, Benkos es sorprendido por la guardia de la muralla, queda preso y lo descuartizan el 16 de marzo de 1621 en el puerto de Cartagena.

El pueblo habla de los poderes mágicos que utilizó para provecho personal y del pueblo. No daba descanso a su cuerpo, iba y venía por campos y caminos en su activa campaña libertadora, luchaba por el derecho de los africanos y sus descendientes a la vida, la tierra, la cultura, la libertad y la paz.

En los Palenques que gobernaba era maestro de la guerra y de la paz, de la justicia y del trabajo. No descuidó el gobierno ni se dejó arrastrar por propuestas de los gobernantes coloniales que pretendían que dejase las armas contra ellos y las dirigiera contra otros líderes del propio pueblo, traicionando la lucha cimarrona.

CATALINA LUANGO

Mujer Cimarrona del palenque de San Basilio, constituida en un personaje mitológico, cuenta la tradición oral que era una mujer luchadora y protectora de la población. Su obra humanitaria la dedicó a curar los prisioneros africanos. Después de su muerte, comenzó a aparecer en la laguna del Palenque, siendo idolatrada por los palenqueros.

DIEGO LUIS CORDOBA

Nació en Negua, comunidad negra del chocó el 21 de julio de 1.907, y murió en ciudad de México, el 1º de mayo de 1.964. Aprendió las primeras letras en su pueblo natal, continúo hasta el 4º de bachillerato en el Colegio Carrasquilla de Quibdó y se graduó de bachiller en el Colegio San José de los Hermanos Cristianos en Medellín. En la universidad de Antioquia inició sus estudios de Derecho, los concluyó en la Universidad Nacional de Bogotá. Recibió el título de Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, el 30 de noviembre de 1932 y se especializó en Ciencias Económicas.

Tuvo el honor de ser el primer abogado chocoano; era estudiante universitario cuando abrazó las ideas socialistas, se vinculó al partido Liberal porque no existía un partido Socialista. En poco tiempo, comenzó a destacarse como líder, orador y defensor de los derechos de los sectores populares y marginados, en especial, de las comunidades negras, las clases obreras y los campesinos.

En 1930 organizó la Juventud Liberal Universitaria, y en 1937 ya era elegido diputado suplente del Doctor Carlos Lleras Restrepo en la Asamblea de Cundinamarca. Fue uno de los socialistas más reconocidos y amados por el pueblo colombiano en su tiempo por su capacidad de liderazgo y su inteligencia.

Entre 1943 y 1947 fue representante a la Cámara, primero por Antioquia, y luego por el Chocó. Fue senador por el Chocó desde la fundación del Departamento en 1947 hasta su muerte.

Diego Luis Córdoba durante toda su vida actuó con grandeza y honradez y concib&ioacute; la política como servicio y entrega en beneficio de la comunidad. Actuó como representante político del Chocó, se convirtió en el más digno vocero y representante de las Comunidades Afrocolombianas, y puso la identidad negra, la de su etnia, como emblema y fuerza en todas sus luchas.

Una de sus grandes preocupaciones fue la conquista del respeto, la independencia y la igualdad política de la persona negra dentro del Chocó y en el país. No aceptaba que el Chocó fuese considerado intendencia y tratado con desprecio por el Gobierno y la población blanca. Concibió un proyecto de vida con dignidad para el pueblo negro, proclamó sus derechos humanos contra el racismo e hizo temblar con su voz y su verdad el Capitolio Nacional. Luchó hasta conquistar una reforma de la Constitución Nacional para crear el Departamento del Chocó y lograr la independencia política frente el colonialismo antioqueño. Uno de los discursos más importantes pronunciados en el Congreso de la República por el Doctor Diego Luis Córdoba fue “Elogio a La Raza Negra”.

Nunca se limitó a una sola rama del saber y vivió estudiando cada día. Su gran personalidad y brillantez intelectual fue resultado de sus estudios como abogado, economista, político, filósofo y lingüista; además del español, su lengua materna, aprendió griego, latín, francés, inglés y alemán; cuando fue sorprendido por la muerte estudiaba el ruso.

En su lucha por un proyecto de vida para el pueblo negro se destaca lo que podrían ser tres de sus mayores realizaciones:

  1. La creación del Departamento del Chocó y su independencia política de Antioquia. Quiso hacer del Chocó la patria libre del pueblo negro dentro del territorio nacional.
  2. El reconocimiento real del derecho a la educación para las personas y las comunidades negras. La educación es la base para la lucha del pueblo negro, para la eliminación del racismo y la conquista de los derechos. Su frase magistral es “por la ignorancia se descienda a la servidumbre; por la educación se asciende a la libertad.
  3. El respeto y enaltecimiento que logró a la presencia, protagonismo, inteligencia y valores de la persona negra y las comunidades afrocolombianas.

JOSE CINECIO MINA

 

Negro liberto del Cauca, coronel de la guerra de los mil días. Reconocido como hechicero por ser inmune a las balas, llegó a tener cien hombres bajo su mando, organizó y defendió a los terrajeros y campesinos negros de Barragán, Obando, Quintero, Guengue, Sabanetas y otras veredas del Norte del Cauca. Los hombres de Cinecio Mina luchaban movidos por el terror de volver a ser esclavizados y por el dominio de la tierra. Cinecio murió envenenado por el terrateniente Jaime Gómez, después de compartir unas copas para celebrar un nuevo pacto. Tras la muerte de Cinecio, los campesinos continuaron organizándose y crearon la Unión Sindical del Cauca como todo un movimiento agrario.

JOSE PRUDENCIO PADILLA

Militar mulato nacido en Riohacha, departamento de La Guajira (1788-1828). A su regreso de España fue nombrado como mozo de cámara de la Marina Real, y posteriormente Almirante de la Gran Colombia. En la guerra en Trafalgar contra los ingleses fue prisionero durante tres años. En 1811 participó en la revolución de Cartagena. Por su proeza en el combate marino, fue premiado con el grado de Gran Alférez de Fragata de la Marina de la República. El General Simón Bolívar le otorga el grado de Teniente de Navío. El 24 de junio de 1821, Padilla ataca el fuerte de San Felipe de Cartagena y derrota al ejército español. Posteriormente se desplaza a Venezuela y participa en su liberación en la batalla de Maracaibo.

Las contradicciones con el General O’Leary por problemas raciales le ocasionan la cárcel. El 25 de septiembre de 1828 es fusilado en la Plaza Mayor de Bogotá por negarse a apoyar a los bolivarianos. Como contradicción social, el nombre del Almirante José Prudencio Padilla quedó vinculado a una Institución militar que no da oportunidad de participación a las personas negras, una de las instituciones mas racistas del país. Padilla fue uno de los jefes de la sublevación de militares negros contra Bolívar por el incumplir el pacto de liberación de esclavos.

MANUEL SATURIO VALENCIA (1.867-1.907)

Poeta, pedagogo y dirigente popular chocoano, fue el último hombre oficialmente sentenciado a la pena de muerte en Colombia, acusado de incendiario contra los intereses de la sociedad blanca chocoana. Saturio fue autodidacta, profesor de música y cantos en las escuelas; juez y personero municipal considerado como el primer literato negro del Chocó. Por la misma opresión racial, sus obras quedaron inéditas. El fusilamiento de Saturio se efectuó en Quibdó el seis de Mayo de 1907 comandada por la aristocracia blanca de Quibdó.

POLONIA

Cimarrona del ejército de Benkos Biohó. En 1581 organizó en la región de Malambo, cerca de Cartagena, un grupo armado de palenqueras que derrotó al Capitán Pedro Ordóñez Ceballos; le obligaron a pactar la entrega de tierra y la libertad del grupo, integrado por 150 mujeres. Pedro Ordoñez violó el pacto y en la primera oportunidad emboscó a Polonia. Esta mujer cimarrona es el símbolo patrio de la mujer afrodescendiente en la lucha popular.

WIWA

Mujer de Benkos Biohó, reina del palenque de Sierra María, madre de Orika y de Sando. Después de la muerte de Benkos Biohó, sus hijos continuaron los proyectos de libertad y crearon los palenques de San Miguel, Sierra María y San Basilio en el departamento de Bolívar.

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Dentro de las dinámicas socioculturales de dicha comunidad la música ha jugado y sigue jugando un papel fundamental. Sin embargo, tenemos estereotipos muy marcados alrededor de las personas negras y la música. Generalmente hemos asociado a estas personas con la música el baile y la fiesta,7 pero, a su vez, hemos ignorado o subestimado muchas de sus capacidades, generalmente no se las ha relacionado con el trabajo o el estudio. Se creó un estereotipo en torno a ellos como personas ignorantes y perezosas cuya vida gira alrededor de la fiesta, sin tener en cuenta en realidad el papel tan importante que juega la música no solo en el contexto festivo como tal. La música en el contexto afrocolombiano va “más allá”, a través de ella se expresa el sentir de un grupo humano, esta llena de sentidos, es importante en todos los momentos de su vida, fundamental para ellos; se encuentra presente desde el nacimiento, pasando por la vida cotidiana, el disfrute, hasta la muerte. La interiorizan a tal punto que se llega a decir que la llevan en la sangre, dicha afirmación podemos escucharla tanto dentro de la comunidad palenquera como fuera de ella.

Para ellos se ha convertido en un referente importante incluso en el ámbito de la reivindicación políticas de sus identidades y derechos como grupo étnico. Al ser tan significativa en sus vidas, a la hora de mostrar quiénes son, cómo son e incluso de dónde vienen y cuáles son sus raíces, la música se ha convertido en un medio idóneo para hacerlo. Muchos de estos aires musicales hacen explícita su relación tanto con África como con Palenque en el caso de los palenqueros.

La música que construye identidad a través de construcción de colectividad, evocación de memoria y posibilidad de comunicación, que permite expresar y experimentar en común. Como nos dice Maffesolli, que los pequeños momentos de la vida cotidiana y festiva no pueden considerarse como elementos frívolos y carentes de importancia en la vida social “Tanto en cuanto expresan emociones colectivas, construyen una verdadera “centralidad subterranea”, una voluntad de vivir irreprimible que conviene analizar”.

Realizaré un recorrido por algunas de las expresiones musicales palenqueras y haré énfasis en la champeta o terapia, ya que en la actualidad, además de ser el ritmo de moda, ha tenido implicaciones importantes en las dinámicas socioculturales de esta comunidad y en su relación con el “otro”. Algunas de estas expresiones se presentan fundamentalmente en el Palenque de San Basilio; otras no se restringen a la comunidad palenquera sino que se pueden encontrar entre otras poblaciones de la Costa Caribe colombiana. Por otra parte, algunos de estos ritmos musicales, en la actualidad sólo se encuentran en determinados contextos como el carnaval y grupos de danza.

Ritmos “tradicionales”

Tenemos los ritmos que, generalmente, llamamos tradicionales. Son de origen africano y la mayoría de nosotros poseemos algún conocimiento sobretodo por nuestras experiencias en el carnaval. Estos son los ritmos que normalmente relacionamos con las personas negras. Sin embargo, estas expresiones son mucho más variadas y ricas de lo que pensamos.

- El Mapalé: en este, a través de movimientos ondulantes y rápidos del cuerpo se representan peces en el agua.

- El chandé: interpretado tanto en las sabanas de nuestra Costa Caribe como a lo largo de la rivera del río Magdalena, un ritmo que hemos conocido por cantadoras como Totó La Momposina, Irene Martínez, Petrona Martínez, Mata herrera, entre otras. Estas últimas, palenqueras. Algunas de las sus canciones más conocidas son: “Se va, se va” y Mambaco.

-También está el bullerengue, por las representaciones que vemos en época de carnaval lo relacionamos con un baile un tanto sensual, realizado por mujeres y relacionado con la fertilidad. De hecho, es un baile de iniciación anteriormente representado por las niñas cuando entraban a la pubertad, las mujeres embarazadas y las casadas. Sin embargo, en el Palenque de San Basilio este ritmo también forma parte del ritual funerario, se canta durante los velorios, para “llorar al difunto”.

- El baile de negro, que se encuentra en todos los pueblos a la orilla del Canal del Dique. En torno a este cada año se celebra un festival en Santa Lucia (Atlántico), un pueblito orillas de Canal del Dique. La coreografía es una alegoría de burla hacia los amos y, en un principio, era bailado sólo por hombres (algunos disfrazados de mujeres) en vísperas de las fiestas de sus amos. Mientras se baila se entonan coplas alrededor de cualquier tema específico seleccionado por los participantes. Juan Piña hizo famoso uno de los temas más populares en el baile de negro: “La rama del tamarindo”.

Lumbalú

Por otra parte, algo considerado tradicional en el palenque de San Basilio, pero desconocido para muchos de nosotros es el Lumbalú o cantos de velorio; son lamentos expresados en forma de canto que entonan las mujeres palenqueras ancianas durante los velorios, para recordar la vida del difunto y honrarlo. Estos se entonan en lengua palenquera, algunos de ellos son predeterminados, otros son creados en el momento a la memoria del difunto. No son cantos de alegría, como algunas personas podrían pensar, el cantar y bailar no implica siempre sentimientos de alegría; el canto y el baile son construcciones sociales cargadas de sentidos elaborados por la comunidad, por el complejo social.

Rondas

Son juegos infantiles de carácter musical, cuyas letras hacen referencia a la vida cotidiana y a través de las cuales, en ocasiones, representan las actividades de los adultos. Cada juego tiene su propia dinámica y reglas. Para los niños son un medio de aprendizaje de algunas dinámicas y normas sociales. Algunas de estas rondas también las podemos observar en otras poblaciones de la Costa Caribe colombiana. Una de las más conocidas en estos momento es la de “Francisco el Matemático”.

Sexteto palenquero

Es un ritmo de origen afrocubano. Al parecer, durante los años 20 y 30s llegaron al ingenio del Batei en Sincerín (Bolívar) -cerca al Palenque de San Basilio- algunos hombres provenientes de Cuba, trayendo consigo la música cubana de sexteto. En este ingenio trabajaban personas del Palenque de San Basilio quienes aprendieron y aprehendieron este ritmo de los cubanos. Se apropiaron de él de tal forma que, en la actualidad, es uno de los ritmos tradicionales y más significativos para los palenqueros, bailado y conocido por personas de todas las edades. A pesar de que en Cuba el nombre sexteto está vinculado al número de integrantes del grupo musical, en Palenque se relaciona más con el ritmo musical en si, sin importar tanto el número de integrantes. Es un ritmo que se escuchaba en las fiestas, pero posteriormente se comenzó a tocar también en los velorios, para despedir al difunto, sobretodo si era músico. Sus letras cuentan historias de la vida cotidiana de la comunidad y, en el caso de los velorios, es el adiós para el que muere. El grupo de sexteto palenquero más conocido es el Sexteto Tabalá, integrado en gran parte por miembros de una misma familia y pasando el legado de generación en generación. Se baila en parejas como un baile de salón.

Champeta o terapia

La champeta criolla es un ritmo que nace en la Costa Caribe colombiana en los años 80, ella relata a través de sus letras historias de todo tipo, historias que hablan sobre la cotidianidad, las alegrías, tristezas y problemas de la gente común; aborda temas como el trabajo, el amor, y los sabores y sin sabores de la vida cotidiana. Su pionero fue Viviano Torres, ex integrante del grupo Son Palenque del Palenque de San Basilio, quien fusionó ritmos africanos con ritmos palenqueros, dando como resultado la champeta criolla o terapia y grabando por primera vez en 1982.

Estos ritmos africanos comenzaron a llegar a nuestra Costa Caribe entre los años 30 y 50 y empezaron a escucharse y difundirse a través de los picó, quienes competían por tener las mejores canciones exclusivas de estos ritmos llegados del otro lado del Atlántico, lo que lograban rayándole los sellos a las carátulas de los discos para que la competencia no pudiera conseguirlos. Ritmos como el Juju, Waka, Fuji, Higlife y Afrobeat de Nigeria; Makossa de Camerín; Chimirenga de Zimbawe; Lemba y Likemba de Congo; Mbaganga de Surafrica; Rai del norte de África. Muchas de estas canciones tenían un alto contenido político y social, hablaban sobre la situación que vivían los países africanos como colonias europeas y los anhelos de libertad.

La palabra champeta en lengua palenquera significa pedazo viejo: cha= viejo – mpeta= pedazo; y se utiliza para denominar el pedazo de machete viejo que ya está muy desgastado. Se le reconoce con este nombre tanto a la música africana como a la criolla, ya que en un principio estos ritmos sólo se escuchaban en las KZs, las que eran organizadas en sitios estratégicos de ciudades como Barranquilla y Cartagena; a una KZ asistían personas de un gran sector de la ciudad. Estas personas debía volver después de la fiesta tarde en la noche as sus casas y necesitaban algo con que protegerse, para eso llevaban las champetas. Pero mientras bailaban al ritmo de la música africana realizaban movimientos con sus cuerpos como si estuvieran blandiéndola, practicando de esta forma para un posible enfrentamiento de protección.

Terapia y champeta son lo mismo. En los ochenta cuando Viviano Torres con su grupo Ane Swing comienza a comercializar la champeta criolla, y cuando las emisoras empiezan a incluir música africana en su programación, deciden cambiarle el nombre a terapia, ya que muchos relacionaban la palabra champeta con malandros y personas marginadas, en parte por la imagen que tiene cierto sector de la sociedad sobre los barrios populares. Era una palabra estigmatizada y con implicaciones sociales negativas. Se escoge el nombre terapia por lo dinámico de los movimientos de su baile, que de hecho semejan al de los champetuos de las KZs.

El baile de la champeta ha cambiado a través del tiempo, y varía de acuerdo al lugar donde se lleve a cabo, por ejemplo, en Cartagena se baila más lento que en Barranquilla. La champeta ha ido apropiando pases de otros ritmos como la salsa y el break dance, entre otros. El baile individual puede decir muchas cosas, incluso retar a otros bailadores como en el caso de los piques o duelos. El baile en parejas, sexo contra sexo, es sumamente sensual.

La champeta ha sido discriminada durante mucho tiempo por parte de las clases sociales altas e incluso del gobierno, que la consideran vulgar e incitadora de violencia; como, en parte, durante un tiempo ocurrió con la cumbia y el porro. En ocasiones, ha sido discriminada sólo por su origen popular; en otra por un imaginario equivocado que se tiene en torno a ella.

Con respecto a las letras de las canciones, en generalmente lo que nos muestran las emisoras es lo que ellas piensan que puede sea más comercial, no necesariamente el producto de mayor calidad. Para las personas de Palenque la champeta es una forma de expresarse, sus letras, como ya habíamos mencionado, hablan de experiencias de la vida cotidiana, de los valores de la comunidad, de igual forma se abordan temas románticos y picarescos. En el caso de la comunidad palenquera esta música le ha permitido expresarse, utilizarla como medio de comunicación en un contexto de segregación social.
Como vemos, la música juega un papel muy importante dentro de esta comunidad en todo momento de su vida, a través de ella podemos vislumbrar dinámicas históricas, políticas y socioculturales dentro del grupo y con los “otros”. En nuestra ciudad encontramos miembros de esta comunidad palenquera y es importante que conozcamos sobre las expresiones culturales, las costumbre, formas de sentir, de pensar y de ver el mundo de las personas que constituyen parte integral de Barranquilla, para así mejorar cada día la convivencia y la calidad de vida en nuestro contexto urbano, pues la comprensión y aceptación del “otro” es fundamental para las relaciones sociales armoniosas.

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